Jul 12 2010

Escuela libre de Filosofía. Diccionario de los mundos. Conferencia del 12 de julio de 2010: “Bailarina lógica”.

 

        “Bailarina lógica”. ¿Qué es eso? No lo sé muy bien, pero quizás pueda afirmar con cierta contundencia que esos seres -que carecen en realidad de “ser”- necesitan ser amadas, como es amada la bailarina que aparece sobre estas lineas. Hay que creérselas para crearlas, o para compartir las emociones que discurren por las algas lógicas en las que viven todos aquellos que se las creen. Pensemos en la palabra “España”. O “Cataluña”.

        Yo las amo, amo el hecho de su prodigiosa existencia (aunque algunas de ellas me espanten). Y las amo tanto como amo la vida, tanto como amo los sueños (que son lo mismo que la vida). Las amo cada vez más, a pesar de lo peligrosas que son. Ellas dan (son) la vida y el placer y el dolor (¿no las véis ahí, viviendo en una simple frase?).

        “Bailarina lógica”. Es un término con dos palabras que ha nacido en este diccionario de los mundos. Es una forma de dar nombre a lo que da los nombres: la palabra; o, mejor: al símbolo en general.

        A lo largo de estos meses he intentado comprobar el poder de la diosa Vak, la cual, en uno de los himnos de Rig Veda, afirma que vivimos en ella, comemos en ella, respiramos en ella…

        Pero, ¿qué es una “palabra”? Cabría adoptar una postura hiper-materialista y decir que las palabras son símbolos y que los símbolos –unas letras, unos sonidos, una bandera- no son más que determinadas configuraciones de la materia que sirven para comunicar otras determinadas configuraciones de la misma. El problema de este razonamiento es que todo él respira -sobrevive- en una atmósfera onírica: todo él es fruto de un hechizo: el hechizo que es capaz de desplegar una bailarina lógica cuyo precioso baile contemplamos hace unos meses: “Materia” [véase].

        Hay una bailarina lógica que ayer fue capaz de insuflar una gran cantidad de energía (de vida, de magia, de Maya) a todas las conciencias que están en red con ella: la palabra (el símbolo gráfico) es “España”. La realidad significada por este significante gráfico dispone de otros símbolos: una determinada disposición material y espacial de dos colores (la bandera), un grupo variable de personas realizando unos comportamientos concretos, reglados (la selección nacional de fútbol).

        “España”. Otra bailarina lógica. ¿Hay que librarse de todas la bailarinas lógicas? ¿Es eso la sabiduría? ¿Vale con saberlo, con saber que son puntuales y delicuescentes formas de configuración de nuestra conciencia? ¿Hay bailarinas positivas y bailarinas negativas? La respuesta de Nietzsche sería, quizás, que hay que elegir aquellas bailarinas (o dejarse elegir por aquellas bailarinas) que aumenten nuestra salud, nuestra vitalidad… nuestra “ilusión”. Pero, ¿no fue eso precisamente lo que conseguían las bailarinas lógicas del coreógrafo Hitler? Él consiguió insuflar mucha ilusión a todas las conciencias que soñaron su sueño lógico.

        ¿De dónde salen esos seres prodigiosos? ¿Los inventa de pronto un ser humano –un poeta? ¿Surgen mecánicamente, socio-biológicamente, de los grupos humanos? ¿Los inoculan los dioses a través de poetas?

        Creo que antes de acercarnos a estas criaturas lógicas, puede ser útil tratar los siguientes temas:

        1.- Concepto de Maya en la especulación filosófica india.

        2.- La negación de la semántica en Gorgias.

        3.- San Pedro Damián: la demonización de la gramática.

        4.- Berkeley: la materia como membrana lógica (membrana de palabras) que impide ver a Dios.

        5.- Wittgenstein: la Filosofía es la lucha de la inteligencia contra los hechizos del lenguaje. ¿Debemos luchar contra las bailarinas lógicas? El segundo Wittgenstein.

        6.- Simone Weil: casi todos los vocablos políticos están vacíos por dentro.

        7.- Los koanes en el Zen: hacer que se desmayen las bailarinas.

        A partir de aquí, creo que puedo ir esbozando algunos rasgos comunes de las “bailarinas lógicas”:

        1.- Dejándome llevar por las posibilidades expresivas de los “mitos” (como si hubiera algo en nuestro discurso que no fuera “mito”), podría decir que las bailarinas lógicas son algo así como sacerdotisas de Vak: la diosa de la palabra que se sabe omnipotente. O casi. Sacerdotisas o autodifractaciones de su esencia.

        2.- Creo que, efectivamente, vivimos en un sueño lógico: en un cosmos construido por una estructura de palabras. Desde este punto de vista, la palabra sería no sólo genésica, como afirma el arranque del Evangelio de San Juan, sino también, y sobre todo, mágica.

        3.- Buena parte de las propuestas soteriológicas (propuestas de salvación o de elevación de la condición humana si se quiere) insisten en el silencio como puerta a lo sagrado (como puerta a nuestro verdadero ser, que sería coincidente con el verdadero ser de Dios). Así, el silencio, la retirada de las bailarinas lógicas, permitiría ver lo que hay detrás de ellas, permitiría tomar conciencia de que lo que hay no coincide con sus cuerpos ni con el ritmo matemático de su baile. Ese silencio cósmico llevaría a la libertad, sería un despertar. Pero, ¿por qué despertar? ¿Para no sufrir? ¿Para salir del sufrir-gozar que, por ejemplo, sacudía ayer a los seguidores de la selección española?

        4.- Ya vimos en conferencias anteriores que a las bailarinas lógicas no les gusta que nos acerquemos demasiado a su cuerpo. Quizás sea que su piel es demasiado transparente. Se ve su nada. Pero esa piel suda y vibra: hay en ellas un descomunal esfuerzo por vivir en nuestra conciencia, por tener “realidad”, por ser “de verdad”. Al ocuparme de la palabra “realidad” ofrecí un corte de la película Mulholland Drive (David Linch) que me sirvió para imaginar a una bailarina lógica llorando; llorando por su vacuidad ontológica [véase].

        5.- Creo que hay razones, al menos sistémicas, para diferenciar “bailarina lógica” de “concepto”, “universal” o “idea”. Quizás la clave esté en insistir en la “materialidad” de la bailarina lógica: es símbolo, algo que se percibe dentro del marco perceptivo ordinario, no tiene abstracción: se ve, o se oye, como se ve o se oye un pájaro.

        6.- Un cosmos [véase] es el fruto tangible, perceptible, de un determinado logos [véase]. Y un logos es un poetizar [véase Poesía] que ha conseguido modelar unas conciencias hasta el punto de hacerles creer que su sueño lógico es lo real. Las bailarinas lógicas son la parte visible de un poetizar. Son semillas de mundos (de sueños, porque todo mundo es un sueño en realidad). Podríamos decir que las bailarinas lógicas son Poesía viva, hambrienta de conciencias, necesitada del hábitat que les ofrece el interior del ser humano.

        Al ocuparme de “concepto” [véase] reproduje Génesis 2.16-17: “De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Yo en ese momento interpreté que en el momento en que un concepto toma la mente ( en el momento en el que la agarra) se produce la muerte, la muerte de la conciencia por así decirlo. Cabría otra interpretación: “De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente te dormirás”. Pero quizás vida y sueño sean lo mismo. ¿Sólo hay dos opciones: soñar o despertar a la nada/el infinito que somos? Muchas tradiciones hablan de una tercera: seguir soñando, sí, pero sabiendo que es un sueño, y que todas las bailarinas lógicas bailan atentas a nuestras manos: fabricar entonces preciosos hechizos, como diría Nietzsche.

        Hay un video de Kylie Minogue que me ha aparecido extraordinariamente útil para visualizar lo que, a duras penas, voy entendiendo por bailarina lógica. En él se puede ver a una bailarina lógica cantando, bailando, hechizando conciencias, siendo progresivamente amada, creando un cosmos de mentes y de cuerpos dormidos, pero gozosos, aparentemente libres. Por fin libres. La gente de la calle, de pronto, abandona a otras bailarinas lógicas (las que, supongo, les impedían desnudarse en plena calle y abrazarse con la persona que tuvieran más cerca). Y es que todas las personas, gracias a esa bailarina prodigiosa, son bellas, tienen cuerpos bellos. Y no solo eso: sus zonas más “oscuras” (oscuras desde la visión ofrecida por otras bailrinas lógicas) son ahora completamente blancas y limpias: toda la gente de la calle, al desnudarse, muestra ropa interior blanca. Y no sólo eso. La bailarina, con su poder, es capaz de convertir en un caballo blanco el caballo negro al que se refería Platón con su imagen del carro: el caballo negro de las pasiones es ahora el blanco: lo más puro, lo más limpio.

        Y todos los seres humanos que oyen la música lógica se abrazan, armónicamente, en un erotismo hiperarmónico donde la belleza -esto es, el orden- quiere reinar sin límite. La diosa sigue cantando, exhultante de su poder, y bajo sus pies se van entrelazando cuerpos, cuerpos armónicamente estremecidos por el deseo sexual. Y por la consumación de ese deseo. El delirio crece, y crece, y de pronto, atónitos, vemos que se está creando algo así como un organismo pluricelular, gigantesco, tan grande como uno de los edificios de la calle. Entonces sentimos estupor maravillado, vértigo, horror incluso. Es la mirada filosófica: la que, por así decirlo, se asoma a los mundos que anidan en el espacio infinito de la conciencia. Dentro de ese hiper-erótico cosmos de mentes y de cuerpos entrelazados parece haberse instalado la plenitud, algo así como un paraíso sensual, un delicioso orden donde merece la pena fundirse, donde brilla el éxtasis de la supresión de la individualidad. Es destacable cómo mueve sus manos Kylie Minogue por encima de los ojos de sus hechizados; y cómo éstos se estremecen de cosmicidad, de orden, de amor, sintiendo que se elevan hacia el cielo al bailar el baile de la bailarina lógica que ha entrado en sus conciencias.

        Desde fuera, no obstante, vemos un monstruo inquietante, una especie de virus lógico que quiere toda la materia para sí. Al final la bailarina, consciente del éxito de su baile y de su música, desde lo alto de su montaña de cuerpos y mentes, lanza una sonrisa de poder.

        Quizás sea esa la sonrisa de Vak, la diosa que habla desde el Rig Veda, encarnada en una de sus sacerdotisas.

        Imagino también la palabra “España”, sonriendo ayer desde una gigantesca pirámide de cuerpos y de corazones entrelazados. Un pirámide onírica, lógica, que, por el momento, no me parece inquietante.

        Éste es el vídeo de Kylie Minogue:


Jan 11 2010

Escuela libre de Filosofía. Conferencia del 11 de enero de 2010: “Hecho” e “Historia” (primera parte).

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         Me ha parecido oportuno unir a estas dos bailarinas lógicas: “Hecho” e “Historia”. Pedirles que bailen juntas ante nosotros. Y lo van a hacer en dos tiempos, en dos conferencias.

         Creo que un significado básico de  “historia” podría ser “sucesión de hechos susceptible de ser incorporada a una narración”. Otro podría ser “estudio del ser de eso que se despliega, se articula, en hechos narrables”.

         En la primera conferencia trataré de acercarme a la palabra “hecho”. Y lo haré utilizando algunos materiales que nos ofrece eso que se ha llamado “Historia de la Filosofía” (desgraciadamente no dispongo de todos; ni dispondré nunca de ellos).

         Me gustaría reiterar que para ver –y para abrazar en lo posible- estas y otras palabras –a estas y a otras bailarinas lógicas- estoy nutriéndome de una preciosa, aunque gélida, galaxia lógica que me acompaña desde hace décadas: el Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora. Mando una sonrisa, desde aquí hacia allí: allí donde este filósofo pueda haber perpetuado su conciencia: allí donde pueda recibir mi agradecimiento.

         ¿Tenemos historia más allá de nuestra muerte –o de nuestra vida, de nuestra vida visible por otros aquí-? Algunas religiones creen que sí. O dicen que es paradisíaco creer que sí.

         Ortega y Gasset, en su introducción a las Lecciones de Filosofía de la Historia de Hegel, citó a Goethe así[1]:

         “Todo hecho es ya teoría.”

         Y aclara esta cita con un pie de página en el que afirma lo siguiente:

         “Hegel devuelve a los historiadores la acusación que estos dirigen a los filósofos de “introducir en la historia invenciones a priori””.

         Y sigue Ortega citando a Hegel:

         “El historiador corriente, mediocre, que cree y pretende conducirse receptivamente, entregándose a los meros datos, no es, en realidad, pasivo en su pensar. Trae consigo sus categorías y ve a través de ellas lo existente”.

         Pero tanto Ortega como Hegel, a pesar de su lucidez filosófica, creyeron en la historia en sí: en que efectivamente ha habido una concatenación de hechos concretos, independientes del hecho de ser o no pensados por un ser humano.

         ¿Qué es un hecho? ¿Qué es la historia?

         “¿Cuál es la textura ontológica de esta?”, se pregunta Ortega en esa introducción a la obra de Hegel.

         Y sigo yo preguntándome: ¿estamos ante un fenómeno puramente narrativo, un prodigio poético de descomunal influencia en los corazones de los humanos, o realmente hay algo objetivo que se ha desplegado y se despliega en ese misterioso río entre físico y metafísico que es el Tiempo?

 

         En mi conferencia me acercaré así a la palabra “hecho”:

         1.- El hecho como fuente de lo verdadero: “es un hecho”.

         2.- Tipos de hechos: humanos y naturales. Reflexiones sobre el principio antrópico, el dualismo hombre-materia y la libertad.

         3.- Wittgenstein: “El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas”.

         4.- El “hecho atómico” como relación entre cosas. Pero, ¿qué es una cosa?

         5.- Los cartógrafos de Borges. Baudrillard. Los “conspiranoicos”: el poder miente y manipula ubícuamente.

         6.- ¿Cuál es El Hecho Total: Eso (Esto) no parcelado con las tijeras de los universales? ¿Qué ha pasado siempre y pasa ahora y pasará siempre? ¿Pasa algo en realidad, en el sentido de acceder al ser y dejar de serlo?

 

         Después de abrazar a la bailarina “Hecho” -y sentir el temblor de su nada-  me acercaré a “Historia” (la cadena, el sumatorio ordenado de “hechos”) así:

          1.- Preguntas cruciales: ¿Existe la historia en sí, objetiva, más allá del pensamiento humano, más allá de la forma que tienen los lenguajes de recortar el infinito a través de los universales? ¿Es la historia humana un momento de la historia natural, un salto cualitativo en el devenir mecanicista que caracteriza a la naturaleza no humana?

         2.- Filosofía formal de la Historia y filosofía material de la historia.

         3.- Visiones de la historia: “causalidad en la historia”, “motores de la historia”, “fases de la historia”… “fines de la historia”.

         4.- El problema de la existencia del tiempo más allá de la mente humana.

 

         Finalmente expondré mi propia visión sobre la historia:

 

         Siento, en mi mente, que, sin faltar a la honestidad ni al rigor ni al equilibrio mental, cabe la propuesta de “modelos de pasado” absolutamente “otros” de los que ahora están canonizados socialmente: modelos, además, escrupulosamente respetuosos con los “hechos” e implacablemente coherentes con la lógica que exigen las colectividades científicas.

         Siento que la narración canónica actual está construida con espejismos como “Edad Media”, “Renacimiento”, “Oriente”, “Occidente”, “Progreso”, “Lucha de clases”, “Capitalismo”, “consumismo”, etc.

         Pero, a su vez, los “modelos de pasado” que van a irrumpir  estarán construidos con otros espejismos, otras palabras huecas pero poderosísimas. Y honestas.

         Lo “ocurrido” es inefable, infinito. Lo que ocurre también lo es. Pero hay que vivir en algún cosmos. No cabe existencia sin cosmos; y no cabe cosmos sin hechizos.

         Estas reflexiones son extensibles a lo que podríamos denominar historia vital de cada individuo pensante en un cosmos concreto. Sobre esta idea en particular me extenderé en la clase que el martes 12 de enero impartiré en la sede de la International Coach Federation.

         Allí propondré la posibilidad de embellecer la autonarración vital: ponerla al servicio de la vida, de la ilusión, de la fascinación…Considero que toda vida ofrece material suficiente para transmutarla en belleza. Y hacerlo, además, sin faltar a la verdad de los “hechos”.

         Esa posibilidad de transmutación poética de la propia vida podría ser considerada como una manifestación de nuestra condición de magos.

 

         La fotografía que he elegido esta vez muestra un simple abrazo. Es lo que siento que pasa cuando abrazo con las manos de mi mente a cualquiera de las bailarinas lógicas. Es terrible y maravilloso a la vez: se diluyen, muestran la nada de su carne de palabras: su piel de arco iris.

         Y es que la Filosofía tiene algo de terrible, pero también ofrece un erotismo extremo, cercano a lo divino: hay un momento en ese abrazo en el que siento que esa piel de arco iris que tienen las bailarinas lógicas palpita, suda, ama. Y la bailarina descansa un rato en los brazos de mi mente, agotada de tanto bailar, preparada para mostrar su no-ser: preparada para disolverse en el magma lógico de mis pensamientos.

         Pero, en verdad, el objetivo que me propongo en este curso no es disolver a estos seres prodigiosos, sino explicitar su gloriosa materia onírica, su poder genésico, su capacidad de inocular mundos en las mentes.

 

 

         David López

         Sotosalbos, enero de 2010.

 

[1] Hegel, G.W.F., Lecciones sobre filosofía de la historia universal (traducción de José Gaos, introducción de José Ortega y Gasset), Alianza editorial, Madrid, 1980.