Archivo por meses: noviembre 2014

Una metafísica de la violencia

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La imagen que ocupa el cielo de este texto es un cuadro de Caspar David Friedrich titulado Abtei im Aichwald. En él se muestra un templo arrasado. Un ser humano es un templo, sagrado, por lo tanto no profanable. Ese es el principio fundamental sobre el que se construyen los sistemas jurídicos más avanzados del planeta.

Ese templo no deja de serlo aunque esté ideológicamente enfermo. A Bin Laden -ese templo incuestionable, ese “árbol de sangre”- se le asesinó de forma sacrílega. Él lo hizo con muchos más templos, con miles de templos, pero fue coherente con sus -esclavistas, miedosas, emponzoñadas- ideas. Los que le asesinaron y los que ordenaron ese asesinato no fueron coherentes con las suyas, que son justamente las que yo considero como las más avanzadas y más diamantinas de este planeta: los derechos humanos, la salvaguardia de los templos. A nadie se le ocurre derruir una pirámide de Egipto por el hecho de que en ella, o con ocasión de ella, se cometieran atrocidades.

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Mi amiga Luz, la de Facinas

 

 

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Ha fallecido, se ha ocultado por el horizonte de lo visible, una gran amiga mía. Se llamaba Luz y tenía el nombre correcto. Vivía en un pueblo de Cádiz que se llama Facinas y que, desde hace milenios, como un multicúbico, no antropomórfico, asceta de cal y de jazmín, medita bajo una limpísima cascada de luz que viene de los cielos.

Me ha dolido en el fondo del alma el fallecimiento de mi querida amiga y, a la vez, he sentido una enorme gratitud por los momentos que viví con ella.

Que tu precioso Dios de estrellas y de jazmines te bendiga, más todavía.

Hace quince años publiqué en Diario 16 un artículo en el que hablé de Luz. Lo reproduzco a continuación:

                                                                 Sigue leyendo