Escuela libre de Filosofía. Conferencia del 23 de noviembre de 2009: “cultura”.
En esta conferencia me ocuparé de eso que haya detrás de la palabra “cultura”. Y para ello me apoyaré en la poderosa imagen que aparece en el cielo de estas frases. La persona que sangra en ella se quiso llamar Sid Vicious. Murió con 21 años, como consecuencia de una sobredosis de heroína. Tocaba el bajo en un grupo que es ya parte del canon occidental: los Sex Pistols.
Sí. Es sangre lo que brota de su boca. Y también lo que se adivina en los surcos de su carne cultivada. Estamos, me parece, ante lo que Simmel denominó “espiritualidad objetivada”.
Para mí, lo que sangra en esta imagen es un mártir lógico (mártir de un logos; un logos feroz en este caso: el logos punk). Aunque probablemente todos los logos sean feroces, si es que no quieren ser nada, otra vez, en la nada que les circunda, les amenzaza y les constituye.
Ortega dijo que la cultura es un movimiento natatorio, un bracear del hombre en el mar sin fondo de su existencia con el fin de no hundirse. Pero también dijo que “el hombre se pierde en su propia riqueza, y su propia cultura, vegetando tropicalmente en torno a él, acaba por ahogarle”.
Incluso en sangre.
Ferrater Mora habló de la idea de “cultura” como cultivo de capacidades humanas y como el resultado del ejercicio de esas capacidades según ciertas normas.
Pero, ¿qué significado hemos pactado, oficialmente, para la palabra “cultura”? El primer significado que establece la Real Academia es, precisamente, “cultivo”. Y si leemos cómo comienza la redacción del significado de “cultivo” nos encontramos esto: “Cría y explotación de seres vivos con fines científicos, económicos o industriales”.
¿Es la cultura algo que somete, que explota, al ser humano culturizado? ¿Cabe tomar distancia de una cultura, mirarla como desde fuera? ¿Es la cultura un fenómeno exclusivamente humano? ¿Es la cultura superior a la natura? ¿Existe algún grupo humano sin cultura?
Intentaré enfrentarme a estas cuestiones en mi conferencia siguiendo el siguiente orden:
1.- “Cultura” y “naturaleza” en la filosofía griega: las reflexiones de los sofistas.
2.- “Cultura” y “naturaleza” en la filosofía china: taoísmo versus confucianismo.
3.- Chantal Maillard: “cultura” como ritmo. Haré referencia a su libro Adiós a la India. Mis sensaciones sobre esta obra las expreso en la sección de críticas literarias.
4.- El cerebro humano como hábitat de la cultura. Haré algunos comentarios sobre el libro de Jesús Mosterín que lleva por título La cultura humana (También incluido en mi sección de críticas literarias).
5.- La cultura punk y, en concreto, el fenómeno de los Sex Pistols. Me interesa especialmente la religiosidad –el misticismo incluso- de este importantísimo movimiento cultural que brotó en el inefable siglo XX. Y, también, su vehemente esteticismo: su iconoclastia convertida en iconofilia; en ritualización, y sacralización, del Apocalipsis del Occidente moderno.
Finalmente compartiré con vosotros mis propias ideas. Son éstas (y están todavía en construcción):
“Cultura” es un verbo, una acción. De ese verbo se derivaría el sustantivo “culto”. Sostendré que ser culto es estar cultivado, explotado por un logos: cegado: aniquilado. Y sugeriré la distinción entre ser culto y tener cultura. Incluso sugeriré –desde Nietzsche- la idea de que cabe crear cultura: nuevos valores: nuevos mundos.
Una cultura es una forma –entre infinitas posibles- de mirar y de interactuar –de nadar- , colectivamente, en el infinito. En el caos. En la nada. Para ello, obviamente, hay que mantener un nivel de conciencia en el que siga activado el principio de individuación. Y en el que se siga dejando bailar a las Mayas.
“Cosmos” y “cultura” son lo mismo.
La foto que ocupa el cielo de estas frases refleja un punto de conciencia –un “ser humano”- que vibra de amor, de amor absoluto hacia una idea, dentro de una cultura (el cosmos punk). Estamos ante un místico –un místico lógico, no silente- que ha permitido que la divinidad lógica a la que rinde culto se encarne en él: que “le sea” entero. Y no sólo eso: ha permitido también que esa cultura le convierta en un “objeto cultural”. Y que le exponga. Y que le venda.
Este curso trata sobre “bailarinas lógicas”. Ahora tenemos delante a una bailarina que no solo suda con su baile cósmico, sino que también sangra: deliberadamente, porque quiere morir, morir bailando y cantando (mejor dicho: gritando enfurecida). Y con ella sangra y baila y grita una civilización entera (un tejido de culturas compatibles): eso que a sí mismo se denominó “cultura occidental”.
Quiero terminar estas frases confesando el esfuerzo de autovigilancia que me he impuesto. Y es que podría haber ocurrido que, para mis fines de reflexión metafísica, yo hubiera convertido a Sid Vicious, y a los Sex Pistols, en exóticas mariposas lógicas. Y que, sentado en mi despacho, hubiera jugado con ellas como un niño-filósofo caprichoso y despiadado. Ya nos advirtió María Zambrano contra los “infiernos de la luz”. Por eso he elegido, entre todas las imágenes que de aquellos religiosos punk ofrece internet, la que me ha parecido más “grave” (en sentido religioso): más capaz de mostrar en toda su pureza, en todo su ciego temblor, una cultura encarnada: un “hombre-cultura”: un cultivo de carne y de sangre humanas.
Un hombre crucificado en un logos; que se merece respeto. Mucho respeto.
David López
Sotosalbos, noviembre de 2009.
