Plenitud filosófica para el 2013

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Ha amanecido aquí en Sotosalbos un año especialmente bello. Nubes muy altas que brillan intensamente y que empujan el horizonte mucho más lejos de lo lógico. Hay silencio, grandeza, belleza extrema anudada en las ramas de los abedules, de los fresnos, de los tejados. Y en el verde cristalino del musgo palpita con fuerza toda la magia de la existencia.También palpita en los ojos de mi hijo Nicolás, que ayer vio en nuestro jardín y en nuestra bliblioteca cosas que ya no se ven cuando se abandona la infancia, cuando nuestra mirada se hace utilitarista, economicista, práctica, miedosa, pequeña y empequeñecedora. Es decir: no filosófica.

Se me ocurre que desear un feliz año quizás no sea un buen deseo. El ser humano, como sospechó Goethe, no soporta demasiados días seguidos la felicidad.

Digamos que el sufrimiento es ineludible, estructural, necesario, sano. En mis escritos vuelvo una y otra vez al concepto indio de Tapas [Véase]. Lo conocí quizás algo tarde. De haberlo hecho antes me hubiera enfadado menos con el mundo en los momentos en los que yo sufría. Cierto es que antes de ese encuentro ya había sentido que algunos sufrimientos eran más bellos, más grandiosos, que algunos placeres; y que todos los sufrimientos, siempre, si no eran buscados, llevaban oro puro con el que construir realidades sorprendentes. Esos enfados, por otra parte, aumentaban mi sufrimiento y, por lo tanto, el brillo de su oro creativo.

Quizás más que un feliz año, habría que desear algo que quiso Nietzsche para sí mismo y para la civilización que comprimía su alma. Era algo así como “vivir creativamente en una optimista armonía con los sufrimientos de la vida”.

Finalmente la vida -ese misterio innombrable- es siempre un prodigio: cuando ofrece felicidad porque nos da ese regalo fabuloso; y cuando ofrece sufrimiento porque está fabricando realidades futuras, también fabulosas sensitivamente.

Quisiera ahora dar las gracias a los lectores de este blog. Nunca imaginé que llegarían a ser tantos, repartidos en tantos países. Es para mí un privilegio y un honor compartir mis textos y mi alma con tanta gente. Gracias de corazón. Y quisiera también compartir ahora el gran proyecto filosófico de mi vida. Se llama Huerto Infinito. La idea me asaltó hace justamente un año, cuando subía en solitario a la laguna de Gredos, lugar casi metafísico donde brillan las cenizas de mis padres.

El Huerto Infinito. Se trata de un lugar sin fronteras donde iré cultivando mis textos presentes y futuros. En este blog se pueden ver buena parte de esos textos. El objetivo este año era tenerlos traducidos al inglés. No ha podido ser. El trabajo era mucho más difícil de lo que parecía porque todos mis textos están vivos: mutan y crecen cada día, lo que exigirá quizás que sea yo mismo quien los tenga que escribir en esa lengua planetaria. Ya hay mucho traducido, pero necesitaré algo más de tiempo.

Uno de los textos que querría haber traducido antes de final de año es mi novela El filósofo del martillo. Hacía once años que no la leía. Y no he podido evitar ponerme a corregirla, en español todavía. Al principio han sido frases sueltas cuya redacción no me gustaba. Tampoco me han gustado, tantos años después, algunos colores y olores y efectos especiales. El caso es que estoy transformando casi por completo ese ser de palabras que fue decisivo en mi vida entre los años 1998 y 2001. Esta misma noche, justo con el cambio de año, he estado ahí metido, soñando-recreando, cambiando nombres, momentos, colores, olores. En el fin de año de 1998 me fui a Orta, en Italia, en completa soledad, y pasé la Nochevieja junto al lago, entre nieblas, rodeado por mis personajes, expuesto a las estremecedoras tormentas de Maya.

El caso es que en breve -quizás no más tarde de un mes- ofreceré una nueva versión de esa novela. Se llamará El nuevo filósofo del martillo, y estará disponible en formato digital. Espero que la disfrutéis. Los que ya leyeron la anterior novela encontrarán un mundo muy diferente. Yo ya no soy el mismo, ni lo es Nietzsche para mí, entre otras razones porque ahora sí puedo leerlo directamente en alemán. Hace once años no podía. Desde entonces he impartido varios cursos sobre Nietzsche, algunos en el propio pueblo de Orta, con mis queridos alumnos-amigos. Todo ha cambiado. Ya no vivo en el mismo mundo.

Un proyecto de El Huerto Infinito que sí he podido concluir antes del fin de 2012 es mi estudio sobre el poder de la magia en la metafísica de Schopenhauer. En este mismo mes de enero enviaré mis conclusiones a Frankfurt para su publicación en el Anuario de la Sociedad Schopenhauer (Schopenhauer-Jahrbuch). Han sido siete año fascinantes, inolvidables, pero extenuantes (yo no sabía una palabra de alemán cuando inicié el trabajo; una locura). Siete años de sacrificios. Y algunos incluso han afectado a mi vida emocional. Espero haber aportado por lo menos una ventana especial para asomarse al fabuloso modelo de totalidad que escribió ese filósofo sorprendente. El trabajo por el momento lo he redactado en alemán, pero, en cuanto me sea posible, lo traeré a este blog, ya traducido al español.

Otro proyecto que va avanzando es mi futura obra sobre la ontología -y ontopóiesis- de la empresa. Todos los terceros sábados de cada mes, en Almagro, 3 (Madrid), utilizo mis bailarinas lógicas como cámaras privilegiadas para enfocar eso que sea “la empresa”. Las conferencias son en realidad momentos de trabajo personal que comparto con los alumnos, algunos de los cuales se han convertido en investigadores filosóficos. Lo que ellos encuentren lo traeré a este blog junto con la obra que finalmente surja de este proyecto.

Y, por supuesto, seguimos estudiando, semana a semana, a los filósofos míticos del mítico siglo XX. Lo que voy viendo en su pensamiento y en su corazón lo voy trayendo aquí. También lo llevo a mis conferencias en Ámbito Cultural de Madrid y a los dos clubes de “filo-filósofos” que dirijo en la misma ciudad.

Queridos amigos: deseo para todos un gran año 2013. Un año en el que seamos capaces de existir, de ver, de sentir, de crear, desde eso que Wittgenstein llamó el “yo filosófico”.  Estoy cada día más convencido de que el ser humano -y el mundo, cualquier mundo- se subliman con la Filosofía, entendida como mágica mezcla entre amor extremo y extrema inteligencia. Y la sublimación de lo humano nos llevará, sin duda, a una Humanidad cuya belleza ahora nos es inimaginable.

 

David López

Sotosalbos, 1 de enero de 2013

 


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