Jan 11 2010

Escuela libre de Filosofía. Conferencia del 11 de enero de 2010: “Hecho” e “Historia” (primera parte).

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         Me ha parecido oportuno unir a estas dos bailarinas lógicas: “Hecho” e “Historia”. Pedirles que bailen juntas ante nosotros. Y lo van a hacer en dos tiempos, en dos conferencias.

         Creo que un significado básico de  “historia” podría ser “sucesión de hechos susceptible de ser incorporada a una narración”. Otro podría ser “estudio del ser de eso que se despliega, se articula, en hechos narrables”.

         En la primera conferencia trataré de acercarme a la palabra “hecho”. Y lo haré utilizando algunos materiales que nos ofrece eso que se ha llamado “Historia de la Filosofía” (desgraciadamente no dispongo de todos; ni dispondré nunca de ellos).

         Me gustaría reiterar que para ver –y para abrazar en lo posible- estas y otras palabras –a estas y a otras bailarinas lógicas- estoy nutriéndome de una preciosa, aunque gélida, galaxia lógica que me acompaña desde hace décadas: el Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora. Mando una sonrisa, desde aquí hacia allí: allí donde este filósofo pueda haber perpetuado su conciencia: allí donde pueda recibir mi agradecimiento.

         ¿Tenemos historia más allá de nuestra muerte –o de nuestra vida, de nuestra vida visible por otros aquí-? Algunas religiones creen que sí. O dicen que es paradisíaco creer que sí.

         Ortega y Gasset, en su introducción a las Lecciones de Filosofía de la Historia de Hegel, citó a Goethe así[1]:

         “Todo hecho es ya teoría.”

         Y aclara esta cita con un pie de página en el que afirma lo siguiente:

         “Hegel devuelve a los historiadores la acusación que estos dirigen a los filósofos de “introducir en la historia invenciones a priori””.

         Y sigue Ortega citando a Hegel:

         “El historiador corriente, mediocre, que cree y pretende conducirse receptivamente, entregándose a los meros datos, no es, en realidad, pasivo en su pensar. Trae consigo sus categorías y ve a través de ellas lo existente”.

         Pero tanto Ortega como Hegel, a pesar de su lucidez filosófica, creyeron en la historia en sí: en que efectivamente ha habido una concatenación de hechos concretos, independientes del hecho de ser o no pensados por un ser humano.

         ¿Qué es un hecho? ¿Qué es la historia?

         “¿Cuál es la textura ontológica de esta?”, se pregunta Ortega en esa introducción a la obra de Hegel.

         Y sigo yo preguntándome: ¿estamos ante un fenómeno puramente narrativo, un prodigio poético de descomunal influencia en los corazones de los humanos, o realmente hay algo objetivo que se ha desplegado y se despliega en ese misterioso río entre físico y metafísico que es el Tiempo?

 

         En mi conferencia me acercaré así a la palabra “hecho”:

         1.- El hecho como fuente de lo verdadero: “es un hecho”.

         2.- Tipos de hechos: humanos y naturales. Reflexiones sobre el principio antrópico, el dualismo hombre-materia y la libertad.

         3.- Wittgenstein: “El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas”.

         4.- El “hecho atómico” como relación entre cosas. Pero, ¿qué es una cosa?

         5.- Los cartógrafos de Borges. Baudrillard. Los “conspiranoicos”: el poder miente y manipula ubícuamente.

         6.- ¿Cuál es El Hecho Total: Eso (Esto) no parcelado con las tijeras de los universales? ¿Qué ha pasado siempre y pasa ahora y pasará siempre? ¿Pasa algo en realidad, en el sentido de acceder al ser y dejar de serlo?

 

         Después de abrazar a la bailarina “Hecho” -y sentir el temblor de su nada-  me acercaré a “Historia” (la cadena, el sumatorio ordenado de “hechos”) así:

          1.- Preguntas cruciales: ¿Existe la historia en sí, objetiva, más allá del pensamiento humano, más allá de la forma que tienen los lenguajes de recortar el infinito a través de los universales? ¿Es la historia humana un momento de la historia natural, un salto cualitativo en el devenir mecanicista que caracteriza a la naturaleza no humana?

         2.- Filosofía formal de la Historia y filosofía material de la historia.

         3.- Visiones de la historia: “causalidad en la historia”, “motores de la historia”, “fases de la historia”… “fines de la historia”.

         4.- El problema de la existencia del tiempo más allá de la mente humana.

 

         Finalmente expondré mi propia visión sobre la historia:

 

         Siento, en mi mente, que, sin faltar a la honestidad ni al rigor ni al equilibrio mental, cabe la propuesta de “modelos de pasado” absolutamente “otros” de los que ahora están canonizados socialmente: modelos, además, escrupulosamente respetuosos con los “hechos” e implacablemente coherentes con la lógica que exigen las colectividades científicas.

         Siento que la narración canónica actual está construida con espejismos como “Edad Media”, “Renacimiento”, “Oriente”, “Occidente”, “Progreso”, “Lucha de clases”, “Capitalismo”, “consumismo”, etc.

         Pero, a su vez, los “modelos de pasado” que van a irrumpir  estarán construidos con otros espejismos, otras palabras huecas pero poderosísimas. Y honestas.

         Lo “ocurrido” es inefable, infinito. Lo que ocurre también lo es. Pero hay que vivir en algún cosmos. No cabe existencia sin cosmos; y no cabe cosmos sin hechizos.

         Estas reflexiones son extensibles a lo que podríamos denominar historia vital de cada individuo pensante en un cosmos concreto. Sobre esta idea en particular me extenderé en la clase que el martes 12 de enero impartiré en la sede de la International Coach Federation.

         Allí propondré la posibilidad de embellecer la autonarración vital: ponerla al servicio de la vida, de la ilusión, de la fascinación…Considero que toda vida ofrece material suficiente para transmutarla en belleza. Y hacerlo, además, sin faltar a la verdad de los “hechos”.

         Esa posibilidad de transmutación poética de la propia vida podría ser considerada como una manifestación de nuestra condición de magos.

 

         La fotografía que he elegido esta vez muestra un simple abrazo. Es lo que siento que pasa cuando abrazo con las manos de mi mente a cualquiera de las bailarinas lógicas. Es terrible y maravilloso a la vez: se diluyen, muestran la nada de su carne de palabras: su piel de arco iris.

         Y es que la Filosofía tiene algo de terrible, pero también ofrece un erotismo extremo, cercano a lo divino: hay un momento en ese abrazo en el que siento que esa piel de arco iris que tienen las bailarinas lógicas palpita, suda, ama. Y la bailarina descansa un rato en los brazos de mi mente, agotada de tanto bailar, preparada para mostrar su no-ser: preparada para disolverse en el magma lógico de mis pensamientos.

         Pero, en verdad, el objetivo que me propongo en este curso no es disolver a estos seres prodigiosos, sino explicitar su gloriosa materia onírica, su poder genésico, su capacidad de inocular mundos en las mentes.

 

 

         David López

         Sotosalbos, enero de 2010.

 

[1] Hegel, G.W.F., Lecciones sobre filosofía de la historia universal (traducción de José Gaos, introducción de José Ortega y Gasset), Alianza editorial, Madrid, 1980.



Oct 3 2009

Escuela libre de Filosofía. Conferencia del lunes 5 de octubre de 2009: “Belleza”.

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         He elegido esta imagen parcial del David de Miguel Ángel porque muestra algo terrible y prodigioso a la vez: el poder de la belleza. El poder de arrastrar. Con crueldad quizás. Creo que ahí, en ese bellísimo rostro de piedra blanca, se explicita toda una metafísica.

         Dijo Rilke que la belleza es el comienzo de la tragedia. La belleza puede arrastrar a la muerte estética: al no ser lo que se era para sólo ser ya lo que se observa. Recordemos Muerte en Venecia, la fabulosa novela de Thomas Mann, que fue llevada al cine magistralmente por Luchino Visconti: la belleza de un muchacho es suficiente para arrancar de la vida a un observador.

         ¿Qué es la belleza? ¿Qué es lo bello?

         En uno de los más famosos diálogos de Platón –en el Hipias mayor (287d)- Sócrates deja muy bien planteada la pregunta:

 

         HIP.- ¿Acaso el que hace esta pregunta, Sócrates, quiere saber qué es bello?

         SÓC.- No lo creo, sino qué es lo bello, Hipias.[1]

 

         Pero el diálogo entre Hipias y Sócrates no da respuesta a esta pregunta. En otro de los diálogos platónicos –El Banquete- lo bello parece ser lo que activa el impulso erótico (el amor). Y el ser humano, según va contemplando niveles superiores de belleza, va ascendiendo, encendido de amor, por una escalera que le permitirá acceder a la Belleza (lo bello) en sí: algo sin forma, eterno, sin ningún equivalente con ninguna imagen sensible. Y de eso participa, en mayor o menor medida, cualquier cosa bella para ser tal. La belleza según Platón es una idea, una idea-imán podríamos decir, que mueve al hombre hacia las alturas: algo sin forma que, enamorándole, saca al hombre del mundo de las formas temporales y le devuelve al mundo de las ideas eternas.

         Se suele decir que la belleza, a partir de Platón, ha sido tratada filosóficamente desde dos perspectivas antagónicas: a) la platónica: la belleza, lo bello, es en sí –algo independiente de cualquier subjetividad-; y b) la antiplatónica: lo bello es un calificativo que surge de la subjetividad humana y, por lo tanto, es relativo. Creo que es empíricamente  constatable que el mundo se enciende de belleza cuando nos enamoramos, o cuando nos hacemos una limpieza de colon, o cuando nos liberamos de un rencor. ¿La belleza está en el observador o en lo observado? ¿Son acaso cosas distintas? Pero, en cualquier caso, ¿por qué es bello lo bello? ¿Qué contiene? ¿Por qué es tan maravilloso?

         Antes de exponer la mía propia, haré un recorrido por algunas de las concepciones sobre la belleza que más me han sobrecogido:

 

-         Poemas japoneses a la muerte. Leeré el que escribió Daido Ichi´i en 1370.

-         Hegel. Leeré algunos párrafos que este filósofo dedicó a la idea de lo bello en su obra Vorlesungen über die Ästhetik [Lecciones sobre la estética], a partir de la traducción de Manuel Granell (Espasa Calpe, Madrid, 1946).

-         Schopenhauer. Explicaré su visión de la contemplación avolitiva, la cual, según este filósofo, ofrece una muestra de lo que nos espera cuando ya no nos esclavice el deseo de estar en este mundo.

-         Nietzsche. Haré algunos comentarios en torno a su concepción sobre lo apolíneo y lo dionisíaco.

-         Simone Weil. Traeré una cita suya capaz de herirnos de belleza: “La belleza del mundo es la sonrisa de ternura de Cristo hacia nosotros a través de la materia”.

 

         ¿Cómo voy a exponer mi propia visión filosófica sobre la belleza?

         En primer lugar compartiré con todos vosotros algunos momentos en los que he sufrido ante la contemplación de un exceso de belleza: momentos en los que algo que no era exactamente yo se extasiaba dentro de mis ojos, y de mi mente, y de mi corazón: y se revolvía, apoteósicamente, como si aquello que yo miraba fuera suyo, su obra, o su propio ser objetivado… y como si ya, ya por fin, todo tuviera sentido; como si ya, por fin, todo sufrimiento hubiera merecido la pena.

         Esto me llevará a considerar la posibilidad de que efectivamente haya niveles de belleza crecientes, ascendentes, y que la muerte –o la Mística, que es lo mismo- sean el peldaño final.

         ¿Hacia qué? ¿Hacia una idea de Belleza, como la de Jesucristo  por ejemplo, que sonríe -según Simone Weil- a través de la materia?

         Si la belleza es una idea (Platón-Hegel), o un foco de atracción (un Dios inmóvil pero subyugante, que todo lo mueve, como el de Aristóteles), cabría decir que cada mundo, cada creación, tiene la suya, como un algoritmo; o como un arquetipo que se regocija en sí mismo cuando se siente actualizado.

         Y cabría imaginar que todos esos mundos, ya actualizados en su idea de belleza, podrían ser visualizados, juntos, como una fabulosa sinfonía de bellezas: ver eso –si cabe desde la finitud- sería ver lo que ve “Eso” de lo que salen todos los mundos y todos los dioses… usando -es un decir- los infinitos ojos en los que se autodifracta.

         Ver eso sería verse. Simplemente verse.

         Por último, en mi conferencia, me referiré al concepto de lo sublime en Kant: un placer estético negativo que se alcanza por la contemplación de lo que es hostil, e incontrolable, por la inmensidad y la inhumanidad de su poder. Me refiero a un océano nocturno y tempestuoso tratando de digerir un puerto pesquero; o a un glaciar de luz azul, asimétrico y letal, rompiendo en silencio montañas y hombres; o, si elevamos nuestra cámara, al infinito caos donde a duras penas sobreviven los cosmos.

         Eso es lo que contemplamos, estupefactos, maravillados, cuando nos atrevemos a filosofar en serio. Ahí, en esa nada caótica, hiperfértil, genésica y apocalíptica, ahí, bailan nuestras bailarinas; esto es: las realidades/los mundos/las Mayas/las palabras en definitiva.

         La Belleza Absoluta, para mí, es lo que le ocurre a la mente si es capaz de pensar estas enormidades. Y lo que le ocurre al corazón si es capaz de amarlas. 

 

 

        

         David López

            Sotosalbos, octubre de 2009.

 

                                                                

 

[1] Platón: Diálogos, Hipias Mayor (traducción de Julio Calonge), Gredos, Madrid, 1981.



Sep 27 2009

Escuela libre de Filosofía. Conferencia del 28 de septiembre de 2009: “Aufhebung”.

 
 

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         En mi conferencia intentaré compartir lo que  veo, y lo que oigo, si dejo que el concepto hegeliano Aufhebung tome mi mente: si dejo que baile en ella esa bailarina mágica.

         Según yo leo a Hegel, todo lo que ocurre es un gran espectáculo de construcción – de autoconstrucción- de algo descomunal y prodigioso: el Espíritu; que es todo lo real, y que es también pensamiento. Todo lo que vemos a nuestro alrededor son obras, obras de construcción. Y son obras que se realizan según un método preciso: la dialéctica: cualquier situación, cualquier afirmación, va a ser negada por otra opuesta; y esa contradicción, a su vez, va a ser sacrificada por la razón para abrir el acceso a un nivel superior. Así se va construyendo a sí mismo el Espíritu Absoluto. O, mejor dicho quizás, así se va construyendo el monstruoso órgano con el que se va a poder contemplar (pensar) a sí mismo.

         Aufhebung es un término de la lengua alemana que significa a la vez dos cosas aparentemente contradictorias: “suprimir” y “conservar”. Hegel elogió este término ambivalente en su Enzyklopädie der philosophischen Wissenschaften [Enciclopedia de las ciencias filosóficas]. Toda su concepción de lo que pasa está en esa palabra, la cual, en español, se suele traducir como “superación”.

         En realidad lo que pretendo con vosotros es escuchar el crugido de la autoconstrucción del Espíritu: la autofabricación de un Dios -del Dios único y absoluto- que va a llegar a ser consciente de sí mismo: la infinitud se va a contemplar desde una aparente finitud. Y ese crugido es perceptible en el presente, en eso tan escurridizo donde posamos nuestros pies, esa cosa extraña del ahora mismo que, desde la perspectiva que ofrece el término Aufhebung, lleva dentro un pasado gigantesco: supura aniquilaciones despiadadas, pero también un grandioso proyecto que da sentido a todo. Todo, hasta el más nimio acontecimiento cotidiano –un simple mensaje de móvil, por ejemplo-, es un momento imprescindible en la autofabricación del Espíritu.

         En ese camino, en ese trabajo, van disolviéndose finitudes aparentes: cada vida, por así decirlo, es integrada, como realidad vivificante, en algo superior. Aunque sea a costa de la propia muerte. Todas las personas, y todas las cosas, y todas las ilusiones, que han muerto en nuestro pasado, están integradas, superadas-conservadas, vibrantes, ahora mismo, dando su sangre a este presente en llamas.

         Os espero mañana. Y mañana, lo que pase –o lo que pase en cualquier momento-, será, según leo yo a Hegel, un momento ineludible, crucial, de la gran autoconstrucción de algo que me atrevo a denominar el Paraíso Absoluto.

 

 

          David López

          Sotosalbos, septiembre de 2009.