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Diccionario filosófico: “Máquina”

 

 

En las Navidades de 2009 fui a Londres con mi hija Lucía. Allí tomé las primeras notas para un futuro ensayo sobre la metafísica de las máquinas. Mi intención era, y sigue siendo, visualizar el modelo de totalidad que presupone el hecho mismo de que hablemos de “máquinas”.

Creo, además, que se acercan tiempos que van a exigir un nuevo Logos respecto de lo que ahora se presenta como un dualismo hombre-máquina: un nuevo Logos al servicio de la ilusión y de la vida; en general.

Londres. La ciudad en la que Francis Bacon soñó un edén tecnológico para el ser humano. Es Francis Bacon quien aparece retratado, con 18 años, en el cielo de este texto.

Aquel invierno de 2009 Londres estaba casi blanco. Sereno. Bellísimo. Vibrante de pasado y de futuro. También lo estaba mi querida hija, que, con sus 13 años, no paraba de tomar fotos en rincones herrumbrosos del metro, o en muros medievales en los que vibraba el musgo artificial de grafitis con talento.

Entramos en la Royal Academy of Arts. Había una exposición de esculturas de Epsein. Y allí estaba el famoso “Trípode”: una especie de ametralladora antropo-mimética que producía espanto maravillado.

Aquella noche, en casa de unos amigos, asistimos a un despliegue de tecno-magia interactiva en el universo Apple: todo artefactos amables, suaves al tacto, capaces de coordinarse entre sí para ofrecernos casi infinitos contenidos de conciencia: música, películas, Youtube… todo configurándose en una enorme pantalla casi mental que, en ocasiones, también reflejaba el fabuloso espectáculo de los tejados de Chelsea y los edificios del Támesis.

Nada que ver con el trípode de Epsein. Nada que ver con las “máquinas” hostilísimas de la triología “Matrix”.

“Máquina”.

¿Qué significado otorga la Real Academia Española a este vocablo? Reproduzco el primero de la lista:

Máquina (Del lat. machĭna, y este del gr. dórico μαχανά).

1. f. Artificio para aprovechar, dirigir o regular la acción de una fuerza.

Estamos en Filosofía y nos tenemos que abismar en preguntas así:  ¿Qué modelo del todo es necesario sostener -y respirar- para hablar siquiera de esas determinadas partes de lo real? ¿Hacen los hombres las máquinas? ¿Cabe construir máquinas fuera de las leyes de la naturaleza? ¿Pero alguien conoce las leyes de la naturaleza? ¿Tienen “alma” las máquinas o son meramente “materiales”? ¿Y qué es la “Materia”? ¿Tiene alma la Materia?

Hace algunos años impartí cursos de Filosofía apoyándome en la trilogía “Matrix”. Fue una experiencia muy vivificante y creo que pudimos acceder a privilegiadas visualizaciones de modelos metafísicos que solo se presentan en textos generalmente abstrusos. Creo que en esos cursos también pudimos sentir que el universal “máquina” quedaba desdibujado; y que se nos abría un mundo donde todo -todo modelo de universales- parecía posible. “Free your mind”, le decía Morpheo a Neo. ¿Y qué será eso de “liberar la mente”? ¿Sacarla de las “maquinarias cósmicas” que fabrica el lenguaje?

También Francis Bacon, cuyo retrato sobrevuela estas notas, quiso liberar las “mentes”. A él se le considera el profeta de la civilización tecnológica: un edén de hombres y de materia algoritmizada al servicio de la plenitud humana: un “i-Kosmos” amable, suave al tacto, divertido, colectivista, gentil.

La idea fundamental que intentaré exponer en este texto (en este esbozo de texto) es la siguiente: vivimos (en cuanto “seres humanos”) en una máquina: vivimos en un Cósmos que se mueve, artificialmente, en función de una estructura de ideas [Véase “Idea“]. En realidad esto es lo que estaría sosteniendo el mecanicismo materialista: todo se mueve, ordenadamente, mecánicamente, según unas leyes naturales inmutables (que quizás puedan englobarse en una sola).

Pero el mecanicismo materialista no contempla que esa máquina pueda ser modificada, como por arte de magia: valdría con modificar la estructura ideológica de la maquinaria cósmica para que aflorara -como por arte de magia- otra maquinaria entera: otro universo en “nuestra” conciencia, que es donde opera toda máquina.

También sospecho que vivimos en una maquina gramatical. Vak -la diosa védica de la Palabra- sería la voz de una máquina prodigiosa; pero que cabe desactivar, simplemente, apretando -desde “dentro”- el botón de la Meditación [Véase]. Y -desde “fuera”- el de la Gracia [Véase].

Antes de ocuparme con algo más de detalle de esta intuición, creo que puede sernos útil hacer el siguiente recorrido:

1.- Aristóteles. El primer motor. El mundo entero se mueve por atracción hacia ese Dios inmóvil, bellísimo, gélido. El mundo entero es una maquinaria enamorada, movilizada por ese imán metafísico. Ineludible.

2.- Francis Bacon. La Nueva Atlántida. El ser humano, agrupado en sociedades científicas, puede crear un nuevo mundo. Pero tiene que observar la naturaleza con la mente liberada de prejuicios, de “falsos ídolos”. “Un hombre que conozca las formas puede descubrir y obtener efectos jamás conseguidos con anterioridad; efectos que las mutaciones naturales, el azar o la experiencia y laboriosidad de los hombres nunca produjeron y que tampoco habría podido prever la mente humana”. “¡Cuántas cosas son todavía posibles!” cantó Nietzsche. Bacon vio en la “Materia” (lo que no es “hombre” ni “Dios”) posibilidades de Creación casi infinitas: de Creación, ni más ni menos, de nuevas esencias: nuevas “Ideas” podríamos decir: nuevos pobladores de ese Kosmos Noetós que Platón -y Schopenhauer- creyeron inmutable.

3.- Heidegger.  La pregunta por la técnica. El técnico en realidad no hace nada, lo hace, por así decirlo, el Ser a través de él. El error estaría en admitir un dualismo que reduciría la naturaleza a “objeto”, a “rex extensa”, a cosa ahí, muerta, dispuesta a ser invadida y usada por un ser humano “externo”.

4.- Nishitani (Religion and Nothingness). Efectos del dualismo materialista-cartesiano implícito en la visión moderna de la tecnología: “[…] el hombre queda rodeado de un mundo frío y sin vida. Inevitablemente, cada ego individual pasa a ser una isla solitaria, aunque bien fortificada, flotando en un mar de materia muerta. […] la corriente de vida que fluía nutriendo las raíces del hombre y de las cosas se secó”. La cita la he sacado de esta obra: Mónica Cavallé: “La sabiduría de la no-dualidad”, Kairós, Barcelona, 2000.

5.- Juan David García Bacca. Este filósofo tiene una obra cuyo título es Elogio a la Técnica (Antrophos). En el siguiente enlace de internet se puede acceder, gratuitamente, a su obra “Ciencia, Técnica, Historia y Filosofía”:   http://www.garciabacca.com/bibliode.html. García Bacca fue un enamorado de la técnica. Y de la Poesía. Creo que es lo mismo. [Véase “Poesía” y “Materia“]. La máquina canaliza, dirige, una fuerza. La Poesía también. Y fabrica mundos enteros en nuestra conciencia.

Con las palabras construimos mundos: maquinarias que canalizan la Fuerza. ¿Qué Fuerza es esa? ¿De quién es? Es la fuerza de la Ilusión.

Voy a exponer a continuación algunas ideas sueltas, meros esbozos por el momento:

1.- Repito las intuiciones fundamentales que adelanté al comienzo de este texto: vivimos (en cuanto “seres humanos”) en una máquina: vivimos en un Cosmos que se mueve, artificialmente, en función de una estructura de ideas [Véase “Idea”]. En realidad esto es lo que estaría sosteniendo el mecanicismo materialista: todo se mueve, ordenadamente, mecánicamente, según unas leyes naturales inmutables (que quizás puedan englobarse en una sola). Pero este modelo no contempla que esa máquina pueda ser modificada, como por arte de magia: valdría con modificar la estructura ideológica de la maquinaria cósmica para que aflorara -como por arte de magia- otra maquinaria entera: otro universo. También sospecho que vivimos en una maquina gramatical. Vak -la diosa védica de la Palabra- sería la voz de una máquina prodigiosa; pero que cabe desactivar, simplemente, apretando el botón de la Meditación. O el de la Gracia. Eso ya desde “fuera”.

2.- El Hatha-Yoga es una tecnología que permite al “hombre” (por decir algo) transformar su cuerpo y su mente (y el mundo entero por tanto) en su propia máquina sagrada.

3.- Puede que el universo entero, y cualquier universo (cualquier cosmos bailando cualquier música ideológica) sean máquinas en manos de algo que quizás el vedanta denominaría Brahman: el gran soñador: el gran constructor de máquinas-Maya. Todo mundo (toda forma de finitización en el infinito de “nuestra” conciencia”) sería la canalización de una Ilusión. La Ilusión de “Dios”. O de la “Tiniebla” [Véase “Luz”].

4.- Desde el monismo metafísico -el vedanta advaita entre otros- todo lo que hay (coches incluidos) es algo así como una vibración en el alma única que lo penetra todo. Una máquina, cualquier máquina (si es que seguimos manteniendo ese universal), tendría el mismo grado de espiritualidad que el corazón de un niño y el mismo frescor natural que el pétalo de una rosa o un anillo de Saturno. ¿Podemos soportar esta visión? Yo no. Por el momento. Pero quizás haya que abrir la mente a nuevas bailarinas: nuevos hechizos para seguir viviendo (para seguir subyugados por una ilusión). No otra cosa es vivir.

5.- Hay un tipo de máquina que me fascina especialmente. Es una especie de exo-esqueleto humano que llamamos “coches”. Mi hobby más secreto es comprar revistas de coches, o contemplarlos por internet. Lo que me subyuga es su tensión estética: el hecho de que vayan modificándose sus formas, como si a través de ellos se estuviera desplegando una “evolución de las especies” filtrada, aparentemente, por el cerebro tecnológico y creativo de los seres humanos. Lo sorprendente es que esa evolución no se detiene y que lo nuevo siempre parece encontrar un misterioso beneplácito estético en la colectividad implicada en ese mercado. Vicente Verdú en su obra Capitalismo funeral se lamenta de que pudieran estar irrumpiendo coches que no serían “coches-coches”: nuevas esencias, como dijo Francis Bacon. Nuevas esencias demasiado “light”. Pero todo Génesis implica un Apocalipsis. Ese es el gran baile de Maya. La Gran Bailarina. Tormentas incesantes en el Kosmos Noetos de Platón.

En Londres, aquel invierno de 2009, los musgos de los muros y de los adoquines, las estatuas de Epsein, los edificios de Forster, las aguas del Támesis, el i-world de mis amigos, los preciosos ojos de mi hija Lucía y la tinta de mis notas construyeron, en mi conciencia, en mi pecho, una maquinaria poética que cuidaré, que puliré, mientras viva: un mundo custodiable.

Recordemos la primera definición de la palabra “Máquina” que nos ofrece la Real Academia Española:

1. f. Artificio para aprovechar, dirigir o regular la acción de una fuerza.

Creo que en realidad, eso que llamamos mundo, es una maquina sagrada, un artificio, una Creación, que permite dirigir -aprovechar, regular- la acción de una fuerza desmesurada.

David López

Sotosalbos, 7 de marzo de 2011.

Las bailarinas lógicas/ Un diccionario filosófico: “Globalización”

 

“Globalización”. Una bailarina nueva (dice ella ser): una bailarina que lleva las fragancias del final del siglo veinte. ¿Estamos ante una palabra necesaria para nombrar un fenómeno insólito en la historia de eso que sea la “Humanidad”? ¿O, como dijo, al parecer, Martin Wolf en el Financial Times “la mundialización revela, si no un mito, al menos un abuso del lenguaje”)?

Pero, ¿hay algo -desde un punto de vista metafísico- que no sea un mito (un hechizo lingüístico)?

La cita de Martin Wolf la he obtenido de Wikipedia-Francés. Se podría quizás afirmar que Wikipedia es una de las manifestaciones más paradigmáticas de la globalización. Por eso me ha parecido oportuno acudir a cuatro relevantes rincones de esa galaxia semántica (español, francés, inglés y alemán) para buscar el origen de nuestra bailarina. Pero Wikipedia, paradójicamente, no ha globalizado sus criterios en las distintas lenguas en las que se expresa.

En Wikipedia-español se ubica la génesis del fenómeno en 1989, coincidiendo con la caída del muro de Berlín y la afirmación, por parte de Francis Fukuyama, de que se había llegado al fin de la Historia; esto es: a un sistema de democracia liberal-capitalista modelizado por USA. También se cita a Marshall  Mac Luhan (que habría hablado de “Aldea Global” en 1961) y a Rüdiger Safranski (que habría considerado el surgimiento de una comunidad mundial de aterrorizados a partir de las bombas atómicas que se lanzaron sobre Japón en 1945). [Véase aquí mi artículo sobre Rüdiger Safranski].

En Wikipedia-francés se utiliza el término “mondialisation” y se ofrecen interesantes ideas sobre la oportunidad de este término. Con titubeos, parecen también ubicar la génesis de nuestra bailarina en la ocurrencia de Mac Luhan: la “Aldea global” (1961).

En Wikipedia-inglés (el idioma de la globalización) se hace referencia al Oxford English Diccionary, el cual dice que nuestra bailarina nació en un ensayo titulado “Towards new education” (1952).

Y, por último, en Wikipedia-alemán se afirma que la palabra globalización –Globalisierung– apareció por primera vez en 1961 en un léxico inglés; pero que, antes de que apareciera esa palabra, ya se había discutido mucho antes sobre el concepto. Así, Jaspers, en su escrito Die geistige Situation der Zeit (1932) [La situación espiritual del momento]  utilizó el término “Planetarisch” para referirse a la relevancia que estaban adquiriendo la economía y la tecnología en esos primeros años del siglo XX.

Esto es un diccionario filosófico, un intentó de levantar con las manos de nuestra inteligencia el cuerpo de las bailarinas lógicas, ponerlas al trasluz, y, desde el respeto y la fascinación, ver sus transparencias, su hechizante nada.

Antes de exponer mis ideas sobre la globalización, creo que puede ser muy útil ocuparse de los siguientes autores y temas:

1.- Joseph E. Stieglizt: Globalization and its Discontents (2002). Edición española: El malestar en la globalización (Taurus, Madrid, 2002). Stiegliz obtuvo el premio Nobel de Economía en 2001, fue asesor económico de Clinton y vicepresidente senior del Banco Mundial. No podemos no escucharle. Bueno, ni a él ni a nadie. Somos filósofos, no “sabios” con el cosmos ya “entendido”. Stieglizt dice en esta obra cosas así: 1.- Algunas decisivas instituciones transnacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional se están convirtiendo en simples herramientas al servicio de poderosísimos intereses financieros (que deberían velar por el equilibrio económico y luchar por la igualdad, pero que están destrozando la economía de la mayoría de los países); 2.- La globalización es el efecto que en la humanidad están teniendo las nuevas tecnologías de la información, sobre todo internet: miles de millones de contactos entre seres humanos recorriendo el planeta a velocidad de vértigo, como si fueran neuronas en un cerebro (y por esos espacios se mueve el dinero con una ferocidad infinita); 3.- Se están alcanzando niveles terribles de pobreza, la alarma es absoluta; 4.- Los inicios del FMI y del BM fueron más o menos buenos, pero en los ochenta un brote de ideología neoliberal llevó la economía de mercado al tercer mundo, con resultados desastrosos (“los boxeadores son muy duros”); 5.- El FMI y el BM están gestionados por personas que representan gigantescos intereses finacieros (“corazones de hielo y temple de golf”).

2.- Noam Chomsky [Véase aquí]. Su obra sobre las estructuras de la sintaxis, publicada en 1957, nos obligaría a sostener que todos los seres humanos nacen ya globalizados, pues compartirían una especie de sistema operativo-lingüístico común: un cosmos, en definitiva. No obstante, Noam Chomsky es un enérgico activista que lucha por la globalización de sus ideas: derechos humanos, libertad, etc. (algo similar hizo Voltaire en el siglo XVIII desde su atalaya de Suiza). En España se publicó, bajo el inelegante título “Cómo nos venden la moto” (Icaria),  un ensayo muy interesante de Noam Chomsky (“El control de los medios de comunicación”) junto a otro de Ignacio Ramonet (“Pensamiento único y nuevos amos del mundo”). Noam Chomsky afirma en esta obra: “La propaganda es a la democracia lo que la cachiporra al estado totalitario”. Ignacio Ramonet, por su parte, nos dice cosas así: 1.- El pensamiento único es el de la rentabilidad, que comparten, por cierto, los medios de comunicación (y es el que legitima la bulimia de los monstruos finacieros que se están comiendo el planeta); 2.- Al finales del siglo XX el poder se movió, ya no está en manos de los políticos, sino en las de los monstruos de las finanzas y en las de los medios de comunicación (creadores de “realidad”); 3.- Y cita palabras de Butros Butros Ghali, antiguo secretario general de la ONU: “La realidad del poder mundial escapa con mucho a los estados. Tanto es así que la globalización implica la emergencia de nuevos poderes que trasciende las estructuras estatales”. ¿No habrá poderes todavía más “transcendentes” y, por tanto, decisivos en la configuración de la realdidad social? Estamos en Filosofía, no lo olvidemos: no podemos comprimir nuestra mirada en exceso.

3.- Samuel Huntington: The clash of civilizations and the remaking of world order (Simon & Schuster, Nueva York, 1996). Edición española: El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial (Paidós, Barcelona, 1997). Se trata de uno de los libros más polémicos del final del inefable siglo XX. Yo tardé en decidirme a leer esta obra, por prejuicios ideológicos (si los juicios son temerarios, los prejuicios son un suicidio intelectual). Ideas básicas que yo encontré en El choque de civilizaciones: 1.- La civilización “occidental” (demócrata-liberal) está en decadencia y no debe seguir intentando su globalización; 2.- Sí habría una esencia de lo “occidental”, dentro de la cual el cristianismo sería un elemento fundamental; 3.- Consejo concreto: “El curso prudente para Occidente no es intentar detener el cambio en el poder, sino aprender a navegar entre escollos, soportar las miserias, moderar sus empresas y salvaguardar su cultura”; 4.- Idea nuclear: “El multiculturalismo dentro del país amenaza a los USA y a Occidente; el universalismo fuera de él amenaza a Occidente y al mundo”; 5.- Otra idea, que hay que escuchar, como todas: un debate, respetuoso, entre civilizaciones que no se quieren cambiar unas a otras, que no se juzgan: una unión contra la barbarie. ¿Qué es la “barbarie”? ¿La antítesis del respeto? Kant consideró el respeto como la más alta de las virtudes humanas.

4.- Un libro interesante -y teológicamente sorprendente- sobre el tema que nos ocupa es Capitalismo funeral,  de Vicente Verdú (Anagrama). La crítica que hice  para Cuadernos hispanoamericanos puede leerse [Aquí]

Éstas son mis sensaciones:

1.- Las ideas, las mercancías, los dioses, los sistemas políticos, los vínculos emocionales (también el odio y la indiferencia) presuponen una matriz antropo-socio-lógica (cosmo-lógica en realidad). La globalización es absoluta, en mi opinión -en mi “sensación más radical”- y, además, no cabe salida. Dios no puede huir de sí mismo. Se podría decir incluso que no hay “conexión” entre partes de la sociedad humana -o de la materia cósmica en general-, porque para que haya conexión debe existir previamente un conjunto de elementos aislados, susceptibles de ser o no “conectados”. El debate sobre si la globalización es o no conveniente presupone un modelo de totalidad atomista-newtoniano (una fría fantasía por tanto). Creo que, si somos intelectualmente serios, no podemos abstraer lo social de lo material, y lo material, hoy, como vimos en “Física” [Véase], arde de magia [Véase].

2.- El tema de la “globalización”, como tantos otros, debe ser estudiado desde la “Apara-vidya” [Véase]. Hay una serie de presupuestos, metafísicamente insostenibles, que hay que aceptar para poder seguir debatiendo: 1.- Que el ser humano es libre para canalizar la Historia; 2.- Que es también libre y suficientemente “lúcido” para saber, más o menos, qué está pasando en el momento histórico en el que vive; 3.- Que sus ideas, sus pensamientos, son suyos, y que pueden tener relevancia en la estructura de ideas que vertebran las conciencias humanas en cuya red está colgado eso que en esas conciencias se presenta como “mundo”.

3.- Considero que, en el tema de la “globalización”, el concepto de “idea” es crucial [Véase “Idea“]. En realidad, asistimos a una lucha entre bailarinas lógicas por conquistar el cielo lógico de nuestra conciencia. Intentaré explicarme. Según Platón, vivimos bajo una especie de cielo de ideas, las cuales sirven de arquetipos para las cosas, imperfectas siempre, de este mundo. Un demiurgo -un artesano- ha creado este mundo usando esas ideas/modelo. Lo que veo es una fabulosa batalla para alcanzar ese cielo y poblarlo de ideas: ideas a las que se quisiera otorgar el poder de configurar nuestro cosmos social: la “Humanidad”. Así, por ejemplo, Noam Chomsky lucha para llenar ese cielo colectivo con ideas como “democracia”, “libertad humana”, “laicismo” o “derechos humanos”. Otros, como los grupos islamistas, quieren transmutar ese cielo en un Corán. Muchos cristianos, por su parte, quieren que ese cielo crucial -el cielo de la conciencia humana- sea rellenado por el mensaje de Cristo, tal y como ellos, en concreto, lo interpretan. Muchos grupos “anti-globalización” luchan para que no se “globalicen” ideas (o formas de vivir, de poseer, etc ) que a ellos no les gustan.

4.- ¿Cabría aspirar a un pacto sobre la estructura del cielo; del cielo “lógico”, quiero decir: sobre las ideas básicas que vetebrarían una ilusión común para las conciencias de todos los seres humanos que se reconocen como tales en este universo? Quizás sí: por puro instinto de supervivencia. Quizás, efectivamente, nos acerquemos a un planeta-estado [Véase “Estado“]. Yo, desde luego, haré todo lo posible para que en ese estado casi esférico al ser humano individual se le deje ser filósofo: se le deje actualizar toda la potencia de sus ojos y de su corazón.  Y una idea que yo propongo para ese cielo común: el respeto. Casi por encima del amor.  El respeto es la sacralización del otro, de lo otro.

5.- Los físicos sueñan con una teoría -un fórmula matemática- que muestre la hiper-globalización de un orden inmutable en todos los rincones de lo que hay (incluidas las sociedades humanas y su Historia). Yo, por el contrario, sueño -y siento- una globalización absoluta de la no-legaliformidad, de la libertad, de la creatividad, de la Magia.

6.- Ya lo he afirmado en otros lugares. A mí aquí me huele a sudor de bailarina lógica, a hechizos, a Inmensidad. A mí aquí me huele a algo descomunal que podría quizás llamar “Dios” si esta palabra no designara un concepto demasiado “lógico”, “cosmizado”… “globalizado”.

7.- Cabría decir también que la “globalización” es una fuerza de esquematización, de finitización, de parcelación de las miradas de los miembros de la Humanidad. Toda globalización, en realidad, como antes apuntaba, quiere aquietar (cerrar) el cielo (las ideas). Dicho de otra forma: toda globalización quiere que se afiance un sistema de universales [Véase “Universales“].

8.- Una última reflexión. Creo que la decisiva. Si, como dicen algunos científicos -y muchos filósofos-, eso que entiendo yo como “mundo” es algo que crea mi cerebro a partir de un material exterior que me es incognoscible, si eso es así,  puedo afirmar que ese mundo está globalizado en mí: que lleva mi olor, mi luz, mi dolor, mi ilusión. Según lo anterior, un largo paseo por lo que mi cerebro me dice que es una montaña, me podría proporcionar un estado, digamos, “químico”, una “luz”, que afectaría al mundo entero: a mi mundo entero. Se podría decir que no hay un mundo humano en sí -o que, al menos, no es pensable desde nuestro cerebro-. Vivimos en ese mundo virtual al que se refiere el biólogo Richard Dawkins (o, dicho quizás desde las perspectivas de Humberto Maturana, vivimos en esa realidad que genera para “nosotros” nuestro “sistema viviente”). En conclusión (provisional), el mundo siempre está globalizado porque en él se despliega nuestra química cerebral, afectada por lo que ingerimos, por lo que respiramos, por la música que escuchamos, por la televisión que vemos, o incluso por la piel de otro ser humano que nos esté tocando y amando desde esa zona inimaginable que está más allá de nuestro cerebro. Y más aún: ese mundo del que hablamos, que sentimos, con sus políticos y sus convulsiones financieras, también estará globalizado dentro de nosotros en virtud de las ideas que hayan tomado nuestro cielo.

Concluyo este texto, siempre de forma provisional, haciéndome estas preguntas:

¿Cómo será, en sí, el mundo donde vivimos, más allá del constructo que realiza nuestra mente?

¿No será que no vivimos en ningún “mundo”, sino que vibramos dentro de la infinita imaginación de algo que podríamos llamar “Dios”?

David López

Sotosalbos, a 10 de enero de 2011.

Nueva crítica literaria

                        

        Vicente Verdú: Capitalismo funeral, Anagrama, Barcelona, 2009.

        La crítica que he realizado de esta obra apareció publicada en la edición de mayo de Cuadernos Hispanoamericanos (Agencia Estatal de Colaboración Internacional). También se puede leer entrando aquí: Vicente Verdú, el Apocalisis y el templo de Facebook.pdf

        El resto de mis críticas se pueden leer en la página “Críticas literarias”, o directamente desde aquí: https://www.davidlopez.info/?page_id=173.