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Las bailarinas lógicas: “Cerebro”

“Cerebro”. Se supone que es el órgano crucial pero también imaginario de esta escultura de Rodin. Como realidad física y tangible, el cerebro es el objeto más sofisticado y deslumbrante del universo conocido. Yo tengo uno de esos objetos dentro de mí. Y tú, por el hecho mismo de que estás leyendo estas palabras, tienes otro. Otro de esos increíbles diamantes vivos. ¿Somos dueños de semejante joya o, por el contrario, somos propiedad de ella? 

“Cerebro”. El propósito de este diccionario filosófico no es dar significados a las palabras, no es limitar su semántica, sino calibrar su habilidad para generar hechizos: su fuerza para configurar los contenidos de la conciencia. Lo mundos.

Entremos ahora en un fabuloso laberinto de espejos. Primer paso: ¿Quién -o qué- quiere estudiar, ver, considerar, medir, modelar, etc., el llamado “cerebro humano”? ¿Quién -o qué- quiere crear en su propio cerebro una imagen, una idea, un atlas, de su propio cerebro? ¿Puede el cerebro ser objeto y sujeto de conocimiento al mismo tiempo? 

Fue leyendo a Schopenhauer cuando me sorprendió por primera vez la “paradoja del cerebro”. Se puede enunciar así: el cerebro, como una cosa entre las cosas, es parte del mundo (como los árboles o los caracoles o los coches o los anillos de Saturno o las estrellas). Visto de esa manera, como un corte concreto en la totalidad del impacto visual del mundo, aparece como algo tridimensional, diminuto, vulnerable; y también como algo creado (e implacablemente sometido por las leyes de la Naturaleza). Pero, por otro lado, según Schopenhauer (que era un amante de la filosofía de Kant), es precisamente dentro del cerebro, y solo allí, donde ocurre eso que llamamos “mundo” y por lo tanto también eso que llamamos “cerebro”. 

Si no filosofamos (si no somos conscientes de nuestro pensamiento), no nos daremos cuenta de que estamos identificando lo que las conexiones neuronales de nuestro cerebro pueden construir y también denominar “cerebro”, con ‘eso’ que se supone que rodea al cerebro mismo: el ‘mundo exterior’, incluyendo, por supuesto, la materia misma del propio cerebro. Las teorías de un neurofisiólogo actual (si aceptamos y seguimos esas mismas teorías) son fenómenos dentro del cosmos interno, eléctrico y viscoso, de sus propias galaxias de neuronas. Se podría decir, a partir del materialismo científico actual, que el cerebro es una de las cosas que se pueden contemplar dentro del cerebro si el cerebro funciona correctamente (dentro de esa caja mágica también puede suceder una brisa de otoño capaz de erizar la piel de la memoria). 

A partir de ese materialismo también se puede decir que seremos más conocedores del cerebro a medida que nos acerquemos a un cierto camino de conexiones neuronales, a una cierta forma, o baile si se quiere, de la materia que constituye nuestro cerebro: aquella que propicie una representación adecuada de lo que es el cerebro en sí mismo, si es que tal cosa existe. ¿Cómo sería tal “cosa”?

Vamos a intentar vislumbrar qué podría haber detrás de la palabra “cerebro”. Hagámoslo con los ojos infinitos de la diosa Filosofía, la cual, según la neurociencia actual, sería solo una actividad cerebral (la actividad cerebral que se modela, que se mira a sí misma… ¿Desde dónde?). 

La palabra “cerebro” (esa poderosa bailarina lógica) nos dará una maravillosa oportunidad para filosofar seriamente: sin pereza, con un coraje extremo, listos para nadar en el océano del infinito, de lo insoportable incluso (pero insoportable, a veces, por su extrema belleza). Comienza el gran éxtasis intelectual de la Filosofía. Realmente creo que nuestro filosofar puede recibir una lluvia extremadamente fértil si observamos lo que se dice sobre el cerebro a partir de los modelos actuales de neurofisiología (a partir de estas configuraciones determinadas de la química de nuestro cerebro, si aceptamos esos mismos modelos). 

Pero, ¿qué dicen esos modelos al día de la fecha? 

Hasta donde yo voy sabiendo, se dice que el cerebro (el cerebro humano en concreto) es una parte del cuerpo humano, un órgano que se considera el centro del sistema nervioso. Contiene miles de millones de células de un tipo especial: las llamadas “neuronas”, que, sorprendentemente, se conectan entre sí -o no- creando -o no- asociaciones (digamos sociedades… ¿Civilizaciones?). He leído que las neuronas pueden cooperar en sociedades de millones de miembros y que aún está por ser desvelado el misterio de cómo funciona realmente esa cooperación. También se dice que el tejido cerebral produce energía, electricidad de hecho (como una pequeña central nuclear orgánica), electricidad que, si muchas neuronas trabajan juntas, puede ser lo suficientemente potente como para salir del cráneo (la caja del cerebro) y ser detectable en el exterior. Ese órgano, esa ‘máquina’ crucial [Véase “Máquina”], se puede comparar con una computadora. En realidad, algunos modelos actuales de neurociencia usan esa comparación para mejorar la comprensión de su objeto de estudio. Y lo hacen sobre la base de que el cerebro es un centro de percepción y procesamiento de datos. El alcance de dicha percepción, según lo que parece comúnmente aceptado en la ciencia actual, es enorme: luz, sonido, composición química de la atmósfera, temperatura, orientación de la cabeza, posición de las extremidades, composición química del torrente sanguíneo… O eso es lo que luego se dice a sí mismo el cerebro que ha “percibido”.

Sigamos… El hipotálamo, que es una parte del cerebro, puede incluso controlar el nivel de sodio, el nivel de glucosa y el nivel de oxígeno en la sangre, y, según esos datos, enviar mensajes a la glándula pituitaria, la cual reacciona introduciendo hormonas en el torrente sanguíneo que son capaces de modificar la actividad celular. 

También se dice que el aprendizaje y la memoria son actividades centrales del cerebro. Santiago Ramón y Cajal podría haber explicado tales capacidades argumentando que se trataba de cambios en las conexiones sinápticas entre las neuronas. Dicha teoría podría haber comenzado a ser comúnmente aceptada por una serie de investigaciones iniciadas por un artículo de Tim Bliss y Terje Lømo publicado en 1966 en Journal of Physiology. El descubrimiento clave de ese artículo fue la llamada “Potenciación a largo plazo”: el fortalecimiento de la sinapsis entre las neuronas causada por la actividad reciente. También existe lo contrario: la “Depresión a largo plazo”. Ambos fenómenos podrían ser una prueba de lo que ahora se llama “plasticidad sináptica”, teoría que afirma que las conexiones entre las neuronas pueden fortalecerse o debilitarse según su actividad durante un período de tiempo. Miles de millones de neuronas capaces, dispuestas a conectarse entre sí… 

¿Qué puede ocurrir si se produce una conexión total? ¿El cerebro (ese enorme misterio) sería completamente consciente de sí mismo? La Filosofía, vista desde los modelos actuales de neurofisiología, podría describirse como una bellísima bomba de pensamientos conscientes, colocada dentro de esas galaxias de neuronas para desencadenar su conexión extática final: la plasticidad sináptica infinita. 

Los modelos científicos que acabo de esbozar son el marco teorético de algunos proyectos sorprendentes que me gustaría mencionar (y agradecer también): 

https://www.humanbrainproject.eu/en/. Aquí encontrarás la siguiente pregunta: “¿Te imaginas que un cerebro y su funcionamiento se replicaran en una computadora?” 

https://alleninstitute.org/what-we-do/brain-science/. En la página web de este instituto (que fue fundado por Paul Allen, uno de los creadores de Microsoft junto con Bill Gates), se dice lo siguiente: “El cerebro humano es la pieza más compleja de materia organizada en el universo conocido. Utilizamos nuestro singular enfoque para descubrir sus misterios y compartir recursos valiosos con la comunidad global de neurocientíficos “. 

La vanguardia científica de nuestra civilización está ahora fascinada con los cerebros: con esas complejas piezas de materia organizada. Y es que dentro de esas joyas cósmicas podría estar la clave de todo. 

Neurociencia. Filosofía. Veamos lo que dicen los siguientes pensadores individuales (cerebros individuales) sobre el cerebro: 

1.- Schopenhauer. La paradoja del cerebro. Volvamos a eso: el cerebro, como cosa entre cosas del universo físico, está en el espacio, pero el espacio (el continente, la ‘caja’ del universo físico) está solo en el cerebro (Pararega y Paralipomena II, p. 48, de acuerdo con la edición clásica de Arthur Hübscher, revisada por su esposa Angelika y publicada en Mannheim en 1988). El sistema filosófico de Schopenhauer supera tal paradoja ubicando el cerebro físico como parte del mundo creado, como una especie de herramienta utilizada por nuestro yo más profundo para contemplar nuestra propia creación. 

2.- Humberto Maturana. Biología de la cognición (Informe de investigación del laboratorio de computación biológica BCL 9.0. Urbana IL: Universidad de Illinois, 1970). Maturana es uno de los tres creadores del concepto “autopoiesis”, el cual se refiere a la supuesta capacidad de autogeneración y autogestión de los llamados “sistemas vivientes” (se dice que los otros dos creadores de dicho concepto son Francisco Varela y Ricardo B. Uribe). El cerebro: Maturana dice que la rana no puede ver a todos los animales (no ve los que son especialmente grandes y lentos). La actividad del cerebro (lo que es ‘realidad’ dentro de él) sería el resultado de las demandas del sistema vivo que lo nutre. La realidad es fabricada por los “sistemas vivientes”. ¿Es también esa misma teoría generada en el cerebro de Maturana algo que sirve solo para nutrir el “sistema viviente” que lo posee? ¿Cómo puede ser cierta esa teoría si es generada por un cerebro biológicamente esclavizado? Merece ser leído el estudio esquemático sobre el pensamiento de Humberto Maturana ofrecido por John Lechte en este trabajo: Fifty Key Contemporary Thinkers: From Structuralism to Postmodernity (Routledge, London 1994). Hay una edición en español: 50 pensadores contemporáneos esenciales, traducción de Carmen García Trevijano, Cátedra, Madrid 2010.

3.- El funcionalismo computacional de Hilary Putnam [Véase aquí, todavía solo en español] como solución para el problema mente/cerebro: la mente es el software; el cerebro es el hardware. La crítica de John Searle: “la habitación china” (Minds, Brains and Science, Harmondsworth, Londres 1984) [Edición española: Mentes, cerebros y ciencia, Cátedra, Madrid 1994]. Searle afirma que una computadora puede comportarse como si entendiera chino, pero no sería nunca una mente porque no puede pensar, ser consciente, de su propio comportamiento. Este pensador centra sus críticas exclusivamente en las computadoras digitales. Pero, ¿qué tipo de máquinas están todavía por ser creadas? [Véase “Máquina”]. Schopenhauer ya consideraba el cerebro humano como nuestra creación artificial más sofisticada. Porque en realidad no seríamos “seres humanos”. Los seres humanos serían en realidad nuestra creación.

4.- Antonio Damasio [Véase aquí, todavía solo en español]. Merece ser leída su obra El error de Descartes. Ese error fue creer que las operaciones más refinadas de la mente están separadas de la estructura y el funcionamiento del organismo biológico. El cerebro y el resto del cuerpo constituyen un organismo inseparable compuesto por circuitos bioquímicos y neuronales que se relacionan con el medio ambiente en su conjunto, y de esa interacción surge la actividad mental. Entonces… ¿Nuestro cerebro tiene el tamaño de todo el universo físico? ¿Pensamos con todo eso? ¿Es nuestro pensamiento fruto de todo eso? ¿Lo es también nuestro ‘yo pensado’?

5.- Richard Dawkins: The God delusion [El espejismo  de Dios]. En este libro hay un epígrafe que lleva por título “La madre de todos los burkas”. Dawkins afirma que lo que vemos del mundo real no es el mundo real, sino un modelo del mundo real, regulado y ajustado por datos sensoriales (un modelo que está construido de tal manera que es útil para relacionarse con el mundo real). Dawkins también afirma que la naturaleza de ese modelo depende del tipo de animal que somos. De acuerdo con esa teoría, podríamos preguntarnos: ¿No es esa misma teoría (el modelo de realidad que Richard Dawkins expone) simplemente algo útil que su cerebro (su cuerpo) necesita para lidiar con ese monstruoso misterio que parece ser el mundo real, pero real de verdad? Entonces: ¿Los cerebros reflejan la realidad o la crean? ¿La supervivencia del sistema requiere una ‘realidad’ reflejada en el cerebro o simplemente una fantasía capaz de desencadenar la voluntad de vivir? [Véase aquí mi artículo completo sobre Richard Dawkings todavía solo en español]. 

Ahora intentaré transmitir lo que parecen ser mis propios pensamientos (las secreciones de mi propio cerebro, o del universo entero a través de él) sobre el misterio del cerebro: 

1.- “Cerebro” es, en primer lugar, una palabra, un símbolo. Nada más. Y nada menos… También se puede decir que es el resultado de aplicar un determinado sistema de cortes en la realidad visual del llamado “universo” [Véase “Universales”]. No puedo ver ningún cerebro más allá de cierto software mental (si usamos la metáfora de Hilary Putnam).

2.- El lenguaje siempre nos hechiza. Para ser consciente de ese hechizo hay que pensar que tanto “átomo” como “neurona” o “cerebro” o “ciencia” son palabras: frutos artificiales de modelos mentales: secreciones de algo inefable que ahora no tengo más remedio que llamar “cerebro”. De hecho, es posible que en un futuro muy cercano surja un nuevo modelo de cerebro. Por ejemplo, un modelo que afirme la identidad absoluta entre lo que ahora llamamos “cerebro” y lo que ahora llamamos “universo”.

3.- La bailarina lógica “Cerebro” generalmente baila junto con otra: “Mente”. Se dice que desde el último tercio del siglo XX la filosofía de la mente está adquiriendo un lugar privilegiado en lo que llamamos reflexión filosófica. Pero hoy en día, la ideología predominante es la que afirma la dimensión material del cerebro. El problema (la maravilla) es que que cada objeto físico (el cerebro incluido), según la Física actual (Teoría M), tiene once dimensiones, no tres. Por lo tanto, los modelos (los dibujos) actuales del cerebro están mutilados: el cerebro en sí, incluso considerado como un objeto físico puro, es imposible de dibujar. Imposible de ver. Impossible de imaginar siquiera.

4.- El cerebro… Realmente no sé qué es eso, pero si cierro mi ojos, puedo sentirlo, ‘ahí’, como una enorme ballena mágica, infinita. Dentro de mí. Y yo dentro de ella. Es imposible, pero es así… Y también puedo enviarle calma, y silencio, e incluso amor, a ese ser.  Es  algo que hago casi todos los días. Créeme: después de no más de un minuto, ese ser parece nacer de nuevo, listo para seguir amando la vida, listo para seguir produciendo mundos. La pregunta es: ¿Desde dónde siento mi propio cerebro? ¿Dónde estoy yo realmente? 

Es suficiente. Saquemos a la diosa Filosofía del salón donde la bailarina lógica “Cerebro” necesita bailar. Esa preciosa bailarina es parte de un gran sueño: el sueño del materialismo científico, que ofrece mundos fabulosos. Y expectativas fabulosas también. 

David López

Las bailarinas lógicas: “Sueño”

 

 

El próximo martes 19 de marzo a las 18.00 horas (hora de Madrid) impartiré una conferencia on-line basada en el presente artículo. [Más información]

“Sueño”. Soñamos. Es prodigioso que eso ocurra. Filósofo es aquel que no se acostumbra a lo prodigioso: aquel que no se acostumbra a lo que hay. Porque finalmente es incapaz de abarcar lo que hay en palabra alguna, en sistema alguno. Lo que hay es demasiado grande y prodigioso para él.

En las notas que siguen expondré unas primeras reflexiones que, según creo ahora, se encaminan hacia una desactivación de los universales “Sueño” y “Vida” [Véase “Universales”], y, quizás, a su sustitución por un neologismo que sería algo así como “Omni-vida”, entendiendo que no existe diferencia ontológica entre los distintos ‘lugares’ o ‘mundos’ en los que entramos y salimos a lo largo del tiempo infinito -y dentro del espacio, infinito también- de nuestra mente.

La experiencia total. ¿Cuáles son los límites de la vida? ¿Cuánto se vive en una vida; si incluimos todo lo que se sueña en ella? ¿Cuántos cómputos de tiempo? ¿Cuántas tramas? ¿Cuántas personas se es en el gran teatro de nuestra mente (o de nuestro “cerebro”, si se quiere soñar en red con los neurofisiólogos)? [Véase “Cerebro”].

La vida es sueño. Sí. Pero, ¿qué es eso de “la vida”? ¿Cómo jerarquizar los distintos mundos en los que entramos y de los que salimos? ¿Dónde estoy exponiendo estas preguntas? ¿En un sueño? 

Creo que sería más apropiado decir que el sueño es vida. Y eliminar eso de “solo fue un sueño”. Creo que un sueño es algo grande.

¿Podemos -como aseguran los budistas- despertar alguna vez, pero del todo? ¿Morir es despertar a otro sueño más ‘real’, más ‘de verdad’, que éste en el que ahora escribo?

Los taoístas aseguran que somos -los seres humanos y sus mundos- el sueño de una mariposa: el sueño de algo que goza de una ligereza infinita. El sueño de una Nada… [Véase “Nada”].

En la palabra “Materia” [Véase] narro un sueño personal en el que, una vez alcanzada la conciencia de que estaba soñando, me deleité contemplando la materia onírica de unos árboles de mi infancia; e incluso sintiendo en mi piel una brisa ‘imaginaria’ que provocó en mí un estallido de belleza extrema. La noche 24 de mayo de 2011 tuve un sueño similar. También lúcido. Así lo recuerdo ahora:

Estoy en una casa que se supone que es la mía. Hay bastante gente dentro y también en el jardín. Entre esa gente están mis familiares más directos. De pronto me doy cuenta, algo asustado y aturdido, de que esa no es exactamente mi casa. Empiezo a sospechar que estoy soñando. Se lo digo a mi hermano. Él no me cree. Intento convencerle a él y a más gente que ahora no recuerdo. Dudo de si estoy o no soñando. Me decido a hacer la prueba que siempre me funciona: levanto los brazos y me dispongo a volar. Vuelo. Me consuela saber que he acertado y que estoy en un sueño, lo cual, inmediatamente, me hace tomar consciencia de que tengo un enorme poder de configuración de esa realidad: que puedo hacer con ella casi lo que quiera. Pero recuerdo también, mientras voy volando, que debo mantener la calma y la concentración para no perder el poder. Paso volando junto a las ramas de unos árboles gigantescos. Me detengo, casi en meditación, para contemplar en detalle el prodigio de esa materia onírico-vegetal. Ante ese espectáculo siento una emoción estético-metafísica realmente gloriosa: estoy contemplando la materia de los sueños.

Sigo mi vuelo y llego a una especie de chalet de montaña, aparentemente deshabitado, muy bello, iluminado con una luz entre verdosa y gris: la luz que nace y muere justo antes de los amaneceres. Veo un cartel con un teléfono. Me pregunto qué pasaría si yo marcara ese número. No lo hago. Me es igual. No me quiero distraer. Lo que me interesa es la contemplación pura de la materia que me envuelve. Sigo volando hacia no sé dónde.

Llego a una casa grande en cuyo tejado hay grandes cristaleras. Veo niños durmiendo. Ellos me descubren. No sé qué decir. Les digo finalmente que soy un ángel, que no se preocupen, que estoy para cuidarles, para que tengan una vida preciosa. Uno de ellos me dice que ya sabe quién soy porque me ha visto en una película. Al resto les doy igual. Entonces se me ocurre animarlos a jugar conmigo. Pierdo algo de concentración y de control porque empiezo a sentir apego por esos niños. Me doy cuenta de que tengo que salir de ahí, urgentemente, pero no volando, porque ya he perdido el poder de volar. Salgo corriendo por una escalera grande, como de edificio de lujo en Berlín. Siento angustia. Quiero despertar. Quiero despertar urgentemente.

Pero despierto en otro sueño y quiero tomar notas en él para aprovechar esas experiencias y poderlas traer a este diccionario filosófico. Hay muchos niños haciendo ruido y soy incapaz de concentrarme. Suena mi móvil. Es un mensaje de voz. Recuerdo de pronto haber soñado un tercer sueño en el que acababa de iniciar una apasionada relación sentimental con una mujer. Una mujer de ojos verdes, muy guapa y muy fea a la vez, que había conocido mientras dejaba una bolsa en el colegio de mi hijo. En el mensaje ella se lamenta de que yo no devolviera sus llamadas. Su voz es angustiosa. Yo sé -en el sueño- que esa mujer formaba parte de otro sueño distinto: un hechizo puntual destinado a diluirse en la nada como un arcoíris moribundo.

Desperté a este sueño desde el que ahora escribo.  Ya dentro de este mundo concreto sentí una mezcla de fascinación metafísica -y física- y también angustia ante la volatilidad de los mundos. Pero sobre todo sentí mucha tristeza por aquella mujer de nada que me amaba desde la nada ofreciéndomelo todo.

Los sueños. La vida. El amor…

Antes de exponer mis ideas, creo oportuno mencionar a los siguientes pensadores:

1.- Buda. El despierto. Pero… ¿Para qué despertar? ¿Para no sufrir? Sugiero seguir en la vida sabiendo que se trata de un sueño, de un sueño sagrado. Y ponerse a su servicio: aumentar sus hechizos (Nietzsche).

2.- Kant. Confesó que había despertado del “sueño dogmático” gracias a Hume. ¿Qué es un sueño dogmático? Las bailarinas lógicas (“Causalidad”, “Tiempo”, “Espacio”… y muchas más) hunden en ese sueño. Pero no se puede vivir sin ellas. Porque vivir es soñar. Porque vivir es estar hechizado.

3.- Schopenhauer. Leamos lo que escribió sobre el sueño este poderoso pensador en la primera parte de su obra Parerga y paralipomena (P I, 232-233, según la edición clásica de Arthur Hübscher, revisada por su mujer Angelika, y publicada en Mannheim en 1988):

“[…] en el simple sueño la relación es unilateral, y es que solo un yo verdaderamente quiere y siente, mientras que los demás no lo hacen, pues son fantasmas; por el contrario, en el gran sueño de la vida tiene lugar una relación multilateral, toda vez que no solo uno aparece en el sueño del otro, sino que éste también aparece en el de aquel, de forma que, por medio de una verdadera harmonia praestabilita, cada uno sueña solo aquello que para él es adecuado según su propia guía metafísica, y todos los sueños-vida están entretejidos con una perfección tal, que cada uno experimenta solo lo que le es beneficioso y hace lo que es necesario para los demás […].”

(La traducción es mía. Ofrezco a continuación el texto original en alemán para su cotejo):

” […] im bloßen Traume das Verhältniß einseitig ist, nämlich nur ein Ich wirklich will und empfindet, während die Uebrigen nichts, als Phantome sind; im großen Traume des Lebens hingegen ein wechselseitiges Verhältniß Statt findet, indem nicht nur der Eine im Traume des Andern, gerade so wie es daselbst nötig ist, figuriert, sondern auch dieser wieder in dem seinigen; so daß, vermöge einer wirklichen harmonia praestabilita, jeder doch nur Das träumt, was ihm, seiner eigenen metaphysischem Lenkung gemäß, angemessen ist, und alle Lebensträume so künstlich in einander geflochten sind, daß Jeder erfährt, was ihm gedeihlich ist und zugleich leistet, was Andern nöthig […]”.

4.- Freud. 1900. Die Traumdeutung. La interpretación de los sueños. El sueño es una necesidad psíquica, una especie de prótesis metafísica, y su interpretación permite sanar… digamos “el alma”. Freud, que es un pensador excepcional, está no obstante hechizado -dormido- por bailarinas como “Ciencia”. Es un ilustrado decimonónico: habla de los “antiguos”, que, en su supuesta ignorancia pre-científica, creyeron que los sueños podrían ser un lugar intervenido por divinidades exteriores, y que en los sueños había mensajes, y que anunciaban el porvenir… Freud escribió su libro sintiendo que no había habido avance desde Artemidoro de Daldis (s. II d. C.). Y considera que la materia de los sueños es la memoria, la cual almacenaría absolutamente todas las experiencias vividas por un ser humano desde su infancia (hasta las más nimias). Objetivo de la interpretación de los sueños: sanar. Utilizar el sueño (su recuerdo) para sacar a “la luz de la razón” (esa diosa exorcista) todo lo reprimido. Así se acabaría, según Freud, con el sufrimiento: volviendo consciente lo inconsciente. Su método consistía en sugerir que fuera el paciente-soñador quien interpretara su propio sueño, dejando que las imágenes salieran sin censura a la purificadora luz “de la razón”. Contra la ciencia de su época, Freud sí creyó que los sueños tenían sentido, pero rechazó el uso de claves interpretativas fijas porque las consideró simple superstición. Finalmente, Freud, en su obra La interpretación de los sueños, confirmó el sentido popular que, según él, siempre consideró los sueños como un espacio para la realización de deseos frustrados en la vida real. Y los “sueños de angustia” serían un fallo del sistema: lo deseado por el inconsciente sería insoportable: y se produciría, sin más, el despertar.

 

Y estas son mis ideas sobre la palabra “Sueño”:

1.- El sueño/la vida son contenidos de conciencia -no tengo otras palabras más adecuadas para decirlo. Creo que esos contenidos forman una fabulosa obra de arte que está siendo contemplada por ‘nosotros’ desde un lugar innombrable desde aquí. Esa gran Creación, esa descomunal sinfonía de mundos interconectados, incluye todo lo ‘vivido’ y ‘soñado’ por nosotros.

2.- No morimos porque no vivimos. “Vivir” es una palabra demasiado simple. “Soñar” y “morir” también lo son. Como he adelantado al comienzo de este texto, creo que sería más apropiado decir que “omni-vivimos”: entramos y salimos en y de realidades que nosotros mismos fabricamos desde donde somos Nada (desde donde somos Dios, si se quiere utilizar esta palabra).

3.- Creo que en nuestros sueños -vida incluida- irrumpen mensajes y seres exteriores. O -mejor dicho quizás-  mensajes que nos mandamos a nosotros mismos desde otros lugares de nuestra conciencia infinita.

4.- Considero que no hay que descartar la posibilidad de que ‘alguien’ nos esté contemplando en este momento, con ternura, como cuando contemplamos a nuestros hijos dormidos. No es tampoco descartable que nos estén amando y cuidando desde donde quizás despertemos al morir.

5.- El sueño dogmático. Este diccionario filosófico muestra el poder narcotizante de las bailarinas lógicas (las palabras/los conceptos/ los universales/las ideas). Creo que todo kosmos noetos, en sentido platónico, es narcótico: todo cosmos es un sueño ordenado. Todo logos, si tiene la fuerza suficiente, sumerge en un profundo sueño dogmático. Kant, gracias a Hume, despertó de un sueño dogmático, pero entró en muchos otros, todos preparados para causar hechizos en sus fabulosas obras filosóficas.

6.- La interpretación de los sueños. ¿Qué es “interpretar”? ¿Para qué “interpretar”? Unos mundos nutriendo a otros. Pero, ¿desde qué lógica? ¿No es la lógica, también, una alucinación de la mente? Quizás sí. Pero hay que vivir este sueño, éste, y merece la pena buscar nutrientes, ideas, hitos, mensajes -lo que sea- en otros mundos. Creo, con Freud, que los sueños están al servicio de nuestra salud, entendiendo “salud” en un sentido ilimitado.

7.- Despertar. Dios se aprieta pero no se ahoga. Todos sabemos, en el fondo, que cuando un sueño -o un vivir en general- se pone demasiado duro podemos salir de él: podemos diluirlo en la nada del sueño olvidado y reducido a simple materia onírica, a pura irrealidad.

8.- El silencio en el sueño. Los sueños, en general, son ruidosos, desasosegados, como caricaturas de este sueño/vida desde el que ahora escribo. En los sueños, generalmente, se siente muy poco sosiego, y muy poca libertad… ¿Cabe meditar dentro de un sueño?  Yo lo hice, después de saberme soñando en una especie de asamblea de dignatarios religiosos que tenía lugar dentro de lo que parecía una catedral. Fue una experiencia incomunicable ahora. En otra ocasión soñé con un pueblo rodeado por la luz y el silencio.  Todo era demasiado calmado. Demasiado maravilloso. Sentí que no estaba en un sueño ordinario; y me asusté muchísimo porque supe que aquello era la muerte. O algo relacionado con la muerte. Y yo no quería morir. Tenía una preciosa hijita de cuatro años. Elegí entonces -por amor, por amor puro y duro- regresar a esta vida/sueño (a esta “Omni-vida”), renunciando a las delicias de aquel paraíso rural. Y letal.

9.- Creo que cabría diferenciar entre el sueño pasivo y el sueño activo. El Dios de los monoteísmos, el Dios Creador, antes de crear,  tuvo que soñar activamente (‘imaginar’) su Creación (o ‘ensoñar’ si se prefiere). No cabe pensar una Creación instantánea, no soñada activamente, esto es: no deseada una vez imaginada activamente. No se puede desear algo que no se ve previamente en la imaginación. El sueño pasivo, por su parte, sería una entrada en el fruto de la propia imaginación, con la conciencia autolimitada para percibir lo creado (la ‘realidad’) como algo ajeno objetivo, ‘ahí’. Ese podría ser el sentido mismo de la Creación. Y del mundo. De todos los mundos posibles. 

10.- El paraíso. No descarto su existencia; como sueño perfecto experimentable desde un nivel de conciencia todavía auto-hechizado. El paraíso como materialización de todo lo deseado ‘en vida’: como vivencia total de todo lo soñado (ensoñado) activamente: como último regalo del cerebro para sí mismo (si no se quiere salir del modelo fisicista-cerebralista).

11.- El sueño amado. Recuerdo haber sido arrastrado por cataratas de sueños sucesivos en los que una y otra vez creí que había despertado, por fin, a la verdadera realidad. Pero ninguno de ellos era el sueño amado. Y yo lo sabía. Hasta que regresé a éste.

Éste.

Mi sueño amado es éste: éste desde el que escribo, porque en él están seres maravillosos por los que vale la pena asumir los dolores del ignorante (en sentido budista): de ese ‘estúpido’ que -por puro amor- no se desapega de su sueño amado.

Quisiera terminar este texto trayendo de nuevo las palabras de Schopenhauer sobre el sueño. Y es que tienen una fuerza y una belleza descomunales:

“[…] en el simple sueño la relación es unilateral, y es que solo un yo verdaderamente quiere y siente, mientras que los demás no lo hacen, pues son fantasmas; por el contrario, en el gran sueño de la vida tiene lugar una relación multilateral, toda vez que no solo uno aparece en el sueño del otro, sino que éste también aparece en el de aquel, de forma que, por medio de una verdadera harmonia praestabilita, cada uno sueña solo aquello que para él es adecuado según su propia guía metafísica, y todos los sueños-vida están entretejidos con una perfección tal, que cada uno experimenta solo lo que le es beneficioso y hace lo que es necesario para los demás […].”

 

David López

The logical ballerinas: “Dream”.

“Dream”. We dream. The very fact that this happens is simply prodigious. The philosopher never gets used to the prodigious: never gets used to what seems to be plain reality.

In the following notes I will convey some reflections that are dragging me towards a deactivation of the universals “Dream” and “Life”, and, perhaps, their replacement by a neologism (a new-born universal) that would be something like “omni-life” [See “Universals” still in Spanish]. We could say that we omni-live, given that there is no ontological difference between the different ‘realities’ or ‘worlds’ (or ‘dreams’) in which we enter, feel and leave throughout the infinite time and space of our mind.

Which are the limits, and the exact contents, of life? How much do we experience, do we live, within a life, if we include our dreams inside it? How many people and emotions and buildings and landscapes are born and die in the great theatre of our mind (or our “brain”, if you want to dream inside the current network of neurophysiology)? [See “Brain”].

“Life is dream”. Okay. Yes. But what exactly is that what se call “life”? How to rank the different worlds (dreams) in which we enter and leave within a lifetime? Where am I now exposing these questions? Inside a dream? Inside a life? Who writes now? Who reads? Where?

I think it would be philosophically more effective to say that dreams are life, pure life; and to eliminate expressions such as “It was just a dream”. I think a dream is something big. Just because it is life.

Can we -as Buddhists claim- awaken once, and completely? Will we wake up in another dream -more real, more true, than this one in which we are now- when we ‘die’?

Taoists claim that we  (human beings and their worlds) are the dream of a butterfly: the dream of something that enjoys an infinite lightness. The dream of a Nothing indeed… [See “Nothing” still in Spanish].

In the logical ballerina “Materia” [See] I narrate a dream in which, once I had reached the consciousness that I was dreaming, I could contemplate the dreamlike matter of some trees of my childhood; and even feel in my oneiric skin a breeze that triggered inside me a burst of extreme, let say metaphysical beauty. On the night of May 24, 2011, I had a similar dream. Also a lucid one. I bring it now here transformed into words:

I am in a house that is supposed to be mine. There are many people inside it and also in the garden. Among those people are my closest relatives. Suddenly I realize, frightened and dazed, that that is not exactly my house. And I begin to suspect that I am dreaming, so I tell it to my brother. He does not believe me. I try to convince him, and also some other people who I do not remember now, that we all are in a dream: in a fake reality. They don’t believe me. Then I doubt if I’m dreaming or not. So I decide to do the test that always works for me in such oneiric situations: I raise my arms, ready to fly, willing to fly. And, immediately, I do hover some meters above the ground, above the people. That makes me aware that I have an enormous power to configure that reality: that I can do with it almost anything I want. But I also remember, while flying, that I must remain calm and focused so as not to lose my power, my lucidity. Calm and focused inside that ‘artificial’ reality. 

I fly towards the highest branches of gigantic trees. I stop, almost in meditation, so as to contemplate in detail the prodigy of that oneiric-vegetable matter. Before that unique spectacle, that unique masterpiece, I feel a truly glorious aesthetic-metaphysical emotion: I am contemplating the matter of dreams and one of its possible configurations.

I resume my flight and, after an unmeasurable period of time, I arrive at a kind of mountain chalet, apparently uninhabited, very beautiful, illuminated with a green/gray light: the light that lives and dies just before sunrises. Then I see a sign with a phone number. I wonder what would happen if I called that number. I do not do it. I don’t care about that number. Actually, I do not want to be distracted, to lose my power, my distance, my immunity, inside that dream. What really interests me now is the pure contemplation of the matter surrounding me, hosting me. I keep flying towards I do not know where.

I arrive at a huge building with large windows on its roof. Through those windows I can see children sleeping inside a bedroom. They wake up and discover me. I do not know what to say. I tell them that I am an angel, that they should not be afraid, that I am there to take care of them, so that they have a precious life. One of chikdren tells me that he already knows who I am because he has seen me in a movie. The other children don’t pay attention at me anymore. I decide to ask them to play with me. Suddenly, I feel powerful love-emotions in my heart and I lose some concentration and control. I feel like I have to urgently get out of there, out of that fake reality, but not flying, because I am aware I have already lost the power to fly. I run down a large staircase, like the ones of the old luxury buildings in Berlin. I feel anguish. I want to wake up. Urgently! I am scared…

But I wake up in another dream. In that new dream I want to write some notes about what I have experienced in the previous dream and bring them to this philosophical dictionary. There are many children making noise and I am unable to concentrate. So I can not write a single word. My mobile rings. It is a voice message. I remember suddenly a third dream (a third artificial reality) in which I had just started a passionate relationship with a woman. A woman with green eyes, very beautiful and very ugly at the same time, whom I had met while leaving a bag at my son’s school. In the message she said she was suffering a lot because I did not return her calls. Her voice sounds anguished in my cellphone. Then I am aware, horrified, that this woman was part of an already melted dream: a  passionate life dissolving  into nothingness like a dying rainbow.

I wake up in this dream or “Omni-life” from which I now write. And I feel a mixture of philosophical fascination and vertigo because of the pitiless volatility of worlds, of lives, of ‘dreams’. And I also feel very sad remembering that woman of nothing who truly loved me from the nothing offering me everything.

Dreams. Life. Sadness. Love…

Before presenting my own ideas, I consider it useful to mention the following thinkers:

1.- Buddha. “The awaken one”. Why to wake up? In order not to suffer? I order to access something glorious? I suggest to continue in life knowing that it is a dream, a sacred dream, an “Omni-life”,  and work hard, dream hard, in order to raise its beauty, its sacrality.

2.- Kant. He said that he had awakened from the “dogmatic slumber” [Dogmatischer Schlummer] thanks to Hume. What is a “dogmatic slumber”? The logical dancers (“time”, and “space”, and “causality” of course included) drag us into the dream of beliefs that they create. But we can not live without them. Because to live is to dream. Because to live is to be bewitched, fascinated, by beliefs.

3.- Schopenhauer. Let’s read this powerful thinker in the first part of his work Parerga and Paralipomena (P I, 232-233, according to the classic edition of Arthur Hübscher, revised by his wife Angelika, and published in Mannheim in 1988):

“[…] in the mere dream the relation is one-sided, namely, only an I really wants and perceives, while the others are nothing but phantoms. In the great dream of life, on the other hand, a reciprocal relation takes place, in which not only one appears in the dream of the other, just as it is necessary there, but also this last one appears in the dream of the first; so that, by virtue of a real harmonia praestabilita, everyone dreams only what is appropriate to him, in accordance with his own metaphysical guidance, and all Dream-Lifes are so artificially intertwined that everyone experiences what suits him and, at the same time, accomplishes what others need […]” 

(The translation is mine. You can check it in the original German version that I paste next).

“[…] im bloßen Traume das Verhältniß einseitig ist, nämlich nur ein Ich wirklich will und empfindet, während die Uebrigen nichts, als Phantome sind; im großen Traume des Lebens hingegen ein wechselseitiges Verhältniß Statt findet, indem nicht nur der Eine im Traume des Andern, gerade so wie es daselbst nötig ist, figuriert, sondern auch dieser wieder in dem seinigen; so daß, vermöge einer wirklichen harmonia praestabilita, jeder doch nur Das träumt, was ihm, seiner eigenen metaphysischem Lenkung gemäß, angemessen ist, und alle Lebensträume so künstlich in einander geflochten sind, daß Jeder erfährt, was ihm gedeihlich ist und zugleich leistet, was Andern nöthig […]”

4.- Freud. 1900. The interpretation of dreams [Die Traumdeutung]. Freud asserts that each dream is a psychic-artificial product full of meaning: a psychic product to which a perfectly determined place can be assigned in the psychic activity of the ‘awakened life’. Freud, though, is spellbound by words, by logical ballerinas  like “Science”. He is a nineteenth-century thinker that speaks of the ‘ancients’, who, in their ‘pre-scientific ignorance’, believed that dreams could be a place intervened by external deities, and that in dreams there were messages, which even announced the future. Freud wrote his famous book feeling that there had been no advance from Artemidorus Daldianus (2nd century AD) in the technique of the interpretation of dreams. Freud considered anyway that the matter of dreams is just memory, which would store absolutely all the experiences lived by a human being since childhood, even the smallest ones. Objective of the interpretation of dreams: to heal our psique. Freud wants to use the dream (the remembered dream indeed) as a tool in order to bring before “the light of reason” (that exorcist goddess) everything repressed, locked inside our unconsciousness. This would end, according to Freud, with suffering: making the unconscious conscious we would be essentially cured. And it was the patient-dreamer who interpreted his own dream, letting the images go uncensored towards the purifying light of reason. Against the science of his time, Freud did believe that dreams made sense, but he rejected the use of fixed interpretive keys because he considered them simple superstition. Finally, Freud, in his work The Interpretation of Dreams, confirmed the popular belief, which, according to him, always considered dreams as a space for the realization of desires that were frustrated in real life. The “dreams of anguish”, though, would be a failure of the system: what is desired by the unconscious would be -morally- unbearable. Then awakening would simply take place.

These are my own ideas about the logical ballerina  “Dream”:

1.- The dream/lives are contents of conscience. I do not find more appropriate words to convey it. I believe that these contents build a fabulous work of art that is being contemplated from a place that is unsayable from here.

2.- We do not die because we do not live. “Living” is a too simple word. “Dreaming” and “Dying” are also too simple. As I suggested in the beginning of this text, I think it would be more appropriate to say that we “omni-live”. Because the fact is that we enter and leave many lives while living.

3.- I believe that in our dreams, life included, messages and ‘external’ beings do enter in order to help us. I am talking about messages that we send ourselves from other realms of our infinite consciousness.

4.- We should not rule out the possibility that someone is contemplating us at this moment, with tenderness, as when we contemplate our sleeping children. And it should also not be ruled out that  that ‘someone’ is loving us and taking care of us from where we might wake up when we die.

5.- The dogmatic slumber. This philosophical dictionary shows the narcotizing power of the logical ballerinas (words / concepts / universals / ideas/ beliefs). I think that any kosmos noetos, in a Platonic sense, is narcotic, but also vivifying, unrenounceable: any cosmos is an artificially constructed and coded dream. The Word (the programming) submerges us in a deep and prodigious  dogmatic slumber. But it turns out that we are also the coders of such prodigy.

6.- The interpretation of dreams. What is ‘interpreting’? Why ‘interpret’? Some worlds nourishing others? But, from what logic? Is not Logic itself, too, a hallucination of the mind? Maybe yes. But we do have to live this dream, in this dream, this very one, and it’s worth looking for nutrients, ideas, milestones, messages -whatever it may be- in other worlds so as to raise the beauty and sacrality of this one. I believe, with Freud, that dreams are at the service of our health, but understanding “health” in a much broader sense.

7.- Awakening. We all know, deep down, that when a dream -or life- gets too hard we can get out of it: we can dilute it in the nothingness, reduce it to pure unreality. We decide what to live and what not.

8.- Silence inside the dreams. Dreams, in general, are noisy, uneasy, like caricatures of this dream/life from which I now write. In dreams, generally, very little peace is felt, and very little freedom… Can we meditate within a dream? Yes. I meditated inside a dream, after knowing myself dreaming in a kind of assembly of religious dignitaries that took place inside what seemed to be a cathedral. It was an experience that I can not really communicate now. On another occasion I dreamed of a town surrounded by light and silence. Everything was too  calm. Too wonderful. Then I felt that I was not in an ordinary dream; and I was terrified because I knew that ‘that’ was something beyond my own death. Or something related to my death. And I did not want to die. Not yet. While dreaming I remember having a beautiful little daughter of four years existing in what I then considered as my real life. So I chose -out of love, out of radical love- to return to this life/dream, renouncing the delights of that -lethal- paradise.

9.- I suggest to differentiate between ‘passive sleep’ and ‘active sleep’. The God of monotheisms, the Creator-God, before creating, had to actively imagine his Creation. It is not possible to think of an instantaneous Creation, not previously imagined and then desired. And you can not desire something that is not previously seen in your imagination. The passive dream would be an entrance into the fruit of one’s own imagination and desire. That might require a self-limited consciousness so as to perceive the created reality as something alien. That could actually be the very meaning of Creation.

10.- Paradise. I do not discard its existence as a perfect dream experienced from a level of consciousness still self-enchanted. Paradise as materialization of everything desired but not fully accomplished “in life”: as the last gift of the brain for itself (if we do not want to get out of the current physicalist-cerebral model).

11. The beloved dream. I remember being dragged by cataracts of successive dreams in which I thought again and again that I had awakened, at last, in the true reality. But none of them was the beloved dream. And I knew it all the time. Until I came back to this one. The one I am sharing with you, my dear reader.

So, my beloved dream is just this: this one from which I write, because in it there are wonderful beings for whom it is worthwhile to assume the sufferings of the ‘ignorant’ (according to Buddha): the one that  -out of pure love- does not detach himself from his beloved dream.

I want this text to end with the above cited words of Schopenhauer. Let’s read once more that great philosopher writing about the logical ballerina “Dream”:

“[…] in the mere dream the relation is one-sided, namely, only an I really wants and perceives, while the others are nothing but phantoms. In the great dream of life, on the other hand, a reciprocal relation takes place, in which not only one appears in the dream of the other, just as it is necessary there, but also this last one appears in the dream of the first; so that, by virtue of a real harmonia praestabilita, everyone dreams only what is appropriate to him, in accordance with his own metaphysical guidance, and all Dream-Lifes are so artificially intertwined that everyone experiences what suits him and, at the same time, accomplishes what others need […]”

David López

The logical ballerinas: “Human being”

What appears in the image is supposed to be a sculpture of a being who, in 1758, called himself  Homo sapiens. Well, actually, Carlos Linneo did it. That famous namesgiver was  a great Swedish poet dedicated to Biology. Rousseau and Goethe venerated him. It was not God who named the animals. Not even the human animal, who seems to have named itself.

Homo sapiens. Human being. Are we before logical dancers, pure symbols, “nothings” that want to be something in a living consciousness? Are consciousnesses always “human”? Is it me, the one who now writes, a human being? Are you also that being? What is exactly a human being?

Before exposing what happens in my mind when the dancer “Human Being” dances in it, I suggest to take a look at the following ideas, questions and perspectives:

1.- The scientist-naturalist-evolutionist story: the matter [See here “Matter”] in which that story believes  that story (its universe), suddenly, at a specific point of its temporal unfolding, produces something prodigious: the so called “human being”. It is also said that that being is the “place” where the entire universe contemplates itself. Current state of that narration: in the first version of this article (2013) that narration affirmed that the first modern human being (with body and behaviour equal to ours) would have appeared in the current Ethiopia 195,000 year ago. They are the so-called men of Kibish, discovered in 1967 by Richard Leakey. But, apparently, since 2017 there is another place on the planet (in the known universe) that now has the honor of being our first cradle, our very first outbreak: Jebel Irhoud, in Morocco (315,000 years).

2.- The human being as a genetic sequence. “The human genome”. When exactly does matter begin to be a “human being”? When does it stop being? Is the genetic code the essence of the human? What limits of difference, of deformity, of distancing from the basic model of “human genome”, are admissible in order to continue talking about “human being”?

3. Models of human body. Hatha Yoga: the body as a spiritual shuttle. The Platonic model: body/ bad versus soul/good). The human body and its tension with society. I suggest reading this work: Peter Brown: Body and Society, Columbia University Press, London 1988.

4.- Shakespeare (The Tempest): “We are such stuff as dreams are made on”. We? What is that?

5.- Bible. Corinthians 3, 16-17: Don’t you know that you yourselves are God’s temple and that God’s Spirit dwells in your midst? If anyone destroys God’s temple, God will destroy that person; for God’s temple is sacred, and you together are that temple”.

6.- Kant. We are citizens of two worlds. One of them is knowable by human beings. The other one is not. And we are destined to fly towards infinity. Towards Philosophy. We can not help it.

7.- Another reading that I consider unavoidable: Max Scheler: Die Stellung des Menschen im Kosmos [The Human Place in the Cosmos]. There is an English translation by Manfred Frings (Northwestern University Press, Evanston 2009).

8.- French structuralists. The end of the human being. Everything is a meta-human structure. [See Levy-Strauss still in Spanish].

9.- Political humanism. Construction and custody of political systems based on the sacralization of the individual human being. Universal Declaration of Human Rights. But what happens if a human being is no longer clearly identifiable? I suggest reading this book by Francis Fukuyama [See here still in Spanish]: Our posthuman future: Consequences of the Biotechnology Revolution, Farrar, Straus and Giroux, New York 2002.

10.- I also consider worth reading these two books of Yuval Noah Harari: 1.- Homo Deus: A Brief History of Tomorrow. 2.- Sapiens: A Brief History of Humankind.

I share some personal reflections now:

1.- Michel Foucault said [See here still in Spanish] that it is not men who make speeches, but speeches that make men. The goddess Vak said something similar – more than three thousand years ago – in the Rig Veda hymn that inspires my logical ballerinas.

2.- “Human being” is a word. We are not human beings. Poetry [see] -the group of logical dancers who have managed to survive in “our” mind- makes us see ourselves as human beings. Or not. One thing is our essential self (“metalogical”) and another our “logical” self: what we see of ourselves through the linguistic-poetical filter. From what unnameable abyss comes that Poetry that configures, that  bewitches, our look, that Poetry that makes us see ourselves as “human beings”?

3.- As I stated in “Progress” [See here], I believe that the “human being” does not demand a concrete form -not even a specific genome. Human beings might be philosophers capable to love (and dream and make others dream), no matter if adopting the form of centaurs, or of purple clouds, or of a small, never visited lake in Segovia full of magical living beings. This is not a definition of what we are. It is a suggestion of creativity, of poetization, of identification. That what we essentially might be, beyond Poetry, is ineffable. And, lets say it again, Poetry is not “human”: “human” is an outcome of Poetry.

4.- We might say, from the metaphors, always from the metaphors, that we are a shadow, or a “magical nothingness”: something unnamable, unthinkable, imperceptible that (creatively) dreams worlds: that creates/dreams human beings and is able to identify with them. And also to religate to them [See “Religion”]. Or do not religate. The Samkya system: to know that one is not the phenomenal (we are not the “matter” and its forms).

5.- We are not the products of our imagination. But maybe it’s more fascinating to believe we are. 

I do anyway madly love human beings, those mysterious creations. And I cannot help it.

David López

The logical ballerinas: “Meditation”

These are, more or less, the thoughts that occur in my mind when I let the logical ballerina “Meditation” dance inside it:

1.- “Meditation” is another word, another logical dancer, and, as such, is constructed from dream-logical, unsayable tissues. According to my own experience, in meditation state you can hear and smell the primeval silence of the dance hall where all the logical dancers yearn to dance.

2.- Meditation allows us to deactivate “temporarily” our entire cosmos. That cosmos hibernates while meditating. Every meditating individual being will return to his sacred dream (his life if you want) and place (interpret) the experience of meditation on the logical shelves that this dream offers: his personal choreography of logical dancers, if you want to put it this way.

3.- Meditation does not last ten minutes, nor an hour. It does not have “duration”. It is a meta-temporal experience because it implies, one might say, a deactivation of that time-constructing psychic machinery described by Kant; among others. Although, truly, meditation is neither an “experience” nor “human”, nor is it, therefore, “meditation” (as an activity that presupposes a subject).

4.- The return. Something that I have been observing for years in me and in other people who have meditated with me is that “the return” amplifies and sublimates the cosmos in which it is experienced, no matter which cosmos. Perhaps because any cosmos is a transparent bubble that, in silence, allows us to see the prodigy within it hovers. After the “return”, anyway, the world (our cosmos) would recover its clean, primeval smell: the smell of dawn on the sleeping land. Simone Weil [See here still in Spanish] put it this way: “Only dis-creating myself can I participate in Creation.” [See “Concept”]. Meditation could perhaps be defined as a process of dying and being reborn in the cosmos in which we died; feeling thus the smell of the first illusion, of the first dream of love.

5.- In “Machine” [See here] I suggest that the human being does not manufacture machines, but lives instead in a machine -a sacred machine- that manufactures machines through him. Everything is artificial. And everything is natural. In meditation state we feel that the force that is directed and controlled by such titanic multi-cosmical machinery is our own, but also that  we are not really “human beings”. There is an “inner” switch to “temporary” deactivate that cosmos-machine in which we live: Meditation. The “exterior switch” would be “Grace” [See here still in Spanish].

6. Kant made an enormous effort in his Critique of Pure Reason in order to mark the limits of human knowledge (of any knowledge indeed). And he drew a kind of island – the island of the knowable- surrounded by a tempestuous ocean, inaccessible to reason but also irresistible to it. It could be said that in meditation state we toss our consciousness into that ocean from the last cliff of our insular mind (and heart). And we return wet. Of water? No. Of ourselves: we are that overwhelming ocean that Kant considered unknowable. And the island might be our own work, made with our own metaphysical entrails.

7.- I think it is also useful to affirm from this cosmos that now spells us (the cosmos from which I write and you read) that the human being does not meditate. In meditation the universal “human being”, that noun, that concept [See “Concept”], that self-spell is deactivated. In meditation state one is not a human being [See “Human being”], nor a “citizen”, nor a “worker”, nor an “entrepreneur”, nor a “liberated woman”, nor a “son of God”, nor a “result of evolution”,  nor “a spot where the universe knows itself “. We might talk about an irruption of what has no essence (omnipotent nothingness) in one of its infinite creations. This last sentence is the most I can say within this dream; within this linguistic machinery. In meditation state you are no longer a “human being” but you have “the feeling” (if you can talk like that) of having finally returned to yourself: of having never been so much yourself.

8.- From a materialist-panmatematist perspective the state of meditation would be a necessary consequence of the interaction of the laws of nature on the Matter of our brain. If so, we should sacralize Mathematics and its capacity for reconfiguration of Matter [See “Matter”]. But meditation implies a deactivation of speeches, of seemingly legalized dreams: and the scientist-materialist discourse is a dream. A very useful dream. All dreams are useful. A clash between discourses on meditation is shown in the following broadcast of the Sternstunde Philosophie program on Swiss television (the presenter is Barbara Bleisch and she interviews Richard Davidson and Theodore Zeldin):

“Alle meditieren. Wer verändert die Welt?” [They all meditate. Who changes the world?]

9.- When dealing with the word “Light” [See here still in Spanish] I share the old feeling and idea that the source of all light (including the source of light that describes the current Physics) is an absolute darkness: there you can not see nor think. It could be said that to meditate means to climb “light up” until the darkness of the first spring. And, once there, to stop being -to be annihilated- in the sacred nothingness that transcends the existence/non-existence dualism. “After” (an “after” without time) we might return to the stream, and flow in it, knowing its source and its ending.

10.- Thanks to meditation we can love our mind: that place of wonders, that wizard’s workshop, that dance room always available for my dear logical dancers. But in order to love our mind we must be able to contemplate it as the one who looks at his sleeping son.

I took the picture that occupies the sky of this text in Gredos mountain range, after meditating.

David López

Una metafísica de la violencia

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La imagen que ocupa el cielo de este texto es un cuadro de Caspar David Friedrich titulado Abtei im Aichwald. En él se muestra un templo arrasado. Un ser humano es un templo, sagrado, por lo tanto no profanable. Ese es el principio fundamental sobre el que se construyen los sistemas jurídicos más avanzados del planeta.

Ese templo no deja de serlo aunque esté ideológicamente enfermo. A Bin Laden -ese templo incuestionable, ese “árbol de sangre”- se le asesinó de forma sacrílega. Él lo hizo con muchos más templos, con miles de templos, pero fue coherente con sus -esclavistas, miedosas, emponzoñadas- ideas. Los que le asesinaron y los que ordenaron ese asesinato no fueron coherentes con las suyas, que son justamente las que yo considero como las más avanzadas y más diamantinas de este planeta: los derechos humanos, la salvaguardia de los templos. A nadie se le ocurre derruir una pirámide de Egipto por el hecho de que en ella, o con ocasión de ella, se cometieran atrocidades.

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Pensadores vivos: Richard Dawkins.

Richard Dawkins. Yo creo que la clave de su pensamiento podría estar en la presentación que hace de sí mismo en su cuenta de Twitter. Ahí encontramos la siguiente frase:

Likes science, the poetry of reality.

Tengo la sensación, creciente, de que esa poesía a la que se refiere Dawkins no es de la realidad, sino al revés: la “realidad” es suya, es un producto de su fuerza, de su creatividad. Y es que los modelos de realidad que ofrece la Ciencia (aunque parezca que se verifican, que se prueban) no dejan de ser conjuntos de símbolos, leyendas, fantasías útiles. Todas las fantasías lo son. La poesía científica a la que se refiere Dawkins es creadora de mundos aparentes. Todos los mundos son aparentes. En realidad no estamos en ningún “mundo”. La “realidad” que quieren describir los científicos no cabe en ningún modelo comunicable. Es demasiado grande, demasiado misteriosa, demasiado bella quizás. También lo son ellos, los científicos, vistos desde sus propios modelos de realidad.

La palabra poesía implica siempre creación. Y toda creación presupone algo sacro e imposible a la vez. Sugiero la lectura de mi bailarina lógica “Poesía” [Aquí].

Richard Dawkins es un poeta aupado y encendido por otros. Eso ocurre con todos los poetas. Y desde su mundo poetizado se puede decir que unos seres poderosísimos (las Leyes de la Naturaleza) mueven su cerebro desde dentro y desde fuera para que poetice de una forma ya determinada desde las más insondables profundidades del universo.

Este post está estructurado en dos partes. En la primera parte reflexiono sobre su obra The God Delusion [El espejismo de Dios]. Las citas se refieren a la edición española de Espasa (Madrid, 2010; traducción de Regina Hernández Weigand).

En la segunda parte reflexiono sobre la obra The Blind Watchmaker [El relojero ciego].

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