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Las bailarinas lógicas: “Cerebro”

“Cerebro”. Se supone que es el órgano crucial pero también imaginario de esta escultura de Rodin. Como realidad física y tangible, el cerebro es el objeto más sofisticado y deslumbrante del universo conocido. Yo tengo uno de esos objetos dentro de mí. Y tú, por el hecho mismo de que estás leyendo estas palabras, tienes otro. Otro de esos increíbles diamantes vivos. ¿Somos dueños de semejante joya o, por el contrario, somos propiedad de ella? 

“Cerebro”. El propósito de este diccionario filosófico no es dar significados a las palabras, no es limitar su semántica, sino calibrar su habilidad para generar hechizos: su fuerza para configurar los contenidos de la conciencia. Lo mundos.

Entremos ahora en un fabuloso laberinto de espejos. Primer paso: ¿Quién -o qué- quiere estudiar, ver, considerar, medir, modelar, etc., el llamado “cerebro humano”? ¿Quién -o qué- quiere crear en su propio cerebro una imagen, una idea, un atlas, de su propio cerebro? ¿Puede el cerebro ser objeto y sujeto de conocimiento al mismo tiempo? 

Fue leyendo a Schopenhauer cuando me sorprendió por primera vez la “paradoja del cerebro”. Se puede enunciar así: el cerebro, como una cosa entre las cosas, es parte del mundo (como los árboles o los caracoles o los coches o los anillos de Saturno o las estrellas). Visto de esa manera, como un corte concreto en la totalidad del impacto visual del mundo, aparece como algo tridimensional, diminuto, vulnerable; y también como algo creado (e implacablemente sometido por las leyes de la Naturaleza). Pero, por otro lado, según Schopenhauer (que era un amante de la filosofía de Kant), es precisamente dentro del cerebro, y solo allí, donde ocurre eso que llamamos “mundo” y por lo tanto también eso que llamamos “cerebro”. 

Si no filosofamos (si no somos conscientes de nuestro pensamiento), no nos daremos cuenta de que estamos identificando lo que las conexiones neuronales de nuestro cerebro pueden construir y también denominar “cerebro”, con ‘eso’ que se supone que rodea al cerebro mismo: el ‘mundo exterior’, incluyendo, por supuesto, la materia misma del propio cerebro. Las teorías de un neurofisiólogo actual (si aceptamos y seguimos esas mismas teorías) son fenómenos dentro del cosmos interno, eléctrico y viscoso, de sus propias galaxias de neuronas. Se podría decir, a partir del materialismo científico actual, que el cerebro es una de las cosas que se pueden contemplar dentro del cerebro si el cerebro funciona correctamente (dentro de esa caja mágica también puede suceder una brisa de otoño capaz de erizar la piel de la memoria). 

A partir de ese materialismo también se puede decir que seremos más conocedores del cerebro a medida que nos acerquemos a un cierto camino de conexiones neuronales, a una cierta forma, o baile si se quiere, de la materia que constituye nuestro cerebro: aquella que propicie una representación adecuada de lo que es el cerebro en sí mismo, si es que tal cosa existe. ¿Cómo sería tal “cosa”?

Vamos a intentar vislumbrar qué podría haber detrás de la palabra “cerebro”. Hagámoslo con los ojos infinitos de la diosa Filosofía, la cual, según la neurociencia actual, sería solo una actividad cerebral (la actividad cerebral que se modela, que se mira a sí misma… ¿Desde dónde?). 

La palabra “cerebro” (esa poderosa bailarina lógica) nos dará una maravillosa oportunidad para filosofar seriamente: sin pereza, con un coraje extremo, listos para nadar en el océano del infinito, de lo insoportable incluso (pero insoportable, a veces, por su extrema belleza). Comienza el gran éxtasis intelectual de la Filosofía. Realmente creo que nuestro filosofar puede recibir una lluvia extremadamente fértil si observamos lo que se dice sobre el cerebro a partir de los modelos actuales de neurofisiología (a partir de estas configuraciones determinadas de la química de nuestro cerebro, si aceptamos esos mismos modelos). 

Pero, ¿qué dicen esos modelos al día de la fecha? 

Hasta donde yo voy sabiendo, se dice que el cerebro (el cerebro humano en concreto) es una parte del cuerpo humano, un órgano que se considera el centro del sistema nervioso. Contiene miles de millones de células de un tipo especial: las llamadas “neuronas”, que, sorprendentemente, se conectan entre sí -o no- creando -o no- asociaciones (digamos sociedades… ¿Civilizaciones?). He leído que las neuronas pueden cooperar en sociedades de millones de miembros y que aún está por ser desvelado el misterio de cómo funciona realmente esa cooperación. También se dice que el tejido cerebral produce energía, electricidad de hecho (como una pequeña central nuclear orgánica), electricidad que, si muchas neuronas trabajan juntas, puede ser lo suficientemente potente como para salir del cráneo (la caja del cerebro) y ser detectable en el exterior. Ese órgano, esa ‘máquina’ crucial [Véase “Máquina”], se puede comparar con una computadora. En realidad, algunos modelos actuales de neurociencia usan esa comparación para mejorar la comprensión de su objeto de estudio. Y lo hacen sobre la base de que el cerebro es un centro de percepción y procesamiento de datos. El alcance de dicha percepción, según lo que parece comúnmente aceptado en la ciencia actual, es enorme: luz, sonido, composición química de la atmósfera, temperatura, orientación de la cabeza, posición de las extremidades, composición química del torrente sanguíneo… O eso es lo que luego se dice a sí mismo el cerebro que ha “percibido”.

Sigamos… El hipotálamo, que es una parte del cerebro, puede incluso controlar el nivel de sodio, el nivel de glucosa y el nivel de oxígeno en la sangre, y, según esos datos, enviar mensajes a la glándula pituitaria, la cual reacciona introduciendo hormonas en el torrente sanguíneo que son capaces de modificar la actividad celular. 

También se dice que el aprendizaje y la memoria son actividades centrales del cerebro. Santiago Ramón y Cajal podría haber explicado tales capacidades argumentando que se trataba de cambios en las conexiones sinápticas entre las neuronas. Dicha teoría podría haber comenzado a ser comúnmente aceptada por una serie de investigaciones iniciadas por un artículo de Tim Bliss y Terje Lømo publicado en 1966 en Journal of Physiology. El descubrimiento clave de ese artículo fue la llamada “Potenciación a largo plazo”: el fortalecimiento de la sinapsis entre las neuronas causada por la actividad reciente. También existe lo contrario: la “Depresión a largo plazo”. Ambos fenómenos podrían ser una prueba de lo que ahora se llama “plasticidad sináptica”, teoría que afirma que las conexiones entre las neuronas pueden fortalecerse o debilitarse según su actividad durante un período de tiempo. Miles de millones de neuronas capaces, dispuestas a conectarse entre sí… 

¿Qué puede ocurrir si se produce una conexión total? ¿El cerebro (ese enorme misterio) sería completamente consciente de sí mismo? La Filosofía, vista desde los modelos actuales de neurofisiología, podría describirse como una bellísima bomba de pensamientos conscientes, colocada dentro de esas galaxias de neuronas para desencadenar su conexión extática final: la plasticidad sináptica infinita. 

Los modelos científicos que acabo de esbozar son el marco teorético de algunos proyectos sorprendentes que me gustaría mencionar (y agradecer también): 

https://www.humanbrainproject.eu/en/. Aquí encontrarás la siguiente pregunta: “¿Te imaginas que un cerebro y su funcionamiento se replicaran en una computadora?” 

https://alleninstitute.org/what-we-do/brain-science/. En la página web de este instituto (que fue fundado por Paul Allen, uno de los creadores de Microsoft junto con Bill Gates), se dice lo siguiente: “El cerebro humano es la pieza más compleja de materia organizada en el universo conocido. Utilizamos nuestro singular enfoque para descubrir sus misterios y compartir recursos valiosos con la comunidad global de neurocientíficos “. 

La vanguardia científica de nuestra civilización está ahora fascinada con los cerebros: con esas complejas piezas de materia organizada. Y es que dentro de esas joyas cósmicas podría estar la clave de todo. 

Neurociencia. Filosofía. Veamos lo que dicen los siguientes pensadores individuales (cerebros individuales) sobre el cerebro: 

1.- Schopenhauer. La paradoja del cerebro. Volvamos a eso: el cerebro, como cosa entre cosas del universo físico, está en el espacio, pero el espacio (el continente, la ‘caja’ del universo físico) está solo en el cerebro (Pararega y Paralipomena II, p. 48, de acuerdo con la edición clásica de Arthur Hübscher, revisada por su esposa Angelika y publicada en Mannheim en 1988). El sistema filosófico de Schopenhauer supera tal paradoja ubicando el cerebro físico como parte del mundo creado, como una especie de herramienta utilizada por nuestro yo más profundo para contemplar nuestra propia creación. 

2.- Humberto Maturana. Biología de la cognición (Informe de investigación del laboratorio de computación biológica BCL 9.0. Urbana IL: Universidad de Illinois, 1970). Maturana es uno de los tres creadores del concepto “autopoiesis”, el cual se refiere a la supuesta capacidad de autogeneración y autogestión de los llamados “sistemas vivientes” (se dice que los otros dos creadores de dicho concepto son Francisco Varela y Ricardo B. Uribe). El cerebro: Maturana dice que la rana no puede ver a todos los animales (no ve los que son especialmente grandes y lentos). La actividad del cerebro (lo que es ‘realidad’ dentro de él) sería el resultado de las demandas del sistema vivo que lo nutre. La realidad es fabricada por los “sistemas vivientes”. ¿Es también esa misma teoría generada en el cerebro de Maturana algo que sirve solo para nutrir el “sistema viviente” que lo posee? ¿Cómo puede ser cierta esa teoría si es generada por un cerebro biológicamente esclavizado? Merece ser leído el estudio esquemático sobre el pensamiento de Humberto Maturana ofrecido por John Lechte en este trabajo: Fifty Key Contemporary Thinkers: From Structuralism to Postmodernity (Routledge, London 1994). Hay una edición en español: 50 pensadores contemporáneos esenciales, traducción de Carmen García Trevijano, Cátedra, Madrid 2010.

3.- El funcionalismo computacional de Hilary Putnam [Véase aquí, todavía solo en español] como solución para el problema mente/cerebro: la mente es el software; el cerebro es el hardware. La crítica de John Searle: “la habitación china” (Minds, Brains and Science, Harmondsworth, Londres 1984) [Edición española: Mentes, cerebros y ciencia, Cátedra, Madrid 1994]. Searle afirma que una computadora puede comportarse como si entendiera chino, pero no sería nunca una mente porque no puede pensar, ser consciente, de su propio comportamiento. Este pensador centra sus críticas exclusivamente en las computadoras digitales. Pero, ¿qué tipo de máquinas están todavía por ser creadas? [Véase “Máquina”]. Schopenhauer ya consideraba el cerebro humano como nuestra creación artificial más sofisticada. Porque en realidad no seríamos “seres humanos”. Los seres humanos serían en realidad nuestra creación.

4.- Antonio Damasio [Véase aquí, todavía solo en español]. Merece ser leída su obra El error de Descartes. Ese error fue creer que las operaciones más refinadas de la mente están separadas de la estructura y el funcionamiento del organismo biológico. El cerebro y el resto del cuerpo constituyen un organismo inseparable compuesto por circuitos bioquímicos y neuronales que se relacionan con el medio ambiente en su conjunto, y de esa interacción surge la actividad mental. Entonces… ¿Nuestro cerebro tiene el tamaño de todo el universo físico? ¿Pensamos con todo eso? ¿Es nuestro pensamiento fruto de todo eso? ¿Lo es también nuestro ‘yo pensado’?

5.- Richard Dawkins: The God delusion [El espejismo  de Dios]. En este libro hay un epígrafe que lleva por título “La madre de todos los burkas”. Dawkins afirma que lo que vemos del mundo real no es el mundo real, sino un modelo del mundo real, regulado y ajustado por datos sensoriales (un modelo que está construido de tal manera que es útil para relacionarse con el mundo real). Dawkins también afirma que la naturaleza de ese modelo depende del tipo de animal que somos. De acuerdo con esa teoría, podríamos preguntarnos: ¿No es esa misma teoría (el modelo de realidad que Richard Dawkins expone) simplemente algo útil que su cerebro (su cuerpo) necesita para lidiar con ese monstruoso misterio que parece ser el mundo real, pero real de verdad? Entonces: ¿Los cerebros reflejan la realidad o la crean? ¿La supervivencia del sistema requiere una ‘realidad’ reflejada en el cerebro o simplemente una fantasía capaz de desencadenar la voluntad de vivir? [Véase aquí mi artículo completo sobre Richard Dawkings todavía solo en español]. 

Ahora intentaré transmitir lo que parecen ser mis propios pensamientos (las secreciones de mi propio cerebro, o del universo entero a través de él) sobre el misterio del cerebro: 

1.- “Cerebro” es, en primer lugar, una palabra, un símbolo. Nada más. Y nada menos… También se puede decir que es el resultado de aplicar un determinado sistema de cortes en la realidad visual del llamado “universo” [Véase “Universales”]. No puedo ver ningún cerebro más allá de cierto software mental (si usamos la metáfora de Hilary Putnam).

2.- El lenguaje siempre nos hechiza. Para ser consciente de ese hechizo hay que pensar que tanto “átomo” como “neurona” o “cerebro” o “ciencia” son palabras: frutos artificiales de modelos mentales: secreciones de algo inefable que ahora no tengo más remedio que llamar “cerebro”. De hecho, es posible que en un futuro muy cercano surja un nuevo modelo de cerebro. Por ejemplo, un modelo que afirme la identidad absoluta entre lo que ahora llamamos “cerebro” y lo que ahora llamamos “universo”.

3.- La bailarina lógica “Cerebro” generalmente baila junto con otra: “Mente”. Se dice que desde el último tercio del siglo XX la filosofía de la mente está adquiriendo un lugar privilegiado en lo que llamamos reflexión filosófica. Pero hoy en día, la ideología predominante es la que afirma la dimensión material del cerebro. El problema (la maravilla) es que que cada objeto físico (el cerebro incluido), según la Física actual (Teoría M), tiene once dimensiones, no tres. Por lo tanto, los modelos (los dibujos) actuales del cerebro están mutilados: el cerebro en sí, incluso considerado como un objeto físico puro, es imposible de dibujar. Imposible de ver. Impossible de imaginar siquiera.

4.- El cerebro… Realmente no sé qué es eso, pero si cierro mi ojos, puedo sentirlo, ‘ahí’, como una enorme ballena mágica, infinita. Dentro de mí. Y yo dentro de ella. Es imposible, pero es así… Y también puedo enviarle calma, y silencio, e incluso amor, a ese ser.  Es  algo que hago casi todos los días. Créeme: después de no más de un minuto, ese ser parece nacer de nuevo, listo para seguir amando la vida, listo para seguir produciendo mundos. La pregunta es: ¿Desde dónde siento mi propio cerebro? ¿Dónde estoy yo realmente? 

Es suficiente. Saquemos a la diosa Filosofía del salón donde la bailarina lógica “Cerebro” necesita bailar. Esa preciosa bailarina es parte de un gran sueño: el sueño del materialismo científico, que ofrece mundos fabulosos. Y expectativas fabulosas también. 

David López

The logical ballerinas: “Brain”

“Brain”. It is supposed to be the crucial but also imaginary organ of this sculpture of Rodin. As physical, tangible reality, the brain is the most sophisticated and dazzling object of the known universe. I have one of those inside me. And you, by the very fact that you are reading these words, have another one. Another one of such amazing living diamonds. Do we own such a jewel or are we owned by it? 

“Brain”. The purpose of this philosophical dictionary is not to give meanings to words, is not to confine their semantics, but to calibrate their spell ability: their strength to configure contents of consciousness. Worlds.

Let’s go now into a fabulous labyrinth of mirrors. One first step: Who or what wants to study, to see, to consider, to measure, to modelize, etc., the so called “human brain”? Who or what wants to create in its own brain an image, an idea, an atlas, of its own brain? Can the brain be object and subject of knowledge at the same time?

It was reading Schopenhauer when I was dazzled for the first time by what is called “brain paradox”. It can be stated as follows: the brain, as a thing between things, is part of the world (like trees or snails or cars or stars). Seen like this, as a concrete cut of the visual impact of the world, it appears as something three-dimensional, tiny, vulnerable, and apparently created, configured and also pitiless submitted by the laws of Nature.

But, on the other hand, according to Schopenhauer (who was a lover of Kant´s Philosophy), it is precisely inside the brain, and only there, where occurs that what we call “world”. 

If we do not philosophize  (if we are not conscious of our thinking) we will not notice that we are identifying that what the neural connections of our brain are able to build and call “Brain”, with ‘that’ that is supposed to be surrounding the brain itself: the ‘outer world’, including it it, of course, the very matter of the brain itself and of the whole body itself. The theories of a neurophysiologist (if we accept and follow those same theories) are phenomena within the electrical and viscous inner-cosmos of their own galaxies of neurones. That inner-cosmos would be the habitat of the models of brain of a neurophysiologist.

It could be said, from the current scientistic materialism, that the brain is one of the things that can be contemplated inside the brain if the brain works properly (inside that magic box can also happen an Autumn breeze that bristles the skin of memory). And from that materialism it can also be said that we will be more cognizant of the brain the closer we get to a certain neuronal conexions-path, to a certain form, or dance if you want, in the matter of our brain: the precise one that propitiates a suitable representation of what is the brain in itself.

Let’s look at what is behind the word “brain”. Let’s do it with the infinite eyes of the Goddess Philosophy, which, according to neuroscience, is just a cerebral activity (the cerebral activity modelling itself, looking at itself… From where?).  The word “brain” (that powerful logical ballerina) is going to give us a wonderful opportunity to philosophize seriously: without laziness, with extreme courage, ready to swim in the ocean of the infinite, of the unbearable even (but unbearable, sometimes, because of its extreme beauty).

The great intellectual ecstasy of Philosophy begins. I truly believe that our philosophizing can receive an extremely fertile rain if we look at what is said about the brain from the current models of neurophysiology  (from these determined configurations of the chemistry of our brain, if we accept those very models). 

But, what do those models say? 

I will focus on the human brain. As far as I know, it is said that the brain is a concrete part of the human body, an organ which is considered the centre of the nervous system. It contains billions of a special type of cells called “neurones”, which, amazingly, connect with each other, or not, creating, or not, clusters of connexions, or associations (let’s say societies). I have read that the neurones can cooperate in societies of millions of members and that it is still uncovered the mystery of the way that cooperation really works. It is also said that the brain tissue produces energy, electricity indeed (like a small, organic nuclear power station), which, if many neurones work together, can be powerful enough to get out of the skull (the box of the brain) and be measured outside. That organ, that crucial ‘machine’ [See “Machine”], is comprable with a computer. Actually, some current models of neuroscience use that comparison to improve their insight of the brain. And they do it on the grounds that the brain is a centre of perception and processing of data. The scope of such perception, as far as it is commonly accepted in today’s science, is quite amazing: light, sound, chemical composition of the atmosphere, temperature, head orientation, limb position, chemical composition of the bloodstream… The hypothalamus, which is one part of the brain, can even check the sodium level, the glucose level and the blood oxygen level, and send some of those outputs to the pituitary gland, which reacts introducing hormones into the bloodstream that are capable of changing cellular activity.

It is also said that learning and memory are core activities of the brain. Santiago Ramon y Cajal might have explain such capacities arguing that they were just changes in the synaptic connexions between neurones. Such theory could have started to be fully proved by a stream of investigations triggered by a paper of Tim Bliss and Terje Lømo published in 1966 in Journal of Physiology. The key discovery of that paper was the so-called “long-term potentiation”: the strengthening of the synapsis between neurones caused by recent activity. There is also the opposite: the “long-term depression”. Both phenomena might be showing what is now called “synaptic plasticity”, which implies that the connexions between neurones can strengthen or weaken depending on their activity during a period of time. Thousands of millions of neurones capable, willing to connect among each other… What might occur if that total connexion takes place? The brain (that huge mystery) being completely conscious of itself? Philosophy, viewed from the current models of neurophysiology, could be described as a bomb of conscious thoughts set inside those galaxies of neurones in order to trigger its final, ecstatic connexion: the infinite synaptic plasticity.

The scientific models of reality I have just shown are the framework of some amazing projects that I would like to mention (and to thank too): 

  • https://alleninstitute.org/what-we-do/brain-science/ . On the webpage of this institute (which was founded by Paul Allen, one of the founders of Microsoft along with Bill Gates) we are said what follows: “The human brain is the most complex piece of organized matter in the known universe. We use our singular approach to uncover its mysteries and share valuable resources with the global community of neuroscientists”.

Our civilization is now fascinated with the human brains: with those complex pieces of organized matter. Inside those cosmic jewels might be the key of everything.

Neuroscience. Philosophy. Let’s see what the following individual thinkers (individual brains) say about the brain:

1.- Schopenhauer. The paradox of the brain. Let’s go back to it:  the brain, as thing of the physical universe, is in space, but space (the continent, the ‘box’ of the physical universe) is only in the brain (Pararega and Paralipomena II, p. 48, according to the classic edition of Arthur Hübscher, revised by his wife Angelika, and published in Mannheim in 1988). The philosophical system of Schopenhauer overcomes such paradox placing the physical brain as part of the created world, as a kind of tool used by our deepest I in order to contemplate our own creation.   

2.- Humberto Maturana. Biology of Cognition (Biological Computer Laboratory Research Report BCL 9.0. Urbana IL: University of Illinois, 1970). Maturana is one of the three creators of the concept “autopoiesis”, which refers to the alleged capacity of self-generating and self-maintaining of the so-called “living systems” (It is said that the other two creators of such concept are Francisco Varela and Ricardo B. Uribe). The brain: Maturana says the frog can not see all the animals (it does not see those that are especially large and slow). The activity of the brain is the result of the demands of the living system that nourishes it. Reality is made by living systems. Is it also the very theory that generates the brain of Maturana something (let’s say bio-artificial) that nurtures the living system that owes him? How can that theory be true if it is generated by a biologically enslaved brain whose sole purpose is to nourish something called “living system”? It deserves to be read the schematic study on the thought of Humberto Maturana offered by John Lechte in this work: Fifty Key Contemporary Thinkers: From Structuralism to Postmodernity (Routledge, London 1994).

3.- The computational functionalism of Hilary Putnam [See here, still in Spanish] as solution for the mind/brain problem: the mind is the software; the brain is the hardware. The criticism of John Searle in his paper “The Chinese room argument” (“Minds, Brains, and Programs”, Behavioral and Brain Sciences, 1980): a computer can behave as if it understood Chinese, but it would nevertheless not be a mind, because it can not think, be conscious, of its own behaviour. Searle does focus its criticism on digital computers. But, what kind of machines are still to be created? Schopenhauer already considered the brain as our most sophisticated artificial creation. Because, indeed, we would not be “human beings”…

4.- Antonio Damasio [See here, still in Spanish]: The error of Descartes. That error was to believe that the most refined operations of the mind are separated from the structure and functioning of the biological organism. The brain and the rest of the body constitute an inseparable organism composed of biochemical and neural regulatory circuits that relate to the environment as a whole, and mental activity arises from that interaction. So…  Does our brain have the size of the whole physical universe? Do we think with all that?

5.- Richard Dawkins: The God delusion, 2006. In this book there is an epigraph that takes by title “The mother of all the burkas”. From the groove of his own burqa, and always through the kaleidoscopic lens of scientist materialism, Dawkins states that what we see of the real world is not the real world, but a model of the real world, regulated and adjusted by sense data (a model that is constructed in such a way that it is useful to deal with the real world). Dawkins   also states that the nature of that model depends on the type of animal we are. According to that theory we could ask: Is not that very theory (the model of reality that Richard Dawkins exposes) just something useful that his brain (his body) needs in order to deal with the real world? So: Do brains reflect reality or create it? Does the survival of the system require ‘reality’ reflected cerebrally or just fantasy capable of triggering will to live? [See here my full article on Richard Dawkings still in Spanish].

Now I will try to convey what seem to be my own thoughts (the secretions of my own brain) about the mystery of the brain:

1.- “Brain” is, first of all, a word. Nothing else. Nothing less… It can also be said that it is the result of applying a certain system of cuts in the visual reality of the so-called ‘universe’. I see no brain beyond a certain mental software (if we use the metaphor of Hilary Putnam).

2.- We are always bewitched by language. To see the exit, if you want, you have to be able to feel that both “atom”, “neuron”, “brain” and “science” are words: artificial fruits of mental models: secretions of something ineffable that, given that I am now inside a phrase, I have no choice but to name it ‘brain’. In fact, it is posible that in a very close future a new model of “brain” might emerge. For example a model that affirms the identity between what we now name “brain” and what we now name “universe”.

3.- The logical ballerina “Brain” usually dances together with another: “Mind”. It is said that from the last third of the twentieth century the philosophy of the mind is acquiring a privileged place in what we call philosophical reflection. But the leading idelogy nowadays is the one which asserts the material dimension of the brain. [See “Matter”]. Okay. But every physical object, according to current Physics (M-Theory), is supposed to have eleven dimensions, not only three. Therefore,  the current models (the draws) of the brain are mutilated: the brain itself (even considered as a pure physical object) is impossible to draw. Impossible to see. Even impossible to imagine.

7.- The brain… I don’t really know what is that, but, if I close my eyes, I can feel it, ‘there’, like a huge magical, infinite whale. And I can also send it calm, silence, even love… That is something I do almost everyday. Believe me: After no more than one minute, that mysterious, unsayable ‘thing’ seems to be born again, ready to go on loving life, producing worlds if you want.  The question is: From where do I feel my own brain? Where really am I?

Enough. Let’s take Philosophy out of the dance room where the logical ballerina “Brain” needs to dance. That beautiful ballerina is part of a mighty dream: the dream of scientific materialism, which offers fabulous worlds, and fabulous expectations.

David López

Las bailarinas lógicas: “Globalización”

“Globalización”. Una bailarina nueva (dice ella ser): una bailarina que lleva las fragancias del final del siglo veinte. ¿Estamos ante una palabra necesaria para nombrar un fenómeno insólito en la historia de eso que sea la “Humanidad”? ¿O, como dijo, al parecer, Martin Wolf en el Financial Times “la mundialización revela, si no un mito, al menos un abuso del lenguaje”)?

Pero, ¿hay algo -desde un punto de vista metafísico- que no sea un mito (un hechizo lingüístico)?

La cita de Martin Wolf la he obtenido de Wikipedia-Francés. Se podría quizás afirmar que Wikipedia es una de las manifestaciones más paradigmáticas de la globalización. Por eso me ha parecido oportuno acudir a cuatro relevantes rincones de esa galaxia semántica (español, francés, inglés y alemán) para buscar el origen de nuestra bailarina. Pero Wikipedia, paradójicamente, no ha globalizado sus criterios en las distintas lenguas en las que se expresa.

En Wikipedia-español se ubica la génesis del fenómeno en 1989, coincidiendo con la caída del muro de Berlín y la afirmación, por parte de Francis Fukuyama, de que se había llegado al fin de la Historia; esto es: a un sistema de democracia liberal-capitalista modelizado por USA. También se cita a Marshall  Mac Luhan (que habría hablado de “Aldea Global” en 1961) y a Rüdiger Safranski (que habría considerado el surgimiento de una comunidad mundial de aterrorizados a partir de las bombas atómicas que se lanzaron sobre Japón en 1945). [Véase aquí mi artículo sobre Rüdiger Safranski].

En Wikipedia-francés se utiliza el término “mondialisation” y se ofrecen interesantes ideas sobre la oportunidad de este término. Con titubeos, parecen también ubicar la génesis de nuestra bailarina en la ocurrencia de Mac Luhan: la “Aldea global” (1961).

En Wikipedia-inglés (el idioma de la globalización) se hace referencia al Oxford English Diccionary, el cual dice que nuestra bailarina nació en un ensayo titulado “Towards new education” (1952).

Y, por último, en Wikipedia-alemán se afirma que la palabra globalización –Globalisierung– apareció por primera vez en 1961 en un léxico inglés; pero que, antes de que apareciera esa palabra, ya se había discutido mucho antes sobre el concepto. Así, Jaspers, en su escrito Die geistige Situation der Zeit (1932) [La situación espiritual del momento]  utilizó el término “Planetarisch” para referirse a la relevancia que estaban adquiriendo la economía y la tecnología en esos primeros años del siglo XX.

Esto es un diccionario filosófico, un intentó de levantar con las manos de nuestra inteligencia el cuerpo de las bailarinas lógicas, ponerlas al trasluz, y, desde el respeto y la fascinación, ver sus transparencias, su hechizante nada.

Antes de exponer mis ideas sobre la globalización, creo que puede ser muy útil ocuparse de los siguientes autores y temas:

1.- Joseph E. Stieglizt: Globalization and its Discontents (2002). Edición española: El malestar en la globalización (Taurus, Madrid, 2002). Stiegliz obtuvo el premio Nobel de Economía en 2001, fue asesor económico de Clinton y vicepresidente senior del Banco Mundial. No podemos no escucharle. Bueno, ni a él ni a nadie. Somos filósofos, no “sabios” con el cosmos ya “entendido”. Stieglizt dice en esta obra cosas así: 1.- Algunas decisivas instituciones transnacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional se están convirtiendo en simples herramientas al servicio de poderosísimos intereses financieros (que deberían velar por el equilibrio económico y luchar por la igualdad, pero que están destrozando la economía de la mayoría de los países); 2.- La globalización es el efecto que en la humanidad están teniendo las nuevas tecnologías de la información, sobre todo internet: miles de millones de contactos entre seres humanos recorriendo el planeta a velocidad de vértigo, como si fueran neuronas en un cerebro (y por esos espacios se mueve el dinero con una ferocidad infinita); 3.- Se están alcanzando niveles terribles de pobreza, la alarma es absoluta; 4.- Los inicios del FMI y del BM fueron más o menos buenos, pero en los ochenta un brote de ideología neoliberal llevó la economía de mercado al tercer mundo, con resultados desastrosos (“los boxeadores son muy duros”); 5.- El FMI y el BM están gestionados por personas que representan gigantescos intereses finacieros (“corazones de hielo y temple de golf”).

2.- Noam Chomsky [Véase aquí]. Su obra sobre las estructuras de la sintaxis, publicada en 1957, nos obligaría a sostener que todos los seres humanos nacen ya globalizados, pues compartirían una especie de sistema operativo-lingüístico común: un cosmos, en definitiva. No obstante, Noam Chomsky es un enérgico activista que lucha por la globalización de sus ideas: derechos humanos, libertad, etc. (algo similar hizo Voltaire en el siglo XVIII desde su atalaya de Suiza). En España se publicó, bajo el inelegante título “Cómo nos venden la moto” (Icaria),  un ensayo muy interesante de Noam Chomsky (“El control de los medios de comunicación”) junto a otro de Ignacio Ramonet (“Pensamiento único y nuevos amos del mundo”). Noam Chomsky afirma en esta obra: “La propaganda es a la democracia lo que la cachiporra al estado totalitario”. Ignacio Ramonet, por su parte, nos dice cosas así: 1.- El pensamiento único es el de la rentabilidad, que comparten, por cierto, los medios de comunicación (y es el que legitima la bulimia de los monstruos finacieros que se están comiendo el planeta); 2.- Al finales del siglo XX el poder se movió, ya no está en manos de los políticos, sino en las de los monstruos de las finanzas y en las de los medios de comunicación (creadores de “realidad”); 3.- Y cita palabras de Butros Butros Ghali, antiguo secretario general de la ONU: “La realidad del poder mundial escapa con mucho a los estados. Tanto es así que la globalización implica la emergencia de nuevos poderes que trasciende las estructuras estatales”. ¿No habrá poderes todavía más “transcendentes” y, por tanto, decisivos en la configuración de la realdidad social? Estamos en Filosofía, no lo olvidemos: no podemos comprimir nuestra mirada en exceso.

3.- Samuel Huntington: The clash of civilizations and the remaking of world order (Simon & Schuster, Nueva York, 1996). Edición española: El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial (Paidós, Barcelona, 1997). Se trata de uno de los libros más polémicos del final del inefable siglo XX. Yo tardé en decidirme a leer esta obra, por prejuicios ideológicos (si los juicios son temerarios, los prejuicios son un suicidio intelectual). Ideas básicas que yo encontré en El choque de civilizaciones: 1.- La civilización “occidental” (demócrata-liberal) está en decadencia y no debe seguir intentando su globalización; 2.- Sí habría una esencia de lo “occidental”, dentro de la cual el cristianismo sería un elemento fundamental; 3.- Consejo concreto: “El curso prudente para Occidente no es intentar detener el cambio en el poder, sino aprender a navegar entre escollos, soportar las miserias, moderar sus empresas y salvaguardar su cultura”; 4.- Idea nuclear: “El multiculturalismo dentro del país amenaza a los USA y a Occidente; el universalismo fuera de él amenaza a Occidente y al mundo”; 5.- Otra idea, que hay que escuchar, como todas: un debate, respetuoso, entre civilizaciones que no se quieren cambiar unas a otras, que no se juzgan: una unión contra la barbarie. ¿Qué es la “barbarie”? ¿La antítesis del respeto? Kant consideró el respeto como la más alta de las virtudes humanas.

4.- Un libro interesante -y teológicamente sorprendente- sobre el tema que nos ocupa es Capitalismo funeral,  de Vicente Verdú (Anagrama). La crítica que hice  para Cuadernos hispanoamericanos puede leerse [Aquí]

Éstas son mis sensaciones:

1.- Las ideas, las mercancías, los dioses, los sistemas políticos, los vínculos emocionales (también el odio y la indiferencia) presuponen una matriz antropo-socio-lógica (cosmo-lógica en realidad). La globalización es absoluta, en mi opinión -en mi “sensación más radical”- y, además, no cabe salida. Dios no puede huir de sí mismo. Se podría decir incluso que no hay “conexión” entre partes de la sociedad humana -o de la materia cósmica en general-, porque para que haya conexión debe existir previamente un conjunto de elementos aislados, susceptibles de ser o no “conectados”. El debate sobre si la globalización es o no conveniente presupone un modelo de totalidad atomista-newtoniano (una fría fantasía por tanto). Creo que, si somos intelectualmente serios, no podemos abstraer lo social de lo material, y lo material, hoy, como vimos en “Física” [Véase], arde de magia [Véase].

2.- El tema de la “globalización”, como tantos otros, debe ser estudiado desde la “Apara-vidya” [Véase]. Hay una serie de presupuestos, metafísicamente insostenibles, que hay que aceptar para poder seguir debatiendo: 1.- Que el ser humano es libre para canalizar la Historia; 2.- Que es también libre y suficientemente “lúcido” para saber, más o menos, qué está pasando en el momento histórico en el que vive; 3.- Que sus ideas, sus pensamientos, son suyos, y que pueden tener relevancia en la estructura de ideas que vertebran las conciencias humanas en cuya red está colgado eso que en esas conciencias se presenta como “mundo”.

3.- Considero que, en el tema de la “globalización”, el concepto de “idea” es crucial [Véase “Idea“]. En realidad, asistimos a una lucha entre bailarinas lógicas por conquistar el cielo lógico de nuestra conciencia. Intentaré explicarme. Según Platón, vivimos bajo una especie de cielo de ideas, las cuales sirven de arquetipos para las cosas, imperfectas siempre, de este mundo. Un demiurgo -un artesano- ha creado este mundo usando esas ideas/modelo. Lo que veo es una fabulosa batalla para alcanzar ese cielo y poblarlo de ideas: ideas a las que se quisiera otorgar el poder de configurar nuestro cosmos social: la “Humanidad”. Así, por ejemplo, Noam Chomsky lucha para llenar ese cielo colectivo con ideas como “democracia”, “libertad humana”, “laicismo” o “derechos humanos”. Otros, como los grupos islamistas, quieren transmutar ese cielo en un Corán. Muchos cristianos, por su parte, quieren que ese cielo crucial -el cielo de la conciencia humana- sea rellenado por el mensaje de Cristo, tal y como ellos, en concreto, lo interpretan. Muchos grupos “anti-globalización” luchan para que no se “globalicen” ideas (o formas de vivir, de poseer, etc ) que a ellos no les gustan.

4.- ¿Cabría aspirar a un pacto sobre la estructura del cielo; del cielo “lógico”, quiero decir: sobre las ideas básicas que vetebrarían una ilusión común para las conciencias de todos los seres humanos que se reconocen como tales en este universo? Quizás sí: por puro instinto de supervivencia. Quizás, efectivamente, nos acerquemos a un planeta-estado [Véase “Estado“]. Yo, desde luego, haré todo lo posible para que en ese estado casi esférico al ser humano individual se le deje ser filósofo: se le deje actualizar toda la potencia de sus ojos y de su corazón.  Y una idea que yo propongo para ese cielo común: el respeto. Casi por encima del amor.  El respeto es la sacralización del otro, de lo otro.

5.- Los físicos sueñan con una teoría -un fórmula matemática- que muestre la hiper-globalización de un orden inmutable en todos los rincones de lo que hay (incluidas las sociedades humanas y su Historia). Yo, por el contrario, sueño -y siento- una globalización absoluta de la no-legaliformidad, de la libertad, de la creatividad, de la Magia.

6.- Ya lo he afirmado en otros lugares. A mí aquí me huele a sudor de bailarina lógica, a hechizos, a Inmensidad. A mí aquí me huele a algo descomunal que podría quizás llamar “Dios” si esta palabra no designara un concepto demasiado “lógico”, “cosmizado”… “globalizado”.

7.- Cabría decir también que la “globalización” es una fuerza de esquematización, de finitización, de parcelación de las miradas de los miembros de la Humanidad. Toda globalización, en realidad, como antes apuntaba, quiere aquietar (cerrar) el cielo (las ideas). Dicho de otra forma: toda globalización quiere que se afiance un sistema de universales [Véase “Universales“].

8.- Una última reflexión. Creo que la decisiva. Si, como dicen algunos científicos -y muchos filósofos-, eso que entiendo yo como “mundo” es algo que crea mi cerebro a partir de un material exterior que me es incognoscible, si eso es así,  puedo afirmar que ese mundo está globalizado en mí: que lleva mi olor, mi luz, mi dolor, mi ilusión. Según lo anterior, un largo paseo por lo que mi cerebro me dice que es una montaña, me podría proporcionar un estado, digamos, “químico”, una “luz”, que afectaría al mundo entero: a mi mundo entero. Se podría decir que no hay un mundo humano en sí -o que, al menos, no es pensable desde nuestro cerebro-. Vivimos en ese mundo virtual al que se refiere el biólogo Richard Dawkins (o, dicho quizás desde las perspectivas de Humberto Maturana, vivimos en esa realidad que genera para “nosotros” nuestro “sistema viviente”). En conclusión (provisional), el mundo siempre está globalizado porque en él se despliega nuestra química cerebral, afectada por lo que ingerimos, por lo que respiramos, por la música que escuchamos, por la televisión que vemos, o incluso por la piel de otro ser humano que nos esté tocando y amando desde esa zona inimaginable que está más allá de nuestro cerebro. Y más aún: ese mundo del que hablamos, que sentimos, con sus políticos y sus convulsiones financieras, también estará globalizado dentro de nosotros en virtud de las ideas que hayan tomado nuestro cielo.

Concluyo este texto, siempre de forma provisional, haciéndome estas preguntas:

¿Cómo será, en sí, el mundo donde vivimos, más allá del constructo que realiza nuestra mente?

¿No será que no vivimos en ningún “mundo”, sino que vibramos dentro de la infinita imaginación de algo que podríamos llamar “Dios”?

David López

La bailarinas lógicas: “Empirismo”

“Empirismo”.

Existe un debate entre empiristas y racionalistas desde, al menos, eso que se denomina “la Antigüedad”, la Antigüedad griega en concreto. Los empiristas han creído, y siguen creyendo, que todo conocimiento proviene de los sentidos y que, además, debe ser verificado por esos mismos sentidos. Los racionalistas -al menos los que son considerados como tales en oposición a los empiristas puros- sospechan de la capacidad de los sentidos para acceder a lo real, hasta el punto de que algunos, como Platón, acusarán a esos sentidos de engañosos (carceleros).

Al ocuparnos de la palabra “cerebro” [Véase] tuvimos que considerar la hipótesis de que eso que suponemos que es nuestro cerebro no reciba lo que entendemos propiamente como realidad (“realidad exterior”), sino que, en cierto modo, la fabrique; eso sí: al servicio de algo “real” que, por ejemplo Humberto Maturana, denomina “sistema viviente”.

Antes de mostrar lo que experimento en mi conciencia cuando lo que supongo que es mi mente es tomado por la palabra “empirismo”, creo que puede ser muy útil hacer un recorrido por los siguientes temas:

1.- Aristóteles versus Platón. ¿Nacemos sabiéndolo todo ya… o no sabiendo nada en absoluto?

2.- Locke. A las ideas complejas no les corresponde nada real. Sólo hay una idea compleja que sí tiene equivalente en la realidad exterior a nuestro entendimiento: la idea de “substancia” (el soporte material de cualidades). Pero Locke admitió, sin darse cuenta, la existencia de otras muchas ideas complejas: la idea de que existen ideas simples y complejas; la idea de que existe un entendimiento -una mente- que capta realidades exteriores a la suya, etc.

3.- Berkeley. Estamos ante uno de los filósofos más brillantes que nos ofrece la narración canónica de la historia de la Filosofía occidental. Se propuso refutar a Locke con esta obviedad (obviedad al menos entre los empiristas): sólo existe percepción, nada más. No podemos ir más allá. La materia es nuestra mente, y nuestra mente es como un teatro en el que Dios despliega su imaginación (sus obras de arte en definitiva).

4.- Hume. Hace casi veinte años quise iniciar una tesis doctoral a partir de lo que me parece un evidente error de este filósofo. Hume afirmó que el ser humano recibe impresiones (impactos sensitivos) del exterior, no ideas. Y que las ideas son los recuerdos de esas impresiones. Pero no problematizó Hume el dogma (muy empirista por cierto) de la pluralidad de impresiones. Para hablar de impresiones en plural antes ha de haberse instalado, dogmáticamente, un sistema de universales en el entendimiento humano. Kant afirmó que Hume le había despertado del sueño dogmático. Eso es imposible. No se puede despertar del sueño dogmático, al menos si se quiere seguir viviendo (soñando, es lo mismo). En algún cosmos (subyugado por algún Logos) hay que vivir.

5.- Empirismo lógico. El Círculo de Viena. La fe en la verificación por los sentidos compartidos tribalmente. La demonización de la Metafísica (de otras metafísicas en realidad).

6.- El “empirismo radical” de William James. Merecen ser leídos los Essays in Radical Empiricism, editados y publicados póstumamente por Ralph Barton Perry en 1912. En esa obra encontramos una legitimación de todo tipo de experiencia. Es oportuno relacionar esta forma de empirismo con la que el propio James sugiere en Las variedades de la experiencia religiosa.

Esto es lo que experimento en mi conciencia al reflexionar sobre eso que sea el “empirismo”:

1.- En primer lugar el “empirismo” se me presenta como un credo (una fe, una autofinitización del pensamiento y del sentimiento). De ahí el sufijo “ismo”. Y es un credo cuyos presupuestos no son verificables empíricamente; a saber:  a) que mi “mente” o “entendimiento” o “cerebro” (o lo que sea) está siendo impactado por algo exterior; b) que “eso” captura la realidad tal y como es (o al menos, una parte de ella); y c) que lo que hay está ahí, objetivo, activo, sin que yo intervenga en su configuración -esto es: que percibimos, pero que no creamos lo real-.

2.- Los empirismos que se han ido proclamando a lo largo de la historia del pensamiento primero instalan, dogmáticamente, un modelo de mirada; y luego verifican que lo que se ve desde ese modelo de mirada es lo real (lo único existente por tanto).

3.- Pero si se mira sin filtro, sin modelo de mirada, sin un cosmos que finitice nuestro pensamiento y nuestro sentimiento, lo que se ve es la nada, el infinito. Eso es la Mística. Una vez más nos traga el agujero negro por el que desaparecen todos los universos que es capaz de fabricar el pensamiento humano.

4.- Una cuestión decisiva, por lo menos desde el paradigma de la ciencia actual, es si nuestro “cerebro” [Véase]  percibe realidad o si, por el contrario, la crea. Aunque cabría una tercera posibilidad: que primero creara realidad (contenidos de conciencia) y que, después, la percibiera. Quedaría no obstante la siguiente pregunta abisal: ¿De dónde saca el “cerebro”  tanta fuerza genésica?

4.- Mientras nos mantengamos en el nivel de conciencia que reconoce la existencia de otros seres humanos en el mundo -un nivel, digamos, no advaita – creo que debemos esforzarnos en embellecer la experiencia ajena. Estaríamos ante un tipo de arte que podríamos llamar “genésico”, pues su objetivo sería crear mundos, mundos maravillosos si nos es posible, en la conciencia ajena. En la conciencia de los que amamos (de los que, lógicamente, amamos dentro del cosmos en el que vibran nuestras emociones). Y dentro de este tipo de arte estaría, por ejemplo, la sonrisa con la que una madre recoge a su hijo en el colegio (sonrisa que permanecerá eternamente en la conciencia de ese ser humano, como un sol eterno, calentando e iluminando su vida hasta, al menos, su muerte). O un gesto amable en la calle; o un perdón inmerecido; o una mesa con flores en una casa donde nunca hubo flores. Obras de arte genésico: fabricación de la experiencia ajena. Empirismo activo, creativo, amoroso, que operaría directamente en los barros de la conciencia ajena.

5.- Llegados a este punto cabría decir que el verdadero empirismo (“radical” lo denominó William James) debería dar cuenta de cualquier contenido en nuestra conciencia, incluidos los sueños y los fenómenos que no sean compartidos, ni comunicables, tribalmente. E incluso aquellos que no se pueda reproducir, que solo hayan ocurrido una vez y que sean, incluso, imposibles (imposibles desde una determinada legaliformidad). [Véase “Parapsicología”].

Ahora quisiera compartir una experiencia radical: la experiencia de la experiencia. Quisiera que el lector de estas líneas fuera consciente del impacto unitario, de la placa total de eso que llama “mundo”, o “realidad”; y que en esa placa total incorporara también sus impresiones internas (y que las dejara de considerar “internas”). Quisiera llamar a esta experiencia la “sensación total”: la sensación de que hay “Cosa”. Para ello hay que olvidar la concreta parcelación de ese impacto en “cosas” (sustantivos). Sería algo así como experimentar el todo sin activar el lenguaje que lo ordena. No estoy refiriéndome a la conciencia advaita: la superación del dualismo sujeto-objeto. Quiero dejar ahí, quieto, palpitante, el hecho mismo de la experiencia.

Hume habló de impresiones, en plural, como lo primigenio. Pero, antes del lenguaje, antes del pensamiento, solo hay una impresión. Muy sutil. Pero descomunal.

David López