Archivo por meses: julio 2010

El prodigio de las bailarinas lógicas

 

        Hoy concluimos la primera parte de mi Diccionario de los mundos, el cual arrancó con estas preguntas:

        ¿Las palabras son símbolos de los mundos? ¿Los crean? ¿Los describen o los inscriben?

        Es difícil saberlo. Pero, en cualquier caso, son maravillosas.

        A lo largo de estos meses hemos contemplado la piel transparente de muchas palabras, de muchas “bailarinas lógicas”. Este nombre ha surgido, inevitablemente, porque he tenido presente en todo momento el aullido lógico de Vak (la palabra): ese gran grito de poder que retumba en el himno 10.125 del Rig Veda:

        “Aunque ellos no lo saben, habitan en mí”.

        También me ha acompañado, como un mantra, este fogonazo de Michel Foucault:

        “No son los hombres los que hacen los discursos, sino los discursos los que hacen a los hombres”.

        ¿Y quién/qué hace los discursos? ¿Que es,  en sí, un discurso?

        Hoy voy a ir a la conferencia rodeado por todas las bailarinas lógicas que hemos conocido este año. Son éstas:

–         Advaita.

–         Amor.

–         Aufhebung.

–         Belleza.

–         Causa.

–         Concepto.

–         Conciencia.

–         Cosa.

–         Cosmos y cuerpo.

–         Cultura.

–         Dharma.

–         Dios.

–         Fe.

–         Hecho e historia (Primera parte)

–         Hecho e historia (Segunda parte)

–         Humanidad.

–         Idea.

–         Infinito.

–         Libertad.

–         Logos.

–         Mal.

–         Materia.

–         Matemática.

–         Maya (Magia).

–         Metafísica.

–         Moksa.

–         Muerte. 

–         Parapsicología.

–         Poesía.

–         Progreso. 

–         Realidad.

–         Religión.

–         Ser humano.

–         Tapas (Sufrimiento creativo).

–         Tao.  

–         Tiempo.

–         Universales.

–         Upanayana.

–         Bailarina lógica.

        Mi idea es que baile unos minutos cada una de estas bailarinas lógicas y, finalmente, todas juntas. De hecho lo hacen siempre, sometidas a las férreas coregrafías que impone “eso” inefable que, simplificando mucho, denominamos “lenguaje”: “lenguaje humano”.

        El año que viene traeré más. Cuarenta más. Las elegidas para septiembre son: “Apara-Vidya”, “Arte y “Avatar. De todas ellas se espera una gran capacidad de hechizo, una entrega total al espectáculo de lo real (a Maya) y una voluntad de hierro (Tapas) para ser belleza absoluta (para alcanzar su plenitud lógico-rítmica).

        Quisiera despedir esta parte de mi Diccionario de los mundos mostrando uno de esos bailes prodigiosos. La bailarina se llama Polina Semionova (Staatsoper unter den Linden). Ante algo así yo siento una sacudida muy parecida a la que me produce la Filosofía; la Filosofía con mayúscula.                      

        Recomiendo apagar el volúmen. La música de este vídeo está muy por debajo de los dibujos de carne y de alma que traza Polina Semionova. ¿Cabe bailar el silencio (la música del infinito)?

 

       

 

        David López

        Sotosalbos, 19 de julio de 2010.

        (Todos los derechos reservados).

Las bailarinas lógicas: “Bailarina lógica”

“Bailarina lógica”. ¿Qué es eso? No lo sé muy bien, pero quizás pueda afirmar con cierta contundencia que esos seres -que carecen en realidad de “ser”- necesitan ser amadas, como es amada la bailarina que aparece sobre estas líneas. Hay que creérselas para crearlas, o para compartir las emociones que discurren por las algas lógicas en las que viven todos aquellos que se las creen. Pensemos en la palabra “España”. O “Cataluña”. O “United States of America”. O “Dios”. O “Materia”.

Yo las amo, amo el hecho de su prodigiosa existencia (aunque algunas de ellas me espanten). Y las amo tanto como amo la vida, tanto como amo los sueños (que son lo mismo que la vida). Las amo cada vez más, a pesar de lo peligrosas que son. Ellas dan (son) la vida; y el placer y el dolor (¿no las veis ahí, viviendo en una simple frase?).

“Bailarina lógica”. Es un término con dos palabras que ha nacido en este diccionario filosófico y ha crecido dentro de él…  hasta el punto de darle nombre.

Desde que, en 2009, inicié este diccionario, he intentado comprobar el poder de la diosa Vak, la cual, en uno de los himnos de Rig Veda, afirma que vivimos en ella, que comemos en ella, que respiramos en ella… ¿Es eso posible? ¿No estaremos ante una demencial exageración de los filósofos y de los poetas?

[membership]Pero, ¿qué es una “palabra”? Cabría adoptar una postura hiper-materialista y decir que las palabras son símbolos y que los símbolos –unas letras, unos sonidos, una bandera- no son más que determinadas configuraciones de la materia que sirven para comunicar otras determinadas configuraciones de la misma. El problema de este razonamiento es que todo él respira -sobrevive- en una atmósfera onírica: todo él es fruto de un hechizo: el hechizo que es capaz de desplegar una bailarina lógica cuyo precioso baile contemplamos hace unos meses: “Materia” [véase].

Hay una bailarina lógica que ayer (el 11 de julio de 2010) fue capaz de insuflar una gran cantidad de energía (de vida, de magia, de cohesión social, de Maya) a todas las conciencias que están en red con ella: la palabra (el símbolo gráfico) es “España”.

“España”. Otra bailarina lógica. ¿Hay que librarse de todas la bailarinas lógicas para ver lo que somos en realidad? ¿Es eso la sabiduría? ¿Vale con saberlo, con saber que son puntuales y delicuescentes formas de configuración de nuestra conciencia? ¿No es “conciencia” otra bailarina lógica?

¿Hay bailarinas positivas y bailarinas negativas? La respuesta de Nietzsche a esta pregunta sería, quizás, que hay que elegir aquellas bailarinas (o dejarse elegir por aquellas bailarinas) que aumenten nuestra salud, nuestra vitalidad… nuestra “ilusión”. Pero, ¿no fue eso precisamente lo que conseguían las bailarinas lógicas del poeta/coreógrafo Hitler? Él consiguió insuflar mucha ilusión a todas las conciencias que soñaron su sueño lógico.

¿De dónde salen esos seres prodigiosos? ¿Los inventa de pronto un ser humano –un poeta? ¿Surgen mecánicamente, socio-biológicamente, de los grupos humanos? ¿Los inoculan los dioses a través de poetas? ¿Son determinadas formas de conexión neuronal que pueden ser compartidas tribalmente?

Creo que antes de acercarnos a estas criaturas lógicas, a estas hadas gramaticales, puede ser útil tratar los siguientes temas:

1.- Concepto de Maya en la especulación filosófica india.

2.- La negación de la semántica en Gorgias.

3.- San Pedro Damián: la demonización de la gramática.

4.- Berkeley: la materia como membrana lógica (membrana de palabras) que impide ver a Dios pero que, a la vez, sirve para que Dios instale “realidad” (y también sueños) en la mente de sus amadas criaturas.

5.- Wittgenstein: la Filosofía es la lucha de la inteligencia contra los hechizos del lenguaje. ¿Debemos luchar contra las bailarinas lógicas? El segundo Wittgenstein abrazado, abnegado, extático, a las bailarinas lógicas

6.- Simone Weil: casi todos los vocablos políticos están vacíos por dentro. Simone Weil creía en la palabra certera; en los peligros de la fantasía. Finalmente fue abrazada por Cristo, físicamente, meta-lógicamente.

7.- Los koanes en el Zen: el silencio de las bailarinas. Quizás el Satori (el objetivo final del Zen) ocurra cuando sabemos/sentimos (desde algo que ya no es mente ni es cuerpo ni es “ser humano”) que las bailarinas lógicas son carne de nuestra carne mental: que somos (ahí donde ya no cabe hablar de “ser humano”) el secreto coreógrafo de todas ellas: lo que les da la vida; y lo que les puede dar la muerte.

A partir de aquí, creo que puedo ir esbozando algunos rasgos comunes de las “bailarinas lógicas”:

1.- Dejándome llevar por las posibilidades expresivas de los “mitos” (como si hubiera algo en nuestro discurso que no fuera “mito”), podría decir que las bailarinas lógicas son algo así como sacerdotisas de Vak: la diosa de la palabra que se sabe omnipotente. O casi. Sacerdotisas o autodifractaciones de su esencia.

2.- Creo que, efectivamente, vivimos en un sueño lógico: en un cosmos construido por una estructura de palabras. Desde este punto de vista, la palabra sería no sólo genésica, como afirma el arranque del Evangelio de San Juan, sino también, y sobre todo, mágica: capaz de configurar cualquier contenido de conciencia (cualquier “existencia”).

3.- Buena parte de las propuestas soteriológicas (propuestas de salvación o de elevación de la condición humana si se quiere) insisten en el silencio como puerta a lo sagrado (como puerta a nuestro verdadero ser, que sería coincidente con el verdadero ser de Dios). Así, el silencio, la retirada de las bailarinas lógicas, permitiría ver lo que hay detrás de ellas, permitiría tomar conciencia de que lo que hay no coincide con sus cuerpos ni con el ritmo matemático de su baile. Ese silencio cósmico llevaría a la libertad: sería un despertar. Pero, ¿por qué despertar? ¿Para no sufrir? ¿Para salir del sufrir-gozar que, por ejemplo, sacudía ayer (11 de julio de 2010) a los seguidores de la selección española?

4.- Ya vimos en conferencias anteriores que a las bailarinas lógicas no les gusta que nos acerquemos demasiado a su cuerpo. Quizás sea que su piel es demasiado transparente. Se ve su nada. Su nada apasionada. Pero esa piel suda y vibra: hay en ellas un descomunal esfuerzo por vivir en nuestra conciencia, por tener “realidad”, por ser “de verdad”. Al ocuparme de la palabra “realidad” ofrecí un corte de la película Mulholland Drive (David Linch) que me sirvió para imaginar a una bailarina lógica llorando; llorando por su vacuidad ontológica [véase].

5.- Creo que hay razones, al menos sistémicas, para diferenciar “bailarina lógica” de “concepto”, “universal” o “idea”. Quizás la clave esté en insistir en la “materialidad” de la bailarina lógica: es símbolo, algo que se percibe dentro del marco perceptivo ordinario, no tiene abstracción: se ve, o se oye, como se ve o se oye un pájaro.

6.- Un cosmos [véase] es el fruto tangible, perceptible, de un determinado logos [véase]. Y un logos es un poetizar [véase Poesía] que ha conseguido modelar unas conciencias hasta el punto de hacerles creer que su sueño lógico es lo real. Las bailarinas lógicas son la parte visible de un poetizar. Son semillas de mundos (de sueños, porque todo mundo es un sueño en realidad). Podríamos decir que las bailarinas lógicas son Poesía viva, hambrienta de conciencias, necesitada del hábitat que les ofrece el interior de eso que una bailarina denomina “ser humano”.

Al ocuparme de “concepto” [véase] he reproducido Génesis 2.16-17: “De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Yo en ese momento interpreté que en el momento en que un concepto toma la mente ( en el momento en el que la agarra) se produce la muerte, la muerte de la conciencia por así decirlo.

Cabría otra interpretación: “De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente te dormirás”.

Pero quizás vida y sueño sean lo mismo. ¿Sólo hay dos opciones: soñar o despertar a la nada/el infinito que somos? Muchas tradiciones hablan de una tercera: seguir soñando, sí, pero sabiendo que es un sueño, y que todas las bailarinas lógicas bailan atentas a nuestras manos: fabricar entonces preciosos hechizos, como diría Nietzsche.

Hay un video de Kylie Minogue que me ha aparecido extraordinariamente útil para visualizar lo que, a duras penas, voy entendiendo por bailarina lógica. En él se puede ver a una bailarina lógica cantando, bailando, hechizando conciencias, siendo progresivamente amada, creando un cosmos de mentes y de cuerpos dormidos, pero gozosos, aparentemente libres. Por fin libres. La gente de la calle, de pronto, abandona a otras bailarinas lógicas (las que, supongo, les impedían desnudarse en plena calle y abrazarse con la persona que tuvieran más cerca). Y es que todas las personas, gracias a esa bailarina prodigiosa, son bellas, tienen cuerpos bellos. Y sus zonas más “oscuras” (oscuras desde la visión ofrecida por otras bailarinas lógicas) son ahora completamente blancas y limpias: toda la gente de la calle, al desnudarse, muestra ropa interior blanca. Y no solo eso: la bailarina, con su poder, es capaz de convertir en un caballo blanco el caballo negro al que se refería Platón con su imagen del carro: el caballo negro de las pasiones es ahora el blanco: lo más puro, lo más limpio.

Y todos los seres humanos que oyen la música lógica se abrazan, armónicamente, en un erotismo hiperarmónico donde la belleza -esto es, el orden ilusionado- quiere reinar sin límite. La diosa sigue cantando, exultante de su poder, y bajo sus pies se van entrelazando cuerpos, cuerpos armónicamente estremecidos por el deseo sexual (un deseo que transciende y enciende al sujeto que desea). El delirio crece, y crece, y de pronto, atónitos, vemos que se está creando algo así como un organismo pluricelular, gigantesco, monstruoso, tan grande como uno de los edificios de una gran metrópoli. Entonces sentimos estupor maravillado, vértigo, horror incluso. Es la mirada filosófica: la que, por así decirlo, se asoma a los mundos que anidan en el espacio infinito de la conciencia. Dentro de ese hiper-erótico cosmos de mentes y de cuerpos entrelazados parece haberse instalado la plenitud, algo así como un paraíso sensual, un delicioso orden donde merece la pena fundirse, donde brilla el éxtasis de la supresión de la individualidad. Es destacable cómo mueve sus manos Kylie Minogue por encima de los ojos de sus hechizados; y cómo éstos se estremecen de cosmicidad, de orden, de amor, sintiendo que se elevan hacia el cielo al bailar el baile de la bailarina lógica que ha entrado en sus conciencias.

Desde fuera, no obstante, vemos un monstruo inquietante, una especie de virus lógico que quiere toda la materia humana para sí. Al final la bailarina, consciente del éxito de su baile y de su música, desde lo alto de su montaña de cuerpos y mentes, lanza una sonrisa de poder.

Quizás sea esa la sonrisa de Vak, la diosa que habla desde el Rig Veda, encarnada en una de sus sacerdotisas.

Imagino también la palabra “España” (O “Cataluña”), sonriendo desde una gigantesca pirámide de cuerpos y de corazones entrelazados por la euforia futbolística. Una pirámide onírica, lógica, hiper-vital, que, por el momento, no me inquieta.

Éste es el vídeo de Kylie Minogue:

 

David López[/membership]
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Las bailarinas lógicas : “Upanayana”

Seguimos buceando por debajo del hechizante hielo del lenguaje. Para ello hay una palabra que me parece única: Upanayana.

En las dos versiones que se conservan del Atharva-Veda –la Sáunaka y la Paippalada[1]–  hay unos himnos especialmente enigmáticos que se refieren a la ceremonia de iniciación del estudiante védico (upanayana).

Estos himnos explicitan un modelo metafísico a la vez que son la realidad que ese modelo describe. Dicho con otras palabras: explicitan su propio status ontológico mientras comunican la estructura fundamental de lo que existe: del universo.

Algo nos adelanta Luis Renou en su obra El hinduismo. Al referirse al ritual tántrico dice (pag. 89) que su germen se remonta especialmente al Atharva Veda, el cual “puede considerarse un himnario pretántrico […] Entramos así de lleno en el esoterismo indio. Se ha desarrollado una semántica oculta. Privativo de los “héroes” no se da a conocer al pasú o ganado, que es el común de los fieles; la lengua propia de esos misterios se califica de crepuscular. En consecuencia, el lenguaje adquiere un poder casi ilimitado; es a la vez signo y cosa significada.”

El Atharva-Veda-Samhita, conocido también como el veda de las fórmulas o palabras mágicas, es la más moderna de las cuatro colecciones que configuran el Veda. Algunos autores, como Winternitz[2], consideran que se formó en un momento avanzado de la civilización védica-aria, cuando su invasión había alcanzado el sudeste del subcontinente indio, cuando ya se había establecido el sistema de castas y cuando ya se había iniciado la especulación filosófica característica de la época upanisádica. Pero, como el mismo Winternitz señala[3], esta compilación podría recoger una tradición de himnos cuyo origen coincidiría con el de los himnos del propio Rig-Veda (que se tiene como el más antiguo de los cuatro vedas) o incluso podrían ser mucho más antiguos.

No obstante, los himnos de iniciación del estudiante védico representan una cosmovisión claramente pre-upanisádica porque son, como veremos, manifestaciones de un logocentrismo absoluto.

El único bráhmana del Atharva-Veda (el único comentario realizado por escuelas de brahmanes “de la época”) que se ha encontrado es el Gopatha-brahmana. Yo no he considerado el contenido de este texto en la elaboración de estas notas a pesar de que según Whitney[4], el Gopatha-brahmana “cita” la ceremonia upanayana. No obstante, A. B. Keith no hace referencia alguna a este bráhmana en las páginas que dedica a la iniciación del estudiante en su  gran obra Religion and Philosophy of the Veda and the upanishads[5]. En esta obra sí se citan numerosos Grhya sutras, pero siempre relacionados con aspectos puramente rituales, no como posibles fuentes de interpretación del sentido de los himnos que nos ocupan.

Whitney, por su parte, afirma que la ceremonia upanayana no se cita ni en el Kausika Sutra ni en el Vaitana Sutra[6].

Finalmente, El Código de Manu, al igual que los Grhya sutras, sólo se ocupa de aspectos rituales.[7]

Carezco, por tanto, de una explicación -“desde dentro” de la antigua civilización védica- de los himnos que acompañan la iniciación del estudiante védico.

A esta dificultad se añaden dos advertencias:

La primera la hizo Winternitz: “Creo que se le otorga un honor excesivo a estos versos cuando se busca sabiduría profunda en ellos”.[8]

La segunda proviene de Keith, y es un consejo de precaución –de rigor en definitiva- que sirve para cualquier estudioso de la antigua literatura védica, y de cualquier literatura: “… la ingenua imaginería de los poetas no puede ser presionada para que diga más de lo que dice”. [9]

Advertidos, vamos empezar con una presión –una violencia- inevitable: la que se deriva de la traducción del védico al español[10]. Estas son las frases de los himnos del ritual upanayana que vamos a analizar, todas ellas provenientes del Libro XI.5 de la versión Sáunaka del Atharva-Veda-Samhitá:

El estudiante védico camina poniendo ambos firmamentos; en él los dioses se vuelven concordes. Él preserva tierra y cielo.

Nacido el primero de un brahmán, el estudiante védico, vestido con calor, se ha puesto en pie con ardor; de éste ha nacido el bráhmana, el brahmán más eminente y todos los dioses junto con la inmortalidad.

Al punto él marcha desde oriente hasta el lejano océano, atrapando los mundos, regulándolos constantemente.”

Por el estudio del Veda, por el ardor, los dioses repelen la muerte.

Las hierbas curativas, lo presente y lo futuro, el día y la noche, el árbol del bosque, el año junto con las estaciones, han nacido del estudiante védico.

Los animales de la tierra y los del cielo, los del bosque y los de la ciudad, los que tienen alas y los que no, han nacido del estudiante védico.

Todas y cada una de las criaturas de Prajapati llevan en su ser los alientos; a todas ellas protege el estudiante védico.

El estudiante védico es portador de un brillante brahman, en él están entretejidos todos los dioses…

¿Por qué otorgarles a estas frases el honor que Winternitz considera que no se merecen? ¿Por qué no presuponer que estamos ante una amalgama de imágenes poéticas carentes de interés filosófico?

Porque, además de que, como veremos, hay un modelo metafísico explícito en estos himnos, la iniciación del estudiante védico era un momento crucial en la existencia de personas cruciales de la civilización védica; personas que, en el caso de los brahmanes, en época del Atharva-Veda, se les denominaba dioses[11].

La upanayana era una ceremonia de muerte y de renacimiento; y esa nueva vida significaba para los varones de las tres castas superiores un acceso pleno a la sociedad védica. Por eso lo que se decía, se decía desde una especial “gravedad”, aunque en realidad todas las palabras de los cuatro vedas, desde la civilización que estos textos vertebraban, eran “graves”. Eran mucho más que “palabras-símbolo”: “nadas” corporizadas en sonidos referidas a “algos”.

Eran la estructura misma de lo existente. Eran el propio orden cósmico (rta).

Los himnos que estamos analizando parecen ser, además, los utilizados concretamente para la iniciación de los brahmanes, pues en el himno número 6 se proclama que el estudiante védico va “vestido con una piel de antílope negro”, y ese atuendo en concreto era el que se utilizaba para la iniciación de los miembros de la casta sacerdotal.

Gavin Flood podría estar apoyando esta idea cuando afirma:

Sólo se permitía a las clases de los dos veces nacidos que escucharan el Veda y, mientras en un periodo anterior, todos los dos veces nacidos podían aprenderlo, sólo los brahmanes se terminaron convirtiendo en sus guardianes (Sólo ellos lo aprendían y lo recitaban durante los rituales).[12]

El hecho de que estos himnos afectaran tan decisivamente al renacimiento de los miembros de la casta sacerdotal, convierte en improbable la hipótesis de que se tratara de meros sonidos, fórmulas mágicas, desprovistas de una respuesta satisfactoria a la idiosincrásica inquietud filosófica indoaria que les empujaba, como una condena, a buscar el sentido último -el “modelo metafísico”- de lo existente.

Cabe  la posibilidad de que los demás himnos fueran utilizados para la iniciación de los miembros de las dos otras castas superiores –ksatriyas y vaisyas-, pero en cualquier caso parece que el número seis, al menos, sería exclusivo para los brahmanes.

El modelo que “comunican” y, a la vez, son, los himnos de la ceremonia upanayana, podría describirse así:

El estudiante védico, en concreto el brahmán –no los miembros de las otras dos castas superiores- en virtud del ascetismo (tapas) que le corresponde (instalar en su mente los himnos del Veda),  se convierte en una divinidad que es, a la vez, creadora (o, mejor dicho, “constructora”), conservadora y manipuladora del cosmos; del cosmos védico. Los himnos (bráhman) –no más que sonidos en la India antigua- que componen ese ser inmaterial llamado Veda y que invade, por así decirlo, el “ser” del estudiante, serían el principio verdaderamente creador con el que se configuraría, se sostendría y se dominaría el cosmos.

El Veda es el propio cosmos védico; y no metafóricamente. Y es a la vez lo que impide que el cosmos vuelva al caos –a la “nada”- del que ha nacido.

Así, el estudiante védico, mediante el ascetismo que le es propio -el Tapas del estudio- se convertiría en el instrumento de la Creación, con todos los dioses incluidos en ella. Y es que el Veda existe –y por tanto la creación en su totalidad- si los estudiantes lo actualizan (lo  re-crean) y lo conservan. Porque el mundo es, para el Veda, lenguaje; o, dicho quizás con mayor elocuencia: el lenguaje es mundo. Más aún: el corpus lingüístico concreto que es el Veda es el Ser.

Según lo anterior, podríamos afirmar que el estudiante védico era un dios creador de dioses creadores –creador incluso del gran Prajapati[13]– pero, en rigor, sería más bien un mero instrumento creado para crear y sostener un mundo “fijo”: un mundo “prediseñado”, un mundo único latente en palabras de enorme trascendencia metafísica: palabras que, posteriormente, en época upanisádica (a partir, aproximadamente, de la mitad del primer milenio antes de Cristo), se transformarán en el Espíritu Absoluto: el neutro Brahman.

Los himnos que acompañaban la iniciación del estudiante védico, al ser “palabras védicas”, son parte del armazón metafísico del mundo, pero también, y esto es lo grandioso, “comunican” este modelo.

Hay tres conceptos fundamentales del pensamiento/sentimiento indio: tapas, veda y brahmán. Esos tres conceptos arden juntos en esta cita de la Svetaasvatara Upanisad:

“Himnos, sacrificios, votos, lo que ha sido y lo que será los Vedas lo dicen. Con eso, el que tiene el poder de la ilusión crea todo este mundo, y en él el otro (purusa) está confinado por una ilusión.” [14].

Todo cosmos, con su Física y su Metafísica (esto es, con su modelo de lo visible y de lo invisible), está lógicamente custodiado. Es una ilusión sacralizada mediante símbolos comunicables, dispuestos a inseminar conciencias. La Física y la Metafísica védica dependían -y dependen, como todas- de su memorización, de su supervivencia en forma de conexiones neuronales fijas, transmisibles, conservables durante milenios en las algas blancas del cerebro de los estudiantes védicos. Ellos –mediante el sufrimiento creativo del Tapas del estudio- se convirtieron en la caja lógica -el hábitat lógico- de una totalidad cósmica.

Hay muchas formas de sostener y de hacer comunicable un cosmos -con sus sueños, sus promesas, sus bellezas y sus horrores. Una de esas formas (una de las más bellas que conozco) se puede contemplar en el Montesacro de Orta, en Italia. Allí se construyeron veinte capillas que narrarán, eternamente, si las dejan otras narraciones, la vida de San Francisco de Asís; entretejida, esa vida, en el logos cristiano, que también querrá ser el logos total: querrá ser Poesía eterna [Véase Poesía].

La foto que vibra al comienzo de este texto fue tomada por mi amigo y alumno Jean Sourdeau. En ella se recoge la estatua de San Francisco que da la bienvenida a aquel que quiera dejarse hechizar por ese bellísimo monte/logos.

De igual manera que el universo védico quiso ser eternizado entre las algas blancas de los cerebros de los brahmanes, cabría visualizar el Montesacro de Orta como un gigantesco cerebro de rocas, de raíces como manos de gigantes, de lagartijas, de templos y estatuas: todo ello al servicio de una narración, de una Poesía, de una finitización del infinito: me refiero a la Creación cristiana (al modelo de mente cristiano, en su versión franciscana al menos).

David López

[1] Ambas versiones sólo presentan pequeñas diferencias de orden, según W.D. Withney. Atharva-Veda-Samhita, Delhi, Motilal Banarsidass Publishers. 2001.

[2] Maurice Winternitz, History of Indian Literature, Delhi, Motilal Banarsidass, 1981, pag. 113.

[3] Winternitz, op. cit .pag. 116

[4] Whitney, op. cit. pag. 636.

[5] A. B. Keith, The religion and philosophy of the Veda and Upanishads, Cambridge (Massachusetts), 1925, pags. 369 y ss.

[6] Whitney, op. cit. pag. 636.

[7] “The Laws of Manu” traducción del sánscrito al ingles de George Bühler, Sacred Books of the East, Volum. 25, capítulo II. 36 y ss.

[8] Winternitz, op. cit. pag. 145.

[9] Keith, op. cit. pag.260. Traducción del ingles de David López.

[10] Los himnos escogidos pertenecen a una traducción del profesor Eugenio R. Luján.

[11] Winternitz, op. cit. Pag.113

[12] Gavin Flood, El hinduismo, Cambridge University Press, Madrid, 1998, pag. 74.

[13] AV XI.5.7.

[14] Upanisads. Traducción del sánscrito y edición de Daniel de Palma. Madrid, Siruela, 2001, p.150.