Archivo del Autor: David

CONSULTORÍA FILOSÓFICA

 

 

A petición de algunos de mis tan queridos alumnos he decidido iniciar esta nueva actividad.

Pongo a tu disposición mis lecturas, mis conocimientos y mis propias ideas filosóficas para lo que tú creas que te pueden ser útiles.

Esta consultoría filosófica la ofrezco a través de videoconferencia privada y también de forma presencial. Escríbeme un correo y yo te respondo con todos los detalles.

Te doy mi dirección:

contacto@davidlopez.info

Espero que mis largos años de intenso estudio, de creación, de reflexión y de (intensa) vida te aporten algo grande de verdad. Yo haré todo lo posible para que así sea.

David

CURSO DE FILOSOFÍA DEL ARTE

 

 

La belleza del mero hecho de que exista la belleza y de que se pueda crear más todavía

La creación y la contemplación artísticas han sido y siguen siendo experiencias extremas en mi vida. Decisivas. Y me es imposible no ver un esfuerzo, una descomunal pasión creadora, y, también, un extraordinario virtuosismo, en eso que se me presenta como ‘realidad’. Me refiero a un virtuosismo artificial, artístico en definitiva.

Este curso pretende  contemplar el corazón mismo del misterio de la belleza y de la creación artística a través de los bellísimos ojos de la diosa Filosofía. Va a ser, sin duda, una gran aventura del pensamiento y del sentimiento. Un viaje por lo sublime. En cualquier caso, me parece ya sublime el mero hecho de que exista la belleza y de que se pueda crear más todavía. ¿Hasta dónde se puede llegar?

Por último: ¿Cabe convertir nuestra mente y nuestro corazón en obras de arte, de arte vivo, como si fueran jardines sagrados? ¿Y qué consecuencias estéticas tiene nuestra ética en la obra de arte de nuestras propias vidas?

El curso consta de 30 conferencias online (a través de la plataforma Zoom). Todos los lunes a partir del 6 de septiembre de 2021. A las 19:00 horas (Europe/Madrid). Cabe incorporarse en cualquier momento. La inscripción da derecho a obtener el vídeo de las conferencias anteriores (y obviamente de las posteriores).

No es necesaria ninguna formación académica previa.

 

[La inscripción se puede realizar desde este enlace]

 

PROGRAMA

1.- Introducción. ¿Qué es el arte? ¿Cómo es que existe algo así? El artista: creatividad-libertad-posesión. La sublime experiencia de la creación y de la contemplación artísticas. La totalidad de nuestra vida como obra de arte. ¿Tienen efectos estéticos nuestras opciones éticas? Los abismos metafísicos de la libertad y de la creatividad.

2.- Arte físico y metafísico en el Antiguo Egipto. La mirada de Jeremy Naydler: El templo del cosmos. Un vertido metafísico cayendo sobre el Nilo y el desierto. La vivencia de otras formas de entender el espacio y el tiempo. La creación por la palabra de Thot. Los dioses-artistas. Las civilizaciones como obras de arte colectivo e inconsciente.

3.- Belleza salvífica en el antiguo Extremo Oriente. Chantal Maillard: La sabiduría como estética. China: confucianismo, taoísmo y budismo. Marguerite Yourcenar: Cuentos orientales (Cómo se salvó Wang Fô). Yoel Hoffmann: Poemas japoneses a la muerte. Una sonrisa maravillada justo antes de salir de la gran obra de arte que es la vida humana (de arte sacro).

4.- India antigua I. El mundo es maya, hechizo, realidad virtual (artificial-artística). Hay que salirse (salvarse) de ese hechizo. Pero ¿cómo se ha fabricado semejante prodigio sensitivo? ¿Quién/Qué ha hecho algo así?

5.- India antigua II. Creación-Arte-Sufrimiento. El concepto védico de Tapas. Brahaman: la palabra creadora, una vez más. ¿Es ilimitado su poder artístico?

6.- Platón. El mundo como obra defectuosa de un dios menor, de un artesano carente de creatividad.  No ha sabido copiar bien las ideas, los arquetipos eternos. El camino ascendente de la belleza (Banquete). La posesión como fuente de la poesía (Ion). La condena y la censura política del arte (República).

7.- Aristóteles (Poética): El arte es imitación de lo real a través de diversas formas; y es también lo que distingue al ser humano de los animales. La negación de la creatividad. La poesía es conocimiento y técnica. Negación de cualquier intervención de lo divino, de lo metafísico, en el fenómeno artístico. Todos los seres se mueven atraídos por la omnipotente belleza de un motor inmóvil.

8.- El Dios-artista de los monoteísmos del Oriente Medio (judaísmo, cristianismo e islam). El evangelio de Juan. De nuevo, la palabra que crea mundos. Pero ¿por qué/para qué realmente creó Dios la descomunal obra de arte que es “el mundo”? ¿Por amor? ¿Por amor a qué? ¿Y con qué material lo hizo?

9.- Kant: Crítica del Juicio. Diferencia entre lo bello y lo sublime. Paz y armonía frente a estremecimiento, vértigo, estupor maravillado. Una reflexión sobre la experiencia de la belleza en la naturaleza salvaje.

10.- Hegel (De lo bello y sus formas): “El intelecto no aprehende jamás más que uno de los lados de lo bello: queda en lo finito, en lo exclusivo y falso. Lo bello, al contrario, es en sí mismo infinito y libre. […] El carácter infinito y libre se encuentra a la vez en el sujeto y en el objeto […]” ¿Qué debería entenderse por “belleza absoluta”?

11.- Novalis. ¿Y si nos estuviéramos hechizando a nosotros mismos con la fabulosa obra de arte que llamamos, simplificando, “vida”? ¿Cómo es que somos capaces de hacer-nos algo así? ¿De qué herramientas disponemos?

12.- El romanticismo en los siglos XVIII y XIX. El arte como esencia sagrada del ser humano. Y de todo. El artista, cuando está creando, está extáticamente conectado con el abismo más profundo de lo real.

13.- La sinérgica potencia artística de la amistad entre Schiller y Goethe (vista desde Safranski). “Fue en su amistad con Goethe cuando Schiller aprendió que los impulsos creativos están enraizados en una región que, por su naturaleza, no puede ser comprendida”.

14.- Schopenhauer. El mundo como representación, como obra de teatro. La música como nítida expresión de la cosa en sí del mundo (de su corazón mismo). La contemplación extática de la obra de arte nos anticipa lo que nos espera cuando nos deshagamos de este mundo (el mundo del deseo y, por tanto, del dolor).

15.- Nietzsche. El Nacimiento de la Tragedia en el espíritu de la música. La lucha contra el nihilismo, la debilidad y la decadencia en el arte. El dios-artista metamoral. Solo como obra de arte tiene sentido el mundo. El caso de Wagner.

16.- Ananda K.  Coomaraswamy (La transformación de la naturaleza en arte): “El arte es religión y la religión es arte”.   Su visión del Maestro Eckhart como místico de la estética, del arte. “El artista no es un tipo especial de hombre, sino que todo hombre es un tipo especial de artista”. El silencio (la renuncia) como requisito para la contemplación extática.

17.- La pintura. Los objetos más caros del universo. El síndrome de Stendall. La pintura abstracta. El caso de Pollock. Referencia al debate filosófico en torno a los “universales”.

18.- María Zambrano: Filosofía y poesía. El poeta (el artista) quiere perderse más aun en el fondo de la caverna de Platón. Aumentar los hechizos de la existencia.

19.- Martin Heidegger: Aclaraciones a la poesía de Hölderlin. “Los poetas echan los fundamentos de lo permanente”. Los poetas como pararrayos entre Dios y los hombres. Rilke: “La belleza es el comienzo de la tragedia”. Octavio Paz: la poesía como unión de la pasión y el cálculo.

20.- Arte, ideología, mercadotecnia, cursilería. Gadamer (El texto eminente y su verdad): “Deberíamos describir abiertamente el fenómeno de lo cursi como la irrupción destructiva de ese interés ajeno en la autonomía de lo artístico y despacharlo por ser contrario a la verdad”.  

21.- Los grandes sistemas filosóficos como obras de arte arquitectónico. Guilles Deleuze: La Filosofía no es descriptiva, sino creativa. Es el arte de la creación de conceptos, de ideas. ¿Supone eso la creación de arquetipos con los que luego construir mundos? Simone Weil: analizar conceptos, ver su nada interior, podría salvar vidas.

22.- El arte arquitectónico. El hogar humano. El arte de la decoración. Cicerón: Sobre los deberes. Gaston Bacherlard: La poética del espacio.

23.- La literatura. Harold Bloom (El canon occidental): “En la actualidad me siento bastante solo al defender la autonomía de la estética”. La lectura como bendición, como “vida más plena en un tiempo sin límites”. El caso de Cormac McCarthy y la sublime brutalidad estética de su Meridiano de sangre.

24.- Arte y realidad virtual tras la revolución digital. Jean Baudrillard (Pantalla total): “La virtualidad nos da todo, pero de manera sutil nos escamotea al mismo tiempo todo”. Una referencia al dualismo de la metafísica Samkhya en la India antigua.

25.- El mundo como sinfonía y como silencio. Los Kaluli de Papua Nueva Guinea. Steven Feld: Sonido y sentimiento. La belleza del silencio y de la nada visual. Silencio intra-cósmico y extra-cósmico.

26.- El séptimo arte. Los guiones de cine. El poderoso método de Robert MacKee para hechizar al espectador. Referencia a Aristóteles. ¿Quién es, por cierto, el guionista de nuestras vidas? ¿Cabe distinguir con claridad ese guion? El caso de Mulholland Drive, de David Lynch.

27.- Belleza – en ocasiones extrema – dentro de los videojuegos. ¿Qué prodigios están por llegar? Conexión con el concepto de Lila en la India antigua: “el juego de los dioses”.

28.- Ciencia y Arte. Modelos de cosmos como arte: Creación y creación a la vez. El nivel de belleza de los modelos de universo como indicación de su nivel de verdad: Wolfgang Pauli y Roger Penrose. La fealdad como libertad, como posibilidad de cambio de paradigma: Sabine Hossenfelder (El universo feo).

29.- El misterio de la arquitectura de los sueños. Schopenhauer: “Cualquiera, mientras sueña, sería un Shakespeare”. Los sueños como obra de arte: arquitectura, pintura, guiones cinematográficos… ¿Creados por el cerebro? ¿Para qué? Referencia a Sigmund Freud (La interpretación de los sueños). Mis experiencias estéticas — conscientes — dentro de los sueños. Referencia a La tempestad, de Shakespeare.

30.- Conclusiones. Propuesta personal: Los pinceles metafísicos. La fusión de la ética y la estética. La ética como arte creador de realidad. El camino de la belleza. La visión de la ubicuidad de lo sagrado: fusión entre la belleza y la verdad absolutas. La configuración estética de los otros seres humanos en el lienzo de nuestras mentes.

* * * * *

El precio por el curso entero es 125 euros. Con el pago de la matrícula se tiene derecho al acceso a todas las conferencias y a las grabaciones de las mismas. Y seguiré ofreciendo, como en todos mis cursos, lo que se me ocurrió denominar “Bibliografía a la carta”. Esto significa que cada alumno me tendrá a su entera disposición para aconsejarle sobre textos que pudieran ser de su especial interés. Así podrá  realizar, por así decirlo, un viaje personal, único, en paralelo al que ofrece este curso.

[La inscripción se puede realizar también desde este enlace]

 

CURSO DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA

 

Desde el Todo está lleno de dioses de Tales de Mileto hasta la inteligencia artificial y la computación cuántica

 

 

La  tecnología, cuyo apoyo fundamental es la ciencia, está a punto de provocar una transformación verdaderamente radical en la estructura de lo que comúnmente se entiende por “mundo”; y en nuestras posibilidades de interactuar en él.

Puede ser cuestión de muy pocos años, por no atreverme a decir: meses. 

He creado este curso no solo para atender la peticiones de mis queridos alumnos, sino también para contemplar eso que sean la ciencia y la tecnología desde las alturas de la gran Filosofía, y hacerlo además desde una perspectiva histórica. Creo que es muy necesario. Hay que pensar, analizar -a lo grande-, algo tan poderoso, algo que va a reconfigurar -casi- todo.

Necesitamos perspectiva, información, profundización, y también visión de conjunto para acometer inteligentemente un momento como el que estamos viviendo. Necesitamos cultura científica, sí, pero expandida, e iluminada, por el prodigo de la Filosofía.

Son 30 conferencias. Todos los martes. A las 19:00 horas (Europe/Madrid). Cabe incorporarse en cualquier momento. La inscripción da derecho a obtener el vídeo de las conferencias anteriores (y obviamente de las posteriores).

No es necesaria ninguna formación académica previa.

[La inscripción se puede realizar directamente desde aquí].

 

PROGRAMA

1.- Introducción. Presentación general del curso y explicación de la lógica del programa. ¿Qué se entiende por “ciencia”? ¿Qué implica una Filosofía de la ciencia? ¿Es posible una ciencia sin Filosofía? ¿Y al revés?

2.- Los jónicos. ¿Cuál es la esencia, de qué están hechas, todas las cosas? Tales de Mileto: “Todo está lleno de dioses”.

3.- Los pitagóricos. El misterio de los números y las formas geométricas. El concepto de cosmos.

4.- Los físicos monistas y los físicos pluralistas de la Grecia presocrática. De Parménides a Demócrito. El concepto de átomo: lo indivisible. ¿Todo es un solo átomo o todo está construido con átomos indivisibles? ¿Es todo divisible, expandible, hasta el infinito?

5.- La ciencia en el helenismo. La biblioteca de Alejandría. La geometría euclidiana.

6. El cosmos ofrecido por Claudio Ptolomeo. La custodia religiosa de los modelos científicos.

7.- Ciencia y cristianismo. Pedro Abelardo. El tema crucial de los universales. ¿Existe en sí el mar más allá de esa palabra, de ese esquema de subdivisión de lo visible?

8.- Averroes. La ciencia en el Islam. La idea de una mente colectiva.

9.- Ciencia y judaísmo. Maimónides. Ibn Gabirol. J. Reuchlin. La cábala como paradigma científico.

10.- Los franciscanos contemplan atentamente, analíticamente, tecnológicante, la obra de Dios.  Roberto Grosseteste. Roger Bacon. Duns Escoto. 

11.- “La docta ignorancia” de Nicolás de Cusa. Todo está en todo. Giordano Bruno: el infinito.

12.- La revolución de los cielos: Copérnico, Brahe, Kepler.

13.- Galileo. El método científico. El experimento mental. La matematización de la mirada.

14.- Francis Bacon. Descubrir las formas en el universo, y crear nuevas formas. Magia y ciencia. La magia es más poderosa que la ciencia. 

15.- Isaac Newton. Perfeccionamiento del método científico. La fórmula matemática que parecía explicarlo todo. El universo-máquina: una máquina creada por un ser eterno, inteligente, omnipotente. 

16.- David Hume. La invalidez del concepto de causalidad. El fin del empirismo. Nunca se sabe ni se sabrá por qué ocurren las cosas.

17.- Kant. “El cielo estrellado por encima de mí”. La física de Newton como sistema operativo de la cámara con la que “mira” el ser humano a la cosa en sí (que es incognoscible, inimaginable).

18.- La auto-sacralización de la ciencia en el siglo XIX. Laplace. El determinismo científico. El sueño de la predictibilidad absoluta. Intentos de exorcizar la incertidumbre.

19.- Schopenhauer y la magia. El magnetismo animal. La astrofísica de John Herschel. Todos los cuerpos celestes, y todos los fenómenos naturales de la Tierra, los mueve nuestra voluntad.

20.- Las geometrías no euclidianas. Hay infinitas formas posibles de espacio físico. 

21.- La biología. ¿Qué es “la vida” vista desde la ciencia? La teoría de la evolución. Darwin. Determinismo biologicista. La reacción de Bergson: la biología libre, creativa, abierta.

22.- Se rompen los átomos (los ladrillos esenciales de la materia). Se abre la física subatómica. La mecánica cuántica. Planck. El gato de Schrödinger. Heisemberg y el principio de indeterminación. Pauli y Jung: la sincronicidad como principio causal. 

23.- Einstein. Estrenamos universo. El espacio se curva, el tiempo fluye a diferentes velocidades por ese nuevo universo. Todo está lleno de -descomunal- energía (de dioses energéticos).

24.- La Filosofía de la ciencia en el siglo XX. El círculo de Viena. Karl Popper. Thomas Kühn. Imre Lakatos. Paul K. Feyerabend. 

25.- La neurociencia. El cosmos cerebral. La paradoja del cerebro: ese órgano está en el mundo físico y es, a la vez, el único lugar donde puede existir el mundo físico.

26.- La divinización de los entes matemáticos. La ecuación de Dios (Michio Kaku). El misterio de la existencia y el propio ser de las leyes de la Física (Richard Feynman). 

27.- ¿Dónde creemos ahora que estamos? M-Theory (la “teoría del todo”). Los multiversos. Los universos paralelos. La inmensidad de lo pensable, de lo modelizable. El infinito mental. La metafísica libre.

28.- El ALICE PROJECT del CERN. Podríamos crear un universo con una materia distinta, con una textura de gluones y de quarks diferente a todo lo que ha existido hasta ahora.

29.- Internet. La inteligencia artificial. La computación cuántica. La realidad expandida. Efectivamente todo estaba lleno de dioses. Y eran más poderosos y fascinantes de lo que jamás cupo imaginar.

30. Visión de conjunto y reflexiones personales para la nueva era.

* * * *

El precio por el curso entero es 125 euros. Con el pago de la matrícula se tiene derecho al acceso a todas las conferencias y a las grabaciones de las mismas. Y seguiré ofreciendo, como en todos mis cursos, lo que se me ocurrió denominar “Bibliografía a la carta”. Esto significa que cada alumno me tendrá a su entera disposición para aconsejarle sobre textos que pudieran ser de su especial interés. Así podrá  realizar, por así decirlo, un viaje personal, único, en paralelo al que ofrece este curso.

[La inscripción se puede realizar también desde aquí].

MEDITACIÓN DIARIA (En directo)

 

 

Voy a abrir a todos vosotros mi rutina diaria de meditación, la cual he ido desarrollando a lo largo de los años, y que se basa, fundamentalmente, en las tradiciones yóguica y tántrica, pero sin confinarse en ellas.

Será todos los días -todos- a las siete de la mañana (Europe/Madrid) a partir del lunes 29 de marzo de 2021.

Cada sesión durará 30 minutos. 

Utilizaré el formato webinar de la plataforma Zoom, como en todos mis cursos y conferencias.

Yo guiaré la meditación en directo, desde la pantalla. 

Mi idea es crear un espacio ritual, solemne, sagrado, que otorgue calma, equilibrio, belleza… al día entero. Que lo sublime.

He programado tres meses. Luego programaré otros tres. Y así lo seguiré haciendo mientras pueda. El importe de la inscripción mensual es de 29 euros. Espero que os parezca razonable.

Este primer mes de abril lo comenzaremos algo antes: el lunes 29 de marzo.

Los enlaces para que podáis hacer las inscripciones son los siguientes:

Abril de 2021

Mayo de 2021

Junio de 2021

Recomiendo que creéis en vuestras casa un lugar especial, un rincón sagrado para vosotros, siempre el mismo. La postura ideal es la del loto, pero se puede también utilizar la “postura fácil” (Sukhasana), que es la que veis en la imagen. Es muy útil utilizar cojines. También cabe meditar sentado en una silla. O como uno se sienta más cómodo.

Estoy a vuestra disposición a través de mi correo electrónico por si necesitáis que os aclare alguna duda: 

contacto@davidlopez.info

Será algo realmente especial para mí compartir mi más profunda rutina diaria con vosotros, incluso con personas, con seres humanos, que no conozco. Y creo, de corazón, que va a ser algo maravilloso para todos.

 

 

FILOSOFÍA Y ACTUALIDAD. “La corrupción política. Un análisis filosófico”. Vídeo de la conferencia.

 

 

 

En esta conferencia intenté analizar el tema de la corrupción política desde la -incorruptible- luz de la gran Filosofía.

Tras una breve introducción terminológica, expongo mis experiencias intelectuales (y emocionales) tras la entrada en dos grandes plataformas de Internet:

1.- Transparency International (y, sobre todo, en su “Corruptions Perceptions Index”, que considera a España un país más corrupto que Emiratos Árabes Unidos o Singapur).

2.- Reporters Without Borders, la cual, tras considerar la libertad de expresión y de información como la primera de las libertades, ubica a esos dos últimos países (pero no a España) en su lista negra respecto a la libertad de prensa.

¿Cabría entonces pensar en países impecablemente no-corruptos y deliciosamente prósperos donde no se respetaran los derechos humanos más básicos? ¿Es más importante la seguridad jurídico-financiera que la libertad de expresión y de información? ¿Qué ha de entenderse por “riqueza”?

Tras plantear estas preguntas, sigo encendiendo cámaras en el tema de la corrupción desde las alturas de estos grandes pensadores: Confucio, Platón, Paracelso, Kant y Schopenhauer.

Finalmente ofrezco una reflexión personal.

FILOSOFÍA Y ACTUALIDAD. “El feminismo. Un análisis filosófico”. Vídeo de la conferencia.

 

 

En esta conferencia-debate intenté enfocar el feminismo desde las alturas de la Filosofía. Desde ahí, desde esa intensísima luz, no hay realidad que no se sublime. El feminismo, como cualquier otra cosa, se hace más y más fascinante cuanto más se estudia. Por eso no hay que parar de estudiar, de practicar la xeno-filia.

Creo que estamos, en cualquier caso, ante un fenómeno histórico, social, académico, político, psíquico y hasta biológico de enorme complejidad y de enorme transcendencia que debe ser contemplado (como todo) sin prejuicios y sin dogmatismos fanatizantes. Tras una breve introducción terminológica e histórica, doy cuenta de los movimientos feministas actuales que me parecen más relevantes y de las metafísicas en las que están ubicados. Después vuelo hasta las alturas de las mentes de Platón y de Averroes, ambos defensores de que las mujeres puedan ser también parte de los filósofos-gobernantes. Finalmente ofrezco algunas reflexiones y propuestas puramente personales, entre las cuales estará el neologismo “Nexismo” como saludable sustituto del “Sexismo”.

A partir del minuto 40 aprox. comienza el debate vía chat.

Quiero recordar que he creado este espacio gratuito de debate como una especie de templo filosófico. Ahí dentro solo considero posible el máximo respeto por todos los seres humanos y por sus ideas, la calma, la capacidad de escucha y la exquisitez en las formas. Lo sagrado es también un culto a las formas.

Ha sido un honor dialogar sobre un tema tan fascinante.

FILOSOFÍA Y ACTUALIDAD: “El feminismo. Un análisis filosófico”.

 

Byam Shaw: The Woman, the Man and the Serpent.

 

Hoy domingo 14 de marzo a las 20:00 horas (Europe-Madrid) ofreceré vía Zoom una conferencia-debate gratuita en la que trataré de enfocar el feminismo desde las alturas de la Filosofía. Desde ahí, desde esa intensísima luz, no hay realidad que no se sublime. El feminismo, como cualquier otra cosa, se hace más y más fascinante cuanto más se estudia. Por eso no hay que parar de estudiar, de practicar la xeno-filia.

Creo que estamos, en cualquier caso, ante un fenómeno histórico, social, académico, político, psíquico y hasta biológico de enorme complejidad y de enorme transcendencia que debe ser contemplado (como todo) sin prejuicios y sin dogmatismos fanatizantes.

Tras una breve introducción terminológica e histórica, daré cuenta de los movimientos feministas actuales que me parecen más relevantes y de las metafísicas en las que están ubicados. Después volaré hasta las alturas de las mentes de Platón y de Averroes, ambos defensores de que las mujeres puedan ser también parte de los filósofos-gobernantes. Finalmente ofreceré algunas reflexiones y propuestas puramente personales, entre las cuales estará el neologismo “Nexismo” como saludable sustituto del “Sexismo”.

Mi exposición durará 30 minutos y habrá después otros 30 minutos de debate vía chat.

La inscripción es gratuita y se puede hacer directamente desde este enlace.

Por último, me gustaría recordar que he creado este espacio gratuito de debate como una especie de templo filosófico. Ahí dentro solo considero posible el máximo respeto por todos los seres humanos y por sus ideas, la calma, la capacidad de escucha y la exquisitez en las formas. Lo sagrado es también un culto a las formas.

Será un honor dialogar con vosotros sobre un tema tan fascinante.

 

FILOSOFÍA Y ACTUALIDAD. “Deshumanización y violencia psíquica en los parlamentos democráticos”. Vídeo de la conferencia.

 

 

Esta conferencia/debate tuvo lugar el 7 de marzo de 2021 y es la segunda del programa “Filosofía y actualidad”. El tema es, en mi opinión, de crucial -incluso vital- importancia en este preciso momento histórico. Creo que los parlamentos democráticos, que son los sagrados manantiales de las leyes, han normalizado un ambiente y una forma de trato inter-subjetivo que podría estar contaminando (e incluso envenenando) gravemente nuestra sociedad. Y la tendencia me parece que va a peor. A más y más toxicidad. Esos sacros manantiales deben ser (urgentemente) espacios de diálogo respetuoso y constructivo, no de guerra psíquica y verbal. Deben ser exquisitos templos de la comunicación y de la creatividad humanas, no zafias trincheras. Intenté enfocar el tema desde las prodigiosas alturas de la Filosofía (esa poderosísima cámara, ineludible para la civilización humana). Mis apoyos fundamentales fueron el discurso de Diotima que aparece en el Banquete de Platón (según la traducción de M. Martínez Hernández), el libro escrito por Cicerón para su hijo Marco (“Sobre los deberes”, según la traducción de José Guillén), las consideraciones sobre la libertad de expresión realizadas por John Stuart Mill y el concepto de acción comunicativa creado por Jürgen Habermas.

CURSO ON-LINE: “La gran Metafísica. ¿Qué es todo esto?”

 

 

Se trata de un curso, de un estudio, de un gran viaje, que quería acometer desde hace muchos años: atreverse a ir, de la mano de la diosa-Filosofía, hasta lo más radical, hasta lo más alto, hasta lo más profundo, hasta lo más grande, hasta lo más bello. Hasta el núcleo absoluto de lo real. 

¿Qué es todo esto? ¿Dónde estamos? ¿Aquí qué está pasado? La gran Metafísica nos ayuda a tomar consciencia del tamaño, de la belleza y del prodigio del Ser: de la sobrecogedora totalidad de lo que hay.

¿Seguro que está ya todo dicho, todo pensado, todo visto?

Son 30 conferencias online. Todos los miércoles a las 19:00 horas (Europe/Madrid). Como novedad incorporaré una meditación guiada de unos 15 minutos. Ya lo hacía en las conferencias presenciales que estuve impartiendo todos los lunes (durante 11 años) en Ámbito Cultural de Madrid. El caso es que algunos alumnos de aquella época, que siguen todavía acudiendo a mis cursos, me han pedido que retome aquella práctica. Me ha parecido una buena idea. Se filosofa mejor (se escucha mejor, se piensa mejor, se mirar mejor) después de haber tenido abiertas durante un rato las ventanas de la sala de nuestra mente. Y se puede meditar perfectamente delante de la pantalla de un ordenador. Los ordenadores arden en el mismo horno metafísico que las estrellas o los cerebros de las ballenas.

La duración de las conferencias será de 90 minutos: 15 de meditación, 45 de exposición y 30 de debate/preguntas mediante el chat.

Cabe incorporarse al curso en cualquier momento. Gracias a las grabaciones de las conferencias anteriores (que se recibirán justo después de la inscripción) el alumno que haya llegado tarde al curso podrá ponerse al día y seguir perfectamente el contenido de todas las explicaciones. Además, podrá consultarme vía correo electrónico cualquier cuestión relativa a las conferencias a las que no haya podido asistir en directo. 

Ponte por favor en contacto conmigo si necesitas que te aclare alguna duda respecto al curso o a la inscripción.

[La inscripción se puede realizar desde este enlace]

 

PROGRAMA

  1. Introducción. Metafísica como cumbre máxima de la Filosofía y como sublimación del pensamiento y de la mirada.
  2. Rig-Veda. El misterio de la Creación de los mundos. El sufrimiento creativo (Tapas). El infierno como fábrica del cielo.
  3. Las Upanishads. Somos la fuente de todos los dioses y de todos los mundos posibles. La mirada de Juan Mascaró.
  4. Raja-Yoga. La mirada de Vivekananda. Las writtis como estructuras-mundo que pueden ser disueltas. La raigambre metafísica de la meditación.
  5. El rito Upanayana en el Atharva-Veda. La conservación de los mundos mediante el lenguaje y la memoria.
  6. Parménides de Elea. El Uno. Solo el Ser es. La imposibilidad del movimiento y de la división. La imposibilidad de lo que se presenta como mundo real.
  7. El Ion de Platón. Ting en el I Ching. Hölderlin y los pararrayos de Dios. El misterio de los poetas (y de los filósofos).
  8. Diotima en los textos de Platón. El camino ascendente de la belleza.
  9. La Metafísica de Aristóteles. La ciencia de Dios. El motor inmóvil.
  10. El Corpus Hermeticum y Asclepio. Tu mente es Dios padre. La mirada de Brian P. Copenhaver.
  11. Plotino. Enéadas. La Magia.
  12. El misterio de la Creación y del vínculo entre el Creador y el ser humano en las religiones monoteístas. El hombre y lo divino de María Zambrano.
  13. El libro de los veinticuatro filósofos. ¿Qué es Dios?
  14. El problema de los universales. ¿Existen las cosas más allá de las palabras que las nombran? La traducción de Boecio. Realistas versus idealistas. Escoto Erígena: Dios no se puede conocer a sí mismo. Nietzsche: nos hemos construido un mundo ficticio para poder vivir.
  15. Maestro Eckhart. “Pido a Dios que me libre de Dios”. El misterio de la Des-Creación.
  16. Francis Bacon. La magia como metafísica práctica. La creación del Paraíso en la Tierra.
  17. Kant. Los diques de contención frente a “la cosa en sí”.
  18. Novalis. El autohechizo del gran Mago. Dios es el amor. El amor es la más elevada realidad -el fundamento último. Una metafísica del amor.
  19. Hegel. Dios (el Absoluto) sí puede ser conocido… por sí mismo, utilizando para ello al ser humano.
  20. Schopenhauer. La posibilidad de crear un mundo completamente distinto.
  21. Henri Bergson. El “Élan vital”. La libertad y la creatividad del Ser. Todo es posible.
  22. Betrand Russell. El pitagorismo. La religión de la Matemática.
  23. Wittgenstein. Tractatus. Tirar la escalera.
  24. Heidegger. La pregunta por el Ser.
  25. D. T. Suzuki. El Zen. El Satori como el estado de Dios antes de que creara el mundo.
  26. Richard Feynman. El misterio de las leyes de la Física. ¿Qué son exactamente esos seres?
  27. Stephen Hawking. El gran Diseño. Las leyes físicas como gran Metafísica. La negación de la libertad y de la creatividad del Ser.
  28. Peter Sloterdijk. ¿Dónde estamos? Esferas.
  29. Una panorámica de los modelos metafísicos implícitos en los modelos de la ciencia actual. La paradoja del cerebro.
  30. Perspectiva personal. La libertad y la creatividad del Ser. La idea, la consciencia y la ética de lo sacro.

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El precio por el curso entero es 125 euros. Con el pago de la matrícula se tiene derecho al acceso a todas las conferencias y a las grabaciones de las mismas. Y seguiré ofreciendo, como lo hice en el curso sobre Filosofía de la política, lo que se me ocurrió denominar “Bibliografía a la carta”. Esto significa que cada alumno me tendrá a su entera disposición para aconsejarle sobre textos que pudieran ser de su especial interés. Así podrá  realizar, por así decirlo, un viaje personal, único, en paralelo al que ofrece este curso.

[La inscripción se puede realizar también desde este enlace]

 

 

 

Enfermedad, Medicina y Magia en el sistema filosófico de Schopenhauer

 

 

Schlüterhof des Berliner Stadtschlosses 

Eduard Gaertner, 1830

 

Enfermedad, Medicina y Magia en el sistema filosófico de Schopenhauer*

 

* Este artículo ha sido publicado en: Voluntas-Revista internacional de Filosofía, Vol. 11, Num. 3, 2020, pp. 17-27.

 

I. Introducción

Entre los años 1831 y 1832 una pandemia de cólera asoló Berlín y muchas otras ciudades del mundo. Hegel fue una entre sus miles de víctimas. Schopenhauer, que también vivía en aquella ciudad en aquel momento, sobrevivió, en su opinión porque tuvo un sueño premonitorio que le empujó a huir a Frankfort, donde permaneció hasta su muerte – por neumonía – en 1860.

Así narra el filósofo aquel sueño que, según su propia interpretación, le salvó de la letal pandemia:

Para servir a la verdad en todas sus formas y hasta la muerte, dejo por escrito que en la noche de fin de año entre 1830 y 1831 he tenido el siguiente sueño que presagiaba mi muerte en el presente año. – Entre los seis y los diez años tuve un amigo íntimo y permanente compañero de juegos, justo de la misma edad, que se llamaba Gottfried Jänisch, y que murió cuando yo, con diez años, estaba en Francia. En los últimos 30 años he pensado en él muy escasamente. – Pero en la noche antes señalada llegué a un país para mí desconocido. Un grupo de hombres permanecía de pie en el campo y entre ellos había uno maduro, delgado y alto, que me fue reconocible, no sé cómo, justamente como aquel Gottfried Jänisch, el cual dio la bienvenida.[1] (HN IV,1 46)

En anotaciones posteriores añadidas a este texto Schopenhauer afirma lo siguiente:

Este sueño contribuyó mucho a que yo abandonara Berlín tras la llegada del cólera. Pudo haber sido una verdad hipotética, y, por lo tanto, un aviso: esto es, que si me hubiera quedado, habría muerto por el cólera. Justo después de mi llegada a Frankfurt tuve una aparición de fantasmas absolutamente clara: eran (así yo lo creo) mis padres; y presagiaba [dicha aparición] que yo ahora sobreviviría a mi madre, que todavía estaba viva; mi padre, que ya estaba muerto, llevaba una luz en la mano. (HN IV,1 47)

Estas anotaciones no están sin embargo entre las que, en el mismo año 1831, Schopenhauer agrupó en su “Libro del cólera” [Cholera-Buch], título este que él explica con la frase: “porque fue escrito en la huida del cólera”. En este libro, que forma parte de su legado manuscrito y que consta de 81 notas, solo la última menciona la enfermedad que le da nombre, y contiene un simple dato empírico respecto a un tratamiento que, según el filósofo, ha salvado por completo a treinta enfermos de cólera. A saber: dos cucharadas de sal de cocina en seis onzas de agua cocida a fuego lento, tomadas de una vez, y, después, cada hora, una cucharada de la misma mixtura, pero fría (HN IV, 110).

Más allá de la plausible eficacia de este simplísimo tratamiento, llama la atención que Schopenhauer, quien antes de estudiar Filosofía en Berlín había estudiado Medicina en Gotinga, no incluyera en las otras 80 notas de su “Libro del cólera” ninguna otra reflexión sobre esta enfermedad en concreto, o sobre la pandemia que estaba devastando Berlín y muchas otras ciudades de Alemania y del mundo. Sorprende la frialdad, la serenidad intelectual, la falta de dramatismo con la que vivió aquella terrible pandemia. De hecho, en la primera de esas notas, el antiguo estudiante de Medicina se limita a ofrecer una explicación fisiológica de la caída del cabello por la edad, en absoluto conectada con el cólera (HN IV, 1 72). Sí encontramos, aparte de reflexiones metafísicas relacionadas con su propio sistema filosófico (ya casi por completo expuesto en la primera edición de su obra El mundo como voluntad y representación), varias referencias a los sueños, y a sus capacidades de premonición, así como al fenómeno de la aparición de fantasmas. No podía quizás ser de otra forma, toda vez que ambos fenómenos, a su modo de entender, le habían salvado la vida. También encontramos entre esas notas una (la 35) en la que se muestra la importancia que la Magia, en este caso denominada directamente “brujería” [Zauberei], tiene en el pensamiento de Schopenhauer, pues en dicha nota se afirma que la misma es “el inmediato reinado de la voluntad” sobre el mundo de la representación (HN IV,1 96).

El presente artículo pretende contemplar los fenómenos de la enfermedad y de la Medicina (y de los médicos) desde el sistema filosófico de Schopenhauer, y ponerlos en conexión con su particular concepción de la Magia.

El mundo perceptible, según este filósofo, es representación, concepto que equivaldría, según él mismo explica reiteradamente, al fenómeno kantiano. Lo perceptible sería por tanto simple apariencia, detrás de la cual habría algo, eso sí completamente real, que Kant denominó “cosa en sí” y Schopenhauer “voluntad”. En esa representación, y solo en ella, es donde ocurrirían, donde serían posibles, el principio de individuación (necesario para sostener la diferencia entre médico y enfermo), la causalidad, y las leyes de la naturaleza, entre las cuales estarían las que regularían, de forma aparentemente dictatorial, todos los organismos vivos, obviamente incluidos los humanos.

El problema hermenéutico que se plantea puede ser enunciado así: si el mundo como representación está sometido a leyes naturales perfectamente estructuradas y absolutamente ineludibles, y si debemos incluir también el comportamiento del enfermo y del médico dentro del ámbito de poder de esas leyes (dentro de esa perfecta estructura-mundo), la enfermedad, si es entendida como desequilibrio, aunque sea puntual y recuperable, aparece como algo imposible, ilógico.

Cierto es que Schopenhauer aceptó expresa y reiteradamente la posibilidad de dejar en suspenso las leyes de la Naturaleza (N, 104).  Esa sería para él la esencia de la Magia. Y consideró, además, de forma muy concreta, la plena eficacia de la magia curativa (N, 106). No obstante, ese fenómeno excepcional, si bien mostraría empíricamente la posibilidad de desactivación puntual del sistema-mundo (del mundo puramente físico, y por tanto también fisiológico), no resolvería la dificultad hermenéutica antes aludida, ya que, al considerarse la posibilidad misma de la existencia de la enfermedad, se seguiría presuponiendo la posibilidad de desequilibrio, de fallo, de a-sistematicidad, dentro del universo: dentro de la representación. Pero lo cierto es que en los textos de Schopenhauer tan impensable debería ser un fallo, un desequilibrio, una irregularidad, en el interior de una estrella como en el interior de un cuerpo humano.

 

II. Un muy breve esquema del sistema filosófico de Schopenhauer y del lugar de la Magia en el mismo

El sistema filosófico de Schopenhauer es, en buena medida, el desarrollo lógico, casi algorítmico, de una sola intuición, de un descubrimiento, de una ruptura de límites: su concepto de voluntad, que coincidiría con la cosa en sí de Kant y que estaría empíricamente disponible (casi por completo) en la experiencia más directa, más real, más íntima, de todo ser humano: su querer. Así, según Schopenhauer, él habría encontrado el gran secreto del mundo, y lo habría mostrado, lo habría por fin nombrado, con una palabra que expresaría, aunque de forma imperfecta, una experiencia real. Dicha palabra sería “voluntad” (W II, 220).

Ese concepto crucial en el sistema filosófico de Schopenhauer, tal como él lo configuró, ofrece grandes posibilidades para la reflexión filosófica, aunque también ha generado muchas dificultades hermenéuticas desde su aparición, por primera vez, en 1819. Dichas dificultades quedan en buena medida mitigadas si se considera que Schopenhauer utilizó su palabra fundamental para nombrar tres niveles ontológicos dentro de su sistema filosófico, que coincidirían además con tres niveles de subjetivad (toda vez que en dicho sistema solo lo subjetivo sería lo propiamente real).[2]

En su primer nivel semántico, la palabra voluntad de Schopenhauer se referiría a la sensación humana más básica: su querer o no querer, su voluntad de vivir, de seguir viviendo. También coincidiría con el cuerpo individual de cada ser humano concreto: su querer en ese nivel sería ese precisamente ese cuerpo, el cual se presentaría como la parte visible de una voluntad subyacente.

En el segundo nivel semántico se nombraría el mundo entero, que sería, en cuanto objetividad, en cuanto realidad perceptible por un sujeto, equivalente al total de su querer. El mundo sería algo querido; esto es: la objetivación concreta de un querer concreto (entre otros posibles). En ese nivel habría una subjetividad superior a la puramente humana, la cual dispondría del así llamado “Gran ojo del mundo”, que estaría formado por la suma de todos ojos de todos los animales, incluidos todos los seres humanos (HN 1, 347).

Y en el tercer nivel semántico Schopenhauer utilizaría su palabra fundamental para designar aquello que ya no es mundo, que ya no es ninguna objetividad, por ser precisamente la inextinguible fuente creadora y des-creadora de cualquier mundo, de cualquier objetividad, de cualquier forma de representación ante un sujeto (P I, 133). La voluntad, contemplada desde ese tercer nivel semántico, sería libre: en realidad la única posibilidad de libertad dentro del sistema filosófico de Schopenhauer. El ser humano individual dentro del mundo, por el contrario, no sería libre (E, 96-97). Debemos decir por lo tanto, que el médico, como ser individual, carecería de libertad dentro del sistema filosófico de Schopenhauer, pero, a la vez, sería obra (y estaría permanentemente en manos) de aquello que sí dispone de esa libertad.

Otro atributo de la voluntad en su tercer nivel semántico, crucial para el tema planteado en el presente artículo, es la omnipotencia. De hecho, en virtud del fenómeno de la Magia, la voluntad entraría en el mundo para dejar puntualmente en suspenso sus leyes naturales (N, 112.). Y entraría esa omnipotencia también en el mundo, según Schopenhauer, para provocar curaciones no permitidas (imposibles) en virtud de dichas leyes.

Para visualizar las dimensiones y las reglas interiores del sistema filosófico de Schopenhauer es crucial tener presentes las frases con las que culmina la segunda parte de su obra capital (El mundo como voluntad y representación):

[…] el acto de voluntad del que surge el mundo es el nuestro propio. Es libre: pues el principio de razón, el cual da significado a toda necesidad, es simplemente la forma de su manifestación. Justamente por eso es ésta, una vez ahí, en su desarrollo completamente necesaria: solo en consecuencia de esto podemos, a partir de dicha manifestación, conocer la complexión de ese acto de voluntad y, así, eventualiter[eventualmente] querer de otra manera. (W II, 743)

En el párrafo antes citado aparecería nuestra subjetividad esencial como fuente de todos los mundos, equivalente con nuestro yo más profundo, y como fuente también de toda Magia (y, por lo tanto, de toda posible magia curativa).

Un esquema del sistema filosófico de Schopenhauer, por breve que sea, no puede excluir el aspecto religioso del mismo. El libro cuarto de su obra capital (el más extenso por número de páginas) es el que se ocupa de ello, y es de hecho introducido como el que debe recibir la más seria atención de entre los cuatro que componen dicha obra (W I, 319). De hecho, el tercer libro de la misma finaliza con esta frase: “Hacia lo serio por lo tanto queremos nosotros también girar ahora” (W I, 316). “Lo serio”, digamos “lo sagrado”, es, en cualquier caso, algo determinante, hermenéuticamente ineludible, de todo el filosofar de Schopenhauer, una clave decisiva para entender su concepto de voluntad en el tercer nivel ontológico:

Yo digo que mi voluntad es absoluta, está por encima de todo mundo de los cuerpos y de toda Naturaleza, es originalmente sagrada, y su sacralidad no tiene límites: sino que más bien es el poder del mundo sobre mí el que tiene límites […]. (HN II, 364)

Y parece incluso que subyacería una infinita buena voluntad  -digamos simplemente “amor”- en el diseño del mundo en el que viven los seres humanos (incluidos por supuesto los médicos y los enfermos):

[…] en el simple sueño la relación es unilateral, y es que solo un yo verdaderamente quiere y siente, mientras que los demás no lo hacen, pues son fantasmas; por el contrario, en el gran sueño de la vida tiene lugar una relación multilateral, toda vez que no solo uno aparece en el sueño del otro, sino que este también aparece en el de aquel, de forma que, por medio de una verdadera harmonia praestabilita, cada uno sueña solo aquello que para él es adecuado según su propia guía metafísica, y todos los sueños-vida están entretejidos con una perfección tal, que cada uno experimenta solo lo que le es beneficioso y hace lo que es necesario para los demás […]. (P I, 232-233)

El amor metafísico que parece dar sentido al hecho de que sea diseñado un entramado tan prodigioso de sueños/vidas con el objetivo de que cada ser humano sueñe/viva lo que le es adecuado, sería el mismo que afloraría, que sería necesario, en las “curas por simpatía”, las cuales podrían ser denominadas, simplemente, “curas por amor”. De ellas nos ocupamos en el epígrafe IV. En cualquier caso, cabría afirmar que en ellas actuaría lo más profundo, lo más poderoso – y lo más bello – del sistema filosófico de Schopenhauer: lo sagrado.

 

III. La enfermedad, los médicos y el poder curativo de la naturaleza

En la redacción de su currículum vitae Schopenhauer da cuenta de los cursos a los que, entre los años 1809 y 1811, asistió como estudiante de Medicina en la universidad de Gotinga antes de decidir matricularse en la universidad de Berlín y dedicarse ya por completo a la Filosofía. Entre otros, encontramos los siguientes: Historia de la naturaleza, Mineralogía, Fisiología y Anatomía comparada (con Blumenbach) y Anatomía del cuerpo humano (con Hempel). Esos dos años no los considera Schopenhauer en absoluto perdidos, pues afirma con claridad que los conocimientos que adquirió en dichos cursos son necesariamente útiles para el filósofo (GB, 653).

Rüdiger Safranski se pregunta si la decisión de Schopenhauer de estudiar Medicina fue o no motivada por el deseo de su madre, la cual habría le recomendado “estudios con los que ganarse el pan” [Brotstudium]. Afirma asimismo Safraski, con razón, que por sus primeras anotaciones tenemos constancia de las inclinaciones hacia la Filosofía de Schopenhauer; y añade que ya el propio Kant había visto la Medicina como colindante con la Filosofía: que la habría elevado a una dignidad filosófica.[3]

A lo largo de sus textos encontramos, en cualquier caso, numerosas huellas de los conocimientos que poseía Schopenhauer sobre las ciencias de la naturaleza de su época; y, en concreto, sobre Fisiología, la ciencia que se ocuparía de esa concreta porción de la naturaleza que se mostraría en el cuerpo humano.[4] De hecho, el primer capítulo de la obra Sobre la voluntad en la Naturaleza lleva por título “Fisiología y patología”. Se trata del primer texto que publica Schopenhauer después de la primera edición de su texto capital (El mundo como voluntad y representación). En dicho capítulo, como en el resto, Schopenhauer quiere tan solo mostrar cómo los últimos avances de las ciencias de la naturaleza de su época han evidenciado su doctrina filosófica fundamental [Grundlehre]; esto es: que su concepto de voluntad coincide con la cosa en sí de Kant y que es lo que en realidad mueve todos los fenómenos de la naturaleza: el núcleo, la explicación final, la “x” de la misma. Y entre esos fenómenos de la naturaleza movidos por la omnipresente y omnipotente voluntad estaría, como no podía ser de otra forma, el organismo humano:

A partir de mi frase de que la voluntad sea la “cosa en sí” de Kant, o último sustrato de cada fenómeno, no había yo derivado que también en todas las inconscientes funciones internas del organismo la voluntad sería el agente […]. (N, 34)

Llegados a este punto, y si es la voluntad el agente de esas “funciones internas”, cabe preguntarse qué es exactamente la enfermedad para Schopenhauer. De estas palabras del filósofo podemos deducir que se trataría, simplemente, de un desorden en el organismo:

La voluntad por el contrario, como cosa en sí, no es nunca perezosa, es absolutamente incansable, su actividad es su esencia, nunca deja de querer, y cuando, durante el sueño, está liberada del intelecto y, por lo tanto no puede, a partir de motivos, actuar hacia afuera, actúa como fuerza vital [Lebenskraft], se ocupa mejor, sin ser molestada, de la economía interior del organismo y devuelve también de nuevo al orden, como vis naturae medicatrix, las irregularidades que han reptado dentro [de dicho organismo]. (W II, 240)

¿Cómo es posible entonces que ocurran semejantes irregularidades si el poder de la voluntad es ilimitado? ¿Cómo puede haber un fallo, un desequilibrio, en la objetivación de la voluntad? Por otra parte, hay que preguntarse también qué es eso de “naturaleza” para Schopenhauer, pues este filósofo, como acabamos de leer, le otorga a la misma decisivos poderes curativos. En el capítulo 6 de la segunda parte de su obra Parerga y paralipomena expresa Schopenhauer, casi telegráficamente, su concepción de la naturaleza:

La naturaleza es la voluntad, en tanto que [dicha voluntad] se contempla fuera de sí misma; por lo que su punto de mira debe ser un intelecto individual. Este es en cualquier caso su propio producto. (P II, 109)

Y sería la naturaleza (la voluntad) – en la mayoría de los casos – la que curaría a los enfermos, no los médicos, que cobrarían buena parte de sus honorarios por algo que ellos en realidad no hacen.  Habría además un error en la forma como los pacientes verían a los médicos:

Reconozco que hay excepciones, por tanto casos, en los que solo pueden ayudar los médicos: de hecho es la sífilis el triunfo de la Medicina. Pero la mayor parte de las recuperaciones son, con mucho, obra de la naturaleza, por la cual el médico presenta sus honorarios. […] Los pacientes del médico miran su propio cuerpo como si fuera un reloj, u otra máquina, la cual, cuando algo en ella se desordena, solo se puede volver a poner en funcionamiento cuando un mecánico la repara. Pero no es así: el cuerpo es una máquina que se repara a sí misma: la mayoría de los auto-instalados grandes y pequeños desórdenes, después de un periodo más o menos largo de tiempo, se eliminarán ellos solos mediante la vis naturae medicatrix. (PP II, 184)

Pero lo cierto es que en el sistema filosófico de Schopenhauer el médico, entendido como organismo vivo dotado de un cerebro vivo y, por tanto, de un intelecto (el que necesita para ejercer su profesión), es también naturaleza, es objetivación de la voluntad.  Su acto de curar a otro ser humano (digamos a otra “porción” de la naturaleza) sería por tanto, siempre, un acto de la propia naturaleza; en definitiva, como veíamos antes, de la voluntad.

Una explícita concepción del médico como fruto de la naturaleza la encontramos en un autor especialmente admirado por Schopenhauer: Paracelso; el cual llega a afirmar lo siguiente:

El médico procede de la naturaleza, ella le hace; solo aquel que obtiene su experiencia de la naturaleza es un médico, y no aquel que con la cabeza y las ideas elaboradas escribe, habla y obra en contra de la naturaleza y de sus peculiaridades.

El médico no es más que servidor de la naturaleza, y no su dueño. Por eso corresponde a la Medicina seguir la voluntad de la Naturaleza.

Quien quiera ser un buen médico deberá anclar su fe en la “luz de la razón de la naturaleza”, sanar a partir de ella y no empezar nada sin ella[5]

Pero en la Medicina, en el misterio de la curación, no implica Paracelso solo al médico y a la naturaleza, sino también a Dios:

Porque no eres tú quien actúa a través de la Medicina, sino Dios, igual que es Él quien hace crecer el grano, y no el campesino.[6]

Con ocasión de la anterior cita de Paracelso es oportuno recordar que los textos de Schopenhauer permiten hacer una equivalencia entre su concepto de voluntad, contemplado en su tercer nivel ontológico (como sujeto esencial, omnipotente, libre, creador del mundo) y el concepto de Dios, siempre que este no sea llevado a una objetividad externa al abismo más profundo del ser humano, y de toda realidad.[7] Contra el teísmo en concreto, es decir, contra la posibilidad de un dios exterior, también se manifiesta Schopenhauer en una interesante anotación de su Libro del cólera: “El teísmo en sentido propio es por completo análogo a la afirmación de que después de su correcta construcción geométrica el centro de la esfera pudiera salir del centro de la misma” (HN IV,1 75). Y en ese mismo libro es donde encontramos una decisiva anotación en la que Schopenhauer otorga a su concepto de voluntad un atributo fundamental de Dios (del Dios de los escolásticos): la aseidad: ser por sí mismo, sin fundamento exterior a sí mismo (HN IV,1 102).

La enfermedad es, en cualquier caso, para Schopenhauer, argumento contra la existencia del mundo: es sufrimiento, tortura. En el “Libro del cólera” encontramos esta idea así expresada: “Mi frase de que toda felicidad es de naturaleza negativa, tiene también una confirmación en que los más altos bienes de la Humanidad – la salud y la libertad – son simples negaciones” (HN IV, 1 105). Pero, aunque la enfermedad es fuente de sufrimiento, es asimismo querida, como todo: como el todo-mundo que describe Schopenhauer con tintes tan tenebrosos en sus textos, en realidad para dejar claro “lo serio”, la urgencia de la salvación, la urgencia de no seguir queriendo un mundo así. ¿Querer de otra manera, que es lo que está sugiriendo la última frase de la obra capital de Schopenhauer, sería querer un mundo sin enfermedades? ¿Cómo es entonces que han sido queridas para este mundo?

El mundo que, según Schopenhauer, habría que dejar de querer (de representar) para podernos salvar, debemos recordar que es fruto de un solo acto libre del cual surge un mecanismo donde ninguna individualidad, sea humana o no, es libre. La ausencia total de libertad -dentro del mundo – implica y permite que nada ocurra en él de una forma diferente a la establecida en el acto de voluntad, ese sí por completo libre, del que deriva todo (W II, 743). Esa predeterminación es la que, por otra parte, daría sentido, razón de ser, a la clarividencia de los sonámbulos. Volvamos al “Libro del cólera”. En el apunte 47 se afirma que “por mucho que el curso de las cosas se presente como puramente casual, sin embargo no lo es, sino que, dado que todo está desde el principio predeterminado, todas esas mismas casualidades […] están empuñadas por una profunda, oculta necesidad […]” (HN IV, 1 101).  

¿Para qué entonces una magia curativa, entendida como suspensión puntual de leyes, no programada, del programado transcurso de la naturaleza y sus procesos de auto-recuperación de equilibrios? ¿Una rectificación, sobre la marcha, del devenir del mundo? ¿Por qué? ¿Para qué?

 

IV. La Magia como Medicina: el magnetismo animal y las curas por simpatía

Arthur Hübscher, cuya aportación a los estudios sobre Schopenhauer es incalculable, publicó en 1975 (en el Anuario de la Sociedad Schopenhauer, el cual él mismo dirigió durante 46 años) un artículo especial cuyo título es: “Filósofos y médicos”.[8] Es especial, y realmente excepcional dentro de la tradición editorial del citado anuario, porque en él encontramos un testimonio puramente personal, digamos casi íntimo, de la relación que, desde niño, Arthur Hübscher tuvo con la Medicina en general y con los médicos en particular. En ese artículo Hübscher atribuye a Schopenhauer (y se la atribuye a sí mismo también) la concepción del médico como alguien emparentado con el mago, y señala que dicho filósofo habría hablado de dones de adivinación que “permitirían al médico actuar correctamente cuando los fundamentos científicos son insuficientes”.[9] Afirma también Hübscher en el citado ensayo que la “misión del médico, así debemos entender a Schopenhauer, empieza más allá de los límites de un completo conocimiento científico”.[10] ¿Dónde ubicamos ese “más allá”? Hübscher no nos ofrece una respuesta explícita en su ensayo, pero parece estar sin duda insistiendo en su concepción del médico como un mago.

Como hemos señalado anteriormente, la Magia ocupa un lugar decisivo en el sistema filosófico de Schopenhauer. Los hechos mágicos, en concreto el magnetismo animal y las curas por simpatía, son para el filósofo la más palpable constatación de su doctrina fundamental de la omnipotencia de la voluntad; y son además la “metafísica práctica” (HN IV, 1 30). Se podría decir que, vistos desde los textos de Schopenhauer, son la única ocasión en la que es visible la entrada en el mundo de lo que ya no es mundo, de aquello que hay que concebir como la fuente creativa, sostenedora y, en su caso, aniquiladora, de cualquier mundo, de cualquier representación.[11]

Cierto es, no obstante, que Schopenhauer parece mostrar más interés por el magnetismo animal que por las curas por simpatía; y que ese superior interés, además, está más dirigido hacia las posibilidades de desactivación de los límites del espacio y del tiempo, y de las barreras que separan las voluntades de los seres humanos individuales, que a las de la curación de los mismos. De hecho, lo que más parece impresionarle al filósofo es el espectáculo de personas (algunos magnetizadores de la época) que son capaces de controlar a voluntad los movimientos corporales de otras. Incluso de cadáveres (N, 103).

El magnetismo animal al que hacen referencia los textos de Schopenhauer es el de la heterodoxa rama de Puységur, no el de su creador, Franz Anton Mesmer. Le interesa más al filósofo el fenómeno del hipnotismo, de la absorción de la voluntad del hipnotizado (normalmente más bien hipnotizada) por parte el magnetizador, que ese “éter que lo penetraría todo”, supuestamente descubierto por Mesmer y que, ya por fin, en opinión de su descubridor y sus miles de seguidores, lo curaría todo. De hecho, este médico dedicó un enorme esfuerzo en insistir que su gran modelo de Medicina era puramente científico y materialista. Schopenhauer por su parte rechazó explícitamente estos “materialistas principios argumentativos” (N, 99). Él vio en el magnetismo animal lo que no es materia, ni energía, ni “éter”. Él vio la entrada en el mundo de lo que ya no es mundo: la omnipotente libertad, capaz desactivar las leyes de la naturaleza y de provocar curas imposibles en virtud de dichas leyes.

Sí encontramos, no obstante, algunas indicaciones concretas sobre la dimensión puramente curativa del magnetismo animal. La clave estaría en el sueño. Schopenhauer atribuye al sueño profundo un descomunal poder curativo, y el trance hipnótico que el magnetizador provocaría en el ser humano magnetizado llevaría ese sueño a su profundidad máxima (a su máxima capacidad terapéutica). Pero solo algunos de estos sonámbulos inducidos, según Schopenhauer, tendrían acceso a la clarividencia (P I, 249, 273-275).

La medicina puramente mágica sería no obstante la que ocurriría en virtud de las así llamadas “curas por simpatía”. Schopenhauer no permite la más mínima duda sobre ellas (N, 106). Y su clave de funcionamiento, su radical eficacia, residiría (igual que en el magnetismo animal) en la voluntad del médico, eso sí, desprendida de todo aditivo intelectual, de todo pensar, digamos de toda legislación sobre lo que es posible y lo que no en el mundo como representación (N. 101,104). “La fuerza interior” del médico, que actúa inmediatamente en el individuo extraño, sería capaz de producir un efecto curativo (N, 107). El verdadero médico tendría, además, un don de adivinación, sin el cual no podría actuar correctamente (N, 13). Y es a ese don al que se refería Arthur Hübscher en su excepcional, personalísimo, artículo de 1975.

Sigue no obstante pareciendo incomprensible la posibilidad misma de la enfermedad, del desorden, dentro del mundo como representación.

 

V. Conclusión. Tres niveles ontológicos de la enfermedad en el sistema filosófico de Schopenhauer

Cabría quizás transcender las dificultades hermenéuticas mencionadas en los epígrafes anteriores si se considera que el sistema filosófico de Schopenhauer ofrece tres perspectivas del fenómeno – e incluso de la idea misma – de enfermedad, las cuales serían posibles porque dicho sistema se despliega en tres niveles ontológicos.

1ª.- Enfermedad como desequilibrio en el organismo humano, considerado como parte del mundo, como objetividad de una voluntad que aparece como individual. Desde esta primera perspectiva el médico es también otro cuerpo humano, cuyo cerebro (lugar del intelecto) ha sido formado gracias a los conocimientos científicos de cada época. Está vigente el principio de causalidad. La enfermedad tiene por lo tanto una causa eficiente y la terapia del médico se concibe como capaz de ser, a su vez, causa eficiente de la curación, esto es, de la recuperación del equilibrio perdido en ese organismo vivo que es su paciente. Lo decisivo en esta primera perspectiva es el conocimiento por parte de la ciencia médica de cómo funciona exactamente el cosmos fisiológico del cuerpo humano, y la recepción intelectual y buen uso que de dicho conocimiento haga el médico. Schopenhauer reconoce grandes éxitos a la Medicina (digamos “científica”), como vimos en el epígrafe, respecto a la enfermedad de la sífilis. No renuncia por lo tanto a dar un gran valor a esta primera perspectiva. De hecho, él la estudió durante dos años en la universidad de Gotinga y afirmó después el gran valor de estos estudios.

2ª.- Enfermedad como desorden de la naturaleza que ella misma soluciona, sin que sea necesaria la intervención del médico. Aquí el mundo hay que verlo como una totalidad ordenada.  Y como objetivación de una sola voluntad, ya no parcelable en individuos. En este nivel el médico ya no es el que actúa (en realidad ya no existe como individuo), sino la voluntad, llamada por Schopenhauer naturaleza en su dimensión objetiva. Y lo cierto es que, como señalábamos anteriormente, este filósofo considera que, en la mayoría de los casos, las enfermedades se curan así: por el curso normal de la naturaleza, sin la intervención del médico.

3ª.- Enfermedad como suceso en un universo cuyas leyes pueden quedar en suspenso, como tragedia (fuente de dolor y de desesperación) que puede ser borrada por la acción directa, libre, de lo que no está sometido a dichas leyes. El médico aparece en este nivel ontológico como una parte de la naturaleza muy especial, pues está conectada con el fondo abisal de la misma (en realidad con el sujeto esencial del médico, y de todo). El médico recibe de ahí sus dones adivinatorios. Dios actúa a través de él si se acepta la identidad entre el concepto de voluntad de Schopenhauer y el de un Dios no objetivable. Desde esta perspectiva lo que curará de verdad será la voluntad de curar del médico. A través del médico podrá ocurrir, de hecho, una cura imposible según las leyes que estructuran el mundo donde él y su paciente están incardinados. Estamos en un nivel ontológico donde puede ocurrir lo milagroso, lo aparentemente imposible, porque la omnipotencia que creó el mundo puede hacer cualquier cosa dentro de él.

Volvemos a preguntarnos: ¿Para qué una curación mágica? ¿Por qué no deja la voluntad (el sujeto esencial) que el mundo que creó siga su curso? ¿No estaba perfectamente diseñado? Recordemos una vez más la idea de los soñadores interconectados. Podría quizás pensarse, sin salirse del sistema filosófico de Schopenhauer, que la omnipotencia (la voluntad en su tercer nivel ontológico, el sujeto esencial) puede hacer modificaciones puntuales de su mundo creado en cualquier momento, como un escritor que tuviera la opción de corregir frases, situaciones, según él mismo las va leyendo, y las va sintiendo casi como reales. Y haría esas correcciones por amor quizás a sus criaturas artificiales (los seres humanos individuales). ¿Es la Magia entonces una modificación puntual del prefecto diseño de la red de seres humanos soñadores? ¿Es una asistencia permanente, viva, consciente, inteligentísima, recibida por los -sufrientes- seres humanos fenoménicos desde las profundidades mágicas, sacras, de su ser esencial?

Schopenhauer huye de Berlín después de pasar varios años en esa ciudad y de tener en ella sus primeros contactos con el magnetismo animal y, por lo tanto (según su propia concepción), con la Magia. Pero lo cierto es que respecto al cólera que provoca su huida de esa ciudad solo menciona, como hemos visto anteriormente, la terapia de beber agua cocida, y con sal. Sus reflexiones médicas quedan puramente ubicadas, por lo tanto, en el ámbito de las estrictas ciencias naturales, del más absoluto materialismo. En su “Libro del cólera” no abandona por tanto el filosofo, en ningún momento, la primera de las tres perspectivas que hemos sugerido anteriormente. Es a su intelecto puro (y al de todos los demás) al que apela Schopenhauer durante aquella pandemia de cólera. Y a la pura Química: a la pura materia del universo físico, no a la Metafísica o a la Magia.

No obstante, hay que señalar que, según el sistema filosófico de Schopenhauer, el cerebro humano (la cuna del intelecto puro, el lugar donde ocurrirían las ciencias de la naturaleza, el único lugar donde, para cualquier kantiano, es posible que se sostenga la materia) estaría tan intervenido por la omnipotencia de la voluntad como la vara mágica de los magnetizadores. Es de hecho el intelecto, como he señalado en el epígrafe III, un producto de la propia naturaleza (P II, 109) que ella misma puede utilizar para, digámoslo así, auto-equilibrarse.

Un apunte del “Libro del cólera” ya citado en los párrafos anteriores, el que afirma la imposibilidad de que el centro de una esfera pueda salir de la misma (HN IV,1 75), nos obliga, entre muchas otras decenas de citas repartidas por las obras de Schopenhauer, a ver esa ubicuidad de la voluntad (de la voluntad en el tercer nivel semántico). Estaría esa omnipotencia por tanto también plenamente activa en el cerebro individual del médico que practica la Medicina “científica”, digamos la que se apoya en los más estrictos principios de ratio et empire. Y cabría decir además que el amor hacia su paciente (como eco en el mundo de esa voluntad sagrada que es su verdadera fuente) podría elevar el intelecto del médico a su máxima potencia. Eso le permitiría (como por arte de Magia) encontrar los mejores métodos para detectar, para curar y para prevenir esa gran fuente de dolor humano que son las enfermedades.

 

Referencias

CORRÊA DA SILVA, Luan. Metafísica Prática em Schopenhauer (Tesis doctoral). Florianópolis 2017.

FLORSCHÜTZ, Gottlieb. “Schopenhauer und die Magie- die praktische Metaphysik? In: 93. Schopenhauer-Jahrbuch 2012, pp. 471-484.

HÜBSCHER, Arthur. „Philosophen und Ärzte”. In: Jahrbuch der Schopenhauer-Gesellschaft 1975.

LÓPEZ, David. El lugar de la magia en el sistema filosófico de Schopenhauer. Tesis doctoral presentada en la Escuela de Doctorado Internacional de la Universidad de Santiago de Compostela, 2020.

PARACELSO. Textos esenciales. Jolande Jacobi (edit.). Trad. Carlos Fortea. Siruela: Madrid 2007

SAFRANSKI, Rüdiger. Schopenhauer und die wilden Jahre der Philosophie. Eine Biographie. München: Carl Hanser Verlag, 1987.

[1] Todas las traducciones incluidas en este artículo son propias.

[2] Véase: LÓPEZ, David. El lugar de la magia en el sistema filosófico de Schopenhauer. Tesis doctoral presentada en la Escuela de Doctorado Internacional de la Universidad de Santiago de Compostela, 2020.

[3] SAFRANSKI, Schopenhauer und die wilden Jahre der Philosophie, 158-159.

[4] Sobre la gran relevancia de la Fisiología en el pensamiento de Schopenhauer véase: SEGALA, Marco. “The Role of Physiology in Schopenhauer’s Metaphysics of Nature”. In: Jahrbuch der Schopenhauer-Gesellschaft 2012, pp. 327-334.

[5] PARACELSO, Textos esenciales, 105.

[6] Ibíd., 10.

[7] La identidad entre Dios y el schopenhaueriano concepto de voluntad ha sido sostenida por autores como Paul Deussen, Carl Gustav Jung y Manuel Suances Marcos.

[8] HÜBSCHER, Arthur. „Philosophen und Ärzte”. In: Jahrbuch der Schopenhauer-Gesellschaft 1975, 17-32.

[9] Ibíd., 17

[10] Ibíd., 32.

[11] Sobre el concepto de metafísica práctica en Schopenhauer véanse: FLORSCHÜTZ, Gottlieb. “Schopenhauer und die Magie- die praktische Metaphysik? In: 93. Schopenhauer-Jahrbuch 2012, pp. 471-484. CORRÊA DA SILVA, Luan. Metafísica Prática em Schopenhauer (Tesis doctoral). Florianópolis 2017.