Feb 10 2014

Pensadores vivos: Paul Davies

admin

Paul Davies en su libro The goldilocks enigma (Penguin, Londres, 2006) considera la posibilidad de que una fabulosa supercomputadora, ubicada en un universo real,  esté creando ahora mismo para ti, querido lector de esta página, eso que se te presenta como universo, como realidad, como vida, sin serlo propiamente. Y también se teoriza en ese libro la posibilidad de que una consciencia sea creada artificialmente (si que quede claro qué es eso de “consciencia”).

En cualquier caso: ¿Qué es “natural”? ¿Qué es “artificial”?

Una cascada de creaciones artificiales. Según Paul Davies una máquina -máquina- podría estar fabricando nuestro mundo; y, a la vez, desde este mundo, el ser humano podría fabricar máquinas conscientes, con una consciencia similar a la que atribuimos a los seres humanos: evolucionadísimos robots, por simplificar (estamos condenados a la simplificación, al error, al maravilloso hechizo que es la vida).

Paul Davies es un pensador muy interesante -muy estimulante y nutritivo-  que pertenece a una tradición de poetas que trabaja con una determinada alquimia de hechizos lingüísticos, de mitos, de esquematizaciones de “lo real”. Y lo que esa tradición entiende por “universo”, al menos en estos diez últimos años, lo podemos leer en el libro antes citado, el cual, de forma muy didáctica, muy brillante, muy útil -muy “anglosajona”-, ofrece un listado de puntos clave al final de cada capítulo. Ese universo es, obviamente, una fantasía momentáneamente eficaz. Como todos. Pero quienes lo “fabrican” no son supercomputadoras, sino, por así decirlo, poetas de la ciencia. Y en ese poetizar hay sustancias -universales [Véase]- como eso de “Máquina”- que crean enormes despistes, que sumergen en profundísimos sueños dogmáticos. [Véase aquí mi bailarina lógica “Máquina”].

En cualquier caso creo que hay que des-dramatizar la posibilidad de que, efectivamente, estemos dentro de una máquina, que seamos incluso máquinas: que todo sea una red de máquinas, prodigiosas, sagradas, impulsadas por un calor bellísimo: máquinas alejadas por completo del tópico decimonónico (hierros y tornillos); y también del tópico cibernético (ceros y unos y cables y gélidas pantallas).

Una máquina es  una forma de canalizar o de aprovechar una fuerza. Tengo la sensación de que, efectivamente, vivimos en una máquina, y que somos máquinas; y que esas máquinas están diseñadas y movidas desde algo que podríamos llamar simplemente amor: sacralización de lo existente, del fenómeno del “existir”.

Paul Davies hace referencia en su libro a la ya mítica trilogía Matrix, la cual en mi opinión, al menos en su primera parte, presupone un esquema bogomilista (los bogomilos creían que el mundo era obra del Diablo, que el poder estaba en manos del mal, del no-amor). Algo así creen los marxistas puros respecto del mundo capitalista.

¿Dónde estamos? ¿Qué pasa aquí de verdad?

Estamos en algo muy sospechoso: una especie de videojuego en el que a veces se nota en exceso su artificialidad. Pero no dejo de constatar (como intuyó Schopenhauer) que hay algo (¿la Vida? ¿qué es eso?) que trabaja para nosotros mejor de lo que nosotros mismos lo hacemos. Parecería que somos niños dormidos, amadísimos, cuyos padres cuidan desde “fuera” dotados de no sé qué prodigiosos medios “técnicos”. Esos “padres” son capaces de fabricar sueños, mundos, universos, para su amada y dormida criatura. Probablemente Berkeley no estaría muy disconforme con este planteamiento. También vivimos pesadillas. No descartemos que sean también fruto de un amor impensable desde aquí.

Sospecho también que, en algún momento, nos veremos nosotros ubicados en ese lugar, digamos proto-físico (o post-físico si se quiere), creativo, hirviente de amor. Y haremos cosas fabulosas para los seres a los que amamos.

Paul Davies, como muchos de sus co-religionarios, habla de “multiversos”. Sí, cabe imaginar una red de mundos-regalo desplegada en el infinito de la mente de eso que a veces no nos queda más remedio que llamar “Dios”, pero que no es “Dios”. “Dios” es poca palabra, poco concepto, para ese espacio de creatividad y de amor infinito al que estoy intentando referirme. [Véase aquí mi bailarina lógica “Dios”]

Ofrezco ahora algunos lugares que me han parecido especialmente relevantes de la obra de Paul Davis que lleva por título The Goldilocks eningma (las traducciones, muy mejorables, son mías):

1.- Referencia, desde la admiración, a una idea de John Archibald Wheeler: “Mutabilidad”. Según este físico nada sería tan fundamental que no pudiera cambiar en circunstancias extremas, incluyendo las leyes del universo (p. xiii). Creo que cabe sugerir una posibilidad de cambio aún más radical: que no estemos en una totalidad legaliforme, en un algo siempre sometido a leyes (aunque se trate de leyes cambiantes), sino que estemos ( y seamos) algo libre, capaz de crear y habitar mundos ordenados con leyes, pero capaz también de dejarlas en suspenso en cualquier momento. Por otra parte, cabría también ver un cierto fijismo en esa mutación que consagra Wheeler: una mutación que se presenta como incapaz de mutar a una eterna inmutabilidad. Si todo cambia hay algo que nunca cambia: el eterno cambio. ¿Y si hubiera algo fijo, eterno?

2.- “Uno de los hechos más significativos -podría decirse que el más significante hecho- sobre el universo es que somos parte de él” (p. 2).  Se trata de uno de los presupuestos que movilizan la inteligencia de buena parte de los científicos actuales, si bien, como es el caso del biólogo Dawkins, ya empieza a ser imposible negar que eso que se denomina “mundo exterior” o “universo” es algo que ocurre en eso que los científicos llaman “cerebro” [Véase]. Podría por tanto decirse que el “universo” es una parte de en nuestro cerebro (otras partes estarían ocupadas por nuestras fantasías, sueños, etc.). Y podría decirse más aún. Si la Ciencia va ofreciendo cambiantes dibujos del universo, vistos todos retrospectivamente se presentan como narraciones, fantasías, leyendas. Y, mientras parecen ser reales, en realidad forman parte de eso misterios que llamamos “lenguaje” [Véase]. Viven ahí, como nosotros; nosotros que, también, vamos siendo cosas cambiantes para ese “observador”, esa permanentemente hechizada consciencia, que tenemos dentro… ¿Dentro de dónde?

3.- Principio antrópico. El efecto “Ricitos de oro”. Davies se apoya en una idea de Brandon Carter, el cual se preguntó qué hubiera ocurrido si las leyes que rigen el universo hubieran sido otras de las actuales. Carter quiso llevar esta pregunta al misterio de la existencia de la vida y, en particular, de ese tipo de vida -la humana- que es capaz de observar la totalidad del universo. Su conclusión fue que una mínima variación en esas leyes, un no tan “fino ajuste” de las mismas, hubiera impedido nuestra existencia (y por lo tanto el prodigio de la -por así decirlo- auto-observabilidad del universo). Dice Davies que Carter creyó que, al igual que el plato de avena que se encontró Ricitos de Oro en casa de los tres ositos, las leyes de la Física están preparadas para la vida. Y Carter llamó a este ajuste “el principio antrópico”. El universo según Davies sería, en cualquier caso, “bio-friendly”.

4.- Las leyes de la Física como divinidades. Dice Davies: “Hoy, las leyes de la física ocupan la posición central de la ciencia; en realidad, han asumido un status casi deísta, frecuentemente citadas como el fundamento de la realidad física” (p. 8). Es cierto. Y es cierto también que los físicos actuales sueñan con encontrar una ley unificada: una sola “diosa”. La buscan porque creen que existe, porque la lógica que domina su pensar les induce a creer que existe esa diosa única, ubicua y omnipotente. Son teólogos.

5.- “Dios”; en concreto. Dice Davies: “En un nivel popular […] Dios es retratado de forma simplista como una suerte de Mago Cósmico, conjurando el mundo en el ser desde la nada y haciendo de vez en cuando milagros para solucionar problemas. Semejante ser está obviamente en flagrante contradicción con la visión científica del mundo. Al Dios de la teología escolástica, por el contrario,  se le atribuye el papel de un sabio Arquitecto Cósmico cuya existencia se manifiesta a través del orden racional del cosmos, un orden que es de hecho revelado por la ciencia. Ese Dios es en gran parte inmune al ataque científico”. Davies está mirando hacia la Diosa-Ley Física. Sería una Gran Arquitecta que se haría a sí misma en el fabuloso orden cósmico. Yo me temo que la realidad está más cerca de la idea del Gran Mago, el cual sería capaz de abarcar a ese “Arquitecto Cósmico” que me parece poca cosa para Dios; y para lo que me parece que hay y que está pasando.

6.- Orden revelado, descrito. En mi opinión eso de “la Ciencia” no revela un orden objetivo, sino que construye un orden aparente a partir de una selección de datos que son obtenidos desde una determinada forma de mirar al infinito misterio que se nos presenta. Se podría decir que ese “Arquitecto Cósmico” es multicéfalo: está formado por varios cerebros en red, sucesivos en el tiempo, que van creando, juntos, una narración que se presenta como “Cosmos”. Y lo es en realidad, porque se trata de una esfera -en el sentido dado a este término por Peter Sloterdijk [Véase]-; una esfera que se fabrica de forma artificial pero muy convincente. No obstante, el propio Davies da cuenta (p. 145) de una nueva realidad (nueva a partir del lanzamiento del satélite WMAP): la esfera/cosmos que parecía, digamos “aquietar” el misterio de nuestro hábitat cósmico, resulta ser solo un porcentaje ridículo del total de eso que se sigue llamando “universo”. Y es que ha aflorado algo nuevo: la “materia oscura” y, también, la “energía oscura”. Dice Davies que nadie sabe qué es eso. Pero tengo la sensación de que la potencia poético-pragmática de los científicos transformarán ese misterio en sistemas ordenados de símbolos matemáticos (con sus correspondientes metáforas en la lengua ordinaria); y que esos sistemas incluso permitirán hacer predicciones que provocarán esa crucial confusión entre los modelos útiles y lo que en realidad hay, lo que en realidad nos envuelve y nos constituye. Modelos que serán sustituidos por otros, sin piedad. Recordemos a Hilary Putnam [Véase aquí] atribuyendo a la esencia de la ciencia ese continuo negar sus propios modelos, esa inestabilidad ontológica tan fabulosa.

7.- Universo virtual. Máquinas. He empezado este artículo haciendo referencia a que Davies (pp. 203 y ss.) considera posible que lo que se nos presenta como mundo sea en realidad una realidad virtual inoculada por una super-computadora que nos estaría controlando desde “otro universo”. Y que también ve técnicamente plausible que nosotros, en cuanto seres humanos, podamos construir seres con conciencia. Cita Davies a Turing y al joven filósofo Nick Bostrom, sin olvidar por supuesto la ya canonizada trilogía Matrix. Más allá de posibles “bogomilismos” (creencias en que el poder está en manos del mal), creo que cabría decir que existe efectivamente una máquina, poderosísima, que nos inocula el mundo. Unamuno la denominó “tradición social”. Muchos filósofos han hablado del “lenguaje”, como algo que nos toma, que nos vertebra, que nos hace mirar de una forma, y hasta nos dice lo que estamos viendo. Nietzsche, en el aforismo 261 de La ciencia alegre, viene a decir que a los hombres en general las cosas se les hacen visibles por el nombre. Y en la India antigua, a través de los himnos del Rig Veda, una diosa -Vak, diosa de la palabra- afirma que habitamos en ella. En varias ocasiones he confesado que mi diccionario filosófico es, quizás, un tratado de teología cuyo objeto es esa diosa que rige incluso nuestro teorizar sobre ella misma. El propio Noam Chomsky [Véase] ha ofrecido también una imagen algo robotizada de lo que es el fenómeno lingüístico: habría una especie de “máquina gramatical” instalada en nuestra mente, la cual condicionaría todo lo que podemos decir: toda posibilidad de decir un mundo y de decirnos a nosotros mismos.

¿Quién/qué controla esa máquina prodigiosa que llamamos lenguaje? [Véase “Lenguaje”]. ¿Son las propias leyes del universo físico que, activadas en mi cerebro material, obligan a que se produzcan unas conexiones neuronales concretas de las que surgen estas frases que estoy escribiendo? Pero resulta que ese universo es a su vez fruto de opciones lingüísticas: es una narración, una preciosa y utilísima leyenda que, quizás, está siendo dictada por algo impensable en el impensable interior de la conciencia humana.

Simplemente por amor. Por sacralización del prodigio de que exista un mundo ante una conciencia. Por sacralización de la Creación y de lo Creado.

La gran mayoría de los científicos -como Paul Davies- participan de ese amor porque está fascinados con lo que van descubriendo en la Gran Obra Maestra del mundo.

David López

Madrid, a 20 de febrero de 2014


Oct 16 2013

Conferencia sobre el Yoga desde una perspectiva histórica y filosófica

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Este próximo viernes 18 de octubre impartiré una conferencia sobre el Yoga contemplado desde una perspectiva histórica y filosófica. Lo haré en la escuela de Yoga de mi hermano Alfonso, en Torrelodones (Madrid), a las siete de la tarde. Durará dos horas, supongo.

Siento haber avisado con tan poca antelación. Lo siento de verdad.

Ofrezco a continuación la estructura de mi conferencia:

 

1.- La civilización del Indo. ¿Origen del Yoga? Imagen de un proto-Shiva en meditación. Las investigaciones de Asko Parpola.

2.- La invasión de los arios: la cultura védica. Primeros prodigios del pensamiento filosófico universal. El Rig Veda y su Nasadiya Sukta o “Canto a la Creación”.

3.- El ataque de los heterodoxos. Los charvakas. El jainismo. El budismo.

4.- La culminación del pensamiento filosófico hindú. El Vedanta. Las Upanishads. El Baghavad Gita.

5.- El Yoga. ¿Un chamanismo excepcional? Los Yoga-Sutras de Pantanjali. El Yoga como uno de los seis sistemas ortodoxos del hinduismo. El Raja-Yoga según Vivekananda. El Yoga como forma de conocimiento y de amor “absoluto” “hiper-erótico” hacia todo, hacia el absoluto que está en todo.

6.- El Hathayoga-pradiipikaa. Análisis y reflexiones físicas y metafísicas.

7.- El Yoga hoy y su adaptación al fenómeno de la inhibición religiosa.

 

Para inscribirse basta con entrar en la página web de mi hermano (que es, por cierto, un gran profesor de Yoga). Éste es el enlace:

http://runningyoga.es

 

Os espero,

 

David López

Sotosalbos, a 16 de octubre de 2013

 


Feb 14 2011

Diccionario filosófico: “Lenguaje”.

admin

 

“Lenguaje”. Ofrezco a continuación algunas notas -muy provisionales- sobre este monstruo prodigioso. Sagrado y sacralizador… si es que existe más allá de la propia palabra que lo designa.

Dijo Heidegger (bueno, él no en realidad, sino el propio lenguaje) que el lenguaje es la “casa del Ser”.  Wittgenstein afirmó, por su parte -en sus frases, en su propio sueño lógico- que “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Pero tengo la sensación de que  “casa”,  “Ser”,  “mundo”  o  “lenguaje” no son más -ni menos- que palabras: bailarinas lógicas: hechizantes nadas dispuestas a ser amadas y a fabricar en nuestra conciencia universos enteros.

Estamos, por tanto, ante otra bailarina lógica. Y cabe cuestionarse incluso la existencia misma del lenguaje más allá del sustantivo que presiona nuestra conciencia para obtener realidad.

He dudado de si realmente la palabra “lenguaje” merece una entrada específica en este diccionario. Y he estado a punto de ampliar lo que tengo escrito en “Logos” [Véase]. Pero creo que a esta bailarina hay que dejarla bailar sola… y disfrutar de sus hechizos específicos. Adelanto ya lo que creo que la distingue de “Logos”: su inmanencia. El “lenguaje” sería un logos detectable, estudiable, sistematizable, desde eso que llamamos “inteligencia” humana. Sería un momento concreto del Logos total. Y, por tanto, cabría hablar de lenguajes, en plural, en un plural segregado desde un Logos Único (¿La teoría unificada que ansía la Física contemporánea?).

“Lenguaje”. De los distintos significados que a esta palabra otorga la Real Academia destaco el primero y el sexto:

1.- Conjunto de sonidos con que el hombre manifiesta lo que piensa o siente.

6.- Conjunto de señales que dan a entender algo.

¿Es el lenguaje un vehículo de pensamientos y de sentimientos… o el sistema que los condiciona; que los fabrica incluso?

El siglo veinte (esa sorprendente abstracción cuantitativa) colocó al pensamiento filosófico en el abismo de lo que ese pensamiento no pudo menos que llamar “lenguaje”. La filosofía, para muchos, no sería ya sino pensamiento sobre el lenguaje. Todo sería lenguaje -sólo eso… ni más ni menos que eso. Pero, ¿qué es el lenguaje? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Cuál es su textura ontológica?

¿Alguien ha visto el lenguaje?

Filosofar entorno a la enormidad del lenguaje -de esa cárcel prodigiosa- ofrece espectáculos que, por sí solos, justifican el hecho mismo de la existencia. Dicho con palabras absurdas y autocontradictorias -como todas-: es fabuloso contemplar a ese ser -con sus mundos y sus dioses y sus hombres- retorcerse sobre sí mismo para mirarse, para saber qué demonios es él mismo más allá de los simples sustantivos. De dónde viene. Qué o quién lo ha creado.

Tengo la sensación de que el lenguaje, en sí, no cabe en el concepto de lenguaje. ¿Cómo nombrar, aquietar, el lenguaje -cualquier lenguaje- en uno de sus sustantivos?

Pero aunque no sé lo que es,  amo el lenguaje -esa fuerza que nos hechiza- porque en él vibran, al menos en su parte “visible”, seres a los que amo perdidamente: seres que pueden ser momentáneamente señalados con sustantivos como “personas”, “bosques”, “sueños” o “cielos”. Esta sensación me llevará a reivindicar una sacralización de este lenguaje; aunque consciente de sus hechizos y de su delicuescencia. Creo que el cosmos -entero- es tan frágil y moldeable como una simple frase. Como esta frase en la que ahora estamos.

Antes de desarrollar estas ideas y sensaciones “personales” creo que puede ser útil observar algunos lugares del tejido lingüístico en el que soñamos:

1.- Vak. La diosa de la palabra según la tradición védica. Este diccionario en realidad es una especie de teología -confesadamente expresionista- cuyo objeto específico es esa divinidad. Repitamos las palabras de Vak (lo que ella misma dice de sí misma y dentro de sí misma):

Himno 10.125,verso 4, del Rig Veda:

“El que come comida, el que verdaderamente ve, el que respira, el que oye lo que se dice, lo hace a través de mí. Aunque ellos no se dan cuenta, habitan en mí”.

2.- Upanayana. Creo que es oportuno volver sobre este ritual védico. Algunas de mis notas se pueden leer [aquí]. La idea fundamental es que la tradición védica habría tomado conciencia de la necesidad de custodiar un texto concreto -un lenguaje aquietado- para salvar un cosmos entero en la memoria de sus estudiantes védicos.

3.- Los sofistas griegos. Gorgias: el lenguaje no expresa nada. El lenguaje como instrumento de poder.

4.- Platón (Cratilo): los nombres están relacionados con las cosas sin necesidad de que los hombres lo acuerden. Y consiguió Platón un cierto acuerdo a este respecto.

5.- Edad Media. Tema de los universales [Véase]. Los realistas creerían que los árboles existen más allá del lenguaje, que ese sustantivo -árbol- existe per se y que recorta con sus tijeras ontológicas los confines de ese ser en la placa empírica que se nos presenta.

6.- Voltaire. Diccionario filosófico. En la entrada “Lenguas” este sacerdote de la ilustración francesa afirma: “Dícese que los indios empiezan casi todos sus libros con estas palabras: Bendito sea el inventor de la escritura:   nosotros también podríamos empezar este artículo bendiciendo al autor del lenguaje.” Y el artículo que escribe Voltarie en realidad es una declaración de amor a su lengua madre (el francés)… la lengua en la que le habló su madre,  Marie Marguerite d’Aumary, que murió cuando el futuro filósofo tenía solo siete años. Vak -la diosa de la palabra en la tradición védica- es también un ser femenino.

7.- Lenguaje y lenguajes. ¿Hubo una primera lengua madre en la especie humana? ¿Qué podemos encontrar recorriendo para atrás la cadena causal de los lenguajes? Hay buenos artículos sobre el lenguaje en Wikipedia. Pero Wikipedia -como cualquier otra enciclopedia- está confinada en el interior de los círculos de los lenguajes.   En la versión española se define lenguaje así:  “Se llama lenguaje (del provenzal lenguatgea) a cualquier tipo de código semiótico estructurado, para el que existe un contexto de uso y ciertos principios combinatorios formales. Existen contextos tanto naturales como artificiales”. Wikipedia es lenguaje que habla de sí mismo: es algo que le ocurre al lenguaje -o una parte del lenguaje- de una parte de la humanidad.

8.- Real Academia Española: una energía cosmizadora: se trabaja para que un lenguaje -el español- se mantenga unido e identificable como tal en las redes humanas en las que vive y hace vivir. Sus reglas son descriptivas y, a la vez, prescriptivas. Sugerencias en realidad. Leyes no coercitivas decretadas por amor a la lengua española, desde la lengua española. Y se cree que ese producto particular del lógos humano tiene una esencia que puede custodiarse e identificarse a pesar de su evolución. Allí, en esa Academia, algunos seres humanos escogidos debaten sobre el verdadero baile que bailan las bailarinas lógicas. Algunas de ellas tardan en ser aceptadas en ese prestigioso salón de baile. Algunas no entran nunca.

9.- Wittgenstein (primero y segundo), Nisargadatta, Heidegger (último Heidegger)… Un muy lúcido y sólido estudio de las intuiciones que estos tres “pensadores” expusieron -dentro del lenguaje- con ocasión de la palabra “lenguaje” lo ofrece Mónica Cavallé en esta obra: La sabiduría de la no-dualidad (Kairós, Madrid, 2008). Leer lo dicho por Mónica Cavallé sobre lo dicho por esos tres sobrecogedores poetas es una gran experiencia filosófica. Y poética:

“El Oriente no-dual siempre se ha asombrado del poder de la palabra y de su surgimiento desde el silencio. El jnanin [con la primera “a” larga] ha sabido que su palabra no es suya -¿quién elige cada palabra que dice o cada pensamiento que piensa?- y ha rastreado este surgir hasta sumergirse en el acto impersonal de creación de la Palabra Una. Y el Oriente no-dual se ha maravillado, igualmente, ante la capacidad de la palabra para ocultar su propio surgimiento impersonal y alumbrar mundos estrictamente personales, separados y autónomos; una infinidad de sueños entrecruzados, pero que nunca confluyen; cárceles de ignorancia construidas por palabras oscurecidas en su carácter clausurado y auto-enfático […] (pp. 599-600).

Lo que la palabra lenguaje provoca en eso que sea mi inteligencia -y eso que sea mi corazón- quizás pueda expresarlo así:

1.- Como ya confesé antes, amo este lenguaje en concreto, con sus hechizos. Me refiero al lenguaje básico que vertebra mi inteligencia y mi sensibilidad, el cual, según nos dicen los buenos lingüistas, es común a toda la especie humana [Véase “Humanidad“].

2.- Ese amor hacia este lenguaje no me impide ser consciente de su textura onírica, de su inefabilidad en cuanto cosa en sí. El lenguaje, en sí, más allá del lenguaje mismo -más allá de esta frase y de otras que puedan configurarlo-no existe. No cabe hablar de lenguaje en sí, más allá de un acto concreto que lo sostenga -un acto de habla.

3.- Una pareja de enamorados acaba y termina en una matriz lingüística: un sueño compartido, una música común, única, irrepetible: un cosmos misterioso cuya estructura lógica está a disposición de los dos poetas que lo configuran a la vez. Por amor. Por amor a su sueño compartido: sueño de mentes y de cuerpos entrelazados en un universo para dos.

4.- ¿Cómo visualizar la estructura metafísica de un lenguaje? Yo lo veo como una forma de comunicar encadenamientos entre universales. “Mi mano tocó la nieve acumulada en las ramas de un fresno”. La frase es una música mágica que muestra el baile entrelazado de parcelaciones arbitrarias del infinito. Es prodigioso. Sobre todo porque la visión de ese baile puede llevarse a otra conciencia, al que escuche lo dicho.

5.- Al ocuparme de “Logos” [Véase] y “Humanidad” [Véase] ya compartí mi sensación -mi convicción- de que somos magos. Magos lógicos (también químicos). Y que tenemos acceso al Logos que vertebra nuestras almas y la de nuestros seres queridos. Una frase, sincera, enviada al sueño particular de la persona a la que amamos puede reconfigurar el color de todos los cielos de ese sueño. El lenguaje es sagrado y sacralizador. Se puede irrumpir en el sueño ajeno y llenarlo de belleza (de lo que según ese mismo sueño es belleza [Véase “Belleza“]). Eso sería agraciar [Véase “Gracia“].

6.- Si bien el lenguaje -como Logos observable y analizable por una inteligencia- es un sistema regido por leyes, su fuente es no legaliforme. Si aceptamos una sola libertad -la de “Eso” que, por ser nada, puede ser y hacer cualquier cosa- “nuestro” uso del lenguaje sería siempre sagrado: todo lo dicho estaría dicho desde las profundidades: desde “Dios” si se quiere este vocablo. Heidegger o Nisargadatta dijeron que nadie dice nada. Todo es escucha.

7.- Los lenguajes en plural se presentan como sistemas organizados en función de leyes gramaticales. Pero esos sistemas  -dejando aparte los lenguajes “artificiales”- se han sistematizado “solos”: serían sistemas emergentes, button-up: universos legaliformes y legaliformizadores que han surgido de… ¿de dónde? ¿De la interacción entre las leyes de la naturaleza y la materia de los cerebros de la humanidad? ¿Será la teoría unificada de la Física el primer Verbo, esa palabra primera de la cual surge todo lo existente, lenguajes incluídos?

8.- Me fascinan especialmente los renglones del lenguaje escrito. Y todo lo escrito por los filósofos y poetas se me presenta como las yemas de los dedos de un ser que apenas puedo intuir, pero que parece que quiere tocar algo.

¿Qué quiere tocar? ¿Qué quiere decir el lenguaje en su totalidad? ¿Cuánto va a llegar a decirse con el lenguaje? ¿Qué sorpresas nos esperan en los renglones que todavía no han sido escritos a través de nosotros; y en nosotros? ¿Cuánto le queda a “Dios” (o al “hombre”) por decir/por crear?

¿Qué prodigios nos esperan gracias a los hechizos de las manos -humanas y divinas a la vez- del lenguaje?

Creo que muchos. Y creo que cabe decírselos, al oído, a las personas a las que amamos.

“Una palabra tuya bastará para sanarme”.

David López

Sotosalbos, 14 de febrero de 2011.


Ene 5 2011

Nueva crítica literaria: Jacobo Muñoz ante el infinito de la Historia.

admin

 

Os ofrezco a continuación una crítica que ha sido publicada en el número 726 de Cuadernos Hispanoamericanos (Agencia Española de Cooperación Internacional). Las demás críticas que he realizado son accesibles desde [aquí].

Y os deseo, de paso, un año que justifique y que dé un enorme valor a vuestra vida entera.

* * * * *

Jacobo Muñoz frente al infinito de la Historia

Jacobo Muñoz ([1]) se ha enfrentado al infinito de la Historia en un libro importante, un libro que, en mi opinión, debe ser leído en este momento histórico. Su título es Filosofía de la Historia (Origen y desarrollo de la conciencia histórica). Y creo que debe ser leído porque ofrece una rigurosa amplificación y una fecunda problematización de nuestra mirada a “lo histórico”,  a lo que “de verdad” ha pasado, a eso que, en muchos casos, fabrica el sentir –soñar/amar/odiar- de los hombres y de los pueblos.

Vivimos tiempos, especialmente en España, en los que el debate político se nutre, con renovada pasión, de relatos históricos estandarizados. Son tiempos éstos, como todos, que requieren sosiego y lucidez: lucidez para no vivir con los ojos y los corazones demasiado empequeñecidos por una teoría histórica.

En la obra de Jacobo Muñoz leemos lo siguiente: “Todo hecho es ya teoría”.

Se trata de una cita de Goethe, inquietante, fértil, exigente en exceso. Como oportunamente destaca Jacobo Muñoz, esta cita la utilizó Ortega en su introducción a las Lecciones de Filosofía de la Historia de Hegel.

Ortega también utilizó esta cita de Hegel:

“El historiador corriente, mediocre, que cree y pretende conducirse receptivamente, entregándose a los meros datos, no es, en realidad, pasivo en su pensar. Trae consigo sus categorías y ve a través de ellas lo existente”.

Pero tanto Ortega como Hegel, a pesar de su potencia filosófica, y de su capacidad para tomar cierta distancia de las teorías y sus hechizos, creyeron en la Historia en sí: en que efectivamente ha habido una racional (y por tanto cognoscible/lingüistizable/colectivizable) concatenación e interrelación de hechos concretos, ontológicamente independientes del hecho (también histórico) de ser o no pensados por un ser humano. Y que merece la pena estudiar esos hechos concatenados, narrarlos, incorporarlos a los planes de estudio.

Jacobo Muñoz también parece creer en la utilidad, en la salubridad, de las ciencias que se ocupan de la Historia y, por tanto, de los relatos históricos. Esto nos dice en los últimos párrafos de su obra:

“No hará falta insistir más, llegados a este punto de nuestro razonamiento, en la crisis contemporánea de la creencia en un curso histórico único, pautado por una lógica interna llamada a encaminarlo hacia un determinado fin, sea la salvación, el progreso o el reino de la libertad –de la “verdadera historia”, como escribió Marx-. Ni en la consiguiente puesta en cuestión de una cultura, de un sentido de nuestro vivir en el tiempo e incluso –o sobre todo- de nuestra percepción del futuro, totalmente desvalorizado hoy en nombre de un presente casi eternizado […] Y si el pasado queda así, y en este preciso sentido, abierto, abierto queda también el futuro, con la consiguiente incitación a asumir, más allá de la cultura de la necesidad y el automatismo, de la redención y la promesa, una cultura de la conjetura racional, del método de ensayo y error, de la precisión y del reconocimiento de la complejidad. Resultaría difícil, por todo ello, poner en duda que la verdad histórica, entendida más como una instancia normativa capaz de alentar un proceso inacabable que como algo ya definitivamente conseguido, no puede ser monopolio de nadie y sí obligación de todos”.

Habría, por tanto, una verdad histórica (una “Historia en sí”) dispuesta a ser reconstruida, y estudiada, tanto en sus hechos aislados como en las leyes internas que enhebrarían esos hechos. Y ese estudio –“inacabable”- sería algo necesario, ineludible, para que los seres humanos (en conjunto, hemos de suponer) caminen hacia un futuro mejor.

¿Qué es un futuro mejor?

En este libro de Jacobo Muñoz podemos encontrar, entre otras muchas cosas, diversos modelos de “futuro mejor”, según han ido apareciendo a lo largo de la Historia. Pero “Historia” es una palabra ambigua. Y es de enorme relevancia filosófica tomar conciencia de esa ambigüedad (p. 14):

“Importa partir del reconocimiento –una vez más- de una ambigüedad. Ambigüedad no por repetidamente citada menos relevante para, y aún determinante de, la problemática que nos ocupa. Máxime cuando en este caso se trata de una doble ambigüedad. Como “historia” hay que entender tanto las res gestae, lo acontecido como tal, el flujo histórico en su propia materialidad, cuanto la “narración”, “reconstrucción” o “estudio científico” de ese acontecer ya consumado, la historia rerum gestarum. Reconstrucción discursiva, desde luego, y en consecuencia sujeta a la lógica misma de la palabra”.

Consciente de esta ambigüedad, y desde ella, Jacobo Muñoz describe así su libro (p. 13):

“Las siguientes páginas, escritas en un momento de incertidumbre y perplejidad, de escepticismo histórico, de presunta posthistoire e incluso de puesta en cuestión –una vez más- del sentido mismo de la historia como disciplina, están dedicadas a las grandes filosofías especulativas de la historia, en el orden de su sucesión efectiva, y al proceso de constitución de la historia como “ciencia” a partir de y en cierto modo contra aquellas. Un proceso que no deja de ofrecerse él mismo como un interesante objeto de estudio no sólo para el filósofo de la historia –tanto si se reconoce como tal, como si lo es, al modo de Jacob Burckhardt, a pesar suyo-, sino, y además, en grado no menor, para cuantos se limitan a hacer suyo el imperativo de “pensar históricamente””.

Esa sucesión de filosofías especulativas de la Historia la despliega Jacobo Muñoz en seis capítulos a lo largo de los cuales fluyen frases arquitectónicamente imponentes, construidas a partir un exquisito dominio del lenguaje, sin miedo a utilizar una puntuación compleja (muy dinámica, muy proteica), aunque, en ocasiones, las subordinadas son demasiado largas e incómodas.

Sirva el siguiente párrafo tanto como prueba de lo dicho, como de explicación de qué es eso de “Filosofía de la Historia” según Jacobo Muñoz (p. 16):

“Como “filosofía de la historia” cabe, en efecto, entender tanto la reflexión de cuño teológico o metafísico-especulativo, según las épocas y los autores, sobre el sentido del acontecer histórico, de acuerdo con la tesis, mil veces defendida y mil veces reelaborada, de la existencia de un principio en base al que “se ponen en relación acontecimientos y consecuencias históricas, refiriéndolos a un sentido último” [la cita es de Herder], cuanto, más “contemporáneamente” la reflexión crítica, de segundo orden o propiamente “metalingüística”, acerca del discurso histórico como tal”.

Filosofía. Historia. Tiempo. Lenguaje. Podría decirse que Jacobo Muñoz, en este libro, ha posado sus ojos de filósofo en lo que ya no es (el “pasado”/la nada), y en las teorías, también pretéritas, sobre eso que sea “la Historia” (su “textura ontológica”, diría Ortega). Y lo ha hecho desde un “presente” (¿el suyo? ¿el de todos?) que él define como de “incertidumbre y perplejidad” (p. 13).

Pero cabría decir también que eso que ahora ya no es, eso del “pasado de la Humanidad” y sus hechos, tiene riqueza suficiente para ser configurado –discursivamente- hasta el infinito. Y sin renunciar por ello a la honesta y rigurosa búsqueda de la verdad. La Historia, en cuanto narración (incluidas las narraciones sobre las narraciones), aunque mire para atrás, es algo que ocurre siempre en el presente. Ahí, en el presente, es donde se siente y se configura el pasado. Ahí es donde vibran los efectos de las narraciones (siempre superables, siempre expuestas a ser falsas, siempre sospechosas de estar al servicio del poder; o de los distintos poderes, políticos, intelectuales,  que quieren todo para ellos). Cabría decir que la “Historia” solo afecta al presente, solo ocurre en el presente: que el pasado es inefable. O, al revés, que es el presente el que decide qué ocurrió en el pasado: que es el presente, por así decirlo, la clave genésica de lo histórico. En esta cita de Orwell, recogida por Jacobo Muñoz al comienzo de su obra (p. 11), podría estar retirado un velo crucial:

“Quien controla el pasado controla el futuro, y quien controla el presente controla el pasado”.

Pero, ¿quién/”qué” controla el presente?… este presente. ¿Quién/qué, por lo tanto, decide qué ocurrió en eso que sea “el pasado” y decide lo que podemos esperar del futuro?

Hay un momento en este buen libro de Filosofía que puede ofrecer alguna luz para acometer esta pregunta; aunque sea una luz en cierta forma “inhumana” (P. 292):

“Optaba así [se refiere a Lévi-Strauss], como tantas veces se ha señalado, por el sistema frente al viejo sujeto intencional, consciente y protagonista, como es bien sabido. Nada más lógico: si Saussure representaba para Lévi-Strauss la “gran revolución copernicana” en el ámbito de los estudios del hombre es precisamente por “haber enseñado que la lengua no es tanto propiedad del hombre como éste propiedad de la lengua”, lo que para él no viene a significar sino que “la lengua es un objeto que tienes sus leyes, que el hombre mismo ignora, pero que determina rigurosamente su modo de comunicación con los demás y, por tanto, su manera de pensar”.

Estamos ante una idea –ciertamente espeluznante, pero también prodigiosa- que fue proclamada hace milenios en la India, y recogida en el Rig Veda (10.125). Es el himno a Vak (la palabra). O de Vak, en realidad: “Ellos no lo saben, pero habitan en mí”.

En cualquier caso, el hábitat de palabras que ha escrito Jacobo Muñoz (o que la palabra ha escrito a través de eso inefable que sea Jacobo Muñoz) ofrece una gran experiencia filosófica. Y poética. Si es que seguimos manteniendo la distinción entre Filosofía y Poesía.

 

David López

Sotosalbos, enero de 2011.

 


*Jacobo Muñoz: Filosofía de la Historia (Origen y desarrollo de la conciencia histórica), Biblioteca Nueva, Madrid, 2010.


Nov 29 2010

Las bailarinas lógicas/ Un diccionario filosófico: “Filosofía”

admin

Filosofía.

Estoy perdidamente enamorado de esta bailarina lógica. Desde hace más de treinta años. Y ya para siempre. Eternamente, espero.

La conocí en 1978. Yo tenía catorce años y ella varios miles. Ocurrió en el instituto Jaime Ferrán de Villalba (Madrid). A partir de entonces el mundo, y mi mente, y quizás mi corazón, iniciaron una expansión infinita. O, mejor dicho, un regreso a Inmensidades que sentí cuando era un niño de pocos años (no más de seis).

Recuerdo a dos profesores de aquel instituto, pero no sus nombres. Uno de ellos había trabajado en la ONU, tenía gafas redondas y convocó un concurso filosófico con el lema “Libertad y autoridad”. Yo me presenté con un trabajo en el que afirmé que era necesaria la autoridad porque no había libertad: que el hombre libre no necesita la autoridad. Sigo pensando lo mismo. Gané aquel concurso y sentí una enorme felicidad.

Sí recuerdo haber leído a Locke pensando el pensamiento. Y a Nietzsche gritando eso de que Dios había muerto. También recuerdo haber pasado decenas de horas virtuales en las habitaciones, y en las terrazas, y en los jardines, de la Montaña Mágica de Thomas Mann. O haberme sorprendido de que el Sidhartha de Hemann Hesse sufriera tanto con su hijo al final de la novela, a pesar de ser tan sabio, a pesar de haber vivido y pensado y aprendido tanto en aquel territorio casi imaginario cuyo nombre era  “India”. ¡La India!

Ahora, treinta y tantos años después, ese final de novela lo tengo muy presente. Ahora sé lo que se puede llegar a amar a un hijo. Ahora sé que Maya duele como nada puede doler jamás. Solo en Maya se puede sufrir. Solo en Maya se puede encontrar lo sagrado. Solo en Maya se puede amar. Dios sin Maya (sin mundo) no es nada. Es una infinita tristeza, una infinita y atroz soledad.

Este texto, y las conferencias que saldrán de él, quiero que sean un homenaje, una declaración de amor. Un agradecimiento. La Filosofía me ha proporcionado momentos que yo no creía posibles. Y desde hace algunos años tengo el privilegio de compartir esos momentos con otros cerebros y otros corazones.

Recuerdo ahora las miles de horas de soledad, normalmente rodeado por paisajes solitarios, sin espacio delimitado, sin tiempo confinado y depredado. Recuerdo haberme tumbado en el suelo, estupefacto, muchas veces, ante la contemplación de alguna Inmensidad atrapada en algún sistema filosófico: frases expandidas al máximo, palpando lo inefable, adoptando posturas yóguicas casi imposibles, para decir lo que hay. Esto. Y ofreciendo un fabuloso espectáculo estético: el lenguaje hipertrofiado, el lenguaje rugiendo dentro de sí mismo para decir Todo: serlo Todo: y hacerlo además sin quedar incinerado en el Todo.

La Filosofía: sentir la brisa que entra en la mente y en el alma y en el cuerpo cuando el lenguaje deja sitio al Infinito: cuando lo atrae con sus temblorosas manos de palabras, cuando deja huecos y transparentes los conceptos de mente y alma y cuerpo y cualquier otro, incluido el concepto de concepto.

El día en que conocí la Filosofía, en ese instituto de pueblo, gélido en invierno como el universo de Pascal, sentí que alguien muy poderoso y muy cercano había empezado a descorrer las cortinas de mi habitación; y que irrumpía en ella una mañana sin límites, un horizonte de belleza insoportable. Luego he ido descubriendo que la Filosofía es un vuelo prodigioso por los infinitos -y sagrados- modelos de finitud que pueden configurarse en eso que sea “nuestra mente”; si es que es algo distinto de la mente del propio Dios (conceptos huecos, nadas vibrando en la Nada Mágica, pero siendo capaces de ofrecer la apariencia de una existencia). Así debe ser.

Aristóteles siempre me ha impresionado con esta afirmación del comienzo de su Metafísica: “y tal ciencia [la Filosofía] puede tenerla o Dios solo o él principalmente. Así, pues, todas las ciencias son más necesarias que ésta; pero mejor, ninguna”.

Quizás sea la Filosofía una ciencia de Dios y sobre Dios: un autoconocimiento imposible: una angustiosa, descomunal, prodigiosa, retorsión del Ser sobre sí mismo.

En este momento la Filosofía es para mí, literalmente, “amor a la sabiduría”, pero siendo consciente de que toda sabiduría es ignorancia fundamental, hechizo necesario para vibrar vitalmente en un mundo: para ser algo en algo: para disfrutar de ese misterio ontológico que denominamos, a la ligera, “vivir”. La Filosofía sería para mí, en este momento, “amor a la ignorancia”, pues toda sabiduría es ignorancia sagrada, útil, creacional.

Acabo de enunciar la idea fundamental que desarrollaré en este texto. Pero antes quisiera detenerme en los siguientes lugares:

1.- Etimología de la palabra. Del griego: amor a la sabiduría. Según Cicerón, Diógenes Laercio y Jámblico, fue Pitágoras el primero en llamarse a sí mismo “filósofo”, amante de la sabiduría. En el pensamiento/sentimiento de lo que hoy llamamos India antigua la palabra sería Dharsana: “mirada”.

2.- El Nasadiya Sukta del Rig Veda (10.129). La gran pregunta. ¿De dónde ha salido todo esto (dioses incluidos)? ¿Lo sabe alguien? ¿Lo sabe el que lo mira todo desde arriba? Quizás tampoco lo sabe.

3.- ¿La Filosofía nació en Grecia? ¿Hubo Filosofía anteriormente, en otros lugares del planeta, como Egipto, Persia, China o India? ¿Existe algo identificable como “filosofía oriental”?

4.- Los que primero filosofaron: el mito del paso del mito al logos. Esta idea, esta sensación, me acompaña desde hace muchos años. Espero desarrollarla con cierto rigor en un futuro próximo.

5.- El caso Sócrates-Platón. La filosofía como impulso erótico hacia las ideas. [Véase “Idea” y “Belleza“].

6.- Aristóteles. La Metafísica. La ciencia que estudia las primeras causas. O, mejor, en singular: la primera causa: “Dios” [Véase]. En mis cursos de Filosofía siempre, al final, terminamos hablando de ese abismo. Es ineludible porque filosofar es, básicamente, preguntarse qué demonios es todo esto: qué está pasando aquí. Pero de verdad… Y, sobre todo, qué/quién tiene el poder. ¿El poder de qué?

7.- Ibn Arabí. El estupor maravillado. Ante lo que hay. Esta barbaridad. Por favor. Deja de leer y levanta la mirada a tu alrededor. Siente el “Esto”. La “Cosa”.

8.- Schopenhauer. El mejor filósofo es el músico: es el que expresa con más precisión la esencia del mundo. Pero en la metafísica de Schopenhauer el mundo no agota la totalidad del Ser.

9.- Nietzsche. El filósofo aumenta los hechizos al servicio de la vida: no es un desvelador de verdades, sino un artista constructor de verdades. Hay fertilidad disponible para eso y para mucho más.

10.- Ortega y Gasset. ¿Qué es filosofía? Estas once conferencias impartidas por Ortega y Gasset en 1929 constituyen una obra maestra del arte filosófico. No pueden dejarse de leer. Dice Ortega, entre muchas otras cosas: “El hombre se instalaba dentro de la física y cuando esta concluía seguía el filósofo todo derecho, en una especie de movimiento de inercia, usando para explicar lo que quedaba una suerte de física extramuros. Esta física más allá de la física era la metafísica -por tanto una física fuera de sí. Pero lo dicho antes anuncia que nuestro camino es el opuesto. Hacemos que el físico -y lo mismo el matemático, o el historiador, o el artista, o el político-, al notar los límites de su oficio, retroceda al fondo de sí mismo […] No será nuestro camino ir más allá de la física, sino al revés, retroceder de la física a la vida primaria y en ella hallar la raíz de la filosofía. Resulta ésta pues, no meta-física, sino ante-física.”

11.- María Zambrano. Filosofía y Poesía. Una vez más en este diccionario filosófico. También: Algunos lugares de la Poesía.

12.- Jean-FranÇois Lyotard: Porquoi philosopher?  “Pero nos preguntábamos si sirve de algo filosofar, pues la filosofía, según su propio testimonio, no encierra historial alguno, no concluye ningún sistema y, rigurosamente hablando, no conduce a nada”. Yo recuerdo a una señora que, tras un año de curso de Filosofía, me preguntó: Entonces, ¿qué? ¿Cuál es la conclusión? Yo no supe qué contestar y me limité a compartir una sensación: hemos nadado juntos por la Inmensidad. Hemos braceado por el Infinito. Para mí, al menos, ha sido una experiencia sublime, y no sólo en sentido kantiano.

Ahora procedo a exponer ideas propias. Algunas las he expresado varias veces, incluso han dado título a cursos enteros. Son éstas:

1.- La Filosofía para mí es una experiencia extrema: la más extrema que puede soportar mi mente. A partir de ahí -de ese límite- ubico la experiencia mística: esa llama de amor viva que incinera la nave del filósofo y al filósofo mismo [Véase “Cábala”]. De eso no se puede hablar. Pero de Filosofía sí. Y cuando el lenguaje filosofa construye edificios prodigiosos. Vivificantes para nuestras ilusiones.

2.- “Modelo de totalidad”. Es un concepto que acuñé hace algunos años y que desarrollé a lo largo de un curso entero (cuarenta conferencias creo que fueron). Mi intención era detectar desde dónde -desde qué previa estructura de la totalidad- se creen que están emitiendo su Filosofía cada uno de los grandes filósofos. Y qué se creen ellos ser cuando están segregando ideas. Este concepto, esta herramienta hermenéutica, me ha sido de una gran utilidad para, en lo posible, “entrar” en la mente de los filósofos -y de los “místicos” y de los “científicos”-. No se trata tanto de entender sus propuestas o sus descripciones sistematizadoras, sino su previo hábitat físico y metafísico, tal y como sus mentes lo tienen instalado.

3.- “Obras maestras del arte filosófico”. Es el título de un curso al que dediqué también un año entero. En esa ocasión quise visualizar las propuestas de los grandes filósofos como si fueran obras de arte. Pero no solo de arte “poético”, sino, sobre todo, arquitectónico: me fascinan, además de forma creciente, esos edificios en los que se quiere apresar lo que hay: esos “sistemas” que tratan de sobrevivir, de mantenerse en pie, entre las gigantescas olas físicas y metafísicas que zarandean el Ser.

4.- “Bailarina lógica”. Es otro de los conceptos que han surgido espontáneamente de mi actividad filosófica. En él se basa este diccionario. Sugiero leer la explicaciones y las emociones que comparto [Véase Bailarina lógica].

5.- “Filosofía”. En este momento es para mí, literalmente, “amor a la sabiduría” (pero desde fuera de la “sabiduría”…. no se puede amar algo desde dentro). [Véase “Concepto” y “Cosmos“]. La Filosofía la entiendo como amor a los hechizos, a los infinitos cosmizados. Amor a la vida. Y, en mi caso concreto, amor -a muerte- hacia la vida que estoy viviendo en este rincón prodigioso de la Inmensidad.

6.- La Filosofía ofrece el espectáculo de los flujos entre la Apara-Vidya y la Para-Vidya [Véase]: es un ojo misterioso que contempla lo que ocurre en el espacio infinito de la mente (por utilizar una palabra que ya presupone un modelo de totalidad).

7.- ¿Qué no es Filosofía? El pensamiento algorítmico que busca sus nutrientes en los discursos que se le van presentando. Aquí hay miedo, hambre, inseguridad: se buscan materiales para solidificar los diques de contención intra-cósmica. No se oye. No interesa ver, sino resguardarse, comer, no sufrir.

8.- Es común decir que andamos buscando, buscando la verdad, y que no la encontramos, pero que la encontraremos algún día (si seguimos subiendo no sé qué escaleras). El buscador en realidad no busca verdades, sino calma, o quizás también, en ocasiones, ilusión, antídotos contra el aburrimiento. La verdadera Filosofía, en mi opinión, se practica desde un encuentro radical y desbordante: la experiencia de la existencia. Repito lo que escribí en “Existencia” [Véase]. No se puede encontrar nada más descomunal. El lenguaje luego, aturdido, sobre-excitado, quiere atrapar lo que le tiene a él atrapado: lo que le envuelve y, a la vez, lo constituye (soy consciente de que estoy tratando al lenguaje, gramaticalmente, como si fuera una persona).

9.- Es común encontrar la palabra “Filosofía” unida a la palabra “problema”. “Problemas filosóficos”. José Ferrater Mora, en su impecable Diccionario de Filosofía, al ocuparse de esta palabra, empieza diciendo: “Entre los problemas que se plantean con respecto a la filosofía figuran […]”. Para mí la Filosofía -siempre en mayúscula- ha sido siempre un regalo, una especie de sustancia mágica, vivificadora. Sé que algunos de vosotros habéis notado, cuando practicamos la Filosofía, como si de pronto desembocara en vuestro pecho un manantial de agua fresca y como si surgieran decenas de arco iris en los horizontes de vuestra mente. Podríamos decir que la Filosofía es el mejor antídoto posible contra la claustrofobia mental, contra el enrarecimiento de la atmósfera de nuestro cerebro. Y de nuestro corazón también. Quizás sea, dicho desde el modelo de totalidad cientista-cerebralista, que la Filosofía propicia, exige, una plasticidad cerebral casi infinita. Y eso no es sino un regreso al prodigioso mundo en el que vivimos cuando éramos niños: cuando el universo no estaba casi seco, reducido.

10.- Creo que los “sistemas de verdad” que busca el buscador -esas casitas de chocolate ontológico- no solo pueden necrosear los paisajes de nuestra mente, sino que, además, niegan la libertad y la creatividad del Ser. De lo que hay. Soy consciente de que estoy emitiendo una especie de “Verdad”. Pero no tengo forma de salir del lenguaje si quiero seguir practicando la maravilla de Filosofía.

Alguna vez he confesado a algún alumno, a algún amigo, lo que siento. Ahora lo voy a hacer, digamos, públicamente. Siento una sobreabundancia de “encuentros” y una dificultad, gloriosa pero agotadora, de gestionar esos “encuentros”: de pasarlos a textos, de compartirlos con los seres a los que amo: los seres humanos: vosotros.

Muchas veces  me siento como cuando era un niño y los Reyes Magos habían llenado de tesoros el salón de mi casa. Es como si ese momento se hubiera prolongado eternamente. Y me falta tiempo -y energía- para ocuparme de tanto tesoro. A veces siento incluso cierta ansiedad. Y mucho cansancio. El Yoga es el que se encarga de custodiar mi cordura. O eso espero al menos.

Lo confieso: no sé qué hacer con tanto encuentro: con tantas imágenes prodigiosas de esa Inmensidades que nos rodean y que nos constituyen. Por eso es para mí un verdadero regalo, casi una terapia, casi un sacramento, que haya gente que quiera compartir conmigo esas Inmensidades: y que quiera llevárselas al salón de sus mentes y de sus corazones.

Por último, quiero dar las gracias a la Filosofía, a esa fabulosa bailarina lógica: me ha regalado una vida impresionante; aunque un poco dura, por trabajosa.

Y quiero daros las gracias a todos vosotros (alumnos y lectores) por acompañarme con tanto cariño, con tanta paciencia y con tanto respeto.

Gracias desde el fondo sin fondo de mi corazón.

David López

Sotosalbos, a 28 de noviembre de 2010.


Jul 12 2010

Las bailarinas lógicas/ Un diccionario filosófico: “Bailarina lógica”

admin

 

“Bailarina lógica”. ¿Qué es eso? No lo sé muy bien, pero quizás pueda afirmar con cierta contundencia que esos seres -que carecen en realidad de “ser”- necesitan ser amadas, como es amada la bailarina que aparece sobre estas líneas. Hay que creérselas para crearlas, o para compartir las emociones que discurren por las algas lógicas en las que viven todos aquellos que se las creen. Pensemos en la palabra “España”. O “Cataluña”. O “United States of America”. O “Dios”. O “Materia”.

Yo las amo, amo el hecho de su prodigiosa existencia (aunque algunas de ellas me espanten). Y las amo tanto como amo la vida, tanto como amo los sueños (que son lo mismo que la vida). Las amo cada vez más, a pesar de lo peligrosas que son. Ellas dan (son) la vida; y el placer y el dolor (¿no las veis ahí, viviendo en una simple frase?).

“Bailarina lógica”. Es un término con dos palabras que ha nacido en este diccionario filosófico y ha crecido dentro de él…  hasta el punto de darle nombre.

Desde que, en 2009, inicié este diccionario, he intentado comprobar el poder de la diosa Vak, la cual, en uno de los himnos de Rig Veda, afirma que vivimos en ella, que comemos en ella, que respiramos en ella… ¿Es eso posible? ¿No estaremos ante una demencial exageración de los filósofos y de los poetas?

Pero, ¿qué es una “palabra”? Cabría adoptar una postura hiper-materialista y decir que las palabras son símbolos y que los símbolos –unas letras, unos sonidos, una bandera- no son más que determinadas configuraciones de la materia que sirven para comunicar otras determinadas configuraciones de la misma. El problema de este razonamiento es que todo él respira -sobrevive- en una atmósfera onírica: todo él es fruto de un hechizo: el hechizo que es capaz de desplegar una bailarina lógica cuyo precioso baile contemplamos hace unos meses: “Materia” [véase].

Hay una bailarina lógica que ayer (el 11 de julio de 2010) fue capaz de insuflar una gran cantidad de energía (de vida, de magia, de cohesión social, de Maya) a todas las conciencias que están en red con ella: la palabra (el símbolo gráfico) es “España”.

“España”. Otra bailarina lógica. ¿Hay que librarse de todas la bailarinas lógicas para ver lo que somos en realidad? ¿Es eso la sabiduría? ¿Vale con saberlo, con saber que son puntuales y delicuescentes formas de configuración de nuestra conciencia? ¿No es “conciencia” otra bailarina lógica?

¿Hay bailarinas positivas y bailarinas negativas? La respuesta de Nietzsche a esta pregunta sería, quizás, que hay que elegir aquellas bailarinas (o dejarse elegir por aquellas bailarinas) que aumenten nuestra salud, nuestra vitalidad… nuestra “ilusión”. Pero, ¿no fue eso precisamente lo que conseguían las bailarinas lógicas del poeta/coreógrafo Hitler? Él consiguió insuflar mucha ilusión a todas las conciencias que soñaron su sueño lógico.

¿De dónde salen esos seres prodigiosos? ¿Los inventa de pronto un ser humano –un poeta? ¿Surgen mecánicamente, socio-biológicamente, de los grupos humanos? ¿Los inoculan los dioses a través de poetas? ¿Son determinadas formas de conexión neuronal que pueden ser compartidas tribalmente?

Creo que antes de acercarnos a estas criaturas lógicas, a estas hadas gramaticales, puede ser útil tratar los siguientes temas:

1.- Concepto de Maya en la especulación filosófica india.

2.- La negación de la semántica en Gorgias.

3.- San Pedro Damián: la demonización de la gramática.

4.- Berkeley: la materia como membrana lógica (membrana de palabras) que impide ver a Dios pero que, a la vez, sirve para que Dios instale “realidad” (y también sueños) en la mente de sus amadas criaturas.

5.- Wittgenstein: la Filosofía es la lucha de la inteligencia contra los hechizos del lenguaje. ¿Debemos luchar contra las bailarinas lógicas? El segundo Wittgenstein abrazado, abnegado, extático, a las bailarinas lógicas

6.- Simone Weil: casi todos los vocablos políticos están vacíos por dentro. Simone Weil creía en la palabra certera; en los peligros de la fantasía. Finalmente fue abrazada por Cristo, físicamente, meta-lógicamente.

7.- Los koanes en el Zen: el silencio de las bailarinas. Quizás el Satori (el objetivo final del Zen) ocurra cuando sabemos/sentimos (desde algo que ya no es mente ni es cuerpo ni es “ser humano”) que las bailarinas lógicas son carne de nuestra carne mental: que somos (ahí donde ya no cabe hablar de “ser humano”) el secreto coreógrafo de todas ellas: lo que les da la vida; y lo que les puede dar la muerte.

A partir de aquí, creo que puedo ir esbozando algunos rasgos comunes de las “bailarinas lógicas”:

1.- Dejándome llevar por las posibilidades expresivas de los “mitos” (como si hubiera algo en nuestro discurso que no fuera “mito”), podría decir que las bailarinas lógicas son algo así como sacerdotisas de Vak: la diosa de la palabra que se sabe omnipotente. O casi. Sacerdotisas o autodifractaciones de su esencia.

2.- Creo que, efectivamente, vivimos en un sueño lógico: en un cosmos construido por una estructura de palabras. Desde este punto de vista, la palabra sería no sólo genésica, como afirma el arranque del Evangelio de San Juan, sino también, y sobre todo, mágica: capaz de configurar cualquier contenido de conciencia (cualquier “existencia”).

3.- Buena parte de las propuestas soteriológicas (propuestas de salvación o de elevación de la condición humana si se quiere) insisten en el silencio como puerta a lo sagrado (como puerta a nuestro verdadero ser, que sería coincidente con el verdadero ser de Dios). Así, el silencio, la retirada de las bailarinas lógicas, permitiría ver lo que hay detrás de ellas, permitiría tomar conciencia de que lo que hay no coincide con sus cuerpos ni con el ritmo matemático de su baile. Ese silencio cósmico llevaría a la libertad: sería un despertar. Pero, ¿por qué despertar? ¿Para no sufrir? ¿Para salir del sufrir-gozar que, por ejemplo, sacudía ayer (11 de julio de 2010) a los seguidores de la selección española?

4.- Ya vimos en conferencias anteriores que a las bailarinas lógicas no les gusta que nos acerquemos demasiado a su cuerpo. Quizás sea que su piel es demasiado transparente. Se ve su nada. Su nada apasionada. Pero esa piel suda y vibra: hay en ellas un descomunal esfuerzo por vivir en nuestra conciencia, por tener “realidad”, por ser “de verdad”. Al ocuparme de la palabra “realidad” ofrecí un corte de la película Mulholland Drive (David Linch) que me sirvió para imaginar a una bailarina lógica llorando; llorando por su vacuidad ontológica [véase].

5.- Creo que hay razones, al menos sistémicas, para diferenciar “bailarina lógica” de “concepto”, “universal” o “idea”. Quizás la clave esté en insistir en la “materialidad” de la bailarina lógica: es símbolo, algo que se percibe dentro del marco perceptivo ordinario, no tiene abstracción: se ve, o se oye, como se ve o se oye un pájaro.

6.- Un cosmos [véase] es el fruto tangible, perceptible, de un determinado logos [véase]. Y un logos es un poetizar [véase Poesía] que ha conseguido modelar unas conciencias hasta el punto de hacerles creer que su sueño lógico es lo real. Las bailarinas lógicas son la parte visible de un poetizar. Son semillas de mundos (de sueños, porque todo mundo es un sueño en realidad). Podríamos decir que las bailarinas lógicas son Poesía viva, hambrienta de conciencias, necesitada del hábitat que les ofrece el interior de eso que una bailarina denomina “ser humano”.

Al ocuparme de “concepto” [véase] he reproducido Génesis 2.16-17: “De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Yo en ese momento interpreté que en el momento en que un concepto toma la mente ( en el momento en el que la agarra) se produce la muerte, la muerte de la conciencia por así decirlo.

Cabría otra interpretación: “De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente te dormirás”.

Pero quizás vida y sueño sean lo mismo. ¿Sólo hay dos opciones: soñar o despertar a la nada/el infinito que somos? Muchas tradiciones hablan de una tercera: seguir soñando, sí, pero sabiendo que es un sueño, y que todas las bailarinas lógicas bailan atentas a nuestras manos: fabricar entonces preciosos hechizos, como diría Nietzsche.

Hay un video de Kylie Minogue que me ha aparecido extraordinariamente útil para visualizar lo que, a duras penas, voy entendiendo por bailarina lógica. En él se puede ver a una bailarina lógica cantando, bailando, hechizando conciencias, siendo progresivamente amada, creando un cosmos de mentes y de cuerpos dormidos, pero gozosos, aparentemente libres. Por fin libres. La gente de la calle, de pronto, abandona a otras bailarinas lógicas (las que, supongo, les impedían desnudarse en plena calle y abrazarse con la persona que tuvieran más cerca). Y es que todas las personas, gracias a esa bailarina prodigiosa, son bellas, tienen cuerpos bellos. Y sus zonas más “oscuras” (oscuras desde la visión ofrecida por otras bailarinas lógicas) son ahora completamente blancas y limpias: toda la gente de la calle, al desnudarse, muestra ropa interior blanca. Y no solo eso: la bailarina, con su poder, es capaz de convertir en un caballo blanco el caballo negro al que se refería Platón con su imagen del carro: el caballo negro de las pasiones es ahora el blanco: lo más puro, lo más limpio.

Y todos los seres humanos que oyen la música lógica se abrazan, armónicamente, en un erotismo hiperarmónico donde la belleza -esto es, el orden ilusionado- quiere reinar sin límite. La diosa sigue cantando, exultante de su poder, y bajo sus pies se van entrelazando cuerpos, cuerpos armónicamente estremecidos por el deseo sexual (un deseo que transciende y enciende al sujeto que desea). El delirio crece, y crece, y de pronto, atónitos, vemos que se está creando algo así como un organismo pluricelular, gigantesco, monstruoso, tan grande como uno de los edificios de una gran metrópoli. Entonces sentimos estupor maravillado, vértigo, horror incluso. Es la mirada filosófica: la que, por así decirlo, se asoma a los mundos que anidan en el espacio infinito de la conciencia. Dentro de ese hiper-erótico cosmos de mentes y de cuerpos entrelazados parece haberse instalado la plenitud, algo así como un paraíso sensual, un delicioso orden donde merece la pena fundirse, donde brilla el éxtasis de la supresión de la individualidad. Es destacable cómo mueve sus manos Kylie Minogue por encima de los ojos de sus hechizados; y cómo éstos se estremecen de cosmicidad, de orden, de amor, sintiendo que se elevan hacia el cielo al bailar el baile de la bailarina lógica que ha entrado en sus conciencias.

Desde fuera, no obstante, vemos un monstruo inquietante, una especie de virus lógico que quiere toda la materia humana para sí. Al final la bailarina, consciente del éxito de su baile y de su música, desde lo alto de su montaña de cuerpos y mentes, lanza una sonrisa de poder.

Quizás sea esa la sonrisa de Vak, la diosa que habla desde el Rig Veda, encarnada en una de sus sacerdotisas.

Imagino también la palabra “España” (O “Cataluña”), sonriendo desde una gigantesca pirámide de cuerpos y de corazones entrelazados por la euforia futbolística. Una pirámide onírica, lógica, hiper-vital, que, por el momento, no me inquieta.

Éste es el vídeo de Kylie Minogue:

 


May 31 2010

Las bailarinas lógicas: “Tapas” (Sufrimiento creativo)

admin

नासदासीन नो सदासीत तदानीं नासीद रजो नो वयोमापरो यत |
किमावरीवः कुह कस्य शर्मन्नम्भः किमासीद गहनं गभीरम ||
न मर्त्युरासीदम्र्तं न तर्हि न रात्र्या अह्न आसीत्प्रकेतः |
आनीदवातं सवधया तदेकं तस्माद्धान्यन न परः किं चनास ||
तम आसीत तमसा गूळमग्रे.अप्रकेतं सलिलं सर्वमािदम |
तुछ्येनाभ्वपिहितं यदासीत तपसस्तन्महिनाजायतैकम ||
कामस्तदग्रे समवर्तताधि मनसो रेतः परथमं यदासीत |
सतो बन्धुमसति निरविन्दन हर्दि परतीष्याकवयो मनीषा ||
तिरश्चीनो विततो रश्मिरेषामधः सविदासी.अ.अ.अत |
रेतोधाासन महिमान आसन सवधा अवस्तात परयतिः परस्तात ||
को अद्धा वेद क इह पर वोचत कुत आजाता कुत इयंविस्र्ष्टिः |
अर्वाग देवा अस्य विसर्जनेनाथा को वेद यताबभूव ||
इयं विस्र्ष्टिर्यत आबभूव यदि वा दधे यदि वा न |
यो अस्याध्यक्षः परमे वयोमन सो अङग वेद यदि वा नवेद ||

Tapas”. Es una palabra (un concepto/una forma de mente) que me produce una enorme fascinación filosófica. Proviene del sánscrito. Esta lengua se escribió en devanagari (“la escritura de los dioses”). La belleza de su grafía se puede apreciar en el texto que vuela sobre estas frases. Es el famoso Himno a la Creación (10.129) del Rig Veda. Está disponible en esta generosa página de internet: www.sacred-texts.com.

Tapas. Vamos a ocuparnos de un tipo específico de sufrimiento: el sufrimiento creativo.

¿Podemos soportar la idea de que, una vez más, estamos ante una bailarina lógica, un símbolo que trata de convencernos de que hay algo significado por él?

Pero, ¿no es el sufrimiento una realidad evidente, algo que está ahí, hostil, más allá de cualquier sistema de símbolos?

Creo que no.

Dijo Nietzsche que “el camino que conduce a nuestro cielo personal pasa siempre por la voluptuosidad de nuestro propio infierno”. La cita se puede encontrar en la página 171 de una obra excepcional: Nietzsche (La experiencia dionisíaca del mundo), de Diego Sánchez Meca (Tecnos, Madrid, 2005), el cual afirma que “la experiencia dionisíaca del mundo supone, ante todo, una determinada actitud ante el problema del dolor”.

Dolor. Sufrimiento. Tapas: calor creativo. Cabría acercarse a ese concepto haciendo una serie de paradas previas:

El Tapas indio

Es un sustantivo sánscrito relacionado con el verbo tap (calentar). Aprovecho para recomendar, a quien no lo conozca, un diccionario ya clásico sánscrito-inglés (El así llamado “Monier Williams”). Se puede utilizar vía internet. Esta es la dirección: http://www.sanskrit-lexicon.uni-koeln.de/monier/. Ahí encontramos estos significados: calor, los cinco fuegos a los que se somete el devoto en la estación caliente, dolor, sufrimiento, austeridad religiosa, mortificación del cuerpo, el aprendizaje sagrado de los brahamanes, dar el alma a los brahamanes, servicio, alimentarse con raíces y hierbas…

Lo sorprendente es que Maurice Blomfield, en su edición del Atharva Veda, tradujera Tapas como “fervor creativo”(Sacred Books of the East, Vol. 42.) Se puede acceder a esta obra desde aquí: http://www.sacred-texts.com/hin/sbe42/index.htm).

Esta concepción, digamos, “creativa”, del Tapas, se puede encontrar también en distintos lugares de la literatura védica, como en el famoso Himno de la Creación del Rig Veda, cuyo tercer verso dice:

La fuerza vital que estaba cubierta con vacío, esa surgió mediante la fuerza del calor.

Me he basado en la traducción y edición de parte de los himnos del Rig Veda realizada Wendy Donniger (Penguin, London, 1981). Esta traductora incluye una nota en la palabra “calor” que dice lo siguiente:

Tapas designa calor, en particular el calor generado por los rituales y por la mortificación física del cuerpo”.

Pero resulta que estamos en un himno que quiere explicar el misterio de que haya algo en lugar de nada: algo, además, que surge de la nada. Y la clave parece estar en un determinado tipo de sufrimiento (o una creativa canalización del sufrimiento).

Esta potencia creativa del sacrificio ascético –del “calor” del ascetismo- la encontramos también en otro famoso himno del Rig Veda, el Purusa-Sukta (10.90), que nos describe la Creación como el resultado de un violento desmembramiento del hombre primigenio llevado a cabo por los dioses.

Esto dice el verso noveno:

“A partir de aquel sacrificio en el que todo fue ofrecido, nacieron los versos y los cantos, y también los metros nacieron de él, y de él nacieron las fórmulas”.

Parecería que el sufrimiento padecido por aquel protohombre que fue desmembrado por dioses creativos sería la energía fundamental de toda creación –incluida la lingüística (¿Cabe pensar en otro tipo de creación que no sea efecto necesario de un Verbo?). [Véase Poesía].

También aparece ese Tapas “creativo” en la Mundaka Upanisad:

Mediante el tapas, el poder de meditación, Brahman consigue expandirse y así se forma la materia primigenia (Juan Mascaró: The Upanishads, Penguin Classics, 1965, pag. 75).

A partir de esta nueva irrupción -en el Occidente clásico- de la bravucona diosa india Vak (la Palabra), voy a exponer algunas reflexiones mías, por el momento en obras, sobre eso que sea el sufrimiento:

1.- Creo que podemos aceptar como presupuesto la fuerza alquímica, el potencial de creación/destrucción/transformación que tiene el sufrimiento (el sufrimiento, digamos “humano”). Y si, como dicen Buda o Schopenhauer (entre otros) la vida es sufrimiento, cabría afirmar a la vez que la vida es creatividad. Creatividad ubicua y permanente. Creatividad que presupone además mucha destrucción.

2.- Prescindiendo de cuál sea el origen del sufrimiento, parece obvio que estamos ante una un acontecimiento que propicia transformaciones radicales. Tapas es un concepto que sugiere la posibilidad de utilizar la fuerza del dolor –del dolor consustancial a la vida- para crear: para crear mundos: para regresar quizás a la fuente del poetizar: decir otros mundos y entrar en ellos. O decir de otra forma los que ya están dichos.

3.- Veo dos tipos de sufrimiento:

a) El que sirve para sostener un cosmos (por ejemplo, el dolor que nos impide realizar actos que puedan amenazar la integridad de nuestro cuerpo físico, la integridad de nuestro arquetipo de familia o la integridad de nuestro modelo de sexualidad). Los mundos se protegen mediante un sistema dual placer-sufrimiento. Causa sufrimiento aquello que amenace o rompa nuestro cosmos. Pensemos en el sufrimiento (sufrimiento “lógico” cabría denominarlo) que causan los discursos que derivan de ideas radicalmente distintas a las que vertebran el cosmos del que las escucha.

b) El sufrimiento extremo (que propiciaría la necesidad de huir de un mundo y crear otro). Me viene a la memoria la idea de Marx de utilizar el sufrimiento extremo de la masa obrera para dinamitar entero el sistema capitalista.  Y es que el sufrimiento, cuando supera determinados umbrales, funciona como un arado en el huerto de nuestra conciencia. Incluso puede romper los diques de contención de lo “otro”, aquello que nunca hubiera podido entrar en nuestro mundo.

4.- Cualquiera de nosotros puede recordar ésto: estar sufriendo intensamente en un sueño, y saber -saber desde una misteriosa lucidez de fondo- que cabía escapar de ese torturante Maya en cualquier momento. Solo con quererlo. Solo con renunciar contundentemente a ese mundo onírico.

5.- Cabría decir que todos los mundos están abiertos. Cabe salir. Escapar a otro Maya. O a la Nada de la que brotan y a la que vuelven todos los mundos. ¿Cabe crear mundos? Sí. Y parece que la fuerza decisiva para ese proyecto descomunal es un sufrimiento previo, insoportable: una catapulta prodigiosa. Una catapulta que hay que saber manejar para que produzca los efectos deseados. Porque quizás sea el sufrimiento una oportunidad para hacer cosas imposibles desde el mundo custodiado por ese propio sufrimiento. Eso parecen indicarnos los himnos a la Creación del Rig Veda a que he hecho antes referencia. Y muchos otros textos de la literatura sánscrita.

A continuación ofrezco un enlace en el que se puede ver un fragmento de Todas las mañanas del mundo, una película dirigida por Alain Corneau. En ella se narra la historia de Saint Colombe, un músico del siglo XVII que canalizó su extremo sufrimiento (y su extrema autodisciplina) para crear una música capaz de convocar y de estremecer a su esposa muerta. Esa música está interpretada para la película por Jordi Savall. Disfrutad en plenitud de un sublime fruto del sufrimiento creativo:

David López

17 de abril de 2013


May 24 2010

La bailarinas lógicas /Un diccionario filosófico: “Ser humano”.

admin

Lo que va en esa moto, cantando, es un “ser humano”. Homo sapiens le llamó Carlos Linneo en 1758.

¿Estamos ante otra bailarina lógica, un símbolo, una nada, que quiere ser algo en una conciencia? ¿Las conciencias son siempre “humanas”? ¿Soy yo, el que ahora escribe, un ser humano? ¿Qué es eso?

Antes de exponer mis borradores de ideas sobre eso que sea el “ser humano” (si es que hay algo más allá de este símbolo), creo que cabe hacer las siguientes paradas:

1.- El relato cientista-naturalista-evolucionista: a la materia en la que cree ese relato (al universo si se quiere), de pronto, le ocurre algo prodigioso: el ser humano. Estado actual de esa narración: el primer ser humano moderno (con cuerpo y comportamiento igual al nuestro) habría aparecido en la actual Etiopía (hay restos encontrados de 195.000 años). Son los hombres de Kibish (descubiertos en 1967 por Richard Leakey).

2.- El ser humano como secuencia genética. ¿Cuándo empieza exactamente la materia a ser un “ser humano”? ¿Cuándo deja de serlo?

3.- El cuerpo humano. Modelos de cuerpo humano. Referencia a las bailarinas “Cosmos” y “Cuerpo” [véanse]. El Hatha Yoga. El modelo platónico (cuerpo versus alma). Referencia a Peter Brown: Body and society, Columbia University Press, Londres, 1988.

4.- La sacralización del ser humano (por el ser humano). Referencia a Adela Cortina: Las fronteras de la persona, Taurus, Madrid, 2009. Sobre esta obra hice una crítica que se puede leer [aquí].

5.- Píndaro. El hombre es el sueño de una sombra. La sombra o Nirguna Brahman.

6.- Paracelso: “El hombre es el templo de Dios”.

7.- Kant. Somos ciudadanos de dos mundos. Y estamos destinados a volar hacia el infinito.

8.- Estructuralistas franceses. El fin del hombre. Todo es estructura meta-humana. [Véase Levy-Strauss].

Comparto ahora algunas notas sueltas:

1.- Dijo Michel Foucault que no son los hombres los que hacen los discursos, sino los discursos los que hacen a los hombres. Vak dijo algo similar -hace más de tres mil años- en el himno del Rig Veda que inspira este curso sobre bailarinas lógicas.

2.- “Ser humano” es una palabra. No somos seres humanos. La Poesía [véase] -el grupo de bailarinas lógicas que hayan conseguido sobrevivir en “nuestra” mente- nos hace vernos como seres humanos. O no. Una cosa es nuestro yo esencial (“metalógico”), y otra nuestro yo “lógico”: lo que vemos de nosotros mismos a través del filtro lingüístico-poético. Pero, ¿de qué abismo innombrable surge ese poetizar que toma nuestra mirada… ese poetizar que nos hace vernos como “seres humanos”?

2.- Como afirmé en Progreso [Véase] creo que lo “humano” no exige una forma concreta -ni siquiera un genoma concreto-, sino una esencia, digamos, metafísica (por no reducirse a las formas de lo físico): filósofos capaces de amar (y de reír y de soñar y hacer soñar)… incluso adoptando la forma de centauros. Se trata de una definición de lo humano, no una afirmación de que seamos eso. Más bien es una sugerencia de existencia. Una sugerencia de creatividad, de poetización. Lo que somos, más allá de las poesías, es inefable.

3.- Podríamos decir, desde las metáforas, siempre desde las metáforas, que somos esa sombra a la que se refería Píndaro. Una sombra (algo innombrable, impensable, imperceptible) que sueña mundos: que sueña seres humanos. Y se identifica con ellos. Y se religa con ellos [Véase Religión]. O no se religa. El sistema Samkya: saber que no se es lo fenoménico (lo que se presenta como objetivo, la “materia”). O no saberlo. Quizás sea más fascinante no saberlo.

4.- Al final de este texto se puede ver una obra de arte que muestra mi concepción -mi poetización en definitiva- del contenido de la palabra “Ser humano”. Es un anuncio de Honda dirigido por Ivan Zacharias. Lleva por título Impossible dream y tras sus ditirámbicas imágenes suena un mantra en el que se repite “To reach the unreacheable star” [alcanzar la estrella inalcanzable].

Ahí aparece un ser humano en todo su esplendor onírico: un renglón de materia y de sangre y de sueños que se lanza hacia estrellas inalcanzables. Y lo hace cambiando por el camino una parte de su soporte material. Devoto a la vez de Maya (la vida/el sueño de la vida). Y devoto también de Francis Bacon (el profeta de las máquinas amigas del hombre, dionisíacas en este caso).

El gesto del protagonista del anuncio es nietzscheano: una entusiástica afirmación del vivir, del discurrir por las imponentes carreteras de Maya pilotando artilugios tecnológicos (materia ordenada y adscrita a los sueños del hombre).

Pero, ¿qué es lo que pilota el vehículo humano? ¿Y si fuera esa sombra -¿Dios?- la que estuviera en nuestro interior, “siéndonos”, “pilotándonos”, con el mismo gesto entusiástico y sereno que muestra el protagonista de este anuncio?

Cabría imaginar que el piloto del anuncio fuera un Dios creador disfrutando de su Creación -de su sueño consciente-, deslizándose gozosamente por la evolución hasta una muerte -un final del mundo- que sería, en realidad, un regreso al abismo.

Un regreso al abismo y, por tanto, la posibilidad de crear un nuevo sueño: un nuevo viaje fabuloso por las carreteras, las playas y los mares de Maya.

Un regreso a la muerte si se quiere. A la que se recibiría con estilo.

Ahí tenéis el anuncio. Disfrutadlo. Al menos tres veces. Con el volumen muy alto.

 

 

David López

Sotosalbos, 17 de mayo de 2013.

 
 

Feb 22 2010

Las bailarinas lógicas (Un diccionario filosófico): “Logos”.

admin

Ayer, justo antes de dormirme, miré hacia los árboles, las algas lógicas y las estrellas que rodeaban mi casa.

El viento sacudía con fuerza las formas de las cosas, como si quisiera liberarlas de sus nombres.

Acababa de dar un paseo –otro más- por las frases que Guthrie dedicó a Heráclito en su majestuosa Historia de la filosofía griega[1]. Poco antes había paseado por un libro, sólido y luminoso, de Alberto Bernabé: De Tales a Demócrito (Fragmentos presocráticos)[2]. Y también allí había repensado lo pensado por Heráclito.

Heráclito el oscuro: el profeta del fuego lógico.

Este “filósofo” griego afirmó que se había investigado a sí mismo. Y que este “orden del mundo, el mismo para todos, no lo hizo Dios ni hombre alguno, sino que fue siempre, es y será; fuego siempre vivo, prendido según medidas y apagado según medidas”.

Fuego finitizado, ordenado… ordenador.

A ese orden, a ese fuego lógico, a ese Dios que “no quiere y quiere verse llamado con el nombre Zeus”, se le ha llamado también Logos.

Logos: palabra, razón de ser de todo lo que se presenta, lo dicho, lo pensado en el pensar y el pensar mismo, el hijo de Dios y Dios al mismo tiempo…

El sistema lingüístico… Matrix.

En esta conferencia voy a tratar de asomarme a esta palabra –Logos- desde la propia palabra. Desde dentro. ¿Cómo asomarse desde dentro a un cosmos?

Está claro que voy a fracasar. Pero quizás sea capaz de compartir mi reverencia, mi sobrecogimiento, ante las bailarinas de fuego.

¿O es una sola que las agrupa todas? ¿Es una bailarina que integra en un cuerpo monstruoso el cuerpo de todas las bailarinas lógicas que podamos imaginar? Dijo Orígenes que el Logos es la idea de todas las ideas.

A continuación ofrezco algo de orden sobre lo que soy capaz de pensar y sentir con ocasión de ese Gran Fuego ordenador que sería el Logos:

1.- El Logos, pensado como totalidad lógica (como sistema), como fuego único (razón única) del mundo, otorga forma –realidad- a un cosmos y regula sus posibilidades de cambio. Un logos es una forma entre las infinitas posibles de encadenar conceptos (formas de mente): es un baile en definitiva: o una sucesión de modelos de conexión neuronal.

2.- El logos sería algo así como la música de fondo (eterna e inmutable según Heráclito y muchos otros) que establece las coreografías posibles (los movimientos posibles) en un determinado cosmos: en una determinada finitud. Esas coreografías posibles, no obstante, generan un infinito dentro de la finitud (me remito a la presentación de mi conferencia sobre el infinito). La música del Logos, ese dictado permanente, suena en el infinito: le permite finitizarse, ser algo en la nada mágica (por arte de magia).

3.- El logos –la Palabra/El Verbo- es Dios en cuanto que es creadora, conservadora y destructora de mundos (recordemos la trinidad hindú). Pero no es omnipotente porque puede ser desactivado por la magia del silencio.

4.- Ya he afirmado en otros textos que, en mi opinión, somos Magos. Desde este análisis del concepto “Logos”, siento que somos Magos lógicos, en el sentido de que podemos entrar con las manos de nuestras frases en la maquinaria configuradora de mundos que hay en las mentes de los que nos escuchan. Por eso considero que el acto de hablar es sagrado. Cada frase que emitimos debe considerarse algo sagrado.

5.- El silencio desintegra los mundos, los devuelve al pecho lógico de eso que es el fondo de todo: nuestro verdadero yo; que no es un yo, ni es Dios: es una Nada donde “sentimos” que estamos en nuestro verdadero ser: libre, omnipotente, eterno: creador de infinitos Logos… de infinitos modelos de fuego lógico.

Esta noche el viento no ha parado de rugir bajo las estrellas y sobre la fría tierra de Segovia. No ha parado de poner a prueba la solidez lógica del mundo (de mi mundo). De hecho, aturdido por el ruido, he tenido sueños viscosos, absurdos, dolorosos, donde yo no recordaba la solidez cósmica que había abandonado al entrar en mi cama: nadaba en un océano donde era imposible hacer pie.

Al despertar –al hacer pie, o al creerme que lo hacía- he comprobado que todo seguía ahí: los árboles, el invierno, los libros, los vínculos anímicos con mis seres queridos.

Vak –la Palabra, la diosa del orden- me ha sonreído. Y yo a ella. Gracias querida amiga.

El amor a mi mundo me impide perdirle al Logos, por el momento, que se retire: que deje mi conciencia abierta al Silencio radical de Dios (del Dios metalógico): que se aparte para que yo pueda arder, ya, en lo que San Juan de la Cruz denominó “Llama de amor viva”.

Por el momento prefiero arder –dionisíaca pero cosmizadamente- en esa llama de lógica viva a que se refería Heráclito.

Prefiero arder, todavía, en la Palabra.

En el Logos: ese fuego legaliforme: letal y cordial a la vez.

 

David López

Sotosalbos, 22 de febrero de 2010.

 


[1] W.K.C. Guthrie: Historia de la filosofía griega (seis volúmenes), Gredos, Madrid, 1984.

 

[2] Alberto Bernabé: De Tales a Demócrito (Fragmentos presocráticos), Alianza editorial,  Madrid, 1988.

[3] Wendy Doniger: The Rig Veda, Penguin Books, London, 1981.