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Las bailarinas lógicas: “Sueño”

 

 

“Sueño”. Soñamos. Es prodigioso que eso ocurra. Filósofo es aquel que no se acostumbra a lo prodigioso: aquel que no se acostumbra a lo que hay. Porque finalmente es incapaz de abarcar lo que hay en palabra alguna, en sistema alguno. Lo que hay es demasiado grande y prodigioso para él.

En las notas que siguen expondré unas primeras reflexiones que, según creo ahora, se encaminan hacia una desactivación de los universales “Sueño” y “Vida” [Véase “Universales”], y, quizás, a su sustitución por un neologismo que sería algo así como “Omni-vida”, entendiendo que no existe diferencia ontológica entre los distintos ‘lugares’ o ‘mundos’ en los que entramos y salimos a lo largo del tiempo infinito -y dentro del espacio, infinito también- de nuestra mente.

La experiencia total. ¿Cuáles son los límites de la vida? ¿Cuánto se vive en una vida; si incluimos todo lo que se sueña en ella? ¿Cuántos cómputos de tiempo? ¿Cuántas tramas? ¿Cuántas personas se es en el gran teatro de nuestra mente (o de nuestro “cerebro”, si se quiere soñar en red con los neurofisiólogos)? [Véase “Cerebro”].

La vida es sueño. Sí. Pero, ¿qué es eso de “la vida”? ¿Cómo jerarquizar los distintos mundos en los que entramos y de los que salimos? ¿Dónde estoy exponiendo estas preguntas? ¿En un sueño? 

Creo que sería más apropiado decir que el sueño es vida. Y eliminar eso de “solo fue un sueño”. Creo que un sueño es algo grande.

¿Podemos -como aseguran los budistas- despertar alguna vez, pero del todo? ¿Morir es despertar a otro sueño más ‘real’, más ‘de verdad’, que éste en el que ahora escribo?

Los taoístas aseguran que somos -los seres humanos y sus mundos- el sueño de una mariposa: el sueño de algo que goza de una ligereza infinita. El sueño de una Nada… [Véase “Nada”].

En la palabra “Materia” [Véase] narro un sueño personal en el que, una vez alcanzada la conciencia de que estaba soñando, me deleité contemplando la materia onírica de unos árboles de mi infancia; e incluso sintiendo en mi piel una brisa ‘imaginaria’ que provocó en mí un estallido de belleza extrema. La noche 24 de mayo de 2011 tuve un sueño similar. También lúcido. Así lo recuerdo ahora:

Estoy en una casa que se supone que es la mía. Hay bastante gente dentro y también en el jardín. Entre esa gente están mis familiares más directos. De pronto me doy cuenta, algo asustado y aturdido, de que esa no es exactamente mi casa. Empiezo a sospechar que estoy soñando. Se lo digo a mi hermano. Él no me cree. Intento convencerle a él y a más gente que ahora no recuerdo. Dudo de si estoy o no soñando. Me decido a hacer la prueba que siempre me funciona: levanto los brazos y me dispongo a volar. Vuelo. Me consuela saber que he acertado y que estoy en un sueño, lo cual, inmediatamente, me hace tomar consciencia de que tengo un enorme poder de configuración de esa realidad: que puedo hacer con ella casi lo que quiera. Pero recuerdo también, mientras voy volando, que debo mantener la calma y la concentración para no perder el poder. Paso volando junto a las ramas de unos árboles gigantescos. Me detengo, casi en meditación, para contemplar en detalle el prodigio de esa materia onírico-vegetal. Ante ese espectáculo siento una emoción estético-metafísica realmente gloriosa: estoy contemplando la materia de los sueños.

Sigo mi vuelo y llego a una especie de chalet de montaña, aparentemente deshabitado, muy bello, iluminado con una luz entre verdosa y gris: la luz que nace y muere justo antes de los amaneceres. Veo un cartel con un teléfono. Me pregunto qué pasaría si yo marcara ese número. No lo hago. Me es igual. No me quiero distraer. Lo que me interesa es la contemplación pura de la materia que me envuelve. Sigo volando hacia no sé dónde.

Llego a una casa grande en cuyo tejado hay grandes cristaleras. Veo niños durmiendo. Ellos me descubren. No sé qué decir. Les digo finalmente que soy un ángel, que no se preocupen, que estoy para cuidarles, para que tengan una vida preciosa. Uno de ellos me dice que ya sabe quién soy porque me ha visto en una película. Al resto les doy igual. Entonces se me ocurre animarlos a jugar conmigo. Pierdo algo de concentración y de control porque empiezo a sentir apego por esos niños. Me doy cuenta de que tengo que salir de ahí, urgentemente, pero no volando, porque ya he perdido el poder de volar. Salgo corriendo por una escalera grande, como de edificio de lujo en Berlín. Siento angustia. Quiero despertar. Quiero despertar urgentemente.

Pero despierto en otro sueño y quiero tomar notas en él para aprovechar esas experiencias y poderlas traer a este diccionario filosófico. Hay muchos niños haciendo ruido y soy incapaz de concentrarme. Suena mi móvil. Es un mensaje de voz. Recuerdo de pronto haber soñado un tercer sueño en el que acababa de iniciar una apasionada relación sentimental con una mujer. Una mujer de ojos verdes, muy guapa y muy fea a la vez, que había conocido mientras dejaba una bolsa en el colegio de mi hijo. En el mensaje ella se lamenta de que yo no devolviera sus llamadas. Su voz es angustiosa. Yo sé -en el sueño- que esa mujer formaba parte de otro sueño distinto: un hechizo puntual destinado a diluirse en la nada como un arcoíris moribundo.

Desperté a este sueño desde el que ahora escribo.  Ya dentro de este mundo concreto sentí una mezcla de fascinación metafísica -y física- y también angustia ante la volatilidad de los mundos. Pero sobre todo sentí mucha tristeza por aquella mujer de nada que me amaba desde la nada ofreciéndomelo todo.

Los sueños. La vida. El amor…

Antes de exponer mis ideas, creo oportuno mencionar a los siguientes pensadores:

1.- Buda. El despierto. Pero… ¿Para qué despertar? ¿Para no sufrir? Sugiero seguir en la vida sabiendo que se trata de un sueño, de un sueño sagrado. Y ponerse a su servicio: aumentar sus hechizos (Nietzsche).

2.- Kant. Confesó que había despertado del “sueño dogmático” gracias a Hume. ¿Qué es un sueño dogmático? Las bailarinas lógicas (“Causalidad”, “Tiempo”, “Espacio”… y muchas más) hunden en ese sueño. Pero no se puede vivir sin ellas. Porque vivir es soñar. Porque vivir es estar hechizado.

3.- Schopenhauer. Leamos lo que escribió sobre el sueño este poderoso pensador en la primera parte de su obra Parerga y paralipomena (P I, 232-233, según la edición clásica de Arthur Hübscher, revisada por su mujer Angelika, y publicada en Mannheim en 1988):

“[…] en el simple sueño la relación es unilateral, y es que solo un yo verdaderamente quiere y siente, mientras que los demás no lo hacen, pues son fantasmas; por el contrario, en el gran sueño de la vida tiene lugar una relación multilateral, toda vez que no solo uno aparece en el sueño del otro, sino que éste también aparece en el de aquel, de forma que, por medio de una verdadera harmonia praestabilita, cada uno sueña solo aquello que para él es adecuado según su propia guía metafísica, y todos los sueños-vida están entretejidos con una perfección tal, que cada uno experimenta solo lo que le es beneficioso y hace lo que es necesario para los demás […].”

(La traducción es mía. Ofrezco a continuación el texto original en alemán para su cotejo):

” […] im bloßen Traume das Verhältniß einseitig ist, nämlich nur ein Ich wirklich will und empfindet, während die Uebrigen nichts, als Phantome sind; im großen Traume des Lebens hingegen ein wechselseitiges Verhältniß Statt findet, indem nicht nur der Eine im Traume des Andern, gerade so wie es daselbst nötig ist, figuriert, sondern auch dieser wieder in dem seinigen; so daß, vermöge einer wirklichen harmonia praestabilita, jeder doch nur Das träumt, was ihm, seiner eigenen metaphysischem Lenkung gemäß, angemessen ist, und alle Lebensträume so künstlich in einander geflochten sind, daß Jeder erfährt, was ihm gedeihlich ist und zugleich leistet, was Andern nöthig […]”.

4.- Freud. 1900. Die Traumdeutung. La interpretación de los sueños. El sueño es una necesidad psíquica, una especie de prótesis metafísica, y su interpretación permite sanar… digamos “el alma”. Freud, que es un pensador excepcional, está no obstante hechizado -dormido- por bailarinas como “Ciencia”. Es un ilustrado decimonónico: habla de los “antiguos”, que, en su supuesta ignorancia pre-científica, creyeron que los sueños podrían ser un lugar intervenido por divinidades exteriores, y que en los sueños había mensajes, y que anunciaban el porvenir… Freud escribió su libro sintiendo que no había habido avance desde Artemidoro de Daldis (s. II d. C.). Y considera que la materia de los sueños es la memoria, la cual almacenaría absolutamente todas las experiencias vividas por un ser humano desde su infancia (hasta las más nimias). Objetivo de la interpretación de los sueños: sanar. Utilizar el sueño (su recuerdo) para sacar a “la luz de la razón” (esa diosa exorcista) todo lo reprimido. Así se acabaría, según Freud, con el sufrimiento: volviendo consciente lo inconsciente. Su método consistía en sugerir que fuera el paciente-soñador quien interpretara su propio sueño, dejando que las imágenes salieran sin censura a la purificadora luz “de la razón”. Contra la ciencia de su época, Freud sí creyó que los sueños tenían sentido, pero rechazó el uso de claves interpretativas fijas porque las consideró simple superstición. Finalmente, Freud, en su obra La interpretación de los sueños, confirmó el sentido popular que, según él, siempre consideró los sueños como un espacio para la realización de deseos frustrados en la vida real. Y los “sueños de angustia” serían un fallo del sistema: lo deseado por el inconsciente sería insoportable: y se produciría, sin más, el despertar.

 

Y estas son mis ideas sobre la palabra “Sueño”:

1.- El sueño/la vida son contenidos de conciencia -no tengo otras palabras más adecuadas para decirlo. Creo que esos contenidos forman una fabulosa obra de arte que está siendo contemplada por ‘nosotros’ desde un lugar innombrable desde aquí. Esa gran Creación, esa descomunal sinfonía de mundos interconectados, incluye todo lo ‘vivido’ y ‘soñado’ por nosotros.

2.- No morimos porque no vivimos. “Vivir” es una palabra demasiado simple. “Soñar” y “morir” también lo son. Como he adelantado al comienzo de este texto, creo que sería más apropiado decir que “omni-vivimos”: entramos y salimos en y de realidades que nosotros mismos fabricamos desde donde somos Nada (desde donde somos Dios, si se quiere utilizar esta palabra).

3.- Creo que en nuestros sueños -vida incluida- irrumpen mensajes y seres exteriores. O -mejor dicho quizás-  mensajes que nos mandamos a nosotros mismos desde otros lugares de nuestra conciencia infinita.

4.- Considero que no hay que descartar la posibilidad de que ‘alguien’ nos esté contemplando en este momento, con ternura, como cuando contemplamos a nuestros hijos dormidos. No es tampoco descartable que nos estén amando y cuidando desde donde quizás despertemos al morir.

5.- El sueño dogmático. Este diccionario filosófico muestra el poder narcotizante de las bailarinas lógicas (las palabras/los conceptos/ los universales/las ideas). Creo que todo kosmos noetos, en sentido platónico, es narcótico: todo cosmos es un sueño ordenado. Todo logos, si tiene la fuerza suficiente, sumerge en un profundo sueño dogmático. Kant, gracias a Hume, despertó de un sueño dogmático, pero entró en muchos otros, todos preparados para causar hechizos en sus fabulosas obras filosóficas.

6.- La interpretación de los sueños. ¿Qué es “interpretar”? ¿Para qué “interpretar”? Unos mundos nutriendo a otros. Pero, ¿desde qué lógica? ¿No es la lógica, también, una alucinación de la mente? Quizás sí. Pero hay que vivir este sueño, éste, y merece la pena buscar nutrientes, ideas, hitos, mensajes -lo que sea- en otros mundos. Creo, con Freud, que los sueños están al servicio de nuestra salud, entendiendo “salud” en un sentido ilimitado.

7.- Despertar. Dios se aprieta pero no se ahoga. Todos sabemos, en el fondo, que cuando un sueño -o un vivir en general- se pone demasiado duro podemos salir de él: podemos diluirlo en la nada del sueño olvidado y reducido a simple materia onírica, a pura irrealidad.

8.- El silencio en el sueño. Los sueños, en general, son ruidosos, desasosegados, como caricaturas de este sueño/vida desde el que ahora escribo. En los sueños, generalmente, se siente muy poco sosiego, y muy poca libertad… ¿Cabe meditar dentro de un sueño?  Yo lo hice, después de saberme soñando en una especie de asamblea de dignatarios religiosos que tenía lugar dentro de lo que parecía una catedral. Fue una experiencia incomunicable ahora. En otra ocasión soñé con un pueblo rodeado por la luz y el silencio.  Todo era demasiado calmado. Demasiado maravilloso. Sentí que no estaba en un sueño ordinario; y me asusté muchísimo porque supe que aquello era la muerte. O algo relacionado con la muerte. Y yo no quería morir. Tenía una preciosa hijita de cuatro años. Elegí entonces -por amor, por amor puro y duro- regresar a esta vida/sueño (a esta “Omni-vida”), renunciando a las delicias de aquel paraíso rural. Y letal.

9.- Creo que cabría diferenciar entre el sueño pasivo y el sueño activo. El Dios de los monoteísmos, el Dios Creador, antes de crear,  tuvo que soñar activamente (‘imaginar’) su Creación (o ‘ensoñar’ si se prefiere). No cabe pensar una Creación instantánea, no soñada activamente, esto es: no deseada una vez imaginada activamente. No se puede desear algo que no se ve previamente en la imaginación. El sueño pasivo, por su parte, sería una entrada en el fruto de la propia imaginación, con la conciencia autolimitada para percibir lo creado (la ‘realidad’) como algo ajeno objetivo, ‘ahí’. Ese podría ser el sentido mismo de la Creación. Y del mundo. De todos los mundos posibles. 

10.- El paraíso. No descarto su existencia; como sueño perfecto experimentable desde un nivel de conciencia todavía auto-hechizado. El paraíso como materialización de todo lo deseado ‘en vida’: como vivencia total de todo lo soñado (ensoñado) activamente: como último regalo del cerebro para sí mismo (si no se quiere salir del modelo fisicista-cerebralista).

11.- El sueño amado. Recuerdo haber sido arrastrado por cataratas de sueños sucesivos en los que una y otra vez creí que había despertado, por fin, a la verdadera realidad. Pero ninguno de ellos era el sueño amado. Y yo lo sabía. Hasta que regresé a éste.

Éste.

Mi sueño amado es éste: éste desde el que escribo, porque en él están seres maravillosos por los que vale la pena asumir los dolores del ignorante (en sentido budista): de ese ‘estúpido’ que -por puro amor- no se desapega de su sueño amado.

Quisiera terminar este texto trayendo de nuevo las palabras de Schopenhauer sobre el sueño. Y es que tienen una fuerza y una belleza descomunales:

“[…] en el simple sueño la relación es unilateral, y es que solo un yo verdaderamente quiere y siente, mientras que los demás no lo hacen, pues son fantasmas; por el contrario, en el gran sueño de la vida tiene lugar una relación multilateral, toda vez que no solo uno aparece en el sueño del otro, sino que éste también aparece en el de aquel, de forma que, por medio de una verdadera harmonia praestabilita, cada uno sueña solo aquello que para él es adecuado según su propia guía metafísica, y todos los sueños-vida están entretejidos con una perfección tal, que cada uno experimenta solo lo que le es beneficioso y hace lo que es necesario para los demás […].”

 

David López

 

[:en]

 

 

El próximo martes 19 de marzo a las 18.00 horas (hora de Madrid) impartiré una conferencia on-line basada en el presente artículo. [Más información]

“Sueño”. Soñamos. Es prodigioso que eso ocurra. Filósofo es aquel que no se acostumbra a lo prodigioso: aquel que no se acostumbra a lo que hay. Porque finalmente es incapaz de abarcar lo que hay en palabra alguna, en sistema alguno. Lo que hay es demasiado grande y prodigioso para él.

En las notas que siguen expondré unas primeras reflexiones que, según creo ahora, se encaminan hacia una desactivación de los universales “Sueño” y “Vida” [Véase “Universales”], y, quizás, a su sustitución por un neologismo que sería algo así como “Omni-vida”, entendiendo que no existe diferencia ontológica entre los distintos ‘lugares’ o ‘mundos’ en los que entramos y salimos a lo largo del tiempo infinito -y dentro del espacio, infinito también- de nuestra mente.

La experiencia total. ¿Cuáles son los límites de la vida? ¿Cuánto se vive en una vida; si incluimos todo lo que se sueña en ella? ¿Cuántos cómputos de tiempo? ¿Cuántas tramas? ¿Cuántas personas se es en el gran teatro de nuestra mente (o de nuestro “cerebro”, si se quiere soñar en red con los neurofisiólogos)? [Véase “Cerebro”].

La vida es sueño. Sí. Pero, ¿qué es eso de “la vida”? ¿Cómo jerarquizar los distintos mundos en los que entramos y de los que salimos? ¿Dónde estoy exponiendo estas preguntas? ¿En un sueño? 

Creo que sería más apropiado decir que el sueño es vida. Y eliminar eso de “solo fue un sueño”. Creo que un sueño es algo grande.

¿Podemos -como aseguran los budistas- despertar alguna vez, pero del todo? ¿Morir es despertar a otro sueño más ‘real’, más ‘de verdad’, que éste en el que ahora escribo?

Los taoístas aseguran que somos -los seres humanos y sus mundos- el sueño de una mariposa: el sueño de algo que goza de una ligereza infinita. El sueño de una Nada… [Véase “Nada”].

En la palabra “Materia” [Véase] narro un sueño personal en el que, una vez alcanzada la conciencia de que estaba soñando, me deleité contemplando la materia onírica de unos árboles de mi infancia; e incluso sintiendo en mi piel una brisa ‘imaginaria’ que provocó en mí un estallido de belleza extrema. La noche 24 de mayo de 2011 tuve un sueño similar. También lúcido. Así lo recuerdo ahora:

Estoy en una casa que se supone que es la mía. Hay bastante gente dentro y también en el jardín. Entre esa gente están mis familiares más directos. De pronto me doy cuenta, algo asustado y aturdido, de que esa no es exactamente mi casa. Empiezo a sospechar que estoy soñando. Se lo digo a mi hermano. Él no me cree. Intento convencerle a él y a más gente que ahora no recuerdo. Dudo de si estoy o no soñando. Me decido a hacer la prueba que siempre me funciona: levanto los brazos y me dispongo a volar. Vuelo. Me consuela saber que he acertado y que estoy en un sueño, lo cual, inmediatamente, me hace tomar consciencia de que tengo un enorme poder de configuración de esa realidad: que puedo hacer con ella casi lo que quiera. Pero recuerdo también, mientras voy volando, que debo mantener la calma y la concentración para no perder el poder. Paso volando junto a las ramas de unos árboles gigantescos. Me detengo, casi en meditación, para contemplar en detalle el prodigio de esa materia onírico-vegetal. Ante ese espectáculo siento una emoción estético-metafísica realmente gloriosa: estoy contemplando la materia de los sueños.

Sigo mi vuelo y llego a una especie de chalet de montaña, aparentemente deshabitado, muy bello, iluminado con una luz entre verdosa y gris: la luz que nace y muere justo antes de los amaneceres. Veo un cartel con un teléfono. Me pregunto qué pasaría si yo marcara ese número. No lo hago. Me es igual. No me quiero distraer. Lo que me interesa es la contemplación pura de la materia que me envuelve. Sigo volando hacia no sé dónde.

Llego a una casa grande en cuyo tejado hay grandes cristaleras. Veo niños durmiendo. Ellos me descubren. No sé qué decir. Les digo finalmente que soy un ángel, que no se preocupen, que estoy para cuidarles, para que tengan una vida preciosa. Uno de ellos me dice que ya sabe quién soy porque me ha visto en una película. Al resto les doy igual. Entonces se me ocurre animarlos a jugar conmigo. Pierdo algo de concentración y de control porque empiezo a sentir apego por esos niños. Me doy cuenta de que tengo que salir de ahí, urgentemente, pero no volando, porque ya he perdido el poder de volar. Salgo corriendo por una escalera grande, como de edificio de lujo en Berlín. Siento angustia. Quiero despertar. Quiero despertar urgentemente.

Pero despierto en otro sueño y quiero tomar notas en él para aprovechar esas experiencias y poderlas traer a este diccionario filosófico. Hay muchos niños haciendo ruido y soy incapaz de concentrarme. Suena mi móvil. Es un mensaje de voz. Recuerdo de pronto haber soñado un tercer sueño en el que acababa de iniciar una apasionada relación sentimental con una mujer. Una mujer de ojos verdes, muy guapa y muy fea a la vez, que había conocido mientras dejaba una bolsa en el colegio de mi hijo. En el mensaje ella se lamenta de que yo no devolviera sus llamadas. Su voz es angustiosa. Yo sé -en el sueño- que esa mujer formaba parte de otro sueño distinto: un hechizo puntual destinado a diluirse en la nada como un arcoíris moribundo.

Desperté a este sueño desde el que ahora escribo.  Ya dentro de este mundo concreto sentí una mezcla de fascinación metafísica -y física- y también angustia ante la volatilidad de los mundos. Pero sobre todo sentí mucha tristeza por aquella mujer de nada que me amaba desde la nada ofreciéndomelo todo.

Los sueños. La vida. El amor…

Antes de exponer mis ideas, creo oportuno mencionar a los siguientes pensadores:

1.- Buda. El despierto. Pero… ¿Para qué despertar? ¿Para no sufrir? Sugiero seguir en la vida sabiendo que se trata de un sueño, de un sueño sagrado. Y ponerse a su servicio: aumentar sus hechizos (Nietzsche).

2.- Kant. Confesó que había despertado del “sueño dogmático” gracias a Hume. ¿Qué es un sueño dogmático? Las bailarinas lógicas (“Causalidad”, “Tiempo”, “Espacio”… y muchas más) hunden en ese sueño. Pero no se puede vivir sin ellas. Porque vivir es soñar. Porque vivir es estar hechizado.

3.- Schopenhauer. Leamos lo que escribió sobre el sueño este poderoso pensador en la primera parte de su obra Parerga y paralipomena (P I, 232-233, según la edición clásica de Arthur Hübscher, revisada por su mujer Angelika, y publicada en Mannheim en 1988):

“[…] en el simple sueño la relación es unilateral, y es que solo un yo verdaderamente quiere y siente, mientras que los demás no lo hacen, pues son fantasmas; por el contrario, en el gran sueño de la vida tiene lugar una relación multilateral, toda vez que no solo uno aparece en el sueño del otro, sino que éste también aparece en el de aquel, de forma que, por medio de una verdadera harmonia praestabilita, cada uno sueña solo aquello que para él es adecuado según su propia guía metafísica, y todos los sueños-vida están entretejidos con una perfección tal, que cada uno experimenta solo lo que le es beneficioso y hace lo que es necesario para los demás […].”

(La traducción es mía. Ofrezco a continuación el texto original en alemán para su cotejo):

” […] im bloßen Traume das Verhältniß einseitig ist, nämlich nur ein Ich wirklich will und empfindet, während die Uebrigen nichts, als Phantome sind; im großen Traume des Lebens hingegen ein wechselseitiges Verhältniß Statt findet, indem nicht nur der Eine im Traume des Andern, gerade so wie es daselbst nötig ist, figuriert, sondern auch dieser wieder in dem seinigen; so daß, vermöge einer wirklichen harmonia praestabilita, jeder doch nur Das träumt, was ihm, seiner eigenen metaphysischem Lenkung gemäß, angemessen ist, und alle Lebensträume so künstlich in einander geflochten sind, daß Jeder erfährt, was ihm gedeihlich ist und zugleich leistet, was Andern nöthig […]”.

4.- Freud. 1900. Die Traumdeutung. La interpretación de los sueños. El sueño es una necesidad psíquica, una especie de prótesis metafísica, y su interpretación permite sanar… digamos “el alma”. Freud, que es un pensador excepcional, está no obstante hechizado -dormido- por bailarinas como “Ciencia”. Es un ilustrado decimonónico: habla de los “antiguos”, que, en su supuesta ignorancia pre-científica, creyeron que los sueños podrían ser un lugar intervenido por divinidades exteriores, y que en los sueños había mensajes, y que anunciaban el porvenir… Freud escribió su libro sintiendo que no había habido avance desde Artemidoro de Daldis (s. II d. C.). Y considera que la materia de los sueños es la memoria, la cual almacenaría absolutamente todas las experiencias vividas por un ser humano desde su infancia (hasta las más nimias). Objetivo de la interpretación de los sueños: sanar. Utilizar el sueño (su recuerdo) para sacar a “la luz de la razón” (esa diosa exorcista) todo lo reprimido. Así se acabaría, según Freud, con el sufrimiento: volviendo consciente lo inconsciente. Su método consistía en sugerir que fuera el paciente-soñador quien interpretara su propio sueño, dejando que las imágenes salieran sin censura a la purificadora luz “de la razón”. Contra la ciencia de su época, Freud sí creyó que los sueños tenían sentido, pero rechazó el uso de claves interpretativas fijas porque las consideró simple superstición. Finalmente, Freud, en su obra La interpretación de los sueños, confirmó el sentido popular que, según él, siempre consideró los sueños como un espacio para la realización de deseos frustrados en la vida real. Y los “sueños de angustia” serían un fallo del sistema: lo deseado por el inconsciente sería insoportable: y se produciría, sin más, el despertar.

 

Y estas son mis ideas sobre la palabra “Sueño”:

1.- El sueño/la vida son contenidos de conciencia -no tengo otras palabras más adecuadas para decirlo. Creo que esos contenidos forman una fabulosa obra de arte que está siendo contemplada por ‘nosotros’ desde un lugar innombrable desde aquí. Esa gran Creación, esa descomunal sinfonía de mundos interconectados, incluye todo lo ‘vivido’ y ‘soñado’ por nosotros.

2.- No morimos porque no vivimos. “Vivir” es una palabra demasiado simple. “Soñar” y “morir” también lo son. Como he adelantado al comienzo de este texto, creo que sería más apropiado decir que “omni-vivimos”: entramos y salimos en y de realidades que nosotros mismos fabricamos desde donde somos Nada (desde donde somos Dios, si se quiere utilizar esta palabra).

3.- Creo que en nuestros sueños -vida incluida- irrumpen mensajes y seres exteriores. O -mejor dicho quizás-  mensajes que nos mandamos a nosotros mismos desde otros lugares de nuestra conciencia infinita.

4.- Considero que no hay que descartar la posibilidad de que ‘alguien’ nos esté contemplando en este momento, con ternura, como cuando contemplamos a nuestros hijos dormidos. No es tampoco descartable que nos estén amando y cuidando desde donde quizás despertemos al morir.

5.- El sueño dogmático. Este diccionario filosófico muestra el poder narcotizante de las bailarinas lógicas (las palabras/los conceptos/ los universales/las ideas). Creo que todo kosmos noetos, en sentido platónico, es narcótico: todo cosmos es un sueño ordenado. Todo logos, si tiene la fuerza suficiente, sumerge en un profundo sueño dogmático. Kant, gracias a Hume, despertó de un sueño dogmático, pero entró en muchos otros, todos preparados para causar hechizos en sus fabulosas obras filosóficas.

6.- La interpretación de los sueños. ¿Qué es “interpretar”? ¿Para qué “interpretar”? Unos mundos nutriendo a otros. Pero, ¿desde qué lógica? ¿No es la lógica, también, una alucinación de la mente? Quizás sí. Pero hay que vivir este sueño, éste, y merece la pena buscar nutrientes, ideas, hitos, mensajes -lo que sea- en otros mundos. Creo, con Freud, que los sueños están al servicio de nuestra salud, entendiendo “salud” en un sentido ilimitado.

7.- Despertar. Dios se aprieta pero no se ahoga. Todos sabemos, en el fondo, que cuando un sueño -o un vivir en general- se pone demasiado duro podemos salir de él: podemos diluirlo en la nada del sueño olvidado y reducido a simple materia onírica, a pura irrealidad.

8.- El silencio en el sueño. Los sueños, en general, son ruidosos, desasosegados, como caricaturas de este sueño/vida desde el que ahora escribo. En los sueños, generalmente, se siente muy poco sosiego, y muy poca libertad… ¿Cabe meditar dentro de un sueño?  Yo lo hice, después de saberme soñando en una especie de asamblea de dignatarios religiosos que tenía lugar dentro de lo que parecía una catedral. Fue una experiencia incomunicable ahora. En otra ocasión soñé con un pueblo rodeado por la luz y el silencio.  Todo era demasiado calmado. Demasiado maravilloso. Sentí que no estaba en un sueño ordinario; y me asusté muchísimo porque supe que aquello era la muerte. O algo relacionado con la muerte. Y yo no quería morir. Tenía una preciosa hijita de cuatro años. Elegí entonces -por amor, por amor puro y duro- regresar a esta vida/sueño (a esta “Omni-vida”), renunciando a las delicias de aquel paraíso rural. Y letal.

9.- Creo que cabría diferenciar entre el sueño pasivo y el sueño activo. El Dios de los monoteísmos, el Dios Creador, antes de crear,  tuvo que soñar activamente (‘imaginar’) su Creación (o ‘ensoñar’ si se prefiere). No cabe pensar una Creación instantánea, no soñada activamente, esto es: no deseada una vez imaginada activamente. No se puede desear algo que no se ve previamente en la imaginación. El sueño pasivo, por su parte, sería una entrada en el fruto de la propia imaginación, con la conciencia autolimitada para percibir lo creado (la ‘realidad’) como algo ajeno objetivo, ‘ahí’. Ese podría ser el sentido mismo de la Creación. Y del mundo. De todos los mundos posibles. 

10.- El paraíso. No descarto su existencia; como sueño perfecto experimentable desde un nivel de conciencia todavía auto-hechizado. El paraíso como materialización de todo lo deseado ‘en vida’: como vivencia total de todo lo soñado (ensoñado) activamente: como último regalo del cerebro para sí mismo (si no se quiere salir del modelo fisicista-cerebralista).

11.- El sueño amado. Recuerdo haber sido arrastrado por cataratas de sueños sucesivos en los que una y otra vez creí que había despertado, por fin, a la verdadera realidad. Pero ninguno de ellos era el sueño amado. Y yo lo sabía. Hasta que regresé a éste.

Éste.

Mi sueño amado es éste: éste desde el que escribo, porque en él están seres maravillosos por los que vale la pena asumir los dolores del ignorante (en sentido budista): de ese ‘estúpido’ que -por puro amor- no se desapega de su sueño amado.

Quisiera terminar este texto trayendo de nuevo las palabras de Schopenhauer sobre el sueño. Y es que tienen una fuerza y una belleza descomunales:

“[…] en el simple sueño la relación es unilateral, y es que solo un yo verdaderamente quiere y siente, mientras que los demás no lo hacen, pues son fantasmas; por el contrario, en el gran sueño de la vida tiene lugar una relación multilateral, toda vez que no solo uno aparece en el sueño del otro, sino que éste también aparece en el de aquel, de forma que, por medio de una verdadera harmonia praestabilita, cada uno sueña solo aquello que para él es adecuado según su propia guía metafísica, y todos los sueños-vida están entretejidos con una perfección tal, que cada uno experimenta solo lo que le es beneficioso y hace lo que es necesario para los demás […].”

 

David López

 

[:]

The logical ballerinas: “Dream”.

“Dream”. We dream. The very fact that this happens is simply prodigious. The philosopher never gets used to the prodigious: never gets used to what seems to be plain reality.

In the following notes I will convey some reflections that are dragging me towards a deactivation of the universals “Dream” and “Life”, and, perhaps, their replacement by a neologism (a new-born universal) that would be something like “omni-life” [See “Universals” still in Spanish]. We could say that we omni-live, given that there is no ontological difference between the different ‘realities’ or ‘worlds’ (or ‘dreams’) in which we enter, feel and leave throughout the infinite time and space of our mind.

Which are the limits, and the exact contents, of life? How much do we experience, do we live, within a life, if we include our dreams inside it? How many people and emotions and buildings and landscapes are born and die in the great theatre of our mind (or our “brain”, if you want to dream inside the current network of neurophysiology)? [See “Brain”].

“Life is dream”. Okay. Yes. But what exactly is that what se call “life”? How to rank the different worlds (dreams) in which we enter and leave within a lifetime? Where am I now exposing these questions? Inside a dream? Inside a life? Who writes now? Who reads? Where?

I think it would be philosophically more effective to say that dreams are life, pure life; and to eliminate expressions such as “It was just a dream”. I think a dream is something big. Just because it is life.

Can we -as Buddhists claim- awaken once, and completely? Will we wake up in another dream -more real, more true, than this one in which we are now- when we ‘die’?

Taoists claim that we  (human beings and their worlds) are the dream of a butterfly: the dream of something that enjoys an infinite lightness. The dream of a Nothing indeed… [See “Nothing” still in Spanish].

In the logical ballerina “Materia” [See] I narrate a dream in which, once I had reached the consciousness that I was dreaming, I could contemplate the dreamlike matter of some trees of my childhood; and even feel in my oneiric skin a breeze that triggered inside me a burst of extreme, let say metaphysical beauty. On the night of May 24, 2011, I had a similar dream. Also a lucid one. I bring it now here transformed into words:

I am in a house that is supposed to be mine. There are many people inside it and also in the garden. Among those people are my closest relatives. Suddenly I realize, frightened and dazed, that that is not exactly my house. And I begin to suspect that I am dreaming, so I tell it to my brother. He does not believe me. I try to convince him, and also some other people who I do not remember now, that we all are in a dream: in a fake reality. They don’t believe me. Then I doubt if I’m dreaming or not. So I decide to do the test that always works for me in such oneiric situations: I raise my arms, ready to fly, willing to fly. And, immediately, I do hover some meters above the ground, above the people. That makes me aware that I have an enormous power to configure that reality: that I can do with it almost anything I want. But I also remember, while flying, that I must remain calm and focused so as not to lose my power, my lucidity. Calm and focused inside that ‘artificial’ reality. 

I fly towards the highest branches of gigantic trees. I stop, almost in meditation, so as to contemplate in detail the prodigy of that oneiric-vegetable matter. Before that unique spectacle, that unique masterpiece, I feel a truly glorious aesthetic-metaphysical emotion: I am contemplating the matter of dreams and one of its possible configurations.

I resume my flight and, after an unmeasurable period of time, I arrive at a kind of mountain chalet, apparently uninhabited, very beautiful, illuminated with a green/gray light: the light that lives and dies just before sunrises. Then I see a sign with a phone number. I wonder what would happen if I called that number. I do not do it. I don’t care about that number. Actually, I do not want to be distracted, to lose my power, my distance, my immunity, inside that dream. What really interests me now is the pure contemplation of the matter surrounding me, hosting me. I keep flying towards I do not know where.

I arrive at a huge building with large windows on its roof. Through those windows I can see children sleeping inside a bedroom. They wake up and discover me. I do not know what to say. I tell them that I am an angel, that they should not be afraid, that I am there to take care of them, so that they have a precious life. One of chikdren tells me that he already knows who I am because he has seen me in a movie. The other children don’t pay attention at me anymore. I decide to ask them to play with me. Suddenly, I feel powerful love-emotions in my heart and I lose some concentration and control. I feel like I have to urgently get out of there, out of that fake reality, but not flying, because I am aware I have already lost the power to fly. I run down a large staircase, like the ones of the old luxury buildings in Berlin. I feel anguish. I want to wake up. Urgently! I am scared…

But I wake up in another dream. In that new dream I want to write some notes about what I have experienced in the previous dream and bring them to this philosophical dictionary. There are many children making noise and I am unable to concentrate. So I can not write a single word. My mobile rings. It is a voice message. I remember suddenly a third dream (a third artificial reality) in which I had just started a passionate relationship with a woman. A woman with green eyes, very beautiful and very ugly at the same time, whom I had met while leaving a bag at my son’s school. In the message she said she was suffering a lot because I did not return her calls. Her voice sounds anguished in my cellphone. Then I am aware, horrified, that this woman was part of an already melted dream: a  passionate life dissolving  into nothingness like a dying rainbow.

I wake up in this dream or “Omni-life” from which I now write. And I feel a mixture of philosophical fascination and vertigo because of the pitiless volatility of worlds, of lives, of ‘dreams’. And I also feel very sad remembering that woman of nothing who truly loved me from the nothing offering me everything.

Dreams. Life. Sadness. Love…

Before presenting my own ideas, I consider it useful to mention the following thinkers:

1.- Buddha. “The awaken one”. Why to wake up? In order not to suffer? I order to access something glorious? I suggest to continue in life knowing that it is a dream, a sacred dream, an “Omni-life”,  and work hard, dream hard, in order to raise its beauty, its sacrality.

2.- Kant. He said that he had awakened from the “dogmatic slumber” [Dogmatischer Schlummer] thanks to Hume. What is a “dogmatic slumber”? The logical dancers (“time”, and “space”, and “causality” of course included) drag us into the dream of beliefs that they create. But we can not live without them. Because to live is to dream. Because to live is to be bewitched, fascinated, by beliefs.

3.- Schopenhauer. Let’s read this powerful thinker in the first part of his work Parerga and Paralipomena (P I, 232-233, according to the classic edition of Arthur Hübscher, revised by his wife Angelika, and published in Mannheim in 1988):

“[…] in the mere dream the relation is one-sided, namely, only an I really wants and perceives, while the others are nothing but phantoms. In the great dream of life, on the other hand, a reciprocal relation takes place, in which not only one appears in the dream of the other, just as it is necessary there, but also this last one appears in the dream of the first; so that, by virtue of a real harmonia praestabilita, everyone dreams only what is appropriate to him, in accordance with his own metaphysical guidance, and all Dream-Lifes are so artificially intertwined that everyone experiences what suits him and, at the same time, accomplishes what others need […]” 

(The translation is mine. You can check it in the original German version that I paste next).

“[…] im bloßen Traume das Verhältniß einseitig ist, nämlich nur ein Ich wirklich will und empfindet, während die Uebrigen nichts, als Phantome sind; im großen Traume des Lebens hingegen ein wechselseitiges Verhältniß Statt findet, indem nicht nur der Eine im Traume des Andern, gerade so wie es daselbst nötig ist, figuriert, sondern auch dieser wieder in dem seinigen; so daß, vermöge einer wirklichen harmonia praestabilita, jeder doch nur Das träumt, was ihm, seiner eigenen metaphysischem Lenkung gemäß, angemessen ist, und alle Lebensträume so künstlich in einander geflochten sind, daß Jeder erfährt, was ihm gedeihlich ist und zugleich leistet, was Andern nöthig […]”

4.- Freud. 1900. The interpretation of dreams [Die Traumdeutung]. Freud asserts that each dream is a psychic-artificial product full of meaning: a psychic product to which a perfectly determined place can be assigned in the psychic activity of the ‘awakened life’. Freud, though, is spellbound by words, by logical ballerinas  like “Science”. He is a nineteenth-century thinker that speaks of the ‘ancients’, who, in their ‘pre-scientific ignorance’, believed that dreams could be a place intervened by external deities, and that in dreams there were messages, which even announced the future. Freud wrote his famous book feeling that there had been no advance from Artemidorus Daldianus (2nd century AD) in the technique of the interpretation of dreams. Freud considered anyway that the matter of dreams is just memory, which would store absolutely all the experiences lived by a human being since childhood, even the smallest ones. Objective of the interpretation of dreams: to heal our psique. Freud wants to use the dream (the remembered dream indeed) as a tool in order to bring before “the light of reason” (that exorcist goddess) everything repressed, locked inside our unconsciousness. This would end, according to Freud, with suffering: making the unconscious conscious we would be essentially cured. And it was the patient-dreamer who interpreted his own dream, letting the images go uncensored towards the purifying light of reason. Against the science of his time, Freud did believe that dreams made sense, but he rejected the use of fixed interpretive keys because he considered them simple superstition. Finally, Freud, in his work The Interpretation of Dreams, confirmed the popular belief, which, according to him, always considered dreams as a space for the realization of desires that were frustrated in real life. The “dreams of anguish”, though, would be a failure of the system: what is desired by the unconscious would be -morally- unbearable. Then awakening would simply take place.

These are my own ideas about the logical ballerina  “Dream”:

1.- The dream/lives are contents of conscience. I do not find more appropriate words to convey it. I believe that these contents build a fabulous work of art that is being contemplated from a place that is unsayable from here.

2.- We do not die because we do not live. “Living” is a too simple word. “Dreaming” and “Dying” are also too simple. As I suggested in the beginning of this text, I think it would be more appropriate to say that we “omni-live”. Because the fact is that we enter and leave many lives while living.

3.- I believe that in our dreams, life included, messages and ‘external’ beings do enter in order to help us. I am talking about messages that we send ourselves from other realms of our infinite consciousness.

4.- We should not rule out the possibility that someone is contemplating us at this moment, with tenderness, as when we contemplate our sleeping children. And it should also not be ruled out that  that ‘someone’ is loving us and taking care of us from where we might wake up when we die.

5.- The dogmatic slumber. This philosophical dictionary shows the narcotizing power of the logical ballerinas (words / concepts / universals / ideas/ beliefs). I think that any kosmos noetos, in a Platonic sense, is narcotic, but also vivifying, unrenounceable: any cosmos is an artificially constructed and coded dream. The Word (the programming) submerges us in a deep and prodigious  dogmatic slumber. But it turns out that we are also the coders of such prodigy.

6.- The interpretation of dreams. What is ‘interpreting’? Why ‘interpret’? Some worlds nourishing others? But, from what logic? Is not Logic itself, too, a hallucination of the mind? Maybe yes. But we do have to live this dream, in this dream, this very one, and it’s worth looking for nutrients, ideas, milestones, messages -whatever it may be- in other worlds so as to raise the beauty and sacrality of this one. I believe, with Freud, that dreams are at the service of our health, but understanding “health” in a much broader sense.

7.- Awakening. We all know, deep down, that when a dream -or life- gets too hard we can get out of it: we can dilute it in the nothingness, reduce it to pure unreality. We decide what to live and what not.

8.- Silence inside the dreams. Dreams, in general, are noisy, uneasy, like caricatures of this dream/life from which I now write. In dreams, generally, very little peace is felt, and very little freedom… Can we meditate within a dream? Yes. I meditated inside a dream, after knowing myself dreaming in a kind of assembly of religious dignitaries that took place inside what seemed to be a cathedral. It was an experience that I can not really communicate now. On another occasion I dreamed of a town surrounded by light and silence. Everything was too  calm. Too wonderful. Then I felt that I was not in an ordinary dream; and I was terrified because I knew that ‘that’ was something beyond my own death. Or something related to my death. And I did not want to die. Not yet. While dreaming I remember having a beautiful little daughter of four years existing in what I then considered as my real life. So I chose -out of love, out of radical love- to return to this life/dream, renouncing the delights of that -lethal- paradise.

9.- I suggest to differentiate between ‘passive sleep’ and ‘active sleep’. The God of monotheisms, the Creator-God, before creating, had to actively imagine his Creation. It is not possible to think of an instantaneous Creation, not previously imagined and then desired. And you can not desire something that is not previously seen in your imagination. The passive dream would be an entrance into the fruit of one’s own imagination and desire. That might require a self-limited consciousness so as to perceive the created reality as something alien. That could actually be the very meaning of Creation.

10.- Paradise. I do not discard its existence as a perfect dream experienced from a level of consciousness still self-enchanted. Paradise as materialization of everything desired but not fully accomplished “in life”: as the last gift of the brain for itself (if we do not want to get out of the current physicalist-cerebral model).

11. The beloved dream. I remember being dragged by cataracts of successive dreams in which I thought again and again that I had awakened, at last, in the true reality. But none of them was the beloved dream. And I knew it all the time. Until I came back to this one. The one I am sharing with you, my dear reader.

So, my beloved dream is just this: this one from which I write, because in it there are wonderful beings for whom it is worthwhile to assume the sufferings of the ‘ignorant’ (according to Buddha): the one that  -out of pure love- does not detach himself from his beloved dream.

I want this text to end with the above cited words of Schopenhauer. Let’s read once more that great philosopher writing about the logical ballerina “Dream”:

“[…] in the mere dream the relation is one-sided, namely, only an I really wants and perceives, while the others are nothing but phantoms. In the great dream of life, on the other hand, a reciprocal relation takes place, in which not only one appears in the dream of the other, just as it is necessary there, but also this last one appears in the dream of the first; so that, by virtue of a real harmonia praestabilita, everyone dreams only what is appropriate to him, in accordance with his own metaphysical guidance, and all Dream-Lifes are so artificially intertwined that everyone experiences what suits him and, at the same time, accomplishes what others need […]”

David López

Pensadores vivos: Richard Dawkins.

Richard Dawkins. Yo creo que la clave de su pensamiento podría estar en la presentación que hace de sí mismo en su cuenta de Twitter. Ahí encontramos la siguiente frase:

Likes science, the poetry of reality.

Tengo la sensación, creciente, de que esa poesía a la que se refiere Dawkins no es de la realidad, sino al revés: la “realidad” es suya, es un producto de su fuerza, de su creatividad. Y es que los modelos de realidad que ofrece la Ciencia (aunque parezca que se verifican, que se prueban) no dejan de ser conjuntos de símbolos, leyendas, fantasías útiles. Todas las fantasías lo son. La poesía científica a la que se refiere Dawkins es creadora de mundos aparentes. Todos los mundos son aparentes. En realidad no estamos en ningún “mundo”. La “realidad” que quieren describir los científicos no cabe en ningún modelo comunicable. Es demasiado grande, demasiado misteriosa, demasiado bella quizás. También lo son ellos, los científicos, vistos desde sus propios modelos de realidad.

La palabra poesía implica siempre creación. Y toda creación presupone algo sacro e imposible a la vez. Sugiero la lectura de mi bailarina lógica “Poesía” [Aquí].

Richard Dawkins es un poeta aupado y encendido por otros. Eso ocurre con todos los poetas. Y desde su mundo poetizado se puede decir que unos seres poderosísimos (las Leyes de la Naturaleza) mueven su cerebro desde dentro y desde fuera para que poetice de una forma ya determinada desde las más insondables profundidades del universo.

Este post está estructurado en dos partes. En la primera parte reflexiono sobre su obra The God Delusion [El espejismo de Dios]. Las citas se refieren a la edición española de Espasa (Madrid, 2010; traducción de Regina Hernández Weigand).

En la segunda parte reflexiono sobre la obra The Blind Watchmaker [El relojero ciego].

[membership]Primera parte

Dawkins se declara ateo militante. Elimina la “hipótesis de Dios” a la hora de explicar el origen, estructura y desarrollo de eso que no solo los científicos llaman “universo”. Consciente de que el término Dios puede llegar a denominar cualquier cosa, insiste Dawkins en que su ateísmo se refiere a la existencia de un Dios personal, creador/diseñador inteligente del universo e involucrado en su desarrollo, con una especial vinculación con los seres humanos, los cuales no solo serían constantemente vigilados por ese Ser, sino que podrían comunicarse con Él.

Según Dawkins, lo que regula el devenir de lo que hay (del Universo, o Multiversos), y el devenir biológico de una emoción humana, etc., son unas cosas (invisibles) que reciben el nombre de “Leyes de la Naturaleza”. Hay creyentes del cientismo que consideran que estamos cerca de alcanzar un soñado “monoteísmo”, el cual, por fin, nos salvaría del actual caos politeísta (la no total certidumbre) que parecen ofrecer unas leyes de la Física que, funcionando de maravilla cada una en su plano de lo real, no parecen ser compatibles entre sí.

Siendo Dawkins devoto de estas pitagóricas pero (por el momento) algo desordenadas y desconcertantes diosas, su bellísimo hechizo se completa con la ley de la evolución, la cual habría sido enunciada -por así decirlo- en un lugar físico-biólogico-temporal único: el cerebro de Darwin.

¿Cuál es el estatus ontológico de las teorías que surgen de los cerebros humanos? ¿Evolucionarán con el evolucionar de esa materia biologizada en la que cree Dawkins?

Veamos al trasluz metafísico algunas de las ideas que ofrece Dawkins en El espejismo de Dios:

1.- Propósito del libro: “mejorar la conciencia” (p.11). Estamos ante una soteriología, una salvación, otra más. ¿Para salvar a quién de qué? Se trata, parece, de desinstalar modelos de lo real (mundos, imanes metafísicos) porque se suponen nocivos para el ser humano individual y para las sociedades en las que se integra esa individualidad.  Y se trata también, insiste Dawkins, de abrir ventanas para que se pueda acceder a la maravilla de lo real, del “universo”. Dawkins confunde, creo yo, lo “real” con una determinada forma de “aquietar” – de “dar forma”- a la mágica Nada que tenemos delante. Y que somos. Él está fascinado con una Poesía, con un filtro estético, con una determinada hermenéutica del infinito. Belleza. Ese sería el camino a seguir. Recordemos el sublime discurso de Diótima en el Banquete de Platón. Sigamos el camino de la belleza, de la magnificencia y, sobre todo, del conocimiento (la Verdad interiorizada). Y Dawkins señala ese camino: “Los capítulos 1 y 10 comienzan y finalizan el libro al explicar, de distintas formas, cómo un entendimiento apropiado de la magnificencia del mundo real, mientras no se convierta en religión, puede asumir el papel inspirativo que histórica e inadecuadamente ha tenido la religión” (p. 14). De eso se trata, de “inspirar”, de empujarnos a volar hacia la Belleza. De emocionarnos. La materia se emociona a sí misma. O la energía. O lo que sea.

2.- La religión como vicio (p.17). Dawkins considera religiosa la actitud intelectual de creer en algo que no se puede verificar o que es manifiestamente “irracional”. Pero desde, al menos, los experimentos filosóficos del Círculo de Viena, sabemos que no podemos verificar nada. Que todo es metafísica, especulación. Lakatos ni siquiera nos permitía refutar una teoría científica “falsa” con otra “verdadera”, porque no podemos nunca saber si esta última es verdadera y, por lo tanto, si sirve para verificar la anterior. Pero en cualquier caso, como apuntó Popper, la Ciencia da por supuestas cosas que ni ve ni puede probar. Popper habló de la religión de la Ciencia. Espero algún día escribir una obra útil sobre esta fascinante religión.

3.- Todo es “natural”. No habría nada “sobrenatural”. “Si hay algo que parece que está más allá del mundo natural tal y como hoy imperfectamente se conoce, esperamos conocerlo finalmente e incluirlo dentro de ese mundo natural” (p. 23). Tengo la sensación de que Dawkins entiende por “mundo natural” todo aquello que pueda recibir un asiento lógico, un puesto, en la matriz poética, en la preciosa leyenda que vibra en eso que él mismo llama “conciencia”. La suya. Si es que podemos hablar de conciencias individualizadas. Pero, ¿no son según Dawkins los modelos falsos o “sobrenaturales” fenómenos al menos cerebrales y, por lo tanto, reales en cuanto realidades biológicas/físicas de la naturaleza? ¿No afirma Dawkins que los pensamientos, sentimientos, ilusiones, fantasías “humanas” no son sino procesos químicos? Y, sobre todo: ¿cómo podemos salir de nuestros ojos-cerebros para “ver” si lo que ese sistema ve es “lo real”? Imposible no tener presentes (al menos) a Berkeley y a Kant si, al pensar, queremos ser serios.

4.- “La madre de todos los burkas” (pp. 386-400). Es el nombre del último capítulo de este interesantísimo libro de religión, de este biológico producto de la evolución y del big bang y de las leyes naturales y ¿de qué más? “Uno de los espectáculos más desgraciados que se ven en nuestras calles hoy en día es la imagen de una mujer envuelta en ropas negras e informes de la cabeza a los pies, mirando al mundo exterior a través de una diminuta abertura” (p. 386). Utiliza Dawkins esta imagen no solo para mostrar los a su juicio miserables efectos de las religiones clásicas, sino también para dar cuenta de que nuestros “ojos ven el mundo a través de una franja muy estrecha del espectro electromagnético” (p. 386). Tenemos aquí una afirmación de fe, un dogma religioso. No sabemos si vemos el mundo, si hay algo ahí fuera, objetivo, ordenado, preparado para ser conocido, esto es: sistematizado en un modelo lingüístico comunicable entre individuos en principio humanos. Cree Dawkins que gracias a la Ciencia esa abertura se puede ampliar, lo cual nos daría acceso al glorioso paraíso estético (y práctico) del “universo natural”, de lo que hay de verdad, fuera de las deformaciones provocadas por la irracionalidad, por la religión, por el error. Pero ese modelo de individuo recortado en la masa cuántica del universo, observando el resto del universo como desde una atalaya exterior, es insostenible desde el propio modelo físico/metafísico (es lo mismo) en el que cree Dawkins. Un modelo que habría tenido varios profetas, pero sobre todo uno: Darwin: “Darwin se apoderó de la ventana del burka y le dio un tirón para dejarla abierta, permitiendo el paso de un flujo de entendimiento cuya deslumbrante novedad y cuyo poder para elevar el espíritu humano quizás no tuvo precedentes -a menos que fuera la compresión de Copérnico de que la Tierra no era el centro del Universo” (p.392). Pero, ¿qué es entonces eso de “espíritu humano”? ¿Qué es eso de “elevarle”?

5.- La liberación final, la entrada al paraíso cientista. “Estamos liberados por el cálculo y la razón para visitar regiones de posibilidades que una vez parecieron sin destino o habitadas por dragones”.

Fascinante.

El problema es que cualquier modelo de aquietamiento de la magia infinita que nos rodea (y que nos constituye) puede ser reducido al absurdo en cuanto se lo observa con detenimiento. Pero ocurre que hay modelos (y métodos) que tienen tanta belleza que enamoran (solo nos mueve el Eros, como bien supo ver Platón). Y cuando alguien está enamorado no se puede razonar con él. Cierto es que los que estamos enamorados de la Filosofía (del razonamiento extremo, de la magia extrema, de la mirada que quiere verlo, pensarlo y sentirlo todo; incluso a sí misma) tampoco nos dejamos reducir al absurdo en el que, sin duda, desplegamos nuestros sueños e ilusiones, nuestro infinito erotismo.

Sagrado absurdo.

¿Es Dios un espejismo? Sí, claro, como lo es todo lo que ex-iste [Véase mi bailarina “Existencia” aquí]. También es un espejismo ese “universo” (evolucionando en el tiempo y sacando de su carne a los seres humanos y sus teorías) del que habla Dawkins. Son espejismos creados por la Nada Mágica en la pantalla de las conciencias en las que ella misma se puede autodifractar. Por decir algo desde el lenguaje. Lo dijo el Maestro Eckhart en el siglo XIV: “que exista Dios y que exista yo es porque yo lo he querido”. ¿Qué es ese yo, esa subjetividad abisal?

Desde la leyenda cientísta de Dawkins se podría decir que Dios es un espejismo de la materia, un prodigio surgido de esa cosa fabulosa, todavía no conocida, que llaman “naturaleza”, capaz de crear modelos no naturales sobre sí misma. Capaz de crear hombres, conciencias y Dioses.

No descartemos, por tanto, que en ese universo haya inteligencias que no detectemos y que pudieran estar ejerciendo de Dioses con nosotros. Y no descartemos tampoco que estemos siendo amados con inimaginable intensidad. Tampoco descartemos que cualquier cosa que miremos no tenga absolutamente nada que ver con lo que creemos que estamos mirando.

Segunda parte

Richard Dawkins me fascinó en mi adolescencia con su libro The selfish gene [El gen egoísta]. Ya solo por haberme provocado esa -pasajera pero maravillosa- sensación debería estarle eternamente agradecido. Y es que en aquel entonces sentí yo que alguien, ya de verdad, por fin, había encontrado la explicación a lo que está pasando, al menos entre los seres vivos, que eran los que más me importaban.

Y en el fondo de todo eso que contaba Dawkins había unos seres maravillosos, entre abstractos y reales, poderosísimos y egoístas sin saberlo: prodigiosos robots biológicos: los “genes”. Duendes mecánicos.  Otra ocurrencia poética con enormes posibilidades explicativas.

Pero los años pasan y los ojos se van dilatando, a la vez que las texturas de todos los discursos, de todos los modelos de totalidad, se van haciendo cada vez más transparentes, más coherentes con eso que dijo Shakespeare: “Somos de la misma materia con la que están hechos los sueños”.

El vídeo que he colocado en el cielo de este texto lleva por título “Enemigos de la razón.” Se trata de un precioso auto sacramental en el que Dawkins, con extraordinaria buena fe, muestra los “horrores”, los “disparates”, que se derivan de un alejamiento de la Ciencia, entendida como culto a la razón y a los hechos verificables. Las religiones, y las supersticiones (la New Age por ejemplo) nos alejarían de un camino que promete enorme belleza, justicia social, felicidad, verdad… Por todo merece la pena luchar (intelectualmente). ¿Quién no lucharía por algo tan fabuloso? Y hay que combatir contra los enemigos de la razón, los cuales, según reza el subtítulo de este documental, serían a la vez “esclavos de la superstición”.

La superstición sería creer en lo no verificado. La Ciencia, creo yo, cree en lo no verificado. Es otra superstición, pero necesaria, útil, en un determinado “nivel de conciencia” (expresión ésta que me produce mucho rechazo intelectual, pero que ahora creo necesario utilizar).

Dawkins ha publicado muchas obras desde El Gen Egoísta (1976). Hay una de ellas –El relojero ciego- que, según su propio autor, ofrece un “filosófico capitulo”. Es el primero y lleva como título “Explicar lo muy improbable”. Eso sería un ser vivo según Dawkins: algo muy improbable, complejo (consta, a diferencia de una estrella, de muchos elementos no homogéneos) y hábil (capaz de mantenerse vivo, de “no revertir a un estado de equilibrio con el medio ambiente”.)

Cree no obstante Dawkins que esos seres son explicables, aplicando el “reduccionismo”: reduciendo el objeto de estudio a sus piezas más simples, más conocidas (reducir lo desconocido a lo conocido).

Esta euforia epistétima le lleva quizás  a Dawkings a comenzar su Relojero Ciego así:

“Este libro está escrito con la convicción de que nuestra propia existencia, presentada alguna vez como el mayor de los misterios, ha dejado de serlo, porque el misterio está resuelto. Lo resolvieron Darwin y Wallace, aunque todavía continuaremos añadiendo observaciones a esta solución, durante algún tiempo.”

Estamos por tanto ante el final de una búsqueda. Ya sabemos lo que pasa, por qué estamos aquí, qué somos, etc. O, por lo menos, ya sabemos cómo saberlo (como si alguien supiera de verdad qué es eso de “saber”).

Dawkins, en la tradición cientísta de Francis Bacon, cree que ya tenemos la herramienta fundamental para avanzar en el conocimiento de lo real y, a la vez, para instaurar una ética humanística alejada de oscuras/erróneas/peligrosas creencias, como por ejemplo la creencia en la existencia de Dios (el cual, creo yo, si existiera no sería Dios; aunque no debemos descartar que una inteligencia -y un corazón- ubicados en un nivel no perceptible ahora por nosotros, pero sin llegar a ser el fondo total de lo real, nos estuviera amando sin límite, y nos estuviera inoculando realidad): me estoy refiriendo a algo así como “un dios menor” (o varios).

Herramienta. Lo fascinante de El gen egoísta era precisamente que Dawkins parecía demostrar que los genes, desde un egoísmo radical pero inconsciente, utilizaban el cuerpo humano como una herramienta para su supervivencia. Cabría preguntarse si esos seres tan pequeños y tan decisivos no serán a su vez herramientas de algo más profundo, y más decisivo. Dawkins parece dispuesto a considerar que en cualquier nivel de observación (el que permite ver y teorizar los genes, por ejemplo), cabe seguir profundizando, pero que hay un momento en el que él, como biólogo, se tiene que retirar y dejar paso a los físicos.

Pero los físicos, a su vez, no solo están hoy en día en un huracán de fantásticas teorías verificables y contradictorias entre sí, sino que sueñan con encontrar una ley única que lo mueva todo. Supongo que en ese todo estará también el movimiento (¿mecánico?) del cerebro de Dawkins y su tendencia a generar teorías sobre lo que hay de verdad; y lo que no hay.

Schopenhauer también habló de un fondo inconsciente y egoísta en el mundo (en el mundo como representación, esto es: como creación nuestra). Pero Schopenhauer, que fue un gran filósofo, no habría aceptado la antifilosófica frase, la opiácea frase “el misterio está resuelto”.

Creo que merece la pena retener esta cita del gran filósofo alemán:

„ […]wir in ein Meer von Räthseln und Unbegreiflichkeiten versenkt sind und unmittelbar weder die Dinge, noch uns selbst, von Grund aus kennen und verstehn“.

“[…] estamos hundidos  en un mar de misterios e incomprensibilidad y de forma inmediata ni las cosas ni a nosotros mismos conocemos y entendemos a fondo.” (La traducción, muy mejorable, es mía).

Esta cita  la encontramos en el capítulo “Magnetismo animal y magia” de su obra Sobre la voluntad en la naturaleza (Vol. IV, p. 109, de la edición de Hübscher, 1988). Y la escribió Schopenhauer para advertir a los ilustrados cientistas del siglo XIX de los peligros de su credo, de dar todo por cognoscible y “racional”. Así quiso el gran filósofo abrir una puerta a la legitimidad de la magia (de lo paranormal), contra lo cual Dawkings, en el documental que precede este texto, lanza toda su artillería poética. De buena fe, y con un impecable gesto de respeto hacia “los enemigos de la razón”.

Ojo. Dawkings dice también que la Ciencia es la más bella poesía sobre el universo. Es cierto. Y la poesía es básicamente creación… En este sentido expansionista hay también una afirmación suya que dice algo así como que los científicos siempre están abiertos a nuevas posibilidades, reconsiderando una y otra vez nuestro concepto de realidad.

Ofrezco a continuación algunas ideas especialmente interesantes que he encontrado en el “Relojero ciego”, y que estructuran ese “concepto de realidad” donde parece desplegarse el pre-poetizado pensamiento de Dawkins (las citas que ofrezco se refieren a la edición española  de Labor, Barcelona, 1988; traducción de Manuel Arroyo Fernández):

1.- “Este libro está escrito con la convicción de que nuestra propia existencia, presentada alguna vez como el mayor de todos los misterios, ha dejado de serlo, porque el misterio está resuelto. Lo resolvieron Darwin y Wallace […]” (Prefacio, p. VII). Este verano en un Ashram de Yoga perdido en un onírico valle de Baviera escuché también esta anti-filosófica afirmación (obviamente desde una devoción distinta, desde un culto hacia otros dioses-lógicos). El temblor y la duda solo lo resisten los grandes pensadores (Kant, Schopenhauer, Nietzsche, María Zambrano…). Y también la gente no intelectualizada (la gente “de la calle”). Dawkins no es un gran pensador, ni gente “de la calle”, pero sí un gran poeta. Él no sabe lo que dice (como el Ion de Platón); sino que está tomado por dioses que se sirven de él para inocular sus hechizos en las mentes humanas. Por decirlo de alguna forma.

2.- Las máquinas como “objetos biológicos” (p. 1) o “seres vivos honorarios” (p. 8). Es un tema especialmente fascinante para mí. A él me he referido en mi diccionario filosófico. La bailarina lógica “Máquina” (que se presenta todavía muy oscura para mis lectores y alumnos) se puede contemplar desde [Aquí]. Quizás valga con decir que la ontologización de la máquina como algo “artificial” presupone un dualismo que eso de “la Ciencia” en general no admite. Desde ese Credo un ordenador no estaría hecho por los seres humanos (ni sus teorías sobre lo real tampoco) sino por esas Leyes que mueven su biológico-físico cerebro. O dicho de otra forma: el cerebro humano (como los genitales humanos) serían máquinas al servicio de algo cuyo poder no sería desactivable.

3.- El culto a lo útil. Dawkins es inglés, es práctico, rinde culto a la franciscana navaja de Ockham (para explicar un fenómeno hay que utilizar el menor número posible de elementos… simplificar, reducir…). Creo que merece la pena reproducir aquí un largo párrafo de Dawkins (no tengamos prisas filosóficas; leamos con serenidad):

“Los físicos, naturalmente, no dan por supuestas las propiedades de las barras de hierro. Preguntan por qué son rígidas, y continúan descendiendo algunos escalones más, hasta llegar a las partículas elementales y los quarks. Pero la vida es demasiado corta para que la mayoría de nosotros sigamos su camino. En cualquier nivel determinado de una organización compleja, pueden conseguirse explicaciones normalmente satisfactorias descendiendo uno o dos escalones desde nuestro nivel inicial, pero no más. El comportamiento de un motor de coche se explica en términos de cilindros, carburadores y bujías. Es cierto que cada uno de estos componentes descansa en lo algo de una pirámide de explicaciones a niveles inferiores. Pero si me preguntan cómo funciona un motor coche la gente pensaría que soy algo sofisticado si contestara en términos de las leyes de Newton o de las leyes termodinámicas, y completamente oscurantista si contestara en términos de partículas fundamentales. Sin duda, es cierto que, en el fondo, el comportamiento de un motor de automóvil se explica en términos de interacciones entre partículas fundamentales. Pero resulta mucho más útil hacerlo en términos de interacciones entre pistones, cilindros y bujías” (pp. 9-10).

¿Util para qué?, me pregunto. ¿Para mantenerse vivo? ¿Para ser felices en cuanto especie biológica?

Estamos justo ahora en un lugar crucial para ejercitar la lucidez filosófica. Dawkins parece satisfecho subido a esa pirámide (ese templo) de científicas explicaciones (siempre en movimiento, eso sí, pero siempre ofreciendo solidez suficiente como para vivir relativamente tranquilo). En realidad cada uno de los niveles de esa pirámide está construido con explicaciones tambaleantes, con frases, con sustantivos que presuponen que lo que hay está dividido en lo que esos sustantivos obligan a ver (universo, estrellas, cuerpos vivos individualizados, células, quarks… leyes matemáticas…) La necesaria existencia de estos radicalmente invisibles seres la han teorizado muy bien (de forma muy pragmática) Putnam [Véase] y Quine [Véase] con su “compromiso ontológico”: necesitamos dar por reales esos entes pues las teorías que los dan por reales nos funcionan muy bien. Pero una cosa es que los elementos de una explicación sirvan para la existencia y eficacia de la explicación, y otra que esa explicación, su modelo-mundo implícito, refleje lo que de verdad hay, lo que de verdad está pasando: que refleje el sublime océano de misterios al que se refirió, entre otros grandes, Schopenhauer.

Filosofar es ser capaz de oler (y quizás amar) ese océano a través de la textura de todos los mundos que se presentan como reales en eso que sea “la mente humana”. Y Filosofía es también ser capaz de ver esos mundos artificiales como fabulosas obras de arte. Creo yo.

Dawkins, que en el video que vuela sobre este texto aparece como guerrero en una guerra santa contra las “religiones” (contra los enemigos de la “Razón”), está tomado a su vez por la (irracional) religión de la Ciencia. Pero todas las religiones, incluida ésta, tienen grandes pensadores atrapados, y fecundados, en sus leyes físicas (en sus reglas del juego discursivo, diríamos desde Wittgenstein).

La “verdad” de esta religión de la Ciencia no se puede medir por su eficacia “física” (dentro del mundo “físico” que ella misma describe). Otras religiones (el islam v.gr.) es también enormemente eficaz: entra con mucho poderío en la matriz fundamental donde anidan todas las “verdades”: la mente humana (por llamar ese sitio de alguna forma). Es ahí adonde se dirigen todos los Verbos (el de Dawkins incluido). Si no es así, ¿por qué habla y escribe tanto? ¿Para qué el vídeo? ¿No presupone toda teoría sobre lo real un destinatario que pueda acogerla y, por así decirlo, darle la “vida”?

“¡Hágase la luz!”  sería algo así como la activación de un modelo de mundo dentro de una mente, adoptando el status de Verdad, ya encarnada, ya sentida. Al principio era el Verbo, sí, pero ese Verbo requería ser creído, vivificado por la luz de la “verificación”.

Dawkins está inmerso en una guerra santa. Pero lo cierto es que -como Russell [Véase]- es consciente de que el odio es estupidez (“yo no odio a nadie”, le dice Dawkins al fundamentalista islámico que aparece en el vídeo). Ibn Arabí también apuntó a esa religión universal desde el cerebro y el corazón del Islam. La Filosofía, como palabra, como cuerpo, lleva en su primera parte el concepto de “amor”.

Que siga por tanto Dawkins luchando contra los enemigos de la Razón (de la suya), pero que lo haga con amor: los enemigos contra los que hay que guerrear serían constructos de palabras, frases, virus poéticos, ideas no aptas para el templo de lo humano. Pero nunca personas.

Guerra santa de ideas contra ideas. La guerra de los mundos. Librada en el interior de eso que sea “la mente humana”.

David López[/membership]

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