Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos: “Concepto”.
Génesis 2.16-17: “De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”.
¿Por qué? ¿Qué relación puede establecerse entre el conocimiento y la muerte?
En esta conferencia me voy a ocupar de lo que haya detrás de la palabra “concepto”. Se supone que la ciencia -el conocimiento- es la incorporación de conceptos a la mente. ¿Eso mata? Para adelantar mi visión sobre lo que es “concepto” voy a utilizar su equivalente en la lengua alemana: “Begriff”. Este sustantivo está relacionado con el verbo “begreiffen”, que es sinónimo de “umfassen”. Algunos de los significados de esta última palabra son, traducidos al español, “coger”, “atrapar”, “capturar”. Sostendré en mi conferencia que los conceptos son capturas. Es el concepto el que captura la mente; y no la mente, a través del concepto, la que captura la realidad.
Cuando Adán y Eva comen el fruto del árbol de la sabiduría (Génesis 3.6.) pierden el paraíso. Lo pierden porque su mirada está ya tomada –capturada, esclavizada, afeada en definitiva- por los conceptos (el conocimiento). En terminología adecuada al paradigma actual podríamos decir que los cerebros de Adán y Eva, tras la ingestión del fruto del árbol de la ciencia, perdieron plasticidad: que sus recorridos neuronales quedaron establecidos de forma estandarizada, robotizada; y ya no vieron sino aquello que su maquinaria psíquico-conceptual les permitió ver.
Me permito sugerir la lectura de la crítica que hice de una interesante obra de Jesús Mosterín que lleva por título La cultura humana. Reproduzco aquí, no obstante, algunos párrafos que pueden ser de utilidad para que se evidencie lo que pretendo transmitir (las comillas indican que estoy reproduciendo las frases de Jesús Mosterín):
“La estructura anatómica y funcional del cerebro está determinada por los genes en todos sus rasgos generales y multitud de detalles, pero una gran parte de las conexiones neurales del cerebro se van formando a lo largo de nuestra vida, como consecuencia de nuestras percepciones y otra interacciones con nuestro entorno, incluidas las que se dan con otros congéneres, sobre todo con nuestra madre y otros familiares durante la primera infancia. A esta capacidad de establecer nuevas conexiones neurales se llama plasticidad cerebral. La plasticidad cerebral es máxima durante nuestra infancia y va decreciendo a partir de la pubertad. El cerebro del adulto está más consolidado y es bastante menos plástico que el del niño.”
La memoria, en eso de fijar una cultura en nuestro cerebro, será al parecer decisiva:
“La consolidación de la información en la memoria operativa conduce al establecimiento de circuitos neuronales permanentes mediante el reforzamiento de las sinapsis entre las neuronas que los componen. Esto se lleva a cabo mediante la activación de ciertos genes y la síntesis de nuevas proteínas como la actina, que inducen cambios estructurales permanentes en la morfología de la neurona y su citoesqueleto, en especial, el agrandamiento de espinas dendríticas presentes o la creación de espinas nuevas. Al estimularse por el aprendizaje, las espinas pequeñas se agrandan, lo que a la vez les hace perder plasticidad y las convierte en el soporte estructural duradero de la memoria a largo plazo […] La cultura es parte de la información retenida en la memoria a largo plazo.”
Se nos acaba de decir que a mayor cultura en el cerebro (esto es: mayor información retenida a largo plazo) menor plasticidad cerebral: menor capacidad de establecer nuevas conexiones neuronales. ¿Intuía esta desalentadora disyuntiva Krishnamurti cuando recomendaba desaprenderlo todo para alcanzar la libertad verdadera?
Ofrezco a continuación la crítica entera para quien esté interesado en profundizar sobre la tensión entre plasticidad cerebral (magia-libertad) y cultura: El autoretrato de Dios en los circuitos neurales de Jesús Mosterín.pdf
A partir de estas concepciones básicas -¡concepciones!- voy a construir mi conferencia. Y lo haré siguiendo este orden:
1.- Introducción: el concepto como captura; como elemento necroseador -¿o es vitalizador?- de eso que sea “la mente” de eso que sea “el hombre”.
2.- “El concepto” desde las filosofías de Kant y de Hegel.
3.- La Firstness de Peirce.
4.- Explicaciones de Vivekananda al segundo Yoga-sutra de Patañjali; el que dice: “Yoga es el control de la mente (chitta) para que no adopte formas (writtis).” Writtis son universos, agitaciones del lago de nuestra mente que impiden ver su fondo. ¿Qué hay en ese fondo?
5.- Y, finalmente, me haré estas preguntas:
¿Cómo podrían haber regresado Adán y Eva al paraíso, al no conocimiento (a la docta ignorancia)?
¿Cómo desaprenderlo todo para regresar a la Firstness a la que se refería Peirce?
¿Cómo alcanzar una mente (un cerebro) con plasticidad infinita?
Respuesta a estas tres preguntas: con la meditación.
Pero, ¿qué vemos entonces cuando nuestros ojos no están mutilados (¿preñados?) por los conceptos? ¿Qué se ve en estado de meditación?
Respuesta: Nos vemos. Y ese espectáculo supera toda posible configuración finita de cualquier mente (cualquier belleza en cualquier universo); porque las engloba todas. Engloba todas las bellezas, todas las bailarinas mágicas (Mayas), que no son sino conceptos que quieren vivir, que quieren bailar, en la inmensidad de nuestra mente.
Una -solo una- de esas bailarinas es la que saltó desde el Árbol de la Ciencia a los cerebros de Adán y Eva. La materia de aquel árbol de Edén me la imagino blanca, idéntica a la de las estrellas, tal y como aparece en la foto que os ofrezco.
David López
Sotosalbos, 18 de octubre de 2009.

October 21st, 2009 at 10:32 am
Impecable y superlúcida tu composición, pero ¿en qué te apoyas para afirmar que solo una bailarina tomó las mentes de Adan y Eva?.
October 23rd, 2009 at 11:28 am
Gracias por tus palabras, Asun: siempre generosas.
Dije que en las mentes de Adán y de Eva entró solo una bailarina (dispuestra a bailar eternamente un solo baile) porque debo suponer que fue una, una sola, la realidad que Dios quiso que se desplegara en las conciencias de sus criaturas -y en las de sus descendientes- tras la ingestión del fruto de aquel árbol del “conocimiento” (de los conceptos).
¿O es que debemos pensar que el valle de lágrimas al que fueron expulsados estaba repleto de árboles del conocimiento, todos dispuestos a tomar mentes, todos atronando en una insoportable confusión?
October 25th, 2009 at 12:12 am
Así lo entendí. UNA. Y yo te expongo desde mi pobre entendimiento cristiano/filosófico, eternamente irreconciliables, que no lo entiendo. Desde el momento en que Eva opta por coger el fruto prohibido ya tiene tomada su mente por la “curiosidad” ergo “conocimiento” ergo “ciencia” ergo “progreso”….. Incluso la “prohibición” lleva instalado el binomio “desobediencia”. Así que no puedo establecer esa lógica bíblica/filosófica. Me salen demasiadas bailarinas, molestándose en la misma pista.
Precioso poema al otoño. Me estremece especialmente el olor. Un beso David.
January 31st, 2010 at 11:44 pm
[...] de considerar la “idea”: 1) como equivalente a concepto (palabra de la que ya me he ocupado aquí), 2) como entidad mental; y 3) como cierta realidad. Es este último modo el que voy a [...]
April 17th, 2010 at 6:34 pm
[...] sea el Dharma. No es posible una traducción de esta palabra sánscrita. Pero cabe aproximarse al concepto que ella propone con vocablos como “ley”, “orden”, “religión”, “deber”, [...]
May 12th, 2010 at 11:21 am
[...] Pero, ¿cabe poetizar el silencio? ¿No es el silencio otra palabra, otro “concepto” [véase]? Creo que no. Quien medita, quien medita de verdad, sabe que el silencio al que se llega en [...]
May 31st, 2010 at 9:37 am
[...] El sufrimiento -como concepto [véase]- requiere una conciencia, y, por así decirlo, un “corazón”, imantados por una [...]
July 31st, 2010 at 10:22 am
[...] - Concepto. [...]