Jun 28 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 28 de junio de 2010: “Universales”.

 

        “Universales”. Es una palabra que nombra un problema filosófico: una preciosa tarea para el pensamiento. Algunos filósofos, como Cassirer, consideraron que el problema de los “universales” es un pseudo-problema. ¿Cuál es ese problema que quizás ni siquiera exista?

        Pues, una vez más, las dichosas palabras (nuestras bailarinas mágicas). ¿Existe, más allá del lenguaje, eso de “flor” o “agua” o ”dinosaurio” o “cuatro” o, incluso, “hombre”? Platón intentó introducir en el pensamiento humano la certeza de que existen las ideas en sí, con independencia de que sean o no pensadas por los hombres y registradas o no en los lenguajes de los hombres. Schopenhauer, milenios después, al dibujar su modelo físico y metafísico, no supo muy bien dónde ubicar esos escurridizos seres platónicos.

        No les gusta a las bailarinas lógicas que las toquen. Ellas están para bailar y hechizar: para que haya algo en lugar de nada, y para propiciar estupor maravillado.

        San Pedro Damián (1007-1072) afirmó en su obra Sobre la perfección monástica que los estudios gramaticales los había iniciado el Diablo. Quizás tuviera razón: el lenguaje podría ser más de lo que imaginamos. Algo divino (creador de nuestro ser y del ser del mundo entero). Así lo creyó Ibn Arabi, cuya imagen sobrevuela estas notas.

        Creo que el tema de los universales tiene un interés extraordinario: agranda la mirada, la libera, la abre a otros mundos, y propicia la irrupción en nuestra conciencia de lo inefable (de lo divino si se quiere). La meditación requiere un silencio total: un silencio que desactiva los universales, que diluye la aparente división del mundo en “cosas” recortables en virtud de sustantivos. Ese es el Gran Silencio desde donde es posible sentir lo que hay (o desde donde “lo que hay” se siente a sí mismo).

        Antes de exponer algunos apuntes y vértigos personales sobre los universales, trataré los siguientes temas:

        1.- El estatus ontológico de los universales: cuál es su tipo de existencia. La traducción que Boecio realizó al Isagoge de Porfirio.

        2.- La solución realista: universalia ante rem. Guillermo de Champeaux (1170-1121): los universales existen antes que las cosas concretas -que el león concreto, que le ejecutivo concreto- pero su existencia es de otro tipo (no estarían situados en el espacio/tiempo). Referencia al mundo de las ideas de Platón.

        3.- La solución nominalista: universalia post rem. Roscelino de Compiegne (1050-1120): los universales son flatus vocis (emisiones de voz vacías, sin nigún valor semántico, no se refieren a nada). Sólo existen las cosas individuales. Referencia a Gorgias. “Conceptualismo”. “Terminismo”.

        4.- Posición intermedia. El realismo moderado. Pedro Abelardo (1079-1142): (desde Aristóteles) el universal es lo predicable de varios entes. No es, por tanto, una cosa. En realidad solo existen individuos compactos (materia con forma). En el proceso cognoscitivo se extraen aspectos aislados -color, tamaño, etc- que permiten encontrar similitudes entre individuos: rasgos comunes que permitirán hablar de especies (mujeres, nubes). Los universales como sermo, un razonamiento que surge a partir de unas abstracciones.

        5.- Epistemología del siglo XX: instrumentalistas versus realistas. ¿Las teorías científicas -esas redes coherentes de universales- describen lo que hay? ¿Existe, en sí, más allá de los cálculos, la ley de la gravedad? Popper: la palabra “agua”.

        6.- Noam Chomski: los universales lingüísticos.

       7.- Nietzsche. Fröhliche Wissentschaft [La ciencia alegre]. Aforismo 121: “Nos hemos construido un mundo a medida para poder vivir -suponiendo que hay cuerpos, líneas, superficies, causas y efectos, movimiento y reposo, forma y contenido. ¡Ahora nadie podría vivir sin esos artículos de fe! Pero no por eso quedan demostrados. La vida no es un argumento; entre las condiciones de la vida podría estar el error”. Aforismo 189:  “Es un pensador: esto quiere decir que es un experto en hacer las cosas más simples de lo que son”.

        Y estas son mis reflexiones, muy desordenadas todavía, muy necesitadas de tiempo:

        1.- El nominalismo es absurdo. No cabe hablar de leones concretos antes de que esté activada en la mirada el universal “león”. El león es el efecto de la interiorización de un universal: es consecuencia de una programación de la mente/la mirada.

        2.- Los universales son disciplinas de la mirada. Son tijeras metafísicas que recortan lo que se presenta ante la conciencia en aparentes individualidades que se repiten. Quizás sería mejor hablar de tijeras “ante-físicas”, apoyándonos en un lúcido neologismo de Ortega y Gasset.

        3.- Los universales no son anteriores ni posteriores a las cosas. Las “cosas” son palabras. Va todo en la misma frase. Tampoco sale de la frase la palabra “realidad”. El lenguaje no tiene palabra para nombrar lo que haya fuera de él.

        4.- El mundo mismo es una abstracción: es una especie de lámina donde se han pegado los recortables exigidos por la estructura de nuestros universales lingüísticos. Podríamos decir que el “mundo” (lo que parece que hay ante el observador humano), es lo que le pasa a lo inefable cuando es observado a través del filtro de las palabras. Si se pudiera mirar sin palabras, accederíamos al infinito. No veríamos “nada”, en el sentido de que no veríamos la concreción de ningún universal, ni presente ni futuro. Nos veríamos a nosotros mismos tal y como somos “en realidad”: sin forma, libres, omnipotentes, no legaliformes.

        5.- Toda “cosa concreta” es ya un universal: una serie de impactos sensibles, desplegados en un vector de tiempo, son luego agrupados en una unidad. Pensemos en una persona concreta (Juan, María): suponemos que es una cosa concreta, siempre, eso que se nos presenta, eso que vemos, pero en realidad experimentamos una pluralidad de impactos espacio/temporales que luego agrupamos en una unidad. ¿Cómo sabemos que es la misma cosa ese Juan de la playa, hace diez años, que el que ahora nos habla desde un despacho de abogados? Y es más, ¿cómo sostener la concreción (la multi-individualidad que sostienen los nominalistas) si tenemos presente que Juan es una manada de células individuales? ¿Y cómo podemos recortar a Juan en el magma meta-material que se vislumbra en el interior de los átomos?

        6.- Cabe preguntarse de dónde salen los universales (esas formas de finitizar el infinito). Una respuesta podría ser que surgen de nuestra adaptación al medio. El universal víbora me permite predecir el comportamiento de ese reptil y no cometer el error de acariciarlo, con ternura, cuando me lo encuentro bajo los cielos de Segovia. Podría decirse que una buena interiorización de la estructura de los universales me permite sobrevivir. Sí. Pero sería un grave error equiparar lo que hay con el dibujo de mundo que surge de mis necesidades de superviviencia biológica (de supervivencia en esta forma, en esta finitud). Recordemos el aforismo de Nietzsche (el 121 de la Ciencia alegre).

        7.- Más aún: yo mismo, mi yo, digamos “objetivo”, ante mi conciencia (esa caja que no veo pero que recoge todos los mundos), es un universal: “he” agrupado en una unidad millones de impactos y he creído que eso soy yo: las imágenes y sensaciones del cuerpo, los recuerdos, los pensamientos. Aquí cabría remitirse a Hume y al budismo. Y nos abismaríamos en esta idea del Maestro Eckhart: “yo he querido que exista Dios y yo mismo”.

        8.- Ya nos adentramos en la hoguera lógica de la Mística. Ya atisbamos lo que pasa si nos atrevemos a desactivar los universales. Ese es el objetivo de los koanes en el Zen.

        9.- Un artista, si es verdaderamente creador, sería capaz de incorporar nuevos universales a otras mentes que estén en red con la suya. ¿Cuántos universales son todavía posibles? O, lo que es lo mismo: ¿cuántos mundos son todavía posibles?

        10. Los universales son, a su vez, un universal (un género). Como lo es el universal “cosa concreta” o “individuo”. Aquí entramos en paradojas matemáticas. A las bailarinas lógicas, como a los magos, no les gusta ser contempladas desde demasiado cerca.

      

        Cabría decir, dentro de la prodigiosa cárcel de universales desde la que escribo, que hay algo descomunal, infinito, que fabrica, desde la omnipotencia y la libertad,  algo así como máquinas metafísicas para mirarse a sí mismo. Para mirarse/ o finitizarse/ o crearse. Es lo mismo. Las formas de aparente autofinitización de ese infinito serían eso que desde este mundo (desde este lenguaje) llamamos “universales”.

        Y la mente humana sería esa prodigiosa máquina metafísica: el taller de los mundos (si es que es solo ”humana” nuestra mente).

    

 

        David López

        Sotosalbos, junio de 2010.


May 31 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 31 de mayo de 2010: “Tapas” (Sufrimiento creativo).

 

नासदासीन नो सदासीत तदानीं नासीद रजो नो वयोमापरो यत |
किमावरीवः कुह कस्य शर्मन्नम्भः किमासीद गहनं गभीरम ||
न मर्त्युरासीदम्र्तं न तर्हि न रात्र्या अह्न आसीत्प्रकेतः |
आनीदवातं सवधया तदेकं तस्माद्धान्यन न परः किं चनास ||
तम आसीत तमसा गूळमग्रे.अप्रकेतं सलिलं सर्वमािदम |
तुछ्येनाभ्वपिहितं यदासीत तपसस्तन्महिनाजायतैकम ||
कामस्तदग्रे समवर्तताधि मनसो रेतः परथमं यदासीत |
सतो बन्धुमसति निरविन्दन हर्दि परतीष्याकवयो मनीषा ||
तिरश्चीनो विततो रश्मिरेषामधः सविदासी.अ.अ.अत |
रेतोधाासन महिमान आसन सवधा अवस्तात परयतिः परस्तात ||
को अद्धा वेद क इह पर वोचत कुत आजाता कुत इयंविस्र्ष्टिः |
अर्वाग देवा अस्य विसर्जनेनाथा को वेद यताबभूव ||
इयं विस्र्ष्टिर्यत आबभूव यदि वा दधे यदि वा न |
यो अस्याध्यक्षः परमे वयोमन सो अङग वेद यदि वा नवेद ||

       

        “Tapas”. Es una palabra (un concepto/una forma de mente) que me produce una enorme fascinación filosófica. Proviene del sánscrito. Esta lengua se escribió en devanagari (“la escritura de los dioses”). La belleza de su grafía se puede apreciar en el texto que vuela sobre estas frases. Es el famoso Himno a la Creación (10.129) del Rig Veda. Está disponible en esta generosa página de internet: www.sacred-texts.com.

        Tapas. Vamos a ocuparnos de un tipo específico de sufrimiento: el sufrimiento creativo.

        ¿Podemos soportar la idea de que, una vez más, estamos ante una bailarina lógica, un símbolo que trata de convencernos de que hay algo significado por él?

        Pero, ¿no es el sufrimiento una realidad evidente, algo que está ahí, hostil, más allá de cualquier sistema de símbolos?

        Creo que no.

        Dijo Nietzsche que “el camino que conduce a nuestro cielo personal pasa siempre por la voluptuosidad de nuestro propio infierno”. La cita se puede encontrar en la página 171 de una obra excepcional: Nietzsche (La experiencia dionisíaca del mundo), de Diego Sánchez Meca (Tecnos, Madrid, 2005), el cual afirma que “la experiencia dionisíaca del mundo supone, ante todo, una determinada actitud ante el problema del dolor”.

        Dolor. Sufrimiento. Tapas: calor creativo. En la parte central de mi conferencia intentaré asomarme a estos conceptos siguiendo el orden siguiente:

        1.- El Tapas indio:

        Es un sustantivo sánscrito relacionado con el verbo tap (calentar).

        Aprovecho para recomendar, a quien no lo conozca, un diccionario ya clásico sánscrito-inglés (El así llamado ”Monier Williams”). Se puede utilizar vía internet. Esta es la dirección: http://www.sanskrit-lexicon.uni-koeln.de/monier/

        Ahí encontramos estos significados: calor, los cinco fuegos a los que se somete el devoto en la estación caliente, dolor, sufrimiento, austeridad religiosa, mortificación del cuerpo, el aprendidaje sagrado de los brahamanes, dar el alma a los brahamanes, servicio, alimentarse con raíces y hierbas…

        Lo sorprendente es que Maurice Blomfield, en su edición del Atharva Veda, tradujera Tapas como “fervor creativo”(Sacred Books of the East, Vol. 42.) Se puede acceder a esta obra desde aquí: http://www.sacred-texts.com/hin/sbe42/index.htm).

        Esta concepción, digamos, “creativa”, del Tapas, se puede encontrar también en distintos lugares de la literatura védica, como en el famoso Himno de la Creación del Rig Veda, cuyo tercer verso dice:

        La fuerza vital que estaba cubierta con vacío, esa surgió mediante la fuerza del calor.

        Me he basado en la traducción y edición de parte de los himnos del Rig Veda realizada Wendy Donniger (Penguin, London, 1981). Esta traductora incluye una nota en la palabra “calor” que dice lo siguiente:

        “Tapas designa calor, en particular el calor generado por los rituales y por la mortificación física del cuerpo”.

        Pero resulta que estamos en un himno que quiere explicar el misterio de que haya algo en lugar de nada: algo, además, que surge de la nada. Y la clave parece estar en un determinado tipo de sufrimiento (o una creativa canalización del sufrimiento).           

        Esta potencia creativa del sacrificio ascético –del “calor” del ascetismo- la encontramos también en otro famoso himno del Rig Veda, el Purusa-Sukta (10.90), que nos describe la Creación como el resultado de un violento desmembramiento del hombre primigenio llevado a cabo por los dioses.

        Esto dice el verso noveno:

        “A partir de aquel sacrificio en el que todo fue ofrecido, nacieron los versos y los cantos, y también los metros nacieron de él, y de él nacieron las fórmulas”.

        Parecería que el sufrimiento padecido por aquel protohombre que fue desmembrado por dioses creativos sería la energía fundamental de toda creación –incluida la lingüística (¿Cabe pensar en otro tipo de creación que no sea efecto necesario de un Verbo?). [Véase Poesía].

        También aparece ese Tapas “creativo” en la Mundaka Upanisad:

        Mediante el tapas, el poder de meditación, Brahman consigue expandirse y así se forma la materia primigenia (Juan Mascaró: The Upanishads, Penguin Classics, 1965, pag. 75).

        Me ocuparé del Tapas indio más en profundidad con ocasión de mi conferencia sobre el Upanayana.

        2.- Buda (y Schopenhauer): la vida es sufrimiento.

        3.- Nietzsche: la disciplina del gran sufrimiento.

        4.- Epícteto: “No turban a los hombres los acontecimientos, sino los juicios sobre los mismos” (según la traducción de Reyes Alonso García del Manual de Epícteto, Civitas, Madrid, 1993).

        A partir de esta nueva irrupción -en el Occidente clásico- de la bravucona diosa india Vak (la Palabra), voy a exponer algunas reflexiones mías, por el momento en obras, sobre eso que sea el sufrimiento:

        Creo que podemos aceptar como presupuesto la fuerza alquímica, el potencial de creación/destrucción/transformación que tiene el sufrimiento (el sufrimiento, digamos “humano”). Y si, como dicen Buda o Schopenhauer (entre otros) la vida es sufrimiento, cabría afirmar a la vez que la vida es creatividad. Creatividad ubicua y permanente. Creatividad que presupone además mucha destrucción.

        El sufrimiento -como concepto [véase]- requiere una conciencia, y, por así decirlo,  un “corazón”, imantados por una determinada idea (la idea de cuerpo sano, o de familia, o de sociedad). El sufrimiento, como concepto, requiere una mente hechizada por un Logos (un poetizar que ha conseguido ser un cosmos concreto).

        Prescindiendo de cuál sea el origen del sufrimiento, parece obvio que estamos ante una un acontecimiento que propicia transformaciones radicales. Tapas es un concepto que sugiere la posibilidad de utilizar la fuerza del dolor –del dolor consustancial a la vida- para crear: para crear mundos: para regresar quizás a la fuente del poetizar: decir otros mundos y entrar en ellos. O decir de otra forma los que ya están dichos.

        Llegados a este punto, creo que se podrían distinguir dos tipos de sufrimiento:

        1) El que sirve para sostener un cosmos (por ejemplo, el dolor que nos impide realizar actos que puedan amenazar la integridad de nuestro cuerpo físico, la integridad de nuestro arquetipo de familia o la integridad de nuestro modelo de sexualidad). Los mundos se protegen mediante un sistema dual placer-sufrimiento. Causa sufrimiento aquello que amenace o rompa nuestro cosmos. Pensemos en el sufrimiento (sufrimiento “lógico” cabría denominarlo) que causan los discursos que derivan de ideas radicalmente distintas a las que vertebran el cosmos del que las escucha.

        2) El sufrimiento extremo (que propiciaría la necesidad de huir de un mundo y crear otro). Me viene a la memoria la idea de Marx de utilizar el sufrimiento extremo de la masa obrera para dinamitar entero el sistema capitalista.  Y es que el sufrimiento, cuando supera determinados umbrales, funciona como un arado en el huerto de nuestra conciencia. Incluso puede romper los diques de contención de lo “otro”, aquello que nunca hubiera podido entrar en nuestro mundo.

        Cualquiera de nosotros puede recordar ésto: estar sufriendo intensamente en un sueño, y saber -saber desde una misteriosa lucidez de fondo- que cabía escapar de ese torturante Maya en cualquier momento. Sólo con quererlo. Sólo con renunciar contundentemente a ese mundo onírico.

        Cabría decir que todos los mundos están abiertos. Cabe salir. Escapar a otro Maya. O a la nada de la que brotan y a la que vuelven todos los mundos. ¿Cabe crear mundos? Sí. Y parece que la fuerza decisiva para ese proyecto descomunal es un sufrimiento previo, insoportable: una catapulta prodigiosa.

        Una catapulta que hay que saber manejar para que produzca los efectos deseados. Porque quizás sea el sufrimiento una oportunidad para hacer cosas imposibles desde el mundo custodiado por ese propio sufrimiento.

        Eso parecen indicarnos los himnos a la Creación del Rig Veda a que he hecho antes referencia. Y muchos otros textos de la literatura sánscrita.

        Cierto es que en niveles de conciencia como la “advaita” [véase] –o la gloria eterna del cristianismo- no hay sufrimiento. Sólo placer más allá de la finitud, más allá de los mundos de la conciencia. Sí. Pero placer que, como señaló Nietzsche, ha exigido un infierno prev.

        A continuación se puede ver un fragmento de Todas las mañanas del mundo, una película dirigida por Alain Corneau. En ella se narra la historia de Saint Colombe, un músico del siglo XVII que canalizó su extremo sufrimiento (y su extrema autodisciplina) para crear una música capaz de convocar y de estremecer a su esposa muerta. Esa música está interpretada para la película por Jordi Savall. Disfrutad con este fruto de Tapas (del sufrimiento creativo):    


May 3 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 3 de mayo de 2010: “Progreso”.

 

        “Progreso”. Otra bailarina lógica dispuesta a hacernos creer que hay algo real simbolizado por ella.

        En la imagen que sobrevuela estas frases se ve a un centauro. Es muy probable que algún día los veamos galopando y charlando por nuestros parques. Y que alguien bostece a su paso (eso que sea el ser humano tiene una capacidad infinita para rutinizar prodigios). También imagino a alguien bostezando, devorado por lo prosaico, en una casa de cristal construida en un anillo de Saturno.

        Progreso. Una asociación mental casi mecánica nos lleva a reflexionar sobre el progreso “tecnológico” o “científico”. ¿Hasta dónde puede llegar esa magia baconiana? ¿Qué nuevas esencias -en sentido aristotélico- vamos a ser capaces de crear con la materia que nos es dada?

        Otro progreso: el de las sociedades humanas (países desarrollados/no desarrollados). ¿Cómo se mide eso? ¿Está más desarrollado un ejecutivo de Cocacola que un cazador-recolector del paleolítico? ¿Por qué? ¿De qué se trata con todo eso del “desarrollarse”? ¿Hacia qué vamos?

       Y otro: el progreso personal. ¿Hacia dónde debe progresar el ser humano para alcanzar su plenitud? ¿Cabe progreso personal en una sociedad sin progreso?

        Hemos de suponer que creer en el progreso es creer que puede aumentar -progresivamente- el número de personas felices en la Humanidad. Y también, la profundidad y la “calidad” de esa felicidad. Pero, ¿es buena tanta felicidad? ¿O es que hay algo mejor que la felicidad? Quizás sí: la libertad, la creatividad, la admiración, el estupor maravillado ante el baile de Maya.

       Pero, en cualquier caso: ¿qué es lo que progresa en el progresar humano (en previsión de que en algún momento ya no podamos seguir sosteniendo el universal “humano”)? ¿Cabe hablar de un progreso en Dios? Sí. Escoto Erígena, entre muchos otros pensadores, imaginó -sintió quizás- la posibilidad de que Dios recorriera una especie de odisea metafísica hasta llegar a su plenitud.

        ¿Hay opción para no progresar? ¿Hay opción para regresar a modelos de sociedad y de moralidad como, por ejemplo, los que parecen ofrecer los textos clásicos de la Grecia Antigua?

        En mi conferencia, tras la introducción que acabo de resumir, me ocuparé de lo pensado por estos autores:

        1.- Kant y la mayoría de edad de la Humanidad. Schopenhauer y su rechazo al progreso -cualquier forma de plenitud humana- en el mundo (en lo que se presenta dentro de la maquinaria psíquica kantiana).

        2.- Marx, Lenin y la Escuela de Francfort. El caso de Noam Chomsky: las sociedades deben posibilitar un elemento fundamental de la naturaleza humana: el ejercicio de la libre investigación, del pensamiento, del trabajo creativo… ¿Actualizarnos en cuanto filósofos? En este video se puede contemplar un precioso espectáculo de inteligencia humana (la del propio Chomsky dialécticamente encendida gracias a la de Foucault):

       

       

        3.- Leo Strauss. Leeré algunos párrafos de la obra Rebirth of Classical Political Rationalism. An introduction to the Thought of Leo Strauss (Chicago University Press, Chicaco, 1989). Este texto lo ha editado en español Paidós (traducido por Mario Eskenazi) con una interesante introducción de Josep María Esquirol.

        4.- Francis Fukuyama. Este pensador primero habló del fin de la Historia (que él creyó simbolizado en la plenitud del capitalismo norteamericano). Luego dijo que se había equivocado (eso que sea la Historia no para de crear). Y de sorprender. Y es posible -aunque según Fukuyama también evitable- que la ciencia ponga fin a eso que sea el ser humano ( y no de forma violenta). Merece ser leída su obra Posthuman Society, editada en España por Ediciones B y traducida por Paco Reina.

        A partir de estos textos y autores intentaré compartir algunas ideas personales. Sé que quizás estoy siendo demasiado reiterativo, pero es muy importante que quede claro que lo que ofrezco aquí son, por el momento, esbozos, primeras notas. Ahí van los esbozos:

        1.- La gran pregunta es si el ser humano puede o no intervenir en las cadenas causales que, según los materialistas, mueven todo. Si no hay libertad, lo más que cabe esperar es que esas cadenas deterministas nos ofrezcan momentos de felicidad creciente para un número creciente personas y de sociedades (el presupuesto básico del progreso humano).

        2.- Tanto los que creen en el progresismo (todo lo pasado fue peor y lo nuevo -lo “moderno”- es bueno de por sí), como los que anhelan la restauración, o la conservación, de ideales pretéritos (como sería el caso de Leo Strauss), se mueven hacia algo: hay una Idea [véase] que imanta su acción y su corazón. Avanzan hacia algo. Y ese algo es un constructo poético [véase Poesía]. Las disputas políticas son disputas poéticas. Ganará -moverá más mentes y cuerpos- el político que ofrezca más posibilidades de soñar.

        3.- Se progresa o no hacia algo: hacia una idea de hombre y de sociedad -de cosmos en realidad-. Una idea previamente encarnada en nuestra mente por obra de algún poderoso Verbo (humano o no humano). Volveré sobre las reflexiones que expuse en estas conferencias: Belleza, Idea, Cosmos y Poesía. Cabría decir -con Platón- que todo se mueve arrastrado por amor hacia una Idea. Progresar sería reconfigurar lo real para acercarlo a lo ideal.

        4.- El progreso presupone Tiempo. Si, con Kant, y no solo con él, negamos la existencia del Tiempo más allá de eso que sea la psique humana, nos vemos obligados a hablar de algo así como un progreso (cambios sucesivos hacia plenitudes) en nuestra conciencia: en nuestras propias secreciones mentales. Así, la sociedad, el cosmos entero, progresarían dentro de nosotros. ¡Qué lugar prodigioso somos! Aunque no sepamos en realidad lo que somos…

        5.- El progreso también presupone carencia previa; esto es: la descripción de un estado de pre-plenitud. Cuesta llevar nuestra imaginación hasta el cielo tecnológico (por cierto: el cielo, como el infierno, es un lugar donde ya no hay esperanza). ¿Qué cielo espera alcanzar la ciencia de Francis Bacon? De pronto imagino algo así como una red de magos sin materia condicionada (natura naturata), creando, siendo lo que quieran ser en cualquier universo posible, e imposible. Felices, si quieren. O infelices. ¿Es esa una sociedad absolutamente tecnológica y libre? ¿No será eso lo que está ya pasando detrás del velo de lo fenoménico?

        6.- ¿Y si ya se hubiera progresado del todo? ¿Y si la iluminación consistiera en sentir/saber que ya se tiene la plenitud absoluta? ¿Hay algo más que pueda ofrece el progreso científico y político de lo que ya se siente en un estado de meditación profunda? Quizás sí: el Arte; y amar a “lo  otro” (aunque sea un hechizo de Maya). Me refiero a los niños, a la Naturaleza… a los cuerpos y los corazones de otros seres humanos, y también de otros seres no humanos: amar la vida en definitiva: amar a Maya. Al precio que sea, como diría Nietzsche.

        7.- Recuperándonos del abismo meta-filosófico de la Mística, ya con los pies en la sólida tierra de Maya, cabría preguntarse por el tipo de sociedad, por la idea de belleza social, a la que debemos tender (y que debemos plantar en el precioso huerto del alma de nuestros hijos). Aristóteles pensó que el ser humano se actualiza en cuento tal -alcanza su plenitud esencial- cuando filosofa. Algo similar afirma Chomsky en el video que he insertado en estos párrafos. Yo también lo creo. Y lo veo cada día.

       8.- Quizás cabría medir el progreso de una sociedad por el brillo de los ojos de sus miembros. Yo he visto un brillo muy especial -sublime realmente- en los ojos de las personas que practican la Filosofía; la Filosofía radical: esa que se atreve a mirar y a pensar – y a amar incluso- la inmensidad que somos y que nos envuelve. También veo eso brillo en los niños. No en todos, desgraciadamente. Bochornosamente. No hay progeso posible que no considere prioritaria la risa y la ilusión de los niños.

        Sentido del humor y sentido del amor.

        Creo que hay que apostar por una sociedad de filósofos; de filósofos capaces de amar (y de reír y de soñar y hacer soñar); que sería como decir que  hay que apostar por una sociedad de seres humanos plenos. Aunque quizás esa plenitud lleve implicita la posibilidad de autoconfigurar su cuerpo -su parte visible- y convertirse en un centauro: un centauro-filósofo capaz de galopar, con los ojos encendidos de Metafísica, por un prado infinito.

        Si ese futuro centauro es capaz de filosofar, de amar y de soñar (y de hacer soñar)…  llevara entonces a un ser humano dentro: será un ser humano. Si no, ya sí habrá ocurrido el fin del hombre.

 

        David López

        Madrid, 3 de mayo de 2010.

 

       


Apr 12 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 12 de abril de 2010: “Moksa”.

 

         

          Moksa. Es una palabra que proviene del sánscrito: una lengua que ha ofrecido grandes tesoros a la mente humana.

          Y al corazón humano también.

          Moksa se debe escribir con un punto bajo la “s”, pues se trata de una sibilante retrofleja que se pronuncia haciendo una cabriola con la lengua: algo así como doblarla y pegar su punta al fondo del paladar.

          Significa “liberación”. La raíz es “muc” (desatar, liberar). Aprovecho para recomendar, otra vez, una obra imprescindible: Francisco Rodriguez Adrados: Védico y sánscrito clásico (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1992). También aprovecho para animaros a estudiar esas lenguas (esas llaves). ¿Por qué no?

          Hay que liberarse del autoconfinamiento en la celda de lo que creemos posible.

          Moksa. Una palabra, un concepto, cruciales en la filosofía india.

          Liberación. ¿Liberación de qué? ¿Hacia qué? ¿Qué es lo que pasa, tan malo, que nos obliga a querer escapar?

          Desatar, desatarse. ¿Qué/quién nos ata? ¿Qué/quién se desata? ¿Eso que se denomina “ser humano”?

          Moksa es una palabra. Una bailarina lógica. Su objetivo, su razón de ser, como la de todas las demás bailarinas, es crear realidad: que su baile equivalga a lo real. Y ese baile presupone una especie de tensión dramática en la estructura de lo que hay: algo estaría en un estado de privación, de sufrimiento, de esclavitud; y ese algo podría salvarse, acceder a otra cosa que, en general, va a ser descrita como gloriosa: como felicidad infinita.

          Hace dos años, en esta misma Escuela Libre de Filosofía, impartí una clase en la que intenté reducir a esquema lo que entonces denominé “modelos de salvación”. En esa clase hice referencia a las propuestas básicas de la filosofía/soteriología china, de la india y de la que a sí misma se ha denominado “occidental” (como si el sol no dibujara infinitos occidentes cada día sobre la superficie matemática del globo terrestre).

          En aquella clase no profundicé en las propuestas de salvación aportadas por la filosofía hindú. Eso es precisamente lo que me propongo hacer ahora.

          Moksa (liberación) es lo que ofrecen las así llamadas darsanas (con tilde sobre la primera “s” para indicar que es una sibilante palatal). ¿Será un concepto que debemos entender, o, todo lo contrario, un no-concepto? ¿Será algo que le va a ocurrir a nuestra mente (y corazón) como consecuencia de la instalación -encarnación neuronal- de un determinado conjunto de palabras (un Logos)?

          ¿Qué nos espera? ¿La gloria eterna? ¿El paraíso? Sobre si eso nos espera después de la muerte me remito a mi conferencia sobre la “muerte”.

          Ana Isabel Rábade Obrado, al final de su obra Conciencia y dolor (Schopenhauer y la crisis de la modernidad), afirma que quizás el ser humano se merece otra cosa mejor: otra forma de subjetividad. Y es que, como escribió Wittgenstein en su Tractatus (6.43 in fine): “El mundo del feliz es otro que el del infeliz”.

          ¿Cabe realmente el acceso a la felicidad absoluta? ¿Es eso el cielo? ¿Tienen sentido, dan cuenta de algo real y comprobable, las soteriologías?

          En esta conferencia me voy a ocupar del concepto de Moksa hindú siguiendo este orden:

          1.- Las seis darsanas básicas y sus propuestas para acceder a la liberación: Nyaya, Vaisesika, Samkya, Yoga, Mimansa y Vedanta.

          2.- La perspectiva de S.D. Dasgupta, expresada en su obra A History of Indian Philosophy (Motilal Banarsidass Publishers, Delhi, 1922).

          3.- La liberación hindú según es tratada por A. B. Keith en su obra Religion and Philosophy of the Veda (Harvard University Press, Cambridge, 1925).

          4.- Moksa según la introducción de Nikhilananda a las Upanisads (Ramakrishna-Vivekananda Center, Nueva York, 1949). Cita de Gaudapada: no hay nadie que necesite salvación ni nadie que esté salvado.

          5.- Mircea Eliade: El Yoga, Inmortalidad y libertad (editado en español por el Fondo de Cultura Económica, Méjico, 1991).

          6.- Raimon Panikkar: Espiritualidad hindú (Kairós, Barcelona, 2004): “El último fin del hombre es la beatitud suprema, idéntica a la liberación definitiva de cualquier ligamen de orden trascendente”. La “desnudez óntica total”.

          Finalmente compartiré algunas “darsanas” personales.

          1.- Al ocuparme de la palabra “concepto” cité el Génesis (2.16-17): “De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, morirás”. A partir de esta narración afirmé que un concepto es algo que toma la mente, no algo tomado por la mente. Repasaré con vosotros esas reflexiones y llegaré a la conclusión de que Moksa nunca puede ser un tipo de conocimiento, porque todo conocimiento es una forma de mente -o una música que regula distintas formas posibles, encadenadas (ver “Logos“). Y una forma de mente es siempre una forma de esclavitud, aunque esa esclavitud sea paradisíaca.

          2.- Cabría preguntarse si hay algún concepto (o Logos completo como música de conceptos encadenados) que, conseguido por nuestra mente, permita el acceso a la salvación; esto es: la regeneración completa y la beatitud (digamos algo así como la felicidad absoluta). Creo que sí: los hay. Hay tipos de bailes de mente (Logos) que, encarnados en nuestras neuronas, transforman nuestro mundo: o crean un nuevo mundo. El mundo no es más que la encarnación de una forma determinada de encadenar formas mentales (conceptos). Ahí está la magia genésica de los distintos Logos. Cuesta instalarlos, cuesta mantenerlos, pero sin duda pueden propiciar estados de conciencia sublimes. Eso es el paraíso (mental, corporal incluso). Pero Moksa no es el paraíso, porque el paraíso todavía presupone una subjetividad, una individualidad anhelante de felicidad.

          3.- Moksa es liberación: acceso a la libertad (a la natura naturans), a una libertad que se perdió, o que no se supo que se tenía. Lo vimos al ocuparnos de la palabra “libertad”: sólo Dios -en cuanto Dios metalógico [ver aquí]- puede ser libre. Moksa sería una toma de conciencia de esa monstruosa libertad que se tiene, que se es. Moksa es saber lo que se es. Conocerse. Sentirse.

          4.- Creo que esa libertad abisal permitirá amar a esa determinación inesencial de nuestro ser con la que ahora  nos identificamos. Y contemplarla con fascinación y respeto. Pero no “serla”. No confundir nuestro ser con la infinitas formas en que es capaz de existir. En realidad, Moksa implicaría saber que yo no soy David López y, aun así, amarlo, desde una distancia infinita, pero con infinita ternura.

          5.- Moksa es un concepto que presupone sufrimiento. Aquí hay una obvia empatía intelectual y soteriología con la visión budista: “todo es sufrimiento para el sabio” . Pero, ¿es malo el sufrimiento? ¿Cabe que ocurra el prodigio óntico del Moksa sin el sufrimiento?

          6.- Moksa sería, desde la narración del Génesis, un estado en el que no se come el fruto del árbol prohibido (y no se es el fruto comido): ningún concepto apresa la conciencia “humana”. Así, cabría mirar el arbol, coger el fruto entre las manos, sentirlo, pero no finitizarse en él. Porque ese árbol es mi árbol: yo lo he creado (podría haber dicho el Maestro Eckhart).

          8.- ¿Cómo ocurre la salvación? ¿Cómo se “decide”? Aquí la palabra clave es “Gracia”. Si sólo tiene libertad -aseidad- el “Dios metalógico” (esa Nada omnipotente), sólo Él podrá decidir, en libertad, dónde es libre y donde no, y qué modelos de salvación va a autoinocularse en los infinitos cerebros y corazones en que puede autodifractarse. Por arte de Magia.

          He puesto en el cielo de estas frases una fotografía de máscaras venecianas. Me han parecido imágenes de existencias abandonadas, contempladas ya desde fuera/arriba por una conciencia que se ha liberado de la ilusión de identificarse con ellas. Pero ahí están: vacías pero bellas, generosas en su hoquedad metafísica, dispuestas, si Dios quiere, a seguir sirviéndole como ventanas en sus Creaciones.

          Creo que un liberado podría deternerse en esta visión de sus máscaras. Con ternura. Y que podría ser quizás compasivo, cariñoso, respetuoso, con esas máscaras venecianas que alguna vez creyó que agotaban su ser.

 

          David López

          Sotosalbos, abril de 2010.


Mar 22 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 22 de marzo de 2010: “Magia”.

 

          Magia.

          Es la bailarina que dice lo que hacen todas las bailarinas lógicas: es la que les da sentido y aliento.

          En la pasada conferencia expuse mi convicción de que Materia, Magia y Maya son nombres para la misma bailarina. Recordemos que el símbolo Hyle permitía en la antigua Grecia comunicar y compartir un concepto –una forma de mente- similar a lo que en español, ahora, provocan los símbolos “madera”, “madera cortada para construir algo”.

          En la Materia se hacen cosas: es moldeable: es un cuarto de juegos para niños, como creyó el gran poeta Novalis.

          Pero, ¿cómo se moldea? ¿Qué hay que saber para manipularla, para hacer de ella lo que uno quiere? ¿Realmente se puede hacer algo –ser creativo- o lo que ocurre es lo único que puede ocurrir, lo único que permiten unas leyes “naturales” eternas, inmutables, susceptibles, como mucho, de ser utilizadas como ellas lo permiten?

          Francis Bacon fue uno de los más importantes profetas de eso que a sí mismo se bautizó como “ciencia moderna”. Dijo que a la naturaleza se la podía manejar obedeciéndola. Una interesante teoría sobre la Magia, sobre cómo hacer que ocurra lo que yo quiero.

          Pero, ¿y si estuviera ocurriendo ya lo que yo quiero… desde un “querer” que no puedo conocer desde este nivel de conciencia?

          Los cientistas-materialistas… ellos se ríen de la Magia –de otros tipos de Magia. Pero, si el hombre es algo que le pasa a la materia, y su pensamiento también, ¿cómo hace la materia para manejarse a sí misma, para hacer teléfonos móviles más o menos atractivos, con qué criterios, con qué libertad, con qué creatividad?

          Hace dos años impartí en Ámbito Cultural un curso –de diez meses- titulado “Filosofía, Mística y Magia”. En él quise compartir una sensación que, con el tiempo, ha aumentado su potencia. Es ésta: lo serio, lo serio de verdad, es la Magia.

          No creo que lo que hay sea lógico, ni si quiera objetivo y cognoscible. Lo que hay, aquí, y lo que pasa en todo lo que pasa, es Magia: una imaginación muy poderosa hace cosas.

          Y lo hace desde la libertad –aseidad- y la omnipotencia.

          Llevo varios años estudiando el funcionamiento de la Magia en la Metafísica de Schopenhauer. No se me escapa que estoy muy influenciado por los tesoros que estoy encontrando en mis ya miles de horas de buceo por el fondo de los mares de palabras que segregó ese gran filósofo.

          Inauguré esta página en internet con una traducción personal del Sex Puncta Mystica de Böhme. Debo agradecer a Schopenhauer este hallazgo.

          Para compartir mi sensación de que la Magia es lo serio -lo que está pasando de verdad ahora mismo, lo que no podemos olvidar jamás- creo que puede ser útil seguir este orden:

          1.- ¿Qué concepto podemos atribuir al signo “Magia”? Schopenhauer y su opúsculo Magnetismo animal y magia. Leeré en este apartado mi traducción de Sex Puncta Mystica (Jakob Böhme).

          2.- Breve historia de la Magia “occidental”. Los “magos de Oriente” que visitan a Jesús (que es otro mago). El Hermetismo. El Renacimiento (Marsilio Ficino deja a Platón y traduce textos mágicos para Cosme de Medici). Agrippa von Nettesheim. Paracelso. Distinción entre magia natural y magia sobrenatural; y entre verdaderos y falsos magos. La Ciencia moderna como Magia natural y verdadera.

           3.- El romanticismo alemán y su relegitimación de la magia. Novalis: leeré algunos textos escritos por este profeta de la flor azul y lo relacionaré con la propuesta cósmico-artística de Nietzsche.

          Terminaré mi conferencia exponiendo mis propias ideas (¿creencias?):

          1.- Ya he afirmado en otros textos que creo (siento, compruebo cada día) que somos magos, siempre magos, conscientes o no: magos en red que forman prodigiosas algas lógicas (Ver “Humanidad”).

          2.- Una de las varitas mágicas más poderosas que utilizamos es la palabra, el Logos (ver). Realmente podemos entrar en nuestra mente, o en la mente de otro, y provocar una Creación, un nuevo Génesis, y también un Apocalipsis. El mundo es algo que le pasa a nuestra mente, y la mente es moldeable sin que se rompa, sin que se pierda su cordura. También cabe llevar un cielo azul a otra mente, desde la nuestra, en silencio.

          3.- Creo que la Magia nunca funciona por lo que una teoría dice que funciona. Las explicaciones son siempre erróneas porque su fuente es sistémica (mental/neuronal si se quiere). Y la magia toma su fuerza de lo que no puede ser reducido a sistema. Si el Mago manejara leyes de la “Naturaleza”, o la “Mente” –es igual el eufemismo que queramos usar- ya no sería Mago: porque no sería libre ni creativo: seria un muñeco causal, una nada mecánica.

          4.-La gran cuestión (absurda cuestión por cierto) es quiénes/qué somos en cuanto Magos… qué hay en el fondo de nuestro personaje, de nuestros disfraces y caretas, configurando realidades, moviendo el argumento de eso que llamamos “la vida”. Schopenhauer dijo que somos el secreto director de la gran obra de teatro del mundo. Sospecho que tenía razón.

          Debajo de la fecha de este texto he incluido una breve bibliografía. Supongo que son los textos básicos que, al ocuparme de la Magia, están operando en algo que quizás podría denominar mi “subconsciente filosófico” .

          Estas frases las preside una imagen que yo capturé en mi universo -en eso que sea lo que se presenta en mi conciencia-. La verdad es que me es irrelevante si eso que hay ahí es fruto de una imaginación prodigiosa –el deseo de un ser Omnipotente que es capaz de fabricar algo así con la nada para luego autoinoculárselo en su conciencia infinita-; o si es “Magia ciega” (pura materia legalifore: átomos, energía, quarks, leyes, etc.)

          La imagen la tomé con mi móvil una silenciosa mañana de invierno.

          Son mis hijos.

          No sé si tengo que dar las gracias a Dios -el Gran Mago-, a mi yo profundo mágico (Atman-Brahman) o a la Materia esa capaz de fabricar, mecánicamente, un cerebro capaz de ver algo así.

          Me es igual.

          Gracias.

 

          David López

          Sotosalbos, marzo de 2010.

       

        Bibliografía básica de la conferencia:

          Copenhaver, B.P.: Corpus hermeticum y Asclepio,  Siruela, 2000. 

          Cornelio Agrippa, E.: Filosofía oculta (Magia natural), Alianza editorial, 1992. 

          Novalis: Escritos escogidos, Visor, 1984.

          Novalis: Philisophical Writtings (trad. y edic. de Margaret Mahoney), State University of New York Press, 1997.

          Paracelso: Textos esenciales (edición de Jolande  Jacobi),  Siruela, 2001.

          Schopenhauer, A.: Sobre la voluntad en la naturaleza (En español disponemos de una muy deficiente traducción realizada por Miguel de Unamuno). Está editada en la actualidad por Alianza editorial. Recomiendo en cualquier caso su lectura, y en especial el capítulo titulado “Magnetismo animal y magia”.

          Yates, F.A.: Giordano Bruno y la tradición hermética, Ariel, 1994.

 


Mar 15 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 15 de marzo de 2010: “Matemática”.

          Matemática.

          ¿Por qué me produjo siempre tanto rechazo esta bailarina?

          Recuerdo aquellas pizarras oscuras como universos sin estrellas y sin almas en las que los profesores dibujaban la antítesis del olor a lilas que, en mayo, salvaba mi colegio.

          Recuerdo mi estupor ante aquellos cadáveres de tiza que bailaban, disciplinados, patéticos, fieles a un dios oculto y despiadado que castigaba a los impíos con un verano sin piscina infinita.

          Yo siempre me salvé de esa condena, no por devoción, sino por instinto de supervivencia: de supervivencia de mis sentidos y de mi imaginación.

          La Matemática.

          ¿Es la ciencia de lo real de verdad? ¿Estamos en algo sometido a leyes simbolizables matemáticamente? ¿Existen los entes matemáticos más allá de la razón puramente humana? ¿Lo que ocurre es solo lo que permite la Matemática que ocurra? ¿Cómo podemos fundamentar la propia Matemática?

          Dijo Einstein que en “la medida en que las proposiciones matemáticas se refieren a la realidad, no son ciertas, y en la medida en que son ciertas, no son reales”.

          ¿Entonces?

         Matemática. Matemáticas…

          Decían mis profesores que eran imprescindibles y que a ellas -¿ellas, en femenino?- les debíamos las delicias de nuestra tecnología: los puentes, la luz artificial que alumbraba aquellas aulas, los aviones, los coches, los satélites que miraban a la pizarra sin fondo del universo… Pero no recuerdo que nadie me hablara de la música, o puede que sí lo hicieran, pero también sin vida. Y quizás por eso mi cerebro, que solo quiere fertilidad, lo haya olvidado.

          Dicen las leyendas de la historia de la Filosofía que en la puerta de la Academia de Platón había un cartel que decía:

          “¡Que no entre quien no sepa geometría!”

          Yo no hubiera entrado. Nunca. No sé geometría. Pero esta frustración hubiera sido mayor si ese requerimiento lo hubieran establecido Tales de Mileto, o Nagarjuna, o Eckhart, o Nietzsche, o la propia María Zambrano, que, ante mi asombro –mi asombro por ignorancia- terminó por ubicarse en la tradición órfico-pitagórica: los devotos de los números.

          Para Leibniz la Música era un inconsciente ejercicio de Matemáticas. Schopenhauer no estaba de acuerdo: la Música, para aquel Nietzsche al revés, era una forma de filosofar.

          Y es que para Schopenhauer la Música expresaba mejor que la Filosofía la esencia del mundo (la esencia del infierno, pues este mundo es el mal… Una sublimación del mal, podríamos decir, que ofrecería paraísos sensitivos en el infierno).

          Octavio Paz, el embajador-poeta, definió la Poesía como una mezcla de pasión y cálculo. Esta reflexión me recuerda la bailarina “Infinito”, donde sentí que no cabe imaginar existencia sin límite: un cosmos –eso que hace posible que algo sea algo en algo- requiere un aparato matemático: un sistema de límites que dibujan y desintegran bailes y bailarines en el magma de la Materia.

          ¿Es un Logos -un Verbo- la Matemática? María Zambrano sintió que estaba antes el ritmo-la Música- que la propia palabra. Sería así quizás la Matemática el fondo, el esqueleto inerte pero dinámico, mutante, de ese fuego consciente, hiperregulado e hiperregulador, del que habló Heráclito.

          Pero para mí la Matemática –esa osamenta de la Música- ha sido siempre lo contrario: traía el infierno a mi mundo sin infiernos (eliminaba su color y su calor: lo empequeñecía, le quitaba fecundidad y posibilidad). ¿Por qué? Intentaré entenderlo, espero, mientras preparo esta clase sobre las Matemáticas.

          Y creo que me será útil ordenarme –matematizarme- así:

          1.- Cuestiones básicas de la filosofía de la Matemática: la naturaleza de los entes matemáticos; la fundamentación de la Matemática; relación entre la Matemática y las ciencias en plural; la relación entre la Matemática y la realidad.

          2.- El gran descubrimiento de Galileo. La gran lucidez de Berkeley.

          3.- Leibniz, Schopenhauer y la Música.

          4.- María Zambrano y “los números del alma”. Leeré algunos párrafos de El hombre y lo divino. Y haré referencia a un precioso ramo de lilas que acaba de publicar Clara Janés: María Zambrano (Desde la sombra llameante), Siruela, 2010.

          Y concluiré mi conferencia compartiendo algunas reflexiones personales (y provisionales):

          La Matemática simbolizaría la Música de fondo que mueve un determinado cosmos. En cualquier cosmos –en cualquier Maya- todo ocurre conforme a una Música, que es un sonido –un latido caliente- que proviene de un corazón. Un corazón vivo, o al menos ansioso de vida.

          Si me dejo arrastrar por el autohechizo lógico anterior –y me voy a dejar- llegaría a la conclusión de que la Matemática expresa los latidos del corazón de un Dios (Dios entendido, claro está, como “Dios lógico”).

          Razón tenían –solo razón- los que querían enseñarme a bailar Matemáticas. Son útiles. Recordemos la “Materia”: esos leños para construir cosas, que se sujetan juntos si quien los coloca sabe de baile. En caso contrario los constructos de leños se desmoronan. Y estamos aquí para construir; porque quizás, como vimos con las palabras “Aufhebung” y “Fe”, estamos involucrados en una gigantesca y prodigiosa construcción.

          Al ocuparme de la palabra “Logos” confesé mi fascinación, y mi amor incluso, hacia el Logos –el orden- que me rodeó y me sustentó tras una noche en la que mi conciencia se vio arrastrada por viscosas cataratas de sueños, digamos, “metalógicos” (o “metamatemáticos”). Los sueños no parecen disponer de ese esqueleto bailarín y apaciguador que es la Matemática.

          Si la Matemática es símbolo del latido del corazón de un Dios -de un Dios con más carne que ningún humano-, entonces aquellos garabatos de tiza en las pizarras de mi infancia estaban aún calientes, por así decirlo, por la ilusión, y por la pasión, implícitas en cualquier Creación.

          Yo nunca supe ver que lo que el profesor pintaba en la pizarra podía ser, quizás,  lo que hacía posible el olor de las lilas (y quizás también la mirada furtiva de una niña rubia que incendiaba mi pecho en aquellas clases de Matemáticas).  

          Finalmente quisiera sugerir la posibilidad –ya teológica- de que quepan tantos sistemas matemáticos coherentes como Creaciones posibles en la mente de Dios (¿hay alguna imposible?).

          Los que sepan de Matemáticas quizás piensen en David Hilbert.

          El infinito puede ser finitizado –musicalizado- de infinitas formas. La Matemática sería una Música que pondría en movimiento una finitud, y que regularía sus posibles mutaciones. Pero lo haría desde dentro de un pecho: ese que quiso que existiera un mundo donde hubiera lilas y miradas incendiadas y cielos como pizarras.

          Si Dios es un matemático, es sin duda un matemático apasionado; es decir: un músico.

          David López

          Sotosalbos, marzo de 2010.


Mar 8 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 8 de marzo de 2010: “Materia”.

 

       “Materia”.

       Una palabra.  “Materia” solo -¿solo?- es una palabra.

       Proviene del griego hyle. Este símbolo permitía transmitir y compartir tribalmente un modelo de mente, un concepto: algo así como el que nosotros sentimos con el símbolo “madera cortada” o, también, “materia prima con la que hacer cualquier cosa”. En latín el símbolo fue materia, y el concepto a él asociado sería algo así como “madera para cualquier tipo de construcción”.

       ¿Y qué se construye con la materia? ¿El mundo? ¿Es el mundo una suma de cuerpos materiales que bailan y mutan, esclavizados, al son de unas leyes que lo explican, o que podrían explicarlo, todo?

       ¿De qué está hecho un sueño por fin conseguido? Me refiero, por ejemplo, a un beso en los labios de una mujer amada, deseada años atrás. Un beso junto a un lago italiano. ¿Está ese beso -y los corazones y las fantasías en él entrelazados- constituido por átomos muertos sometidos a leyes físicas tan implacables como muertas?

       ¿Por qué la mayoría de las metafísicas tienen pavor a la vida, a la libertad, a la creatividad de Dios y a la de los hombres?

       ¿De qué está hecha la materia de los sueños?

       Hace algunos años tuve yo este sueño: bajaba por la escalera de la casa de pisos donde viví hasta los nueve años. En esa escalera había una ventana desde la que se divisaba un jardín. De pronto supe que estaba soñando y que, por lo tanto, podía construir en la materia de mi mente lo que yo quisiera.

       Y quise volar. Y volando pude llegar a las ramas de uno de los árboles. Allí pasé un buen rato rozando con mis dedos la superficie onírica de ese ser vegetal que se movía con la brisa de mi mente.

       Pude tocar la materia de los sueños. Fue una de las experiencias más extremas y sublimes que puedo recordar desde este nivel de conciencia. La materia de los sueños/la materia del universo real. Shakespeare escribió esto en la primera escena del cuarto acto de La tempestad:

          Our revels now are ended. These our actors,
          As I foretold you, were all spirits and
          Are melted into air, into thin air:
          And, like the baseless fabric of this vision,
          The cloud-capp’d towers, the gorgeous palaces,
          The solemn temples, the great globe itself,
          Ye all which it inherit, shall dissolve
          And, like this insubstantial pageant faded,
          Leave not a rack behind. We are such stuff
          As dreams are made on, and our little life
          Is rounded with a sleep.

         Somos de la misma materia con la que están hechos los sueños, y nuestra pequeña vida está rodeada por un dormir.

         Cabe preguntarse: ¿quién –o qué- duerme en ese dormir que envuelve todas las vidas? Y, sobre todo, ¿ese soñador es creador? ¿Cabe moldear la materia o está ya eternamente sometida a leyes?

         En mi conferencia, tras esta introducción, trataré el concepto de materia siguiendo este orden:

         1.- La materia en la física presocrática.

         2.- La materia en Aristóteles: “aquello con lo que algo se hace”.

         3.- La  materia en el pensamiento cientista y en el pensamiento mágico.

         4.- La materia en Schopenhauer. Gnósticos y maniqueos. La materia es el Mal.

         5.- El materialismo desde Descartes. Los Charvakas de la India antigua.

         6.- La materia en el siglo XX.

         7.- La materia en la metafísica Samkya: el sufrimiento y la esclavitud derivan de identificarse con la experiencia psíquico-mental (la prakriti o materia).

         Finalmente compartiré sensaciones. Sería para mí un privilegio que los asistentes a mi conferencia sintieran lo que yo siento ante la materia. Para ello quizás sean de utilidad estas ideas:

       1.- Creo oportuno diferenciar entre materia como “masa” informe con potencialidad para adoptar formas (lo que para los neoplatónicos era un receptáculo sin medidas ni cualidades) y materia como “lo que llena el espacio”, o “conjunto de cuerpos físicos”, o “variaciones de densidad en un campo unificado”, etc. La primera concepción de “materia” sugiere una especie de nada que podría ser cualquier cosa. La segunda es ya un algo legalizado. Veo más vida en el primer tipo de materia, aunque para los neoplatónicos fuera el mal (como para los pitagóricos).

       2.- Si la materia es esa masa in-formable, cabría imaginar una “masa” prodigiosa que tuviera, a la vez, infinita potencialidad (infinita capacidad para adoptar formas, para ser una natura naturata) e infinita potencia creativa (natura naturans). Esa “masa” prodigiosa sería Dios –el Dios metalógico-: siendo Nada puede fabricar consigo mismo cualquier mundo.

       3.- Creo que los términos Materia, Maya y Magia significan lo mismo: nombran la esencia del espectáculo que se presenta ante nuestra conciencia. Y en ese espectáculo estarían incluidos nuestros pensamientos y nuestro propio yo tanto psíquico como óptico (lo que aparece ante los espejos, lo que vemos en las fotos, la parte de cuerpo visible desde donde están nuestros ojos…). Estoy de acuerdo con Schopenhauer en que somos los secretos directores de esas obras de teatro.

       4.- Según lo anterior me considero materialista. Amo la materia. Amo la textura –a veces feroz- de este sueño prodigioso. Mi rechazo al materialismo, digamos, dualista (el que distingue entre materia y espíritu) se deriva de su desprecio hacia los mundos. Creo que cabe amar a Maya sin perderse en ella. Mejor dicho: sólo desde “fuera” se la puede amar de verdad.

       5.- En estado de meditación podemos contemplar la materia pura. O casi pura. Nuestra conciencia siente que esa nada podría autoconfigurarse en cualquier mundo imaginado: podría ocurrir cualquier Creación. En mayúscula.

       Vuelvo a aquel sueño en el que pude echar a volar desde la escalera de mi infancia. ¿Qué sentí en realidad mientras acariciaba ese vegetal onírico, mientras respiraba el aire y la luz de mi propia imaginación?

       Sentí estupor maravillado. Eso es lo que, según los filósofos, ofrece la Filosofía. La Filosofía con mayúscula.

       David López

       Madrid, marzo de 2010.


Feb 15 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 15 de febrero de 2010: “Libertad”.

                        

        Libertad. Otra bailarina lógica.

       Quizás ella lo sepa todo. Todo lo que no quiere saber la Nada sobre sí misma.

       ¿Qué es la libertad? ¿Somos libres? ¿Ser libre es poder hacer lo que se quiera? ¿Ser libre es poder auto-inocularse contenidos de conciencia paradisíacos? ¿Cuánto tiempo se puede sostener un paraíso sin un infierno que lo destaque?

        ¿Se puede elegir, en libertad, lo que se quiere querer? Mejor preguntado: ¿se pueden elegir formas de querer?

        En 1839 la Real Sociedad Noruega convocó un concurso para obtener respuesta a esta pregunta:

        ¿Se puede demostrar la libertad de la voluntad humana por la autoconciencia?

        Schopenhauer, que por aquel entonces agonizaba por un déficit de fama, se presentó al concurso y lo ganó.

        Hay una frase en su escrito premiado que lo dice casi todo:

        “El ser humano hace en todo momento sólo lo que quiere, y lo hace además de una forma necesaria. Ello se debe a que él es lo que él quiere ser: pues de lo que él es se sigue necesariamente lo que siempre hace.”

        Sospecho que ese auto-artesano (ese demiurgo mágico) no puede seguir siendo un ser humano. Sólo Dios puede ser libre (es la aseidad, tal como fue entendida en la escolástica). Pero sólo puede ser libre si, siendo Dios, es también Nada. Absolutamente nada. Porque ser algo ya es un condicionante, ya determina lo que se puede o no hacer: lo que se puede o no ser.

        Creo que somos esa Nada prodigiosa.

        Tras una introducción en la que trataré de compartir mis dudas, me ocuparé de la palabra “libertad” siguiendo este orden:

        1.- Schopenhauer. Sobre la libertad de la voluntad[1]. Intentaré ofrecer un análisis de este texto fundamental de la metafísica schopenhaueriana. El tema crucial es la responsabilidad: si no somos libres no podemos pecar.

        2.- Sartre: hay que ser ateos consecuentes y asumir que el hombre es un ser condenado a la libertad.

        3.- La libertad –el Samadhi- como fin último del Yoga. ¿De qué hay que liberarse? Trataré de ofrecer vislumbres de este tipo de libertad basándome, entre otros, en este libro: Mircea Eliade: El Yoga. Inmortalidad y libertad.[2]

        4.- La libertad política. Leeré los últimos párrafos del Tratado teológico-político de Spinoza.

        Finalmente, ofreceré algunas reflexiones personales. Admito que son todavía esbozos. Supongo que necesito más tiempo para cobijarlos en algo así como un “sistema metafísico”. Ahí van los esbozos:

        1.- Hay dos tipos de libertad: la absoluta (la propia de la Nada/el infinito/Dios metalógico) y la cosmizada (la que se despliega dentro de las posibilidades algorítmicas de un cosmos concreto, de una creación determinada).

        2.- Como afirmé en mi conferencia sobre la palabra infinito, el ser humano –eso que sea el ser humano- no puede existir sin finitud, pero tampoco la soporta. Dicho desde el tema de la libertad: el ser humano está en una finitud elegida –una esclavitud necesaria- y, desde ahí, necesita expandirse, llevar al infinito el algoritmo que estructura, pero que a la vez expansiona, esa finitud (ese cosmos). Sería algo así como un infinito desplegado dentro de una finitud algorítmica.

        3.- En política prefiero mantener el nivel de lo que en la filosofía india se conoce como apara vidya (conocimiento inferior, el conocimiento puramente útil, el que permite optimizar el estado de conciencia dentro del sueño de la vida, siempre que uno se siga creyendo que no es un sueño, un autohechizo). Desde este nivel creo que merece la pena destacar que cuanto más débil y yermo es un sistema político, más claustrofobia produce y más violencia exige en su interior. Los totalitarismos (recordemos este neologismo de Hanna Arendt) son huertos yermos: o mentes entretejidas con materiales muertos. Dado que ese tejido está seco y quebradizo, sus guardianes vigilan toda forma de arte o de pensamiento (¿hay diferencia?) que pueda dar entrada al peligroso viento del infinito (el Demonio al que se refería Stefan Sweig; la Libertad, podríamos denominarlo ahora). Pero, ¿somos libres para aceptar unas u otras ideas, para ser o no miedosos, para practicar o no la censura y la autocensura? En cualquier caso no cabe ningún tipo de existencia humana –ningún modelo de tribu- sin límite, sin una libertad confinada. Porque la ausencia de límite es ausencia de existencia. Y, sobre todo, impide el respeto –y la fascinación- por la libertad del otro.

        Se me ha ocurrido traer aquí una imagen de la película La vida de los otros (escrita y dirigida, magistralmente, por Florian Henckel von Donnersmack): un hombre con el alma vertebrada por el logos marxista y el esqueleto integrado en el esqueleto del Estado de la RDA, vigila, ahíto de fervor religioso, como un aplicado anticuerpo, a un escritor, a un poeta, a alguien cuya mente y cuyo corazón son algo más traslúcidos y expansivos de lo normal.

        No obstante sospecho que, desde fuera, todos los mundos, y los sistemas políticos también –sin excluir el democrático- muestran con claridad la solidez de sus barrotes.

        Los barrotes son imprescindibles para que haya algo en la Nada. Y saludables. Dejan pasar el aire del infinito. Permiten respirar a los prisioneros. Pero un cosmos se asfixia si esos barrotes son tapiados por el miedo a lo meta-cósmico.

        No es grave. Tras la muerte de un mundo, y sobre su muerte, nace otro. Y es que la fertilidad que nos acosa y nos da la vida carece de límite.

        Sí es libre de verdad.

        David López

        Sotosalbos, febrero de 2010.


[1] Hay una edición es español que se ha realizado a partir de la traducción de Eugenio Ímaz (con introducción y revisión de Ángel Gabilondo, actual ministro de Cultura). Es ésta:  Arthur Schopenhauer: Sobre la libertad de la voluntad, Alianza Editorial, Madrid, 2000.

[2] Este libro monumental está editado en español por la editorial Fondo de Cultura Económica. No es fácil comprarlo.

 


Jan 25 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 25 de enero de 2010: “Humanidad”.

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         Casi todas las noches contemplo el horizonte desde mi casa.

         En ese oscuro límite brillan las luces de dos pueblos dormidos: dos misteriosas algas. Me fascina esa imagen. Su fuerza estética y filosófica es extraordinaria.

         Cuando viajo en coche también me quedo hipnotizado por esas extrañas algas de luz y de sombra que se extienden por nuestro planeta. Muchas veces he tratado de imaginar los ríos internos que corren por el interior de esos seres: hombres, mujeres, niños, ancianos: dormidos, soñando, tocándose, amándose, odiándose, hablando, soñando, llorando, riendo…

         Todas esas algas de luz, de sombras y de sueños, ahí, en silencio, sobre el planeta Tierra. Rodeadas de galaxias y de dioses.

                        Recuerdo ahora la última vez que sobrevolé Delhi. Era de noche. La ciudad tenía zonas no iluminadas por energía eléctrica. Yo la vi cubierta por una materia onírica, la vi sumergida en un océano no físico. Recuerdo que traté de imaginar el rugido onírico de todas aquellas almas en red. Y recuerdo que tuve la sensación de estar contemplando a un viejísimo dios sucio, o una amalgama de dioses amontonados, o un animal gigantesco y mórbido.

         Son imágenes de eso que sea la “Humanidad”. Una palabra que me propongo estudiar -gozar y sufrir- con vosotros, queridos filósofos, en mi conferencia.

            Se me ocurre ya una definición:

         “Humanidad”: cuerpos, corazones y mentes humanos vibrando en red.

         Sobre qué sea un “ser humano” me ocuparé otro día. Baste por el momento la imagen que ofrece de forma espontánea el tejido lingüístico que ahora nos une.

         En cualquier caso, creo que estamos ante una de las bailarinas más preciosas de nuestro “Diccionario de los mundos”. Yo la amo. Absoluta e irracionalmente. Y creo que merece la pena creer en ella: en esas algas de luz que aparecen en la oscuridad de los horizontes y de las carreteras.

 

         En mi conferencia trataré los siguientes temas, siempre desde una perspectiva fundamentalmente filosófica:

 

        1.- Humanismo. Origen del concepto. El humanismo como sacralización de textos latinos y griegos. Uso de la palabra “Humanismo” en el siglo XX. Anti-humanistas: el estructuralismo y el marxismo.           

        2.- Sartre: el existencialismo es un humanismo. La divinización de la nada humana.

        3.- Demonizaciones y huidas de la Humanidad. El fenómeno de los renunciantes en la India védica. El Raja Yoga o el abandono de la conciencia humana (y, por tanto, del hechizo implícito en la creencia en que haya “Humanidad”).

        

        4.- El club “Humanidad” y sus posibles invitados. Reflexiones sobre los derechos de los animales. Para reflexionar sobre este asunto me permito recomendar la lectura de una crítica que hace algunos meses hice de un libro de Adela Cortina: Las fronteras de la persona (Taurus). Esta crítica, que abrió nuevos y muy fértiles espacios a mi reflexión filosófica, es accesible desde  (aquí).

        

        5.- Posibles transformaciones –culminaciones- de la Humanidad. San Agustín y la Ciudad de Dios. Schopenhauer: la Humanidad, que es malvada, no tiene futuro. El proyecto cientista-democratista-ilustrado. Jane Leade: la salvación por la magia.

        

         Finalmente, expondré mis propias ideas. Ofrezco ya este resumen:

 

         1.- “Humanidad” es un simple nombre. Una bailarina lógica. Algo que le ocurre a un lenguaje. Un hechizo en definitiva. Los distintos discursos lo utilizan y lo utilizarán según lo exijan sus modelos de cosmos. Una vez “sentido” ese cosmos –cosmos humano si se quiere- y una vez incorporada una mente y un corazón en una de esas redes de sueños –con sus modelos de pasado y de futuro-, se tiene acceso a las energías que ahí se mueven: el amor, el amor que fluye concretamente en ese cosmos de “personas” (tengo que utilizar esta palabra para entendernos). Quiero recordar aquí mis reflexiones sobre las palabras “amor” y “cosmos”. Y también mi insistencia en que observemos con atención el amor –sí, amor- con el que se abrazan los cuerpos y almas de personas pertenecientes a modelos de humanidad como el etarra o el de los talibanes.

         2.- Me parece obvio que el sentimiento humanitario es una forma de egoísmo. Pero me parece un egoísmo bellísimo.

         3.- Creo, a diferencia de los historicistas y los estructuralistas, que esas prodigiosas algas de luz que me hechizan en mis noches solitarias están formadas por magos. Quiero decir que ahí dentro se fabrican mundos, que late la aseidad: la potencia creativa infinita. Son algas autoconfiguradas. Son talleres de dioses. En ellos cabe hacer cosas prodigiosas: nuevos mundos, nuevos paraísos. Y nuevos infiernos.

         4.- La clave estará, una vez más, en la textura lingüística de los sueños que se compartan dentro de esas algas. Esas algas se mueven por ideas, por modelos de belleza, por sueños compartidos. Como afirmé en mi pasada conferencia, aún son posibles nuevos tejidos poéticos que movilicen mentes y corazones: nuevas configuraciones de la luz de esas algas.

         5.- Probablemente sea imposible –y hasta nocivo, como diría Heráclito- la paz absoluta entre todas las diferentes algas que están entrelazadas en eso que estoy llamando “Humanidad”. Pero no hay que descartar el nacimiento de ideas que puedan ilusionar a todos. Aunque sea un momento.

 

         Cuando camino por parajes solitarios y me cruzo con un miembro de la “Humanidad” –de cualquiera de los modelos actuales- siento algo grande. La sonrisa que nos cruzamos es el símbolo de algo sagrado que debe custodiarse en todos los templos.

         En un bosque de albaricoques del Ladakh –rodeado de desiertos y montañas sin tamaño- una indígena, joven, bellísima, me ofreció una taza de té. Dije que sí. Me lo trajo, me lo bebí a su lado, en silencio, sin tiempo, ante su atenta mirada, y quise pagar. Pero ella no aceptó mi dinero. Fue imposible darle una sola rupia a aquella hada agrietada y polvorienta.

         Finalmente opté por darle las gracias. Y sonreír. Ella me devolvió la sonrisa en medio de aquel desierto.

         Eso es la Humanidad.

 

 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

            David López

            Sotosalbos, enero de 2010.

           

 

           

 

           

           


Dec 14 2009

Escuela libre de Filosofía. El diccionario de los mundos. Conferencia del 13 de diciembre de 2009: “Fe”.

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         Unamuno cosió esta frase en el tejido de mitos de que dispone ese precioso mito que llamamos “Humanidad”:

         “La fe no es creer en lo que no se ve; sino crear lo que no se ve”.

         Hay otra frase suya que dice más –más si cabe-: “Creer es crear”. ¿Debemos incluir también lo visible en lo creable? ¿Qué es lo visible, por cierto? ¿No es algo que está ahí, siempre, cosmizado, independiente de lo que quiera creer o no el ser humano?

         La verdad es que parece que hay algo exclusivo del “ser humano” que ofrece posibilidades aterradoramente fértiles. Ese algo es de lo que pretendo ocuparme en esta conferencia: la fe.

         “Tú ten fe y verás cómo consigues lo que estás soñando”.

         ¿Qué es esa fuerza descomunal? ¿Dónde se ejerce, en qué espacio? ¿Dentro de nuestra mente? ¿Dentro de la mente de Dios? ¿Hay diferencia entre ambas?

         La palabra fe se ha considerado en ocasiones como un tipo de creencia que se circunscribe a lo religioso. Pero, ¿qué es lo religioso? ¿Lo religioso es tomar conciencia de un vínculo con la Omnipotencia, con lo divino, con nuestro yo esencial –único-?

         ¿Se puede crear al propio Dios, en tanto “Dios existente” (yo le llamo “Dios lógico”), como aseguraron el Maestro Eckhart y el maestro Feuerbach?

         La foto que he elegido para esta conferencia muestra a un grupo de hombres construyendo –soñando/creyendo- un andamio en un espacio que parece infinito. Es una imagen que me produce un extraordinario sobrecogimiento estético y metafísico. Y es que veo en ella un sumatorio que resquebraja mi mente y la deja con olor a infinito; mejor dicho: a infinita creatividad. Si efectivamente nuestra fe, o nuestra voluntad de crear, tienen efectos creativos -configurativos de realidades objetivas-, cabría visualizar en un todo armónico la suma de los actos de fe de todos los seres humanos: de todos los que existieron y existirán (si es que insistimos en atribuirlos a ellos –a nosotros- esa facultad excepcional de creer/crear).

         Uno de los obreros -uno de los creyentes- de la foto parece estar fabricando el propio sol, el propio Dios sol, o a lo mejor el sol como esfera ígnea dentro del dibujo mítico que la ciencia hace todavía del universo. Ese obrero, en cualquier caso, parece estar creando un “sol”: un decisivo foco de fuerza en el todo en el que él cree. 

         Trato de imaginar el rugido final de todos los actos de fe, de todas las creencias. Y trato de pensar cuál puede ser la energía genésica resultante de ese gigantesco coro de sueños. Quizás cabría ver ahí la Creación con mayúscula, siempre viva, siempre fertilizando la nada; ubicua y omnipotente, pero autodifractada, en cada ser humano que es capaz de creer/crear: de tener “fe”.

         Schopenhauer, en su obra Sobre la voluntad en la naturaleza, incluyó un sorprendente capítulo titulado “Magnetismo animal y magia”. Una sola convicción ilumina todas las frases de este capítulo. Es ésta: el ser humano tiene acceso en su interior a la omnipotencia: a algo capaz de dejar en suspenso las leyes de la naturaleza y provocar fenómenos imposibles. Pero para ello hay que creer, creer, por ejemplo, que una barra de metal puede curar (mesmerismo). Basta con creer. Y con imaginar. Creer en que lo imaginado puede fecundar la nada.

         Imaginación. Fe. Omnipotencia. Realidad.

         Pero, ¿quién/qué cree en nuestro creer? ¿Quién sueña en nuestro soñar? ¿Cuánto hay todavía por crear? ¿Es el ser humano, como pensó Sartre, una nada que se tiene que configurar a sí misma, darse sentido a sí misma ante la obvia inexistencia de Dios?

 

         El objetivo de mi conferencia será, sobre todo, compartir el sobrecogimiento que me produce imaginar, atisbar, el sumatorio de actos de fe de todos los seres humanos, el estruendo de esa descomunal catarata de actos de fe (de sueños). Para ello creo que será útil abordar de forma ordenada los siguientes temas:

 

          1.- Fe versus razón (modelos de fe en conflicto).

         2.- Filosofía de la fe: Friedrich Heindrich Jacobi. (En español tenemos esta interesenate edición: Cartas a Mendelssohn y otros textos / Friedrich Heinrich Jacobi ; prólogo, traducción y notas de José Luis Villacañas, Círculo de Lectores, Barcelona, 1996.)

          3.- La fe en el pensamiento de Unamuno.

          4.- Gianni Vattimo: Creer que se cree[1].

 

         Por último expondré mi propia visión de ese poder que parece estarse manifestando en cada rincón de lo existente; de lo existente al menos para eso que sea el “ser humano”.

         Mis ideas básicas se han desplegado, supongo que casi algorítmicamente, a partir de estas palabras de la Biblia: “Si no creeréis, no existiréis” (Isaías VII, 9)[2].

 

-         Toda existencia (toda Maya/ toda bailarina) requiere fe (fe en que existe lo objetivo). Y dentro de lo existente estarían esos hombres a los que da el aviso el citado párrafo de la Biblia: si ellos no creen, no hay existencia, y sin existencia no existen ni ellos mismos: los seres humanos. Ellos deben creerse que su ser es ese: que son seres humanos fenoménicos, ahí, en los existente. En lo objetivo.

-         Tener fe es creer en que lo que no se ve (postularlo). En este sentido la ciencia siempre exige actos de fe. Popper habló de la religión de la ciencia.

-         Sin fe (sin creación en definitiva) no existiría lo existente, lo objetivo: no habría ninguna bailarina bailando ningún cosmos ante ningún sujeto. La fe, cuando es creadora, es la antítesis de la sabiduría (de la iluminación si se quiere). La sabiduría, cuando es absoluta, diluye el dualismo sujeto-objeto: incinera los mundos en la hoguera de la nada.

-         El regreso a la Nada requiere la ausencia absoluta de fe: un nihilismo radical que permitiría, utilizando una expresión de D.T. Suzuki, estar con Dios antes de que Él dijera “hágase la luz”.

-         Pero ahora, ahora que escribo esto, hay algo; y ese algo, en caso de que efectivamente la fe sea creadora, habría que considerarlo fruto de la fe: de la fe de alguien… ¿nuestra en el pasado? ¿de nuestros padres u otros seres que nos amaron y que mediante la fe nos fabricaron, o nos fabrican, esta realidad?

-         Las masas de mitos que están ahí disponibles nos ofrecen modelos arquetípicos de realidad configurable en virtud de un acto de fe. Viviríamos en una especie de gigantesco mercado de sueños posibles. Un creador, un verdadero creador, sería alguien capaz de ofrecer sueños nuevos: nuevos modelos de mente: nuevas opciones de fe.

 

                   Yo no sé que se está construyendo con el soñar de todos los soñadores… con ese gigantesco andamio que están levantando, a la vez, todos los que creen en algo.

                   ¿Qué está creando Dios a través de creer/crear de sus criaturas? ¿En qué cree Dios? ¿No sería maravilloso poder asomarse a su obra, con las manos entrecruzadas en la espalda, como si fuéramos jubilados?

                   Salvador Paniker, en una obra titulada Asimetrías[3], afirmó que la fe es la confianza en la realidad. Es una preciosa definición. Tener fe es confiar en que algo grandioso se está construyendo a golpe de sueños. A golpe de creencias.

                   Y que estamos implicados en esa grandiosa construcción.

 

      David López

      Sotosalbos, diciembre 2009.

[1] Gianni Vattimo: Creer que se cree, Paidós Studio, Barcelona, 1996.

[2] Se trata de una cita de la Biblia que he encontrado en la siguiente obra: Raimon Panikkar, Mito, fe y hermenéutica, Herder, Barcelona, 2007. En ella hay un profundo estudio del fenómeno de la fe.

[3] En la sección de críticas literarias se pueden leer mis comentarios a esta obra.