“Soy un parado”.

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Mi diccionario filosófico es, en realidad, un estudio teológico de la omnipotencia de la diosa Vak (la diosa védica de la palabra, del lenguaje que se sabe a sí mismo omnipotente). Y creo que esa diosa, como todas, solo tiene sentido si somos capaces de movilizarla al servicio de la plenitud -de la sacralización- de la condición humana. Soy consciente de la arbitrariedad, del antropocentrismo, y de la irracionalidad incluso, de este culto. Pero me es igual. No voy a renunciar a mi culto hacia lo humano. Ya es tarde. Amo demasiado a demasiada gente.

Y no conozco denigración más radical de la condición humana que la que se consigue con las palabras. Poéticamente habitamos en la tierra (Hölderlin), los discursos hacen a los hombres (Foucault), creer es crear (Unamuno)… Si es así, estemos atentos a las frases que vibran en ese sueño lógico-poético en el que estamos todos -prodigiosamente- colgados. Salgamos de las cárceles de palabras en las que, sin apenas darnos cuenta, por pura “obediencia poética”, confinamos la inmensidad de nuestro ser. Cárceles que, en definitiva, suponen una falta de respeto a nuestra dignidad.

Tengo la sensación creciente de que somos seres impresionantes, ilimitados, sacros. Nuestros límites no se conocen ni se conocerán jamás. Cuando un ser humano utilice para sí mismo el verbo “ser” debe apuntar al infinito.

Soy consciente del difícil momento que estamos viviendo en España. Pero me es imposible aceptar que un ser humano afirme:

“Soy un parado”.  “Hay cinco millones de parados”.

A través de esas frases veo una autodenigración, una renuncia, una auto-falta de respeto, un hechizo poético necroseante de la dignidad humana. Un exceso de “obediencia poética”. Y más todavía: veo una suerte de grisácea estatalización del alma humana (o de la mente, para el que la palabra alma le produzca rechazo).

El ser de cada uno no puede estar narrado, esencializado, desde una normativa administrativo-laboral. Lo dice alguien que ejerció durante quince años como abogado. El hecho de que la “actividad profesional” de un ser humano no esté estructurada en virtud de un contrato por cuenta ajena no puede transmutar la sacra conciencia humana en conciencia esclavista, quejosa, resentida, autolimitada.

El hecho de no estar prestando servicios por cuenta ajena dentro del -imaginario- dualismo empresa/trabajador, no debe paralizar la creatividad, ni disminuir nuestra esencial monarquía (somos monarcas, todos, no lo olvidemos; monarcas que mantienen relaciones éticas con los demás). Disponemos de todas las mañanas del mundo para sacar un papel y un lápiz y mil ideas y soñar con los pies en la tierra, solos, o con otros monarcas. Hay que crear. No se puede estar “parado”. Incluso aunque no haya ayudas suficientes. Todos disponemos de ayudas suficientes en nuestro interior. Somos magos, no esclavos cuyo único objetivo es ser tratados lo mejor posible por un gran emperador (sea una empresa o una administración pública).

No quisiera ofender a nadie. Por favor. Mi intención es justamente la contraria. Creo que es una ofensa llamarle a alguien “parado”. Y que también lo es, hacia uno mismo, creerse “parado”. Está pendiente una nueva matriz narrativa desde donde re-vivificar eso que ahora llamamos “economía” o “política”. Hay nuevos cielos ideológicos por ser creados, narrados. Caben nuevas formas de ilusionarse colectivamente (no otra cosa es una civilización).

Lo más urgente es apostar por la grandiosidad de los seres humanos, de todos, y de sus inefables posibilidades. Pero hay que poner fin a la esclavitud (a la conciencia esclavista).

Creo que hay que hacer huelgas poéticas: dejar durante un día, al menos, los discursos de autodenigración, y de demonización, en los que actualmente vibran millones de almas humanas.

Hay que abandonar las cárceles de palabras. Y las demonizaciones irreflexivas. Es divertido luchar contra los malos (y sirve además para cohesionar grupos de individuos con problemas de cohesión interna), pero me temo que no hay tantos malos. Quizás ninguno.

No creo en absoluto que ningún gobierno español haya querido gobernar mal; esto es: en contra de los intereses del país. Todos lo han hecho con su mejor voluntad, desde los condicionamientos propios de las narrativas en las que han vibrado. De hecho creo que en España hemos tenido mejores gobiernos que oposiciones. Quizás nos pierda nuestra más excelsa virtud: el exceso de generosidad. Y no creo que la corrupción haya tenido un impacto decisivo en las cuentas públicas (pero sí en la creencia en que es posible una política basada en la honestidad y en el amor).

En cualquier caso no creo en las conspiraciones. Me temo que todo es infinitamente más complejo. Nadie maneja los hilos aquí dentro, en el teatro del mundo. El presidente de Goldman Sachs está tan aturdido física y metafísicamente como un “parado”. Ardemos en un misterio descomunal. Diría quizás Ortega que braceamos como podemos. Tengamos compasión hacia nuestros compañeros en el misterio.

Sí creo que la única conspiración real se mueve entre los bastidores de esta misteriosa obra de teatro en la que vivimos (entre las inmensas olas del mar metafísico en el que todos braceamos lo mejor que podemos). Y siento, contundentemente, que se trata de una conspiración urdida por una omnipotencia que nos ama con desmesura.

Somos dioses amados por los dioses.

Y como dioses que somos podemos crear un nuevo Matrix -un nuevo Maya- donde ilusionarnos todos juntos. No hay vida sin ilusión. No hay ilusión sin seres humanos que la sientan.

David López

Madrid, 23 de abril de 2012.

 


4 Responses to ““Soy un parado”.”

  • Borja Says:

    Muy de acuerdo con todo el planteamiento. Desgraciadamente a veces es mas fácil sentirse víctima del entorno, en vez de levantarse y luchar. Por supuesto no todos tenemos las mismas oportunidades, pero la vida es como es. Lo que si tenemos todos es muestra libertad para buscar muestra felicidad.
    Esto dicho desde una posición de comodidad puede sonar insensible en la situación actual; pero nadie tiene garantizado su futuro. Pensar que cada uno es dueño de su destino, aun en la adversidad, es la única forma de aspirar a progresar.

    Disculpas por los acentos y la puntuación, el iPhone es lo que tiene.

    Un abrazo desde sotosalbos

    Borja

  • Enrique Titos Says:

    El problema es cuando la carcel de las palabras (esas formas de comunicacion que los humanos hemos inventado, pero que con convenciones de comunicacion que no son iguales en todas las culturas) son la carcel de nuestro pensamiento. En ese momento pensamos y actuamos respondiendo sin darnos cuenta a las convenciones para comunicarnos: estoy parado, pienso como un parado y actuo como un parado, buscando trabajo o esperando a me empleen. La clave, creo, esta en “buscando trabajo”. Que estoy haciendo para desarrollar continuamente mis capacidades, lo que llevo dentro y no uso? Sería fastástico si todos pudieramos parar de autovictimizarnos y entender como desarrollarnos/evolucionar sin traumas. El trabajo nos encontraría a nosotros, tendriamos un gran trabajo trabajando continuamente y sin esfuerzo, porque el trabajo como lo entendemos quiza tambien es una carcel para nuestra potencia. Creo que la filosofia e internet tienen un bonito y prospero camino juntos

  • Evaristo Says:

    Tiendo a ser reactivo con las bobadas que uno va encontrando en esta infinita red. Hoy me he apartado un poco de mis pautas para decir que resulta muy lúcido, reflexivo y original lo leído en este lugar.

  • admin Says:

    Hola Evaristo:

    Gracias por tus palabras. Es un texto fundamental en mi concepción del hombre y del mundo. Un manifiesto de fe en nuestra grandeza.

    Te mando un fuerte abrazo, aunque no te conozca.

    David

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