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Las bailarinas lógicas: “Cerebro”

“Cerebro”. Se supone que es el órgano crucial pero también imaginario de esta escultura de Rodin. Como realidad física y tangible, el cerebro es el objeto más sofisticado y deslumbrante del universo conocido. Yo tengo uno de esos objetos dentro de mí. Y tú, por el hecho mismo de que estás leyendo estas palabras, tienes otro. Otro de esos increíbles diamantes vivos. ¿Somos dueños de semejante joya o, por el contrario, somos propiedad de ella? 

“Cerebro”. El propósito de este diccionario filosófico no es dar significados a las palabras, no es limitar su semántica, sino calibrar su habilidad para generar hechizos: su fuerza para configurar los contenidos de la conciencia. Lo mundos.

Entremos ahora en un fabuloso laberinto de espejos. Primer paso: ¿Quién -o qué- quiere estudiar, ver, considerar, medir, modelar, etc., el llamado “cerebro humano”? ¿Quién -o qué- quiere crear en su propio cerebro una imagen, una idea, un atlas, de su propio cerebro? ¿Puede el cerebro ser objeto y sujeto de conocimiento al mismo tiempo? 

Fue leyendo a Schopenhauer cuando me sorprendió por primera vez la “paradoja del cerebro”. Se puede enunciar así: el cerebro, como una cosa entre las cosas, es parte del mundo (como los árboles o los caracoles o los coches o los anillos de Saturno o las estrellas). Visto de esa manera, como un corte concreto en la totalidad del impacto visual del mundo, aparece como algo tridimensional, diminuto, vulnerable; y también como algo creado (e implacablemente sometido por las leyes de la Naturaleza). Pero, por otro lado, según Schopenhauer (que era un amante de la filosofía de Kant), es precisamente dentro del cerebro, y solo allí, donde ocurre eso que llamamos “mundo” y por lo tanto también eso que llamamos “cerebro”. 

Si no filosofamos (si no somos conscientes de nuestro pensamiento), no nos daremos cuenta de que estamos identificando lo que las conexiones neuronales de nuestro cerebro pueden construir y también denominar “cerebro”, con ‘eso’ que se supone que rodea al cerebro mismo: el ‘mundo exterior’, incluyendo, por supuesto, la materia misma del propio cerebro. Las teorías de un neurofisiólogo actual (si aceptamos y seguimos esas mismas teorías) son fenómenos dentro del cosmos interno, eléctrico y viscoso, de sus propias galaxias de neuronas. Se podría decir, a partir del materialismo científico actual, que el cerebro es una de las cosas que se pueden contemplar dentro del cerebro si el cerebro funciona correctamente (dentro de esa caja mágica también puede suceder una brisa de otoño capaz de erizar la piel de la memoria). 

A partir de ese materialismo también se puede decir que seremos más conocedores del cerebro a medida que nos acerquemos a un cierto camino de conexiones neuronales, a una cierta forma, o baile si se quiere, de la materia que constituye nuestro cerebro: aquella que propicie una representación adecuada de lo que es el cerebro en sí mismo, si es que tal cosa existe. ¿Cómo sería tal “cosa”?

Vamos a intentar vislumbrar qué podría haber detrás de la palabra “cerebro”. Hagámoslo con los ojos infinitos de la diosa Filosofía, la cual, según la neurociencia actual, sería solo una actividad cerebral (la actividad cerebral que se modela, que se mira a sí misma… ¿Desde dónde?). 

La palabra “cerebro” (esa poderosa bailarina lógica) nos dará una maravillosa oportunidad para filosofar seriamente: sin pereza, con un coraje extremo, listos para nadar en el océano del infinito, de lo insoportable incluso (pero insoportable, a veces, por su extrema belleza). Comienza el gran éxtasis intelectual de la Filosofía. Realmente creo que nuestro filosofar puede recibir una lluvia extremadamente fértil si observamos lo que se dice sobre el cerebro a partir de los modelos actuales de neurofisiología (a partir de estas configuraciones determinadas de la química de nuestro cerebro, si aceptamos esos mismos modelos). 

Pero, ¿qué dicen esos modelos al día de la fecha? 

Hasta donde yo voy sabiendo, se dice que el cerebro (el cerebro humano en concreto) es una parte del cuerpo humano, un órgano que se considera el centro del sistema nervioso. Contiene miles de millones de células de un tipo especial: las llamadas “neuronas”, que, sorprendentemente, se conectan entre sí -o no- creando -o no- asociaciones (digamos sociedades… ¿Civilizaciones?). He leído que las neuronas pueden cooperar en sociedades de millones de miembros y que aún está por ser desvelado el misterio de cómo funciona realmente esa cooperación. También se dice que el tejido cerebral produce energía, electricidad de hecho (como una pequeña central nuclear orgánica), electricidad que, si muchas neuronas trabajan juntas, puede ser lo suficientemente potente como para salir del cráneo (la caja del cerebro) y ser detectable en el exterior. Ese órgano, esa ‘máquina’ crucial [Véase “Máquina”], se puede comparar con una computadora. En realidad, algunos modelos actuales de neurociencia usan esa comparación para mejorar la comprensión de su objeto de estudio. Y lo hacen sobre la base de que el cerebro es un centro de percepción y procesamiento de datos. El alcance de dicha percepción, según lo que parece comúnmente aceptado en la ciencia actual, es enorme: luz, sonido, composición química de la atmósfera, temperatura, orientación de la cabeza, posición de las extremidades, composición química del torrente sanguíneo… O eso es lo que luego se dice a sí mismo el cerebro que ha “percibido”.

Sigamos… El hipotálamo, que es una parte del cerebro, puede incluso controlar el nivel de sodio, el nivel de glucosa y el nivel de oxígeno en la sangre, y, según esos datos, enviar mensajes a la glándula pituitaria, la cual reacciona introduciendo hormonas en el torrente sanguíneo que son capaces de modificar la actividad celular. 

También se dice que el aprendizaje y la memoria son actividades centrales del cerebro. Santiago Ramón y Cajal podría haber explicado tales capacidades argumentando que se trataba de cambios en las conexiones sinápticas entre las neuronas. Dicha teoría podría haber comenzado a ser comúnmente aceptada por una serie de investigaciones iniciadas por un artículo de Tim Bliss y Terje Lømo publicado en 1966 en Journal of Physiology. El descubrimiento clave de ese artículo fue la llamada “Potenciación a largo plazo”: el fortalecimiento de la sinapsis entre las neuronas causada por la actividad reciente. También existe lo contrario: la “Depresión a largo plazo”. Ambos fenómenos podrían ser una prueba de lo que ahora se llama “plasticidad sináptica”, teoría que afirma que las conexiones entre las neuronas pueden fortalecerse o debilitarse según su actividad durante un período de tiempo. Miles de millones de neuronas capaces, dispuestas a conectarse entre sí… 

¿Qué puede ocurrir si se produce una conexión total? ¿El cerebro (ese enorme misterio) sería completamente consciente de sí mismo? La Filosofía, vista desde los modelos actuales de neurofisiología, podría describirse como una bellísima bomba de pensamientos conscientes, colocada dentro de esas galaxias de neuronas para desencadenar su conexión extática final: la plasticidad sináptica infinita. 

Los modelos científicos que acabo de esbozar son el marco teorético de algunos proyectos sorprendentes que me gustaría mencionar (y agradecer también): 

https://www.humanbrainproject.eu/en/. Aquí encontrarás la siguiente pregunta: “¿Te imaginas que un cerebro y su funcionamiento se replicaran en una computadora?” 

https://alleninstitute.org/what-we-do/brain-science/. En la página web de este instituto (que fue fundado por Paul Allen, uno de los creadores de Microsoft junto con Bill Gates), se dice lo siguiente: “El cerebro humano es la pieza más compleja de materia organizada en el universo conocido. Utilizamos nuestro singular enfoque para descubrir sus misterios y compartir recursos valiosos con la comunidad global de neurocientíficos “. 

La vanguardia científica de nuestra civilización está ahora fascinada con los cerebros: con esas complejas piezas de materia organizada. Y es que dentro de esas joyas cósmicas podría estar la clave de todo. 

Neurociencia. Filosofía. Veamos lo que dicen los siguientes pensadores individuales (cerebros individuales) sobre el cerebro: 

1.- Schopenhauer. La paradoja del cerebro. Volvamos a eso: el cerebro, como cosa entre cosas del universo físico, está en el espacio, pero el espacio (el continente, la ‘caja’ del universo físico) está solo en el cerebro (Pararega y Paralipomena II, p. 48, de acuerdo con la edición clásica de Arthur Hübscher, revisada por su esposa Angelika y publicada en Mannheim en 1988). El sistema filosófico de Schopenhauer supera tal paradoja ubicando el cerebro físico como parte del mundo creado, como una especie de herramienta utilizada por nuestro yo más profundo para contemplar nuestra propia creación. 

2.- Humberto Maturana. Biología de la cognición (Informe de investigación del laboratorio de computación biológica BCL 9.0. Urbana IL: Universidad de Illinois, 1970). Maturana es uno de los tres creadores del concepto “autopoiesis”, el cual se refiere a la supuesta capacidad de autogeneración y autogestión de los llamados “sistemas vivientes” (se dice que los otros dos creadores de dicho concepto son Francisco Varela y Ricardo B. Uribe). El cerebro: Maturana dice que la rana no puede ver a todos los animales (no ve los que son especialmente grandes y lentos). La actividad del cerebro (lo que es ‘realidad’ dentro de él) sería el resultado de las demandas del sistema vivo que lo nutre. La realidad es fabricada por los “sistemas vivientes”. ¿Es también esa misma teoría generada en el cerebro de Maturana algo que sirve solo para nutrir el “sistema viviente” que lo posee? ¿Cómo puede ser cierta esa teoría si es generada por un cerebro biológicamente esclavizado? Merece ser leído el estudio esquemático sobre el pensamiento de Humberto Maturana ofrecido por John Lechte en este trabajo: Fifty Key Contemporary Thinkers: From Structuralism to Postmodernity (Routledge, London 1994). Hay una edición en español: 50 pensadores contemporáneos esenciales, traducción de Carmen García Trevijano, Cátedra, Madrid 2010.

3.- El funcionalismo computacional de Hilary Putnam [Véase aquí, todavía solo en español] como solución para el problema mente/cerebro: la mente es el software; el cerebro es el hardware. La crítica de John Searle: “la habitación china” (Minds, Brains and Science, Harmondsworth, Londres 1984) [Edición española: Mentes, cerebros y ciencia, Cátedra, Madrid 1994]. Searle afirma que una computadora puede comportarse como si entendiera chino, pero no sería nunca una mente porque no puede pensar, ser consciente, de su propio comportamiento. Este pensador centra sus críticas exclusivamente en las computadoras digitales. Pero, ¿qué tipo de máquinas están todavía por ser creadas? [Véase “Máquina”]. Schopenhauer ya consideraba el cerebro humano como nuestra creación artificial más sofisticada. Porque en realidad no seríamos “seres humanos”. Los seres humanos serían en realidad nuestra creación.

4.- Antonio Damasio [Véase aquí, todavía solo en español]. Merece ser leída su obra El error de Descartes. Ese error fue creer que las operaciones más refinadas de la mente están separadas de la estructura y el funcionamiento del organismo biológico. El cerebro y el resto del cuerpo constituyen un organismo inseparable compuesto por circuitos bioquímicos y neuronales que se relacionan con el medio ambiente en su conjunto, y de esa interacción surge la actividad mental. Entonces… ¿Nuestro cerebro tiene el tamaño de todo el universo físico? ¿Pensamos con todo eso? ¿Es nuestro pensamiento fruto de todo eso? ¿Lo es también nuestro ‘yo pensado’?

5.- Richard Dawkins: The God delusion [El espejismo  de Dios]. En este libro hay un epígrafe que lleva por título “La madre de todos los burkas”. Dawkins afirma que lo que vemos del mundo real no es el mundo real, sino un modelo del mundo real, regulado y ajustado por datos sensoriales (un modelo que está construido de tal manera que es útil para relacionarse con el mundo real). Dawkins también afirma que la naturaleza de ese modelo depende del tipo de animal que somos. De acuerdo con esa teoría, podríamos preguntarnos: ¿No es esa misma teoría (el modelo de realidad que Richard Dawkins expone) simplemente algo útil que su cerebro (su cuerpo) necesita para lidiar con ese monstruoso misterio que parece ser el mundo real, pero real de verdad? Entonces: ¿Los cerebros reflejan la realidad o la crean? ¿La supervivencia del sistema requiere una ‘realidad’ reflejada en el cerebro o simplemente una fantasía capaz de desencadenar la voluntad de vivir? [Véase aquí mi artículo completo sobre Richard Dawkings todavía solo en español]. 

Ahora intentaré transmitir lo que parecen ser mis propios pensamientos (las secreciones de mi propio cerebro, o del universo entero a través de él) sobre el misterio del cerebro: 

1.- “Cerebro” es, en primer lugar, una palabra, un símbolo. Nada más. Y nada menos… También se puede decir que es el resultado de aplicar un determinado sistema de cortes en la realidad visual del llamado “universo” [Véase “Universales”]. No puedo ver ningún cerebro más allá de cierto software mental (si usamos la metáfora de Hilary Putnam).

2.- El lenguaje siempre nos hechiza. Para ser consciente de ese hechizo hay que pensar que tanto “átomo” como “neurona” o “cerebro” o “ciencia” son palabras: frutos artificiales de modelos mentales: secreciones de algo inefable que ahora no tengo más remedio que llamar “cerebro”. De hecho, es posible que en un futuro muy cercano surja un nuevo modelo de cerebro. Por ejemplo, un modelo que afirme la identidad absoluta entre lo que ahora llamamos “cerebro” y lo que ahora llamamos “universo”.

3.- La bailarina lógica “Cerebro” generalmente baila junto con otra: “Mente”. Se dice que desde el último tercio del siglo XX la filosofía de la mente está adquiriendo un lugar privilegiado en lo que llamamos reflexión filosófica. Pero hoy en día, la ideología predominante es la que afirma la dimensión material del cerebro. El problema (la maravilla) es que que cada objeto físico (el cerebro incluido), según la Física actual (Teoría M), tiene once dimensiones, no tres. Por lo tanto, los modelos (los dibujos) actuales del cerebro están mutilados: el cerebro en sí, incluso considerado como un objeto físico puro, es imposible de dibujar. Imposible de ver. Impossible de imaginar siquiera.

4.- El cerebro… Realmente no sé qué es eso, pero si cierro mi ojos, puedo sentirlo, ‘ahí’, como una enorme ballena mágica, infinita. Dentro de mí. Y yo dentro de ella. Es imposible, pero es así… Y también puedo enviarle calma, y silencio, e incluso amor, a ese ser.  Es  algo que hago casi todos los días. Créeme: después de no más de un minuto, ese ser parece nacer de nuevo, listo para seguir amando la vida, listo para seguir produciendo mundos. La pregunta es: ¿Desde dónde siento mi propio cerebro? ¿Dónde estoy yo realmente? 

Es suficiente. Saquemos a la diosa Filosofía del salón donde la bailarina lógica “Cerebro” necesita bailar. Esa preciosa bailarina es parte de un gran sueño: el sueño del materialismo científico, que ofrece mundos fabulosos. Y expectativas fabulosas también. 

David López

The logical ballerinas: “Brain”

“Brain”. It is supposed to be the crucial but also imaginary organ of this sculpture of Rodin. As physical, tangible reality, the brain is the most sophisticated and dazzling object of the known universe. I have one of those inside me. And you, by the very fact that you are reading these words, have another one. Another one of such amazing living diamonds. Do we own such a jewel or are we owned by it? 

“Brain”. The purpose of this philosophical dictionary is not to give meanings to words, is not to confine their semantics, but to calibrate their spell ability: their strength to configure contents of consciousness. Worlds.

Let’s go now into a fabulous labyrinth of mirrors. One first step: Who or what wants to study, to see, to consider, to measure, to modelize, etc., the so called “human brain”? Who or what wants to create in its own brain an image, an idea, an atlas, of its own brain? Can the brain be object and subject of knowledge at the same time?

It was reading Schopenhauer when I was dazzled for the first time by what is called “brain paradox”. It can be stated as follows: the brain, as a thing between things, is part of the world (like trees or snails or cars or stars). Seen like this, as a concrete cut of the visual impact of the world, it appears as something three-dimensional, tiny, vulnerable, and apparently created, configured and also pitiless submitted by the laws of Nature.

But, on the other hand, according to Schopenhauer (who was a lover of Kant´s Philosophy), it is precisely inside the brain, and only there, where occurs that what we call “world”. 

If we do not philosophize  (if we are not conscious of our thinking) we will not notice that we are identifying that what the neural connections of our brain are able to build and call “Brain”, with ‘that’ that is supposed to be surrounding the brain itself: the ‘outer world’, including it it, of course, the very matter of the brain itself and of the whole body itself. The theories of a neurophysiologist (if we accept and follow those same theories) are phenomena within the electrical and viscous inner-cosmos of their own galaxies of neurones. That inner-cosmos would be the habitat of the models of brain of a neurophysiologist.

It could be said, from the current scientistic materialism, that the brain is one of the things that can be contemplated inside the brain if the brain works properly (inside that magic box can also happen an Autumn breeze that bristles the skin of memory). And from that materialism it can also be said that we will be more cognizant of the brain the closer we get to a certain neuronal conexions-path, to a certain form, or dance if you want, in the matter of our brain: the precise one that propitiates a suitable representation of what is the brain in itself.

Let’s look at what is behind the word “brain”. Let’s do it with the infinite eyes of the Goddess Philosophy, which, according to neuroscience, is just a cerebral activity (the cerebral activity modelling itself, looking at itself… From where?).  The word “brain” (that powerful logical ballerina) is going to give us a wonderful opportunity to philosophize seriously: without laziness, with extreme courage, ready to swim in the ocean of the infinite, of the unbearable even (but unbearable, sometimes, because of its extreme beauty).

The great intellectual ecstasy of Philosophy begins. I truly believe that our philosophizing can receive an extremely fertile rain if we look at what is said about the brain from the current models of neurophysiology  (from these determined configurations of the chemistry of our brain, if we accept those very models). 

But, what do those models say? 

I will focus on the human brain. As far as I know, it is said that the brain is a concrete part of the human body, an organ which is considered the centre of the nervous system. It contains billions of a special type of cells called “neurones”, which, amazingly, connect with each other, or not, creating, or not, clusters of connexions, or associations (let’s say societies). I have read that the neurones can cooperate in societies of millions of members and that it is still uncovered the mystery of the way that cooperation really works. It is also said that the brain tissue produces energy, electricity indeed (like a small, organic nuclear power station), which, if many neurones work together, can be powerful enough to get out of the skull (the box of the brain) and be measured outside. That organ, that crucial ‘machine’ [See “Machine”], is comprable with a computer. Actually, some current models of neuroscience use that comparison to improve their insight of the brain. And they do it on the grounds that the brain is a centre of perception and processing of data. The scope of such perception, as far as it is commonly accepted in today’s science, is quite amazing: light, sound, chemical composition of the atmosphere, temperature, head orientation, limb position, chemical composition of the bloodstream… The hypothalamus, which is one part of the brain, can even check the sodium level, the glucose level and the blood oxygen level, and send some of those outputs to the pituitary gland, which reacts introducing hormones into the bloodstream that are capable of changing cellular activity.

It is also said that learning and memory are core activities of the brain. Santiago Ramon y Cajal might have explain such capacities arguing that they were just changes in the synaptic connexions between neurones. Such theory could have started to be fully proved by a stream of investigations triggered by a paper of Tim Bliss and Terje Lømo published in 1966 in Journal of Physiology. The key discovery of that paper was the so-called “long-term potentiation”: the strengthening of the synapsis between neurones caused by recent activity. There is also the opposite: the “long-term depression”. Both phenomena might be showing what is now called “synaptic plasticity”, which implies that the connexions between neurones can strengthen or weaken depending on their activity during a period of time. Thousands of millions of neurones capable, willing to connect among each other… What might occur if that total connexion takes place? The brain (that huge mystery) being completely conscious of itself? Philosophy, viewed from the current models of neurophysiology, could be described as a bomb of conscious thoughts set inside those galaxies of neurones in order to trigger its final, ecstatic connexion: the infinite synaptic plasticity.

The scientific models of reality I have just shown are the framework of some amazing projects that I would like to mention (and to thank too): 

  • https://alleninstitute.org/what-we-do/brain-science/ . On the webpage of this institute (which was founded by Paul Allen, one of the founders of Microsoft along with Bill Gates) we are said what follows: “The human brain is the most complex piece of organized matter in the known universe. We use our singular approach to uncover its mysteries and share valuable resources with the global community of neuroscientists”.

Our civilization is now fascinated with the human brains: with those complex pieces of organized matter. Inside those cosmic jewels might be the key of everything.

Neuroscience. Philosophy. Let’s see what the following individual thinkers (individual brains) say about the brain:

1.- Schopenhauer. The paradox of the brain. Let’s go back to it:  the brain, as thing of the physical universe, is in space, but space (the continent, the ‘box’ of the physical universe) is only in the brain (Pararega and Paralipomena II, p. 48, according to the classic edition of Arthur Hübscher, revised by his wife Angelika, and published in Mannheim in 1988). The philosophical system of Schopenhauer overcomes such paradox placing the physical brain as part of the created world, as a kind of tool used by our deepest I in order to contemplate our own creation.   

2.- Humberto Maturana. Biology of Cognition (Biological Computer Laboratory Research Report BCL 9.0. Urbana IL: University of Illinois, 1970). Maturana is one of the three creators of the concept “autopoiesis”, which refers to the alleged capacity of self-generating and self-maintaining of the so-called “living systems” (It is said that the other two creators of such concept are Francisco Varela and Ricardo B. Uribe). The brain: Maturana says the frog can not see all the animals (it does not see those that are especially large and slow). The activity of the brain is the result of the demands of the living system that nourishes it. Reality is made by living systems. Is it also the very theory that generates the brain of Maturana something (let’s say bio-artificial) that nurtures the living system that owes him? How can that theory be true if it is generated by a biologically enslaved brain whose sole purpose is to nourish something called “living system”? It deserves to be read the schematic study on the thought of Humberto Maturana offered by John Lechte in this work: Fifty Key Contemporary Thinkers: From Structuralism to Postmodernity (Routledge, London 1994).

3.- The computational functionalism of Hilary Putnam [See here, still in Spanish] as solution for the mind/brain problem: the mind is the software; the brain is the hardware. The criticism of John Searle in his paper “The Chinese room argument” (“Minds, Brains, and Programs”, Behavioral and Brain Sciences, 1980): a computer can behave as if it understood Chinese, but it would nevertheless not be a mind, because it can not think, be conscious, of its own behaviour. Searle does focus its criticism on digital computers. But, what kind of machines are still to be created? Schopenhauer already considered the brain as our most sophisticated artificial creation. Because, indeed, we would not be “human beings”…

4.- Antonio Damasio [See here, still in Spanish]: The error of Descartes. That error was to believe that the most refined operations of the mind are separated from the structure and functioning of the biological organism. The brain and the rest of the body constitute an inseparable organism composed of biochemical and neural regulatory circuits that relate to the environment as a whole, and mental activity arises from that interaction. So…  Does our brain have the size of the whole physical universe? Do we think with all that?

5.- Richard Dawkins: The God delusion, 2006. In this book there is an epigraph that takes by title “The mother of all the burkas”. From the groove of his own burqa, and always through the kaleidoscopic lens of scientist materialism, Dawkins states that what we see of the real world is not the real world, but a model of the real world, regulated and adjusted by sense data (a model that is constructed in such a way that it is useful to deal with the real world). Dawkins   also states that the nature of that model depends on the type of animal we are. According to that theory we could ask: Is not that very theory (the model of reality that Richard Dawkins exposes) just something useful that his brain (his body) needs in order to deal with the real world? So: Do brains reflect reality or create it? Does the survival of the system require ‘reality’ reflected cerebrally or just fantasy capable of triggering will to live? [See here my full article on Richard Dawkings still in Spanish].

Now I will try to convey what seem to be my own thoughts (the secretions of my own brain) about the mystery of the brain:

1.- “Brain” is, first of all, a word. Nothing else. Nothing less… It can also be said that it is the result of applying a certain system of cuts in the visual reality of the so-called ‘universe’. I see no brain beyond a certain mental software (if we use the metaphor of Hilary Putnam).

2.- We are always bewitched by language. To see the exit, if you want, you have to be able to feel that both “atom”, “neuron”, “brain” and “science” are words: artificial fruits of mental models: secretions of something ineffable that, given that I am now inside a phrase, I have no choice but to name it ‘brain’. In fact, it is posible that in a very close future a new model of “brain” might emerge. For example a model that affirms the identity between what we now name “brain” and what we now name “universe”.

3.- The logical ballerina “Brain” usually dances together with another: “Mind”. It is said that from the last third of the twentieth century the philosophy of the mind is acquiring a privileged place in what we call philosophical reflection. But the leading idelogy nowadays is the one which asserts the material dimension of the brain. [See “Matter”]. Okay. But every physical object, according to current Physics (M-Theory), is supposed to have eleven dimensions, not only three. Therefore,  the current models (the draws) of the brain are mutilated: the brain itself (even considered as a pure physical object) is impossible to draw. Impossible to see. Even impossible to imagine.

7.- The brain… I don’t really know what is that, but, if I close my eyes, I can feel it, ‘there’, like a huge magical, infinite whale. And I can also send it calm, silence, even love… That is something I do almost everyday. Believe me: After no more than one minute, that mysterious, unsayable ‘thing’ seems to be born again, ready to go on loving life, producing worlds if you want.  The question is: From where do I feel my own brain? Where really am I?

Enough. Let’s take Philosophy out of the dance room where the logical ballerina “Brain” needs to dance. That beautiful ballerina is part of a mighty dream: the dream of scientific materialism, which offers fabulous worlds, and fabulous expectations.

David López

Filósofos míticos del mítico siglo XX: Max Scheler

Max Scheler es un gran mito filosófico del siglo XX, que, a partir de los textos de que disponemos -mitos en definitiva-, se nos presenta como un agitado entramado de vida y de producción lingüística que influyó en muchas inteligencias y en muchos corazones (si es que cabe distinguir esas dos bailarinas lógicas). Uno de esos corazones fue de Karol Wojtyla, futuro papa, cuya segunda tesis doctoral (la que leyó en Cracovia) ofrecía un estudio sobre la relación entre Max Scheler y la ética cristiana. Karol Wojtyla leyó su primera tesis doctoral en Roma, la cual llevaba por título “La doctrina de la fé según San Juan de la Cruz”.

Se ha dicho a veces que el pensamiento de Scheler, aunque estimulante, original, rico y poderoso, adoleció de cierto desorden: demasiados temas tratados, demasiadas ideas, carentes de un adecuado hábitat sistémico.

Arthur Hübscher, en su obra Denker gegen den StormSchopenhauer: Gestern-Heute-Morgen [Pensador a contracorriente. Schopenhauer: ayer-hoy-mañana],( Bonn 1973), con ocasión de su defensa de la solidez de la metafísica schopenhaueriena, valora en Scheler el desasosiego de sus preguntas, de sus búsquedas, de sus luchas (p.265)

Heidegger pensó de Scheler que se trataba de la más poderosa fuerza filosófica [stärkste philosophische Kraft] no sólo en la Alemania, sino también en Europa y en la Filosofía de la época. Ortega y Gasset, por su parte, afirmó que Max Scheler era “el primer hombre del paraíso filosófico”. ¿Qué paraíso es ese? ¿Una tierra en la que la Filosofía fuera el quehacer fundamental de la condición humana? Quizás. Pero Scheler, que tuvo una vida complicada y desconcertante, puso el foco de su pensamiento en el sentimiento humano. Estaríamos, quizás, ante un paraíso de filósofos que, sobre todo, sienten; mucho. Una tierra de hombres que filosofarían a corazón abierto.

Una de las aportaciones filosóficas fundamentales de Max Scheler es su teoría de los valores (valores morales), los cuales serían objetivos, absolutos, independientes de toda “valoración subjetiva” y accesibles, no por el intelecto, sino por lo que él denominó emotionale Wertgefühl (algo así como “sensación emocional del valor”). Esa sería la vía de acceso -de “conocimiento”- de unos valores que están ahí, siempre, y que se organizan jerárquicamente (inmunes a todo relativismo y a todo subjetivismo).

Scheler pensó y escribió sobre muchos temas del mundo, pero creo que al final ubicó al ser humano -su “espíritu” en realidad- donde ya no hay mundo: un lugar/una nada, infinitamente “espiritual” frente a la que ocurriría todo lo “objetivo”. Creo que se estaría señalando el único “lugar” desde el que cabe amar: desde “fuera” del mundo, pero con un vínculo sagrado con esa objetividad (el “mundo”, y sus seres, sobre todo humanos). Dios, para el último Scheler, estaría inacabado, se estaría desarrollando -creciendo- con el ser humano y con el universo, todo a la vez, en un tiempo absoluto.

Dios, según Max Scheler, se estaría haciendo. Ahora.

¿Cómo será, la Cosa, lo que hay, el “Cosmos” si se quiere, cuando Dios esté ya hecho? ¿Alguien se atreve a acercar las alas de su imaginación a esa enormidad?

Algo sobre su vida y algo de bibliografía

Munic 1874/Frankfurt del Meno 1928. Madre judía ortodoxa y padre luterano. Ya en la adolescencia se siente Max Scheler atraído por el catolicismo, al parecer por la especial concepción del amor que ofrecería esta religión. Estudia en Munic y en Berlín: Medicina, Filosofía, Psicología y Sociología. Entre sus profesores están Dilthey, Simmel y Eucken. En 1897 obtiene su doctorado. En 1900 lee a Husserl, lo cual provoca una nueva orientación en su pensamiento. Scheler ya nunca abandonará el método fenomenológico, aunque lo utilizará de forma muy personal y alejada de los planteamientos de Husserl.

Aparte Husserl, le influyen poderosamente Kant, Nietzsche, Bergson y Pascal.

En 1905 es profesor en Jena. Tiene que abandonar su puesto por un escándalo, digamos, moral (o ético, según mi concepción [Véase]): Scheler tiene un affaire con la mujer de un colega (Eugen Diederichs). Otro escándalo le obliga a abandonar su puesto de docente en Munic. Se traslada a Gotinga y a Berlin. En 1911 inicia su desbordante productividad filosófica. En 1912 se separa de su mujer y se casa con Märit Furtwängler. No puede alistarse en la segunda guerra mundial por razones de salud.

Entre 1916 y 1922 colabora en la revista católica “Hochland”. Después de la guerra afirma que Europa necesita un socialismo solidario, o un solidarismo cristiano, que sería un punto intermedio entre el Occidente capitalista y el Oriente comunista.

En 1921 publica Vom Ewigen im Menschen (Sobre lo eterno en el hombre). Esta obra provoca un fugaz movimiento renovador dentro de la tradición católica. En 1922 da comienzo lo que algunos especialistas consideran como “segundo Scheler”. El punto de inflexión es su distanciamiento del catolicismo, hecho público desde su puesto docente en la universidad de Colonia. Scheler afirma estar ahora más cerca del spinozismo venerado en la época de Goethe (un spinozismo idealista/romántico en definitiva).

En 1924 Scheler se vuelve a separar de otra mujer. Los católicos le juzgan muy duramente.

1927. Scheler pronuncia una conferencia en la Schule der Weisheit del conde Hermann Keyserling. Es un foro al que acuden también Richard Wilhelm (el famoso traductor del I Ching) y su amigo C.G. Jung. Confluyó en la casa de aquel conde una descomunal energía psíquico-filosófica.

1928. Se publica Die Stellung des Menschen in Kosmos (La posición del hombre en el cosmos) a partir de la conferencia del año anterior.

El mismo año de la publicación de la citada obra (1928) murió Scheler en Frankfurt, al salir de casa, de forma inesperada. Dejó sin cumplir su proyecto de elaborar una antropología filosófica. Al parecer la quería tener terminada para 1929, y sería un desarrollo de las ideas anunciadas en La posición del hombre en el cosmos.

La muerte de Scheler causó un gran abatimiento en el mundo filosófico: muchos de los grandes hubieran querido seguir asistiendo a aquel espectacular estallido de poesía filosófica.

Obras completas de Scheler (quince tomos): Bouvier Verlag. Pueden adquirirse a través de la página web de esta editorial:

http://www.bouvier-verlag.de/

En español sugiero la lectura de las siguientes obras:

– Scheler, M., De lo eterno en el hombre (trad. Julián Mar), Encuentro, Madrid, 2007.

– Scheler, M., El puesto de hombre en el cosmos, (trad. José Gaos), Losada, Buenos Aires, 1938 (y sucesivas ediciones; hay una de 2003).

– Scheler, M., El puesto del hombre en el cosmos; la idea de la paz perpetua y el pacifismo (trad. Vicente Gómez), Alba Editorial, Barcelona, 2000.

– Suances Marcos, M. A., Max Scheler: principios de una ética personalista, Herder, Barcelona, 1986.

– Martín Santos, L., Max Scheler. Crítica de un resentimiento, Akal, Madrid, 1981.

Algunas de sus ideas

– Ética material a priori. Scheler rechaza el formalismo ético kantiano y reivindica la existencia de valores materiales, anteriores a la experiencia misma, no sometidos al método inductivo. Kant había ofrecido una especie de fórmula para medir el nivel de moralidad de un acto, pero sin contenido concreto. Scheler se atreve a afirmar que existen valores materiales, en sí, accesibles por la vía del sentimiento, no del pensamiento (o el intelecto puro). Esos valores se presentarían ante la conciencia con la misma legitimidad que las esencias de las que hablaba su admirado Husserl. Es importante tener presente que Scheler filosofó casi siempre desde la fenomenología husserliana. Así, según Scheler, los valores serían materiales: realidades objetivas y eternas que se presentan ante la conciencia humana, pero no afectadas por la lógica del intelecto. Aquí la influencia de Blaise Pascal es notable: habría un orden del corazón, una lógica del corazón, independiente de la lógica pura del intelecto. El ser humano sentiría los valores eternos y, además, los sentiría como jerarquizados. Estas ideas las publicó Scheler en el Jahrbuch de Husserl entre los años  1913-1916. La obra resultante lleva por título Der Formalismus in der Ethik und die materiale Wertethik [El formalismo en la ética y la ética material de los valores].

– La jerarquía de los valores materiales (también mostrada por Scheler en la obra citada en el punto anterior). Los valores, existentes en sí, eternos, objetivos, y accesibles al ser humano por la vía del sentimiento, estarían, según Scheler, jerarquizados. Y esa jerarquía sería también “sensible”, como hecho fenomenológico de nuestra conciencia. Ésta es la jerarquía que “siente”, al menos, Scheler:

1.- Valores sensibles [Sinnliche Werte]. Serían los básicos, los inferiores: se basan en las sensaciones de agrado/ desagrado, placer-dolor. En este primer nivel se valorará como bueno lo que produce agrado o placer. Sin más.

2.- Valores vitales [Lebenswerte]. Aquí se distinguirá entre “edel” y “gemein”. “Edel” es un vocablo alemán que cabe ser traducido como “noble”, “generoso”, “magnánimo”… “Gemein”, por su parte, puede traducirse como “vulgar”, “común”, “ordinario”, “bajo”, “sucio”…

3.- Valores espirituales [geistige Werte]. Justo/injusto; bello/feo; Verdadero/falso. Creo que estos valores a los que se refiere Max Scheler no son bien entendidos en español si “geistige” se traduce como “espirituales”. La palabra “Geist” en alemán no tiene un equivalente preciso en español. Quizás sería mejor hablar de valores “culturales”, “intelectuales” o, incluso, “sociales”. Esta idea la dejo muy provisional. Tengo que darle alguna vuelta más.

4.- Valores religiosos. Sagrado [heilige]/Profano [profane].

Según lo que se presenta en mi conciencia, veo que Scheler ha colocado demasiado abajo lo que él llama “valores vitales”. No creo que haya algo más elevado que la nobleza, la generosidad y la magnanimidad. De hecho, creo que se trata de valores que sólo pueden ser asumidos y ejercitados desde una extrema religiosidad que presupondría, por un lado, un distanciamiento del mundo (un no estar ya esclavizado por el esquema dolor-placer) y, por otro, un amor sin límite hacia propio mundo y hacia el ser humano que se objetiva en ese mundo (y hacia Dios mismo si se lo ubica -como hizo en último Scheler- como un estarse haciendo en el mundo y en el hombre). La nobleza, la generosidad y la magnanimidad implican la capacidad de asumir un sufrimiento [Véase “Tapas”] para el sostenimiento, para el embellecimiento, de un determinado cosmos amado. La nobleza es grandeza. Y amor. No otra cosa es lo religioso. Creo.

Creo no obstante que lo que Scheler ofrece en su jerarquía de valores es, en realidad, una jerarquía de placeres. Los valores pueden ser entendidos como guías hacia algo, como principios rectores de la conducta: si quieres…, debes… Son siempre imperativos hipotéticos, en el sentido kantiano. La jerarquía de Scheler está mostrando que hay placeres superiores a otros. El placer de lo sagrado sería el más grande: un placer que desbordaría quizás las necesidades egoístas de placer.

El placer que proporciona la nobleza, a mi juicio, sería el placer de los dioses (de los dioses creadores): capaces de desplegar una generosidad sin límite en sus mundos amados, dejándose la vida entera en ellos si es necesario, sabiéndose en realidad “exteriores” a sus mundos, pero capaces de encarnarse en ellos por amor puro y duro. Yo creo que esa es la única forma noble de vivir nuestras vidas (noble y sabio son palabras equivalentes en, por ejemplo, el Tao Te Ching y el I Ching).

– La persona. Scheler intentó construir una antropología filosófica: una metafísica, por así decirlo, que mostrara la completitud de lo humano, no sólo algunas de sus partes (como harían, por ejemplo, la Anatomía, la Biología, la Psicología o, incluso, la propia Física). Scheler falleció relativamente joven y este proyecto quedó inacabado. En el mismo año de su fallecimiento publicó Scheler una obra –La posición del hombre en el mundo [Die Stellung des Menschen in Kosmos]- cuyas ideas ya había expuesto en la Schule der Weisheit del conde Hermann Keyserling. Esta obra crucial de Scheler empieza así:

“Si se le pregunta a un europeo culto qué entiende con la palabra “ser humano”, aparecen casi siempre en su cabeza tres círculos de ideas [Ideenkreise] en recíproca tensión y no unificables”.

Esos tres círculos serían: 1.- La tradición judeocristiana (Creación, paraíso y caída). 2.- La tradición de la antigua Grecia (el hombre tomaría conciencia de sí mismo y, por poseer el atributo de la razón,  tendría una posición especial en el mundo). 3.- La ciencia moderna (el hombre sería un producto del planeta, un ser que solo diferiría en complejidad de los demás seres de la naturaleza).

Y dice Scheler que tenemos una antropología teológica, una filosófica y una científica [naturwissentschafliche], pero que “no tenemos una idea unitaria del ser humano”. Y eso es lo que él va a ensayar en su obra La posición del hombre en el cosmos. ¿Cuál va a ser finalmente esa posición? ¿Cuál será la mejor idea de ser humano”? La posición en el cosmos, será, paradójicamente, “frente” [gegenüber] al cosmos. Fuera del mundo, mirando al mundo. Y eso que está fuera será el espíritu, el espíritu individual de cada ser humano. Dice Scheler que el hombre puede quedar libre del vínculo con la vida y con lo que le pertenece, que es un ser espiritual que, en realidad, no está atado a impulsos y al ambiente. El ser humano, en su pureza, se abriría por tanto al mundo, desde fuera… Recuerdo ahora el concepto de “conciencia testigo” que, según Mircea Eliade, sería la más valiosa aportación de la sabiduría de la India antigua. En definitiva, y según Scheler, el hombre sería persona en cuando sujeto espiritual, pero como individuo concreto. Sería un sujeto espiritual, individual, que utiliza el cuerpo para vivir en la vida, porque sin eso no tendría vida.

– La “ascesis mundana”. Quiso Scheler encontrar el “quid” que diferenciaría al ser humano de los demás seres. Ese “quid” estaría en su capacidad de decir no a los condicionamientos biológicos y ambientales que pueden convertirle -al ser humano-en cosa sin más. El ser humano, según Scheler, puede controlar los instintos, puede conquistar la plena libertad y el poder de su voluntad. Cabría decirle a Scheler que un perro bien educado también controla sus instintos (no coger chuletas de la mesa del comedor, por ejemplo). Pero quizás Scheler replicaría afirmando que el hombre es un animal capaz de reprimirse a sí mismo, desde la autoconciencia y desde la libertad. Y que puede -podemos- construir un mundo ideal con la energía latente en los impulsos reprimidos: esto, según Scheler, nos permitiría ir hacia el “espíritu” y habitar en él (en nuestro verdadero ser, en realidad). Creo que aquí debemos tener de nuevo presente el concepto “Tapas” de la filosofía/teología de la tradición védica [Véase aquí].

-Sociología del saber. Scheler deslumbró con algunas intuiciones sociológicas. A mi juicio, la más impactante es la que muestra que la ciencia moderna fue posible tras la mortificación de la naturaleza realizada por el cristianismo. El mundo material, sin alma, queda ahí, inerte, a disposición de las miradas y los utensilios de los científicos.

– Dios. Scheler se convirtió al catolicismo, por amor al amor, hemos de suponer, pero más tarde abandonó esta fe y la sustituyó por visiones más cercanas a Spinoza y a Nietzsche. Su obra Vom Ewigen im Menschen [Lo eterno en el hombre] -1921- provocó algo así como un movimiento de renovación ideológica dentro del catolicismo. Scheler partió de la obviedad de que existe algo en lugar de nada. Y afirmó seguidamente que hay un ser absoluto que es libre, que es omnipotente y que es sagrado. Más tarde Scheler se referirá a un Dios en desarrollo, inacabado, haciéndose en el hombre y en el cosmos (un cierto panteísmo que podría recordarnos a Bergson).

Algunas reflexiones mías

– En mi opinión, el ser humano sí está, siempre, en el “cosmos”, pero sólo como palabra, como concepto si se quiere. En realidad las palabras “ser humano” y “cosmos” están en el mismo “cosmos lingüístico”… en la misma frase, como acabamos de ver. Nosotros -tú lector, y yo- no somos “seres humanos”. Lo que somos en realidad ni siquiera está “fuera” del cosmos. Sería lo contrario: el cosmos está dentro de nosotros: es un constructo lingüístico que permite vivir un sueño. “Hombre” y “Cosmos” son palabras apresadas en la misma frase.

– Dentro de ese sueño, si es que aceptamos la libertad, parece que cabría actuar según unos valores morales (éticos diría yo). Un sí y un no. Así sí, así no. Hay cosas que se hacen, y otras que no. La moral kantiana ofrecía dos imperativos categóricos. Uno era algo así como que actuemos de forma que la máxima de nuestra conducta pueda convertirse en ley universal. El otro, menos conocido, pero para mí más valioso, sugería que actuáramos teniendo al ser humano siempre como fin y no como medio. Scheler creyó que cabría rellenar esa forma kantiana, que cabía una ética material. Ya lo hemos visto. Yo voy a sacralizar el valor que en alemán se nombra con la palabra “edel” y que podemos traducir como “nobleza”, “magnanimidad”, “generosidad”. Para practicar “edel” hay que estar ya desligado del mundo, pero, a la vez, enamorado del mundo; de forma que se asumen sufrimientos -mundanos- al servicio del “embellecimiento” -la “sublimación”- del mundo que se ama. Y entiendo por mundo -o “cosmos” si se quiere- una determinada articulación del infinito, una estructura vital hechizada bajo un cielo de ideas platónico: un Matrix concreto, si se quiere recordar la famosa película de los hermanos Wackowski. La nobleza sería actuar al servicio de un cielo concreto, de un orden amado (de una Gran Obra de Arte), sin calibrar el dolor o sufrimiento que esa actuación puede provocar. Es el debes porque debes del Gita, y de Kant también, pero una vez asumido el vínculo -religioso- con una determinada creación; con un mundo; con una Obra de Arte.

– Desde el mundo en el que vibran mis sentimientos, los valores nobles serían dos: respeto al ser humano (a ese constructo mental, a esa objetividad onírica pero crucial) y respeto a la “naturaleza” (asumiendo que vivo bajo un modelo de “naturaleza” idílico, estético: no amaría en absoluto un planeta que, de forma “natural”, se convirtiera en una esfera de serpientes entrelazadas, por muy naturales que fueran… el ecologismo es una forma de romanticismo, es una devoción poética de la que yo participo encantado… nunca mejor dicho).

Nobleza. El valor de los valores. Es curioso: hay “algo” que premia el ejercicio de este valor. Se podría decir incluso que el infierno ocurre simultáneamente a la pérdida de la nobleza. Ser mezquino y estar en el infierno serían hechos simultáneos. El mundo -cualquier mundo- se arrebata de belleza cuando se es capaz de amarlo, desde fuera, más allá del dualismo placer/dolor. Con nobleza.

Es como si el noble (el grande, el generoso, el magnánimo) se hiciera partícipe de la propia Creación. Y se sacrificara -entero- por ella. Por puro amor a los seres que palpitan en esa Creación (pensemos, por ejemplo, en los niños… que somos nosotros mismos en otro punto de ese Élan Vital del que habló Bergson). Y por puro amor también a ese ser -prodigioso, delicuescente- que aparece como su “yo” en el mundo.

Scheler quiso definir eso que sea el “hombre”. No tuvo vida suficiente para escribir su antropología filosófica: un retrato final, completo, de ese prodigio cotidiano con el que convivimos. Yo intenté dar significado a la palabra “Ser humano” [aquí]. Ahora creo que un rasgo determinante de ese “ser” es su capacidad de sobrecogerse, de fascinarse, de sentir una especie de dolor sublimado; y también de provocarlo. El ser humano sería quizás definible como un momento metafísico -y delicadísimo- del despliegue del Ser. Un “momento” capaz de sobrecogerse a sí mismo -y de sobrecoger a los demás- así:

Vídeo de María Callas Casta Diva. (Se entra directamente por el título subrayado).

Vuelvo a plantear la pregunta con la que acababa la introducción a este texto. Simplemente quiero compartir el inefable estremecimiento que me produce. Era ésta:

Dios, según Max Scheler, se estaría haciendo. Ahora.

¿Cómo será, la Cosa, lo que hay, el “Cosmos” si se quiere, cuando Dios esté ya hecho? ¿Alguien se atreve a acercar las alas de su imaginación a esa enormidad?

David López