Escuela Libre de Filosofía. Conferencia del lunes 2 de noviembre de 2009: “Cosa”.

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         En esta conferencia voy a intentar dibujar en el aire el concepto –la forma de mente- que se supone relacionado con la palabra “cosa”.

         Para ello voy a apoyarme en dos obras de arte: una fotografía de Annie Leibovitz (la que tiembla sobre estas líneas) y una conferencia de Martin Heidegger titulada “Das Ding” [La Cosa][1].

         La fotografía, como se ve, muestra un recorte, una parcialidad de un cuerpo humano. La he elegido porque se trata de un recorte de la materia visible de una bailarina: una bailarina llamada Julie Worden (Mark Morris Dance Group). Yo he querido imaginar que en realidad se trata de una Maya: de una bailarina metafísica que baila un mundo imaginario (como todos) en la inmensidad del Ser.

         Y es que en ese cuerpo fotográficamente parcelado percibo cierta transparencia, cierta delicuescencia, cierto temblor óntico: su carne de bailarina parece dispuesta a acometer cualquier baile (cualquier mundo), ofreciendo la generosidad de su vacío cósmico para que se despliegue cualquier Logos: cualquier discurso configurador de cosas. Sus manos, que parecen dispuestas a volar cualquier vuelo, por el momento protegen el pecho interior de esa mujer cuyo rostro se nos oculta. ¿Qué se protege? ¿Qué hay ahí detrás, detrás de la piel y la carne y la sangre de ese cuerpo; detrás de las cosas de ese cuerpo-cosa?

         También me interesa esta imagen porque en ella veo abismos ontológicos: las venas, las uñas, un pezón: ¿Son “cosas? ¿De qué cosas están hechas esas cosas? ¿De átomos? ¿De qué están hechos los átomos? ¿De qué está hecha la materia misma; o la energía, si se prefiere esta palabra? ¿Y las cosas de los sueños? ¿De qué están hechas esas cosas?

         ¿Qué es por tanto una “cosa”? ¿De qué están hechas, cómo resisten, las fronteras que separan las cosas? ¿Vemos las cosas tal cual son?

         ¿Qué es lo cósico de la cosa?, se preguntó Heidegger en una conferencia-poesía-creación que pronunció en 1949.

         Como cualquier otro producto lingüístico de Heidegger, esta conferencia es un auténtico desafío para la elasticidad –y la generosidad- de nuestra mente. Pero creo que merece la pena dejarla entrar en nosotros, que baile, que se haga bailarina y nos subyuge un rato; el rato que nosotros creamos oportuno. Heidegger es un creador: el portador-inoculador de un logos especialmente incómodo y poderoso. Un logos arbitrario (como todos) y oscuro (como la tierra oscura de un extraño y narcotizante jardín).

         Analizaré esta conferencia –después de una breve introducción a la filosofía de Heidegger-; y utilizaré la forma de pensar del “Mago secreto del pensamiento” para contemplar, con más detenimiento, la foto de Annie Leibovitz.

         Esa contemplación nos llevará, quizás, a lo que se transparenta por la carne –y por las cosas- de esa bailarina (y de todas las cosas). ¿La Nada? ¿El Ser? Quizás veamos eso que se ve en el silencio. ¿Qué hay detrás de un cuerpo humano cuando no se mira desde una determinada configuración mental? ¿Qué hay ahí detrás en verdad? ¿Qué se puede sentir tocando, oliendo, en silencio radical, un cuerpo humano?

         En el silencio radical de la mente ya no hay “cosas” –ni siquiera en el sentido heideggeriano-, porque no hay sistemas lingüísticos que las instauren. En el silencio ya no hay conceptos –no hay instrucciones mentales- que conviertan nuestros ojos en tijeras esclavizadas. Nuestra mirada (nuestra mente/nuestro cosmos), en el silencio, ya está liberada –tranquila, plena, gloriosa-.

         Según Heidegger, en el silencio se propiciaría el advenimiento: el Ser se contemplaría –o se “escucharía”- a sí mismo en la finitud de un ser humano (de un “estar-en-el-mundo” que va a morir).

         Pero el silencio, aunque propiciador de ese prodigio teológico, desintegraría, no solos las cosas, sino también esas bailarinas que en este curso he llamado “Mayas”; y que serían “determinaciones inesenciales del Ser”, si es que dejo que mi pensamiento piense como el de Heidegger.

         Ya lo he confesado varias veces. Yo amo a las bailarinas lógicas que están bailando para nosotros en este curso de palabras y de mundos. El único silencio que quiero, que quiero ahora, es el que las ayude a ellas a bailar mejor: a actualizar la plenitud de sus movimientos, de sus “Logos”.

         Intento limpiar y agrandar mi mente para que ellas, las bailarinas lógicas, se encarnen. Intento abrir todas las ventanas posibles para que ellas bailen con suficiente oxígeno. Con suficiente vida.

         ¿Por qué? Pues precisamente por amor a la Vida. Por amor a la Magia. Y es que Vida y Magia (Maya en sánscrito) son palabras que significan lo mismo.

 

           

            David López

            Sotosalbos, noviembre de 2009.

           

[1] Heidegger, M.: Vorträge und Aufsätze, Verlag Günther Neske, Pfullingen, 1954. En español: Conferencias y artículos (trad. Eustaquio Barjau), Ediciones del Serbal, Barcelona, 1994.



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