Jun 14 2010

Escula libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 14 de junio de 2010: “Tao”.

 

        “Tao”. Camino, vida, orden, sentido, hembra abisal que lo mueve y lo es todo…

        Es una bailarina de origen chino que lleva muchos años hechizando mentes occidentales (si es que hay alguien que sepa de verdad que es exactamente eso de ”occidental”).

       En realidad “Tao” (o “Dao”) es una adaptación a nuestro lenguaje de un precioso ideograma chino. Es éste:

       

        Cuando me ocupé de la palabra “Humanidad” [véase] quise compartir mi fascinación por el hecho de que los seres humanos se saluden en los caminos: en los caminos que surcan la naturaleza (como el que aparece en la fotografía de Richard Long que agranda estos párrafos).

        ¿Es esto del “vivir” una especie de caminar por una senda marcada metafísicamente? ¿Es sabio el que sabe detectar su camino (su Tao) y adaptarse a él? ¿Hay un camino, un sentido, un órden, para todos los seres humanos, en su conjunto y, a la vez, para toda la naturaleza de la que son parte?

        En mi conferencia leeré algunas frases del Tao Te Ching tal como fue traducido por Carmelo Elorduy. La cuestión fundamental que compartiré con vosotros es ésta:

        ¿Hay posibilidad de creación -de creatividad más bien- dentro de esa hembra física y metafísica que parece serlo todo y, a la vez, regirlo todo (con o sin Creación)? En realidad volvemos a la más crucial de todas las disyuntivas: estamos o no estamos en (¿somos?) un océano libre. Una cosa inefable capaz de configurar mundos inéditos con leyes no “taoizadas”.

        Lo curioso es que el Tao Te Ching (el libro donde se muestran las especulaciones metafísicas fundamentales del taoismo) propicia, al menos en algunos capítulos, una especie de anarquismo -en lo social- a la vez que un esclavista sometimiento a un imperio invisible -el Tao- con el que, al parecer, más vale armonizarse.

        El taoísmo, como “filosofía” o ”religión” o lo que sea, me ofreció hace años una preciosa leyenda, deliciosamente adaptada por Marguerite Yourcenar en sus Cuentos orientales. En esa leyenda se narra la historia de un pintor chino cuyos ojos sólo veían sublime belleza y cuya capacidad artística le permitieron crear un mundo desde dentro del que estaba a punto de matarle. Arte. Creatividad: creatividad radical, fuerza capaz de construir universos. En mi novela El bosque de albaricoques intenté dar más vida, más todavía, a aquel mago y a sus pinceles.

        ¿Cabe crear modelos alternativos de Tao: cabe legislar? ¿Cabe ser ingenieros de caminos metafíscos (y físicos por tanto)? ¿Cabe construir un camino como el que fotografió Richard Long y caminar por él como el que caminara por el interior su propio cuadro?

        ¿Qué somos en realidad? ¿Cuánto poder y cuánta libertad tenemos? 

        ¿Somos magos? ¿Qué significa eso? ¿Cuál sería el mago más poderoso? [Véase Magia].

        Tao. Me ocuparé de esta bailarina china, intentaré oler su piel de cerámica transparente, me asomaré a su nada interior, siguiendo este orden (este Tao):

        1.- La civilización y la lengua chinas.

        2.- El taoísmo como religión. Creo que esta bibliografía puede seros útil:

                – Mircea Eliade/Ioan P. Couliano: Diccionario de las religiones, Paidos, Barcelona, 1992.

                – Russell Kirkland: Taoism: the enduring tradition, Routledge, Londres, 2004.

                – Chantal Maillard: La sabiduría como estética (China: confucianismo, taoísmo y budismo), Akal, Madrid, 2000.

                – Henry Maspero: El taoísmo y las religiones chinas, Trotta, Madrid, 2000.

                – Iñaki Preciado: Los cuatro libros del emperador amarillo, Trotta, Madrid, 2010.

        3.- La crítica de Russell Kirkland: el taoísmo de las lucrativas (y dogmático/ilustradas) librerías occidentales frente al taoísmo de China. La superstición implícita en el desprecio de las supersticiones.

        4.- La mitología taoísta: somos el sueño de una mariposa.

        5.- Lectura de algunos textos del Tao Te Ching, según la traducción al español de Carmelo Elorduy (Tecnos, 2001). Fue la primera. Hay otra traducción posterior: El libro del Tao, de Iñaki Preciado (Alfaguara, 1978). Ésta última está basada en los textos Ma-wang-tui, que se reposaban, en seda, dentro de unas tumbas chinas.  Los sinólogos afirman que en estos textos, descubiertos en los años setentan, se aprecian importantes diferencias con el libro sagrado del Tao que se conocía hasta entonces.

        Finalmente haré algunas reflexiones. Insistiré en explicitar la gran duda: o hay libertad/creatividad o no la hay.

        Para ello me remitiré a las conferencias sobre la Libertad [véase] y sobre la Magia [véase].

        En la noche del 16 al 17 de octubre de 2008 soñé que explicaba el zen a mi  hermano. Mi padre escuchaba. Tranquilo. Lúcido. Libre ya de esta vida. Y dijo: “Que ningún discurso te bloquee el futuro”.

        Creo que ese consejo es clave para entender el vaciado del que habla el Tao Te Ching que yo leo: se trataría de liberarse de cualquier “natura naturata“, cualquier “orden” no querido, no sentido como propio. No sentido como sagrado. Y desde ahí, afrontar la parte del camino todavía invisible: lo que no aparece en la fotografía de Richard Long.

        ¿Cuántos paisajes pisarán todavía nuestros pies?

        Lo fabuloso de la vida (este camino que ahora piso) es su plasticidad. No dejo de sospechar que, como el pintor Wang Fö, soy yo -cada uno de nosotros- quien lo dibuja sobre el lienzo infinito de nuestra conciencia.

        Y cada día me parece más lúcida la idea de Paracelso de que el hombre fabrica su cielo y que, una vez fabricado, ese cielo le alimenta. Creo que la clave está en la fe. Y en la capacidad de asumir la libertad (como se atrevió a decir Sartre en esa conferencia de 1945 que se publicó con el título “El existencialismo es un humanismo”).

        Fe en esa cosa inefable, descomunal, omnipotente, que llevamos dentro (ese Tao sin forma que es capaz de automodelarse en infinitos mundos). Esa cosa capaz poetizarse de cualquier forma: de se cualquier Logos. Veáse [Logos] y [Poesía].

        Fe en que todo es posible para esa cosa de lo “real”. El camino en el que ahora apoyamos los pies de nuestra conciencia puede mostrar prodigios jamás acontecidos.

        Por eso no hay que poner límites discursivos a nuestro futuro. Eso me aconsejó mi padre en sueños.

        Yo creo que tampoco hay que poner límites discursivos a nuestro presente: entonces veremos que el camino, el Tao, huele como el corazón de las mariposas taoístas. Huele a primavera infinita.

       

        David López

        Sotosalbos, junio de 2010.


Feb 15 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 15 de febrero de 2010: “Libertad”.

                        

        Libertad. Otra bailarina lógica.

       Quizás ella lo sepa todo. Todo lo que no quiere saber la Nada sobre sí misma.

       ¿Qué es la libertad? ¿Somos libres? ¿Ser libre es poder hacer lo que se quiera? ¿Ser libre es poder auto-inocularse contenidos de conciencia paradisíacos? ¿Cuánto tiempo se puede sostener un paraíso sin un infierno que lo destaque?

        ¿Se puede elegir, en libertad, lo que se quiere querer? Mejor preguntado: ¿se pueden elegir formas de querer?

        En 1839 la Real Sociedad Noruega convocó un concurso para obtener respuesta a esta pregunta:

        ¿Se puede demostrar la libertad de la voluntad humana por la autoconciencia?

        Schopenhauer, que por aquel entonces agonizaba por un déficit de fama, se presentó al concurso y lo ganó.

        Hay una frase en su escrito premiado que lo dice casi todo:

        “El ser humano hace en todo momento sólo lo que quiere, y lo hace además de una forma necesaria. Ello se debe a que él es lo que él quiere ser: pues de lo que él es se sigue necesariamente lo que siempre hace.”

        Sospecho que ese auto-artesano (ese demiurgo mágico) no puede seguir siendo un ser humano. Sólo Dios puede ser libre (es la aseidad, tal como fue entendida en la escolástica). Pero sólo puede ser libre si, siendo Dios, es también Nada. Absolutamente nada. Porque ser algo ya es un condicionante, ya determina lo que se puede o no hacer: lo que se puede o no ser.

        Creo que somos esa Nada prodigiosa.

        Tras una introducción en la que trataré de compartir mis dudas, me ocuparé de la palabra “libertad” siguiendo este orden:

        1.- Schopenhauer. Sobre la libertad de la voluntad[1]. Intentaré ofrecer un análisis de este texto fundamental de la metafísica schopenhaueriana. El tema crucial es la responsabilidad: si no somos libres no podemos pecar.

        2.- Sartre: hay que ser ateos consecuentes y asumir que el hombre es un ser condenado a la libertad.

        3.- La libertad –el Samadhi- como fin último del Yoga. ¿De qué hay que liberarse? Trataré de ofrecer vislumbres de este tipo de libertad basándome, entre otros, en este libro: Mircea Eliade: El Yoga. Inmortalidad y libertad.[2]

        4.- La libertad política. Leeré los últimos párrafos del Tratado teológico-político de Spinoza.

        Finalmente, ofreceré algunas reflexiones personales. Admito que son todavía esbozos. Supongo que necesito más tiempo para cobijarlos en algo así como un “sistema metafísico”. Ahí van los esbozos:

        1.- Hay dos tipos de libertad: la absoluta (la propia de la Nada/el infinito/Dios metalógico) y la cosmizada (la que se despliega dentro de las posibilidades algorítmicas de un cosmos concreto, de una creación determinada).

        2.- Como afirmé en mi conferencia sobre la palabra infinito, el ser humano –eso que sea el ser humano- no puede existir sin finitud, pero tampoco la soporta. Dicho desde el tema de la libertad: el ser humano está en una finitud elegida –una esclavitud necesaria- y, desde ahí, necesita expandirse, llevar al infinito el algoritmo que estructura, pero que a la vez expansiona, esa finitud (ese cosmos). Sería algo así como un infinito desplegado dentro de una finitud algorítmica.

        3.- En política prefiero mantener el nivel de lo que en la filosofía india se conoce como apara vidya (conocimiento inferior, el conocimiento puramente útil, el que permite optimizar el estado de conciencia dentro del sueño de la vida, siempre que uno se siga creyendo que no es un sueño, un autohechizo). Desde este nivel creo que merece la pena destacar que cuanto más débil y yermo es un sistema político, más claustrofobia produce y más violencia exige en su interior. Los totalitarismos (recordemos este neologismo de Hanna Arendt) son huertos yermos: o mentes entretejidas con materiales muertos. Dado que ese tejido está seco y quebradizo, sus guardianes vigilan toda forma de arte o de pensamiento (¿hay diferencia?) que pueda dar entrada al peligroso viento del infinito (el Demonio al que se refería Stefan Sweig; la Libertad, podríamos denominarlo ahora). Pero, ¿somos libres para aceptar unas u otras ideas, para ser o no miedosos, para practicar o no la censura y la autocensura? En cualquier caso no cabe ningún tipo de existencia humana –ningún modelo de tribu- sin límite, sin una libertad confinada. Porque la ausencia de límite es ausencia de existencia. Y, sobre todo, impide el respeto –y la fascinación- por la libertad del otro.

        Se me ha ocurrido traer aquí una imagen de la película La vida de los otros (escrita y dirigida, magistralmente, por Florian Henckel von Donnersmack): un hombre con el alma vertebrada por el logos marxista y el esqueleto integrado en el esqueleto del Estado de la RDA, vigila, ahíto de fervor religioso, como un aplicado anticuerpo, a un escritor, a un poeta, a alguien cuya mente y cuyo corazón son algo más traslúcidos y expansivos de lo normal.

        No obstante sospecho que, desde fuera, todos los mundos, y los sistemas políticos también –sin excluir el democrático- muestran con claridad la solidez de sus barrotes.

        Los barrotes son imprescindibles para que haya algo en la Nada. Y saludables. Dejan pasar el aire del infinito. Permiten respirar a los prisioneros. Pero un cosmos se asfixia si esos barrotes son tapiados por el miedo a lo meta-cósmico.

        No es grave. Tras la muerte de un mundo, y sobre su muerte, nace otro. Y es que la fertilidad que nos acosa y nos da la vida carece de límite.

        Sí es libre de verdad.

        David López

        Sotosalbos, febrero de 2010.


[1] Hay una edición es español que se ha realizado a partir de la traducción de Eugenio Ímaz (con introducción y revisión de Ángel Gabilondo, actual ministro de Cultura). Es ésta:  Arthur Schopenhauer: Sobre la libertad de la voluntad, Alianza Editorial, Madrid, 2000.

[2] Este libro monumental está editado en español por la editorial Fondo de Cultura Económica. No es fácil comprarlo.

 


Jan 25 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 25 de enero de 2010: “Humanidad”.

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         Casi todas las noches contemplo el horizonte desde mi casa.

         En ese oscuro límite brillan las luces de dos pueblos dormidos: dos misteriosas algas. Me fascina esa imagen. Su fuerza estética y filosófica es extraordinaria.

         Cuando viajo en coche también me quedo hipnotizado por esas extrañas algas de luz y de sombra que se extienden por nuestro planeta. Muchas veces he tratado de imaginar los ríos internos que corren por el interior de esos seres: hombres, mujeres, niños, ancianos: dormidos, soñando, tocándose, amándose, odiándose, hablando, soñando, llorando, riendo…

         Todas esas algas de luz, de sombras y de sueños, ahí, en silencio, sobre el planeta Tierra. Rodeadas de galaxias y de dioses.

                        Recuerdo ahora la última vez que sobrevolé Delhi. Era de noche. La ciudad tenía zonas no iluminadas por energía eléctrica. Yo la vi cubierta por una materia onírica, la vi sumergida en un océano no físico. Recuerdo que traté de imaginar el rugido onírico de todas aquellas almas en red. Y recuerdo que tuve la sensación de estar contemplando a un viejísimo dios sucio, o una amalgama de dioses amontonados, o un animal gigantesco y mórbido.

         Son imágenes de eso que sea la “Humanidad”. Una palabra que me propongo estudiar -gozar y sufrir- con vosotros, queridos filósofos, en mi conferencia.

            Se me ocurre ya una definición:

         “Humanidad”: cuerpos, corazones y mentes humanos vibrando en red.

         Sobre qué sea un “ser humano” me ocuparé otro día. Baste por el momento la imagen que ofrece de forma espontánea el tejido lingüístico que ahora nos une.

         En cualquier caso, creo que estamos ante una de las bailarinas más preciosas de nuestro “Diccionario de los mundos”. Yo la amo. Absoluta e irracionalmente. Y creo que merece la pena creer en ella: en esas algas de luz que aparecen en la oscuridad de los horizontes y de las carreteras.

 

         En mi conferencia trataré los siguientes temas, siempre desde una perspectiva fundamentalmente filosófica:

 

        1.- Humanismo. Origen del concepto. El humanismo como sacralización de textos latinos y griegos. Uso de la palabra “Humanismo” en el siglo XX. Anti-humanistas: el estructuralismo y el marxismo.           

        2.- Sartre: el existencialismo es un humanismo. La divinización de la nada humana.

        3.- Demonizaciones y huidas de la Humanidad. El fenómeno de los renunciantes en la India védica. El Raja Yoga o el abandono de la conciencia humana (y, por tanto, del hechizo implícito en la creencia en que haya “Humanidad”).

        

        4.- El club “Humanidad” y sus posibles invitados. Reflexiones sobre los derechos de los animales. Para reflexionar sobre este asunto me permito recomendar la lectura de una crítica que hace algunos meses hice de un libro de Adela Cortina: Las fronteras de la persona (Taurus). Esta crítica, que abrió nuevos y muy fértiles espacios a mi reflexión filosófica, es accesible desde  (aquí).

        

        5.- Posibles transformaciones –culminaciones- de la Humanidad. San Agustín y la Ciudad de Dios. Schopenhauer: la Humanidad, que es malvada, no tiene futuro. El proyecto cientista-democratista-ilustrado. Jane Leade: la salvación por la magia.

        

         Finalmente, expondré mis propias ideas. Ofrezco ya este resumen:

 

         1.- “Humanidad” es un simple nombre. Una bailarina lógica. Algo que le ocurre a un lenguaje. Un hechizo en definitiva. Los distintos discursos lo utilizan y lo utilizarán según lo exijan sus modelos de cosmos. Una vez “sentido” ese cosmos –cosmos humano si se quiere- y una vez incorporada una mente y un corazón en una de esas redes de sueños –con sus modelos de pasado y de futuro-, se tiene acceso a las energías que ahí se mueven: el amor, el amor que fluye concretamente en ese cosmos de “personas” (tengo que utilizar esta palabra para entendernos). Quiero recordar aquí mis reflexiones sobre las palabras “amor” y “cosmos”. Y también mi insistencia en que observemos con atención el amor –sí, amor- con el que se abrazan los cuerpos y almas de personas pertenecientes a modelos de humanidad como el etarra o el de los talibanes.

         2.- Me parece obvio que el sentimiento humanitario es una forma de egoísmo. Pero me parece un egoísmo bellísimo.

         3.- Creo, a diferencia de los historicistas y los estructuralistas, que esas prodigiosas algas de luz que me hechizan en mis noches solitarias están formadas por magos. Quiero decir que ahí dentro se fabrican mundos, que late la aseidad: la potencia creativa infinita. Son algas autoconfiguradas. Son talleres de dioses. En ellos cabe hacer cosas prodigiosas: nuevos mundos, nuevos paraísos. Y nuevos infiernos.

         4.- La clave estará, una vez más, en la textura lingüística de los sueños que se compartan dentro de esas algas. Esas algas se mueven por ideas, por modelos de belleza, por sueños compartidos. Como afirmé en mi pasada conferencia, aún son posibles nuevos tejidos poéticos que movilicen mentes y corazones: nuevas configuraciones de la luz de esas algas.

         5.- Probablemente sea imposible –y hasta nocivo, como diría Heráclito- la paz absoluta entre todas las diferentes algas que están entrelazadas en eso que estoy llamando “Humanidad”. Pero no hay que descartar el nacimiento de ideas que puedan ilusionar a todos. Aunque sea un momento.

 

         Cuando camino por parajes solitarios y me cruzo con un miembro de la “Humanidad” –de cualquiera de los modelos actuales- siento algo grande. La sonrisa que nos cruzamos es el símbolo de algo sagrado que debe custodiarse en todos los templos.

         En un bosque de albaricoques del Ladakh –rodeado de desiertos y montañas sin tamaño- una indígena, joven, bellísima, me ofreció una taza de té. Dije que sí. Me lo trajo, me lo bebí a su lado, en silencio, sin tiempo, ante su atenta mirada, y quise pagar. Pero ella no aceptó mi dinero. Fue imposible darle una sola rupia a aquella hada agrietada y polvorienta.

         Finalmente opté por darle las gracias. Y sonreír. Ella me devolvió la sonrisa en medio de aquel desierto.

         Eso es la Humanidad.

 

 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

            David López

            Sotosalbos, enero de 2010.