Archivo por meses: marzo 2011

La bailarinas lógicas: “Mística”

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Mística.

Otra bailarina lógica. ¿Nombra algo -una “experiencia humana”- que esté más allá de los hechizos que ella consigue con su baile lingüístico?

Al ocuparme de la palabra “Dios” [Véase] narro una ‘vivencia’ personal que debo reproducir aquí.

Creo que en Filosofía no podemos eludir la honradez empírica: hay que soportar –y comunicar a otros- lo que se experimenta (aunque se trate de un “hecho” incompatible como el tejido lógico más favorable para la supervivencia social). ¿Cabe hablar de “hecho” más allá de lo que permite experimentar nuestra mente lingüistizada? Quizás no. Pero en cualquier caso yo hablaré de lo que se me presentó, lo que irrumpió de forma absurda e inesperada, dando un paseo nocturno por los alrededores del aeropuerto de Lyon. Era el año 1991. La foto que ocupa el cielo de este texto corresponde a ese aeropuerto tal y como es hoy día.

Algo gigantesco que no era yo, algo/alguien consciente, vivo, casi carnal, que me amaba, lo tomo todo, lo fue todo, lo transparentó todo: los árboles, los postes de la luz, los surcos del sembrado que desdibujaba la noche, las estrellas, los edificios, los coches, los aviones… Fue una experiencia grandiosa que censuré durante años por exigencias sistémicas de mi caja lógica.

¿Era aquello lo que la palabra “Dios” pretende significar? ¿Era aquello mi yo esencial (Atman-Brahman) que se traslucía a través de las imágenes de “mi” mente?

Yo no estaba rezando, no rezaba nunca, ni había texto alguno entre mis manos fabricando prodigios metafísicos.  El único credo al que estaba adscrito era el cientista-ateísta. “Aquello” que tenía delante no me pidió ni me prometió nada. Solo se mostró. Descomunal. Glorioso. Omnipotente. Omnisintiente. Siendo todo lo existente: ahí, ante mí … y amándome de una forma casi insoportable.

Años después, estudiando textos de pensamiento místico (o de “meta-Mística”) descubrí que aquella experiencia, absurdamente sobrevenida, la habían vivido otras personas a lo largo de la Historia (dentro y fuera de sistemas religiosos).

Por el momento no puedo ofrecer aquí ni siquiera un texto esquemático que exprese mis ideas sobre la Mística. El tema es serio. Muy serio. Espero poder escribir aquí, en un futuro próximo, algo que esté a una altura -académica- mínimamente aceptable.

No obstante, y mientras tanto, quisiera recomendar la lectura de cinco obras relativamente recientes sobre el fenómeno de la Mística:

1.- Elemire Zolla: Los Místicos de Occidente (cuatro volúmenes), Paidós, 2000. Traducción de José Pedro Tosaus Abadía.

2.- Juan Martín Velasco: El fenómeno místico, Trotta, 1999.

3.- Raimon Panikkar: De la Mística, Herder, 2005.

4.- Michel Hulin [Véase]: La mística salvaje, Siruela, 2007. Traducción de María Tabuyo y Agustín López.

5.- Ramón Andrés: No sufrir compañía. Escritos místicos sobre el silencio (Siglos XVI y XVII), El Acantilado, 2010. Mi crítica sobre esta obra puede leerse aquí:      Ramón Andrés y eso que sea el silencio.pdf

Adelanto lo que por el momento soy capaz de decir respecto a la experiencia de las experiencias (la experiencia radical):

1.- La experiencia mística es, para mí, la sensación de que hay mundo (cosmos si se quiere), y un habitáculo -la “mente”- donde ocurre el mundo (“cosmos”). Y sentir -sentir, no pensar- que Algo está creando ahí prodigios (incluyendo entre esos prodigios lo que se nos presenta, en la “mente”, como “yo fenoménico”).

2.- Lo místico es la sensación de que está ocurriendo algo descomunal ahora mismo: es el estupor ante ESTO. Y ESTO es muy extraño, muy sospechoso: sobrecogedor por sus intolerables niveles de magia; esto es: de intervención, de modulabilidad, de fantasía. Algunos románticos alemanes (Lüdwig Tieck por ejemplo) llegaron a afirmar que vivimos en una novela. Novalis habló de auto-hechizo. Schopenahuer afirmó que somos el secreto director de la obra de teatro de nuestra propia vida. Yo siento, cada día, que estamos en algo muy sorprendente, muy poderoso: cabría sospechar que estamos dentro de una secreción imaginativa.

3.- En algunos textos de ayuda a la iniciación “mística” se insiste en que hay que estar atentos, no distraerse: que hay que vivir “con conciencia”. ¿Atentos a qué? ¿Conscientes de qué? ¿Qué pasa aquí? ¿Dónde estamos? Sospecho que en el fondo de ese decir se está diciendo -por una fuerza que se nos escapa- que estemos atentos a lo que se va inoculando en nuestra conciencia. Me veo obligado a reconocer que las hipótesis de Berkeley me parecen sobrecogedoramente lúcidas: aquí solo podemos afirmar que experimentamos “mundo”. Y tengo la sensación de que, efectivamente, hay algo introduciendo realidades -vida, sucesos, atardeceres, personas- en nuestras mentes. Sentir esa permanente Creación en nuestra conciencia sería una experiencia mística: oler la piel de las manos de “Dios” aquí mismo. Ahora.

En este diccionario me he propuesto practicar un empirismo radical como el que propuso William James [Véase]. Y dentro del haz de mis experiencias privadísimas hay una que quiero traer a este diccionario expresionista: simplemente, en algunas ocasiones, he sentido que hay algo (alguien) que está meditando en el fondo de mi yo consciente o fenoménico (o como quiera “yo”  llamar a ese David López que puedo apresar en mi mente); y que mi mundo es el fruto de su fantasía. Una fantasía que es sagrada.

Sentir eso, y sacralizar, con absoluta entrega, esa prodigiosa fantasía, es mi Mística.

Aunque, siendo sincero, y como ya he afirmado muchas veces aquí, yo no sé muy bien quién soy; o qué soy. Solo sé que estamos en algo descomunal, algo inabarcable por ningún sistema filosófico ni religioso.

Y sé también que cabe, aquí dentro, crear belleza extrema en los cielos de la mente de los demás.

David López

Diccionario filosófico: “Metafísica”.

        Metafísica.

A esta palabra, a esta bailarina lógica, se le ha dicho muchas veces que no baile. O que baile, al menos, fuera de la pista en la que bailan las bailarinas de la Verdad, esas que llevan como nombres “Hecho”, “Física”, “Matemática”, “Conocimiento”, “Pragmatismo”, “Positivismo”.

Se la ha expulsado, paradójicamente, desde posiciones metafísicas más o menos inconscientes.

Una aproximación simple a esta palabra: creer en la Metafísica es creer en que hay algo -que no se ve- que mueve lo que se ve. La Física moderna, que afirma estar liberada de toda Metafísica, cree que hay algo que no se ve -las leyes de la Naturaleza- que mueven todo lo que se ve.

La palabra parece que la inventó Andrónico de Rodas en el siglo I a.C. Bajo ese símbolo -“Metafísica”- se agrupó una serie de escritos de Aristóteles que se ocupaban de lo que este filósofo denominó “Filosofía primera”, “Teología” o “Sabiduría”. Estos libros fueron colocados después de los ocho que componían la “Física”. Así, una opción bibliotecaria instauró ya un visión sobre la totalidad: habría algo que estudiar, que pensar, que decir a otros, de lo que está detrás de la Física (entendiendo por “Física” lo que se presenta más o menos inmediatamente ante los sentidos).

Pero, ¿qué se presenta ante los sentidos? ¿Alguien lo sabe? ¿Qué vemos? ¿Alguien ve algo si se le pregunta qué ve, qué ve en la totalidad del ver?

Y, sobre todo: ¿cómo sabemos que, efectivamente, hay algo fuera de los sentidos “presentándose”, disponible para ser incardinado en un modelo mental de naturaleza verificable… con los sentidos? ¿Cómo salir de los sentidos para “ver” si hay algo más allá de ellos?

[membership]José Ferrater Mora, en su Diccionario de Filosofía, afirma que no hay nada que pueda llamarse “la metafísica”: “Hay modos de pensar filosóficos muy diversos que conllevan diversos tipos de metafísicas, a menudo incompatibles entre sí”. Bueno, esa fue su Metafísica: la creencia en que existe pensamiento humano y modos distintos de pensar lo pensable.

Un primer uso de la palabra Metafísica (un uso que creo que puede ser útil para vislumbrar el poderío de las bailarinas lógicas que bailan en este diccionario) sería el que la convierte en sinónimo de la palabra “Filosofía”, pero en el sentido de Filosofía radical: aquella que aspira a dibujar un modelo donde se expliquen todos  los hechos que se presentan en nuestra conciencia. Son muchos, ¿no? Salvo que hagamos el truco de coger sólo lo que interesa a nuestras hipótesis. a esos sistemas legaliformes en los que nos cobijamos. ¿Cabe vivir en la intemperie meta-sistémica? Sí. De hecho es ahí donde vivimos.

¿Diferencia entre Metafísica y Filosofía? Hay filosofías que niegan, o prohíben, la Metafísica.

La Metafísica (más allá de que sepamos cuál es su objeto de estudio) podría ser entendida como una especie de competición entre retratistas: dibujantes que aspiran a hacer el dibujo final: el dibujo donde se armonicen todos los dibujos. Así, un buen sistema metafísico -como el que intentó crear, entre otros, Schopenhauer- debería integrar y explicar el mundo entero (solo el mundo), incluidas las teorías metafísicas que compiten dentro de él, y el hecho de que exista esa competencia entre retratistas.

Pero la bailarina “Metafísica”, y también las que prohíben que baile, presuponen un modelo de totalidad. La negación de la Metafísica es una metafísica. Ese modelo de totalidad, en el caso de la Metafísica entendida como actividad filosófica radical, implica la aceptación del dualismo: hay un objeto (la realidad en sí) y hay un sujeto: el filósofo-metafísico (o el científico de la totalidad, si se quiere) que quiere conocer lo que hay y apresarlo en conceptos comunicables a otros pensadores de su tribu. Eso ya es dar por real ese dualismo. Eso es ya creer en una Metafísica.

¿Cabe, entonces, saber algo, sentir (intelectualmente si se quiere)  lo que hay? Pero, ¿qué hay? ¿Qué es el Ser? ¿Qué presupone el mero hecho de construir la pregunta sobre el “qué”?

¿No será que todo sistema metafísico es ya una forma de conocer, una música inconsciente desde la que mira al infinito (la Nada si se quiere)?

¿No será que eso que se denomina “Física” ofrece modelos que dan sentido a los hechos que una Metafísica, digamos “inconsciente”, suministra? Esto suena algo a Kant. Y a Berkeley. Pero no del todo.

Pero, ¿y si lo que hay fuera libre? Me refiero a la posibilidad de una Metafísica no legaliforme. Aseidad. Aquí ya nos alejaríamos de la Filosofía, incluso de la Teología, y nos adentraremos en ese camino de gloriosa disolución de toda legaliformidad que es la Mística: nos adentraríamos en el silencio del que nacen todos los modelos de totalidad: todas las metafísicas posibles: todas las formas que el infinito tiene de autoconfigurarse y de autocontemplarse.

Y todo por arte de Magia: la única realidad metafísica que considero seria.

Nos adentraríamos en esa Tiniebla a la que me refiero con ocasión de la palabra “Luz” [Véase].

Antes de desarrollar  con algo más de detalle las sensaciones que he expuesto anteriormente, creo que puede ser de gran utilidad hacer el siguiente recorrido:

1.- La Metafísica de Aristóteles. La ciencia que estudia las primeras causas. Estamos ante la “Filosofía primera”. Ante la Teología si se quiere. Creo que no debería uno perderse la joya editada por Gredos, a partir de la traducción trilingüe de  Valentín García Yebra. Dice Aristóteles (Libro I, 2):

Pues esta disciplina comenzó a buscarse cuando ya existían casi todas las cosas necesarias y las relativas al descanso y el ornato de la vida. Es, pues, evidente, que no la buscamos por ninguna otra utilidad, sino que, así como llamamos hombre libre al que es para sí mismo y no para otro, así consideramos a ésta como la única ciencia libre, pues ésta sola es para sí misma. Por eso también su posesión podría con justicia ser considerada impropia de un hombre. Pues la naturaleza humana es esclava en muchos aspectos; de suerte que, según Simónides, “sólo un dios puede tener este privilegio”, aunque es indigno de un varón no buscar la ciencia a él proporcionada. Por consiguiente, si tuviera algún sentido lo que dicen los poetas y la divinidad fuera por naturaleza envidiosa, aquí parece que se aplicaría principalmente, y serían desdichados todos los que en esto sobresalen. Pero ni es posible que la divinidad sea envidiosa (sino que, según el refrán, mienten mucho los poetas), ni debemos pensar que otra ciencia sea más digna de aprecio que ésta. Pues la más divina es también la más digna de aprecio. Y en dos sentidos es tal ella sola: pues será divina entre las ciencias la que tendría Dios principalmente, y la que verse sobre lo divino. Y ésta sola reúne ambas condiciones; pues Dios les parece a todos ser una de las causas y cierto principio, y tal ciencia puede tenerla o Dios solo o él principalmente. Así, pues, todas las ciencias son más necesarias que ésta; pero mejor, ninguna.

        ¿Habrá algo -un Dios- que de verdad sepa qué pasa aquí, qué se está moviendo en este gigantesco océano? ¿Y será posible que ese conocimiento, esa macro-Verdad, sea accesible a la condición humana? Aristóteles, al parecer, creyó que sí. ¿No fue la suya una fe prodigiosa en el ser humano?

        2..- La postura de Kant: la Metafísica, como ciencia, no permite conocer nada, pero es inevitable, y nos mueve, nos empuja, hacia el infinito. Kant prohíbe el baño en el océano metafísico que rodea la isla del conocimiento posible. Pero describe un enorme modelo de totalidad (un modelo metafísico) sin posibilidades de verificación fuera de la maquinaria psíquica que él mismo describe (una maquinaria psíquica, la humana, capaz de crear una naturaleza newtoniana dentro de sí misma, a partir de algo exterior que esa maquinaria no puede conocer; ni ver siquiera).

3.- Schopenhauer: la Metafísica sólo se ocupa del mundo. Ese es su límite como ciencia: la ciencia que más datos es capaz de recoger en sus modelos. La Metafísica completaría por tanto a la Física en su intento de convertir el mundo en conceptos comunicables.

4.- Los anti-metafísicos: de Hume al neopositivismo, pasando por Compte, y culminando en el Círculo de Viena (una red de mentes hechizadas por Wittgenstein; y abandonadas más tarde por su hechicero: abandonadas en el abismo de la falta de fe en “lo puesto”, en lo “físico de verdad”, en lo “no-metafísico”). Todas la posturas anti-metafísicas presuponen una metafísica, ferrea, que vertebra mentes y miradas: lo que el anti-metafísico llama “Física” es, en realidad, una fantasía provocada por una metafísica inconsciente.

5.- Ortega y Gasset: La “ante-física”. En varios lugares de este diccionario he recomendado esta obra excepcional: ¿Qué es filosofía? Bajo este título se agruparon once conferencias que impartió Don José en 1929. La primera tuvo lugar en la Universidad Central, que fue cerrada por razones no metafísicas. O quizás sí. Las demás fueron acogidas, primero en la sala Rex de Madrid y después, por el exceso de asistentes, en el teatro Beatriz. La Metafísica en el teatro. En el teatro del Mundo.

En la transcripción de lección cuarta se puede leer lo siguiente:

Donde acaba la física no acaba el problema; el hombre que hay detrás del científico necesita una verdad integral, y, quiera o no, por la constitución misma de su vida, se forma una concepción enteriza del Universo. Vemos aquí en contraposición dos tipos de verdad: la cíentífica y la filosófica. Aquella es exacta pero insuficiente, esta es suficiente pero inexacta. Y resulta que esta, la inexacta, es una verdad más radical que aquella -por tanto, y sin duda, una verdad de más alto rango-, no solo porque su tema sea más amplio, sino aun como modo de conocimiento; en suma, que la verdad inexacta filosófica es una verdad más verdadera.

        Y leemos también en la transcripción de esa lección cuarta:

No será nuestro camino ir más allá de la física, sino al revés, retroceder de la física a la vida primaria y en ella hallar la raíz de la filosofía. Resulta esta, pues, no meta-física, sino ante-física. Nace de la vida misma y, como veremos muy estrictamente, esta no puede evitar, siquiera sea elementalmente, filosofar.

        Pero en realidad Ortega está hechizando y siendo hechizado por una metafísica: ¿qué es eso de “la vida misma”? ¿Alguien lo sabe? Creo que la creencia de Ortega en eso de “la vida” como dato inmediato tiene una textura lingüística: es un modelo de totalidad fabricado por bailarinas lógicas (esos seres que contemplo, estupefacto, en el presente diccionario).

6.- La Física moderna: su conversión en pura especulación metafísica si consideramos las reflexiones de tres epistemólogos del siglo XX: Popper, Lakatos, Feyerabend. Considero que toda Física es siempre una Metafísica: básicamente porque sus postulados hablan de lo que se no ve: las leyes de la Naturaleza no son perceptibles, sino inducibles-deducibles. Como se quiera. ¿Postulables para dar explicaciones a las cosas, a las pocas cosas que se “ven”? No. No se ve nada. Para ver algo -para que haya cosas como “los átomos”- hay que dejar que funcione una maquinaria lingüística. Un sistema determinado de universales [Véase “Universales“].

Creo, además, que conocemos lo que nuestro cosmos [Véase cosmos] permite que conozcamos: él nos ofrece una determinada forma de cobijarnos (y de cobijar nuestro filosofar) en el infinito. Así, cualquier sistema metafísico, si es que ordena totalidades de hechos, está limitado a esos hechos, los cuales jamás serán todos los hechos. Porque todos los hechos no están ahí, sino que son construibles: son fruto de la Magia [Véase Magia]: de eso de verdad “serio” que está en el fondo de todo lo que ocurre ante cualquier conciencia.

En cualquier caso, la Metafísica -como mera actividad del intelecto si se quiere- es una de las actividades más sublimes que podemos practicar en cuanto seres humanos. Aunque sospecho que cuando se filosofa de verdad, cuando somos radicalmente metafísicos, no somos exactamente “humanos”; o mejor al reves, de acuerdo: dicho desde Aristóteles: cuando filosofamos -cuando somos metafísicos activos y conscientes- es cuando actualizamos plenamente nuestra condición de hombres: cuando damos nuestro máximo: cuando llegamos a ser quienes somos.

¿Y quienes somos? Creo que somos esa Tieniebla a la que me refiero en la palabra “Luz” [Veáse “Luz“]: algo incognoscible, inifinitamente misterioso y oscuro, pero capaz de irradiar luz para todos los mundos posibles.

E imposibles.

Fichte dijo que “nada ilumina al yo, sino que él mismo es luminoso y la absoluta luminosidad”.

La imagen que preside este texto se dice que corresponde a Aristóteles. Yo creo que este gran filósofo disfrutó, de verdad, quizás no de La Verdad, sino del inefable placer que se siente al mirar y pensar lo que se presenta en la inmensidad de “nuestra” conciencia.

El sublime placer de la Metafísica. La Metafísica no sirve para nada. Es un fin en sí mismo. Alguien podría llegar a pensar que quizás ese sea una de las razones por las que mereció la pena crear un mundo. Un mundo muy misterioso.

Coincido con Friedrich Schlegel en la idea de que un mundo que fuera plenamente conocido sería espantoso (por aburrido sobre todo).

Sin duda la inconoscibilidad radical del mundo -o de “lo que hay”- aumenta su fuerza y su belleza.

David López[/membership]

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Las bailarinas lógicas: “Meditación”

“Meditación”. Otra palabra, otra bailarina lógica. Otro delicioso hechizo.

Según mi propia experiencia  en la meditación se oye el silencio, y se percibe la prodigiosa inmensidad, de la sala de baile donde quieren bailar todas las bailarinas lógicas. La meditación disuelve a la diosa Vak (la Gran Diosa de la Palabra que aparece en el Rig Veda); pero la sublima a la vez al evidenciar la poderosísima nada de la que está hecha esa diosa.

Quizás las siguientes ideas ampliar mis posibilidades de acercar el lenguaje a esa enormidad que es fuente y, a la vez, muerte de cualquier lenguaje:

1.- “Meditación” es otra palabra, otra bailarina lógica, y, como tal, está construida por tejidos onírico-lógicos.

2.- Podría decirse que la meditación permite desactivar “temporalmente” un cosmos entero. Ese cosmos “hiberna” durante la meditación. Así, un creyente (viviente) en el cosmos azteca regresará a sus dioses y a su naturaleza encendida de almas. Aristóteles regresaría a su universo de esferas concéntricas. Y un físico actual  a sus super-cuerdas, a sus contradictorios cerebros en tres dimensiones y a sus agujeros negros. Cada uno regresará a su sueño sagrado y ubicará la experiencia de la meditación en las estanterías lógicas que le ofrezca ese sueño: a esa coreografía de bailarinas lógicas, si se quiere decir así.

3.- En cualquier caso es importante precisar que la meditación no dura diez minutos. Ni una hora. No tiene “duración”. Es una experiencia meta-temporal porque implica, cabría decir, una desactivación de esa maquinaria psíquica constructora de tiempo que describió Kant; entre otros. Aunque, en realidad, la meditación no es tampoco una “experiencia” ni es “humana”. Ni es, por tanto, “meditación” (como actividad que presupone un sujeto, etc.)

4.- El regreso. Algo que vengo observando desde hace años en mí y en otras personas que han meditado conmigo es que el regreso amplifica y sublima el cosmos en el que se viva. Quizás porque todo cosmos es una  burbuja transparente que, desde el silencio, permite ver el prodigio donde flota.  En cualquier caso, gracias al “regreso” el mundo recuperaría el olor a nuevo. El olor del amanecer sobre la tierra dormida. Simone Weil lo dijo así: “Sólo descreándome puedo participar en la Creación”. [Véase “Concepto“]. La meditación podría quizás ser definida como un morir y volver a nacer en el cosmos en el que se murió; pero volviéndolo a estrenar: el olor de la primerísima ilusión, del primerísimo sueño de amor.

5.- En “Máquina” [Véase] afirmo que el ser humano no fabrica máquinas, sino que vive en una máquina -una máquina sagrada- que fabrica máquinas a través de él. Todo es artificial. Todo es natural. Es lo mismo. Cabría aclarar aquí ya que la fuerza que es dirigida y controlada por esa titánica maquinaria es la nuestra propia, pero que ahí ya no somos “seres humanos”. Afirmo también con ocasión de la palabra “Máquina” que hay un interruptor “interior” para desactivar ese cosmos-máquina en el que vivimos: la Meditación. El “interruptor exterior” sería la “Gracia” [Véase].

6.- Kant hizo un enorme esfuerzo en su Crítica de la razón pura para marcar los límites de lo que podía ser conocido. Y dibujó una especie de isla -la del conocimiento humano- rodeada por un océano tempestuoso, inaccesible a la razón pero irresistible para ella. Cabría decir que en meditación saltamos a ese océano desde el último acantilado de nuestra mente -y de nuestro corazón- insulares. Y regresamos mojados. ¿De agua? No. De nosotros mismos: somos ese sobrecogedor océano que Kant consideró incognoscible. Y la isla es nuestra propia obra, fabricada con nuestras propias entrañas metafísicas.

7.- Creo que es también útil afirmar desde este cosmos que ahora nos hechiza (el cosmos desde el que yo escribo y tú lees) que el ser humano no medita. En meditación quedaría desactivado ese universal, ese sustantivo, ese autohechizo. En meditación no se es “un ser humano” [Véase], ni un “ksatriya”, ni un “obrero”, ni un “empresario”, ni una “mujer liberada”, ni un “hijo de Dios”, ni un “resultado de la evolución” ni “un lugar donde el universo se conoce a sí mismo”.  Se trata de una irrupción de lo que no tiene esencia (la nada omnipotente) en una de sus infinitas creaciones. Esta última frase es lo más que puedo decir dentro de este sueño; dentro de esta maquinaria lingüística, sagrada, pero cegadora. En meditación ya no se es un “ser humano” pero se tiene “la sensación” (si cabe hablar así) de haber vuelto por fin a uno mismo: de no haber sido nunca tan uno mismo.

8.- Desde una perspectiva materialista-panmatematista (el principio de indeterminación de Heisemberg es panmatematista) el estado de meditación sería una consecuencia necesaria de la interacción de las leyes de la naturaleza sobre la Materia de nuestro cerebro. Si es así, deberíamos sacralizar la Matemática y sus capacidades de reconfiguración de la Materia [Véase “Materia“]. Pero insisto en que la meditación implica una desactivación de los discursos, de los sueños aparentemente legaliformes: y el discurso cientista-materialista es un sueño. Un sueño muy útil, como lo son todos los sueños. Un choque entre discursos sobre la meditación se muestra en la siguiente emisión del  programa Sternstunde Philosophie de la televisión suiza (la presentadora es Barbara Bleisch): “Todos meditan. ¿Quién cambia el mundo?”.

“Alle meditieren. Wer verändert die Welt?”

9.- Al ocuparme de la palabra “Luz” [Véase] comparto la sensación de que la fuente de toda luz (incluida la fuente de la luz que describe la Física actual) es una tiniebla absoluta: no puede verse ni pensarse siquiera. Cabría decir que meditar es remontarse “luz arriba” hasta la boca del primer manantial. Y dejar de ser -aniquilarse- en Eso innombrable que trasciende el dualismo existencia/no existencia. Y, “después” (un “después” sin Tiempo), volver al arroyo, y fluir en él, sabiéndose su fuente y su final.

10. Y creo, finalmente, que desde la meditación cabe amar nuestra mente, ese lugar de prodigios, ese taller de magos, esa sala de baile para mis queridas bailarinas lógicas. Pero para amar nuestra mente hay que poder salirse de ella y contemplarla, con ternura, como el que mira, extasiado de amor, a su hijo dormido.

David López

Diccionario filosófico: “Máquina”

El próximo jueves 21 de marzo a las 18.00 horas (hora de Madrid) impartiré una conferencia on-line basada en el presente artículo. [Más información]

En las Navidades de 2009 fui a Londres con mi hija Lucía. Allí tomé las primeras notas para un futuro ensayo sobre la metafísica de las máquinas. Mi intención era, y sigue siendo, visualizar el modelo de totalidad que presupone el hecho mismo de que hablemos de “máquinas”.

Creo, además, que se acercan tiempos que van a exigir un nuevo Logos respecto de lo que ahora se presenta como un dualismo hombre-máquina: un nuevo Logos al servicio de la ilusión y de la vida; en general.

Londres. La ciudad en la que Francis Bacon soñó un edén tecnológico para el ser humano. Es Francis Bacon quien aparece retratado, con 18 años, en el cielo de este texto.

Aquel invierno de 2009 Londres estaba casi blanco. Sereno. Bellísimo. Vibrante de pasado y de futuro. También lo estaba mi querida hija, que, con sus 13 años, no paraba de tomar fotos en rincones herrumbrosos del metro, o en muros medievales en los que vibraba el musgo artificial de grafitis con talento.

Entramos en la Royal Academy of Arts. Había una exposición de esculturas de Epsein. Y allí estaba el famoso “Trípode”: una especie de ametralladora antropo-mimética que producía espanto maravillado.

Aquella noche, en casa de unos amigos, asistimos a un despliegue de tecno-magia interactiva en el universo Apple: todo artefactos amables, suaves al tacto, capaces de coordinarse entre sí para ofrecernos casi infinitos contenidos de conciencia: música, películas, Youtube… todo configurándose en una enorme pantalla casi mental que, en ocasiones, también reflejaba el fabuloso espectáculo de los tejados de Chelsea y los edificios del Támesis.

Nada que ver con el trípode de Epsein. Nada que ver con las “máquinas” hostilísimas de la triología “Matrix”.

“Máquina”.

¿Qué significado otorga la Real Academia Española a este vocablo? Reproduzco el primero de la lista:

Máquina (Del lat. machĭna, y este del gr. dórico μαχανά).

1. f. Artificio para aprovechar, dirigir o regular la acción de una fuerza.

Estamos en Filosofía y nos tenemos que abismar en preguntas así:  ¿Qué modelo del todo es necesario sostener -y respirar- para hablar siquiera de esas determinadas partes de lo real? ¿Hacen los hombres las máquinas? ¿Cabe construir máquinas fuera de las leyes de la naturaleza? ¿Pero alguien conoce las leyes de la naturaleza? ¿Tienen “alma” las máquinas o son meramente “materiales”? ¿Y qué es la “Materia”? ¿Tiene alma la Materia?

Hace algunos años impartí cursos de Filosofía apoyándome en la trilogía “Matrix”. Fue una experiencia muy vivificante y creo que pudimos acceder a privilegiadas visualizaciones de modelos metafísicos que solo se presentan en textos generalmente abstrusos. Creo que en esos cursos también pudimos sentir que el universal “máquina” quedaba desdibujado; y que se nos abría un mundo donde todo -todo modelo de universales- parecía posible. “Free your mind”, le decía Morpheo a Neo. ¿Y qué será eso de “liberar la mente”? ¿Sacarla de las “maquinarias cósmicas” que fabrica el lenguaje?

También Francis Bacon, cuyo retrato sobrevuela estas notas, quiso liberar las “mentes”. A él se le considera el profeta de la civilización tecnológica: un edén de hombres y de materia algoritmizada al servicio de la plenitud humana: un “i-Kosmos” amable, suave al tacto, divertido, colectivista, gentil.

La idea fundamental que intentaré exponer en este texto (en este esbozo de texto) es la siguiente: vivimos (en cuanto “seres humanos”) en una máquina: vivimos en un Cósmos que se mueve, artificialmente, en función de una estructura de ideas [Véase “Idea“]. En realidad esto es lo que estaría sosteniendo el mecanicismo materialista: todo se mueve, ordenadamente, mecánicamente, según unas leyes naturales inmutables (que quizás puedan englobarse en una sola).

Pero el mecanicismo materialista no contempla que esa máquina pueda ser modificada, como por arte de magia: valdría con modificar la estructura ideológica de la maquinaria cósmica para que aflorara -como por arte de magia- otra maquinaria entera: otro universo en “nuestra” conciencia, que es donde opera toda máquina.

También sospecho que vivimos en una maquina gramatical. Vak -la diosa védica de la Palabra- sería la voz de una máquina prodigiosa; pero que cabe desactivar, simplemente, apretando -desde “dentro”- el botón de la Meditación [Véase]. Y -desde “fuera”- el de la Gracia [Véase].

Antes de ocuparme con algo más de detalle de esta intuición, creo que puede sernos útil hacer el siguiente recorrido:

1.- Aristóteles. El primer motor. El mundo entero se mueve por atracción hacia ese Dios inmóvil, bellísimo, gélido. El mundo entero es una maquinaria enamorada, movilizada por ese imán metafísico. Ineludible.

2.- Francis Bacon. La Nueva Atlántida. El ser humano, agrupado en sociedades científicas, puede crear un nuevo mundo. Pero tiene que observar la naturaleza con la mente liberada de prejuicios, de “falsos ídolos”. “Un hombre que conozca las formas puede descubrir y obtener efectos jamás conseguidos con anterioridad; efectos que las mutaciones naturales, el azar o la experiencia y laboriosidad de los hombres nunca produjeron y que tampoco habría podido prever la mente humana”. “¡Cuántas cosas son todavía posibles!” cantó Nietzsche. Bacon vio en la “Materia” (lo que no es “hombre” ni “Dios”) posibilidades de Creación casi infinitas: de Creación, ni más ni menos, de nuevas esencias: nuevas “Ideas” podríamos decir: nuevos pobladores de ese Kosmos Noetós que Platón -y Schopenhauer- creyeron inmutable.

3.- Heidegger.  La pregunta por la técnica. El técnico en realidad no hace nada, lo hace, por así decirlo, el Ser a través de él. El error estaría en admitir un dualismo que reduciría la naturaleza a “objeto”, a “rex extensa”, a cosa ahí, muerta, dispuesta a ser invadida y usada por un ser humano “externo”.

4.- Nishitani (Religion and Nothingness). Efectos del dualismo materialista-cartesiano implícito en la visión moderna de la tecnología: “[…] el hombre queda rodeado de un mundo frío y sin vida. Inevitablemente, cada ego individual pasa a ser una isla solitaria, aunque bien fortificada, flotando en un mar de materia muerta. […] la corriente de vida que fluía nutriendo las raíces del hombre y de las cosas se secó”. La cita la he sacado de esta obra: Mónica Cavallé: “La sabiduría de la no-dualidad”, Kairós, Barcelona, 2000.

5.- Juan David García Bacca. Este filósofo tiene una obra cuyo título es Elogio a la Técnica (Antrophos). En el siguiente enlace de internet se puede acceder, gratuitamente, a su obra “Ciencia, Técnica, Historia y Filosofía”:   http://www.garciabacca.com/bibliode.html. García Bacca fue un enamorado de la técnica. Y de la Poesía. Creo que es lo mismo. [Véase “Poesía” y “Materia“]. La máquina canaliza, dirige, una fuerza. La Poesía también. Y fabrica mundos enteros en nuestra conciencia.

Con las palabras construimos mundos: maquinarias que canalizan la Fuerza. ¿Qué Fuerza es esa? ¿De quién es? Es la fuerza de la Ilusión.

Voy a exponer a continuación algunas ideas sueltas, meros esbozos por el momento:

1.- Repito las intuiciones fundamentales que adelanté al comienzo de este texto: vivimos (en cuanto “seres humanos”) en una máquina: vivimos en un Cosmos que se mueve, artificialmente, en función de una estructura de ideas [Véase “Idea”]. En realidad esto es lo que estaría sosteniendo el mecanicismo materialista: todo se mueve, ordenadamente, mecánicamente, según unas leyes naturales inmutables (que quizás puedan englobarse en una sola). Pero este modelo no contempla que esa máquina pueda ser modificada, como por arte de magia: valdría con modificar la estructura ideológica de la maquinaria cósmica para que aflorara -como por arte de magia- otra maquinaria entera: otro universo. También sospecho que vivimos en una maquina gramatical. Vak -la diosa védica de la Palabra- sería la voz de una máquina prodigiosa; pero que cabe desactivar, simplemente, apretando el botón de la Meditación. O el de la Gracia. Eso ya desde “fuera”.

2.- El Hatha-Yoga es una tecnología que permite al “hombre” (por decir algo) transformar su cuerpo y su mente (y el mundo entero por tanto) en su propia máquina sagrada.

3.- Puede que el universo entero, y cualquier universo (cualquier cosmos bailando cualquier música ideológica) sean máquinas en manos de algo que quizás el vedanta denominaría Brahman: el gran soñador: el gran constructor de máquinas-Maya. Todo mundo (toda forma de finitización en el infinito de “nuestra” conciencia”) sería la canalización de una Ilusión. La Ilusión de “Dios”. O de la “Tiniebla” [Véase “Luz”].

4.- Desde el monismo metafísico -el vedanta advaita entre otros- todo lo que hay (coches incluidos) es algo así como una vibración en el alma única que lo penetra todo. Una máquina, cualquier máquina (si es que seguimos manteniendo ese universal), tendría el mismo grado de espiritualidad que el corazón de un niño y el mismo frescor natural que el pétalo de una rosa o un anillo de Saturno. ¿Podemos soportar esta visión? Yo no. Por el momento. Pero quizás haya que abrir la mente a nuevas bailarinas: nuevos hechizos para seguir viviendo (para seguir subyugados por una ilusión). No otra cosa es vivir.

5.- Hay un tipo de máquina que me fascina especialmente. Es una especie de exo-esqueleto humano que llamamos “coches”. Mi hobby más secreto es comprar revistas de coches, o contemplarlos por internet. Lo que me subyuga es su tensión estética: el hecho de que vayan modificándose sus formas, como si a través de ellos se estuviera desplegando una “evolución de las especies” filtrada, aparentemente, por el cerebro tecnológico y creativo de los seres humanos. Lo sorprendente es que esa evolución no se detiene y que lo nuevo siempre parece encontrar un misterioso beneplácito estético en la colectividad implicada en ese mercado. Vicente Verdú en su obra Capitalismo funeral se lamenta de que pudieran estar irrumpiendo coches que no serían “coches-coches”: nuevas esencias, como dijo Francis Bacon. Nuevas esencias demasiado “light”. Pero todo Génesis implica un Apocalipsis. Ese es el gran baile de Maya. La Gran Bailarina. Tormentas incesantes en el Kosmos Noetos de Platón.

En Londres, aquel invierno de 2009, los musgos de los muros y de los adoquines, las estatuas de Epsein, los edificios de Forster, las aguas del Támesis, el i-world de mis amigos, los preciosos ojos de mi hija Lucía y la tinta de mis notas construyeron, en mi conciencia, en mi pecho, una maquinaria poética que cuidaré, que puliré, mientras viva: un mundo custodiable.

Recordemos la primera definición de la palabra “Máquina” que nos ofrece la Real Academia Española:

1. f. Artificio para aprovechar, dirigir o regular la acción de una fuerza.

Creo que en realidad, eso que llamamos mundo, es una maquina sagrada, un artificio, una Creación, que permite dirigir -aprovechar, regular- la acción de una fuerza desmesurada.

David López

Curso sobre el pensamiento y el sentimiento de Nietzsche. 4/5 de marzo. Círculo de Bellas Artes de Madrid.

 

                                  

        “¡Cuántas cosas son todavía posibles!”

        Es una frase -un cántico- de Friedrich Nietzsche. Sobre el pensamiento y el sentimiento de este gran genio de la Filosofía voy a impartir un curso intensivo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Está organizado por la International Coach Federation y cuenta con el patrocinio de Atos Origen.

        Fechas: viernes 4 y sábado 5 de marzo de 2011.

        La idea surgió para facilitar a mis alumnos de Filosofía una parte de la vivencia que disfrutamos en el lago Orta en el mes de junio de 2010: la parte que ofrecen las frases de Nietzsche, todo lo desnudas que yo sea capaz de sacarlas en la sala Valle Inclán del Círculo de Bellas Artes de Madrid.       

        Nietzsche: el filósofo del martillo; y del arado. El martillo con el que cabe convertir nuestro yo/mundo en una obra de arte.  Y el arado que debe romper la tierra, cíclicamente, para que la tierra -la tierra de nuestra mente- no deje de regalar vida -sueños, ilusiones, entusiasmos-. 

        Nietzsche propuso una transformación radical del tejido lógico (ideas/palabras) en el que vivían las mentes y los corazones de los europeos de su época. Y esa transformación tenía que ser acometida individualmente, asumiendo cada ser humano -cada Übermensch– su condición de dueño y señor de su propio universo de ideas (de su mundo en definitiva).

        El objetivo más honorable de nuestra condición humana  no sería, según Nietzsche, huir en lo posible del sufrimiento, sino la creación de la obra maestra de nuestra propia vida; y la aceptación heroica de todos los costes que lleva esa Creación (con mayúscula). 

        Las obras de Nietzsche -si se leen atentamente, despacio, en silencio, sin miedo, con la mente preparada para lo que sea- ofrecen sustancias lógicas muy poderosas, algunas realmente duras, desagradables, pero que, en mi opinión, deben ser colocadas en las estanterías de nuestro propio laboratorio de sueños: un lugar donde todo es posible.

        La lectura de Nietzsche es una terapia contra los discursos de la imposibilidad. Contra la auto-des-sacralización. Contra la des-sacralización de los yoes y de los mundos en definitiva.

        El título de este curso será precisamente una poderosa frase que Nietzsche escribió en Así habló Zaratustra:

        “¡Cuántas cosas son todavía posibles!”

        Pero también hubiera valido como título esta frase del gran filósofo del “sí”:

        “Ser yo quien embellezca las cosas.” 

        Esta actitud supone una auténtica revolución interior: una superación de la moral del esclavo que pide siempre a poderes exteriores lo que él cree no poder hacer; y que, casi siempre, por frustración, se marchita por el rencor: rencor hacia amos que él mismo ha instaurado por falta de fe en su propio poder interior.        

        Programa:

        Viernes 4 de marzo.

        10.00: Presentación del curso. Ideas fundamentales. La vida de Nietzsche.

        10.30: El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música. La Grecia dionisíaca y heroica. La música de Wagner. El abismo de Schopenhauer.

        11.30: Descanso.

        12.00: La ciencia alegre. Filosofía alemana desde la luz del Mediterráneo. El Nietzsche trovador e inmanentista. Lucidez epistemológica. Un libro que dice sí a la ligereza. Primera aparición del eterno retorno y la muerte de Dios. “Ser yo quien embellezca las cosas”. La gran salud.

        14.00: Descanso.

        15.30: Así habló Zarathustra. “Me he alzado del abismo hasta mis cumbres casi verticalmente”. “¡Oh, cuántos mares a mi alrededor, cuántos incipientes futuros humanos!” “Así habló Zarathustra, y abandonó su caverna, ardiente y fuerte como un sol matinal que surge entre oscuras montañas”. El nacimiento del Übermensch (el niño que juega). “¡Cuántas cosas son todavía posibles!”

        (Descanso de 17.00 a 17.30).

        19.30: Fin de la primera jornada.

        Sábado 5 de marzo.

        10.00:  Más allá del bien y del mal (Preludio de una filosofía del futuro). Nietzsche filosofa a lo grande, ya desde la cima de su vida, envuelto por la luz de Niza. Nuevas intuiciones epistemológicas. “Un libro terrible”. Da comienzo la gran guerra entre bailarinas lógicas. Objetivo: desalojar la modernidad; y decir un sí incondicional a la vida, al placer, al sufrimiento, a la propia voluntad, a la dureza, a la creatividad. Reivindicación de lo aristocrático: condena del rebaño de los débiles, de los resentidos, de los rencorosos, de los asustadizos.

        11.30: Descanso.

        12.00: La genealogía de la moral. Nietzsche quiere investigar el origen de las nociones del bien y del mal. Y finalmente afirma la falsedad de estas dos palabras y, sobre todo, su insalubridad. Rechazo del ideal ascético (pero no del ascetismo vitalista creador).

        14.00. Descanso.

        15.30. Últimas obras. El ocaso de los dioses. El anticristianismo. Ecce Homo. Nietzsche filosofa bajo el claro sol de su enfermedad. La compasión (Mitleiden). Reflexiones sobre la religiosidad de Nietzsche: la ley contra el cristianismo. Nuevas bailarinas lógicas dispuestas a bailar en la conciencia del ser humano (un ser muy amado por Nietzsche).

        17.00. Descanso.

        17.30: Conclusiones. “La respiración azul”.

        19.00: Clausura del curso y entrega de certificados de asistencia.

        Matrículas:

        – La persona de contacto es  Conchi González. Tno: 91.702.06.06/ mail: info@icf-es.com
        – El curso es gratuito para los asociados a la International Coach Federation.

        – El coste de la matrícula para los no asociados es de 15o euros.

        Creo que vamos a compartir un fascinante viaje por esa galaxia de palabras que segregaron, a la vez, el cerebro y el corazón de Nietzsche.

        David López