Feb 22 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos: “Logos”.

        

         Nota previa: las palabras -las bailarinas lógicas- que aparecen subrayadas permiten un acceso directo a sus páginas específicas. Creo que puede ser muy útil aprovechar este espacio multidimensional (que podría quizás evocar la teoría física de las supercuerdas).

         Ayer, justo antes de dormirme, miré hacia los árboles, las algas lógicas y las estrellas que rodeaban mi casa.

         El viento sacudía con fuerza las formas de las cosas, como si quisiera liberarlas de sus nombres.

         Acababa de dar un paseo –otro más- por las frases que Guthrie dedicó a Heráclito en su majestuosa Historia de la filosofía griega[1]. Poco antes había paseado por un libro, sólido y luminoso, de Alberto Bernabé: De Tales a Demócrito (Fragmentos presocráticos)[2]. Y también allí había repensado lo pensado por Heráclito.

         Heráclito el oscuro: el profeta del fuego lógico.

         Este “filósofo” griego afirmó que se había investigado a sí mismo. Y que este “orden del mundo, el mismo para todos, no lo hizo Dios ni hombre alguno, sino que fue siempre, es y será; fuego siempre vivo, prendido según medidas y apagado según medidas”.

         Fuego finitizado, ordenado… ordenador.

         A ese orden, a ese fuego lógico, a ese Dios que “no quiere y quiere verse llamado con el nombre Zeus”, se le ha llamado también Logos.

         Logos: palabra, razón de ser de todo lo que se presenta, lo dicho, lo pensado en el pensar y el pensar mismo, el hijo de Dios y Dios al mismo tiempo…

         El sistema ligüístico… Matrix.

         En esta conferencia voy a tratar de asomarme a esta palabra –Logos- desde la propia palabra. Desde dentro. ¿Cómo asomarse desde dentro a un cosmos?

         Está claro que voy a fracasar. Pero quizás sea capaz de compartir mi reverencia, mi sobrecogimiento, ante las bailarinas de fuego.

         ¿O es una sola que las agrupa todas? ¿Es una bailarina que integra en un cuerpo monstruoso el cuerpo de todas las bailarinas que estamos contemplando este año? Dijo Orígenes que el Logos es la idea de todas las ideas.

         El Logos. La Palabra. El Verbo. Ese monstruo de fuego lógico toma conciencia, nos habla, se regodea de omnipotencia, en un himno del Rig Veda: el himno que está inspirando este curso sobre bailarinas lógicas (bailarinas de fuego).

         Me refiero al himno 10.125[3], en cuyo verso número 4 la palabra –Vak- afirma lo siguiente:

         “El que come comida, el que verdaderamente ve, el que respira, el que oye lo que se dice, lo hace a través de mí. Aunque ellos no se dan cuenta, habitan en mí”.

          Trataré de mirar a los ojos de ese monstruo maravilloso (de esa bailarina de cuerpos entrelazados), con esta selección, con esta coreografía de conceptos:

         1.- Reflexiones generales sobre el Logos en la historia de la Filosofía. Heidegger: el Logos como cosecha, selección de conceptos.

         2.- El Rig Veda y su himno a Vak (la Palabra, el Logos).

         3.- El fuego de Heráclito. Leeré algunos fragmentos que se han atribuido al este oscuro profeta del fuego legaliforme. Utilizaré para ello la edición de Alberto Bernabé antes mencionada.

         4.- El hijo de Dios –el Verbo- y mi felicitación de Navidad.

         Reflexiones personales que quisiera compartir (todavía muy provisionales):

         1.- El Logos, pensado como totalidad lógica (como sistema), como fuego único (razón única) del mundo, otorga forma –realidad- a un cosmos y regula sus posibilidades de cambio. Un logos, un discurso, es una forma entre las infinitas posibles de encadenar conceptos (formas de mente): es un baile en definitiva: o una sucesión de modelos de conexión neuronal.

         2.- El logos sería algo así como la música de fondo (eterna e inmutable según Heráclito y muchos otros) que establece las coreografías posibles (los movimientos posibles) en un determinado cosmos: en una determinada finitud. Esas coreografías posibles, no obstante, generan un infinito dentro de la finitud (me remito a la presentación de mi conferencia sobre el infinito). La música del Logos, ese dictado permanente, suena en el infinito: le permite finitizarse, ser algo en la nada.

         3.- El logos –la Palabra/El Verbo- es Dios en cuanto que es creadora, conservadora y destructora de mundos (recordemos la trinidad hindú). Pero no es omnipotente porque puede no existir, puede verse desactivado por la magia del silencio.

         4.- Ya he afirmado en otros textos que, en mi opinión, somos Magos. Desde este análisis del concepto “Logos”, siento que somos Magos lógicos, en el sentido de que podemos entrar con las manos de nuestras frases en la maquinaria configuradora de mundos que hay en las mentes de los que nos escuchan. Por eso considero que el acto de hablar es sagrado. Cada frase que emitimos debe considerarse algo sagrado.

         5.- El silencio desintegra los mundos, los devuelve al pecho lógico de eso que es el fondo de todo: nuestro verdadero yo; que no es un yo, ni es Dios: es una Nada donde “sentimos” que estamos en nuestro verdadero ser: libre, omnipotente, eterno: creador de infinitos Logos… de infinitos modelos de fuego lógico.

         Esta noche el viento no ha parado de rugir bajo las estrellas y sobre la fría tierra de Segovia. No ha parado de poner a prueba la solidez lógica del mundo (de mi mundo). De hecho, aturdido por el ruido, he tenido sueños viscosos, absurdos, dolorosos, donde yo no recordaba la solidez cósmica que había abandonado al entrar en mi cama: nadaba en un océano donde era imposible hacer pie.

         Al despertar –al hacer pie, o al creerme que lo hacía- he comprobado que todo seguía ahí: los árboles, el invierno, los libros, los vínculos anímicos con mis seres queridos.

         Vak –la Palabra, la diosa del orden- me ha sonreído. Y yo a ella. Gracias querida amiga.

         El amor a mi mundo me impide perdirle al Logos, por el momento, que se retire: que deje mi conciencia abierta al Silencio radical de Dios (del Dios metalógico): que se aparte para que yo pueda arder, ya, en lo que San Juan de la Cruz denominó “Llama de amor viva”.

         Por el momento prefiero arder –dionisíaca pero cosmizadamente- en esa llama de lógica viva a que se refería Heráclito.

         Prefiero arder, todavía, en la Palabra.

         En el Logos: ese fuego legaliforme: letal y cordial a la vez.

 

 

         David López

         Sotosalbos, 22 de febrero de 2010.

 


[1] W.K.C. Guthrie: Historia de la filosofía griega (seis volúmenes), Gredos, Madrid, 1984.

[2] Alberto Bernabé: De Tales a Demócrito (Fragmentos presocráticos), Alianza editorial,  Madrid, 1988.

[3] Wendy Doniger: The Rig Veda, Penguin Books, London, 1981.


Jan 31 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 1 de febrero de 2010: “Idea”.

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            “Idea” es una palabra que procede del griego (Eidos) y cuya traducción al español es “visión”.

         José Ferrater Mora, en su Diccionario de Filosofía, destaca tres modos de considerar la “idea”: 1) como equivalente a concepto, 2) como entidad mental;  y 3) como cierta realidad. Es este último modo el que voy a desarrollar en mi conferencia.

         Un sinónimo de “idea” es “arquetipo”. Fue muy utilizado por el neoplatonismo y por el cristianismo que se enraizó en esa corriente filosófica. Platón habla de un demiurgo –un artesano, un simple artesano- que hace el mundo a partir de unos arquetipos que no son suyos. Y lo hace además de forma chapucera. No hay por tanto, en el modelo de totalidad platónico, creación en sentido estricto, sino simple labor artesanal, mecánica. Y hasta fraudulenta.

         ¿De dónde provienen esos arquetipos? ¿Están ahí, eternos, inmutables? ¿Podemos crearlos? Pensemos en la idea de igualdad, o de átomo, o de galaxia, o de estrella, o de agujero negro, o de nube, o de labios de mujer… o de ipod.

         ¿Conocemos las ideas o a través de las ideas?

         En la imagen que hay sobre estas líneas vemos al demiurgo de Matrix hablando con una de sus criaturas (un ser humano que se creyó único y que, sin embargo, como muestran los monitores que rellenan las paredes, es una copia contingente de un modelo artificial). Ese demiurgo (“el arquitecto”) está en la película al servicio de algo que le supera, que no entiende, algo que en esa filosófica trilogía lleva por nombre “las máquinas”.

         Cualquier artista humano lucha por materializar una idea, una imagen de lo real, un arquetipo, que le viene. Que le viene de un lugar extraño. Extraño porque no se sabe muy bien si es interior o exterior al yo del artista.

         Es la inspiración: el ser asaltado de pronto por un argumento, por un color, por una melodía, por un sistema filosófico, por una nueva forma de encadenar los acontecimientos históricos, por una nueva forma de mirar y de amar a una hija.

         ¿De dónde vienen esas ideas?

         ¿Por qué siente tanto placer un artista cuando consigue hacer real –eficaz- una idea?

         Esa idea, una vez inoculada en esas prodigiosas algas que yo he llamado “Humanidad”, formarán ya parte de su sabia, de las energías interiores que fluyen entre las mentes, los cuerpos y los corazones que están en red; aunque no quieran.

         Veo las ideas como arquetipos a disposición de todos los demiurgos en red que componen la Humanidad. En la pasada conferencia dije que pertenecemos a una red de magos. También cabe llamarlos demiurgos, en sentido platónico: recibimos una gran lluvia de arquetipos y, en virtud de ellos, configuramos nuestro cosmos. La suma de todos nuestros arquetipos –el armazón desnudo de todas nuestras ideas – sería la idea de Belleza; lo Bello absoluto: eso a lo que tiende cada uno de nuestros movimientos artesanales.

         Platón hizo referencia a la Idea de Belleza como la cúspide de una ascensión por niveles de belleza crecientes. ¿Sería eso nuestro paraíso?

 

         A partir de esta introducción voy a estructurar el cuerpo central de mi conferencia así:

 

1.- Platón y la jerarquía de las ideas. ¿Cuál es la idea suprema, la más capaz de unificar lo que se presenta como múltiple?

2.- Berkeley: las ideas las coloca Dios en la mente humana.

3.- Kant: tres ideas para seguir caminando hacia el infinito: alma, mundo y Dios.

4.- El empirismo norteamericano: William James: la idea –la verdad- es lo que mueve. Lo que tiene fuerza.

 

         Finalmente ofreceré un breve esquema de mi visión sobre lo que sea la “idea” –mi “idea de la idea”-. Estos son sus puntos fundamentales:

 

         1.- Eso que llamamos “ser humano” en realidad es un Demiurgo –un mago, un dios menor, menor al menos en este nivel de conciencia en el que ahora ocurren mis frases. Por eso el ser humano está siempre necesitado de ideas, de arquetipos con los que configurar su mundo (su nada en realidad). Estaríamos ante la ideologías en sentido muy amplio (como “logos de ideas”: paquetes de arquetipos entrelazados: me imagino todo el conjunto de arquetipos que permiten autodenominarse y autocosmizarse como “de derechas” o “de izquierdas” o “apolítico”).

        

         2.- Todo el obrar humano (el obrar, no el contemplar) se reduce construir, conservar o destruir mundos o trozos de mundos. Desde la teología hindú se podría decir que somos Ishvara: un Dios menor que es, a la vez, Brahma (constructor del cosmos), Vishnú (conservador del cosmos) y Shiva (destructor del cosmos). Los tres en armonía. Los tres sagrados.

        

         3.- Como demiurgos recibimos arquetipos, ideas, y actuamos en virtud de ellos. También podríamos decir que el ser humano es un jardinero-hortelano: cultiva lo que le interesa, lo que necesita, pero también custodia simples formas por su belleza, por su capacidad de representar arquetipos. Y ese jardinero-hortelano puede llegar a sufrir desgarradoramente cuando su jardín (su cosmos) se aleja en exceso de los arquetipos que le movilizan. ¿Que le esclavizan?

        

         4.- ¿Cuál es el origen de esos modelos? Desde un punto de vista muy cerebralista/materialista podría decirse que, de pronto, por azar, en una masa encefálica de las muchas que están formando el alga-Humanidad tiene lugar un nuevo circuito de conexiones neuronales. Será una “buena idea”, una idea contagiosa, expandible por el interior de las algas, si es fértil. ¿Fértil para qué? Pues para seguir “viviendo”, estando aquí: soñando en definitiva. Una buena idea sería la que aumenta la belleza de un cosmos (la que corresponda a ese cosmos en concreto). Imaginemos el cosmos punk de Sid Vicious: una buena idea es mutilar el propio cuerpo con una cuchilla de afeitar.  Una buena idea sería por tanto la que optimizara los hechizos de Maya (esa bailarina que nos convence de que es mejor vivir que no vivir en un determinado sueño). En el caso de Sid Vicius el ideal de belleza, según sus declaraciones, consistía en estar enterrado, sin vida, bajo tierra. Un arquetipo más.

        

       5.- Creo que las ideas provienen de nuestras profundidades. Creo que somos dioses autohechizados. Autohechizados con nuestra propia imaginación… que se origina “donde” no puede hablarse de pluralidad. Solo “ahí” dejamos de ser artesanos.

        

 

         Schopenhauer afirmó que la contemplación de las ideas objetivadas en el espectáculo del mundo, pero sin desear el mundo, proporcionaba un adelanto, mínimo en intensidad y brevísimo en el tiempo, del placer que nos espera cuando no tengamos –no seamos- este ansioso yo. La obra del genio artístico, según la filosofía de Schopenhauer, tendría una función casi salvífica; o al menos propedéutica: permitiría imaginar la gloria eterna que nos aguarda.

         Pienso que quizás morir -en el sentido de ir perdiendo ese yo que muere- sea morir de belleza (abrasarse en la belleza): algo así como elevar miles de grados el fuego blanco del placer que produce contemplar algo que nos parezca excepcionalmente bello. Y quizás quepa morirse en parte y acceder a otro mundo: un mundo paradisíaco por la mínima dosis de yo que llevaríamos a él.

         Se me ha ocurrido -la idea- de terminar este texto con una imagen de Muerte en Venecia: una película basada en una obra de Thomas Mann que también podría haberse titulado “Muerte en belleza”.

 

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            David López

            Sotosalbos, enero de 2010.