Tribuna política

 

 

En esta sección ofrezco lo que veo en la política actual. Espero ser útil.

La política es una vertebración de necesidades y de sueños colectivos. Y no creo que sus límites interiores y exteriores nos sean accesibles. Las conexiones neuronales del cerebro de Angela Merkel o de Obama no pueden no latir con el misteriosísimo latido que se escucha por toda la materia del universo, si es que aceptamos que exista eso de “materia” [Véase].

¿Somos los suficientemente libres y creativos como para configurar nuestros hábitats políticos? ¿Qué ocurre en el fondo del ocurrir de la política actual?

En  [este enlace] expongo algunos esbozos de lo que podría ser una metafísica de la política.

Creo que la Filosofía, como pensamiento  -y sentimiento- extremos puede ofrecer cámaras privilegiadas desde las que enfocar ese gigantesco poliedro de fenómenos que, simplificando, simplificando mucho, llamamos “política”. Y creo que esas cámaras pueden aportar lucidez y ecuanimidad. Dos conceptos cruciales. Los debates políticos -sobre todo los que acontecen en las calles- suelen llevar dentro un exceso de emoción, un exceso de somnolencia ideológica.

El objetivo de la política sería la construcción de un discurso, de una ilusión, de una logística, e, incluso, de una “física”, en la que se pudiera desplegar toda la magia que llevamos dentro: una política al servicio de la grandeza humana: a la altura de nuestra altura (que todavía está por medir). Dentro de esa “física” cabría incluir el urbanismo, la ecología, etc. ¿Podemos fabricarnos un paraíso en la tierra? Ese es el sueño de Francis Bacon, uno de los profetas de esa magia-ciencia que ha hecho posible, entre otras cosas, que bajo mis dedos, ahora mismo, estén disponibles mil galaxias de palabras y de imágenes: un cosmos fabuloso que, por el momento, lleva por nombre “internet”. Poca palabra para algo tan grande.

Estas notas las estoy escribiendo en una biblioteca pública de un pueblo de la provincia de Madrid, con prisa, porque están a punto de cerrarla (un sábado, a las dos de la tarde). La chica de la recepción me acaba de confesar que no hay presupuesto para personal.

Una biblioteca pública es un lugar sagrado, un templo de estudio y de reflexión: política pura. Una sociedad se reseca, se necrosea, pierde vida y erotismo, si no abre espacios para el silencio inteligente, para el silencio poroso.

Me tengo que salir de la biblioteca.

Creo que estamos en un momento que requiere un esfuerzo de inteligencia, de lucidez, de ecuanimidad e, incluso, de amor, por muy cursi y gastada que pueda sonar esta palabra descomunal.

Creo que estamos en un momento en el que es ineludible la Filosofía.

David López

5 de mayo de 2012

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