Jul 12 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 12 de julio de 2010: “Bailarina lógica”.

 

        “Bailarina lógica”. ¿Qué es eso? No lo sé muy bien, pero quizás pueda afirmar con cierta contundencia que esos seres -que carecen en realidad de “ser”- necesitan ser amadas, como es amada la bailarina que aparece sobre estas lineas. Hay que creérselas para crearlas, o para compartir las emociones que discurren por las algas lógicas en las que viven todos aquellos que se las creen. Pensemos en la palabra “España”. O “Cataluña”.

        Yo las amo, amo el hecho de su prodigiosa existencia (aunque algunas de ellas me espanten). Y las amo tanto como amo la vida, tanto como amo los sueños (que son lo mismo que la vida). Las amo cada vez más, a pesar de lo peligrosas que son. Ellas dan (son) la vida y el placer y el dolor (¿no las véis ahí, viviendo en una simple frase?).

        “Bailarina lógica”. Es un término con dos palabras que ha nacido en este diccionario de los mundos. Es una forma de dar nombre a lo que da los nombres: la palabra; o, mejor: al símbolo en general.

        A lo largo de estos meses he intentado comprobar el poder de la diosa Vak, la cual, en uno de los himnos de Rig Veda, afirma que vivimos en ella, comemos en ella, respiramos en ella…

        Pero, ¿qué es una “palabra”? Cabría adoptar una postura hiper-materialista y decir que las palabras son símbolos y que los símbolos –unas letras, unos sonidos, una bandera- no son más que determinadas configuraciones de la materia que sirven para comunicar otras determinadas configuraciones de la misma. El problema de este razonamiento es que todo él respira -sobrevive- en una atmósfera onírica: todo él es fruto de un hechizo: el hechizo que es capaz de desplegar una bailarina lógica cuyo precioso baile contemplamos hace unos meses: “Materia” [véase].

        Hay una bailarina lógica que ayer fue capaz de insuflar una gran cantidad de energía (de vida, de magia, de Maya) a todas las conciencias que están en red con ella: la palabra (el símbolo gráfico) es “España”. La realidad significada por este significante gráfico dispone de otros símbolos: una determinada disposición material y espacial de dos colores (la bandera), un grupo variable de personas realizando unos comportamientos concretos, reglados (la selección nacional de fútbol).

        “España”. Otra bailarina lógica. ¿Hay que librarse de todas la bailarinas lógicas? ¿Es eso la sabiduría? ¿Vale con saberlo, con saber que son puntuales y delicuescentes formas de configuración de nuestra conciencia? ¿Hay bailarinas positivas y bailarinas negativas? La respuesta de Nietzsche sería, quizás, que hay que elegir aquellas bailarinas (o dejarse elegir por aquellas bailarinas) que aumenten nuestra salud, nuestra vitalidad… nuestra “ilusión”. Pero, ¿no fue eso precisamente lo que conseguían las bailarinas lógicas del coreógrafo Hitler? Él consiguió insuflar mucha ilusión a todas las conciencias que soñaron su sueño lógico.

        ¿De dónde salen esos seres prodigiosos? ¿Los inventa de pronto un ser humano –un poeta? ¿Surgen mecánicamente, socio-biológicamente, de los grupos humanos? ¿Los inoculan los dioses a través de poetas?

        Creo que antes de acercarnos a estas criaturas lógicas, puede ser útil tratar los siguientes temas:

        1.- Concepto de Maya en la especulación filosófica india.

        2.- La negación de la semántica en Gorgias.

        3.- San Pedro Damián: la demonización de la gramática.

        4.- Berkeley: la materia como membrana lógica (membrana de palabras) que impide ver a Dios.

        5.- Wittgenstein: la Filosofía es la lucha de la inteligencia contra los hechizos del lenguaje. ¿Debemos luchar contra las bailarinas lógicas? El segundo Wittgenstein.

        6.- Simone Weil: casi todos los vocablos políticos están vacíos por dentro.

        7.- Los koanes en el Zen: hacer que se desmayen las bailarinas.

        A partir de aquí, creo que puedo ir esbozando algunos rasgos comunes de las “bailarinas lógicas”:

        1.- Dejándome llevar por las posibilidades expresivas de los “mitos” (como si hubiera algo en nuestro discurso que no fuera “mito”), podría decir que las bailarinas lógicas son algo así como sacerdotisas de Vak: la diosa de la palabra que se sabe omnipotente. O casi. Sacerdotisas o autodifractaciones de su esencia.

        2.- Creo que, efectivamente, vivimos en un sueño lógico: en un cosmos construido por una estructura de palabras. Desde este punto de vista, la palabra sería no sólo genésica, como afirma el arranque del Evangelio de San Juan, sino también, y sobre todo, mágica.

        3.- Buena parte de las propuestas soteriológicas (propuestas de salvación o de elevación de la condición humana si se quiere) insisten en el silencio como puerta a lo sagrado (como puerta a nuestro verdadero ser, que sería coincidente con el verdadero ser de Dios). Así, el silencio, la retirada de las bailarinas lógicas, permitiría ver lo que hay detrás de ellas, permitiría tomar conciencia de que lo que hay no coincide con sus cuerpos ni con el ritmo matemático de su baile. Ese silencio cósmico llevaría a la libertad, sería un despertar. Pero, ¿por qué despertar? ¿Para no sufrir? ¿Para salir del sufrir-gozar que, por ejemplo, sacudía ayer a los seguidores de la selección española?

        4.- Ya vimos en conferencias anteriores que a las bailarinas lógicas no les gusta que nos acerquemos demasiado a su cuerpo. Quizás sea que su piel es demasiado transparente. Se ve su nada. Pero esa piel suda y vibra: hay en ellas un descomunal esfuerzo por vivir en nuestra conciencia, por tener “realidad”, por ser “de verdad”. Al ocuparme de la palabra “realidad” ofrecí un corte de la película Mulholland Drive (David Linch) que me sirvió para imaginar a una bailarina lógica llorando; llorando por su vacuidad ontológica [véase].

        5.- Creo que hay razones, al menos sistémicas, para diferenciar “bailarina lógica” de “concepto”, “universal” o “idea”. Quizás la clave esté en insistir en la “materialidad” de la bailarina lógica: es símbolo, algo que se percibe dentro del marco perceptivo ordinario, no tiene abstracción: se ve, o se oye, como se ve o se oye un pájaro.

        6.- Un cosmos [véase] es el fruto tangible, perceptible, de un determinado logos [véase]. Y un logos es un poetizar [véase Poesía] que ha conseguido modelar unas conciencias hasta el punto de hacerles creer que su sueño lógico es lo real. Las bailarinas lógicas son la parte visible de un poetizar. Son semillas de mundos (de sueños, porque todo mundo es un sueño en realidad). Podríamos decir que las bailarinas lógicas son Poesía viva, hambrienta de conciencias, necesitada del hábitat que les ofrece el interior del ser humano.

        Al ocuparme de “concepto” [véase] reproduje Génesis 2.16-17: “De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Yo en ese momento interpreté que en el momento en que un concepto toma la mente ( en el momento en el que la agarra) se produce la muerte, la muerte de la conciencia por así decirlo. Cabría otra interpretación: “De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente te dormirás”. Pero quizás vida y sueño sean lo mismo. ¿Sólo hay dos opciones: soñar o despertar a la nada/el infinito que somos? Muchas tradiciones hablan de una tercera: seguir soñando, sí, pero sabiendo que es un sueño, y que todas las bailarinas lógicas bailan atentas a nuestras manos: fabricar entonces preciosos hechizos, como diría Nietzsche.

        Hay un video de Kylie Minogue que me ha aparecido extraordinariamente útil para visualizar lo que, a duras penas, voy entendiendo por bailarina lógica. En él se puede ver a una bailarina lógica cantando, bailando, hechizando conciencias, siendo progresivamente amada, creando un cosmos de mentes y de cuerpos dormidos, pero gozosos, aparentemente libres. Por fin libres. La gente de la calle, de pronto, abandona a otras bailarinas lógicas (las que, supongo, les impedían desnudarse en plena calle y abrazarse con la persona que tuvieran más cerca). Y es que todas las personas, gracias a esa bailarina prodigiosa, son bellas, tienen cuerpos bellos. Y no solo eso: sus zonas más “oscuras” (oscuras desde la visión ofrecida por otras bailrinas lógicas) son ahora completamente blancas y limpias: toda la gente de la calle, al desnudarse, muestra ropa interior blanca. Y no sólo eso. La bailarina, con su poder, es capaz de convertir en un caballo blanco el caballo negro al que se refería Platón con su imagen del carro: el caballo negro de las pasiones es ahora el blanco: lo más puro, lo más limpio.

        Y todos los seres humanos que oyen la música lógica se abrazan, armónicamente, en un erotismo hiperarmónico donde la belleza -esto es, el orden- quiere reinar sin límite. La diosa sigue cantando, exhultante de su poder, y bajo sus pies se van entrelazando cuerpos, cuerpos armónicamente estremecidos por el deseo sexual. Y por la consumación de ese deseo. El delirio crece, y crece, y de pronto, atónitos, vemos que se está creando algo así como un organismo pluricelular, gigantesco, tan grande como uno de los edificios de la calle. Entonces sentimos estupor maravillado, vértigo, horror incluso. Es la mirada filosófica: la que, por así decirlo, se asoma a los mundos que anidan en el espacio infinito de la conciencia. Dentro de ese hiper-erótico cosmos de mentes y de cuerpos entrelazados parece haberse instalado la plenitud, algo así como un paraíso sensual, un delicioso orden donde merece la pena fundirse, donde brilla el éxtasis de la supresión de la individualidad. Es destacable cómo mueve sus manos Kylie Minogue por encima de los ojos de sus hechizados; y cómo éstos se estremecen de cosmicidad, de orden, de amor, sintiendo que se elevan hacia el cielo al bailar el baile de la bailarina lógica que ha entrado en sus conciencias.

        Desde fuera, no obstante, vemos un monstruo inquietante, una especie de virus lógico que quiere toda la materia para sí. Al final la bailarina, consciente del éxito de su baile y de su música, desde lo alto de su montaña de cuerpos y mentes, lanza una sonrisa de poder.

        Quizás sea esa la sonrisa de Vak, la diosa que habla desde el Rig Veda, encarnada en una de sus sacerdotisas.

        Imagino también la palabra “España”, sonriendo ayer desde una gigantesca pirámide de cuerpos y de corazones entrelazados. Un pirámide onírica, lógica, que, por el momento, no me parece inquietante.

        Éste es el vídeo de Kylie Minogue:


Jun 28 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 28 de junio de 2010: “Universales”.

 

        “Universales”. Es una palabra que nombra un problema filosófico: una preciosa tarea para el pensamiento. Algunos filósofos, como Cassirer, consideraron que el problema de los “universales” es un pseudo-problema. ¿Cuál es ese problema que quizás ni siquiera exista?

        Pues, una vez más, las dichosas palabras (nuestras bailarinas mágicas). ¿Existe, más allá del lenguaje, eso de “flor” o “agua” o ”dinosaurio” o “cuatro” o, incluso, “hombre”? Platón intentó introducir en el pensamiento humano la certeza de que existen las ideas en sí, con independencia de que sean o no pensadas por los hombres y registradas o no en los lenguajes de los hombres. Schopenhauer, milenios después, al dibujar su modelo físico y metafísico, no supo muy bien dónde ubicar esos escurridizos seres platónicos.

        No les gusta a las bailarinas lógicas que las toquen. Ellas están para bailar y hechizar: para que haya algo en lugar de nada, y para propiciar estupor maravillado.

        San Pedro Damián (1007-1072) afirmó en su obra Sobre la perfección monástica que los estudios gramaticales los había iniciado el Diablo. Quizás tuviera razón: el lenguaje podría ser más de lo que imaginamos. Algo divino (creador de nuestro ser y del ser del mundo entero). Así lo creyó Ibn Arabi, cuya imagen sobrevuela estas notas.

        Creo que el tema de los universales tiene un interés extraordinario: agranda la mirada, la libera, la abre a otros mundos, y propicia la irrupción en nuestra conciencia de lo inefable (de lo divino si se quiere). La meditación requiere un silencio total: un silencio que desactiva los universales, que diluye la aparente división del mundo en “cosas” recortables en virtud de sustantivos. Ese es el Gran Silencio desde donde es posible sentir lo que hay (o desde donde “lo que hay” se siente a sí mismo).

        Antes de exponer algunos apuntes y vértigos personales sobre los universales, trataré los siguientes temas:

        1.- El estatus ontológico de los universales: cuál es su tipo de existencia. La traducción que Boecio realizó al Isagoge de Porfirio.

        2.- La solución realista: universalia ante rem. Guillermo de Champeaux (1170-1121): los universales existen antes que las cosas concretas -que el león concreto, que le ejecutivo concreto- pero su existencia es de otro tipo (no estarían situados en el espacio/tiempo). Referencia al mundo de las ideas de Platón.

        3.- La solución nominalista: universalia post rem. Roscelino de Compiegne (1050-1120): los universales son flatus vocis (emisiones de voz vacías, sin nigún valor semántico, no se refieren a nada). Sólo existen las cosas individuales. Referencia a Gorgias. “Conceptualismo”. “Terminismo”.

        4.- Posición intermedia. El realismo moderado. Pedro Abelardo (1079-1142): (desde Aristóteles) el universal es lo predicable de varios entes. No es, por tanto, una cosa. En realidad solo existen individuos compactos (materia con forma). En el proceso cognoscitivo se extraen aspectos aislados -color, tamaño, etc- que permiten encontrar similitudes entre individuos: rasgos comunes que permitirán hablar de especies (mujeres, nubes). Los universales como sermo, un razonamiento que surge a partir de unas abstracciones.

        5.- Epistemología del siglo XX: instrumentalistas versus realistas. ¿Las teorías científicas -esas redes coherentes de universales- describen lo que hay? ¿Existe, en sí, más allá de los cálculos, la ley de la gravedad? Popper: la palabra “agua”.

        6.- Noam Chomski: los universales lingüísticos.

       7.- Nietzsche. Fröhliche Wissentschaft [La ciencia alegre]. Aforismo 121: “Nos hemos construido un mundo a medida para poder vivir -suponiendo que hay cuerpos, líneas, superficies, causas y efectos, movimiento y reposo, forma y contenido. ¡Ahora nadie podría vivir sin esos artículos de fe! Pero no por eso quedan demostrados. La vida no es un argumento; entre las condiciones de la vida podría estar el error”. Aforismo 189:  “Es un pensador: esto quiere decir que es un experto en hacer las cosas más simples de lo que son”.

        Y estas son mis reflexiones, muy desordenadas todavía, muy necesitadas de tiempo:

        1.- El nominalismo es absurdo. No cabe hablar de leones concretos antes de que esté activada en la mirada el universal “león”. El león es el efecto de la interiorización de un universal: es consecuencia de una programación de la mente/la mirada.

        2.- Los universales son disciplinas de la mirada. Son tijeras metafísicas que recortan lo que se presenta ante la conciencia en aparentes individualidades que se repiten. Quizás sería mejor hablar de tijeras “ante-físicas”, apoyándonos en un lúcido neologismo de Ortega y Gasset.

        3.- Los universales no son anteriores ni posteriores a las cosas. Las “cosas” son palabras. Va todo en la misma frase. Tampoco sale de la frase la palabra “realidad”. El lenguaje no tiene palabra para nombrar lo que haya fuera de él.

        4.- El mundo mismo es una abstracción: es una especie de lámina donde se han pegado los recortables exigidos por la estructura de nuestros universales lingüísticos. Podríamos decir que el “mundo” (lo que parece que hay ante el observador humano), es lo que le pasa a lo inefable cuando es observado a través del filtro de las palabras. Si se pudiera mirar sin palabras, accederíamos al infinito. No veríamos “nada”, en el sentido de que no veríamos la concreción de ningún universal, ni presente ni futuro. Nos veríamos a nosotros mismos tal y como somos “en realidad”: sin forma, libres, omnipotentes, no legaliformes.

        5.- Toda “cosa concreta” es ya un universal: una serie de impactos sensibles, desplegados en un vector de tiempo, son luego agrupados en una unidad. Pensemos en una persona concreta (Juan, María): suponemos que es una cosa concreta, siempre, eso que se nos presenta, eso que vemos, pero en realidad experimentamos una pluralidad de impactos espacio/temporales que luego agrupamos en una unidad. ¿Cómo sabemos que es la misma cosa ese Juan de la playa, hace diez años, que el que ahora nos habla desde un despacho de abogados? Y es más, ¿cómo sostener la concreción (la multi-individualidad que sostienen los nominalistas) si tenemos presente que Juan es una manada de células individuales? ¿Y cómo podemos recortar a Juan en el magma meta-material que se vislumbra en el interior de los átomos?

        6.- Cabe preguntarse de dónde salen los universales (esas formas de finitizar el infinito). Una respuesta podría ser que surgen de nuestra adaptación al medio. El universal víbora me permite predecir el comportamiento de ese reptil y no cometer el error de acariciarlo, con ternura, cuando me lo encuentro bajo los cielos de Segovia. Podría decirse que una buena interiorización de la estructura de los universales me permite sobrevivir. Sí. Pero sería un grave error equiparar lo que hay con el dibujo de mundo que surge de mis necesidades de superviviencia biológica (de supervivencia en esta forma, en esta finitud). Recordemos el aforismo de Nietzsche (el 121 de la Ciencia alegre).

        7.- Más aún: yo mismo, mi yo, digamos “objetivo”, ante mi conciencia (esa caja que no veo pero que recoge todos los mundos), es un universal: “he” agrupado en una unidad millones de impactos y he creído que eso soy yo: las imágenes y sensaciones del cuerpo, los recuerdos, los pensamientos. Aquí cabría remitirse a Hume y al budismo. Y nos abismaríamos en esta idea del Maestro Eckhart: “yo he querido que exista Dios y yo mismo”.

        8.- Ya nos adentramos en la hoguera lógica de la Mística. Ya atisbamos lo que pasa si nos atrevemos a desactivar los universales. Ese es el objetivo de los koanes en el Zen.

        9.- Un artista, si es verdaderamente creador, sería capaz de incorporar nuevos universales a otras mentes que estén en red con la suya. ¿Cuántos universales son todavía posibles? O, lo que es lo mismo: ¿cuántos mundos son todavía posibles?

        10. Los universales son, a su vez, un universal (un género). Como lo es el universal “cosa concreta” o “individuo”. Aquí entramos en paradojas matemáticas. A las bailarinas lógicas, como a los magos, no les gusta ser contempladas desde demasiado cerca.

      

        Cabría decir, dentro de la prodigiosa cárcel de universales desde la que escribo, que hay algo descomunal, infinito, que fabrica, desde la omnipotencia y la libertad,  algo así como máquinas metafísicas para mirarse a sí mismo. Para mirarse/ o finitizarse/ o crearse. Es lo mismo. Las formas de aparente autofinitización de ese infinito serían eso que desde este mundo (desde este lenguaje) llamamos “universales”.

        Y la mente humana sería esa prodigiosa máquina metafísica: el taller de los mundos (si es que es solo ”humana” nuestra mente).

    

 

        David López

        Sotosalbos, junio de 2010.


Jun 21 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 21 de junio de 2010: “Tiempo”.

 

 

        “Tiempo”. Una de las más impactantes invisibilidades. El “Tiempo” no es visible, sólo postulable: necesario para que tenga sentido la caja lógica donde suponemos que existe lo que existe.

        Es una bailarina lógica fascinante, poderosa: es capaz, junto con “Espacio”, de construir una estructura metafísica. Y física…  aunque llevo años sospechando que toda Física es en realidad una Metafísica: todo modelo del universo (por muy demostrado que parezca) es siempre hipótesis, postulado: algo que se supone que debe existir -aunque no se vea- para que lo que se ve esté ordenado y sea previsible.

         Si es que se ve algo.

        ¿Qué es el “Tiempo”? No tengo ni idea. Pero me sobrecoge que ese supuesto ritmo omniabarcante pueda ser medido (sobre todo si se mide con instrumentos tan bellos como el que aparece en la foto).

        En realidad no sé muy bien tampoco qué se está haciendo cuando se pregunta sobre el qué de algo. Pero quizás pueda compartir lo que siento frente a esa prodigiosa -y letal- bailarina lógica si antes me ocupo de ella desde estos puntos de vista:

        1.- Aristóteles: el presupuesto fundamental del Tiempo es el cambio: el espectáculo que nos rodea es cambio permanente. Lo cambios se producen en el Tiempo. Si nada cambiara no habría Tiempo. “El tiempo es la medida del movimiento según el antes y el después”.

        2.- Referencia a la conciencia metatemporal que persiguen algunas soteriologías indias y japonesas.

        3.- La estética trascendental de Kant: el ser humano recibe lo “de fuera” (la “cosa en sí”) y lo mete en el Tiempo. No hay Tiempo más allá de la maquinaria psíquica humana. La aritmética -que mide el Tiempo, que mide nuestra bailarina de hoy- en realidad, desde Kant, sería una antropología.

        4.- El eterno retorno de Nietzsche: ¿seríamos capaces de dar un absoluto sí a nuestra vida -entera-? ¿Nos atreveríamos a vivirla, en absolutamente todos sus momentos, una y otra vez, a lo largo de la eternidad?

        5.- El Tiempo en la metafísica marxista.

        6.- Heidegger: Ser y Tiempo. El ser humano está condenado a la muerte: al no ser ya nunca. El vivir como un absurdo e innecesario tobogán letal.

        7.- Lectura interesante: Un mundo sin tiempo (El legado olvidado de Gödel y Einstein), de Palle Yourgrau, Tusquets, Barcelona, 2007.

 

        A partir de aquí, compartiré algunas reflexiones muy provisionales. Espero algún día poderme ocupar con mayor profundidad de esta fabulosa bailarina lógica. Las reflexiones serán más o menos éstas:

        Para sostener la metafísica del Tiempo hay que sostener, previamente, que el sujeto (el observador) está siempre en algo llamado “Presente”, pero que hay una fuerza, digamos, estructural, que le “empuja” a otro presente. Y a otro. Y a otro. Siempre. Así, desde esta metafísica, nunca se puede estar en el presente, ni siquiera un “instante”, pues todo “instante” tendría una duración (cabría visualizarlo, matemáticamente, como una linea  infinitamente subdivisible). Esta gran paradoja del Tiempo ya la había visto Aristóteles; y fue brillantemente sentida y descrita por San Agustín: “Cuando no me lo preguntan, lo sé; cuando me lo preguntan no lo sé”.

        Respecto de eso que llamamos “futuro” nos vemos obligados a sostener su no ser. No ser “ahora”. Pero, como hemos visto antes, el “ahora”, el “presente”, digamos, neto, o absoluto, es imposible; o al menos imposible desde el punto de vista matemático (desde el modelo de conciencia que fabrica esos precisos artefactos que llamamos relojes: la aguja nunca para). El futuro, no obstante, parece ser el lugar donde se desplegarán los efectos de nuestra libertad, de nuestra creatividad, de nuestra fe: es el universo todavía por ser creado. Eso creen los que creen en el Progreso [véase]. Y en eso creen también los que creen en la Libertad [véase] o en la Mágia [véase]. Por último, habría una convicción, derivada del paradigma metafísico sobre el que se construyen la mayoría de las Físicas actuales, de que el futuro es invisible. Que -ahora- no tiene ser en absoluto. Aunque cuando lo tenga, lo tendrá todo.

        El pasado. Es algo a lo que se le otorga el “haber sido”. Me ha impresionado siempre el sonido del fuego invisible que aniquila los instantes. Este instante en el que escribo, junto a unos árboles inquietos, bajo un cielo de azul mate, con las manos soñadoras, pero algo cansadas; este instante, digo, ha dejado su ser por la frase, por el río temporal-letal que lo barre todo: o que lo acumula, como mucho, en esa especie de almacén psíquico que es la memoria. Y ahí, este instante (bueno, mejor dicho, aquel instante que recogió mi frase), vivirá como un espectro, sometido a los caprichos, a los jugos gástricos, de mi memoria. Es el fuego letal de la preterización.

        Podría decirse que el Tiempo no existe porque ni el presente ni el pasado ni el futuro tienen jamás existencia. El Tiempo es un baile de esa bailarina prodigiosa que la India antigua bautizó como ”Maya” (Magia). Pero esto no implica que esa no existencia, ese baile irreal, no sea sacralizable. Siendo más nietzscheanos que Nietzsche, podríamos asumir nuestro papel de sacerdotes de Maya: coadyuvar a los hechizos, aumentar la capacidad de hechizo y de fascinación que tiene ese no-ser (esa fantasía que toma nuestras conciencias).

        ¿Qué otra cosa es una Creación

        Llegados a este punto, quisiera proponer algo así como un arte de la memoria. Pero no en el sentido dogmático/realista: no desde la presuposición de que hay -ahí- un cosmos objetivo que presenta elementos memorizables, sino desde la creencia en el Arte y en la Libertad. Así, cabría volcar todo nuestro esfuerzo en embellecer este Presente (lo que será memorizado en definitiva). Cabría fabricar memoria: instalar obras maestras del existir que fueran visitables desde cualquiera de los puntos del vector de nuestra vida (de lo que llamamos vida en este nivel de conciencia -me refiero al nivel de conciencia humano puro y duro, no al “iluminado”).

        Pensemos en los niños: cada instante que podamos construir para ellos, cada paraíso, estará ahí, en su memoria, visitable siempre, como el que visita un templo sagrado. De ahí que un abuso sexual -o cualquier otro- sea un terrible crimen; más terrible de lo que imagina el ciego que lo perpetra: un abuso sexual instala un infierno en la memoria.

        Nuestro desafío, como artistas metafísicos -como magos que somos-, sería  fabricar obras maestras del “presente” (aunque en puridad no exista “el presente”) para que, una vez incorporadas a la memoria, se conviertan en paraísos infinitamente visitables.

        Yo intenté fabricar un paraíso de la memoria para mi hija hace doce años. Lo hice, deliberadamente, bajo unas estrellas que apenas dejaban materia oscura en el cielo, sobre la arena de una playa atlántica. Ella tenía cuatro años y quería que le contara un cuento. Mientras se lo contaba, mientras mis palabras se mezclaban con el rugido de las olas, sus ojos vibraban como si, a través de ellos, alguien hubiera sido capaz de asomarse, otra vez, eternamente, a un paraíso.

        ¿Qué es un paraíso sino un determinado contenido de conciencia?

 

        David López

        Madrid, 21 de junio de 2010.


May 31 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 31 de mayo de 2010: “Tapas” (Sufrimiento creativo).

 

नासदासीन नो सदासीत तदानीं नासीद रजो नो वयोमापरो यत |
किमावरीवः कुह कस्य शर्मन्नम्भः किमासीद गहनं गभीरम ||
न मर्त्युरासीदम्र्तं न तर्हि न रात्र्या अह्न आसीत्प्रकेतः |
आनीदवातं सवधया तदेकं तस्माद्धान्यन न परः किं चनास ||
तम आसीत तमसा गूळमग्रे.अप्रकेतं सलिलं सर्वमािदम |
तुछ्येनाभ्वपिहितं यदासीत तपसस्तन्महिनाजायतैकम ||
कामस्तदग्रे समवर्तताधि मनसो रेतः परथमं यदासीत |
सतो बन्धुमसति निरविन्दन हर्दि परतीष्याकवयो मनीषा ||
तिरश्चीनो विततो रश्मिरेषामधः सविदासी.अ.अ.अत |
रेतोधाासन महिमान आसन सवधा अवस्तात परयतिः परस्तात ||
को अद्धा वेद क इह पर वोचत कुत आजाता कुत इयंविस्र्ष्टिः |
अर्वाग देवा अस्य विसर्जनेनाथा को वेद यताबभूव ||
इयं विस्र्ष्टिर्यत आबभूव यदि वा दधे यदि वा न |
यो अस्याध्यक्षः परमे वयोमन सो अङग वेद यदि वा नवेद ||

       

        “Tapas”. Es una palabra (un concepto/una forma de mente) que me produce una enorme fascinación filosófica. Proviene del sánscrito. Esta lengua se escribió en devanagari (“la escritura de los dioses”). La belleza de su grafía se puede apreciar en el texto que vuela sobre estas frases. Es el famoso Himno a la Creación (10.129) del Rig Veda. Está disponible en esta generosa página de internet: www.sacred-texts.com.

        Tapas. Vamos a ocuparnos de un tipo específico de sufrimiento: el sufrimiento creativo.

        ¿Podemos soportar la idea de que, una vez más, estamos ante una bailarina lógica, un símbolo que trata de convencernos de que hay algo significado por él?

        Pero, ¿no es el sufrimiento una realidad evidente, algo que está ahí, hostil, más allá de cualquier sistema de símbolos?

        Creo que no.

        Dijo Nietzsche que “el camino que conduce a nuestro cielo personal pasa siempre por la voluptuosidad de nuestro propio infierno”. La cita se puede encontrar en la página 171 de una obra excepcional: Nietzsche (La experiencia dionisíaca del mundo), de Diego Sánchez Meca (Tecnos, Madrid, 2005), el cual afirma que “la experiencia dionisíaca del mundo supone, ante todo, una determinada actitud ante el problema del dolor”.

        Dolor. Sufrimiento. Tapas: calor creativo. En la parte central de mi conferencia intentaré asomarme a estos conceptos siguiendo el orden siguiente:

        1.- El Tapas indio:

        Es un sustantivo sánscrito relacionado con el verbo tap (calentar).

        Aprovecho para recomendar, a quien no lo conozca, un diccionario ya clásico sánscrito-inglés (El así llamado ”Monier Williams”). Se puede utilizar vía internet. Esta es la dirección: http://www.sanskrit-lexicon.uni-koeln.de/monier/

        Ahí encontramos estos significados: calor, los cinco fuegos a los que se somete el devoto en la estación caliente, dolor, sufrimiento, austeridad religiosa, mortificación del cuerpo, el aprendidaje sagrado de los brahamanes, dar el alma a los brahamanes, servicio, alimentarse con raíces y hierbas…

        Lo sorprendente es que Maurice Blomfield, en su edición del Atharva Veda, tradujera Tapas como “fervor creativo”(Sacred Books of the East, Vol. 42.) Se puede acceder a esta obra desde aquí: http://www.sacred-texts.com/hin/sbe42/index.htm).

        Esta concepción, digamos, “creativa”, del Tapas, se puede encontrar también en distintos lugares de la literatura védica, como en el famoso Himno de la Creación del Rig Veda, cuyo tercer verso dice:

        La fuerza vital que estaba cubierta con vacío, esa surgió mediante la fuerza del calor.

        Me he basado en la traducción y edición de parte de los himnos del Rig Veda realizada Wendy Donniger (Penguin, London, 1981). Esta traductora incluye una nota en la palabra “calor” que dice lo siguiente:

        “Tapas designa calor, en particular el calor generado por los rituales y por la mortificación física del cuerpo”.

        Pero resulta que estamos en un himno que quiere explicar el misterio de que haya algo en lugar de nada: algo, además, que surge de la nada. Y la clave parece estar en un determinado tipo de sufrimiento (o una creativa canalización del sufrimiento).           

        Esta potencia creativa del sacrificio ascético –del “calor” del ascetismo- la encontramos también en otro famoso himno del Rig Veda, el Purusa-Sukta (10.90), que nos describe la Creación como el resultado de un violento desmembramiento del hombre primigenio llevado a cabo por los dioses.

        Esto dice el verso noveno:

        “A partir de aquel sacrificio en el que todo fue ofrecido, nacieron los versos y los cantos, y también los metros nacieron de él, y de él nacieron las fórmulas”.

        Parecería que el sufrimiento padecido por aquel protohombre que fue desmembrado por dioses creativos sería la energía fundamental de toda creación –incluida la lingüística (¿Cabe pensar en otro tipo de creación que no sea efecto necesario de un Verbo?). [Véase Poesía].

        También aparece ese Tapas “creativo” en la Mundaka Upanisad:

        Mediante el tapas, el poder de meditación, Brahman consigue expandirse y así se forma la materia primigenia (Juan Mascaró: The Upanishads, Penguin Classics, 1965, pag. 75).

        Me ocuparé del Tapas indio más en profundidad con ocasión de mi conferencia sobre el Upanayana.

        2.- Buda (y Schopenhauer): la vida es sufrimiento.

        3.- Nietzsche: la disciplina del gran sufrimiento.

        4.- Epícteto: “No turban a los hombres los acontecimientos, sino los juicios sobre los mismos” (según la traducción de Reyes Alonso García del Manual de Epícteto, Civitas, Madrid, 1993).

        A partir de esta nueva irrupción -en el Occidente clásico- de la bravucona diosa india Vak (la Palabra), voy a exponer algunas reflexiones mías, por el momento en obras, sobre eso que sea el sufrimiento:

        Creo que podemos aceptar como presupuesto la fuerza alquímica, el potencial de creación/destrucción/transformación que tiene el sufrimiento (el sufrimiento, digamos “humano”). Y si, como dicen Buda o Schopenhauer (entre otros) la vida es sufrimiento, cabría afirmar a la vez que la vida es creatividad. Creatividad ubicua y permanente. Creatividad que presupone además mucha destrucción.

        El sufrimiento -como concepto [véase]- requiere una conciencia, y, por así decirlo,  un “corazón”, imantados por una determinada idea (la idea de cuerpo sano, o de familia, o de sociedad). El sufrimiento, como concepto, requiere una mente hechizada por un Logos (un poetizar que ha conseguido ser un cosmos concreto).

        Prescindiendo de cuál sea el origen del sufrimiento, parece obvio que estamos ante una un acontecimiento que propicia transformaciones radicales. Tapas es un concepto que sugiere la posibilidad de utilizar la fuerza del dolor –del dolor consustancial a la vida- para crear: para crear mundos: para regresar quizás a la fuente del poetizar: decir otros mundos y entrar en ellos. O decir de otra forma los que ya están dichos.

        Llegados a este punto, creo que se podrían distinguir dos tipos de sufrimiento:

        1) El que sirve para sostener un cosmos (por ejemplo, el dolor que nos impide realizar actos que puedan amenazar la integridad de nuestro cuerpo físico, la integridad de nuestro arquetipo de familia o la integridad de nuestro modelo de sexualidad). Los mundos se protegen mediante un sistema dual placer-sufrimiento. Causa sufrimiento aquello que amenace o rompa nuestro cosmos. Pensemos en el sufrimiento (sufrimiento “lógico” cabría denominarlo) que causan los discursos que derivan de ideas radicalmente distintas a las que vertebran el cosmos del que las escucha.

        2) El sufrimiento extremo (que propiciaría la necesidad de huir de un mundo y crear otro). Me viene a la memoria la idea de Marx de utilizar el sufrimiento extremo de la masa obrera para dinamitar entero el sistema capitalista.  Y es que el sufrimiento, cuando supera determinados umbrales, funciona como un arado en el huerto de nuestra conciencia. Incluso puede romper los diques de contención de lo “otro”, aquello que nunca hubiera podido entrar en nuestro mundo.

        Cualquiera de nosotros puede recordar ésto: estar sufriendo intensamente en un sueño, y saber -saber desde una misteriosa lucidez de fondo- que cabía escapar de ese torturante Maya en cualquier momento. Sólo con quererlo. Sólo con renunciar contundentemente a ese mundo onírico.

        Cabría decir que todos los mundos están abiertos. Cabe salir. Escapar a otro Maya. O a la nada de la que brotan y a la que vuelven todos los mundos. ¿Cabe crear mundos? Sí. Y parece que la fuerza decisiva para ese proyecto descomunal es un sufrimiento previo, insoportable: una catapulta prodigiosa.

        Una catapulta que hay que saber manejar para que produzca los efectos deseados. Porque quizás sea el sufrimiento una oportunidad para hacer cosas imposibles desde el mundo custodiado por ese propio sufrimiento.

        Eso parecen indicarnos los himnos a la Creación del Rig Veda a que he hecho antes referencia. Y muchos otros textos de la literatura sánscrita.

        Cierto es que en niveles de conciencia como la “advaita” [véase] –o la gloria eterna del cristianismo- no hay sufrimiento. Sólo placer más allá de la finitud, más allá de los mundos de la conciencia. Sí. Pero placer que, como señaló Nietzsche, ha exigido un infierno prev.

        A continuación se puede ver un fragmento de Todas las mañanas del mundo, una película dirigida por Alain Corneau. En ella se narra la historia de Saint Colombe, un músico del siglo XVII que canalizó su extremo sufrimiento (y su extrema autodisciplina) para crear una música capaz de convocar y de estremecer a su esposa muerta. Esa música está interpretada para la película por Jordi Savall. Disfrutad con este fruto de Tapas (del sufrimiento creativo):    


May 3 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 3 de mayo de 2010: “Progreso”.

 

        “Progreso”. Otra bailarina lógica dispuesta a hacernos creer que hay algo real simbolizado por ella.

        En la imagen que sobrevuela estas frases se ve a un centauro. Es muy probable que algún día los veamos galopando y charlando por nuestros parques. Y que alguien bostece a su paso (eso que sea el ser humano tiene una capacidad infinita para rutinizar prodigios). También imagino a alguien bostezando, devorado por lo prosaico, en una casa de cristal construida en un anillo de Saturno.

        Progreso. Una asociación mental casi mecánica nos lleva a reflexionar sobre el progreso “tecnológico” o “científico”. ¿Hasta dónde puede llegar esa magia baconiana? ¿Qué nuevas esencias -en sentido aristotélico- vamos a ser capaces de crear con la materia que nos es dada?

        Otro progreso: el de las sociedades humanas (países desarrollados/no desarrollados). ¿Cómo se mide eso? ¿Está más desarrollado un ejecutivo de Cocacola que un cazador-recolector del paleolítico? ¿Por qué? ¿De qué se trata con todo eso del “desarrollarse”? ¿Hacia qué vamos?

       Y otro: el progreso personal. ¿Hacia dónde debe progresar el ser humano para alcanzar su plenitud? ¿Cabe progreso personal en una sociedad sin progreso?

        Hemos de suponer que creer en el progreso es creer que puede aumentar -progresivamente- el número de personas felices en la Humanidad. Y también, la profundidad y la “calidad” de esa felicidad. Pero, ¿es buena tanta felicidad? ¿O es que hay algo mejor que la felicidad? Quizás sí: la libertad, la creatividad, la admiración, el estupor maravillado ante el baile de Maya.

       Pero, en cualquier caso: ¿qué es lo que progresa en el progresar humano (en previsión de que en algún momento ya no podamos seguir sosteniendo el universal “humano”)? ¿Cabe hablar de un progreso en Dios? Sí. Escoto Erígena, entre muchos otros pensadores, imaginó -sintió quizás- la posibilidad de que Dios recorriera una especie de odisea metafísica hasta llegar a su plenitud.

        ¿Hay opción para no progresar? ¿Hay opción para regresar a modelos de sociedad y de moralidad como, por ejemplo, los que parecen ofrecer los textos clásicos de la Grecia Antigua?

        En mi conferencia, tras la introducción que acabo de resumir, me ocuparé de lo pensado por estos autores:

        1.- Kant y la mayoría de edad de la Humanidad. Schopenhauer y su rechazo al progreso -cualquier forma de plenitud humana- en el mundo (en lo que se presenta dentro de la maquinaria psíquica kantiana).

        2.- Marx, Lenin y la Escuela de Francfort. El caso de Noam Chomsky: las sociedades deben posibilitar un elemento fundamental de la naturaleza humana: el ejercicio de la libre investigación, del pensamiento, del trabajo creativo… ¿Actualizarnos en cuanto filósofos? En este video se puede contemplar un precioso espectáculo de inteligencia humana (la del propio Chomsky dialécticamente encendida gracias a la de Foucault):

       

       

        3.- Leo Strauss. Leeré algunos párrafos de la obra Rebirth of Classical Political Rationalism. An introduction to the Thought of Leo Strauss (Chicago University Press, Chicaco, 1989). Este texto lo ha editado en español Paidós (traducido por Mario Eskenazi) con una interesante introducción de Josep María Esquirol.

        4.- Francis Fukuyama. Este pensador primero habló del fin de la Historia (que él creyó simbolizado en la plenitud del capitalismo norteamericano). Luego dijo que se había equivocado (eso que sea la Historia no para de crear). Y de sorprender. Y es posible -aunque según Fukuyama también evitable- que la ciencia ponga fin a eso que sea el ser humano ( y no de forma violenta). Merece ser leída su obra Posthuman Society, editada en España por Ediciones B y traducida por Paco Reina.

        A partir de estos textos y autores intentaré compartir algunas ideas personales. Sé que quizás estoy siendo demasiado reiterativo, pero es muy importante que quede claro que lo que ofrezco aquí son, por el momento, esbozos, primeras notas. Ahí van los esbozos:

        1.- La gran pregunta es si el ser humano puede o no intervenir en las cadenas causales que, según los materialistas, mueven todo. Si no hay libertad, lo más que cabe esperar es que esas cadenas deterministas nos ofrezcan momentos de felicidad creciente para un número creciente personas y de sociedades (el presupuesto básico del progreso humano).

        2.- Tanto los que creen en el progresismo (todo lo pasado fue peor y lo nuevo -lo “moderno”- es bueno de por sí), como los que anhelan la restauración, o la conservación, de ideales pretéritos (como sería el caso de Leo Strauss), se mueven hacia algo: hay una Idea [véase] que imanta su acción y su corazón. Avanzan hacia algo. Y ese algo es un constructo poético [véase Poesía]. Las disputas políticas son disputas poéticas. Ganará -moverá más mentes y cuerpos- el político que ofrezca más posibilidades de soñar.

        3.- Se progresa o no hacia algo: hacia una idea de hombre y de sociedad -de cosmos en realidad-. Una idea previamente encarnada en nuestra mente por obra de algún poderoso Verbo (humano o no humano). Volveré sobre las reflexiones que expuse en estas conferencias: Belleza, Idea, Cosmos y Poesía. Cabría decir -con Platón- que todo se mueve arrastrado por amor hacia una Idea. Progresar sería reconfigurar lo real para acercarlo a lo ideal.

        4.- El progreso presupone Tiempo. Si, con Kant, y no solo con él, negamos la existencia del Tiempo más allá de eso que sea la psique humana, nos vemos obligados a hablar de algo así como un progreso (cambios sucesivos hacia plenitudes) en nuestra conciencia: en nuestras propias secreciones mentales. Así, la sociedad, el cosmos entero, progresarían dentro de nosotros. ¡Qué lugar prodigioso somos! Aunque no sepamos en realidad lo que somos…

        5.- El progreso también presupone carencia previa; esto es: la descripción de un estado de pre-plenitud. Cuesta llevar nuestra imaginación hasta el cielo tecnológico (por cierto: el cielo, como el infierno, es un lugar donde ya no hay esperanza). ¿Qué cielo espera alcanzar la ciencia de Francis Bacon? De pronto imagino algo así como una red de magos sin materia condicionada (natura naturata), creando, siendo lo que quieran ser en cualquier universo posible, e imposible. Felices, si quieren. O infelices. ¿Es esa una sociedad absolutamente tecnológica y libre? ¿No será eso lo que está ya pasando detrás del velo de lo fenoménico?

        6.- ¿Y si ya se hubiera progresado del todo? ¿Y si la iluminación consistiera en sentir/saber que ya se tiene la plenitud absoluta? ¿Hay algo más que pueda ofrece el progreso científico y político de lo que ya se siente en un estado de meditación profunda? Quizás sí: el Arte; y amar a “lo  otro” (aunque sea un hechizo de Maya). Me refiero a los niños, a la Naturaleza… a los cuerpos y los corazones de otros seres humanos, y también de otros seres no humanos: amar la vida en definitiva: amar a Maya. Al precio que sea, como diría Nietzsche.

        7.- Recuperándonos del abismo meta-filosófico de la Mística, ya con los pies en la sólida tierra de Maya, cabría preguntarse por el tipo de sociedad, por la idea de belleza social, a la que debemos tender (y que debemos plantar en el precioso huerto del alma de nuestros hijos). Aristóteles pensó que el ser humano se actualiza en cuento tal -alcanza su plenitud esencial- cuando filosofa. Algo similar afirma Chomsky en el video que he insertado en estos párrafos. Yo también lo creo. Y lo veo cada día.

       8.- Quizás cabría medir el progreso de una sociedad por el brillo de los ojos de sus miembros. Yo he visto un brillo muy especial -sublime realmente- en los ojos de las personas que practican la Filosofía; la Filosofía radical: esa que se atreve a mirar y a pensar – y a amar incluso- la inmensidad que somos y que nos envuelve. También veo eso brillo en los niños. No en todos, desgraciadamente. Bochornosamente. No hay progeso posible que no considere prioritaria la risa y la ilusión de los niños.

        Sentido del humor y sentido del amor.

        Creo que hay que apostar por una sociedad de filósofos; de filósofos capaces de amar (y de reír y de soñar y hacer soñar); que sería como decir que  hay que apostar por una sociedad de seres humanos plenos. Aunque quizás esa plenitud lleve implicita la posibilidad de autoconfigurar su cuerpo -su parte visible- y convertirse en un centauro: un centauro-filósofo capaz de galopar, con los ojos encendidos de Metafísica, por un prado infinito.

        Si ese futuro centauro es capaz de filosofar, de amar y de soñar (y de hacer soñar)…  llevara entonces a un ser humano dentro: será un ser humano. Si no, ya sí habrá ocurrido el fin del hombre.

 

        David López

        Madrid, 3 de mayo de 2010.

 

       


Mar 22 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 22 de marzo de 2010: “Magia”.

 

          Magia.

          Es la bailarina que dice lo que hacen todas las bailarinas lógicas: es la que les da sentido y aliento.

          En la pasada conferencia expuse mi convicción de que Materia, Magia y Maya son nombres para la misma bailarina. Recordemos que el símbolo Hyle permitía en la antigua Grecia comunicar y compartir un concepto –una forma de mente- similar a lo que en español, ahora, provocan los símbolos “madera”, “madera cortada para construir algo”.

          En la Materia se hacen cosas: es moldeable: es un cuarto de juegos para niños, como creyó el gran poeta Novalis.

          Pero, ¿cómo se moldea? ¿Qué hay que saber para manipularla, para hacer de ella lo que uno quiere? ¿Realmente se puede hacer algo –ser creativo- o lo que ocurre es lo único que puede ocurrir, lo único que permiten unas leyes “naturales” eternas, inmutables, susceptibles, como mucho, de ser utilizadas como ellas lo permiten?

          Francis Bacon fue uno de los más importantes profetas de eso que a sí mismo se bautizó como “ciencia moderna”. Dijo que a la naturaleza se la podía manejar obedeciéndola. Una interesante teoría sobre la Magia, sobre cómo hacer que ocurra lo que yo quiero.

          Pero, ¿y si estuviera ocurriendo ya lo que yo quiero… desde un “querer” que no puedo conocer desde este nivel de conciencia?

          Los cientistas-materialistas… ellos se ríen de la Magia –de otros tipos de Magia. Pero, si el hombre es algo que le pasa a la materia, y su pensamiento también, ¿cómo hace la materia para manejarse a sí misma, para hacer teléfonos móviles más o menos atractivos, con qué criterios, con qué libertad, con qué creatividad?

          Hace dos años impartí en Ámbito Cultural un curso –de diez meses- titulado “Filosofía, Mística y Magia”. En él quise compartir una sensación que, con el tiempo, ha aumentado su potencia. Es ésta: lo serio, lo serio de verdad, es la Magia.

          No creo que lo que hay sea lógico, ni si quiera objetivo y cognoscible. Lo que hay, aquí, y lo que pasa en todo lo que pasa, es Magia: una imaginación muy poderosa hace cosas.

          Y lo hace desde la libertad –aseidad- y la omnipotencia.

          Llevo varios años estudiando el funcionamiento de la Magia en la Metafísica de Schopenhauer. No se me escapa que estoy muy influenciado por los tesoros que estoy encontrando en mis ya miles de horas de buceo por el fondo de los mares de palabras que segregó ese gran filósofo.

          Inauguré esta página en internet con una traducción personal del Sex Puncta Mystica de Böhme. Debo agradecer a Schopenhauer este hallazgo.

          Para compartir mi sensación de que la Magia es lo serio -lo que está pasando de verdad ahora mismo, lo que no podemos olvidar jamás- creo que puede ser útil seguir este orden:

          1.- ¿Qué concepto podemos atribuir al signo “Magia”? Schopenhauer y su opúsculo Magnetismo animal y magia. Leeré en este apartado mi traducción de Sex Puncta Mystica (Jakob Böhme).

          2.- Breve historia de la Magia “occidental”. Los “magos de Oriente” que visitan a Jesús (que es otro mago). El Hermetismo. El Renacimiento (Marsilio Ficino deja a Platón y traduce textos mágicos para Cosme de Medici). Agrippa von Nettesheim. Paracelso. Distinción entre magia natural y magia sobrenatural; y entre verdaderos y falsos magos. La Ciencia moderna como Magia natural y verdadera.

           3.- El romanticismo alemán y su relegitimación de la magia. Novalis: leeré algunos textos escritos por este profeta de la flor azul y lo relacionaré con la propuesta cósmico-artística de Nietzsche.

          Terminaré mi conferencia exponiendo mis propias ideas (¿creencias?):

          1.- Ya he afirmado en otros textos que creo (siento, compruebo cada día) que somos magos, siempre magos, conscientes o no: magos en red que forman prodigiosas algas lógicas (Ver “Humanidad”).

          2.- Una de las varitas mágicas más poderosas que utilizamos es la palabra, el Logos (ver). Realmente podemos entrar en nuestra mente, o en la mente de otro, y provocar una Creación, un nuevo Génesis, y también un Apocalipsis. El mundo es algo que le pasa a nuestra mente, y la mente es moldeable sin que se rompa, sin que se pierda su cordura. También cabe llevar un cielo azul a otra mente, desde la nuestra, en silencio.

          3.- Creo que la Magia nunca funciona por lo que una teoría dice que funciona. Las explicaciones son siempre erróneas porque su fuente es sistémica (mental/neuronal si se quiere). Y la magia toma su fuerza de lo que no puede ser reducido a sistema. Si el Mago manejara leyes de la “Naturaleza”, o la “Mente” –es igual el eufemismo que queramos usar- ya no sería Mago: porque no sería libre ni creativo: seria un muñeco causal, una nada mecánica.

          4.-La gran cuestión (absurda cuestión por cierto) es quiénes/qué somos en cuanto Magos… qué hay en el fondo de nuestro personaje, de nuestros disfraces y caretas, configurando realidades, moviendo el argumento de eso que llamamos “la vida”. Schopenhauer dijo que somos el secreto director de la gran obra de teatro del mundo. Sospecho que tenía razón.

          Debajo de la fecha de este texto he incluido una breve bibliografía. Supongo que son los textos básicos que, al ocuparme de la Magia, están operando en algo que quizás podría denominar mi “subconsciente filosófico” .

          Estas frases las preside una imagen que yo capturé en mi universo -en eso que sea lo que se presenta en mi conciencia-. La verdad es que me es irrelevante si eso que hay ahí es fruto de una imaginación prodigiosa –el deseo de un ser Omnipotente que es capaz de fabricar algo así con la nada para luego autoinoculárselo en su conciencia infinita-; o si es “Magia ciega” (pura materia legalifore: átomos, energía, quarks, leyes, etc.)

          La imagen la tomé con mi móvil una silenciosa mañana de invierno.

          Son mis hijos.

          No sé si tengo que dar las gracias a Dios -el Gran Mago-, a mi yo profundo mágico (Atman-Brahman) o a la Materia esa capaz de fabricar, mecánicamente, un cerebro capaz de ver algo así.

          Me es igual.

          Gracias.

 

          David López

          Sotosalbos, marzo de 2010.

       

        Bibliografía básica de la conferencia:

          Copenhaver, B.P.: Corpus hermeticum y Asclepio,  Siruela, 2000. 

          Cornelio Agrippa, E.: Filosofía oculta (Magia natural), Alianza editorial, 1992. 

          Novalis: Escritos escogidos, Visor, 1984.

          Novalis: Philisophical Writtings (trad. y edic. de Margaret Mahoney), State University of New York Press, 1997.

          Paracelso: Textos esenciales (edición de Jolande  Jacobi),  Siruela, 2001.

          Schopenhauer, A.: Sobre la voluntad en la naturaleza (En español disponemos de una muy deficiente traducción realizada por Miguel de Unamuno). Está editada en la actualidad por Alianza editorial. Recomiendo en cualquier caso su lectura, y en especial el capítulo titulado “Magnetismo animal y magia”.

          Yates, F.A.: Giordano Bruno y la tradición hermética, Ariel, 1994.

 


Mar 15 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 15 de marzo de 2010: “Matemática”.

          Matemática.

          ¿Por qué me produjo siempre tanto rechazo esta bailarina?

          Recuerdo aquellas pizarras oscuras como universos sin estrellas y sin almas en las que los profesores dibujaban la antítesis del olor a lilas que, en mayo, salvaba mi colegio.

          Recuerdo mi estupor ante aquellos cadáveres de tiza que bailaban, disciplinados, patéticos, fieles a un dios oculto y despiadado que castigaba a los impíos con un verano sin piscina infinita.

          Yo siempre me salvé de esa condena, no por devoción, sino por instinto de supervivencia: de supervivencia de mis sentidos y de mi imaginación.

          La Matemática.

          ¿Es la ciencia de lo real de verdad? ¿Estamos en algo sometido a leyes simbolizables matemáticamente? ¿Existen los entes matemáticos más allá de la razón puramente humana? ¿Lo que ocurre es solo lo que permite la Matemática que ocurra? ¿Cómo podemos fundamentar la propia Matemática?

          Dijo Einstein que en “la medida en que las proposiciones matemáticas se refieren a la realidad, no son ciertas, y en la medida en que son ciertas, no son reales”.

          ¿Entonces?

         Matemática. Matemáticas…

          Decían mis profesores que eran imprescindibles y que a ellas -¿ellas, en femenino?- les debíamos las delicias de nuestra tecnología: los puentes, la luz artificial que alumbraba aquellas aulas, los aviones, los coches, los satélites que miraban a la pizarra sin fondo del universo… Pero no recuerdo que nadie me hablara de la música, o puede que sí lo hicieran, pero también sin vida. Y quizás por eso mi cerebro, que solo quiere fertilidad, lo haya olvidado.

          Dicen las leyendas de la historia de la Filosofía que en la puerta de la Academia de Platón había un cartel que decía:

          “¡Que no entre quien no sepa geometría!”

          Yo no hubiera entrado. Nunca. No sé geometría. Pero esta frustración hubiera sido mayor si ese requerimiento lo hubieran establecido Tales de Mileto, o Nagarjuna, o Eckhart, o Nietzsche, o la propia María Zambrano, que, ante mi asombro –mi asombro por ignorancia- terminó por ubicarse en la tradición órfico-pitagórica: los devotos de los números.

          Para Leibniz la Música era un inconsciente ejercicio de Matemáticas. Schopenhauer no estaba de acuerdo: la Música, para aquel Nietzsche al revés, era una forma de filosofar.

          Y es que para Schopenhauer la Música expresaba mejor que la Filosofía la esencia del mundo (la esencia del infierno, pues este mundo es el mal… Una sublimación del mal, podríamos decir, que ofrecería paraísos sensitivos en el infierno).

          Octavio Paz, el embajador-poeta, definió la Poesía como una mezcla de pasión y cálculo. Esta reflexión me recuerda la bailarina “Infinito”, donde sentí que no cabe imaginar existencia sin límite: un cosmos –eso que hace posible que algo sea algo en algo- requiere un aparato matemático: un sistema de límites que dibujan y desintegran bailes y bailarines en el magma de la Materia.

          ¿Es un Logos -un Verbo- la Matemática? María Zambrano sintió que estaba antes el ritmo-la Música- que la propia palabra. Sería así quizás la Matemática el fondo, el esqueleto inerte pero dinámico, mutante, de ese fuego consciente, hiperregulado e hiperregulador, del que habló Heráclito.

          Pero para mí la Matemática –esa osamenta de la Música- ha sido siempre lo contrario: traía el infierno a mi mundo sin infiernos (eliminaba su color y su calor: lo empequeñecía, le quitaba fecundidad y posibilidad). ¿Por qué? Intentaré entenderlo, espero, mientras preparo esta clase sobre las Matemáticas.

          Y creo que me será útil ordenarme –matematizarme- así:

          1.- Cuestiones básicas de la filosofía de la Matemática: la naturaleza de los entes matemáticos; la fundamentación de la Matemática; relación entre la Matemática y las ciencias en plural; la relación entre la Matemática y la realidad.

          2.- El gran descubrimiento de Galileo. La gran lucidez de Berkeley.

          3.- Leibniz, Schopenhauer y la Música.

          4.- María Zambrano y “los números del alma”. Leeré algunos párrafos de El hombre y lo divino. Y haré referencia a un precioso ramo de lilas que acaba de publicar Clara Janés: María Zambrano (Desde la sombra llameante), Siruela, 2010.

          Y concluiré mi conferencia compartiendo algunas reflexiones personales (y provisionales):

          La Matemática simbolizaría la Música de fondo que mueve un determinado cosmos. En cualquier cosmos –en cualquier Maya- todo ocurre conforme a una Música, que es un sonido –un latido caliente- que proviene de un corazón. Un corazón vivo, o al menos ansioso de vida.

          Si me dejo arrastrar por el autohechizo lógico anterior –y me voy a dejar- llegaría a la conclusión de que la Matemática expresa los latidos del corazón de un Dios (Dios entendido, claro está, como “Dios lógico”).

          Razón tenían –solo razón- los que querían enseñarme a bailar Matemáticas. Son útiles. Recordemos la “Materia”: esos leños para construir cosas, que se sujetan juntos si quien los coloca sabe de baile. En caso contrario los constructos de leños se desmoronan. Y estamos aquí para construir; porque quizás, como vimos con las palabras “Aufhebung” y “Fe”, estamos involucrados en una gigantesca y prodigiosa construcción.

          Al ocuparme de la palabra “Logos” confesé mi fascinación, y mi amor incluso, hacia el Logos –el orden- que me rodeó y me sustentó tras una noche en la que mi conciencia se vio arrastrada por viscosas cataratas de sueños, digamos, “metalógicos” (o “metamatemáticos”). Los sueños no parecen disponer de ese esqueleto bailarín y apaciguador que es la Matemática.

          Si la Matemática es símbolo del latido del corazón de un Dios -de un Dios con más carne que ningún humano-, entonces aquellos garabatos de tiza en las pizarras de mi infancia estaban aún calientes, por así decirlo, por la ilusión, y por la pasión, implícitas en cualquier Creación.

          Yo nunca supe ver que lo que el profesor pintaba en la pizarra podía ser, quizás,  lo que hacía posible el olor de las lilas (y quizás también la mirada furtiva de una niña rubia que incendiaba mi pecho en aquellas clases de Matemáticas).  

          Finalmente quisiera sugerir la posibilidad –ya teológica- de que quepan tantos sistemas matemáticos coherentes como Creaciones posibles en la mente de Dios (¿hay alguna imposible?).

          Los que sepan de Matemáticas quizás piensen en David Hilbert.

          El infinito puede ser finitizado –musicalizado- de infinitas formas. La Matemática sería una Música que pondría en movimiento una finitud, y que regularía sus posibles mutaciones. Pero lo haría desde dentro de un pecho: ese que quiso que existiera un mundo donde hubiera lilas y miradas incendiadas y cielos como pizarras.

          Si Dios es un matemático, es sin duda un matemático apasionado; es decir: un músico.

          David López

          Sotosalbos, marzo de 2010.


Nov 23 2009

Escuela libre de Filosofía. Conferencia del 23 de noviembre de 2009: “cultura”.

sid-vicious1                               

 

         En esta conferencia me ocuparé de eso que haya detrás de la palabra “cultura”. Y para ello me apoyaré en la poderosa imagen que aparece en el cielo de estas frases. La persona que sangra en ella se quiso llamar Sid Vicious. Murió con 21 años, como consecuencia de una sobredosis de heroína. Tocaba el bajo en un grupo que es ya parte del canon occidental: los Sex Pistols.

         Sí. Es sangre lo que brota de su boca. Y también lo que se adivina en los surcos de su carne cultivada. Estamos, me parece, ante lo que Simmel denominó “espiritualidad objetivada”.

         Para mí, lo que sangra en esta imagen es un mártir lógico (mártir de un logos; un logos feroz en este caso: el logos punk). Aunque probablemente todos los logos sean feroces, si es que no quieren ser nada, otra vez, en la nada que les circunda, les amenzaza y les constituye.

         Ortega dijo que la cultura es un movimiento natatorio, un bracear del hombre en el mar sin fondo de su existencia con el fin de no hundirse. Pero también dijo que “el hombre se pierde en su propia riqueza, y su propia cultura, vegetando tropicalmente en torno a él, acaba por ahogarle”.

         Incluso en sangre.

         Ferrater Mora habló de la idea de “cultura” como cultivo de capacidades humanas y como el resultado del ejercicio de esas capacidades según ciertas normas.

         Pero, ¿qué significado hemos pactado, oficialmente, para la palabra “cultura”? El primer significado que establece la Real Academia es, precisamente, “cultivo”. Y si leemos cómo comienza la redacción del significado de “cultivo” nos encontramos esto: “Cría y explotación de seres vivos con fines científicos, económicos o industriales”.

        

         ¿Es la cultura algo que somete, que explota, al ser humano culturizado? ¿Cabe tomar distancia de una cultura, mirarla como desde fuera? ¿Es la cultura un fenómeno exclusivamente humano? ¿Es la cultura superior a la natura? ¿Existe algún grupo humano sin cultura?

         Intentaré enfrentarme a estas cuestiones en mi conferencia siguiendo el siguiente orden:

 

         1.- “Cultura” y “naturaleza” en la filosofía griega: las reflexiones de los sofistas.

         2.- “Cultura” y “naturaleza” en la filosofía china: taoísmo versus confucianismo.

         3.- Chantal Maillard: “cultura” como ritmo. Haré referencia a su libro Adiós a la India. Mis sensaciones sobre esta obra las expreso en la sección de críticas literarias.

         4.- El cerebro humano como hábitat de la cultura. Haré algunos comentarios sobre el libro de Jesús Mosterín que lleva por título La cultura humana (También incluido en mi sección de críticas literarias).

         5.- La cultura punk y, en concreto, el fenómeno de los Sex Pistols. Me interesa especialmente la religiosidad –el misticismo incluso- de este importantísimo movimiento cultural que brotó en el inefable siglo XX. Y, también, su vehemente esteticismo: su iconoclastia convertida en iconofilia; en ritualización, y sacralización, del Apocalipsis del Occidente moderno.

 

         Finalmente compartiré con vosotros mis propias ideas. Son éstas (y están todavía en construcción):

        

         “Cultura” es un verbo, una acción. De ese verbo se derivaría el sustantivo “culto”. Sostendré que ser culto es estar cultivado, explotado por un logos: cegado: aniquilado. Y sugeriré la distinción entre ser culto y tener cultura. Incluso sugeriré –desde Nietzsche- la idea de que cabe crear cultura: nuevos valores: nuevos mundos.

         Una cultura es una forma –entre infinitas posibles- de mirar y de interactuar –de nadar- , colectivamente, en el infinito. En el caos. En la nada. Para ello, obviamente, hay que mantener un nivel de conciencia en el que siga activado el principio de individuación. Y en el que se siga dejando bailar a las Mayas.

         Cosmos” y “cultura” son lo mismo.

         La foto que ocupa el cielo de estas frases refleja un punto de conciencia –un “ser humano”- que vibra de amor, de amor absoluto hacia una idea, dentro de una cultura (el cosmos punk). Estamos ante un místico –un místico lógico, no silente- que ha permitido que la divinidad lógica a la que rinde culto se encarne en él: que “le sea” entero. Y no sólo eso: ha permitido también que esa cultura le convierta en un “objeto cultural”.  Y que le exponga.  Y que le venda.

         Este curso trata sobre “bailarinas lógicas”. Ahora tenemos delante a una bailarina que no solo suda con su baile cósmico, sino que también sangra: deliberadamente, porque quiere morir, morir  bailando y cantando (mejor dicho: gritando enfurecida). Y con ella sangra y baila y grita una civilización entera (un tejido de culturas compatibles): eso que a sí mismo se denominó “cultura occidental”.

         Quiero terminar estas frases confesando el esfuerzo de autovigilancia que me he impuesto. Y es que podría haber ocurrido que, para mis fines de reflexión metafísica, yo hubiera convertido a Sid Vicious, y a los Sex Pistols, en exóticas mariposas lógicas. Y que, sentado en mi despacho, hubiera jugado con ellas como un niño-filósofo caprichoso y despiadado. Ya nos advirtió María Zambrano contra los “infiernos de la luz”. Por eso he elegido, entre todas las imágenes que de aquellos religiosos punk ofrece internet, la que me ha parecido más “grave” (en sentido religioso): más capaz de mostrar en toda su pureza, en todo su ciego temblor, una cultura encarnada: un “hombre-cultura”: un cultivo de carne y de sangre humanas.

         Un hombre crucificado en un logos; que se merece respeto. Mucho respeto.

 

 

 

         David López

         Sotosalbos, noviembre de 2009.

        


Oct 3 2009

Escuela libre de Filosofía. Conferencia del lunes 5 de octubre de 2009: “Belleza”.

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         He elegido esta imagen parcial del David de Miguel Ángel porque muestra algo terrible y prodigioso a la vez: el poder de la belleza. El poder de arrastrar. Con crueldad quizás. Creo que ahí, en ese bellísimo rostro de piedra blanca, se explicita toda una metafísica.

         Dijo Rilke que la belleza es el comienzo de la tragedia. La belleza puede arrastrar a la muerte estética: al no ser lo que se era para sólo ser ya lo que se observa. Recordemos Muerte en Venecia, la fabulosa novela de Thomas Mann, que fue llevada al cine magistralmente por Luchino Visconti: la belleza de un muchacho es suficiente para arrancar de la vida a un observador.

         ¿Qué es la belleza? ¿Qué es lo bello?

         En uno de los más famosos diálogos de Platón –en el Hipias mayor (287d)- Sócrates deja muy bien planteada la pregunta:

 

         HIP.- ¿Acaso el que hace esta pregunta, Sócrates, quiere saber qué es bello?

         SÓC.- No lo creo, sino qué es lo bello, Hipias.[1]

 

         Pero el diálogo entre Hipias y Sócrates no da respuesta a esta pregunta. En otro de los diálogos platónicos –El Banquete- lo bello parece ser lo que activa el impulso erótico (el amor). Y el ser humano, según va contemplando niveles superiores de belleza, va ascendiendo, encendido de amor, por una escalera que le permitirá acceder a la Belleza (lo bello) en sí: algo sin forma, eterno, sin ningún equivalente con ninguna imagen sensible. Y de eso participa, en mayor o menor medida, cualquier cosa bella para ser tal. La belleza según Platón es una idea, una idea-imán podríamos decir, que mueve al hombre hacia las alturas: algo sin forma que, enamorándole, saca al hombre del mundo de las formas temporales y le devuelve al mundo de las ideas eternas.

         Se suele decir que la belleza, a partir de Platón, ha sido tratada filosóficamente desde dos perspectivas antagónicas: a) la platónica: la belleza, lo bello, es en sí –algo independiente de cualquier subjetividad-; y b) la antiplatónica: lo bello es un calificativo que surge de la subjetividad humana y, por lo tanto, es relativo. Creo que es empíricamente  constatable que el mundo se enciende de belleza cuando nos enamoramos, o cuando nos hacemos una limpieza de colon, o cuando nos liberamos de un rencor. ¿La belleza está en el observador o en lo observado? ¿Son acaso cosas distintas? Pero, en cualquier caso, ¿por qué es bello lo bello? ¿Qué contiene? ¿Por qué es tan maravilloso?

         Antes de exponer la mía propia, haré un recorrido por algunas de las concepciones sobre la belleza que más me han sobrecogido:

 

-         Poemas japoneses a la muerte. Leeré el que escribió Daido Ichi´i en 1370.

-         Hegel. Leeré algunos párrafos que este filósofo dedicó a la idea de lo bello en su obra Vorlesungen über die Ästhetik [Lecciones sobre la estética], a partir de la traducción de Manuel Granell (Espasa Calpe, Madrid, 1946).

-         Schopenhauer. Explicaré su visión de la contemplación avolitiva, la cual, según este filósofo, ofrece una muestra de lo que nos espera cuando ya no nos esclavice el deseo de estar en este mundo.

-         Nietzsche. Haré algunos comentarios en torno a su concepción sobre lo apolíneo y lo dionisíaco.

-         Simone Weil. Traeré una cita suya capaz de herirnos de belleza: “La belleza del mundo es la sonrisa de ternura de Cristo hacia nosotros a través de la materia”.

 

         ¿Cómo voy a exponer mi propia visión filosófica sobre la belleza?

         En primer lugar compartiré con todos vosotros algunos momentos en los que he sufrido ante la contemplación de un exceso de belleza: momentos en los que algo que no era exactamente yo se extasiaba dentro de mis ojos, y de mi mente, y de mi corazón: y se revolvía, apoteósicamente, como si aquello que yo miraba fuera suyo, su obra, o su propio ser objetivado… y como si ya, ya por fin, todo tuviera sentido; como si ya, por fin, todo sufrimiento hubiera merecido la pena.

         Esto me llevará a considerar la posibilidad de que efectivamente haya niveles de belleza crecientes, ascendentes, y que la muerte –o la Mística, que es lo mismo- sean el peldaño final.

         ¿Hacia qué? ¿Hacia una idea de Belleza, como la de Jesucristo  por ejemplo, que sonríe -según Simone Weil- a través de la materia?

         Si la belleza es una idea (Platón-Hegel), o un foco de atracción (un Dios inmóvil pero subyugante, que todo lo mueve, como el de Aristóteles), cabría decir que cada mundo, cada creación, tiene la suya, como un algoritmo; o como un arquetipo que se regocija en sí mismo cuando se siente actualizado.

         Y cabría imaginar que todos esos mundos, ya actualizados en su idea de belleza, podrían ser visualizados, juntos, como una fabulosa sinfonía de bellezas: ver eso –si cabe desde la finitud- sería ver lo que ve “Eso” de lo que salen todos los mundos y todos los dioses… usando -es un decir- los infinitos ojos en los que se autodifracta.

         Ver eso sería verse. Simplemente verse.

         Por último, en mi conferencia, me referiré al concepto de lo sublime en Kant: un placer estético negativo que se alcanza por la contemplación de lo que es hostil, e incontrolable, por la inmensidad y la inhumanidad de su poder. Me refiero a un océano nocturno y tempestuoso tratando de digerir un puerto pesquero; o a un glaciar de luz azul, asimétrico y letal, rompiendo en silencio montañas y hombres; o, si elevamos nuestra cámara, al infinito caos donde a duras penas sobreviven los cosmos.

         Eso es lo que contemplamos, estupefactos, maravillados, cuando nos atrevemos a filosofar en serio. Ahí, en esa nada caótica, hiperfértil, genésica y apocalíptica, ahí, bailan nuestras bailarinas; esto es: las realidades/los mundos/las Mayas/las palabras en definitiva.

         La Belleza Absoluta, para mí, es lo que le ocurre a la mente si es capaz de pensar estas enormidades. Y lo que le ocurre al corazón si es capaz de amarlas. 

 

 

        

         David López

            Sotosalbos, octubre de 2009.

 

                                                                

 

[1] Platón: Diálogos, Hipias Mayor (traducción de Julio Calonge), Gredos, Madrid, 1981.