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Las bailarinas lógicas: “Tao”

 

 

“Tao”. Camino, vida, orden, sentido, hembra abisal que lo mueve ¿y lo es? todo…

Tao es una bailarina de origen chino que lleva muchos años hechizando mentes occidentales (si es que hay alguien que sepa de verdad qué es exactamente eso de ‘occidental’).

Cuando me ocupo de la palabra “Humanidad” [Véase] quiero compartir mi fascinación por el hecho de que los seres humanos se saluden en los caminos, en los caminos poco transitados, como los de los bosques y las montañas, o como el que aparece en la fotografía de Richard Long que agranda estos párrafos.

¿Es esto del ‘vivir’ una especie de caminar por una senda marcada (soñada, amada) metafísicamente? ¿Es sabio el que sabe detectar su camino (su Tao) y adaptarse a él? ¿Hay un camino, un sentido, un orden, para todos los seres humanos, en su conjunto y, a la vez, para toda esa ‘naturaleza’ de la que son parte?

Tao… En este texto reproduciré algunas frases del Tao Te Ching (tal como fue traducido este misterioso manual por el jesuita Carmelo Elorduy). Y la cuestión fundamental, a mi juicio, es ésta:

¿Hay posibilidad de creación dentro de esa hembra física y metafísica que parece serlo todo y, a la vez, regirlo todo? En realidad volvemos a la más crucial de todas las disyuntivas: ¿Estamos o no estamos en un océano metafísico libre?

Lo curioso es que el Tao Te Ching propicia, al menos en algunos capítulos, una especie de anarquismo -en lo social- a la vez que un esclavista sometimiento a un imperio invisible -el Tao- con el que, al parecer, más vale armonizarse si no se quiere uno pudrir en la ignorancia/infelicidad.

El taoísmo, como ‘filosofía’ o ‘religión’ o lo que sea, me ofreció hace años una preciosa leyenda, deliciosamente adaptada por Marguerite Yourcenar en sus Cuentos orientales. En esa leyenda se narra la historia de un pintor chino (Wang Fô) cuyos ojos solo veían sublime belleza… y cuya capacidad artística le permitió crear un mundo (otro mundo) desde dentro del que estaba a punto de matarle.

Arte. Creatividad. Creatividad radical. Fuerza capaz de construir universos. En mi novela El bosque de albaricoques intenté dar más vida, más todavía, a aquel mago chino y a sus pinceles.

¿Cabe crear modelos alternativos de Tao? ¿Cabe legislar? ¿Cabe ser ingenieros de caminos metafísicos (y físicos por tanto)? ¿Cabe construir un camino como el que fotografió Richard Long y caminar por él como el que caminara por el interior de su propio cuadro?

¿Qué somos en realidad? ¿Cuánto poder y cuánta libertad tenemos?

¿Somos magos? ¿Qué significa eso? ¿Cuál sería el mago más poderoso? [Véase Magia].

Ésta es la bibliografía que yo he manejado  sobre el taoísmo:

– Mircea Eliade/Ioan P. Couliano: Diccionario de las religiones, Paidos, Barcelona 1992.

– Russell Kirkland: Taoism: the enduring tradition, Routledge, Londres 2004.

– Chantal Maillard: La sabiduría como estética (China: confucianismo, taoísmo y budismo), Akal, Madrid 2000.

– Henry Maspero: El taoísmo y las religiones chinas, Trotta, Madrid 2000.

– Iñaki Preciado: Los cuatro libros del emperador amarillo, Trotta, Madrid 2010.

¿Qué es el taoísmo? ¿Cuál es el hábitat, el cosmos de palabras, que sirve de ‘casa del ser’ para ese ser conocido como “Tao”?

Ofrezco algunos apuntes personales.

Los dos libros más conocidos del taoísmo son el Tao Te Ching y el Chuang Tse. Otro menos conocido es el Lieh Tse. Pero el taosímo es muchísimo más que lo que hay en estos libros: son milenios de tradiciones muy complejas, en las que han participado hombres y mujeres, donde hay muchas sectas, donde se practica la magia, la medicina, la alquimia (exterior e interior).

Todo esto se construye a partir de una mitología: el Emperador Amarillo, hacia el 2600 a.C. iniciaría la China histórica (la que recoge por escrito el pasar del tiempo, del tiempo lineal). El caso es que ese emperador pasa a esa historia como gobernante sabio y justo; pero es también chamán: en estado cataléptico visita el mundo de los seres incombustibles… los inmortales que mantienen una especial relación con el mundo de las hadas, de las alegres hadas.

La esperanza suprema del adepto –toda religión ofrece algo, contiene una esperanza- se centra en reunirse un día con los inmortales de la Montaña K´Lun, región de la alegre reina Hsi Wang Mu, que cabalga sobre las ocas y los dragones.

El territorio fantástico del adepto taoísta son “La Montaña” y “Las Grutas Celestes” iluminadas por su luz interior. Al entrar en “La Montaña”, el taoísta se adentra en sí mismo y descubre esa ligereza del Ser que lo hace inaccesible a la palabra, al pensamiento.

El adepto medita que es una mariposa… una mariposa que le sueña a él.

El mundo es un edificio irreal constituido por sueños en los cuales los seres soñados engendran al soñador. Mircea Eliade utiliza el dibujo de Escher: las manos que se dibujan mutuamente para poder dibujar, y dice que esta ligereza del ser que no está delimitado por sus pesados deberes para con el Estado no gustaba a los confucianistas.

Monasterios mixtos. Magia sexual rechazada por el puritanismo confuciano. No aceptaban donativos.

Predicaban la nada, pero ofrecían la inmortalidad.

Practican meditación antes de la entrada del budismo en China, y también una sexualidad iniciática.

Clave: mantener el soplo vital: apnea prolongada; y retención del semen.

Invocación de los espíritus de las estrellas.

Localización de templos en el cuerpo y ubicación de dioses allí para visitarlos, hablar con ellos, honrarlos…

 

El libro: el Tao Te Ching.

Yo utilizo la traducción del jesuita Carmelo Elorduy. Las citas que ofrezco en este artículo están sacadas de esa traducción.

¿De dónde salió, quién lo escribió?

El mito habla de un tal Lao Tse, viejo maestro, que lo escribiría hacia el siglo VI a.C. y al que habría visitado el mismo Confucio. Hoy ‘se sabe’ que es un texto datado en torno al 300 a.C.

Russell Kirkland, sostiene que es un empaquetado de ideas provenientes de alguna comunidad rural. Un empaquetado realizado por algún hábil intelectual que quiso ofrecer a los compradores de ‘sabiduría’ de la época ideas diferentes de las de los confucianos o los legalistas.

Kirkland dice que se trataría de sabiduría casera de los viejos… Laoista… ‘Viejista’.

“Tao Te Ching” significa “Libro sagrado del camino y de la virtud”.

La idea fundamental en la que se apoya este libro es la del “Tao”, palabra que significa “camino”, o “razón”, pero también  “alma del mundo”, lo más abismático de la realidad. Y ese Tao sería inalcanzable con la mente, y por supuesto con el lenguaje, porque sería precisamente el origen, y el hábitat, de todo esto que llamamos mundo, sería la matriz, ‘la Madre’, de todas las cosas.

La mente y el lenguaje serían de hecho obstáculos para ver –y para dejar hueco- al Tao.

El Tao Te Ching compara al Tao con una hembra misteriosa: el húmedo y fértil e insondable fondo del mundo. El Tao sería un megadios, sin forma humana por supuesto, sin ninguna forma en realidad: un megadios que es vacío y totalidad a la vez.

Un no ser ni no-no ser del que emerge todo.

No puede ser nombrado porque no tiene otra cosa de la que distinguirse.

El latido del mundo.

Lo que de verdad está ahí ahora mismo.

¿Podemos oírlo?

Y el desafío sería ser oquedad para el Tao. Bailar su ritmo. Sin ofrecer resistencia. “Wu-Wey”: no actuar como persona individual y por tanto, ciega, y ser en Dios… Ser en el Tao.

Es algo así como un dios-naturaleza: un panteísmo y un misticismo a la vez: el Todo y la Nada siendo lo mismo. De hecho el Tao Te Ching ama la Naturaleza desaforadamente. Más que al hombre incluso, al que ama sólo en cuanto que es Naturaleza. De hecho, condena cualquier acto de intervención del hombre en los flujos naturales de las cosas. A diferencia de Confucio, o los racionalistas como Descartes o Marx, o Francis Bacon, que entienden que la Naturaleza debe servir para los fines de la sociedad, y que la naturaleza humana debe ser ‘domesticada’ por los ritos y la moral, Lao Tse le pide al ser humano que no actúe (Wu-Wei), que no fuerce nada, que deje que ese Alma del mundo (que se manifiesta en todo, incluso en el hombre) siga su inteligentísimo curso (¿Obedecer al ‘granjero’?).

El Tao Te Ching parece decir que el hombre sabio debe relajarse totalmente (olvidar las expectativas y los recuerdos), vaciarse de moralidad artificial e, incluso, de inteligencia, que es en definitiva una forma de codicia y de estupidez, y abrazarse al Tao, a esa ‘hembra universal’ que todo lo mueve, y dejarse llevar, dejar que Ella marque los movimientos del baile.

Tao es también ‘vida’.

El Tao Te Ching, a diferencia de Confucio, que venera a los sabios emperadores del pasado, acusa a esos mismos sabios de haber falseado, con virtudes artificiales, la primitiva sencillez natural. No propone una liberación ‘del mundo’ (esto no es hinduismo… estamos en China… que es mundana…, sacralizado de lo inmanente), sino de la civilización. El Tao Te Ching está incluso en contra de la educación:

“Suprimid los estudios y no habrá pesares.”

Hay una parte del Tao Te Ching dedicada a los gobiernos. Es realmente interesante porque coquetea con la anarquía. A ese libro no le gustan la ciudades, ni las multitudes, y mucho menos los gobiernos. Según Russel Kirkland esa parte de libro es un pegote puesto por los empaquetadores. Y dice también que los monasterios budistas no preocupaban a los gobiernos porque aceptaban donativos. Los taoístas, al parecer, no los aceptaban: eran realmente libres, muy provocadores, algo así como los cínicos de Grecia o los jivanmuktas de la India.

El Tao Te Ching propone vaciarse interiormente, crear un desapego o desinterés por las cosas –tener como si no se tuviera, diría San Pablo-… y como decía Buda.  Es estar en el mundo pero sin estar en él del todo, manteniendo cierta distancia, cierto desinterés, para no sucumbir a las locuras del deseo, no sucumbir a nuestras pasiones egocéntricas. Ese vacío entonces se llenaría con el flujo espontáneo del Tao, de la inteligencia universal, y eso llevaría a la acción correcta.

“Déjate llevar”, nos decimos muchas veces unos a otros cuando no sabemos qué consejo darnos unos a los otros en el tortuoso camino de la vida.

El Tao Te Ching recomienda eliminar la codicia y los deseos, no gastar la energía de la vida con cavilaciones abstrusas, no hablar mucho, máxima humildad, y conservar el semen…

Se dice que el taoísmo posterior al Tao Te Ching se convirtió en una religión rellena de magia, y se desarrollaron sofisticadísimas técnicas para controlar la eyaculación, y la respiración: se trataba de no perder energía vital para alcanzar así la inmortalidad. Chantal Maillard ve aquí una pérdida de altura, una caída en la  ‘superstición’. La inmortalidad, dice ella, no es de ‘alguien’: se alcanza precisamente cuando se deja de ser ese alguien que desea, entre otras cosas, ser inmortal.

Volvamos a la humildad. Es un concepto decisivo en el taoismo. Se trata de una humildad muy diferente a la del cristianismo. Esta última se basa en una conciencia de insignificancia ante la grandeza de Dios, en un sentimiento de culpa derivado de un pecado original. La humildad taoísta es una convicción de que no hay que singularizarse, de que la grandeza que puede sentir el ser humano le vendrá de ser consciente de que está en el Todo, en el Tao.

La potenciación, la veneración del yo, sería un empequeñecimiento, una ridiculización de lo grandioso: una mutilación del verdadero yo.

Sería, pienso, como agrandar hasta el infinito el foco de la linterna en el que incluimos el yo, lo que no es ‘lo otro’.

Vaciarse… de pequeñez.

Más citas del Tao Te Ching (según la traducción de Carmelo Elorduy):

“No estimar el magisterio, no amar los dineros ajenos, aparecer ignorante siendo sabio, es la más alta maravilla.”

“Al hombre bueno le basta el fruto que espontáneamente le ofrecen las cosas. No osa violentar nada por coger más; coge el fruto sin urgir más, sin empeñarse más, sin tercos caprichos, sin querer obtener demasiado, coge el fruto sin forzar.”

“El que pretende dar pasos demasiado largos, no puede andar”

“La ley del Cielo [el Tao] es vencer sin combatir, hacerse responder sin haber hablado, hacer venir sin llamar…”

“En el mundo, las cosas difíciles se hacen siempre comenzando por lo más fácil, y la cosas grandes, comenzando por lo más pequeño.”

“El que hace ostentación, no luce.”

“El que se estima, no brilla.”

“Ser sabio y no saberlo es perfección.”

“El hombre bueno [sabio] no ama discutir, y el discutidor no es bueno.”

“No hay desdicha mayor que la de no saberse saciar, ni vicio mayor que la codicia.”

“Sabio es el que conoce a los demás. Iluminado es el que se conoce a sí mismo. El que vence a los otros tiene fuerza, pero el que se vence a sí mismo es el fuerte. Rico es el que sabe contentarse.”

“El sabio cambia todo el día, sin ceder en su serena gravedad. Y si tiene magníficos palacios, sereno los habita, y de igual modo los abandona.”

“Conocer que no se conoce es lo más elevado.”

“Expeler el aire es fuerza.”

Pienso: vaciarse, incluso del concepto “aire”, para llenarnos enteramente del Tao, de la hembra (hiperfecundidad) absoluta. Sin erudición, sin sistemas de ideas, porque eso limitaría, mutilaría , el infinito… y se trata de reproducirlo dentro: sentirlo en el estómago.

Los taoístas buscan inmortalidad en “La Montaña” esa donde se hermanan con las hadas.

No se trataría de humildad por estética social, por ser ‘más queridos’ por el grupo, por caer mejor; sino humildad para ser más, para no agotarnos en lo pasajero, en lo cambiante. Conciencia total. Identidad infinita. Humildad como vía iniciática, expansiva, no como virtud ciudadana para serenar al poder y a otros conciudadanos. Humildad hasta en la soledad más atroz.

En resumen: hablar poco, actuar poco, no forzar el ritmo natural de las cosas, respirar (más bien exhalar) bien, no eyacular y seguir la Naturaleza: amarla…. confiar en ella… sin esa “suspicacia del labriego” a que se refería Ortega…

Buscar el reino sagrado que hay en el pecho. No fuera.

Sigamos sacando oro del Tao Te Ching:

“Donde acamparon los ejércitos, nacen las zarzas.”

“Las buenas armas son instrumentos nefastos, cosas aborrecibles. El hombre que tiene Tao no se vale de ellas.”

“Actuar queriendo conquistar el imperio [el mundo] es, a mi parecer, ir al fracaso. El imperio es un aparato muy espiritual. No se puede manipular con él. Manipular con él es estropearlo. Cogerlo es ya perderlo.”

“El hombre vivo es blando, y muerto es duro y rígido.”

“Las plantas vivas son flexibles y tiernas, y muertas son duras y secas.”

“La dureza y la rigidez son cualidades de la muerte. La flexibilidad y la blandura son cualidades de la vida.”

“Lo blando puede a lo duro.”

“De ahí que las armas, que son duras, no pueden vencer.”

“La desdicha se apoya en la dicha y la dicha se agazapa detrás de la desdicha. ¿Quién conoce la línea divisoria? No hay regla. La rectitud se vuelve extravagancia y lo bueno monstruosidad. Esto ha traído al hombre confuso mucho tiempo. Por eso, el sabio es cuadrado (recto), pero sin aristas cortantes; anguloso, pero sin ángulos punzantes; recto, pero no áspero en su forma de hablar a los demás; luz, pero no resplandor.”

“Pocos en el mundo llegan a comprender la utilidad de enseñar sin palabras y del no hacer nada.”

“Sin salir de la puerta se conoce el mundo. Sin mirar por la ventana se ven los caminos del Cielo. Cuanto más lejos se sale, menos se aprende.”

“El estudio es acumular de día en día. El Tao es disminuir de día en día y, disminuyendo más y más, se llega a la inacción. Inacción que nada deja de hacer. Siempre se ha conquistado el mundo sin hacer nada para ello…”

 

Algunas precisiones académicas. Las aportaciones de Russell Kirkland

Hoy día el taoísmo es uno de los temas que, como el yoga, rellena muchos estantes en librerías no especializadas. Es una religión, una soteriología, una ‘espiritualidad” que genera fascinación, digamos ilusión de transformación espiritual entre los buscadores occidentales, los que intuyen que su vida tiene un sentido ‘espiritual’, de ‘subida de escaleras’ para el acceso a otro nivel de conciencia. Y es también una galaxia de palabras que se ha prestado a sorprendentes manipulaciones. Inconscientes en su mayoría.

A este respecto son especialmente alumbradoras dos conferencias que el profesor Russell Kirkland pronunció en los años 1994 y 1997. La conferencia de 1997 (que tuvo lugar en la universidad de Tenessee) fue presentada bajo el título “El taoísmo de la imaginación occidental y el taoísmo de China: descolonización de las exóticas enseñanzas del Este”. En esta conferencia Kirkland trató temas que son, a mi parecer, de enorme interés para elevar nuestra potencia filosófica. La tesis fundamental de este investigador fue que  los estudiosos occidentales del taoísmo no aceptaban lo que los taoístas de China tradicionalmente pensaban de su ‘religión’. Habría una gran diferencia entre el taoísmo de las publicaciones académicas y el taoísmo de la imaginación del colonialismo cultural norteamericano, el cual no ‘escucharía’, sino que solo buscaría elementos capaces de fortalecer sus creencias: su esquema-mundo: “Miles de occidentales literalmente han sido engañados acerca del taoísmo”.

Kirkland analiza los valores culturales que subyacen en la distinción entre taoísmo filosófico y taoísmo religioso. Dicha distinción se habría hecho en la China moderna: los intelectuales chinos modernos habrían tenido miedo a ser rechazados por los intelectuales occidentales secularizados; miedo a ser considerados miembros de una cultura supersticiosa (anti-ilustrada). Kirkland habla de verdaderas distorsiones de la realidad creadas por estudiosos victorianos (como Legge y sus informantes confucianos), todos ellos hostiles al taoísmo; y afirma que la intelectualidad moderna emite juicios desde un culto, desde un dogma: nuestras creencias son axiomáticamente verdad; cualquiera que siga otras creencias no es digno de nuestro respeto; quien desafía nuestras creencias es un necio peligroso que debe ser atacado y desacreditado. Los intelectuales modernos, según Kirkland, participarían de un culto especialmente pernicioso: creerían que no forman parte de ningún culto.

Parte de estas ideas, aplicadas al estudio occidental del taoísmo, Kirkland afirmó haberlas sacado de un artículo de Steve Bradbury, de la Universidad de Hawai. Bradbury hablaba de una narrativa ilustrada (racionalista) de la religión.

Finalmente Kirkland afirma que es posible volverse un taoísta, seguir el Tao, pero no con un libro,  sino yendo, por ejemplo, a la Abadía de los Nubes Blancas de Beijing.

Una frase final: “Si el taoísmo tiene algo que ofrecer al mundo moderno, no se encontrará en las estupideces lucrativas de las librerías americanas.”

 

Y ahora Schopenhauer

Volvamos a la ‘Filosofía pura’, mi diosa más irresistible. Y, desde esa diosa, me es inevitable acudir una y otra vez a la inmensidad del sistema filosófico de Schopenhauer. En el siguiente párrafo veo un tejido sacro de caminos (de ‘Taos’) individuales:

“[…] en el simple sueño la relación es unilateral, y es que solo un yo verdaderamente quiere y siente, mientras que los demás no lo hacen, pues son fantasmas; por el contrario, en el gran sueño de la vida tiene lugar una relación multilateral, toda vez que no solo uno aparece en el sueño del otro, sino que éste también aparece en el de aquel, de forma que, por medio de una verdadera harmonia praestabilita, cada uno sueña solo aquello que para él es adecuado según su propia guía metafísica, y todos los sueños-vida están entretejidos con una perfección tal, que cada uno experimenta solo lo que le es beneficioso y hace lo que es necesario para los demás […]” (Parerga y Paralipomena, pp. 232-233, según la edición de Arthur Hübscher de 1988).

 

Ahora una confesión personal

En la noche del 16 al 17 de octubre de 2008 soñé que explicaba el Zen a mi  hermano. Mi padre escuchaba. Tranquilo. Lúcido. Libre ya de esta vida. Y dijo: “Que ningún discurso te bloquee el futuro”.

Creo que ese consejo es clave para entender el vaciado del que habla el Tao Te Ching. Se trataría de liberarse de cualquier “natura naturata“, cualquier “orden” no querido, no sentido como propio. No sentido como sagrado. Y, desde ahí, afrontar la parte del camino todavía invisible: lo que no aparece en la fotografía de Richard Long.

¿Cuántos paisajes pisarán todavía nuestros pies?

Lo fabuloso de la vida (este camino que ahora piso) es su plasticidad. No dejo de sospechar que, como el pintor Wang Fô, soy yo -cada uno de nosotros- quien lo dibuja sobre el lienzo infinito de nuestra conciencia.

Y cada día me parece más lúcida la idea de Paracelso de que el hombre fabrica su propio cielo y que, una vez fabricado, ese cielo le alimenta. Creo que la clave está en la Fe [Véase]. Y en la capacidad de asumir el peso descomunal de la libertad absoluta (como se atrevió a decir Sartre en esa conferencia de 1945 que se publicó con el título “El existencialismo es un humanismo”).

Fe en esa cosa inefable, descomunal, omnipotente, que llevamos dentro (ese Tao sin forma que es capaz de automodelarse en infinitos mundos). Esa cosa capaz poetizarse de cualquier forma: de ser cualquier Logos. Véase [Logos] y [Poesía].

Fe en que todo es posible para esa cosa de lo ‘real’.

El camino en el que ahora apoyamos los pies de nuestra conciencia puede mostrar prodigios jamás acontecidos.

Por eso no hay que poner límites discursivos a nuestro futuro. Eso me aconsejó mi padre en sueños.

Yo creo que tampoco hay que poner límites discursivos a nuestro presente: entonces veremos que el camino, el Tao, huele como la piel de las hadas taoístas.

David López

The logical ballerinas: “Yin-Yang”

 

 

“Yin-Yang”.

We all contemplate, astonished, bewildered, also fascinated, the incessant turns of our inner and outer realities. We all have suffered the shocking mutations of our own soul and of the souls of others: the good-natured turns out to be a devil, and the devil, suddenly, looks at us with infinite tenderness. Nature, at times, loves us and raises us with its beauty, and, at other times, it crushes and denigrates us without mercy. The slopes of the mountains of the soul are lit and also darkened under a sky that can not be quiet. The stupid suddenly becomes a mighty sage, and the wise, or the saint, suddenly behave in the lowest, ugliest limits of the human condition.

“Yin-Yang”. Change, contradiction, interpenetration, complementarity of opposites. I believe that we are dealing with a single but also bicephalous word that, according to Chinese tradition, symbolizes the internal machinery that moves the world. But within that single word are actually dancing (always embraced, embraced even to guts of the other one, and to the guts of the other one’s guts) two beautiful dancers who were born in China, in ancient China.

And that intimate dance reflects a terrible but also fertile tension. We are not facing two opposing forces, but complementary ones. Neither of them can live without the other. They never grow or decrease together: when one of them expands it is because the other one is reduced. But these expansion and reduction immediately triggers a change to its opposite: what goes up starts to fall if it reaches its maximum, and what goes down, when it gets enough denigration, begins to ascend. Light becomes darkness and darkness becomes light. Hell becomes heaven. And hell heaven. Everything is permanently turning, changing. But, if we asume the ideas of this philosophy, we are obliged to say that it has a huge contradiction: the very reality of change and its internal logic doesn’t seem to be thought of as changeable… I will deal with this contradiction on the last part of this text.

So, installing in its consciousness, through the word, always through the word, the metaphysical reality of this eternal dance, Chinese wisdom may be able to combine hope (any hell will transmute into paradise) with prudence (beware, you should consider that everything will change; take precautions, do not relax too much in boom times). Balance. Prudence. Temperance. Middle point. Avoid extremes, excesses. Be wise…

Before presenting my ideas about the logical ballerina “Yin-Yang”, I think it might be useful to take a look a the following themes:

1.- China… Schopenhauer included an interesting chapter in his work On the Will in Nature under the title “Sinology”. In the beginning of that chapter the great philosopher deems China as a top civilized country, and does so primarily on the grounds of its high -and permanently increasing- population: 396 millions in 1857. Today that population has reached 1.400 millions of people: millions of minds and heaths and working hands which are interwoven shaping a mighty civilizational and even racial meta-human being. I am anyway quite fascinated by the fact that China’s basic civilizational program remains almost intact, and that it was coded and activated, it seems, by a family -the Shang- which gave their name to that area of ​​the planet and which governed it between the 17th and 11th centuries BC. From that ‘family’ comes Chinese writing, which is still alive: logical dancers who emerged out of the Yellow River millennia ago and who, unlike those that appear in this philosophical dictionary, are drawn full body, not in pieces. I also find remarkable the relative self-sufficiency of China. I also see this ‘country’ as a kind of very old animal -a kind of a god- where the human individual, as such, would not have reached a determining ontological location beyond its performative function inside such animal-god. Perhaps China was always, in general, communist and bureaucratist. Except for the irruption of Buddhism (that Indian program), I do not see that this fabulous living system segregated by the Yellow River has opened its consciousness to concepts such as freedom or creativity. Taoism, while propitiating individual anarchy in the human-social realm, would set the human individual into a natural, yes, but also  radically legalized flow: an unstoppable metaphysical force with which human beings should harmonize in order to be really happy. Buddhism, on the other hand, as a worldview imported from India, would offer to the Chinese mind -and heart- the concept of absolute freedom (Moksa): the possibility of leaving the wheels of Karma, the possibility of liberating from the very Tao even (if we understand the Tao as a universal law), the possibility of liberating from the very concept of “liberation”…

2.- Meanings for “Yin-Yang”. It seems extremely complicated to set a unique meaning for this/these symbols. Some scholars speak of weak (Yin) and strong (Yang), of feminine (Yin) and masculine (Yang), of dark (Yin) and luminous (Yang), of Earth (Yin) and sky (Yang). In the amazing I Ching (or Yijing according to the pinyin phonetic transcription) we find a very efficient use of two types of strokes: a) The broken stroke (or two consecutive strokes) that would correspond to the Yin concept (perhaps due to its similarity with the vagina); and b)The continuous stroke, which would correspond to Yang (perhaps because of its similarity with the penis).

3.- Yin-Yang in Chinese philosophy. This concept reached a decisive place in the thought of Zou Yan (305-240 BC). But its philosophical development was driven mainly by Dong Zhongshu (179-104 BC), a Han-era thinker who wrote a work whose title -of astonishing beauty- was something like Luxuriant Dew of the Spring and Autumn Annals  (Chunqiu fanlu). In this work a model of totality is shown in which the Earth, the sky and the human being are intimately connected.

4.- Yin-Yang in the I Ching (or Yijing). The fundamental idea of ​​this mighty book is that of change. Everything changes. And that change would be produced by the interaction of the Yin-Yang opposites. The I Ching is a strange, beautiful and abyssal being that has been part of my life for many years. I use the translation of Richard Wilhelm, with the brilliant introduction of Karl Jung. With this book, within this book, I have lived and leaded decisive moments of my life. The introduction made by Jung is part of the masterpieces of the philosophical art. I think that, for the subject that concerns us now, there are two fundamental symbols: Qian and Kun. The first is pure Yang, is active and refers to the sky. The second is pure Yin, which is passive and refers to the Earth. We can think of the duality between the Mediterranean goddesses of the Earth and the gods of heaven. We can also think of the purusa-prakriti duality of the Indian Samkya. But from the Chinese worldview (at least that which is implicit in the Yin-Yang doctrine), it is not possible to speak of dualisms: within the goddesses of the Earth there would be gods of heaven. And vice versa. All together, interwoven, inter-fertilized.

5.- The diagrams. The best known is the Taijitu (literally “symbol of the highest, most extraordinary”). It is a symbol that shows polarity and movement; and that also appears, with few morphological differences, in the Celtic, Etruscan and Roman cultures. As far as China is concerned, I believe that a great philosophical expressiveness has been achieved by including within each color a circle of the opposite color, which, according to the Chinese sages, could always be subdivided into another diagram of two interlaced colours. And so on to infinity. To infinity. This must not be forgotten. But it would be better, in my opinion, to try a diagram in which within the Taijitu would appear a symbol that represents its absolute other… ‘that’ that is completely outside of that human and cosmic wheel and, therefore, of all its laws. I think that this would be the true symbol of “the highest”, and it should encompass what is presented to consciousness, and also consciousness itself (that infinite void).

6.- Some sources on Chinese philosophy. I suggest these two internet sites:

www.sacred-texts.com (created by John Bruno Hare).

www.sino-platonic.org. This last site is edited by Victor H. Mair (Department of Asian Languages ​​and Civilizations, University of Pennsylvania) and offers a large number of essays on Chinese culture in general.

I also recommend these works on Chinese philosophy:

– Feng Youlan: A History of Chinese Philosophy, Princeton University Press, 1952 (translation of Derk Bodde).

– Marcel Granet: La pensée chinoise, Paris 1934.

– Needham, Joseph: Science and Civilization  in China, Cambridge University Press, 1954-2016 (7 volumes in 25 books).

– Bauer Wolfgang: Geschichte der chinesischen Philosophie. Konfuzianismus, Daodismus, Buddhismus, München 2001.

– Encyclopedia of Chinese Philosophy (ed. Antonio S. Cua, Routledge, 2002).

Now I will try to organize my ideas, my intuitions, about the “Yin-Yang” logical ballerina:

1.- Yin-Yang. Permanent (and also metaphysically regulated) change. But, if we do really philosophize (if we do really think) we discover that change is impossible, illogical. As it is impossible -illogical- the movement (let’s remember, let’s not stop doing so, Zeno of Elea). In fact, everything that happens seems to be impossible (maybe because everything that happens is purely magical, the masterpiece, the outcome of the unlimited power and creativity of a prodigious magician). In any case, in order to just testify about changes, an observer should remain immutable (precisely the one who affirmed that something has changed… the one who is supposed to have noticed that the reality surrounding him has changed). But that observer, according to the Chinese tradition, at least as far as I get, and, even according to the current world view of Physics, is also constantly shaken by the great dance that moves everything. Therefore, there would be no place to locate (even to think) a fixed point from which to affirm that, a few minutes ago, there was not a hawk in the sky and now there is.

2.- Changes occurs only in Maya (in the magical spectacles of our conscience, or “mind”, or “brain” if you like). Change is fantasy (chemical-biological fantasy, for those who do not want to abandon the neurophysiological worldview). And there, only there – in that fantasy- it is possible to visualize the tension of complementary opposites. However, this tension seems to me finally linguistic (like everything that can appear in sentences): the Yin-Yang presupposes a certain structure of words. It is said that Yang would be the luminous slope of a mountain, and Yin the shadowy one. But “mountain” or “hillside” are the result of a certain mental form: they are the product of one of the infinite ways of cutting out what is presented as real. The opposite of something requires assuming the ontological reality of that something. Think of the possible tension between God and the Devil (which requires a theism), or of the tension between matter and antimatter (a tension only possible if the models offered by current Physics are assumed to represent reality).

3.- Changes and their internal logic only happen in the theatres of consciousness. They are artistic needs. They are necessary for it to happen -for us to feel- a world in our consciousness. In meditation state [See], and, certainly, not only in that state, it may happen that we realize that we are always still, ‘there’, immutable, in a meta-spatial and meta-temporal workshop, utterly capable of any Creation (Creation with capital letter). In meditation state we are aware of our infinite quietness and unchangeability. We become aware that we are that immobile Being which Parmenides considered the true, only reality.

4.- The model of totality implicit in the doctrine of Yin-Yang presupposes a legaliform metaphysics. I have the feeling that most of the Chinese philosophical approaches (except those derived from Buddhism, which is an ‘imported’ wisdom) offer ideas in order to optimize the position of human beings within an already regulated cosmos. I do not see in Chinese philosophy-sotoriology a quest for transcendence. The Chinese sage wants to optimize his stay in immanence. The Chinese seek accommodation in a changing cosmos that changes according to an order that the wise must detect, but not modify, erase or re-create. In general, system-escapes are not sought, but optimization in the system. Confucians seem to be willing to incorporate human society and even its bureaucracy into a cosmic and sacred whole. Taoists, in general, seem to reject that radical pure-human-socialism, but they also seem to aspire to a fusion with a kind of cosmic-natural-metaphysical bureaucracy. In both cases, individual freedom seems to be meaningless. We are facing legaliform metaphysics. Buddhism -that Indian sotoriology- would perhaps be the only form of freedom (of freedom in the absolute sense) that the Chinese spirit would have known. It could be said that Chinese wisdom is an imposing Apara-Vidya [See]. And, as far as I get, that “inferior wisdom” of China is based on the search for balance -harmony- inside a universe of changing but also metaphysically ‘coded’ forces; and also on the search for techniques that allow channeling, for the benefit of human beings, those same forces.

5.- From the worldview of modern neurophysiology we should consider the hypothesis that Yin-Yang schematizes, in a rudimentary way, the functioning of the two parts of the human brain and their physiological, vital needs (energetic needs if you want), to stay balanced [See “Brain”].

6.- I return to the possibility that I pointed out before: to draw a Taijitu (the classic Yin-Yang diagram) in which its own opposite is shown. I mean the opposite of the whole model of totality that that symbol wants to subject.

The Yin-Yang system allows human being to survive inside a cosmos, inside a cosmos of words, but it does not allow to see beyond. In order to see beyond the theatres of our consciousness we have got to be silent. To be the silence.

In any case, I hope to have time enough so as to contemplate with calm the majestic flutter of Chinese civilization: that huge, astonishing butterfly.

David López