Jun 28 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 28 de junio de 2010: “Universales”.

 

        “Universales”. Es una palabra que nombra un problema filosófico: una preciosa tarea para el pensamiento. Algunos filósofos, como Cassirer, consideraron que el problema de los “universales” es un pseudo-problema. ¿Cuál es ese problema que quizás ni siquiera exista?

        Pues, una vez más, las dichosas palabras (nuestras bailarinas mágicas). ¿Existe, más allá del lenguaje, eso de “flor” o “agua” o ”dinosaurio” o “cuatro” o, incluso, “hombre”? Platón intentó introducir en el pensamiento humano la certeza de que existen las ideas en sí, con independencia de que sean o no pensadas por los hombres y registradas o no en los lenguajes de los hombres. Schopenhauer, milenios después, al dibujar su modelo físico y metafísico, no supo muy bien dónde ubicar esos escurridizos seres platónicos.

        No les gusta a las bailarinas lógicas que las toquen. Ellas están para bailar y hechizar: para que haya algo en lugar de nada, y para propiciar estupor maravillado.

        San Pedro Damián (1007-1072) afirmó en su obra Sobre la perfección monástica que los estudios gramaticales los había iniciado el Diablo. Quizás tuviera razón: el lenguaje podría ser más de lo que imaginamos. Algo divino (creador de nuestro ser y del ser del mundo entero). Así lo creyó Ibn Arabi, cuya imagen sobrevuela estas notas.

        Creo que el tema de los universales tiene un interés extraordinario: agranda la mirada, la libera, la abre a otros mundos, y propicia la irrupción en nuestra conciencia de lo inefable (de lo divino si se quiere). La meditación requiere un silencio total: un silencio que desactiva los universales, que diluye la aparente división del mundo en “cosas” recortables en virtud de sustantivos. Ese es el Gran Silencio desde donde es posible sentir lo que hay (o desde donde “lo que hay” se siente a sí mismo).

        Antes de exponer algunos apuntes y vértigos personales sobre los universales, trataré los siguientes temas:

        1.- El estatus ontológico de los universales: cuál es su tipo de existencia. La traducción que Boecio realizó al Isagoge de Porfirio.

        2.- La solución realista: universalia ante rem. Guillermo de Champeaux (1170-1121): los universales existen antes que las cosas concretas -que el león concreto, que le ejecutivo concreto- pero su existencia es de otro tipo (no estarían situados en el espacio/tiempo). Referencia al mundo de las ideas de Platón.

        3.- La solución nominalista: universalia post rem. Roscelino de Compiegne (1050-1120): los universales son flatus vocis (emisiones de voz vacías, sin nigún valor semántico, no se refieren a nada). Sólo existen las cosas individuales. Referencia a Gorgias. “Conceptualismo”. “Terminismo”.

        4.- Posición intermedia. El realismo moderado. Pedro Abelardo (1079-1142): (desde Aristóteles) el universal es lo predicable de varios entes. No es, por tanto, una cosa. En realidad solo existen individuos compactos (materia con forma). En el proceso cognoscitivo se extraen aspectos aislados -color, tamaño, etc- que permiten encontrar similitudes entre individuos: rasgos comunes que permitirán hablar de especies (mujeres, nubes). Los universales como sermo, un razonamiento que surge a partir de unas abstracciones.

        5.- Epistemología del siglo XX: instrumentalistas versus realistas. ¿Las teorías científicas -esas redes coherentes de universales- describen lo que hay? ¿Existe, en sí, más allá de los cálculos, la ley de la gravedad? Popper: la palabra “agua”.

        6.- Noam Chomski: los universales lingüísticos.

       7.- Nietzsche. Fröhliche Wissentschaft [La ciencia alegre]. Aforismo 121: “Nos hemos construido un mundo a medida para poder vivir -suponiendo que hay cuerpos, líneas, superficies, causas y efectos, movimiento y reposo, forma y contenido. ¡Ahora nadie podría vivir sin esos artículos de fe! Pero no por eso quedan demostrados. La vida no es un argumento; entre las condiciones de la vida podría estar el error”. Aforismo 189:  “Es un pensador: esto quiere decir que es un experto en hacer las cosas más simples de lo que son”.

        Y estas son mis reflexiones, muy desordenadas todavía, muy necesitadas de tiempo:

        1.- El nominalismo es absurdo. No cabe hablar de leones concretos antes de que esté activada en la mirada el universal “león”. El león es el efecto de la interiorización de un universal: es consecuencia de una programación de la mente/la mirada.

        2.- Los universales son disciplinas de la mirada. Son tijeras metafísicas que recortan lo que se presenta ante la conciencia en aparentes individualidades que se repiten. Quizás sería mejor hablar de tijeras “ante-físicas”, apoyándonos en un lúcido neologismo de Ortega y Gasset.

        3.- Los universales no son anteriores ni posteriores a las cosas. Las “cosas” son palabras. Va todo en la misma frase. Tampoco sale de la frase la palabra “realidad”. El lenguaje no tiene palabra para nombrar lo que haya fuera de él.

        4.- El mundo mismo es una abstracción: es una especie de lámina donde se han pegado los recortables exigidos por la estructura de nuestros universales lingüísticos. Podríamos decir que el “mundo” (lo que parece que hay ante el observador humano), es lo que le pasa a lo inefable cuando es observado a través del filtro de las palabras. Si se pudiera mirar sin palabras, accederíamos al infinito. No veríamos “nada”, en el sentido de que no veríamos la concreción de ningún universal, ni presente ni futuro. Nos veríamos a nosotros mismos tal y como somos “en realidad”: sin forma, libres, omnipotentes, no legaliformes.

        5.- Toda “cosa concreta” es ya un universal: una serie de impactos sensibles, desplegados en un vector de tiempo, son luego agrupados en una unidad. Pensemos en una persona concreta (Juan, María): suponemos que es una cosa concreta, siempre, eso que se nos presenta, eso que vemos, pero en realidad experimentamos una pluralidad de impactos espacio/temporales que luego agrupamos en una unidad. ¿Cómo sabemos que es la misma cosa ese Juan de la playa, hace diez años, que el que ahora nos habla desde un despacho de abogados? Y es más, ¿cómo sostener la concreción (la multi-individualidad que sostienen los nominalistas) si tenemos presente que Juan es una manada de células individuales? ¿Y cómo podemos recortar a Juan en el magma meta-material que se vislumbra en el interior de los átomos?

        6.- Cabe preguntarse de dónde salen los universales (esas formas de finitizar el infinito). Una respuesta podría ser que surgen de nuestra adaptación al medio. El universal víbora me permite predecir el comportamiento de ese reptil y no cometer el error de acariciarlo, con ternura, cuando me lo encuentro bajo los cielos de Segovia. Podría decirse que una buena interiorización de la estructura de los universales me permite sobrevivir. Sí. Pero sería un grave error equiparar lo que hay con el dibujo de mundo que surge de mis necesidades de superviviencia biológica (de supervivencia en esta forma, en esta finitud). Recordemos el aforismo de Nietzsche (el 121 de la Ciencia alegre).

        7.- Más aún: yo mismo, mi yo, digamos “objetivo”, ante mi conciencia (esa caja que no veo pero que recoge todos los mundos), es un universal: “he” agrupado en una unidad millones de impactos y he creído que eso soy yo: las imágenes y sensaciones del cuerpo, los recuerdos, los pensamientos. Aquí cabría remitirse a Hume y al budismo. Y nos abismaríamos en esta idea del Maestro Eckhart: “yo he querido que exista Dios y yo mismo”.

        8.- Ya nos adentramos en la hoguera lógica de la Mística. Ya atisbamos lo que pasa si nos atrevemos a desactivar los universales. Ese es el objetivo de los koanes en el Zen.

        9.- Un artista, si es verdaderamente creador, sería capaz de incorporar nuevos universales a otras mentes que estén en red con la suya. ¿Cuántos universales son todavía posibles? O, lo que es lo mismo: ¿cuántos mundos son todavía posibles?

        10. Los universales son, a su vez, un universal (un género). Como lo es el universal “cosa concreta” o “individuo”. Aquí entramos en paradojas matemáticas. A las bailarinas lógicas, como a los magos, no les gusta ser contempladas desde demasiado cerca.

      

        Cabría decir, dentro de la prodigiosa cárcel de universales desde la que escribo, que hay algo descomunal, infinito, que fabrica, desde la omnipotencia y la libertad,  algo así como máquinas metafísicas para mirarse a sí mismo. Para mirarse/ o finitizarse/ o crearse. Es lo mismo. Las formas de aparente autofinitización de ese infinito serían eso que desde este mundo (desde este lenguaje) llamamos “universales”.

        Y la mente humana sería esa prodigiosa máquina metafísica: el taller de los mundos (si es que es solo ”humana” nuestra mente).

    

 

        David López

        Sotosalbos, junio de 2010.


Jan 11 2010

Escuela libre de Filosofía. Conferencia del 11 de enero de 2010: “Hecho” e “Historia” (primera parte).

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         Me ha parecido oportuno unir a estas dos bailarinas lógicas: “Hecho” e “Historia”. Pedirles que bailen juntas ante nosotros. Y lo van a hacer en dos tiempos, en dos conferencias.

         Creo que un significado básico de  “historia” podría ser “sucesión de hechos susceptible de ser incorporada a una narración”. Otro podría ser “estudio del ser de eso que se despliega, se articula, en hechos narrables”.

         En la primera conferencia trataré de acercarme a la palabra “hecho”. Y lo haré utilizando algunos materiales que nos ofrece eso que se ha llamado “Historia de la Filosofía” (desgraciadamente no dispongo de todos; ni dispondré nunca de ellos).

         Me gustaría reiterar que para ver –y para abrazar en lo posible- estas y otras palabras –a estas y a otras bailarinas lógicas- estoy nutriéndome de una preciosa, aunque gélida, galaxia lógica que me acompaña desde hace décadas: el Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora. Mando una sonrisa, desde aquí hacia allí: allí donde este filósofo pueda haber perpetuado su conciencia: allí donde pueda recibir mi agradecimiento.

         ¿Tenemos historia más allá de nuestra muerte –o de nuestra vida, de nuestra vida visible por otros aquí-? Algunas religiones creen que sí. O dicen que es paradisíaco creer que sí.

         Ortega y Gasset, en su introducción a las Lecciones de Filosofía de la Historia de Hegel, citó a Goethe así[1]:

         “Todo hecho es ya teoría.”

         Y aclara esta cita con un pie de página en el que afirma lo siguiente:

         “Hegel devuelve a los historiadores la acusación que estos dirigen a los filósofos de “introducir en la historia invenciones a priori””.

         Y sigue Ortega citando a Hegel:

         “El historiador corriente, mediocre, que cree y pretende conducirse receptivamente, entregándose a los meros datos, no es, en realidad, pasivo en su pensar. Trae consigo sus categorías y ve a través de ellas lo existente”.

         Pero tanto Ortega como Hegel, a pesar de su lucidez filosófica, creyeron en la historia en sí: en que efectivamente ha habido una concatenación de hechos concretos, independientes del hecho de ser o no pensados por un ser humano.

         ¿Qué es un hecho? ¿Qué es la historia?

         “¿Cuál es la textura ontológica de esta?”, se pregunta Ortega en esa introducción a la obra de Hegel.

         Y sigo yo preguntándome: ¿estamos ante un fenómeno puramente narrativo, un prodigio poético de descomunal influencia en los corazones de los humanos, o realmente hay algo objetivo que se ha desplegado y se despliega en ese misterioso río entre físico y metafísico que es el Tiempo?

 

         En mi conferencia me acercaré así a la palabra “hecho”:

         1.- El hecho como fuente de lo verdadero: “es un hecho”.

         2.- Tipos de hechos: humanos y naturales. Reflexiones sobre el principio antrópico, el dualismo hombre-materia y la libertad.

         3.- Wittgenstein: “El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas”.

         4.- El “hecho atómico” como relación entre cosas. Pero, ¿qué es una cosa?

         5.- Los cartógrafos de Borges. Baudrillard. Los “conspiranoicos”: el poder miente y manipula ubícuamente.

         6.- ¿Cuál es El Hecho Total: Eso (Esto) no parcelado con las tijeras de los universales? ¿Qué ha pasado siempre y pasa ahora y pasará siempre? ¿Pasa algo en realidad, en el sentido de acceder al ser y dejar de serlo?

 

         Después de abrazar a la bailarina “Hecho” -y sentir el temblor de su nada-  me acercaré a “Historia” (la cadena, el sumatorio ordenado de “hechos”) así:

          1.- Preguntas cruciales: ¿Existe la historia en sí, objetiva, más allá del pensamiento humano, más allá de la forma que tienen los lenguajes de recortar el infinito a través de los universales? ¿Es la historia humana un momento de la historia natural, un salto cualitativo en el devenir mecanicista que caracteriza a la naturaleza no humana?

         2.- Filosofía formal de la Historia y filosofía material de la historia.

         3.- Visiones de la historia: “causalidad en la historia”, “motores de la historia”, “fases de la historia”… “fines de la historia”.

         4.- El problema de la existencia del tiempo más allá de la mente humana.

 

         Finalmente expondré mi propia visión sobre la historia:

 

         Siento, en mi mente, que, sin faltar a la honestidad ni al rigor ni al equilibrio mental, cabe la propuesta de “modelos de pasado” absolutamente “otros” de los que ahora están canonizados socialmente: modelos, además, escrupulosamente respetuosos con los “hechos” e implacablemente coherentes con la lógica que exigen las colectividades científicas.

         Siento que la narración canónica actual está construida con espejismos como “Edad Media”, “Renacimiento”, “Oriente”, “Occidente”, “Progreso”, “Lucha de clases”, “Capitalismo”, “consumismo”, etc.

         Pero, a su vez, los “modelos de pasado” que van a irrumpir  estarán construidos con otros espejismos, otras palabras huecas pero poderosísimas. Y honestas.

         Lo “ocurrido” es inefable, infinito. Lo que ocurre también lo es. Pero hay que vivir en algún cosmos. No cabe existencia sin cosmos; y no cabe cosmos sin hechizos.

         Estas reflexiones son extensibles a lo que podríamos denominar historia vital de cada individuo pensante en un cosmos concreto. Sobre esta idea en particular me extenderé en la clase que el martes 12 de enero impartiré en la sede de la International Coach Federation.

         Allí propondré la posibilidad de embellecer la autonarración vital: ponerla al servicio de la vida, de la ilusión, de la fascinación…Considero que toda vida ofrece material suficiente para transmutarla en belleza. Y hacerlo, además, sin faltar a la verdad de los “hechos”.

         Esa posibilidad de transmutación poética de la propia vida podría ser considerada como una manifestación de nuestra condición de magos.

 

         La fotografía que he elegido esta vez muestra un simple abrazo. Es lo que siento que pasa cuando abrazo con las manos de mi mente a cualquiera de las bailarinas lógicas. Es terrible y maravilloso a la vez: se diluyen, muestran la nada de su carne de palabras: su piel de arco iris.

         Y es que la Filosofía tiene algo de terrible, pero también ofrece un erotismo extremo, cercano a lo divino: hay un momento en ese abrazo en el que siento que esa piel de arco iris que tienen las bailarinas lógicas palpita, suda, ama. Y la bailarina descansa un rato en los brazos de mi mente, agotada de tanto bailar, preparada para mostrar su no-ser: preparada para disolverse en el magma lógico de mis pensamientos.

         Pero, en verdad, el objetivo que me propongo en este curso no es disolver a estos seres prodigiosos, sino explicitar su gloriosa materia onírica, su poder genésico, su capacidad de inocular mundos en las mentes.

 

 

         David López

         Sotosalbos, enero de 2010.

 

[1] Hegel, G.W.F., Lecciones sobre filosofía de la historia universal (traducción de José Gaos, introducción de José Ortega y Gasset), Alianza editorial, Madrid, 1980.