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CURSO DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA

 

Desde el Todo está lleno de dioses de Tales de Mileto hasta la inteligencia artificial y la computación cuántica

 

 

La  tecnología, cuyo apoyo fundamental es la ciencia, está a punto de provocar una transformación verdaderamente radical en la estructura de lo que comúnmente se entiende por “mundo”; y en nuestras posibilidades de interactuar en él.

Puede ser cuestión de muy pocos años, por no atreverme a decir: meses. 

He creado este curso no solo para atender la peticiones de mis queridos alumnos, sino también para contemplar eso que sean la ciencia y la tecnología desde las alturas de la gran Filosofía, y hacerlo además desde una perspectiva histórica. Creo que es muy necesario. Hay que pensar, analizar -a lo grande-, algo tan poderoso, algo que va a reconfigurar -casi- todo.

Necesitamos perspectiva, información, profundización, y también visión de conjunto para acometer inteligentemente un momento como el que estamos viviendo. Necesitamos cultura científica, sí, pero expandida, e iluminada, por el prodigo de la Filosofía.

Son 30 conferencias. Todos los martes. A las 19:00 horas (Europe/Madrid). Cabe incorporarse en cualquier momento. La inscripción da derecho a obtener el vídeo de las conferencias anteriores (y obviamente de las posteriores).

No es necesaria ninguna formación académica previa.

[La inscripción se puede realizar directamente desde aquí].

 

PROGRAMA

1.- Introducción. Presentación general del curso y explicación de la lógica del programa. ¿Qué se entiende por “ciencia”? ¿Qué implica una Filosofía de la ciencia? ¿Es posible una ciencia sin Filosofía? ¿Y al revés?

2.- Los jónicos. ¿Cuál es la esencia, de qué están hechas, todas las cosas? Tales de Mileto: “Todo está lleno de dioses”.

3.- Los pitagóricos. El misterio de los números y las formas geométricas. El concepto de cosmos.

4.- Los físicos monistas y los físicos pluralistas de la Grecia presocrática. De Parménides a Demócrito. El concepto de átomo: lo indivisible. ¿Todo es un solo átomo o todo está construido con átomos indivisibles? ¿Es todo divisible, expandible, hasta el infinito?

5.- La ciencia en el helenismo. La biblioteca de Alejandría. La geometría euclidiana.

6. El cosmos ofrecido por Claudio Ptolomeo. La custodia religiosa de los modelos científicos.

7.- Ciencia y cristianismo. Pedro Abelardo. El tema crucial de los universales. ¿Existe en sí el mar más allá de esa palabra, de ese esquema de subdivisión de lo visible?

8.- Averroes. La ciencia en el Islam. La idea de una mente colectiva.

10.- Los franciscanos contemplan atentamente, analíticamente, tecnológicante, la obra de Dios.  Roberto Grosseteste. Roger Bacon. Duns Escoto. 

11.- “La docta ignorancia” de Nicolás de Cusa. Todo está en todo. Giordano Bruno: el infinito.

12.- La revolución de los cielos: Copérnico, Brahe, Kepler.

13.- Galileo. El método científico. El experimento mental. La matematización de la mirada.

14.- Isaac Newton. Perfeccionamiento del método científico. El universo-máquina. El tiempo y el espacio son los órganos sensoriales de Dios.

15.- Francis Bacon. Descubrir las formas en el universo, y crear nuevas formas. Magia y ciencia. La magia es más poderosa que la ciencia. 

16.- David Hume. La invalidez del concepto de causalidad. El fin del empirismo. Nunca se sabe ni se sabrá por qué ocurren las cosas.

17.- Kant. “El cielo estrellado por encima de mí”. La física de Newton como sistema operativo de la cámara con la que “mira” el ser humano a la cosa en sí (que es incognoscible, inimaginable).

18.- La auto-sacralización de la ciencia en el siglo XIX. Laplace. El determinismo científico. El sueño de la predictibilidad absoluta. Intentos de exorcizar la incertidumbre.

19.- Schopenhauer y la magia. El magnetismo animal. La astrofísica de John Herschel. Todos los cuerpos celestes, y todos los fenómenos naturales de la Tierra, los mueve nuestra voluntad.

20.- Las geometrías no euclidianas. Hay infinitas formas posibles de espacio físico. 

21.- La biología. ¿Qué es “la vida” vista desde la ciencia? La teoría de la evolución. Darwin. Determinismo biologicista. La reacción de Bergson: la biología libre, creativa, abierta.

22.- Se rompen los átomos (los ladrillos esenciales de la materia). Se abre la física subatómica. La mecánica cuántica. Planck. El gato de Schrödinger. Heisemberg y el principio de indeterminación. Pauli y Jung: la sincronicidad como principio causal. 

23.- Einstein. Estrenamos universo. El espacio se curva, el tiempo fluye a diferentes velocidades por ese nuevo universo. Todo está lleno de -descomunal- energía (de dioses energéticos).

24.- La Filosofía de la ciencia en el siglo XX. El círculo de Viena. Karl Popper. Thomas Kühn. Imre Lakatos. Paul K. Feyerabend. 

25.- La neurociencia. El cosmos cerebral. La paradoja del cerebro: ese órgano está en el mundo físico y es, a la vez, el único lugar donde puede existir el mundo físico.

26.- La divinización de los entes matemáticos. La ecuación de Dios (Michio Kaku). El misterio de la existencia y el propio ser de las leyes de la Física (Richard Feynman). 

27.- ¿Dónde creemos ahora que estamos? M-Theory (la “teoría del todo”). Los multiversos. Los universos paralelos. La inmensidad de lo pensable, de lo modelizable. El infinito mental. La metafísica libre.

28.- El ALICE PROJECT del CERN. Podríamos crear un universo con una materia distinta, con una textura de gluones y de quarks diferente a todo lo que ha existido hasta ahora.

29.- Internet. La inteligencia artificial. La computación cuántica. La realidad expandida. Efectivamente todo estaba lleno de dioses. Y eran más poderosos y fascinantes de lo que jamás cupo imaginar.

30. Visión de conjunto y reflexiones personales para la nueva era.

* * * *

El precio por el curso entero es 125 euros. Con el pago de la matrícula se tiene derecho al acceso a todas las conferencias y a las grabaciones de las mismas. Y seguiré ofreciendo, como en todos mis cursos, lo que se me ocurrió denominar “Bibliografía a la carta”. Esto significa que cada alumno me tendrá a su entera disposición para aconsejarle sobre textos que pudieran ser de su especial interés. Así podrá  realizar, por así decirlo, un viaje personal, único, en paralelo al que ofrece este curso.

[La inscripción se puede realizar también desde aquí].

Las bailarinas lógicas: “Meditación”

“Meditación”. Otra palabra, otra bailarina lógica. Otro delicioso hechizo.

Según mi propia experiencia  en la meditación se oye el silencio, y se percibe la prodigiosa inmensidad, de la sala de baile donde quieren bailar todas las bailarinas lógicas. La meditación disuelve a la diosa Vak (la Gran Diosa de la Palabra que aparece en el Rig Veda); pero la sublima a la vez al evidenciar la poderosísima nada de la que está hecha esa diosa.

Quizás las siguientes ideas ampliar mis posibilidades de acercar el lenguaje a esa enormidad que es fuente y, a la vez, muerte de cualquier lenguaje:

1.- “Meditación” es otra palabra, otra bailarina lógica, y, como tal, está construida por tejidos onírico-lógicos.

2.- Podría decirse que la meditación permite desactivar “temporalmente” un cosmos entero. Ese cosmos “hiberna” durante la meditación. Así, un creyente (viviente) en el cosmos azteca regresará a sus dioses y a su naturaleza encendida de almas. Aristóteles regresaría a su universo de esferas concéntricas. Y un físico actual  a sus super-cuerdas, a sus contradictorios cerebros en tres dimensiones y a sus agujeros negros. Cada uno regresará a su sueño sagrado y ubicará la experiencia de la meditación en las estanterías lógicas que le ofrezca ese sueño: a esa coreografía de bailarinas lógicas, si se quiere decir así.

3.- En cualquier caso es importante precisar que la meditación no dura diez minutos. Ni una hora. No tiene “duración”. Es una experiencia meta-temporal porque implica, cabría decir, una desactivación de esa maquinaria psíquica constructora de tiempo que describió Kant; entre otros. Aunque, en realidad, la meditación no es tampoco una “experiencia” ni es “humana”. Ni es, por tanto, “meditación” (como actividad que presupone un sujeto, etc.)

4.- El regreso. Algo que vengo observando desde hace años en mí y en otras personas que han meditado conmigo es que el regreso amplifica y sublima el cosmos en el que se viva. Quizás porque todo cosmos es una  burbuja transparente que, desde el silencio, permite ver el prodigio donde flota.  En cualquier caso, gracias al “regreso” el mundo recuperaría el olor a nuevo. El olor del amanecer sobre la tierra dormida. Simone Weil lo dijo así: “Sólo descreándome puedo participar en la Creación”. [Véase “Concepto“]. La meditación podría quizás ser definida como un morir y volver a nacer en el cosmos en el que se murió; pero volviéndolo a estrenar: el olor de la primerísima ilusión, del primerísimo sueño de amor.

5.- En “Máquina” [Véase] afirmo que el ser humano no fabrica máquinas, sino que vive en una máquina -una máquina sagrada- que fabrica máquinas a través de él. Todo es artificial. Todo es natural. Es lo mismo. Cabría aclarar aquí ya que la fuerza que es dirigida y controlada por esa titánica maquinaria es la nuestra propia, pero que ahí ya no somos “seres humanos”. Afirmo también con ocasión de la palabra “Máquina” que hay un interruptor “interior” para desactivar ese cosmos-máquina en el que vivimos: la Meditación. El “interruptor exterior” sería la “Gracia” [Véase].

6.- Kant hizo un enorme esfuerzo en su Crítica de la razón pura para marcar los límites de lo que podía ser conocido. Y dibujó una especie de isla -la del conocimiento humano- rodeada por un océano tempestuoso, inaccesible a la razón pero irresistible para ella. Cabría decir que en meditación saltamos a ese océano desde el último acantilado de nuestra mente -y de nuestro corazón- insulares. Y regresamos mojados. ¿De agua? No. De nosotros mismos: somos ese sobrecogedor océano que Kant consideró incognoscible. Y la isla es nuestra propia obra, fabricada con nuestras propias entrañas metafísicas.

7.- Creo que es también útil afirmar desde este cosmos que ahora nos hechiza (el cosmos desde el que yo escribo y tú lees) que el ser humano no medita. En meditación quedaría desactivado ese universal, ese sustantivo, ese autohechizo. En meditación no se es “un ser humano” [Véase], ni un “ksatriya”, ni un “obrero”, ni un “empresario”, ni una “mujer liberada”, ni un “hijo de Dios”, ni un “resultado de la evolución” ni “un lugar donde el universo se conoce a sí mismo”.  Se trata de una irrupción de lo que no tiene esencia (la nada omnipotente) en una de sus infinitas creaciones. Esta última frase es lo más que puedo decir dentro de este sueño; dentro de esta maquinaria lingüística, sagrada, pero cegadora. En meditación ya no se es un “ser humano” pero se tiene “la sensación” (si cabe hablar así) de haber vuelto por fin a uno mismo: de no haber sido nunca tan uno mismo.

8.- Desde una perspectiva materialista-panmatematista (el principio de indeterminación de Heisemberg es panmatematista) el estado de meditación sería una consecuencia necesaria de la interacción de las leyes de la naturaleza sobre la Materia de nuestro cerebro. Si es así, deberíamos sacralizar la Matemática y sus capacidades de reconfiguración de la Materia [Véase “Materia“]. Pero insisto en que la meditación implica una desactivación de los discursos, de los sueños aparentemente legaliformes: y el discurso cientista-materialista es un sueño. Un sueño muy útil, como lo son todos los sueños. Un choque entre discursos sobre la meditación se muestra en la siguiente emisión del  programa Sternstunde Philosophie de la televisión suiza (la presentadora es Barbara Bleisch): “Todos meditan. ¿Quién cambia el mundo?”.

“Alle meditieren. Wer verändert die Welt?”

9.- Al ocuparme de la palabra “Luz” [Véase] comparto la sensación de que la fuente de toda luz (incluida la fuente de la luz que describe la Física actual) es una tiniebla absoluta: no puede verse ni pensarse siquiera. Cabría decir que meditar es remontarse “luz arriba” hasta la boca del primer manantial. Y dejar de ser -aniquilarse- en Eso innombrable que trasciende el dualismo existencia/no existencia. Y, “después” (un “después” sin Tiempo), volver al arroyo, y fluir en él, sabiéndose su fuente y su final.

10. Y creo, finalmente, que desde la meditación cabe amar nuestra mente, ese lugar de prodigios, ese taller de magos, esa sala de baile para mis queridas bailarinas lógicas. Pero para amar nuestra mente hay que poder salirse de ella y contemplarla, con ternura, como el que mira, extasiado de amor, a su hijo dormido.

David López

Este blog de Filosofía no cuenta con publicidad ni con apoyo institucional. Y yo no tengo recursos financieros para sostenerlo y para desarrollarlo. Sí tengo, sin embargo, una  enorme cantidad de ideas y de proyectos filosóficos todavía por desarrollar y por comunicar. Por todo ello, si tú crees que tiene valor el trabajo que estoy ofreciendo aquí, por favor, considera la posibilidad de hacer alguna donación (a través del botón “Donate”). Tu ayuda puede ser decisiva para la supervivencia de este proyecto. Te doy mi palabra.

La bailarinas lógicas: “Ser humano”

 

 

Lo que aparece en la imagen es la escultura de un ser que, en 1758, se denominó a sí mismo Homo sapiens. En realidad lo hizo Carlos Linneo. Se ha dicho de este dador de nombres que fue un gran poeta sueco dedicado a la Biología. Rousseau y Goethe le veneraron. No fue Dios quien puso nombre a los animales. Ni siquiera al animal humano, que parece haberse puesto nombre a sí mismo.

Homo sapiens. Ser humano. ¿Estamos ante  bailarinas lógicas, puros símbolos, nadas que quieren ser algo en una conciencia? ¿Las conciencias son siempre “humanas”? ¿Soy yo, el que ahora escribe, un ser humano? ¿Lo eres tú, lector? ¿Qué es eso exactamente?

Antes de exponer lo que ocurre en mi mente cuando baila en ella la bailarina “Ser humano”, sugiero asomarse a las siguientes ideas, preguntas y perspectivas:

1.- El relato cientista-naturalista-evolucionista: a la materia [Véase “Materia”] en la que cree ese relato (a su universo), de pronto, en un punto concreto de su despliegue temporal, le ocurre, le brota, algo prodigioso: el ser humano. Se dice también que ese ser es un “lugar” donde el universo se contempla a sí mismo. Estado actual de esa narración:  en la primera versión de este artículo (2013) esa narración afirmaba que el primer ser humano moderno (con cuerpo y comportamiento igual al nuestro) habría aparecido en la actual Etiopía (hay restos encontrados de 195.000 años). Son los hombres de Kibish, descubiertos en 1967 por Richard Leakey.  Pero, al parecer, desde 2017 hay otro lugar en el planeta (en el universo conocido) que tiene ahora  el honor de ser nuestra primera cuna, nuestro primer brote: Jebel Irhoud, en Marruecos (315.000 años).

2.- El ser humano como secuencia genética. “El genoma humano”. ¿Cuándo empieza exactamente la materia a ser un “ser humano”? ¿Cuándo deja de serlo? ¿Es el código genético la esencia de lo humano? ¿Qué límites de diferencia, de deformidad, de alejamiento del modelo básico de “genoma humano”, son admisibles para seguir hablando de “lo humano”?

3.- El cuerpo humano. Modelos de cuerpo humano. El Hatha Yoga: el cuerpo como lanzadera espiritual. El modelo platónico: cuerpo/malo versus alma/buena). El cuerpo humano y su tensión con la sociedad… Sugiero la lectura de esta obra: Peter Brown, Body and society, Columbia University Press, Londres 1988.

4.-  Shakespeare (La Tempestad): Estamos hechos con la misma materia con la que se hacen los sueños.

5.- Biblia: Corintios 3, 16-17:  “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?  Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”.

6.- El hombre es el templo de Dios. Transcribo a continuación unas palabras de Paracelso sacadas de esta obra: Jolande Jacobi (edit): Textos esenciales. Paracelso, Siruela, Madrid 2007, p. 101. La traducción es de Carlos Fortea, y la obra cuenta con un epílogo de C. G. Jung.  “Qué maravillosamente ha sido creado y configurado el hombre, cuando se penetra en su verdadero ser […] Dios ha construido su cielo en el hombre, hermoso y grande, noble y bueno; porque Dios está en su cielo, es decir, en el hombre. Él mismo dice que Él está en nosotros, y nosotros somos su templo”.

7.- Kant. Somos ciudadanos de dos mundos. Uno de ellos es accesible al conocimiento humano El otro no lo es. Y estamos destinados a volar hacia el infinito. Hacia la Filosofía. No lo podemos evitar.

8.- Otra lectura que considero ineludible: Max Scheler: Die Stellung des Menschen im Kosmos, que creo que debería traducirse como La posición del hombre en el cosmos.

9.- Estructuralistas franceses. El fin del hombre. Todo es estructura meta-humana. [Véase Levy-Strauss].

10.- Humanismo político. Sacralización del ser humano. Construcción y custodia de sistemas políticos basados en el carácter sagrado del ser humano individual. Declaración universal de los derechos humanos. ¿Pero qué ocurre si ya no es claramente identificable un ser humano? Sugiero la lectura de este libro de Francis Fukuyama [Véase aquí]: El fin del hombre: consecuencias de la revolución biotecnológica, Ediciones B, 2002. La sacralización del ser humano (por el ser humano).  Sugiero también esta lectura: Adela Cortina, Las fronteras de la persona, Taurus, Madrid 2009. Sobre esta obra hice una crítica que se puede leer [aquí].

11- Creo también que deben ser leídos estos dos libros de Yuval Noah Harari: 1.- Sapiens: De animales a dioses: Una breve historia de la humanidad (Debate, 2014). 2.- Homo Deus: Breve historia del mañana  (Debate, 2016).

12.- Pero, ¿qué dice la Ley? ¿Cómo hay que ser para ser un “Ser humano” y, por tanto, ser la pieza clave de todo el ordenamiento jurídico? El artículo 30 del Código Civil español (tras la reforma de 2011), dice tan solo lo siguiente:

“La personalidad se adquiere en el momento del nacimiento con vida, una vez producido el entero desprendimiento del seno materno”.

Antes de dicha reforma el citado artículo expresaba lo siguiente:

“Para los efectos civiles, sólo se reputará nacido el feto que tuviere figura humana y viviere veinticuatro horas enteramente desprendido del seno materno”.

¿Ya no es necesaria la “forma humana”? ¿Cómo sería dicha forma? ¿Valdría ser un cerebro en una vasija? ¿Medio cerebro? ¿Qué valdría?

Comparto ahora algunas reflexiones personales sobre ese templo a que se refería Paracelso:

1.- Dijo Michel Foucault [Véase] que no son los hombres los que hacen los discursos, sino los discursos los que hacen a los hombres. Vak dijo algo similar -hace más de tres mil años- en el himno del Rig Veda que inspira mis bailarinas lógicas.

2.- “Ser humano” es una palabra. No somos seres humanos. La Poesía [véase] -el grupo de bailarinas lógicas que hayan conseguido sobrevivir en “nuestra” mente- nos hace vernos como seres humanos. O no. Una cosa es nuestro yo esencial (“metalógico”), y otra nuestro yo “lógico”: lo que vemos de nosotros mismos a través del filtro lingüístico-poético. Pero, ¿de qué abismo innombrable surge ese poetizar que toma nuestra mirada… ese poetizar que nos hace vernos como “seres humanos”?

3.- Como afirmé en Progreso [Véase] creo que lo “humano” no exige una forma concreta -ni siquiera un genoma concreto-, sino una esencia, digamos, metafísica (por no reducirse a las formas de lo físico): filósofos capaces de amar (y de soñar y hacer soñar)… incluso adoptando la forma de centauros, o de nubes, o de lagos perdidos, nunca visitados, pero llenos de mágicos seres. No ofrezco una definición. Se trata de una sugerencia de creatividad, de poetización, de hechizo, de identificación. Lo que somos, más allá de las poesías, es inefable.

4.- Podríamos decir, desde las metáforas, siempre desde las metáforas, que somos una sombra: algo innombrable, impensable, imperceptible, que (creativamente) sueña mundos: que sueña seres humanos. Y que se identifica con ellos. Y se religa con ellos [Véase Religión]. O no se religa. El sistema Samkya de la filosofía india: saber que no se es lo fenoménico (lo que se presenta como objetivo, la “materia”).

5.- No somos los productos de nuestra imaginación. Pero quizás sea más fascinante creer que lo somos.

En cualquier caso yo amo a lo seres humanos, a esas misteriosas creaciones. Y no lo puedo evitar además.

David López

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