Las bailarinas lógicas (Un diccionario filosófico): “Poesía”.

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Poesía. Póiesis es la palabra griega. Significa “creación”  en sentido extenso. La poética sería crear algo con la palabra.

Impresiona la palabra Póiesis si se la relaciona con Hyle (materia). Hyle se utilizaba para compartir un concepto que sería algo así como “materia prima para construir cualquier cosa”. Mis reflexiones sobre la materia se pueden leer [aquí].

¿Cabe analizar filosóficamente eso que sea la Poesía? ¿Cabe ubicarla en un modelo de totalidad? Creo que sí. Aunque ese modelo de totalidad, finalmente, se hará con palabras. Palabras siempre creativas.

Una pregunta fundamental es si las cosas y el mundo están ya, ahí, antes de ser nombrados, o no.  ¿Hay “cosas” y “mundos de cosas” o lo que hay es materia: materia prima para construir, crear, mundos de cosas con la palabra? ¿No es “mundo” una palabra? ¿No es “nación” una palabra? ¿No son “hombre” y “humanismo” también palabras? Sí, son palabras, constructos poéticos que maximizan sus hechizos para que no se evidencie su origen poético: quieren ser metalingüísticos: quieren tener un ser en sí más allá de que un poeta les de un nombre. Pero no lo tienen. Lo que haya más allá del lenguaje no puede decirlo el lenguaje.

Y ni siquiera puede el lenguaje decirse a sí mismo.

Un primer acercamiento filosófico a esta flor azul nos obliga a deternernos en una obviedad: eso que comúnmente se entiende por Poesía se presenta, fenomenológicamente al menos, como una simple combinación de palabras: símbolos acústicos o gráficos que, en contacto con nuestro cerebro, y una vez decodificados, pueden provocar modificaciones en nuestro estado de conciencia.

Y, algunas veces, el lenguaje, la Poesía, puede reventarnos de belleza por dentro. En esos momentos el poeta es un mago porque transmuta nuestros estados de conciencia, nos sublima, a nosotros, y también eso que llamamos mundo. Pero la Poesía no siempre consigue hacer Magia con nuestra psique y con nuestro sistema sanguíneo. Todo lo contrario: la mayoría de las veces los constructos de palabras que se presentan explícitamente como “poemas” son tediosos, absurdos, azucarados en exceso, ácidos en exceso, necroseados… ¿De qué depende que ocurra el milagro poético? Me refiero al milagro de que unas simples palabras -símbolos combinados- nos provoquen estupor maravillado. Hagamos una prueba. Dejemos que nos posean estas palabras de Hölderlin:

En suave azul florece

con su metálico techo la torre de la Iglesia.

¿Qué nos ha pasado? ¿Ha retumbado en nuestra kantiana bóveda interior algo así como un trueno de belleza casi mortal? ¿O no hemos sentido nada porque no compartimos con Hölderlin su vibración poético-símbolica, sus miradas, sus sobrecogimientos cósmico-cristianos?

En esta conferencia intentaré compartir mi sensación -¿pre-poetizada ya por algún poeta cuyas poesías hayan anidado en mi interior?- de que todo es Poesía: incluido ese ámbito de lo “real” que denominamos “prosaico”. En uno de sus más famosos poemas Bécquer dice:

¿Qué es poesía? –dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

Creo que ese “tú” es todo. No solo la belleza femenina que suponemos brillando y vibrando en torno a esa pupila azul. Todo: el “mundo” y sus “cosas”, los “dioses” (dioses lógicos, lógicamente) y hasta algo que podríamos llamar nuestro “yo objetivo” o “lógico”: esa cosa con la que nos identificamos, que observamos, desde una mirada tomada por una forma de poetizar.

¿Diferencia entre Logos y Poesía? Quizás la Poesía se hace Logos cuando ya ha nacido y no quiere cambiar ni morir. Cuando se aferra a una forma (o, mejor, a una forma concretas de ser música). El Logos es el resultado del poetizar. El poetizar, si es auténtico, sería libre, genésico… o apocalíptico. Por eso los dogmatismos -los totalitarismos de la mente- quieren (necesitan) expulsar a los poetas. Porque por las bocas de los poetas pueden entrar nuevas formas de decir el mundo: nuevas músicas, quizás imbailables para nuestros cuerpos actuales.

Pero, ¿qué/quién habla a través de los poetas? ¿Son los poetas, los verdaderos poetas, esclavos de la creativa libertad de los dioses? ¿Son elegidos? ¿Elegidos para qué? ¿Para aumentar la potencia de los hechizos de lo real? ¿Por qué quieren tenernos hechizados en deliciosas cavernas platónicas?

Creo que cabe acerarse a la Poesía desde las palabras de estos poetas:

1.- Platón (con la lectura de su diálogo Ion).

2.- Novalis: Henrich von Ofterdingen: el fondo de lo real es la Poesía (y la Magia).

3.- Heidegger [Véase aquí]. Qué es Poesía. El poetizar como fundamento de todo lenguaje y como actividad del Ser (no del hombre).

4.- María Zambrano [Véase aquí]. Filosofía y Poesía (ineludible). También lo es Algunos lugares de la Poesía. En esta antología hay un texto que lleva por título San Juan de la Cruz: de la “noche oscura” a la más clara mística. Sobre esta deliciosa pócima de palabras hice yo una crítica que se puede leer [Aquí].

5.- Baudrillard. Todo es mapa. Ya no hay territorio. Y el mapa es además falso. Braceamos, perdidos, desconcertados, engañados por mentirosos que han sido a su vez previamente engañados… en un océano de símbolos entremezclados que nos han alejado de lo real. De lo real de verdad. Sostendré que Baudrillard fue un dogmático pesimista que no soportó la fertilidad ubicua de las palabras: que no soportó las consecuencias del eterno poetizar que arde en el fondo de lo real.

Algunas de mis ideas sobre eso que sea el misterio de la Poesía:

1.- Hölderlin -cuyo retrato vigila este texto- dijo: “Poéticamente habita el hombre sobre la tierra”. Tenía razón. Y de hecho, “hombre”, “habitar” y “tierra” son constructos poéticos. Muy antiguos -fundacionales diría Heidegger-, pero no por ello menos creativos, menos artísticos, menos hechizantes.

2.- Creo que sería útil distinguir entre Poesía consciente (o explícita) y Poesía inconsciente (o implícita). La primera la encontramos en las combinaciones de palabras que se presentan como poemas (o, en sentido más amplio, como obras literarias de ficción). En la segunda estaría, según Machado, la Filosofía (“Los grandes filósofos son poetas que creen en la realidad de sus poemas”). Yo creo que habría que extender también la Poesía (inconsciente, implícita) a las teorías científicas y a los constructos matemáticos. El universo de Aristóteles ahora nos parece una fantasía. Pero era evocador. Hacía sentir ahí dentro todo un mundo. Las cosmovisiones actuales también son poesías. Inconscientes. Platón, el gran político-poeta, no quiso más Poesía. Quiso que su poetizar -el suyo y el de los suyos- fuera ya Logos: fuego eterno, matemático, dando orden inamovible al cosmos eterno.

3.- Desde el discurso del materialismo cerebralista (que es también Poesía) se podría decir que un poema -explícito- ofrece un determinado recorrido de conexiones neuronales. Así, leyendo a Rilke, o a San Juan de la Cruz -o a Marx, otro poeta- nos veríamos obligados a componer conceptos, y relaciones entre conceptos, que nos provocarían sensaciones singulares. O no. En algunos casos, esas sensaciones nos elevarían, transmutarían nuestra conciencia: nos llevarían a una especie de paraíso lógico.

4.- Los universales [Véase]. Cabe preguntarse por el origen de esas formas de recortar -de crear- lo real. Quizás el poeta más poderoso sea aquel capaz de instaurar nuevos universales (nuevas cosas, nuevos dioses, nuevos hombres), con energía, con Magia, tanta que se presentarán como obvios para los miembros de su “alga lógica” (cerebros en red, cerebros y corazones que vibran en un mismo tejido lingüístico-poético). El que cree en la realidad de los universales -el que cree que las cosas existen en sí, antes del lenguaje- está ortorgando una especie de eternidad y autonomía meta-antrópica a un Poema: un Poema que querría alcanzar ese estado de divinidad que tendría el Logos [Véase Logos].

5.- Se ha dicho muchas veces, y desde hace milenios, que los poetas están en manos de los dioses. O del Uno primordial. O del Ser. No es una hipótesis descartable. Cabría imaginar que las mentes de los hombres -y los corazones también- estuvieran manipulados por inteligencias no accesibles a la nuestra  (programadores sobrehumanos entrando en el sistema de nuestras mentes). O por poderosísimas fuerzas de la naturaleza igualmente inaccesibles a nuestra inteligencia. Uno primordial. Ser. Dios. Dioses. Naturaleza. Vida. Leyes (teoría “M”). Todo palabras. Todo Poesía. Todo Magia (otra palabra más).

6.- Heidegger pensó que el hombre (el hombre post-socrático al menos) ya no escucha a los verdaderos poetas (a los dioses en definitiva) porque se pierde en lo humano (lo útil). La Poesía probablemente es anterior a lo humano (a lo que ahora metemos en el conjunto que preside este universal). Foucault lo dijo así: “no son los hombres los que hacen los discursos, sino los discursos los que hacen a los hombres”. ¿Y de dónde salen esos discursos capaces de crear hombres?

7.- No existiría lo “prosaico” (ni siquiera sería prosaica la prosa del manual de un frigorífico). Todo se mira y se siente a través de un lenguaje, de un resultado concreto del poetizar. Lo prosaico sería algo así como un poetizar inconsciente, rutinizado, mimético y robotizado, ya deslucido y desdivinizado por el uso. Decir, simplemente, que “el vaso está lleno de agua” es reproducir, inconscientemente, un poetizar. Y creo que no debería olvidarse -al hablar- el origen divino de ese acto genésico que es el poetizar. Recomiendo leer mis notas sobre “Cosa” [aquí].

Poesía. Palabras. Palabras. Pero, ¿cabe poetizar el silencio? ¿No es el silencio otra palabra, otro “concepto” [véase]? Creo que no. Quien medita, quien medita de verdad, sabe que el silencio al que se llega en meditación es “algo” mucho más allá del silencio que puede crear el lenguaje. Y se llega a “Eso” si se es capaz de desactivar todas las poesías: incluidas las que explican y celebran el prodigio de la propia meditación.

Uno de los espectáculos más impresionantes que se presenta ante mi conciencia es, sin duda, lo que le ocurre al lenguaje cuando quiere decir lo que hay, en su totalidad: el Ser, o Dios, o … En esos momentos el lenguaje -el poetizar- se retorsiona, ruge, suda, explota dentro de sí mismo en infinitos y deslumbrantes bigbangs lógicos, fabrica fabulosos paraísos lógicos; y también infiernos. Pero nunca puede ver nada fuera de sí mismo, porque el lenguaje -y sus Poesías- no ven, sino que fabrican la mirada. Todo se ve -en realidad se crea- a través de ellos. Incluso crea a ese niño abandonado en la selva que no conoce el lenguaje pero que, sin embargo, ve, y sobrevive. No. Ese “niño” y esa “selva” son constructos poéticos. Lo que se vea desde eso que haya detrás de las palabras “niño abandonado en la selva” es inefable; incluso si aceptamos la -kantiana- hipótesis de Chomsky de que todos los seres humanos nacemos ya, de serie, con el lenguaje aprendido.

Retorsión. Sudor lógico. Estallidos infinitos canalizados por algoritmos sintácticos. Creatividad -si es que eso es posible- desde sistemas con leyes lógicas determinadas a priori. Es el espectáculo que ofrecen los sistemas filosóficos: esos imponentes poemas. Pero la inefabilidad es ubícua; y el lenguaje más excelso es aquel que, desde la lucidez y la impotencia, desde la docta ignorancia, desde la pobreza absoluta a la que se refería Eckhart, se serena y, en silencio, asumiendo su nada, su materia onírico-mágica, trata de oír, oler, eso que haya más allá de las palabras.

En esos momentos, un árbol deja de ser un “árbol” y el poeta que lo contempla deja de ser un “ser humano”.

Y ambos -árbol y poeta- se disuelven en lo sagrado.

David López

Sotosalbos, 4 de octubre de 2012.


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