Escuela Libre de Filosofía. Conferencia del lunes 21 de septiembre: “amor”.
Esta conferencia va a dividirse en tres partes –tres vías de asedio a eso que haya detrás del término “amor”-: eso que para Ortega y Gasset no era mucho más que una invención literaria.
Pero antes, a modo de introducción, voy a recuperar las propuestas del vedanta advaita de Shankara y voy a explicitar, una vez más, la imposibilidad de la existencia misma del amor en una metafísica que niegue la dualidad: si no hay otra realidad que el Ser (que el Absoluto) no hay nada que -en rigor al menos lógico- pueda ser amado. La dualidad, y por tanto el amor, sería sostenible sólo en Maya: en la ignorancia; en la ignorancia que impide el conocimiento de la Verdad (un conocimiento que, aunque sea auto-conocimiento, es también Maya, pues no habiendo más que el Absoluto, no cabe sostener la estructura sujeto/objeto que presupone todo conocer). Pero, como hice ya el lunes pasado, me liberaré de estos infiernos de la luz y compartiré con vosotros el sobrecogimiento que me produce la promesa que Shankara hizo a su madre antes de que él se convirtiera en renunciante (antes de cortar todos los vínculos con el mundo ordinario y acceder a lo que no es mundo, a lo que no es objetivo). Aquel hijo prometió a su madre cuidarla cuando fuera una anciana, y realizar por ella los ritos funerarios. Desde un nivel de conciencia advaita aquella madre, y sus aspiraciones en un más allá paradisíaco, carecen de realidad: no son más que hechizo, materia onírica que ciega y condena, engaño torturante que impide saber lo que se es: saber que se es Nirguna Brahman: una especie de monstruo impensable, inteorizable, que subyace -más allá del tiempo, del espacio, de cualquier mente- como fuente y destino final de todos los dioses y de todos los mundos: todos los dioses y todos los mundos que no son más que hechizos, sueños, Maya (magia).
Pero Shankara, sabiéndose no Shankara en realidad (no individualidad entre individualidades) , y por amor a esa mujer y a ese Maya donde ocurría ese amor, sostuvo en “su” mente el hechizo.
Si en esta conferencia me tengo que ocupar del amor, debo requerir que sigan activados los hechizos de Maya: que haya mundos e individualidades, hombres y dioses. Y, desde Maya voy a dividir la conferencia en tres partes:
En la primera haré un recorrido muy esquemático e incompleto del tratamiento que ha recibido el concepto del amor a lo largo de la Historia del pensamiento y del sentimiento. Dentro de Occidente merece especial atención el contraste entre la concepción griega y la cristiana.
En la segunda parte ofreceré mi propia visión del amor desde un punto de vista cósmico-metafísico. Adelanto mi sensación de que el universo no es una organización de materia.
El universo es un sentimiento.
Todo mundo (todo Maya, todo Matrix) se crea y se cohesiona por amor. O, mejor dicho, el amor es una creación y mantenimiento de mundos. Haré aquí una breve referencia al concepto indio de Rta, que es orden cósmico, y a la vehemencia religiosa con la que la escuela de gramáticos vigilaba el lenguaje sagrado, el sánscrito: se consideraba que el orden cósmico y el lingüístico eran una misma cosa. Y acertaban. También recordaré a San Agustín cuando afirmaba que la caridad (el amor) es aquella virtud mediante la cual se ama lo que debe amarse.
En la tercera parte de mi conferencia expondré las formas de amor más sublimes de que tengo noticia hasta la fecha. Una de ellas es el amor de Dios hacia sus criaturas (amor de lo sobreabundante hacia lo menesteroso, de la Mente a sus constructos, del Soñador a sus fantasmagorías).
Hay un símbolo para este amor grandioso: la crucifixión. En la crucifixión la Omnipotencia se hace hombre y sufre dentro de su propia Creación para dar sentido al propio sufrimiento. A la Creación misma. A esa Creación.
No soy cristiano. Pero la cruz me parece un símbolo prodigioso. Por eso la he traído a esta página. Y entre todas las imágenes de que dispongo he elegido la pintada por Dalí: Cristo –Dios- visto desde arriba. ¿Por quién?
Hay un tipo de amor quizás superior al que pueda sentir Dios (como Dios objetivo) hacia el hombre (como individuo en un mundo de individualidades): sería el amor de esa “Nada” que habla en el sermón Beati Pauperes Spiritu del Maestro Eckhart. Esa “Nada” que se sabe creadora de los dioses, de los mundos, y de los hombres. Esa “Nada” -infinitamente fértil y poderosa- que en realidad somos.
David López
Sotosalbos, 20 de septiembre de 2009.

February 9th, 2010 at 3:03 pm
[...] estas palabras hablan- desde un cosmos en el que estamos ubicados sistémicamente; cohesionados por amor y movilizados (hechizados) por una idea de belleza cósmica (el sumatorio de todos nuestros [...]
February 23rd, 2010 at 11:48 am
[...] El amor a mi mundo me impide perdirle al Logos, por el momento, que se retire: que deje mi conciencia [...]
July 19th, 2010 at 10:57 am
[...] - Amor. [...]