Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 7 de diciembre de 2009: “Dios”.
La palabra “Dios”: el lugar más extremo que cabe encontrar en el cosmos de las palabras: el gemido más sobrecogedor que cabe oír en él: la retorsión del lenguaje más fabulosa que cabe contemplar.
Me acerco ahora, aturdido, muy desconcertado, tropezando, a una bailarina extrema. Dicen que es la última en abandonar el baile de los mundos (de las dualidades, de las existencias, de las objetividades). Es la más grandiosa de todas las bailarinas posibles. El Maestro Eckhart quiso librarse de ella en un sermón del siglo XIV que se conoce como Beati pauperes spiritu. En este sermón aquel dominico dijo: “Pido a Dios que me libre de Dios”. ¿Para qué? ¿No es suficiente el cándido ateísmo?
En mi conferencia hablaré de esa palabra prodigiosa; de ese símbolo que da cuenta de un concepto (de una forma de mente en definitiva). Pero de lo que haya detrás de ese símbolo, o de lo que quiera la mente (¿el cerebro?) capturar con ese concepto, es mejor callar.
“Dios”. ¿Qué burrada es esa? Hay quien se consuela sustituyendo este símbolo por otros aparentemente más asépticos y evolucionados como “Universo”, “Leyes Naturales”, “Naturaleza”, “Energía”, “Nada”, “Ser humano creador de la fantasía de los dioses”… Pero para no reventar filosóficamente en los abismos de estos sustantivos es imprescindible aflojar la lucidez filosófica. Y es que la tempestad física y metafísica de lo que hay es ineludible (si es que hay diferencia, por cierto, entre lo físico y lo metafísico).
No cabe pasar a palabras la hoguera mágica en la que estamos ardiendo –eso que sea lo que hay aquí ahora mismo-, pero sí cabe practicar la teo-logía en sentido literal y estricto: hablar de “Dios”. Hablar, solo hablar, solo secretar frases, más frases todavía, en el gran tejido de frases en el que está tejida nuestra inteligencia. Y hablar, solo hablar, de “Dios”: de la palabra “Dios”. No hay otra opción. ¿Y para qué este esfuerzo? ¿Para agotar a esa última bailarina con bailes imposibles, autocontradictorios, lógicamente letales (como haría el Zen con sus crueles koanes)? ¿O es que en todo decir se está trasparentando lo que no puede ser dicho, como si las frases humanas estuvieran flotando, convulsas, como algas lógicas, en un océano meta-lógico que lo empaparía todo con su olor inexpresable?
La imagen que he elegido para contemplar el baile de la más grandiosa de las bailarinas posibles muestra a un hombre rezando. No es éste el momento de reflexionar sobre qué sea eso de rezar. Valga simplemente decir que esta foto me ha permitido visualizar, quizás, lo que el Maestro Eckhart quiso retirar: la palabra “Dios”, que sin duda es el eje lógico de todas las palabras que contiene ese libro que sostiene el hombre de la foto.
Me impresiona la pureza geométrica del vector que trazan a la vez su cráneo, sus antebrazos, el libro y sus manos. ¿Se dirigen a la Omnipotencia suplicando amor? ¿Ofreciendo amor? ¿Suplicando favores? ¿Ofreciendo favores? Creo que el taller metafísico está en el libro. ¿Entra Dios, desde fuera, en la cabeza y en el corazón del hombre a través del libro? ¿O es lo contrario: que el hombre mediante el libro crea a Dios (Unamuno)? ¿O es que ocurre todo a la vez; como por arte de Magia?
El Dios que presupone esta imagen es un Dios que yo quisiera llamar “lógico”: creador mediante el logos, o creado mediante el logos. Es igual: se trataría de un suceso mágico y sagrado, sí, pero meramente lingüístico. Que no es poco.
Estaríamos ante el Dios que puede existir. Ahí. En lo existente. O no existir. Existir o no existir en lo objetivo. En lo objetivo que se presenta ante el sujeto: la teatral Vorstellung a la que se refería Schopenhauer.
Ese Dios puramente existente, esa maravilla física y metafísica, es la que han sentido algunos: una presencia inefable e hiper-real de la que William James se ocupó con valentía y brillantez en sus famosas conferencias sobre religión (Las variedades de la experiencia religiosa: estudio de la naturaleza humana, edit. Península, Barcelona, 1986).
Pero ese Dios existente, y su mundo, y su ser humano amado, serían determinaciones inesenciales, aunque gloriosas diría yo, del Ser (o de lo que por tal entendió Heidegger). O de la Nada si se prefiere. A ese fondo de todos los fondos (Grunt), a esa fuente de todos los dioses y de todos los mundos (Nirguna Brahaman), a esa Nada Mágica, se dirige el místico: no el teólogo. Ni el filósofo. Ni siquiera el poeta.
Esa “cosa/Nada” ni existente ni no existente quisiera yo denominarla ahora, consciente del chirriar de mis grilletes lingüísticos, “Dios metalógico”. Sé que esto es una contradicción porque no se puede meter algo en una frase y decir que ese algo no es lingüístico. Pero creo que la expresión puede servir de herramienta para abrir alguna ventana en los muros de la mente.
A partir de estas reflexiones iniciales intentaré ordenar mi conferencia así:
1.- El libro de los veinticuatro filósofos (edit. Siruela, Madrid, 2000). Leeré y comentaré alguna de las definiciones de Dios que se contienen en este famoso texto medieval.
2.- El modelo de totalidad que presupone el ateísmo.
3.- Kierkegaard: “Creer en Dios es creer en que todo es posible”: la apertura a lo imposible, a lo mágico, frente a la sumisión a un todo legaliforme.
Por último compartiré una experiencia íntima. Creo que en Filosofía no podemos eludir la honradez empírica: hay que soportar –y comunicar a otros- lo que se experimenta (aunque se trate de un “hecho” incompatible como el tejido lógico más favorable para la supervivencia social). ¿Cabe hablar de “hechos” más allá de lo que permite experimentar nuestra mente lingüistizada? Quizás no. Pero en cualquier caso yo hablaré de lo que se me presentó, lo que irrumpió de forma absurda e inesperada, dando un paseo nocturno por los alrededores del aeropuerto de Lyon, hace ya casi veinte años:
Algo gigantesco que no era yo, algo/alguien consciente, vivo, casi carnal, que me amaba de forma descomunal, lo tomo todo, lo fue todo, lo transparentó todo: los árboles, los postes de la luz, los surcos del sembrado que desdibujaba la noche, las estrellas, los edificios, los coches, los aviones… Fue una experiencia grandiosa que censuré durante años por exigencias de mi caja lógica.
¿Era aquello lo que la palabra “Dios” pretende significar? ¿Era aquello mi yo esencial (Atman-Brahman) que se traslucía a través de las imágenes de mi mente?
Yo no estaba rezando, no rezaba nunca, ni había texto alguno entre mis manos fabricando prodigios metafísicos. El único credo al que estaba adscrito era el cientista-ateísta. “Aquello” que tenía delante no me pidió ni me prometió nada. Sólo se mostró. Descomunal. Glorioso. Omnipotente. Omnisintiente. Siendo todo lo existente ahí, ante mí … y amándome de una forma casi insoportable.
Quizás el libro que sostiene el hombre de la foto está sirviéndole de dique, de filtro lógico, para no ser arrollado por eso que a mí se me presentó en Lyon.
Cabría decir, quizás, que la palabra “Dios” protege al hombre, y al lenguaje del hombre, y a las religiones del hombre, para no morir, todos abrasados -abrasados de belleza y de amor- en la hoguera mágica de lo Innombrable.
David López
Sotosalbos, diciembre de 2009

December 8th, 2009 at 8:04 am
David,
Supongo que cuando ayer nos hablabas de “Dios”, el término lingüístico también era válido para SER,TAO,BRAHMAN etc…Por eso me ha llamado la atención encontrar en tu diccionario de las diferentes charlas la palabra “TAO”. ¿Quizás otro enfoque distinto ?. Pues efectivamente la palabra SER no aparece aunque sí “SER humano” lo que me parece muy acertado. Coincide que ultimamente estoy leyendo a Nissargadata su libro “Yo Soy Eso” dando a entender que “ESO” se refiere a “Todo”, es decir “Yo no soy ni esto, ni eso, ni aquello” como si la mente nos engañara haciendonos creer que estuvieramos separados (según Nissargadata) del SER. A mi entender lo correcto es decir “Yo soy SER humano” donde “humano” serían las limitaciones que nos corresponden de aquel ilimitado y atemporal SER al menos dentro de ese periodo de ciclo existencial que llamamos vida.
Simple comentario al haberme topado en tu diccionario con “SER humano” al entender que SER ya hubiera estado referido a Dios en la charla de ayer, ¿no?
December 10th, 2009 at 2:18 pm
Querido Andres
Seguimos atrapados en el lenguaje y todo lo que vamos a conseguir es que gima y se retuerza sobre sí mismo como un dragón herido.
Yo he acuñado el término “Dios lógico” (el que puede o no existir, ahí, en lo “objetivo”, y cuya esencia depende del cosmos lingüístico que haya tomado la mente; que la mente humana hay fabricado, si es que vamos de ateos).
Creo que “Ser” o “Tao” o “Nirguna Brahman” o “Grunt” o “Nada Mágica” son “palabras-no-palabras”: son elementos del lenguaje que apuntan a lo que he llamado “Dios metalógico”: aquello que no será nunca un concepto (un forma de la mente).
La palabra es símbolo de una forma de la mente. La mente no puede con el Todo. Ni siquiera consigo misma. Sólo puede aspirar a sentir en su piel un glorioso estremecimiento (algo así como si pudiera ser rozada por la mano del Dios metalógico).
Pero seguimos con las palabras, querido amigo. Quizás haya que olvidar su capacidad semántica y disfrutar de su olor a Océano (su olor a lo Innombrable). Ningún símbolo dice nada, pero no puede quitarse el glorioso olor del Todo.
Un abrazo,
David
December 11th, 2009 at 4:48 am
En efecto las palabras son artilugios de la mente que cosifican, objetivizan (no sé si existe este verbo) en ese afán de alcanzar lo que no puede alcanzar. Por ello “Sólo puede aspirar a sentir en su piel un glorioso estremecimiento”, un olor a algo, un sabor a…¿sería lo que se describe como intuición ?. Será interesante enlazarlo con tu próxima charla en la que nos hablarás de la “Fé” como una especie de “auto-normativa”,”auto-control” para no perdernos en los abismos de lo que Es. Siempre recuerdo tu cariñosa frase “aquí hay mucho tomate” en la que nos deja con un cierto sabor a…qué, si no podemos describirlo lingüísticamente ¿verdad?.
February 23rd, 2010 at 11:41 am
[...] A ese orden, a ese fuego lógico, a ese Dios que “no quiere y quiere verse llamado con el nombre Zeus”, se le ha llamado también [...]
March 17th, 2010 at 1:06 pm
[...] Si me dejo arrastrar por el autohechizo lógico anterior –y me voy a dejar- llegaría a la conclusión de que la Matemática expresa los latidos del corazón de un Dios (Dios entendido, claro está, como “Dios lógico”). [...]
March 17th, 2010 at 1:10 pm
[...] e infinita potencia creativa (natura naturans). Esa “masa” prodigiosa sería Dios –el Dios metalógico-: siendo Nada puede fabricar consigo mismo cualquier [...]
April 17th, 2010 at 5:02 pm
[...] vosotros es escuchar el crugido de la autoconstrucción del Espíritu: la autofabricación de un Dios -del Dios único y absoluto- que va a llegar a ser consciente de sí mismo: la infinitud se va a [...]
April 17th, 2010 at 5:27 pm
[...] no será, como dijo el Maestro Eckhart en el siglo XIV, que hay “algo” que es causa tanto de Dios como del [...]
May 17th, 2010 at 10:13 am
[...] quizás de otro modo: religaciones con el Dios lógico y religaciones con el Dios metalógico [véase Dios]. Aquí cabría ubicar eso que hoy está agrupado bajo el símbolo ”experiencia [...]