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Las bailarinas lógicas: “Estado”

 

 

“Estado”. Dice el Tao Te Ching que es un aparato muy espiritual. Muy delicado. ¿Estará -ese “aparato”- también hecho con la misma materia con la que, según Shakespeare, se hacen los sueños? Creo que sí. El mundo es una red de sueños y soñadores.

Pero podría ser que, con ocasión de la histórica pandemia provocada por el coronavirus, esos sueños mutaran en pesadillas, que los Estados se hipertrofiaran y que el ser humano perdiera, por miedo, su sacra libertad: que dejara que el Estado entrara, y edificara, y gobernara, en los más sublimes valles y bosques de su alma. Sería un gran error, pues el Estado, por sí mismo, carece de vida, de alma, de magia, de sacralidad: no es nada sin el prodigio del ser humano individual. El Estado puede ser una amenaza real para la ecología del alma. Pero puede ser también un garante (una especie de macro-sacerdote) de esa sacra ecología.

“Estado”. ¿Qué es eso? ¿Alguien lo ha visto? ¿Alguien lo ha podido tocar, oler?

¿Es el Estado una creación humana o al revés?

La inquietante imagen que vive en el cielo de este texto corresponde a un fabuloso ser vivo denominado Dictyostelium discoideum. También conocido como “Moho del fango”. Supe de él leyendo esta obra: Emergence, de Steven Johnson. Ese moho me parece una imagen perfecta de un Estado. Lo explicaré más adelante. Otra imagen perfecta de Estado es, en mi opinión, la que aparece en el video que incorporé en el texto que explica lo que entiendo por “Bailarina lógica” [Véase].

Antes de exponer mis ideas sobre eso que haya detrás de la palabra “Estado”, creo que puede ser muy útil, como propedéutica, caminar y escuchar por los siguientes parajes:

1.- El Tao Te Ching. “Poder amar al pueblo y gobernar el Estado, sin actuar”./ “El imperio es un aparato muy espiritual. No se puede manipular con él. Manipular con él es estropearlo. Cogerlo ya es perderlo”. (Tao Te Ching, traducción de Carmelo Elorduy, Tecnos, 2000). Creo que “manipularlo” es, simplemente, corromperlo. No ponerlo al servicio de la plenitud, de la sacralización del ser humano. Que el ser humano no sea el fin único del Estado, sino su medio, la materia de la que se nutra.

2.- Los sofistas de la antigua Grecia. El Estado sería equivalente a una mezcla de lo que ellos denominaron “Polis” y “Nomos”.  ¿Es el Estado –Polis/Nomos– el enemigo del hombre? ¿Es simplemente un instrumento en manos del poderoso? Protágoras de Abdera: el Estado sería un pacto colectivo derivado de la necesidad (de la connatural indigencia humana). Trasímaco: el que gobierna llama justo a lo que satisface su interés egoísta. Gorgias: el Estado al servicio del más fuerte; y el más fuerte es aquél -ser humano- que domine la palabra. Volvemos a nuestra diosa Vak (la palabra que habla y alardea de su propio poder en el Rig Veda). Tal como parece que pensaba Gorgias, el hombre (poderoso) se creería dueño de esa diosa. Foucault [Véase], o Levi-Strauss [Véase], entre muchos otros, creyeron, o al menos dijeron, lo contrario. ¿Es la palabra entonces la que gobierna los Estados, o gobiernan ellos en virtud de la palabra… estatalizada? Respecto de los tesoros de ideas disponibles en la antigua Grecia no dejéis de leer  estas dos obras: W. K. C. Guthrie: A History of Greek Philosophy (Cambridge University Press, 1969). Edición en español: Historia de la Filosofía Griega (Gredos, Madrid, 1988); y Sofistas: testimonios y fragmentos (introducción, traducción y notas de Antonio Melero Bellido, Gredos, Madrid 1996).

3.- Agustín de Hipona y la Ciudad de Dios: el Estado sería una congregación de hombres que tienen unas creencias comunes. Y que comparten un objeto de su amor. San Agustín distingue entre una ciudad celeste espiritual (civitas coelestis spiritualis), una ciudad terrena espiritual (civitas terrena spiritualis) y una ciudad terrena carnal (civitas terrena carnalis). Hay una página en internet que me parece de enorme utilidad para quien quiera estudiar a este gran pensador y sentidor cristiano. Es ésta: http://www.augustinus.it/. Y una obra de gran interés sobre la posible pervivencia y transformación del concepto de Ciudad de Dios a lo largo de la historia es la siguiente: E. Gilson:  Les métamorphoses de la cité de Dieu (Vrin, Paris 1952). Edición española: La metamorfosis de la ciudad de Dios (Rialp, Madrid 1965). En mis conclusiones afirmaré que todo proyecto político debe contar con un modelo de “Ciudad” ideal y amarlo. Y que cualquier Estado es, siempre, “civitas spiritualis”.

4.- Thomas Hobbes. Leviathan. El estado como monstruo necesario, y violento. Ese monstruo es es la única forma de frenar la “guerra de todos contra todos”. Triste. Vergonzoso. ¿No crees?

5.- Baruch Spinoza: Tratado teológico-político (Alianza editorial, Madrid 1986). Al final de esta obra se dice que “nada es más seguro para el Estado, que el que la piedad y la religión se reduzca a la práctica de la caridad y la equidad; y que el derecho de las supremas potestades, tanto sobre las cosas sagradas como sobre las profanas, solo se refiera a las acciones y que, en el resto, se conceda a cada uno pensar lo que quiera y decir lo que piense”. Creo que este consejo de Spinoza es de inmensa valía. Sin libertad de pensamiento y de expresión no hay persona humana.

6.- Nietzsche: Así habló Zarathustra. En el capítulo titulado “Sobre el nuevo ídolo”, el filósofo del martillo dice esto: “Ahí, donde termina el Estado, ¡mirad bien hermanos míos! ¿No veis el arco iris y los puentes del Super-ser humano”. (Edición de Colli y Montinari, Deutscher Taschenbuch Verlag, München 1999, p. 64). A partir de estas frases de Nietzsche cabría decir que todo Estado necesita de seres humanos que se aparten de él para, así, revivificarlo con nuevas ideas: nuevas cosas a las que amar colectivamente: nuevos sueños que soñar en red. Y ese apartarse del Estado no tendría que implicar un acto ni siquiera físico. Valdría una cierta capacidad mental de -relativa- desprogramación: de lúcida y revivificante distancia. Nietzsche en realidad se consideró una especie de terapeuta de la civilización: creyó en la creación de algo así como un “logos azul” que podría modificar el estado de conciencia de eso que, desde este nivel de conciencia, llamamos “Ser humano”.

7.- Simone Weil: “una vida colectiva que, aun animando calurosamente a cada ser humano, le deje a su alrededor espacio y silencio”. Creo que no pueden no leerse: La pesanteur et la grâce (Plon, Paris 1988). En español: La gravedad y la gracia (Traducción e introducción de Carlos Ortega, Trotta, Madrid 2007). Y: L’Enracinement, prélude à une déclaration des devoirs envers l’être humain. En español: Echar raíces (Presentación de Juan-Ramón Capella, Trotta, Madrid 2014).

8.- El moho del fango (Dictyostelium discoideum). Me parece muy interesante este libro: Steven Johnson: Emergence. The Connected Lives of Ants, Brains, Cities and Software (Scribner, New York, 2001). Edición española: Sistemas emergentes. O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software (Turner-Fondo de Cultura Económica, Madrid 2003). La tesis fundamental de esta obra es que los sistemas (como las ciudades por ejemplo) se organizan “de abajo arriba”, sin una guía superior. Todo funcionaría perfectamente sin que nadie -ninguna inteligencia particular-sepa cómo funciona. El moho del fango sería un sistema biológico prodigioso: una congregación espontánea de seres vivos individuales que, temporalmente, dejan de ser varios y pasan a ser uno: pasan a querer, a amar, a ser, lo mismo. Yo sostendré que eso podría ser un Estado: ilusión colectiva. Pero frágil. Casi delicuescente.

Ofrezco a continuación algunas reflexiones personales:

1.- El tema del Estado -o la “Ciudad” en sentido amplio- me parece de importancia capital. El ser humano -el individuo- es social y esa sociedad, ese cuerpo, es determinante para sus posibilidades de desarrollo. Y viceversa.

2.- El Estado como objetivización y, a la vez, garante, de sueños colectivos, como una divinidad meta-antrópica, un Dios creado por el hombre y creador del hombre que usa la violencia, y el amor, a la vez, para cohesionar voluntades e ilusiones particulares. Pensemos en el cuadro de Escher en el que dos manos se pintan (se otorgan realidad, se configuran) recíprocamente.

3.- El Estado es un ser muy poderoso: controla, en buena medida, la educación: el programa básico de los soñadores. El Estado instala un cosmos entero en la conciencia de sus ciudadanos. Se puede decir que el universo entero es estatal, porque es un producto educacional. No sabemos como es el universo en sí: solo sabemos cómo es el universo que nos ha narrado el Estado.

5.- El Estado se crea discursivamente (se teoriza) a sí mismo, como un Dios con cierta aseidad. El Estado depende de los cerebros estatalizados de sus ciudadanos para existir en la materia, y también para recibir materia discursiva: el Estado es algo pensado, teorizado, por los ciudadanos estabilizados.

6.- Un buen Estado debe fabricar ilusiones permanentes. Ilusiones posibles. Un estado debe ser algo así como Dream Works. Su mayor amenaza no es, como dijo Hobbes, la guerra civil, sino el aburrimiento: la falta de ilusión: la ausencia de hechizos capaces de movilizarnos bioquímicamente (por utilizar una palabra aceptada hoy día por el sistema educativo de este Estado).

7.- Un fenómeno desconcertante, metafísicamente fabuloso: el Estado es una fuente poderosa de emisión de Logos (el sistema educativo, la Ley, medios de comunicación, etc.). Pero esa emisión, a la vez, está nutrida por la emisión lógica de sus ciudadanos: por lo que piensan y dicen. Estamos ante un flujo lógico impresionante y desbordante para nuestra inteligencia, digamos, estatalizada: el conjunto y la parte se autofecundan permanentemente: no se sabe dónde está el poder.

8.- ¿Cómo será el “Estado en sí”, esto es: no mirado a través de nuestra conciencia estatalizada?

9.- El Estado es un mito que se hace a sí mismo. Una fuerza invisible que modifica la materia al servicio de ese mito (armas, por ejemplo). Es pura magia pragmática al servicio de una idea. El Estado controla incluso la narración histórica. Es su raíz lógica. Su teogénesis. Creo que puede ser útil aquí leer la palabra “Historia” [Véase].

10.- “Ciudad de Dios”. Si por “Dios” entendemos la Idea superior a la que debe estar -o está de hecho- sometido todo lo que se entienda por “real”, cabría afirmar que todo modelo de Estado presupone la creencia en una “Ciudad de Dios”. La sociedad sin clases que soño Marx sería un ejemplo. Otro lo sería ese mundo de paz y armonía globalizada, basada en la Democracia, los Derechos Humanos (con mayúscula), etc. Otro lo sería una Humanidad completamente islamizada, sin un solo “infiel”.

11.- Creo que, mientras vivamos vertebrados con otros seres humanos, es crucial que amemos esa vertebración: que amemos el Estado; y que ese amor nos lleve a querer lo mejor para “él” (la mejor forma para “él” si se quiere, lo cual implicaría una constante vigilancia, y la asunción de algo así como un modelo ideal: una “Ciudad de Dios”). Y el Estado debe amar, incondicionalmente, a sus ciudadanos. A todos.

12.- ¿Cuáles son los límites físicos, o incluso espirituales, del Estado? ¿Cuáles las fronteras entre el Estado y la Naturaleza? Ninguna. Ya afirmé antes que tengo la sensación de que el universo (como modelo, como narración, como Cosmos) es estatal: forma parte de la estatalizada forma de mirar al infinito misterio (la magia) que nos envuelve y que nos constituye. [Véase”Naturaleza”].  Pero podría decirse también que esa infinita magia arde también (con fuego consciente) en todos los rincones lógicos y físicos y burocráticos de todos Estados. Esos seres “artificiales” no pueden escapar de la tormenta de prodigios que sacude todos los rincones de lo real. Nada puede hacerlo.

13.- Desde la Apara-Vidya [Véase] que yo venero, creo que un Estado debe tener un objetivo ineludible: encender los ojos, de los niños primero, y de los que no lo son después. Un Estado debe ser capaz de generar ilusiones sostenibles (para poder seguir soñando). Y, sobre todo, debe ser capaz de actualizar seres humanos (desarrollarlos en plenitud). Esa actualización, como diría Aristóteles, ocurre cuando el ser humano activa plenamente el filósofo que lleva dentro.

14.- Pero no solo la Filosofía debe ser propiciada y amada por el Estado, sino también la creatividad de sus individuos: precisamente de ahí obtiene él sus nutrientes, su vida misma, su textura onírica, su poderío ilusionante.

15.- Los estados totalitarios, hiper-colectivistas, primero secan los manantiales espirituales de sus ciudadanos y después, se secan ellos por completo.

16.- En “estado” de meditación desaparece el “Estado”. Pero, a su vez, un Estado debe ser capaz de entregar espacio y tiempo a sus ciudadanos para que puedan meditar. Pues será gracias a esos espacios, a esos silencios, como podrá entrar en el Estado la energía infinita de lo sagrado.

17.- Un Estado que propicie, con amor y con respeto, la Filosofía y el Arte sentirá muchos más vértigos, deberá asumir -él y sus ciudadanos- posturas mentales más difíciles, pero disfrutará -él y sus ciudadanos-, todos, del olor de la brisa de la fertilidad y de la belleza infinitas. Estará vivo de verdad: sublimado.

Cabría por tanto acuñar el concepto de “Estado sublimado” y luchar por su materialización: que ese Verbo se haga carne.

David López

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Filosofía de la política: “Soy un parado”

 


Mi diccionario filosófico es, en realidad, un estudio teológico de la omnipotencia de la diosa Vak (la diosa védica de la palabra, del lenguaje que se sabe a sí mismo omnipotente). Y creo que esa diosa, como todas, solo tiene sentido si somos capaces de movilizarla al servicio de la plenitud -de la sacralización- de la condición humana. Soy consciente de la arbitrariedad, del antropocentrismo, y de la irracionalidad incluso, de este culto. Pero me es igual. No voy a renunciar a mi culto hacia lo humano. Ya es tarde. Amo demasiado a demasiada gente.

Y no conozco denigración más radical de la condición humana que la que se consigue con las palabras. “Poéticamente habitamos en la tierra” (Hölderlin). “Los hombres no hacen los discursos discursos, sino que los discursos hacen a los hombres” (Foucault). “Creer es crear”(Unamuno)…  Si es así, estemos atentos a las frases que vibran en ese sueño lógico-poético en el que estamos todos -prodigiosamente- colgados. Salgamos de las cárceles de palabras en las que, sin apenas darnos cuenta, por pura ‘obediencia poética’, confinamos la inmensidad de nuestro ser. Cárceles que, en definitiva, suponen una falta de respeto a nuestra dignidad.

Tengo la sensación creciente de que somos seres impresionantes, ilimitados, sacros. Nuestros límites no se conocen ni se conocerán jamás. Cuando un ser humano utilice para sí mismo el verbo “ser” debe apuntar al infinito.

Soy consciente del difícil momento que estamos viviendo. Pero me es imposible aceptar que un ser humano afirme:

“Soy un parado”.

A través de esas frases veo una autodenigración, una renuncia, una auto-falta de respeto, un hechizo poético necroseante de la dignidad humana. Un exceso de ‘obediencia poética’. Y más todavía: veo una suerte de grisácea estatalización del alma humana (o de la mente, para el que la palabra alma le produzca rechazo).

El ser de cada uno no puede estar narrado, esencializado, desde una normativa administrativo-laboral. Lo dice alguien que ejerció durante quince años como abogado. El hecho de que la “actividad profesional” de un ser humano no esté estructurada en virtud de un contrato por cuenta ajena no puede transmutar la sacra conciencia humana en conciencia esclavista, quejosa, resentida, autolimitada.

El hecho de no estar prestando servicios por cuenta ajena dentro del -imaginario- dualismo empresa/trabajador, no debe paralizar la creatividad, ni disminuir nuestra esencial monarquía (somos monarcas, todos, no lo olvidemos; monarcas que mantienen relaciones éticas con los demás). Disponemos de todas las mañanas del mundo para sacar un papel y un lápiz y mil ideas y soñar con los pies en la tierra, solos, o con otros monarcas. Hay que crear. No se puede estar ‘parado’. Incluso aunque no haya ayudas suficientes. Todos disponemos de ayudas suficientes en nuestro interior. Somos magos, no esclavos cuyo único objetivo es ser tratados lo mejor posible por un gran emperador (sea una empresa o una administración pública o los líderes de una ideología).

No quisiera ofender a nadie. Por favor. Mi intención es justamente la contraria. Pero creo de verdad que es una ofensa llamarle a alguien “parado”. Y que también lo es, hacia uno mismo, creerse “parado”. Está pendiente una nueva matriz narrativa desde donde re-vivificar eso que ahora llamamos “economía” o “política”. Hay nuevos cielos ideológicos por ser creados, narrados. Caben nuevas formas de ilusionarse colectivamente (no otra cosa es una civilización).

Lo más urgente es apostar por la grandiosidad de los seres humanos, de todos, y de sus inefables posibilidades. Pero hay que poner fin a la esclavitud (a la conciencia esclavista).

Creo que ése es el mensaje fundamental del gigantesco Nietzsche:

“El filósofo griego pasó por la vida con el secreto sentimiento de que había más esclavos de los que uno podría imaginar, es decir, cualquiera que no fuera filósofo era un esclavo; su orgullo aumentó, cuando consideró, que también los que eran los más poderosos del mundo formaban parte de sus esclavos. Este orgullo es también para nosotros ajeno e imposible. Ni siquiera como alegoría la palabra esclavo ejerce sobre nosotros toda su fuerza” [La Ciencia alegre, aforismo 18].

Creo que hay que hacer huelgas poéticas: dejar durante un día, al menos, los discursos de autodenigración, y de demonización, en los que actualmente vibran millones de almas humanas.

Hay que abandonar las cárceles de palabras. Y las demonizaciones irreflexivas. Es divertido luchar contra ‘los malos’ (y sirve además para cohesionar grupos de individuos con problemas de cohesión interna), pero me temo que no hay tantos malos. Quizás ninguno.

No creo en las conspiraciones. Me temo que todo es infinitamente más complejo. Nadie maneja los hilos aquí dentro, en el teatro del mundo. El presidente de Goldman Sachs está tan aturdido física y metafísicamente como un ‘parado’. Ardemos en un misterio descomunal. Diría quizás Ortega que braceamos como podemos. Tengamos compasión hacia nuestros compañeros en el misterio.

Sí creo que la única conspiración real se mueve entre los bastidores de esta misteriosa obra de teatro en la que vivimos (entre las inmensas olas del mar metafísico en el que todos braceamos lo mejor que podemos). Y siento, contundentemente, que se trata de una conspiración urdida por una omnipotencia que nos ama con desmesura.

Schopenhauer:

“[…] en el simple sueño la relación es unilateral, y es que solo un yo verdaderamente quiere y siente, mientras que los demás no lo hacen, pues son fantasmas; por el contrario, en el gran sueño de la vida tiene lugar una relación multilateral, toda vez que no solo uno aparece en el sueño del otro, sino que éste también aparece en el de aquel, de forma que, por medio de una verdadera harmonia praestabilita, cada uno sueña solo aquello que para él es adecuado según su propia guía metafísica, y todos los sueños-vida están entretejidos con una perfección tal, que cada uno experimenta solo lo que le es beneficioso y hace lo que es necesario para los demás […]” (Parerga y Paralipomena, pp. 232-233, según la edición de Arthur Hübscher de 1988).

Somos dioses. Dioses entrelazados.

Y como dioses que somos podemos crear un nuevo Matrix -un nuevo Maya- donde ilusionarnos todos juntos. No hay vida sin ilusión.

David López

La bailarinas lógicas “Tapas” (Sufrimiento creativo)

 

 

Tapas. Una palabra, un concepto, que desencadena dentro de mi mente una excepcional fascinación filosófica. Viene del védico antiguo. Este lenguaje fue escrito en Devanagari (“la escritura de los dioses”). La belleza de su caligrafía se puede ver aquí:

नासदासीन नो सदासीत तदानीं नासीद रजो नो वयोमापरो यत |
किमावरीवः कुह कस्य शर्मन्नम्भः किमासीद गहनं गभीरम ||

Es el comienzo del famoso Himno a la Creación (10.129) del Rig Veda. Se puede encontrar en esta generosa página web:

www.sacred-texts.com

Sufrimiento. Creación. Nietzsche elevó el sufrimiento (por supuesto el sufrimiento no deseado, no buscado) a los más altos niveles de la naturaleza humana, y sacralizó a quien diera un  heroico “sí” a la vida, con todo su sufrimiento. El filósofo del martillo rindió culto a un sufriente esfuerzo artístico cuyo fin sería aumentar la potencia del hechizo estético de la vida, de la realidad única, de lo inmanente. Schopenhauer, por el contrario, dio un “no” radical a la vida, a este mundo, a este sueño/hechizo que tanto dolor nos causa; y proclamó no solo la urgencia de su completa aniquilación, sino también la posibilidad de la Creación de otro mundo, de otra realidad completa, impensable, incluso inimaginable, desde éste. [Véase aquí mi articulo sobre la metafísica de Schopenhauer, todavía en alemán].

Dolor. Sufrimiento. Creación de la realidad. Tapas

Estamos frente a un sustantivo sánscrito relacionado con el verbo tap (calentar). Recomiendo, a quienes aún no lo conozcan, este recurso de la universidad de Colonia:

https://www.sanskrit-lexicon.uni-koeln.de

Ahí encontramos estos significados para Tapas: “calor”, “los cinco fuegos a los que el devoto está sometido en la estación cálida”, “dolor”, “sufrimiento”, “austeridad religiosa”, “mortificación del cuerpo”, “el aprendizaje sagrado de los brahmanes “, “dar el alma a los brahmanes”, “servicio”, “alimentarse solo con raíces y hierbas”…

Pero un estudioso como Maurice Blomfield fue mucho más allá y, en su edición del Atharva Veda (Estrasburgo 1899, p. 87), tradujo Tapas como “fervor creativo”. 

Esta concepción de Tapas también se puede encontrar en el antes mencionado Himno de la Creación del Rig Veda, cuyo tercer verso canta así:

“La oscuridad estaba oculta por la oscuridad al principio; sin distinción, todo esto fue agua. La fuerza de vida que estaba cubierta de vacío, esa surgió a través del poder del calor.”

Para la cita anterior he utilizado la traducción y edición de parte de los himnos del Rig Veda de Wendy Donniger (Penguin, Londres 1981). Esta traductora incluye una nota en la palabra “calor” que dice lo siguiente:

“Tapas designa calor, en particular el calor generado por la actividad ritual y por la mortificación física del cuerpo” (La traducción del inglés al español es mía).

Pero resulta que nos enfrentamos a un himno que quiere explicar el misterio de que haya algo en lugar de nada: algo, además, que surge de la nada: la Creación. Y la clave parece estar en un cierto tipo de sufrimiento; o, mejor dicho, en una canalización creativa del sufrimiento extremo.

Este poder creativo del sacrificio ascético, el “calor” del ascetismo, también se muestra en otro famoso himno del Rig Veda, el Purusa-Sukta (10.90), que describe la Creación como el resultado de un violento desmembramiento del hombre primordial. Leamos su noveno verso:

“De ese sacrificio en el que se ofreció todo, nacieron los versos y los cantos, nacieron de él los metros, y de él nacieron las fórmulas”.

Parecería que el enorme sufrimiento de ese ‘proto-humano’ que fue desmembrado sería la energía fundamental de toda la Creación, incluida la palabra primigenia [Véase la introducción de este diccionario filosófico].

Ahora procedo a transmitir algunos pensamientos personales sobre el misterio del sufrimiento. (He vivido lo suficiente como para haberlo experimentado plenamente, varias veces, en su asombrosa plenitud):

1.- La realidad del sufrimiento, incluso del sufrimiento extremo, es sin duda uno de los elementos centrales de nuestra existencia. Por otro lado, cabría afirmar que la intensidad que puede alcanzar ese ‘dolor del alma’ es una de las experiencias más sorprendentes, más desconcertantes, de nuestra vida.

2.- Buena parte de los sistemas religiosos, e incluso filosóficos, son gigantescas farmacéuticas que ofrecen todo tipo de remedios contra el sufrimiento (‘el dolor del alma’). Y, en muchos casos, se medirá su ‘nivel de verdad’  en función de la eficacia que dichos sistemas tengan a la hora de diseñar sus productos (los cuales además suelen estar fabricados solo con palabras).

3. Veo dos tipos básicos de sufrimiento: el ‘protector’ y el ‘creativo’.

El ‘sufrimiento protector’ sirve para proteger, para sostener, nuestro mundo, nuestro modelo actual de existencia (por ejemplo, el dolor que nos impide realizar actos que puedan amenazar la integridad de nuestro cuerpo físico, o la estabilidad de nuestra dimensión financiera, o la supervivencia de nuestro arquetipo de familia, o la pureza de nuestro modelo de sexualidad, o la supuesta sacralidad de la bandera de nuestra nación). Los mundos y sus hechizados habitantes están protegidos por un sistema dual de placer/sufrimiento. Cualquier cosa que amenace o rompa nuestro cosmos causa sufrimiento. Pensemos en el sufrimiento (sufrimiento lógico podría llamarse) causado por los discursos que derivan de ideas políticas radicalmente diferentes de aquellas que estructuran, que sostienen, la comodidad político-ideológica del oyente.

El ‘sufrimiento creativo’, por el contrario, propiciaría la necesidad de huir de un mundo ya insoportable y crear otro, e incluso tomar algunas joyas esenciales del primero y llevarlas al nuevo. Me refiero a algo así como una emigración metafísica (no necesariamente física, o territorial) que, en su duro viaje, transporta lo que no es renunciable: un hijo, por ejemplo, o ciertos valores éticos. Este tipo de creación/migración requiere sufrimiento extremo. Pensemos en la idea de Marx de utilizar el sufrimiento extremo de las masas trabajadoras para dinamitar completamente lo que él consideraba como un sistema capitalista (y, por lo tanto, anti-humano, maligno). De hecho, el sufrimiento extremo, cuando supera ciertos umbrales, funciona como un arado (y también como una barita mágica) en el jardín infinito de nuestra conciencia. Ese sufrimiento extremo puede incluso romper los diques de contención que nos separa de ‘lo otro’. De todos modos, si, como dicen Buda o Schopenhauer, la vida es un sufrimiento extremo, podríamos afirmar que la vida es Creatividad (con mayúsculas). Creatividad ubicua y permanente. Creatividad que también presupone (necesita) destrucción, dolor. Estoy hablando de un infierno personal involuntario que, al mismo tiempo, es la fábrica de cualquier cielo, y no solo de nuestro cielo privado, sino también de un cielo que podría ser compartido.

4.- Muchos de nosotros podemos recordar esto: sufrir intensamente dentro de un sueño y, de repente, ser conscientes, desde una misteriosa y radical lucidez, de que podemos escapar de ese torturante sueño en cualquier momento. Solo con quererlo. Y de hecho lo hacemos. En realidad lo ya lo hicimos, porque de lo contrario no estaríamos leyendo este texto.

5.- Se podría decir que todos los mundos están abiertos. Es posible salir, escapar a otro Maya, o a la ‘Nada’ de la que brotan y a la que regresan todos los mundos. ¿Podemos crear mundos? Sí. Y no solo eso: podemos re-crearnos a nosotros mismos. Y parece que la fuerza decisiva para ello es un sufrimiento anterior, insoportable: una prodigiosa catapulta emocional. Una catapulta que hay que manejar con cuidado si se quiere que cause los efectos deseados. Paradójicamente, el sufrimiento extremo puede ser una oportunidad para realizar milagros supuestamente imposibles dentro del mundo que estaba protegido por el ‘sufrimiento protector’. El sufrimiento extremo (no voluntario, insistamos) puede considerarse magia pura. Eso parecen indicar los himnos a la Creación del Rig Veda a los que me he referido anteriormente.

A continuación ofrezco un enlace en el que se puede ver un fragmento de Todas las mañanas del mundo, una película dirigida por Alain Corneau. Cuenta la asombrosa historia de Saint Colombe, un músico del siglo XVII que canalizó su sufrimiento extremo (y su autodisciplina extrema) para crear una música capaz de convocar, y también de estremecer, a su esposa muerta. La música es interpretada para la película por Jordi Savall. Disfrutad en plenitud de este sublime fruto del sufrimiento creativo:

 

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The logical ballerinas: “apara vidya”

 

apara vidya

I found this logical ballerina of the old Indian Philosophy while walking though this beautiful book: The Upanishads [introduction and translation of Swami Nikilanada], Ramakrishna-Vivekananda Center, New York 1949.

And this is the forest glade where I saw her dancing, for the fist time in my life  (Op. cit. vol. I, p. 78):

“We have already spoken of the two aspects of Brahman: Nirguna and Saguna. Nirguna Brahman is characterized by an absence of all attributes. It is Pure Consciousness and the immutable foundation of the universe. Again, in association with maya, Brahman appears as Saguna Brahman, which, from the standpoint of the Absolute, is mutable and impermanent. The knowledge of the former is called the Higher Knowledge, and that of the later, the lower knowledge. The Higher Knowledge brings about immediate Liberation, resulting in the utter cessation of all suffering and the attainment of supreme Bliss. The lower knowledge leads to the realization of the position of Brahma and thus paves the way for ultimate Liberation. It offers the highest happiness in the material world. But still it is not Immortality. The attainment of the Higher Knowledge, or Para Vidya, is the goal of the spiritual life. But the lower knowledge, or apara vidya, is not to be neglected or despicted. As long as man is conscious of the ego and the outside worlds, and as long as he takes these for real, so long must he cultivate this knowledge. The Bhagavad Gita says that if a man who is identified with the body follows the way of the Unmanifest, he only courts misery. The Mundaka Upanishad exhorts the pupil to cultivate both the Higher Knowledge and the lower knowledge.”

My intention in this text is to figure out the metaphysical-systemic meaning of the very fact of the existence  of that alleged “inferior wisdom”: the very fact that there is something – life, world, or whatever you want to call it – where, if you have certain very precious knowledge, you can be happy. How and why was our world designed in that challenging way? Is it a moral, mighty video-game? Or was the world not designed that way (there is no design at all) and are we now dealing with false philosophical problems?

Anyway, since we are now not supposed to be in that Vedantic “superior wisdom” (actually if we were there, there would not be an “I” that writes and another “I” that reads), we can contemplate and enjoy the awesome intellectual storm of increasing and unresolved doubts. Let’s start asking. Lets fully open and peek out every conceivable windows of our mind and of any mind. Let’s start loving, yearning, what we don’t know, “that” whose mere existence we can not imagine. Let’s start enjoying the sublime (and harsh) pleasure of Philosophy.

But do we really want to resolve all doubts? Do we really want the absolute cessation of all suffering? Do we want immortality? Do we yearn, like Schopenhauer, an eternal, beatific nothing?

Apara vidya is the wisdom for those who don’t want to escape from life, for those who do not mind to go on loving the world (the whole reality if you want) without really understanding it. It could also be called “wisdom of life.” Or wisdom “of the dream”, if we see our life as a dream (it is, in fact, a dream: a sacred dream). But who/what dreams?

And, especially: How is it possible the very existence of ignorance within the Being? Is not the ignorance a miracle?

More questions: Can we be more or less happy in our life depending on the knowledge that can be achieved in it? Is it worth being wise here inside? Is the wise happier? Are we free inside this world to decide and achieve the scope of our wisdom and happiness? How much knowledge and happiness are available?

Do we have – the “human beings” – power enough to transform our life (Our mind? Our consciousness?) into a work of art, into something wonderful… according to our own model of what is and what is not wonderful?

Is it worth our effort, our daily struggle, our telephone call this very morning to that person whom one day we decided to hate forever, or the daily care and respect for our body, or our unconfessed prayers to… we do not know very well what omnipotences, or our sleeplessness caused by our financial problems, or our trembling fight against our darkest shadows? Is it worthwhile to educate our children, to manage our economy with diligence, to vote good governments?

In summary: Is it worth this very world, this life, even if it is a dream, even if it is an ephemeral ripple of the mind of Something unnameable?

Yes, it is. Sorry Schopenhauer.

But what am I referring to, specifically, with the expression “this life”? And where lives my life?

Schopenhauer [See here in German], subjugated by some models of the Mystic tradition, and tortured by his own psychological and familiar hell, proposed a radical abandonment of the world (his world). Nietzsche (who was radically loved by his parents) even though he suffered much more than Schopenhauer,  proposed just the opposite: a radical and passionate permanence in the world, in that world in which we so much doubt, tremble and suffer (and enjoy) and die: heroic permanence, with all the senses activated, exposed (not drugged), introducing our hands and thoughts in all the muds and in all the tears and in all the possible and impossible stars so as transform our life into a great work of art. The goal would not be happiness, but art (bewitching, designed, artificial contents of consciousness).

For what then the superior wisdom, the Para Vidya? Why then to escape from this unsayable prodigy that we call life? Are we going to escape from it only on the grounds of stopping our suffering? And do we not endure the idea of dying? Why not? Is not the idea of finitude (death) as fascinating and unthinkable as the infinitude?

Last question: Is it possible to make use of the Higher Knowledge and (refusing the advise of the Bhagavad Gita) put it at the service of life?

Some of my ideas (of my feelings):

1.- I suspect, I verify almost every day, that we have an overwhelming influence in the unfolding of what we call “our life”.

2.- I believe that, if we become aware of what we are, of the power that we have, we can see the world in the palm of our hands, ready to be our Creation. Thus, the Para Vidya (the superior knowledge, the one that allows us to know that we are the bottom of all the worlds and of all the gods) allows us to love life (the Creation, what presents itself inside our consciousness) with the feeling of being its creators. I am referring to an infinite love, but also to an infinite distance, regarding the dance of reality. From that infinite love and distance we can contemplate (and sublimate, and sacralize) our apparent individual self (the one which has a name): a creature (an avatar) that we can love -and care for- without completely confusing ourselves with it.

3.- Our huge efforts are worth it. We can make amazing alchemies: we can transform any hell (exterior and interior) into a paradise. Surprising levels of beauty around us can be unfold. We are extremely powerful.

4.- But before the existence of any transformable hell, or any desirable type of light, a cosmos (order, structures, ideas) must have been installed in our consciousness. When we fight for the beauty of our world, we always do it fully spellbound by ideas. The idea of ​​love, of son, of friend, of old man who can be taken to heaven with a single smile, of idyllic nature, of economic growth, of whatever. And we will kill a cockroach, or a bacterium, or we will put a criminal in jail, or we will scold a child, or we will expropriate a bank, if with that we believe that it can be sustained, in the metamorphic immensity of the Being, our beloved world according to “our” ideas of beauty. We constantly strive to materialize ideas of beauty. Thats the only thing we really do.

5. Para Vidya. Superior wisdom. At least as proposed by the Vedanta, it would allow us to know what we really are. It would allow us to live inside a dream knowing that we are the creators of that dream. The dreamed person, the consciousness that has been finitized, individualized there, knows that its being is not confined there, in that precious, deliquescent, ontologically vacuous mask (the person). Higher knowledge offers an awakening, within the dream, without deactivating the dream.

6 .- The history of human thought and feeling offers us a huge catalog of inferior wisdom (apara vidya). One of the most outstanding offers of lower wisdom (wisdom of life) is offered by Hatha Yoga. There stands out the (Aristotelian) idea that we can only be happy and virtuous at the same time. The world, the reality of our life, is connected to our mind, but also to our whole body. A simple bowel cleansing influences the intensity of the blue of the sky and diminishes the apparent badness of a neighbour. A gesture of affection for those who for years have embittered our life embellishes the streets and purifies our viscera. Mind, body, consciousness, world… everything merges into a prodigious machine where true magic can be made: a prodigious machine that allows to feel -and be- the sacred.

7.- Another feeling: The worlds love those who love them. It is impressive to see how sensitive the Thing is. It could be said that “the matter” (What is that?) that surrounds us and constitutes us, at least at this level of consciousness, is raw, lets say as sensitive as human, living flesh… without skin. The virtuous human being discovers that everything is known in all corners of the Whole, that matter reads his thoughts, that “the other” – the other human being – is himself: another one of his avatars, another one of his masks.

8.- From the precious jail of the language it is possible to try something like this: There is Something, omnipotent, free, of infinite fertility, that is capable of self-diffraction in infinite worlds and in infinite levels and forms of consciousness. In each of them that sacred monster knows what he needs to know, what he wants to know and the happiness or suffering he wants to feel. We should not be surprised. Is not all this, and infinitely more, possible for an omnipotent being?

9.- All knowledge is always inferior. Also the one that the Upanishads calls “superior”. All knowledge is ignorance, because the final destiny of all wisdom is to discover that “knowledge” is a spell, that it is essentially false. The basic presupposition of all knowledge (that of the existence of a subject and an object) is falsehood (a sacred falsehood). “Advaita”: with this Vedantic symbol it is intended to be said that the Whole Thing can become aware of its being in one of it created forest glades (for instance a human mind). Heidegger spoke of advent [See in Spanish]. In Christianity there are those who speak of Grace. Master Eckhart affirmed that the divinity reveals itself when it wants … within itself. What other place can there be?

10.- Is there nothing to do then from here, from inside an individual life? Quite the opposite. I see it every day. Paracelsus believed that magic does not like slackers. I know people who have fought fiercely, and quietly, to keep clean, like jewels, the invisible conduits that united the members of their family. And they have achieved it. Keys that these people have given to me (they are two old women who do not know each other): avoid slander, do not gossip, do give example, never stop loving, do not complain, be very strong (very resistant to suffering and hope), pray… The two old women believe that life (other´s life mainly) are very worthwhile. They believe that life can be very beautiful or very ugly depending on how we take care of it, and depending on our level of virtue, lets say the level of beauty of our deeds and thoughts.  Both old women, by the way, love gardening.

11.- We seem to be involved in very profound and mysterious information flows. We are in something much bigger and more prodigious than any wisdom can ever know. We read and learn what we need.

12.- Matrix: From the model of totality that emerged from our logical dancer (apara vidya) we could say that we are, at the same time, the slaves of the Matrix and the architects of the worlds that are inoculated in those enslaved minds. To know it would be superior knowledge. To know it would mean to assume absolute creativity, and a huge responsibility.

13.- I feel more and more surprised by the plasticity of life. I love this life. I love this dream because there are beings in it who I love without limit. Beings -not just humans— that, to me, justify any effort that I had to make so that this dream, this Maya, does not dissolve in the enormous bonfire of the infinite. Two of these beings appear in the image that floats over these phrases. In it you can see my brother Alfonso teaching a Yoga class, and also my son Nicolás, listening.

14.- I perceive, from the most radical empiricism that can be practiced -William James [See in Spanish]– that something/someone assists us from out there to fight for this dream. And, in silence (only in silence), that huge Thing, apparently external to our self and our universe, tells us how to turn our life into a wonderful spectacle. We just have to be quiet -radically silent- and listen attentive. We are not alone. Nothing is alone.

Well, this is what occurs in the dancehall of my mind if I let the logical ballerina “apara vida” dance freely, naked, wild, inside it.

David López

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