May 24 2010

La bailarinas lógicas /Un diccionario filosófico: “Ser humano”.

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Lo que va en esa moto, cantando, es un “ser humano”. Homo sapiens le llamó Carlos Linneo en 1758.

¿Estamos ante otra bailarina lógica, un símbolo, una nada, que quiere ser algo en una conciencia? ¿Las conciencias son siempre “humanas”? ¿Soy yo, el que ahora escribe, un ser humano? ¿Qué es eso?

Antes de exponer mis borradores de ideas sobre eso que sea el “ser humano” (si es que hay algo más allá de este símbolo), creo que cabe hacer las siguientes paradas:

1.- El relato cientista-naturalista-evolucionista: a la materia en la que cree ese relato (al universo si se quiere), de pronto, le ocurre algo prodigioso: el ser humano. Estado actual de esa narración: el primer ser humano moderno (con cuerpo y comportamiento igual al nuestro) habría aparecido en la actual Etiopía (hay restos encontrados de 195.000 años). Son los hombres de Kibish (descubiertos en 1967 por Richard Leakey).

2.- El ser humano como secuencia genética. ¿Cuándo empieza exactamente la materia a ser un “ser humano”? ¿Cuándo deja de serlo?

3.- El cuerpo humano. Modelos de cuerpo humano. Referencia a las bailarinas “Cosmos” y “Cuerpo” [véanse]. El Hatha Yoga. El modelo platónico (cuerpo versus alma). Referecia a Peter Brown: Body and society, Columbia University Press, Londres, 1988.

4.- La sacralización del ser humano (por el ser humano). Referencia a Adela Cortina: Las fronteras de la persona, Taurus, Madrid, 2009. Sobre esta obra hice una crítica que se puede leer [aquí].

5.- Píndaro. El hombre es el sueño de una sombra. La sombra o Nirguna Brahman.

6.- Paracelso: “El hombre es el templo de Dios”.

7.- Kant. Somos ciudadanos de dos mundos. Y estamos destinados a volar hacia el infinito.

8.- Estructuralistas franceses. El fin del hombre. Todo es estructura meta-humana. [Véase Levy-Strauss].

 

Comparto ahora algunas notas sueltas:

1.- Dijo Michel Foucault que no son los hombres los que hacen los discursos, sino los discursos los que hacen a los hombres. Vak dijo algo similar -hace más de tres mil años- en el himno del Rig Veda que inspira este curso sobre bailarinas lógicas.

2.- “Ser humano” es una palabra. No somos seres humanos. La Poesía [véase] -el grupo de bailarinas lógicas que hayan conseguido sobrevivir en “nuestra” mente- nos hace vernos como seres humanos. O no. Una cosa es nuestro yo esencial (“metalógico”), y otra nuestro yo “lógico”: lo que vemos de nosotros mismos a través del filtro lingüístico-poético. Pero, ¿de qué abismo innombrable surge ese poetizar que toma nuestra mirada… ese poetizar que nos hace vernos como “seres humanos”?

2.- Como afirmé en Progreso [Véase] creo que lo “humano” no exige una forma concreta -ni siquiera un genoma concreto-, sino una esencia, digamos, metafísica (por no reducirse a las formas de lo físico): filósofos capaces de amar (y de reír y de soñar y hacer soñar)… incluso adoptando la forma de centauros. Se trata de una definición de lo humano, no una afirmación de que seamos eso. Más bien es una sugerencia de existencia. Una sugerencia de creatividad, de poetización. Lo que somos, más allá de las poesías, es inefable.

3.- Podríamos decir, desde las metáforas, siempre desde las metáforas, que somos esa sombra a la que se refería Píndaro. Una sombra (algo innombrable, impensable, imperceptible) que sueña mundos: que sueña seres humanos. Y se identifica con ellos. Y se religa con ellos [Véase Religión]. O no se religa. El sistema Samkya: saber que no se es lo fenoménico (lo que se presenta como objetivo, la “materia”). O no saberlo. Quizás sea más fascinante no saberlo.

4.- Al final de este texto se puede ver una obra de arte que muestra mi concepción -mi poetización en definitiva- del contenido de la palabra “Ser humano”. Es un anuncio de Honda dirigido por Ivan Zacharias. Lleva por título Impossible dream y tras sus ditirámbicas imágenes suena un mantra en el que se repite “To reach the unreacheable star” [alcanzar la estrella inalcanzable].

Ahí aparece un ser humano en todo su esplendor onírico: un renglón de materia y de sangre y de sueños que se lanza hacia estrellas inalcanzables. Y lo hace cambiando por el camino una parte de su soporte material. Devoto a la vez de Maya (la vida/el sueño de la vida). Y devoto también de Francis Bacon (el profeta de las máquinas amigas del hombre, dionisíacas en este caso).

El gesto del protagonista del anuncio es nietzscheano: una entusiástica afirmación del vivir, del discurrir por las imponentes carreteras de Maya pilotando artilugios tecnológicos (materia ordenada y adscrita a los sueños del hombre).

Pero, ¿qué es lo que pilota el vehículo humano? ¿Y si fuera esa sombra -¿Dios?- la que estuviera en nuestro interior, “siéndonos”, “pilotándonos”, con el mismo gesto entusiástico y sereno que muestra el protagonista de este anuncio?

Cabría imaginar que el piloto del anuncio fuera un Dios creador disfrutando de su Creación -de su sueño consciente-, deslizándose gozosamente por la evolución hasta una muerte -un final del mundo- que sería, en realidad, un regreso al abismo.

Un regreso al abismo y, por tanto, la posibilidad de crear un nuevo sueño: un nuevo viaje fabuloso por las carreteras, las playas y los mares de Maya.

Un regreso a la muerte si se quiere. A la que se recibiría con estilo.

Ahí tenéis el anuncio. Disfrutadlo. Al menos tres veces. Con el volumen muy alto.

 

David López

Sotosalbos, 17 de mayo de 2013.