Las bailarinas lógicas (Un diccionario filosófico): Mal

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Mal.

Una bailarina que impone respeto. Que da miedo incluso.

¿Quién no teme la irrupción en su conciencia de una realidad que suponga la antítesis absoluta de su modelo ideal de mundo?

¿Cabe imaginar un horror semejante?

Yo lo he intentado. Es una experiencia que no aconsejo.

Y es que el Mal está asociado al sufrimiento. Es malo lo que produce sufrimiento. Pero, ¿es malo el sufrimiento? ¿Cuántas maravillas, cuántas prodigiosas transformaciones, cuántos nuevos cielos le debemos cada uno de nosotros al sufrimiento?

La imagen que sobrevuela este texto muestra dos manos dibujándose recíprocamente: dándose el ser a la vez. Una mano podría ser el Bien (no sabemos cuál, son iguales); y la otra el  Mal. Ninguna de ellas puede existir sola: necesita a su contraria para señalar su límite exterior (para perfilar lo que no es).

Pero las dos manos fueron dibujadas por Escher en 1948. Y es que los sistemas dualistas –Bien/Mal- han de ser creados. Y lo son por la gran diosa de la que me ocupé en la conferencia anterior: Vak: el Logos: la Palabra.

Porque “Mal”, ante todo, es una palabra.  Una bailarina lógica. Una palabra sobre la que se han dicho muchas palabras. Un vez más he aprovechado el gran trabajo que realizó José Ferrater Mora en su Diccionario de Filosofía. Curiosamente, al ocuparse del Mal, este filósofo aumentó su potencia taxonómica: su destreza para ordenar –reducir- tormentas lógicas. Quizás, para vencer al Mal, haya que atravesar su desordenado pecho con una estaca sistémica.

Yo trataré de vencer al Mal en estos breves apuntes con la siguiente estaca sistémica:

1.- Vedanta advaita: el bien y el mal son Maya.

2.- Heráclito: para el dios todas las cosas son hermosas y justas, pero los hombres consideran unas justas y otras injustas.

3.- Pitagorismo: el mal es lo ilimitado. Referencia a palabra infinito y a Stefan Zweig.

4.- Platón: el Mal está en la caverna. María Zambrano: la Poesía es el infierno. Esta idea se puede encontrar en esta obra exquisita de Clara Janés: María Zambrano (Desde la sombra llameante), Siruela, Madrid, 2010.

5.- Plotino: el Mal como insatisfacción, como pobreza completa. Maestro Eckhart: bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos será el reino de los cielos.

6.- San Agustín: el Mal es alejamiento de Dios. Aquí haré referencia a Cristo como Verbo (como modelo de mente, y por tanto de cosmos). Y me apoyaré en mi felicitación de Navidad.

7.- Leibniz: el Mal no existe cuando se contempla el universo en su conjunto.

8.- Schopenhauer: el mundo es el Mal.

9.- Nietzsche: El superhombre como creador de valores… Escher pintando las manos del Bien y del Mal.

10.- Sartre: el hombre como ser condenado a la libertad; a la libertad de instaurar el Bien y el Mal.

11.- La Mística como superación del dualismo Bien-Mal. El Tapas indio: sufrimiento creativo.

Ofrezco ahora algunas reflexiones (muy provisionales):

1.- El Mal sólo existe para una conciencia –o un nivel de conciencia- cosmizado; esto es: hechizado por un Logos.  El Mal disminuye según aumenta nuestra conciencia.

2.- Cada Logos concreto instaura una idea suprema de Belleza –o de Bien- que rije ese cosmos. Lo malo –el Mal- será la idea antitética a esa idea suprema. Cada uno de nosotros puede encontrar en su interior ese Mal, esa Fealdad, absolutos: el horror máximo: el máximo alejamiento de Dios en cuanto Dios lógico (aquí cabría incluir el dios Democracia, o el dios Naturaleza-ecologismo, etc).

3.- Habría un Mal mucho más poderoso que el imaginable como antítesis de nuestro modelo ideal de realidad. Me refiero a ese Infinito que acecha y fertiliza todos los cosmos –y todos los logos, incluido el de Jesucristo-. Sería el Demonio, el verdadero demonio, porque representa el desorden radical.

4.- Pero ese Demonio atroz –una amenaza tanto para el Bien como para el Mal- cabe denominarlo también Dios (Dios metalógico me permití llamarle yo). Pero siendo amenaza, es también alimento y es también esperanza: los mundos necesitan respirar la brisa de ese océano metamoral. A ese “lugar” accede –o regresa- el místico. Y descubre que es su verdadero yo: que él es el fondo, el fondo creador, de todos los logos, de todos los dioses lógicos, de todos los mundos.

5.- Esa omnipotencia se confina en mundos y adopta conciencias limitadas, menesterosas, sufrientes, ignorantes. Y dentro de los cosmos ocurre algo llamado amor: una fuerza de cohesión que sostiene esos sueños (los mundos), que les otorga tanta materia como sea posible para que no se diluyan: para que no se evidencie que están hechos de nada en la prodigiosa nada de la mente de Dios.

6.- Yo estoy algorítmicamente confinado en uno de esos mundos, amando, sosteniendo con todas mis fuerzas los pilares del modelo de realidad en el que creo –o que creo-. Desde este nivel –que no es de lucidez, sino de enamoramiento- sí cabe decir lo que es el “Mal”. El Mal, para mí, es, por ejemplo, lo que perturbe el reposo, o la vida, o los sueños, de mi hijo Nicolás (que ahora, mientras escribo sobre el Mal, está durmiendo, feliz, creo de verdad que feliz, bajo unas estrellas que puse en el cielo de su cuarto).

Ya he afirmado en otras ocasiones que somos magos (autodifractaciones de una Nada omnipotente).

En este caso se podría decir que somos magos autoconfigurables: magos que se pueden exorcizar a sí mismos (realizar prodigiosas depuraciones cósmicas desde su propio interior). En la conferencia ofreceré algunas técnicas que a mí me han funcionado.

Entre todas ellas destacaría la oración: meter las manos del alma, con fuerza, con determinación, con implacable amor, en nuestras arcillas interiores (el mundo se cambia desde dentro). Podemos ser nuestros propios exorcistas. Pero hay que hacerlo con cariño, no con afiladas estacas de madera.

No hay que ser demasiado duros con el Mal: gracias a él – y al sufrimiento que causa- puede existir este mundo: este mundo del que confieso estar locamente enamorado… a pesar de todos sus males.

A pesar de saber que es un sueño.

Un sueño que hay que seguir soñando con todas nuestras fuerzas. Por amor a los seres que aparecen en él.

        David López

        Sotosalbos, 1 de marzo de 2010.


4 Responses to “Las bailarinas lógicas (Un diccionario filosófico): Mal”

  • Asun Says:

    Para los cristianos Dios dignificó el sufrimiento hasta el extremo en su pasión, muerte y resurrección. Pero no acabamos de “pillar” la grandeza de de ese Hecho. Quizás estemos todavía en un grado de evolución tan pueril como el niño que tozudamente insiste: ¿Y por que…? ¿Y por que…? o quizás no tengamos la capacidad necesaria para comprerder-Le.

    Gracias. Un abrazo,
    Asun

  • Asun Says:

    Soy otra Asun. El Mal. Es un temazo y un gran misterio. Los mayores males del mundo se producen dentro de la tribu, como fue el holocausto judío. El porqué de tanto mal es la aniquilación de conciencias o alienación del individuo., y en este estado no puede ejercer ni el bien ni el mal. Solo desde la libertad se puede ejercer el mal, desde la plena conciencia. Yo personalmente y al margen de cualquier religión se cuando estoy obrando mal según mi conciencia porque algo me muerde, y efectivamente esto ocurre cuando antepongo mis intereses personales al margen del sufrimiento que pueda causar al prójimo. Esto puede ser subjetivo, pero es mi conciencia. Habrá personas que no sientan esa mordida. Pero hay otro que es objetivo, el deleite con el sufrimiento ajeno. Ese “que se joda”. Para mi ese es el verdadero mal. Kant definió muy bien el bien moral con su imperativo categórico, “Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal.” El Dios cristiano, tan demonizado hoy en día, también dio un mandato universal para evitar el mal “Ama a Dios sobre todas las cosas -que yo identifico con el yo profundo y fértil del que tanto habla David- y al PROJIMO COMO A TI MISMO” No hay que olvidad que para la segunda premisa hay que amarse mucho a uno mismo, y para eso no queda otra que construirse un gran yo al que podamos amar como al mismo yo interior. Desde este punto de vista, coincido plenamente con el Mal de S. Agustín. Bueno ya

  • Andrés Says:

    Hola boys and girls ,
    ¿Habíais oido el “tetralema” de Epicuro ?. Yo, hasta hace poco, no. Helo aquí:
    “O bien Dios quiere eliminar el mal y no puede, o puede eliminarlo y no quiere, o ni lo quiere ni puede, o lo quiere y lo puede.
    Si quiere y no puede, es impotente, lo que no es adecuado a Dios. Si puede y no quiere, es malvado, idea que es extraña a Dios. Si no puede ni quiere, es a la vez impotente y malvado, y por tanto no es Dios. Si quiere y puede, algo que sólo está al alcance de Dios, ¿de dónde procede entonces el mal, o por qué Dios no lo suprime?”.

    ¿Qué podemos concluir, a priori ? pues que parece ser que los dioses (quizás haya más de uno y tengan “el trabajo” distribuido) no se ocupan de nosotros, ni del orden o el desorden del mundo. Así que, compañeros/as de camino, no tenemos nada que esperar de los dioses, ni nada que temer de ellos. Por eso “nuestra ciencia” se encarga de encontrar remedios para esta débil humanidad; el trabajo agotador; los demasiado vanos y escasos placeres;el frecuente y a veces atroz dolor, y ese… azar, a veces injusto y ciego.
    Y es lo que hay (la realidad) o lo tomas o lo dejas. Y no tienes más remedio que tomarlo: porque es por sí mismo su propia aceptación, que nos desliga de todo el resto.

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