Jul 12 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 12 de julio de 2010: “Bailarina lógica”.

 

        “Bailarina lógica”. ¿Qué es eso? No lo sé muy bien, pero quizás pueda afirmar con cierta contundencia que esos seres -que carecen en realidad de “ser”- necesitan ser amadas, como es amada la bailarina que aparece sobre estas lineas. Hay que creérselas para crearlas, o para compartir las emociones que discurren por las algas lógicas en las que viven todos aquellos que se las creen. Pensemos en la palabra “España”. O “Cataluña”.

        Yo las amo, amo el hecho de su prodigiosa existencia (aunque algunas de ellas me espanten). Y las amo tanto como amo la vida, tanto como amo los sueños (que son lo mismo que la vida). Las amo cada vez más, a pesar de lo peligrosas que son. Ellas dan (son) la vida y el placer y el dolor (¿no las véis ahí, viviendo en una simple frase?).

        “Bailarina lógica”. Es un término con dos palabras que ha nacido en este diccionario de los mundos. Es una forma de dar nombre a lo que da los nombres: la palabra; o, mejor: al símbolo en general.

        A lo largo de estos meses he intentado comprobar el poder de la diosa Vak, la cual, en uno de los himnos de Rig Veda, afirma que vivimos en ella, comemos en ella, respiramos en ella…

        Pero, ¿qué es una “palabra”? Cabría adoptar una postura hiper-materialista y decir que las palabras son símbolos y que los símbolos –unas letras, unos sonidos, una bandera- no son más que determinadas configuraciones de la materia que sirven para comunicar otras determinadas configuraciones de la misma. El problema de este razonamiento es que todo él respira -sobrevive- en una atmósfera onírica: todo él es fruto de un hechizo: el hechizo que es capaz de desplegar una bailarina lógica cuyo precioso baile contemplamos hace unos meses: “Materia” [véase].

        Hay una bailarina lógica que ayer fue capaz de insuflar una gran cantidad de energía (de vida, de magia, de Maya) a todas las conciencias que están en red con ella: la palabra (el símbolo gráfico) es “España”. La realidad significada por este significante gráfico dispone de otros símbolos: una determinada disposición material y espacial de dos colores (la bandera), un grupo variable de personas realizando unos comportamientos concretos, reglados (la selección nacional de fútbol).

        “España”. Otra bailarina lógica. ¿Hay que librarse de todas la bailarinas lógicas? ¿Es eso la sabiduría? ¿Vale con saberlo, con saber que son puntuales y delicuescentes formas de configuración de nuestra conciencia? ¿Hay bailarinas positivas y bailarinas negativas? La respuesta de Nietzsche sería, quizás, que hay que elegir aquellas bailarinas (o dejarse elegir por aquellas bailarinas) que aumenten nuestra salud, nuestra vitalidad… nuestra “ilusión”. Pero, ¿no fue eso precisamente lo que conseguían las bailarinas lógicas del coreógrafo Hitler? Él consiguió insuflar mucha ilusión a todas las conciencias que soñaron su sueño lógico.

        ¿De dónde salen esos seres prodigiosos? ¿Los inventa de pronto un ser humano –un poeta? ¿Surgen mecánicamente, socio-biológicamente, de los grupos humanos? ¿Los inoculan los dioses a través de poetas?

        Creo que antes de acercarnos a estas criaturas lógicas, puede ser útil tratar los siguientes temas:

        1.- Concepto de Maya en la especulación filosófica india.

        2.- La negación de la semántica en Gorgias.

        3.- San Pedro Damián: la demonización de la gramática.

        4.- Berkeley: la materia como membrana lógica (membrana de palabras) que impide ver a Dios.

        5.- Wittgenstein: la Filosofía es la lucha de la inteligencia contra los hechizos del lenguaje. ¿Debemos luchar contra las bailarinas lógicas? El segundo Wittgenstein.

        6.- Simone Weil: casi todos los vocablos políticos están vacíos por dentro.

        7.- Los koanes en el Zen: hacer que se desmayen las bailarinas.

        A partir de aquí, creo que puedo ir esbozando algunos rasgos comunes de las “bailarinas lógicas”:

        1.- Dejándome llevar por las posibilidades expresivas de los “mitos” (como si hubiera algo en nuestro discurso que no fuera “mito”), podría decir que las bailarinas lógicas son algo así como sacerdotisas de Vak: la diosa de la palabra que se sabe omnipotente. O casi. Sacerdotisas o autodifractaciones de su esencia.

        2.- Creo que, efectivamente, vivimos en un sueño lógico: en un cosmos construido por una estructura de palabras. Desde este punto de vista, la palabra sería no sólo genésica, como afirma el arranque del Evangelio de San Juan, sino también, y sobre todo, mágica.

        3.- Buena parte de las propuestas soteriológicas (propuestas de salvación o de elevación de la condición humana si se quiere) insisten en el silencio como puerta a lo sagrado (como puerta a nuestro verdadero ser, que sería coincidente con el verdadero ser de Dios). Así, el silencio, la retirada de las bailarinas lógicas, permitiría ver lo que hay detrás de ellas, permitiría tomar conciencia de que lo que hay no coincide con sus cuerpos ni con el ritmo matemático de su baile. Ese silencio cósmico llevaría a la libertad, sería un despertar. Pero, ¿por qué despertar? ¿Para no sufrir? ¿Para salir del sufrir-gozar que, por ejemplo, sacudía ayer a los seguidores de la selección española?

        4.- Ya vimos en conferencias anteriores que a las bailarinas lógicas no les gusta que nos acerquemos demasiado a su cuerpo. Quizás sea que su piel es demasiado transparente. Se ve su nada. Pero esa piel suda y vibra: hay en ellas un descomunal esfuerzo por vivir en nuestra conciencia, por tener “realidad”, por ser “de verdad”. Al ocuparme de la palabra “realidad” ofrecí un corte de la película Mulholland Drive (David Linch) que me sirvió para imaginar a una bailarina lógica llorando; llorando por su vacuidad ontológica [véase].

        5.- Creo que hay razones, al menos sistémicas, para diferenciar “bailarina lógica” de “concepto”, “universal” o “idea”. Quizás la clave esté en insistir en la “materialidad” de la bailarina lógica: es símbolo, algo que se percibe dentro del marco perceptivo ordinario, no tiene abstracción: se ve, o se oye, como se ve o se oye un pájaro.

        6.- Un cosmos [véase] es el fruto tangible, perceptible, de un determinado logos [véase]. Y un logos es un poetizar [véase Poesía] que ha conseguido modelar unas conciencias hasta el punto de hacerles creer que su sueño lógico es lo real. Las bailarinas lógicas son la parte visible de un poetizar. Son semillas de mundos (de sueños, porque todo mundo es un sueño en realidad). Podríamos decir que las bailarinas lógicas son Poesía viva, hambrienta de conciencias, necesitada del hábitat que les ofrece el interior del ser humano.

        Al ocuparme de “concepto” [véase] reproduje Génesis 2.16-17: “De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Yo en ese momento interpreté que en el momento en que un concepto toma la mente ( en el momento en el que la agarra) se produce la muerte, la muerte de la conciencia por así decirlo. Cabría otra interpretación: “De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente te dormirás”. Pero quizás vida y sueño sean lo mismo. ¿Sólo hay dos opciones: soñar o despertar a la nada/el infinito que somos? Muchas tradiciones hablan de una tercera: seguir soñando, sí, pero sabiendo que es un sueño, y que todas las bailarinas lógicas bailan atentas a nuestras manos: fabricar entonces preciosos hechizos, como diría Nietzsche.

        Hay un video de Kylie Minogue que me ha aparecido extraordinariamente útil para visualizar lo que, a duras penas, voy entendiendo por bailarina lógica. En él se puede ver a una bailarina lógica cantando, bailando, hechizando conciencias, siendo progresivamente amada, creando un cosmos de mentes y de cuerpos dormidos, pero gozosos, aparentemente libres. Por fin libres. La gente de la calle, de pronto, abandona a otras bailarinas lógicas (las que, supongo, les impedían desnudarse en plena calle y abrazarse con la persona que tuvieran más cerca). Y es que todas las personas, gracias a esa bailarina prodigiosa, son bellas, tienen cuerpos bellos. Y no solo eso: sus zonas más “oscuras” (oscuras desde la visión ofrecida por otras bailrinas lógicas) son ahora completamente blancas y limpias: toda la gente de la calle, al desnudarse, muestra ropa interior blanca. Y no sólo eso. La bailarina, con su poder, es capaz de convertir en un caballo blanco el caballo negro al que se refería Platón con su imagen del carro: el caballo negro de las pasiones es ahora el blanco: lo más puro, lo más limpio.

        Y todos los seres humanos que oyen la música lógica se abrazan, armónicamente, en un erotismo hiperarmónico donde la belleza -esto es, el orden- quiere reinar sin límite. La diosa sigue cantando, exhultante de su poder, y bajo sus pies se van entrelazando cuerpos, cuerpos armónicamente estremecidos por el deseo sexual. Y por la consumación de ese deseo. El delirio crece, y crece, y de pronto, atónitos, vemos que se está creando algo así como un organismo pluricelular, gigantesco, tan grande como uno de los edificios de la calle. Entonces sentimos estupor maravillado, vértigo, horror incluso. Es la mirada filosófica: la que, por así decirlo, se asoma a los mundos que anidan en el espacio infinito de la conciencia. Dentro de ese hiper-erótico cosmos de mentes y de cuerpos entrelazados parece haberse instalado la plenitud, algo así como un paraíso sensual, un delicioso orden donde merece la pena fundirse, donde brilla el éxtasis de la supresión de la individualidad. Es destacable cómo mueve sus manos Kylie Minogue por encima de los ojos de sus hechizados; y cómo éstos se estremecen de cosmicidad, de orden, de amor, sintiendo que se elevan hacia el cielo al bailar el baile de la bailarina lógica que ha entrado en sus conciencias.

        Desde fuera, no obstante, vemos un monstruo inquietante, una especie de virus lógico que quiere toda la materia para sí. Al final la bailarina, consciente del éxito de su baile y de su música, desde lo alto de su montaña de cuerpos y mentes, lanza una sonrisa de poder.

        Quizás sea esa la sonrisa de Vak, la diosa que habla desde el Rig Veda, encarnada en una de sus sacerdotisas.

        Imagino también la palabra “España”, sonriendo ayer desde una gigantesca pirámide de cuerpos y de corazones entrelazados. Un pirámide onírica, lógica, que, por el momento, no me parece inquietante.

        Éste es el vídeo de Kylie Minogue:


May 31 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 31 de mayo de 2010: “Tapas” (Sufrimiento creativo).

 

नासदासीन नो सदासीत तदानीं नासीद रजो नो वयोमापरो यत |
किमावरीवः कुह कस्य शर्मन्नम्भः किमासीद गहनं गभीरम ||
न मर्त्युरासीदम्र्तं न तर्हि न रात्र्या अह्न आसीत्प्रकेतः |
आनीदवातं सवधया तदेकं तस्माद्धान्यन न परः किं चनास ||
तम आसीत तमसा गूळमग्रे.अप्रकेतं सलिलं सर्वमािदम |
तुछ्येनाभ्वपिहितं यदासीत तपसस्तन्महिनाजायतैकम ||
कामस्तदग्रे समवर्तताधि मनसो रेतः परथमं यदासीत |
सतो बन्धुमसति निरविन्दन हर्दि परतीष्याकवयो मनीषा ||
तिरश्चीनो विततो रश्मिरेषामधः सविदासी.अ.अ.अत |
रेतोधाासन महिमान आसन सवधा अवस्तात परयतिः परस्तात ||
को अद्धा वेद क इह पर वोचत कुत आजाता कुत इयंविस्र्ष्टिः |
अर्वाग देवा अस्य विसर्जनेनाथा को वेद यताबभूव ||
इयं विस्र्ष्टिर्यत आबभूव यदि वा दधे यदि वा न |
यो अस्याध्यक्षः परमे वयोमन सो अङग वेद यदि वा नवेद ||

       

        “Tapas”. Es una palabra (un concepto/una forma de mente) que me produce una enorme fascinación filosófica. Proviene del sánscrito. Esta lengua se escribió en devanagari (“la escritura de los dioses”). La belleza de su grafía se puede apreciar en el texto que vuela sobre estas frases. Es el famoso Himno a la Creación (10.129) del Rig Veda. Está disponible en esta generosa página de internet: www.sacred-texts.com.

        Tapas. Vamos a ocuparnos de un tipo específico de sufrimiento: el sufrimiento creativo.

        ¿Podemos soportar la idea de que, una vez más, estamos ante una bailarina lógica, un símbolo que trata de convencernos de que hay algo significado por él?

        Pero, ¿no es el sufrimiento una realidad evidente, algo que está ahí, hostil, más allá de cualquier sistema de símbolos?

        Creo que no.

        Dijo Nietzsche que “el camino que conduce a nuestro cielo personal pasa siempre por la voluptuosidad de nuestro propio infierno”. La cita se puede encontrar en la página 171 de una obra excepcional: Nietzsche (La experiencia dionisíaca del mundo), de Diego Sánchez Meca (Tecnos, Madrid, 2005), el cual afirma que “la experiencia dionisíaca del mundo supone, ante todo, una determinada actitud ante el problema del dolor”.

        Dolor. Sufrimiento. Tapas: calor creativo. En la parte central de mi conferencia intentaré asomarme a estos conceptos siguiendo el orden siguiente:

        1.- El Tapas indio:

        Es un sustantivo sánscrito relacionado con el verbo tap (calentar).

        Aprovecho para recomendar, a quien no lo conozca, un diccionario ya clásico sánscrito-inglés (El así llamado ”Monier Williams”). Se puede utilizar vía internet. Esta es la dirección: http://www.sanskrit-lexicon.uni-koeln.de/monier/

        Ahí encontramos estos significados: calor, los cinco fuegos a los que se somete el devoto en la estación caliente, dolor, sufrimiento, austeridad religiosa, mortificación del cuerpo, el aprendidaje sagrado de los brahamanes, dar el alma a los brahamanes, servicio, alimentarse con raíces y hierbas…

        Lo sorprendente es que Maurice Blomfield, en su edición del Atharva Veda, tradujera Tapas como “fervor creativo”(Sacred Books of the East, Vol. 42.) Se puede acceder a esta obra desde aquí: http://www.sacred-texts.com/hin/sbe42/index.htm).

        Esta concepción, digamos, “creativa”, del Tapas, se puede encontrar también en distintos lugares de la literatura védica, como en el famoso Himno de la Creación del Rig Veda, cuyo tercer verso dice:

        La fuerza vital que estaba cubierta con vacío, esa surgió mediante la fuerza del calor.

        Me he basado en la traducción y edición de parte de los himnos del Rig Veda realizada Wendy Donniger (Penguin, London, 1981). Esta traductora incluye una nota en la palabra “calor” que dice lo siguiente:

        “Tapas designa calor, en particular el calor generado por los rituales y por la mortificación física del cuerpo”.

        Pero resulta que estamos en un himno que quiere explicar el misterio de que haya algo en lugar de nada: algo, además, que surge de la nada. Y la clave parece estar en un determinado tipo de sufrimiento (o una creativa canalización del sufrimiento).           

        Esta potencia creativa del sacrificio ascético –del “calor” del ascetismo- la encontramos también en otro famoso himno del Rig Veda, el Purusa-Sukta (10.90), que nos describe la Creación como el resultado de un violento desmembramiento del hombre primigenio llevado a cabo por los dioses.

        Esto dice el verso noveno:

        “A partir de aquel sacrificio en el que todo fue ofrecido, nacieron los versos y los cantos, y también los metros nacieron de él, y de él nacieron las fórmulas”.

        Parecería que el sufrimiento padecido por aquel protohombre que fue desmembrado por dioses creativos sería la energía fundamental de toda creación –incluida la lingüística (¿Cabe pensar en otro tipo de creación que no sea efecto necesario de un Verbo?). [Véase Poesía].

        También aparece ese Tapas “creativo” en la Mundaka Upanisad:

        Mediante el tapas, el poder de meditación, Brahman consigue expandirse y así se forma la materia primigenia (Juan Mascaró: The Upanishads, Penguin Classics, 1965, pag. 75).

        Me ocuparé del Tapas indio más en profundidad con ocasión de mi conferencia sobre el Upanayana.

        2.- Buda (y Schopenhauer): la vida es sufrimiento.

        3.- Nietzsche: la disciplina del gran sufrimiento.

        4.- Epícteto: “No turban a los hombres los acontecimientos, sino los juicios sobre los mismos” (según la traducción de Reyes Alonso García del Manual de Epícteto, Civitas, Madrid, 1993).

        A partir de esta nueva irrupción -en el Occidente clásico- de la bravucona diosa india Vak (la Palabra), voy a exponer algunas reflexiones mías, por el momento en obras, sobre eso que sea el sufrimiento:

        Creo que podemos aceptar como presupuesto la fuerza alquímica, el potencial de creación/destrucción/transformación que tiene el sufrimiento (el sufrimiento, digamos “humano”). Y si, como dicen Buda o Schopenhauer (entre otros) la vida es sufrimiento, cabría afirmar a la vez que la vida es creatividad. Creatividad ubicua y permanente. Creatividad que presupone además mucha destrucción.

        El sufrimiento -como concepto [véase]- requiere una conciencia, y, por así decirlo,  un “corazón”, imantados por una determinada idea (la idea de cuerpo sano, o de familia, o de sociedad). El sufrimiento, como concepto, requiere una mente hechizada por un Logos (un poetizar que ha conseguido ser un cosmos concreto).

        Prescindiendo de cuál sea el origen del sufrimiento, parece obvio que estamos ante una un acontecimiento que propicia transformaciones radicales. Tapas es un concepto que sugiere la posibilidad de utilizar la fuerza del dolor –del dolor consustancial a la vida- para crear: para crear mundos: para regresar quizás a la fuente del poetizar: decir otros mundos y entrar en ellos. O decir de otra forma los que ya están dichos.

        Llegados a este punto, creo que se podrían distinguir dos tipos de sufrimiento:

        1) El que sirve para sostener un cosmos (por ejemplo, el dolor que nos impide realizar actos que puedan amenazar la integridad de nuestro cuerpo físico, la integridad de nuestro arquetipo de familia o la integridad de nuestro modelo de sexualidad). Los mundos se protegen mediante un sistema dual placer-sufrimiento. Causa sufrimiento aquello que amenace o rompa nuestro cosmos. Pensemos en el sufrimiento (sufrimiento “lógico” cabría denominarlo) que causan los discursos que derivan de ideas radicalmente distintas a las que vertebran el cosmos del que las escucha.

        2) El sufrimiento extremo (que propiciaría la necesidad de huir de un mundo y crear otro). Me viene a la memoria la idea de Marx de utilizar el sufrimiento extremo de la masa obrera para dinamitar entero el sistema capitalista.  Y es que el sufrimiento, cuando supera determinados umbrales, funciona como un arado en el huerto de nuestra conciencia. Incluso puede romper los diques de contención de lo “otro”, aquello que nunca hubiera podido entrar en nuestro mundo.

        Cualquiera de nosotros puede recordar ésto: estar sufriendo intensamente en un sueño, y saber -saber desde una misteriosa lucidez de fondo- que cabía escapar de ese torturante Maya en cualquier momento. Sólo con quererlo. Sólo con renunciar contundentemente a ese mundo onírico.

        Cabría decir que todos los mundos están abiertos. Cabe salir. Escapar a otro Maya. O a la nada de la que brotan y a la que vuelven todos los mundos. ¿Cabe crear mundos? Sí. Y parece que la fuerza decisiva para ese proyecto descomunal es un sufrimiento previo, insoportable: una catapulta prodigiosa.

        Una catapulta que hay que saber manejar para que produzca los efectos deseados. Porque quizás sea el sufrimiento una oportunidad para hacer cosas imposibles desde el mundo custodiado por ese propio sufrimiento.

        Eso parecen indicarnos los himnos a la Creación del Rig Veda a que he hecho antes referencia. Y muchos otros textos de la literatura sánscrita.

        Cierto es que en niveles de conciencia como la “advaita” [véase] –o la gloria eterna del cristianismo- no hay sufrimiento. Sólo placer más allá de la finitud, más allá de los mundos de la conciencia. Sí. Pero placer que, como señaló Nietzsche, ha exigido un infierno prev.

        A continuación se puede ver un fragmento de Todas las mañanas del mundo, una película dirigida por Alain Corneau. En ella se narra la historia de Saint Colombe, un músico del siglo XVII que canalizó su extremo sufrimiento (y su extrema autodisciplina) para crear una música capaz de convocar y de estremecer a su esposa muerta. Esa música está interpretada para la película por Jordi Savall. Disfrutad con este fruto de Tapas (del sufrimiento creativo):    


Nov 30 2009

Escuela libre de Filosofía. Conferencia del 30 de noviembre de 2009: “Dharma”.

desembarco-normandia-soldado-dubitativo

       

         Voy a intentar asomarme en esta conferencia a lo que sea el Dharma. No es posible una traducción de esta palabra sánscrita. Pero cabe aproximarse al concepto que ella propone con vocablos como “ley”, “orden”, “religión”, “deber”, “justicia”, “mérito moral” o “virtud”.

         Gavin Flood, en su obra El hinduismo [1], afirma que la finalidad del dharma es “producir lo que es bueno”. ¿Bueno para qué? ¿Para la creación de un cosmos? ¿Para su mantenimiento? ¿Para su destrucción? ¿Qué es lo que hay que hacer?

         Una de las obras fundamentales de Lenin -y del inefable siglo XX- lleva por título ¿Qué hacer? En ella presupone, a diferencia del profeta Marx, que, si no se hacen bien las cosas, lo mismo la Historia no culmina en una sociedad comunista.

          Volvamos al hinduismo. Dharma también se traduce como “camino” (similar al Tao chino): el camino que cada uno debe encontrar y debe seguir. ¿Para qué? Bueno, al parecer, para salvarse, para glorificarse, él, y el propio cosmos (Rita) que le alimenta a él, que le da sentido, que le permite ser algo, luchar por algo, soñar algo: el Dharma sería un orden divino, invulnerable, que protege a quien lo protege.

         Pero, si es invulnerable, ¿para qué protegerlo?

         La fotografía que he elegido para asomarme a eso que sea el dharma fue tomada en 1945. En Normandía. Corresponde al desembarco “dharmico” de un grupo de soldados. Algunos, como se ve, están ya en el agua. Sus cuerpos, temblorosos, jadeantes, cumplidores, cubiertos por ropas robotizantes y por armas lógicas, están ya sacudidos por la fría inestabilidad del océano -Anrita- y por el miedo a la muerte. A recibirla y a darla. Uno de los soldados parece que se ha quedado en la embarcación, que no se decide a ofrecer su corazón al sacerdote que está oficiando en este sangriento rito salvífico. Los ojos del soldado rezagado miran hacia sus compañeros de dharma; y también hacia un espacio metafísicamente prodigioso: una simbiosis de luz y de tinieblas donde los desgarros mutuos generan una belleza que no parece ser de este mundo. Allí están combatiendo dos ejércitos, dos custodios de dos universos no compatibles. El idioma sánscrito tiene una palabra para ese espacio moral y letal: Dharmakshetra (o Kurukshetra). Se trata de un campo donde  los Paandavas luchan contra los Kauravas para reestablecer el orden divino.

         El orden divino: dharma. Más bien: el ordenar, la acción ordenar que culminaría en un cosmos. Y que lo mantendría como tal.

         El orden divino que aquellos soldados querían reestablecer lleva nombres-dioses como “Democracia”, “Libertad”, “derechos humanos” … Se trata de un cosmos (Rita) que requiere, para su sustento, que se cumpla el dharma. Que todos sus componentes cumplan su dharma.

         ¿Aquellos soldados estaban siguiendo su dharma? ¿El suyo propio o el que les impuso su sociedad? ¿Hay diferencia?

         Raimon Panikkar [2] afirma que el hinduismo es simplemente dharma. Y que si eso que llamamos desde fuera “hinduismo” pudiera elegir un nombre para sí mismo, el nombre elegido sería: sanaatana dharma (orden perenne).

         Orden perenne. Eterno. Inamovible.

         Y dice también Panikkar en el libro citado que el hombre debe conocer cuál es su propio dharma: su svadharma: “algo así como el puesto óntico de cada ser en la escala de los seres”.

         ¿Para qué?

         Muchos pensadores hindúes y estudiosos del hinduismo responderían: para alcanzar la salvación (Moksa): algo así como saber qué se es en realidad: saber que se es Dios, porque no hay otra cosa que pueda ser lo que es.

         ¿Se salvarán los soldados que vemos avanzar, triturados por el miedo y la fe, hacia esa playa donde luchan dos bailarinas lógicas enemigas? El Gita dice que es mejor cumplir el dharma propio, aunque sea defectuosamente, que el de otra persona a la perfección.

         El Gita es un texto feroz y maravilloso que arranca con un desfallecimiento ético, con una duda. El príncipe Arjuna no quiere combatir contra un ejército en el que están sus familiares. Pero el auriga que conduce su carro de combate se convierte de pronto en una encarnación de Krishna. En Dios. En el Uno omnipotente y omnisapiente. Y Dios dice: tienes que combatir. Tienes que matar. Es tu deber. Tu dharma. No tengas miedo a morir, ni a matar, porque, en verdad, nadie muere ni mata. Porque no hay nadie individual. Todo soy yo y yo soy eterno y yo soy tú. Esta batalla que te aterra es Maya. Pero es necesario que, mientras te identifiques con este personaje en Maya, cumplas con tu papel. Si no lo haces, te espera la desgracia. La tuya y la de tu pueblo (la de tu cosmos).

 

         Miro al soldado americano que todavía no ha sido capaz de saltar al océano. Imagino que tuviera presentes las palabras de Krishna, y que, en cumplimiento de su dharma, se entregara con fe a esa guerra. Y que de pronto, en medio de la sangre y los gritos y las vísceras de sus congéneres, tuviera la gran visión: se viera en todo, en todo lo existente, siendo todo: en los otros cuerpos humanos, en la arena blanca y roja y negra de la playa, en las nubes puras e indiferentes, en las algas aceitosas de gasoil y en las mentes ensangrentadas.

         Así, efectivamente, cumpliendo con su deber, el soldado habría conseguido saber quién (qué) era… mientras luchaba además por el sostenimiento de su cosmos: eso de la “Democracia”, etc.

 

         Acabo de exponer las ideas –o las sensaciones- básicas sobre las que voy a construir mi conferencia; la cual seguirá este orden:

 

         1.- La palabra “Dharma”. Haré mención a su origen y expondré los significados de algunas palabras del sánscrito que contienen este vocablo. Creo que así, y gracias a la riqueza de esa lengua, podremos colocar cámaras en posiciones privilegiadas. Las palabras serán éstas [3]:

 

-         Dharmabala.

-         Dharmakaaya.

-         Dharmakshetra.

-         Dharmapatnii.

-         Dharmashaastra.

-         Dharmavidyaa.

 

         2.- Materialización del dharma. Trataré de ofrecer una imagen del gigantesco sistema resultante del dharma (del hinduismo). Para ello mencionaré sus fuentes lógicas y esbozaré un dibujo del cosmos humano y divino, físico y metafísico, resultante de su despliegue. En ese dibujo mostraré el sistema de castas (jaati) y de colores (varna), las etapas vitales (aashrama) y, por último, los rasgos básicos del dharma de la mujer y del rey hindues.

         3.- En la última parte de mi conferencia reflexionaré sobre el modelo de totalidad implícito en el concepto mismo de dharma. Para ello meteré las manos en la suposición de que estamos en un orden. Que “lo que hay” está ordenado. Ordenado ya. Y que solo cabe conocer-se en ese orden, y armonizarse beatíficamente en él, en una suerte de extática (o entática más bien) fusión ético-matemática. Parece ser ésta la posición que adopta Panikkar en la obra a que antes he hecho mención.

        Yo ofreceré otra posición: no hay orden eterno e inviolable. No puede haberlo. Si lo hubiera no cabría la opción de seguirlo o no. Creo que lo que hay es posibilidad infinita de ordenación; no orden infinito. ¿Cómo? ¿Desde dónde? ¿Con qué libertad? La moral, toda ley, todo imperativo, presupone libertad. Libertad para no cumplir el deber. Para no seguir el dharma. Pero la libertad del hombre en cuanto hombre fenoménico parece insostenible. Libre solo puede ser algo que carezca de esencia (de forma de ser). La escolástica lo expresaba así: operari sequitur esse (el obrar es consecuencia del ser). Schopenhauer ganó un premio convocado por la Real Academia de Noruega gracias a esta obviedad. Solo puede ser libre algo que carezca de esencia; que no sea nada (y que tenga potencia suficiente como para ser cualquier cosa). Creo que no hay forma de no sostener que el dharma, cualquier camino a seguir, o no, solo lo puede seguir, o no, en libertad, quien lo instaura (quien lo legisla; quien lo imagina). ¿Dios? Una palabra desastrosa. Pero fertilísima. De ella nos ocuparemos el lunes 14 de diciembre.

         Quizás sea más correcto hablar de “Nada”; de “Nada libre y omnipotente”.

         Volvamos a la fotografía del desembarco de Normandía. ¿Qué está pasando, de verdad, en el fondo abisal de lo que se ve en esa imagen? Si nos dejamos tomar por las palabras del Gita cabe preguntarse:

         ¿Qué hace “Dios” ahí (Krishna), temblando de frío y de miedo y de dudas, ensangrentándose, despiezándose, odiándose a sí mismo autodifractado en varios cuerpos y mentes con apariencia de ser individuales? ¿Qué pretende con tanto auto-sufrimiento?

         ¿Qué quiere Dios? ¿Qué está construyendo mediante los dharmas que ha legislado para canalizar su monstruosa fuerza?

         ¿Cuál es el dharma de Dios; en cuanto Dios creador? Quizás, simplemente, que haya algo en lugar de nada. Y que ese algo, desde dentro, ofrezca paraísos e infiernos creíbles y creables; y también posibilidades de ordenar, y de ordenarse, en mitad del infinito e hiperfértil caos que sería la mente del propio Dios.

         También cabría decir que el Dharma de Dios (en cuanto Dios creador) sería crear bailarinas, y bailar en ellas: encarnarse en esas deliciosas criaturas lógicas que están bailando en este curso para todos nosotros.

 

           David López

           Sotosalbos, noviembre de 2009.

         

 

           

[1] Flood, G.: El hinduismo, Cambridge University Press, Madrid, 1998.

[2] Panikkar, R.: Espiritualidad hindú, Kairós, Barcelona, 2005.

[3] Estas palabras las he recopilado de un léxico sánscrito-alemán: Mittwede, M.: Spirituelles Wörterbuch Sanscrit-Deutsch, Sathya Sai Vereinigung e.V., Dietzenbach, 2005.


Nov 2 2009

Escuela Libre de Filosofía. Conferencia del lunes 2 de noviembre de 2009: “Cosa”.

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         En esta conferencia voy a intentar dibujar en el aire el concepto –la forma de mente- que se supone relacionado con la palabra “cosa”.

         Para ello voy a apoyarme en dos obras de arte: una fotografía de Annie Leibovitz (la que tiembla sobre estas líneas) y una conferencia de Martin Heidegger titulada “Das Ding” [La Cosa][1].

         La fotografía, como se ve, muestra un recorte, una parcialidad de un cuerpo humano. La he elegido porque se trata de un recorte de la materia visible de una bailarina: una bailarina llamada Julie Worden (Mark Morris Dance Group). Yo he querido imaginar que en realidad se trata de una Maya: de una bailarina metafísica que baila un mundo imaginario (como todos) en la inmensidad del Ser.

         Y es que en ese cuerpo fotográficamente parcelado percibo cierta transparencia, cierta delicuescencia, cierto temblor óntico: su carne de bailarina parece dispuesta a acometer cualquier baile (cualquier mundo), ofreciendo la generosidad de su vacío cósmico para que se despliegue cualquier Logos: cualquier discurso configurador de cosas. Sus manos, que parecen dispuestas a volar cualquier vuelo, por el momento protegen el pecho interior de esa mujer cuyo rostro se nos oculta. ¿Qué se protege? ¿Qué hay ahí detrás, detrás de la piel y la carne y la sangre de ese cuerpo; detrás de las cosas de ese cuerpo-cosa?

         También me interesa esta imagen porque en ella veo abismos ontológicos: las venas, las uñas, un pezón: ¿Son “cosas? ¿De qué cosas están hechas esas cosas? ¿De átomos? ¿De qué están hechos los átomos? ¿De qué está hecha la materia misma; o la energía, si se prefiere esta palabra? ¿Y las cosas de los sueños? ¿De qué están hechas esas cosas?

         ¿Qué es por tanto una “cosa”? ¿De qué están hechas, cómo resisten, las fronteras que separan las cosas? ¿Vemos las cosas tal cual son?

         ¿Qué es lo cósico de la cosa?, se preguntó Heidegger en una conferencia-poesía-creación que pronunció en 1949.

         Como cualquier otro producto lingüístico de Heidegger, esta conferencia es un auténtico desafío para la elasticidad –y la generosidad- de nuestra mente. Pero creo que merece la pena dejarla entrar en nosotros, que baile, que se haga bailarina y nos subyuge un rato; el rato que nosotros creamos oportuno. Heidegger es un creador: el portador-inoculador de un logos especialmente incómodo y poderoso. Un logos arbitrario (como todos) y oscuro (como la tierra oscura de un extraño y narcotizante jardín).

         Analizaré esta conferencia –después de una breve introducción a la filosofía de Heidegger-; y utilizaré la forma de pensar del “Mago secreto del pensamiento” para contemplar, con más detenimiento, la foto de Annie Leibovitz.

         Esa contemplación nos llevará, quizás, a lo que se transparenta por la carne –y por las cosas- de esa bailarina (y de todas las cosas). ¿La Nada? ¿El Ser? Quizás veamos eso que se ve en el silencio. ¿Qué hay detrás de un cuerpo humano cuando no se mira desde una determinada configuración mental? ¿Qué hay ahí detrás en verdad? ¿Qué se puede sentir tocando, oliendo, en silencio radical, un cuerpo humano?

         En el silencio radical de la mente ya no hay “cosas” –ni siquiera en el sentido heideggeriano-, porque no hay sistemas lingüísticos que las instauren. En el silencio ya no hay conceptos –no hay instrucciones mentales- que conviertan nuestros ojos en tijeras esclavizadas. Nuestra mirada (nuestra mente/nuestro cosmos), en el silencio, ya está liberada –tranquila, plena, gloriosa-.

         Según Heidegger, en el silencio se propiciaría el advenimiento: el Ser se contemplaría –o se “escucharía”- a sí mismo en la finitud de un ser humano (de un “estar-en-el-mundo” que va a morir).

         Pero el silencio, aunque propiciador de ese prodigio teológico, desintegraría, no solos las cosas, sino también esas bailarinas que en este curso he llamado “Mayas”; y que serían “determinaciones inesenciales del Ser”, si es que dejo que mi pensamiento piense como el de Heidegger.

         Ya lo he confesado varias veces. Yo amo a las bailarinas lógicas que están bailando para nosotros en este curso de palabras y de mundos. El único silencio que quiero, que quiero ahora, es el que las ayude a ellas a bailar mejor: a actualizar la plenitud de sus movimientos, de sus “Logos”.

         Intento limpiar y agrandar mi mente para que ellas, las bailarinas lógicas, se encarnen. Intento abrir todas las ventanas posibles para que ellas bailen con suficiente oxígeno. Con suficiente vida.

         ¿Por qué? Pues precisamente por amor a la Vida. Por amor a la Magia. Y es que Vida y Magia (Maya en sánscrito) son palabras que significan lo mismo.

 

           

            David López

            Sotosalbos, noviembre de 2009.

           

[1] Heidegger, M.: Vorträge und Aufsätze, Verlag Günther Neske, Pfullingen, 1954. En español: Conferencias y artículos (trad. Eustaquio Barjau), Ediciones del Serbal, Barcelona, 1994.