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Las bailarinas lógicas. Un diccionario filosófico. (Segunda parte).

 

        Damos comienzo a la segunda parte de Las bailarinas lógicas. Un diccionario filosófico. Este título se fue imponiendo a mediados del curso pasado, mientras volábamos por el interior sin fondo de más de cuarenta palabras en un proyecto filosófico que, incialmente, llevaba por título “Diccionario de los mundos”.

        Pero poco a poco me fue poseyendo una metáfora: las palabras como bailarinas lógicas, como seres capaces de modelar el infinito de nuestra mente: como seres capaces de narcotizarnos con su belleza y de instalarnos mundos enteros. Y me fue poseyendo también algo así como una mitología basada en el himno  10.125 del Rig Veda, el cual recoge esta afirmación de Vak (la diosa de la palabra):  

        “Aunque ellos no lo saben, habitan en mí”.

        Se refiere a “nosotros”. Pero, ¿quiénes/qué somos “nosotros”?

        En el curso pasado  mantuve este mantra sonando detrás de mis conferencias. Es de Michel Foucault y suena así:

        “No son los hombres los que hacen los discursos, sino los discursos los que hacen a los hombres”.

        Debeo reconocer que, tras la experiencia vivida con las primeras bailarinas lógicas, Vak (la palabra, el lenguaje) me produce una fascinación creciente; y su negación absoluta (eso innombrable que, absurdamente, nombramos con el símbolo “silencio”) cada vez me sobrecoge y, a la vez, me nutre más.

        También me sobrecoge y me nutre más cada día el espectáculo -al menos teorético- que ofrecen esos abrazos desesperados, frágiles como vidas, entre lo infinito y lo finito; entre lo que puede ser dicho y lo que no (si es que hay algo que puede ser dicho).

       

        Las bailarinas lógicas por cuyo interior volaremos este año son las siguientes:

 

        Apara-vidya

        Arte

        Avatar

        Cabalah

        Cerebro

        Egoísmo

        Empirismo

        Existencia

        Espiritualidad

        Estado

        Filosofía

        Física

        Felicidad

        Globalización

        Gracia

        Hermenéutica

        Humor

        Inteligencia

        Intuición

        Lenguaje

        Luz

        Lógica

        Máquina

        Meditación

        Metafísica

        Mística

        Moral

        Nada

        Naturaleza

        Piedad

        Política

        Razón

        Reiki

        Ser

        Silencio

        Sueño

        Teosofía

        Teurgia

        Verdad

        Writti

        Ying/Yang

        Yo

        Yoga

        Zen

                             —————————————————————————–

 

        La primera conferencia tendrá lugar el lunes trece de septiembre (a las siete de la tarde) en la sala de Ámbito Cultural en Madrid. En ella haré una presentación de las palabras que este año se unirán a mi diccionario filosófico.

        Este diccionario lo estoy elaborando también en la sede de la International Coach Federation (Calle Almagro, 3) y en los clubes de filósofos con los que vengo compartiendo Filosofía y amistad desde hace dos años.

        Una de las filósofas de uno de esos clubes me ha hecho llegar el video que aparece al final de estos párrafos. Sugiero ver en él a Vak (esa diosa que dice habernos atrapado)  dibujando mundos en la arena metafísica de nuestra mente. Aunque cabría sostener, con Novalis por ejemplo, que esas manos prodigiosas, y esa arena de inestabilidad y de fertilidad infinitas, pertenecen al mismo ser: a nuestro verdadero “yo”.

        A ese monstruo prodigioso y sagrado.

        Vamos a ver (o, mejor dicho, querer ver) una encarnación de Vak. Se llama Kseniya Simonova y lo que va a modelar en la arena de nuestra mente es la invasión de Ucrania por los alemanes:

       

        Gracias Daphne.

       

        David López

        Sotosalbos, 12 de septiembre de 2010.

El prodigio de las bailarinas lógicas

 

        Hoy concluimos la primera parte de mi Diccionario de los mundos, el cual arrancó con estas preguntas:

        ¿Las palabras son símbolos de los mundos? ¿Los crean? ¿Los describen o los inscriben?

        Es difícil saberlo. Pero, en cualquier caso, son maravillosas.

        A lo largo de estos meses hemos contemplado la piel transparente de muchas palabras, de muchas “bailarinas lógicas”. Este nombre ha surgido, inevitablemente, porque he tenido presente en todo momento el aullido lógico de Vak (la palabra): ese gran grito de poder que retumba en el himno 10.125 del Rig Veda:

        “Aunque ellos no lo saben, habitan en mí”.

        También me ha acompañado, como un mantra, este fogonazo de Michel Foucault:

        “No son los hombres los que hacen los discursos, sino los discursos los que hacen a los hombres”.

        ¿Y quién/qué hace los discursos? ¿Que es,  en sí, un discurso?

        Hoy voy a ir a la conferencia rodeado por todas las bailarinas lógicas que hemos conocido este año. Son éstas:

–         Advaita.

–         Amor.

–         Aufhebung.

–         Belleza.

–         Causa.

–         Concepto.

–         Conciencia.

–         Cosa.

–         Cosmos y cuerpo.

–         Cultura.

–         Dharma.

–         Dios.

–         Fe.

–         Hecho e historia (Primera parte)

–         Hecho e historia (Segunda parte)

–         Humanidad.

–         Idea.

–         Infinito.

–         Libertad.

–         Logos.

–         Mal.

–         Materia.

–         Matemática.

–         Maya (Magia).

–         Metafísica.

–         Moksa.

–         Muerte. 

–         Parapsicología.

–         Poesía.

–         Progreso. 

–         Realidad.

–         Religión.

–         Ser humano.

–         Tapas (Sufrimiento creativo).

–         Tao.  

–         Tiempo.

–         Universales.

–         Upanayana.

–         Bailarina lógica.

        Mi idea es que baile unos minutos cada una de estas bailarinas lógicas y, finalmente, todas juntas. De hecho lo hacen siempre, sometidas a las férreas coregrafías que impone “eso” inefable que, simplificando mucho, denominamos “lenguaje”: “lenguaje humano”.

        El año que viene traeré más. Cuarenta más. Las elegidas para septiembre son: “Apara-Vidya”, “Arte y “Avatar. De todas ellas se espera una gran capacidad de hechizo, una entrega total al espectáculo de lo real (a Maya) y una voluntad de hierro (Tapas) para ser belleza absoluta (para alcanzar su plenitud lógico-rítmica).

        Quisiera despedir esta parte de mi Diccionario de los mundos mostrando uno de esos bailes prodigiosos. La bailarina se llama Polina Semionova (Staatsoper unter den Linden). Ante algo así yo siento una sacudida muy parecida a la que me produce la Filosofía; la Filosofía con mayúscula.                      

        Recomiendo apagar el volúmen. La música de este vídeo está muy por debajo de los dibujos de carne y de alma que traza Polina Semionova. ¿Cabe bailar el silencio (la música del infinito)?

 

       

 

        David López

        Sotosalbos, 19 de julio de 2010.

        (Todos los derechos reservados).

Las bailarinas lógicas: “Bailarina lógica”.

 

 

“Bailarina lógica”. ¿Qué es eso? No lo sé muy bien, pero quizás pueda afirmar con cierta contundencia que esos seres -que carecen en realidad de “ser”- necesitan ser amadas, como es amada la bailarina que aparece sobre estas líneas. Hay que creérselas para crearlas, o para compartir las emociones que discurren por las algas lógicas en las que viven todos aquellos que se las creen. Pensemos en la palabra “España”. O “Cataluña”. O “United States of America”. O “Dios”. O “Materia”.

Yo las amo, amo el hecho de su prodigiosa existencia (aunque algunas de ellas me espanten). Y las amo tanto como amo la vida, tanto como amo los sueños (que son lo mismo que la vida). Las amo cada vez más, a pesar de lo peligrosas que son. Ellas dan (son) la vida; y el placer y el dolor (¿no las veis ahí, viviendo en una simple frase?).

“Bailarina lógica”. Es un término con dos palabras que ha nacido en este diccionario filosófico y ha crecido dentro de él…  hasta el punto de darle nombre.

Desde que, en 2009, inicié este diccionario, he intentado comprobar el poder de la diosa Vak, la cual, en uno de los himnos de Rig Veda, afirma que vivimos en ella, que comemos en ella, que respiramos en ella… ¿Es eso posible? ¿No estaremos ante una demencial exageración de los filósofos y de los poetas?

Pero, ¿qué es una “palabra”? Cabría adoptar una postura hiper-materialista y decir que las palabras son símbolos y que los símbolos –unas letras, unos sonidos, una bandera- no son más que determinadas configuraciones de la materia que sirven para comunicar otras determinadas configuraciones de la misma. El problema de este razonamiento es que todo él respira -sobrevive- en una atmósfera onírica: todo él es fruto de un hechizo: el hechizo que es capaz de desplegar una bailarina lógica cuyo precioso baile contemplamos hace unos meses: “Materia” [Véase].

Hay una bailarina lógica que ayer (el 11 de julio de 2010) fue capaz de insuflar una gran cantidad de energía (de vida, de magia, de cohesión social, de Maya) a todas las conciencias que están en red con ella: la palabra (el símbolo gráfico) es “España”.

“España”. Otra bailarina lógica. ¿Hay que librarse de todas la bailarinas lógicas para ver lo que somos en realidad? ¿Es eso la sabiduría? ¿Vale con saberlo, con saber que son puntuales y delicuescentes formas de configuración de nuestra conciencia? ¿No es “conciencia” otra bailarina lógica?

¿Hay bailarinas positivas y bailarinas negativas? La respuesta de Nietzsche a esta pregunta sería, quizás, que hay que elegir aquellas bailarinas (o dejarse elegir por aquellas bailarinas) que aumenten nuestra salud, nuestra vitalidad… nuestra “ilusión”. Pero, ¿no fue eso precisamente lo que conseguían las bailarinas lógicas del poeta/coreógrafo Hitler? Él consiguió insuflar mucha ilusión a todas las conciencias que soñaron su sueño lógico.

¿De dónde salen esos seres prodigiosos? ¿Los inventa de pronto un ser humano –un poeta? ¿Surgen mecánicamente, socio-biológicamente, de los grupos humanos? ¿Los inoculan los dioses a través de poetas? ¿Son determinadas formas de conexión neuronal que pueden ser compartidas tribalmente?

Creo que antes de acercarnos a estas criaturas lógicas, a estas hadas gramaticales, puede ser útil tratar los siguientes temas:

1.- Concepto de Maya en la especulación filosófica india.

2.- La negación de la semántica en Gorgias.

3.- San Pedro Damián: la demonización de la gramática.

4.- Berkeley: la materia como membrana lógica (membrana de palabras) que impide ver a Dios pero que, a la vez, sirve para que Dios instale “realidad” (y también sueños) en la mente de sus amadas criaturas.

5.- Wittgenstein: la Filosofía es la lucha de la inteligencia contra los hechizos del lenguaje. ¿Debemos luchar contra las bailarinas lógicas? El segundo Wittgenstein abrazado, abnegado, extático, a las bailarinas lógicas

6.- Simone Weil: casi todos los vocablos políticos están vacíos por dentro. Simone Weil creía en la palabra certera; en los peligros de la fantasía. Finalmente fue abrazada por Cristo, físicamente, meta-lógicamente.

7.- Los koanes en el Zen: el silencio de las bailarinas. Quizás el Satori (el objetivo final del Zen) ocurra cuando sabemos/sentimos (desde algo que ya no es mente ni es cuerpo ni es “ser humano”) que las bailarinas lógicas son carne de nuestra carne mental: que somos (ahí donde ya no cabe hablar de “ser humano”) el secreto coreógrafo de todas ellas: lo que les da la vida; y lo que les puede dar la muerte.

A partir de aquí, creo que puedo ir esbozando algunos rasgos comunes de las “bailarinas lógicas”:

1.- Dejándome llevar por las posibilidades expresivas de los “mitos” (como si hubiera algo en nuestro discurso que no fuera “mito”), podría decir que las bailarinas lógicas son algo así como sacerdotisas de Vak: la diosa de la palabra que se sabe omnipotente. O casi. Sacerdotisas o autodifractaciones de su esencia.

2.- Creo que, efectivamente, vivimos en un sueño lógico: en un cosmos construido por una estructura de palabras. Desde este punto de vista, la palabra sería no sólo genésica, como afirma el arranque del Evangelio de San Juan, sino también, y sobre todo, mágica: capaz de configurar cualquier contenido de conciencia (cualquier “existencia”).

3.- Buena parte de las propuestas soteriológicas (propuestas de salvación o de elevación de la condición humana si se quiere) insisten en el silencio como puerta a lo sagrado (como puerta a nuestro verdadero ser, que sería coincidente con el verdadero ser de Dios). Así, el silencio, la retirada de las bailarinas lógicas, permitiría ver lo que hay detrás de ellas, permitiría tomar conciencia de que lo que hay no coincide con sus cuerpos ni con el ritmo matemático de su baile. Ese silencio cósmico llevaría a la libertad: sería un despertar. Pero, ¿por qué despertar? ¿Para no sufrir? ¿Para salir del sufrir-gozar que, por ejemplo, sacudía ayer (11 de julio de 2010) a los seguidores de la selección española?

4.- Ya vimos en conferencias anteriores que a las bailarinas lógicas no les gusta que nos acerquemos demasiado a su cuerpo. Quizás sea que su piel es demasiado transparente. Se ve su nada. Su nada apasionada. Pero esa piel suda y vibra: hay en ellas un descomunal esfuerzo por vivir en nuestra conciencia, por tener “realidad”, por ser “de verdad”. Al ocuparme de la palabra “realidad” ofrecí un corte de la película Mulholland Drive (David Linch) que me sirvió para imaginar a una bailarina lógica llorando; llorando por su vacuidad ontológica [Véase].

5.- Creo que hay razones, al menos sistémicas, para diferenciar “bailarina lógica” de “concepto”, “universal” o “idea”. Quizás la clave esté en insistir en la “materialidad” de la bailarina lógica: es símbolo, algo que se percibe dentro del marco perceptivo ordinario, no tiene abstracción: se ve, o se oye, como se ve o se oye un pájaro.

6.- Un cosmos [Véase] es el fruto tangible, perceptible, de un determinado logos [Véase]. Y un logos es un poetizar [Véase Poesía] que ha conseguido modelar unas conciencias hasta el punto de hacerles creer que su sueño lógico es lo real. Las bailarinas lógicas son la parte visible de un poetizar. Son semillas de mundos (de sueños, porque todo mundo es un sueño en realidad). Podríamos decir que las bailarinas lógicas son Poesía viva, hambrienta de conciencias, necesitada del hábitat que les ofrece el interior de eso que una bailarina denomina “ser humano”.

Al ocuparme de “concepto” [Véase] he reproducido Génesis 2.16-17: “De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Yo en ese momento interpreté que en el momento en que un concepto toma la mente ( en el momento en el que la agarra) se produce la muerte, la muerte de la conciencia por así decirlo.

Cabría otra interpretación: “De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente te dormirás”.

Pero quizás vida y sueño sean lo mismo. ¿Sólo hay dos opciones: soñar o despertar a la nada/el infinito que somos? Muchas tradiciones hablan de una tercera: seguir soñando, sí, pero sabiendo que es un sueño, y que todas las bailarinas lógicas bailan atentas a nuestras manos: fabricar entonces preciosos hechizos, como diría mi querido (y a veces no tan querido) Nietzsche.

 

David López

Las bailarinas lógicas: “Universalia”.

 

 

Universalia. Es una palabra que nombra un problema filosófico: una preciosa y revitalizante tarea para el pensamiento. Algunos filósofos, como Ernst Cassirer, consideraron que el problema de los universales es un pseudo-problema. ¿Cuál es ese problema que quizás ni siquiera exista?

Yo, en cualquier caso, no creo que estemos ante un problema, sino ante un prodigio que ofrece extraordinarias posibilidades cognitivas. Y sensitivas.

¿Existe, más allá del lenguaje, eso de “flor” o “agua” o “dinosaurio” o “cuatro” o, incluso, “hombre”? Platón intentó introducir en el pensamiento humano la certeza de que existen las ideas en sí, con independencia de que sean o no pensadas por los seres humanos y registradas o no en los lenguajes de los seres humanos. Schopenhauer, milenios después, al dibujar su modelo físico y metafísico, no supo muy bien dónde ubicar esos escurridizos seres platónicos.

No les gusta a las bailarinas lógicas que las toquen. Ellas están para bailar y hechizar: para que haya algo en lugar de nada, y para propiciar estupor maravillado.

San Pedro Damián (1007-1072 A. D.) afirmó en su obra Sobre la perfección monástica que los estudios gramaticales los había iniciado el Diablo. Quizás tuviera razón: el lenguaje podría ser más de lo que imaginamos. Algo divino (creador de nuestro ser y del ser del mundo entero). 

Creo que el tema de los universales tiene un interés extraordinario: agranda la mirada, la libera, la abre a otros mundos, y propicia la irrupción en nuestra conciencia de lo inefable (de lo divino si se quiere). La meditación requiere un silencio total: un silencio que desactiva los universales, que diluye la aparente división del mundo en “cosas” recortables en virtud de sustantivos. Ese es el Gran Silencio desde donde es posible sentir lo que hay.

Antes de exponer algunos apuntes y vértigos personales, sugiero prestar atención a las siguientes referencias:

1.- El estatus ontológico de los universalia. ¿Existen en sí mismos? Todo parece que empezó con la traducción que Boecio (477-524 A. D.) realizó del Isagoge de Porfirio (234-305 A. D.). El Isagoge es un texto que pretende unir la lógica aristotélica con el neoplatonismo. Y reinará durante casi toda la Edad Media.

2.- La solución nominalista: universalia post rem. Roscelino de Compiegne (1050-1120 A. D.): los universales son flatus vocis (emisiones de voz vacías, sin nigún valor semántico, no se refieren a nada). Solo existen las cosas individuales. 

3.- La solución realista: universalia ante rem. Guillermo de Champeaux (1070-1121 A. D.): los universales existen antes que las cosas concretas — que el león concreto, que el ejecutivo concreto — pero su existencia es de otro tipo (no estarían situados en el espacio/tiempo). ¿Dónde entonces? El mundo de las ideas según Platón.

4.- Posición intermedia. El realismo moderado. Pedro Abelardo (1079-1142 A. D.): (desde Aristóteles) el universal es lo predicable de varios entes. No es, por tanto, una cosa. En realidad solo existen individuos compactos (materia con forma). En el proceso cognoscitivo se extraen aspectos aislados — color, tamaño, etc. — que permiten encontrar similitudes entre individuos: rasgos comunes que permitirán hablar de especies (mujeres, nubes). 

5.- Nietzsche. Fröhliche Wissentschaft [La ciencia alegre]. Aforismo 121: “Nos hemos construido un mundo a medida para poder vivir — suponiendo que hay cuerpos, líneas, superficies, causas y efectos, movimiento y reposo, forma y contenido. ¡Ahora nadie podría vivir sin esos artículos de fe! Pero no por eso quedan demostrados. La vida no es un argumento; entre las condiciones de la vida podría estar el error”. Aforismo 189:  “Es un pensador: esto quiere decir que es un experto en hacer las cosas más simples de lo que son”.

6.- Epistemología del siglo XX: instrumentalistas versus realistas. ¿Las teorías científicas — esas redes coherentes de universales — describen lo que hay? ¿Existe, en sí, más allá de los cálculos, la ley de la gravedad? 

Y estas son mis reflexiones:

1.- El nominalismo es absurdo. No cabe hablar de leones concretos antes de que esté activada en la mirada el universal “león”. El león individual es el efecto de la interiorización de un universal: es consecuencia de una programación de la mente/la mirada, es una forma de crear individualidades.

2.- Los universalia son disciplinas de la mirada. Son tijeras metafísicas que recortan lo que se presenta ante la conciencia en aparentes individualidades que se repiten. Quizás sería mejor hablar de tijeras “ante-físicas”, apoyándonos en un lúcido neologismo de Ortega y Gasset [Véase].

3.- Los universalia no son anteriores ni posteriores a las cosas. Las “cosas” son palabras. Va todo en la misma frase. Tampoco sale de la frase la palabra “realidad”. El lenguaje no tiene palabra para nombrar lo que haya fuera de él.

4.- El mundo mismo es una abstracción: es una especie de lámina donde se han pegado los recortables exigidos por la estructura de nuestros universales lingüísticos. Podríamos decir que el “mundo” (lo que parece que hay ante el observador humano), es lo que le pasa a lo inefable cuando es observado a través del filtro de las palabras. Si se pudiera mirar sin palabras, accederíamos al infinito. No veríamos “nada”, en el sentido de que no veríamos la concreción de ningún universal, ni presente ni futuro. Nos veríamos a nosotros mismos tal y como somos “en realidad”: sin forma, libres, omnipotentes, no legaliformes. Nadas mágicas.

5.- Toda cosa concreta es ya un universal: una serie de impactos sensibles, desplegados en un vector de tiempo, son luego agrupados en una unidad. Pensemos en una persona concreta (Juan, María): suponemos que es una cosa concreta, siempre, eso que se nos presenta, eso que vemos, pero en realidad experimentamos una pluralidad de impactos espacio/temporales que luego agrupamos en una unidad. ¿Cómo sabemos que es la misma cosa esa Sofía de la playa, hace diez años, que la que ahora nos habla en un bar? Y es más, ¿cómo sostener la concreción (la multi-individualidad que sostienen los nominalistas) si tenemos presente que Sofía es una manada de células individuales? ¿Y cómo podemos recortar a Sofía en el magma meta-material que se vislumbra en el interior de los átomos?

6.- Cabe preguntarse de dónde salen los universalia (esas formas de finitizar el infinito). Una respuesta podría ser que surgen de nuestra adaptación al medio. El universal víbora me permite predecir el comportamiento de ese reptil y no cometer el error de acariciarlo, con ternura, cuando me lo encuentro bajo los cielos de Segovia. Podría decirse que una buena interiorización de la estructura de los universales me permite sobrevivir. Sí. Pero sería un grave error equiparar lo que hay con el dibujo de mundo que surge de mis necesidades de superviviencia biológica (de supervivencia en esta forma, en esta finitud). Recordemos el aforismo de Nietzsche (el 121 de la Ciencia alegre).

7.- Más aún: yo mismo, mi yo, digamos objetivo, ante mi conciencia (esa caja que no veo pero que recoge todos los mundos), es un universal: he agrupado en una unidad millones de impactos y he creído que eso soy yo: las imágenes y sensaciones del cuerpo, los recuerdos, los pensamientos. Aquí cabría remitirse a Hume y al budismo. Y nos abismaríamos en esta idea del Maestro Eckhart: “yo he querido que exista Dios y yo mismo”.

8.- Ya nos adentramos en la hoguera lógica de la Mística. Ya atisbamos lo que pasa si nos atrevemos a desactivar los universales. Ese es el objetivo de los koanes en el Zen.

9.- Un artista, si es verdaderamente creador, sería capaz de incorporar nuevos universalia a otras mentes que estén en red con la suya. ¿Cuántos universales son todavía posibles? O, lo que es lo mismo: ¿cuántos mundos son todavía posibles?

10. Los universalia son, a su vez, un universal (un género). Como lo es el universal “cosa concreta” o “individuo”. Aquí entramos en paradojas matemáticas. A las bailarinas lógicas, como a los magos, no les gusta ser contempladas desde demasiado cerca.

Cabría decir, dentro de la prodigiosa cárcel de universales desde la que escribo, que hay algo descomunal, infinito, que fabrica, desde la omnipotencia y la libertad,  algo así como máquinas metafísicas para mirarse a sí mismo. Para mirarse/ o finitizarse/ o crearse. Es lo mismo. Las formas de aparente autofinitización de ese infinito serían eso que desde este mundo (desde este lenguaje) llamamos “universales”.

Y la mente humana sería esa prodigiosa máquina metafísica: el taller de los mundos (si es que es solo “humana” nuestra mente).

 

David López

 

 

Las bailarinas lógicas: “Tiempo”.

 

 

“Tiempo”. Una de las más impactantes invisibilidades. El “Tiempo” no es visible, solo postulable: necesario para que tenga sentido la caja lógica donde suponemos que existe lo que existe.

Es una bailarina lógica fascinante, poderosa: es capaz, junto con “Espacio”, de construir una estructura metafísica. Y física…  aunque llevo años sospechando que toda Física es en realidad una Metafísica: todo modelo del universo (por muy demostrado que parezca) es siempre hipótesis, postulado: algo que se supone que debe existir -aunque no se vea- para que lo que se ve esté ordenado y sea previsible.

Si es que se ve algo.

¿Qué es el “Tiempo”? No tengo ni idea. Pero me sobrecoge que ese supuesto ritmo omniabarcante pueda ser medido (sobre todo si se mide con instrumentos tan bellos como el que aparece en la foto). Los relojes son aparatos fascinantes porque miden una fantasía.

En realidad no sé muy bien tampoco qué se está haciendo cuando se pregunta sobre el qué de algo. Pero quizás pueda compartir lo que siento frente a esa prodigiosa -y letal- bailarina lógica si antes me ocupo de ella desde estos puntos de vista:

1.- Aristóteles: el presupuesto fundamental del Tiempo es el cambio: el espectáculo que nos rodea es cambio permanente. Lo cambios se producen en el Tiempo. Si nada cambiara no habría Tiempo. “El tiempo es la medida del movimiento según el antes y el después”.

2..- La estética trascendental de Kant: el ser humano recibe lo “de fuera” (la “cosa en sí”) y lo mete en el Tiempo. No hay Tiempo más allá de la maquinaria psíquica humana. La aritmética -que mide el Tiempo, que mide nuestra bailarina de hoy- en realidad, desde Kant, sería una antropología.

3.- El eterno retorno de Nietzsche: ¿seríamos capaces de dar un absoluto sí a nuestra vida -entera-? ¿Nos atreveríamos a vivirla, en absolutamente todos sus momentos, una y otra vez, a lo largo de la eternidad?

4.- El Tiempo en Bergson [Véase]. Dijo este gran pensador que aquí “nos esperaba una sorpresa” y que los positivistas no eran consecuentes porque no eran fieles a los hechos ( lo que se presenta). El tiempo real, según Bergson, entendido como el tiempo tal y como es experimentado (como se presenta en la conciencia) no coincide con el tiempo de la mecánica (del mecanicismo de las ciencias naturales). En el tiempo de verdad los instantes no se suceden ordenadamente, no se “espacializan” como parece indicar la esfera de un reloj. En realidad se trata de un flujo no divisible. Habría instantes que podrían prolongarse en la conciencia para siempre y otros, de la misma duración -mecánica, o “física”- que desaparecerían para siempre. Los instantes del tiempo de la conciencia (que sería el tiempo real) estarían interpenetrados, siempre vivos: nuestro pasado nos estaría siguiendo, como parte del presente, fecundando el presente. Los momentos de la conciencia no serían medibles, no cabría identificarlos como unidades homogéneas, y menos sistematizables tal como lo haría la matemática y la mecánica. La ciencia -que presupone ese tiempo homogéneo, divisible, ordenable, espacializable- sería útil, pero no veraz: comprimiría y falsearía lo que de verdad, empíricamente, se presenta ante la conciencia humana… Podríamos decir, desde Bergson, que el positivismo del método científico no sería realmente “positivista”.

5.- Heidegger: Ser y Tiempo. El ser humano está condenado a la muerte: al no ser ya nunca. El vivir como un absurdo e innecesario tobogán letal. Heidegger fue un creyente en la finitud. Yo no.

A partir de aquí, compartiré algunas reflexiones muy provisionales. Espero algún día poderme ocupar con mayor profundidad de esta fabulosa bailarina lógica. Las reflexiones serán más o menos éstas:

Para sostener la metafísica del Tiempo hay que sostener, previamente, que el sujeto (el observador) está siempre en algo llamado “Presente”, pero que hay una fuerza, digamos, estructural, que le “empuja” a otro presente. Y a otro. Y a otro. Siempre. Así, desde esta metafísica, nunca se puede estar en el presente, ni siquiera un “instante”, pues todo “instante” tendría una duración (cabría visualizarlo, matemáticamente, como una linea  infinitamente subdivisible). Esta gran paradoja del Tiempo ya la había visto Aristóteles; y fue brillantemente sentida y descrita por San Agustín: “Cuando no me lo preguntan, lo sé; cuando me lo preguntan no lo sé”.

Respecto de eso que llamamos “futuro” nos vemos obligados a sostener su no ser. No ser “ahora”. Pero, como hemos visto antes, el “ahora”, el “presente”, digamos, neto, o absoluto, es imposible; o al menos imposible desde el punto de vista matemático (desde el modelo de conciencia que fabrica esos precisos artefactos que llamamos relojes: la aguja nunca para). El futuro, no obstante, parece ser el lugar donde se desplegarán los efectos de nuestra libertad, de nuestra creatividad, de nuestra fe: es el universo todavía por ser creado. Eso creen los que creen en el Progreso [véase]. Por último, habría una convicción, derivada del paradigma metafísico sobre el que se construyen la mayoría de las Físicas actuales, de que el futuro es invisible. Que -ahora- no tiene ser en absoluto. Aunque cuando lo tenga, lo tendrá todo.

El pasado. Es algo a lo que se le otorga el “haber sido”. Me ha impresionado siempre el sonido del fuego invisible que aniquila los instantes. Este instante en el que escribo, junto a unos árboles inquietos, bajo un cielo de azul mate, con las manos soñadoras, pero algo cansadas; este instante, digo, ha dejado su ser por la frase, por el río temporal-letal que lo barre todo: o que lo acumula, como mucho, en esa especie de almacén psíquico que es la memoria. Y ahí, este instante (bueno, mejor dicho, aquel instante que recogió mi frase), vivirá como un espectro, sometido a los caprichos, a los jugos gástricos, de mi memoria. Es el fuego letal de la preterización.

Podría decirse que el Tiempo no existe porque ni el presente ni el pasado ni el futuro tienen jamás existencia. El Tiempo es un baile de esa bailarina prodigiosa que la India antigua bautizó como “Maya” (Magia). Pero esto no implica que esa no existencia, ese baile irreal, no sea sacralizable. Siendo más nietzscheanos que Nietzsche, podríamos asumir nuestro papel de sacerdotes de Maya: coadyuvar a los hechizos, aumentar la capacidad de hechizo y de fascinación que tiene ese no-ser (esa fantasía que toma nuestras conciencias).

¿Qué otra cosa es una Creación?

Llegados a este punto, quisiera proponer algo así como un arte de la memoria. Pero no en el sentido dogmático/realista: no desde la presuposición de que hay -ahí- un cosmos objetivo que presenta elementos memorizables, sino desde la creencia en el Arte y en la Libertad. Así, cabría volcar todo nuestro esfuerzo en embellecer este Presente (lo que será memorizado en definitiva). Cabría fabricar memoria: instalar obras maestras del existir que fueran visitables desde cualquiera de los puntos del vector de nuestra vida (de lo que llamamos vida en este nivel de conciencia -me refiero al nivel de conciencia humano puro y duro, no al “iluminado”).

Pensemos en los niños: cada instante que podamos construir para ellos, cada paraíso, estará ahí, en su memoria, visitable siempre, como el que visita un templo sagrado. De ahí que un abuso sexual -o cualquier otro- sea un terrible crimen; más terrible de lo que imagina el ciego que lo perpetra: un abuso sexual instala un infierno en la memoria.

Nuestro desafío, como artistas metafísicos -como magos que somos-, sería  fabricar obras maestras del “presente” (aunque en puridad no exista “el presente”) para que, una vez incorporadas a la memoria, se conviertan en paraísos infinitamente visitables.

Yo intenté fabricar un paraíso de la memoria para mi hija hace doce años. Lo hice, deliberadamente, bajo unas estrellas que apenas dejaban materia oscura en el cielo, sobre la arena de una playa atlántica. Ella tenía cuatro años y quería que le contara un cuento. Mientras se lo contaba, mientras mis palabras se mezclaban con el rugido de las olas, sus ojos vibraban como si, a través de ellos, alguien hubiera sido capaz de asomarse, otra vez, eternamente, a un paraíso.

¿Qué es un paraíso sino un Tiempo sublimado desde el pasado, desde el presente y desde el futuro?

 

David López

 

 

Las bailarinas lógicas: “Poesía”.

 

 

Poesía. Póiesis es la palabra griega. Significa “creación”  en sentido extenso. La poética sería crear algo con la palabra.

Impresiona la palabra Póiesis si se la relaciona con Hyle (materia). Hyle se utilizaba para compartir un concepto que sería algo así como “materia prima para construir cualquier cosa”. Mis reflexiones sobre la materia se pueden leer [aquí].

¿Cabe analizar filosóficamente eso que sea la Poesía? ¿Cabe ubicarla en un modelo de totalidad? Creo que sí. Aunque ese modelo de totalidad, finalmente, se hará con palabras. Palabras siempre creativas.

Una pregunta fundamental es si las cosas y el mundo están ya, ahí, antes de ser nombrados, o no.  ¿Hay “cosas” y “mundos de cosas” o lo que hay es materia: materia prima para construir, crear, mundos de cosas con la palabra? ¿No es “mundo” una palabra? ¿No es “nación” una palabra? ¿No son “hombre” y “humanismo” también palabras? Sí, son palabras, constructos poéticos que maximizan sus hechizos para que no se evidencie su origen poético: quieren ser metalingüísticos: quieren tener un ser en sí más allá de que un poeta les de un nombre. Pero no lo tienen. Lo que haya más allá del lenguaje no puede decirlo el lenguaje.

Y ni siquiera puede el lenguaje decirse a sí mismo.

Un primer acercamiento filosófico a esta flor azul nos obliga a detenernos en una obviedad: eso que comúnmente se entiende por Poesía se presenta, fenomenológicamente al menos, como una simple combinación de palabras: símbolos acústicos o gráficos que, en contacto con nuestro cerebro, y una vez decodificados, pueden provocar modificaciones en nuestro estado de conciencia.

Y, algunas veces, el lenguaje, la Poesía, puede reventarnos de belleza por dentro. En esos momentos el poeta es un mago porque transmuta nuestros estados de conciencia, nos sublima, a nosotros, y también eso que llamamos mundo. Pero la Poesía no siempre consigue hacer Magia con nuestra psique y con nuestro sistema sanguíneo. Todo lo contrario: la mayoría de las veces los constructos de palabras que se presentan explícitamente como “poemas” son tediosos, absurdos, azucarados en exceso, ácidos en exceso, necroseados… ¿De qué depende que ocurra el milagro poético? Me refiero al milagro de que unas simples palabras -símbolos combinados- nos provoquen estupor maravillado. Hagamos una prueba. Dejemos que nos posean estas palabras de Hölderlin:

En suave azul florece

con su metálico techo la torre de la Iglesia.

¿Qué nos ha pasado? ¿Ha retumbado en nuestra kantiana bóveda interior algo así como un trueno de belleza casi mortal? ¿O no hemos sentido nada porque no compartimos con Hölderlin su vibración poético-símbolica, sus miradas, sus sobrecogimientos cósmico-cristianos?

En este  texto intentaré compartir mi sensación -¿pre-poetizada ya por algún poeta cuyas poesías hayan anidado en mi interior?- de que todo es Poesía: incluido ese ámbito de lo “real” que denominamos “prosaico”. En uno de sus más famosos poemas Bécquer dice:

¿Qué es poesía? –dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

Creo que ese “tú” es todo. No solo la belleza femenina que suponemos brillando y vibrando en torno a esa pupila azul. Todo: el “mundo” y sus “cosas”, los “dioses” (dioses lógicos, lógicamente) y hasta algo que podríamos llamar nuestro “yo objetivo” o “lógico”: esa cosa con la que nos identificamos, que observamos, desde una mirada tomada por una forma de poetizar.

¿Diferencia entre Logos y Poesía? Quizás la Poesía se hace Logos cuando ya ha nacido y no quiere cambiar ni morir. Cuando se aferra a una forma (o, mejor, a una forma concretas de ser música). El Logos es el resultado del poetizar. El poetizar, si es auténtico, sería libre, genésico… o apocalíptico. Por eso los dogmatismos -los totalitarismos de la mente- quieren (necesitan) expulsar a los poetas. Porque por las bocas de los poetas pueden entrar nuevas formas de decir el mundo: nuevas músicas, quizás imbailables para nuestros cuerpos actuales.

Pero, ¿qué/quién habla a través de los poetas? ¿Son los poetas, los verdaderos poetas, esclavos de la creativa libertad de los dioses? ¿Son elegidos? ¿Elegidos para qué? ¿Para aumentar la potencia de los hechizos de lo real? ¿Por qué quieren tenernos hechizados en deliciosas cavernas platónicas?

Creo que cabe acerarse a la Poesía desde las palabras de estos poetas:

1.- Platón (con la lectura de su diálogo Ion).

2.- Novalis: Henrich von Ofterdingen: el fondo de lo real es la Poesía (y la Magia).

3.- Heidegger [Véase aquí]. Qué es Poesía. El poetizar como fundamento de todo lenguaje y como actividad del Ser (no del hombre).

4.- María Zambrano [Véase aquí]. Filosofía y Poesía (ineludible). También lo es Algunos lugares de la Poesía. En esta antología hay un texto que lleva por título San Juan de la Cruz: de la “noche oscura” a la más clara mística. Sobre esta deliciosa pócima de palabras hice yo una crítica que se puede leer [Aquí].

5.- Baudrillard. Todo es mapa. Ya no hay territorio. Y el mapa es además falso. Braceamos, perdidos, desconcertados, engañados por mentirosos que han sido a su vez previamente engañados… en un océano de símbolos entremezclados que nos han alejado de lo real. De lo real de verdad. Sostendré que Baudrillard fue un dogmático pesimista que no soportó la fertilidad ubicua de las palabras: que no soportó las consecuencias del eterno poetizar que arde en el fondo de lo real.

Algunas de mis ideas sobre eso que sea el misterio de la Poesía:

1.- Hölderlin -cuyo retrato vigila este texto- dijo: “Poéticamente habita el hombre sobre la tierra”. Tenía razón. Y de hecho, “hombre”, “habitar” y “tierra” son constructos poéticos. Muy antiguos -fundacionales diría Heidegger-, pero no por ello menos creativos, menos artísticos, menos hechizantes.

2.- Creo que sería útil distinguir entre Poesía consciente (o explícita) y Poesía inconsciente (o implícita). La primera la encontramos en las combinaciones de palabras que se presentan como poemas (o, en sentido más amplio, como obras literarias de ficción). En la segunda estaría, según Machado, la Filosofía (“Los grandes filósofos son poetas que creen en la realidad de sus poemas”). Yo creo que habría que extender también la Poesía (inconsciente, implícita) a las teorías científicas y a los constructos matemáticos. El universo de Aristóteles ahora nos parece una fantasía. Pero era evocador. Hacía sentir ahí dentro todo un mundo. Las cosmovisiones actuales también son poesías. Inconscientes. Platón, el gran político-poeta, no quiso más Poesía. Quiso que su poetizar -el suyo y el de los suyos- fuera ya Logos: fuego eterno, matemático, dando orden inamovible al cosmos eterno.

3.- Desde el discurso del materialismo cerebralista (que es también Poesía) se podría decir que un poema -explícito- ofrece un determinado recorrido de conexiones neuronales. Así, leyendo a Rilke, o a San Juan de la Cruz -o a Marx, otro poeta- nos veríamos obligados a componer conceptos, y relaciones entre conceptos, que nos provocarían sensaciones singulares. O no. En algunos casos, esas sensaciones nos elevarían, transmutarían nuestra conciencia: nos llevarían a una especie de paraíso lógico.

4.- Los universales [Véase]. Cabe preguntarse por el origen de esas formas de recortar -de crear- lo real. Quizás el poeta más poderoso sea aquel capaz de instaurar nuevos universales (nuevas cosas, nuevos dioses, nuevos hombres), con energía, con Magia, tanta que se presentarán como obvios para los miembros de su “alga lógica” (cerebros en red, cerebros y corazones que vibran en un mismo tejido lingüístico-poético). El que cree en la realidad de los universales -el que cree que las cosas existen en sí, antes del lenguaje- está otorgando una especie de eternidad y autonomía meta-antrópica a un Poema: un Poema que querría alcanzar ese estado de divinidad que tendría el Logos [Véase Logos].

5.- Se ha dicho muchas veces, y desde hace milenios, que los poetas están en manos de los dioses. O del Uno primordial. O del Ser. No es una hipótesis descartable. Cabría imaginar que las mentes de los hombres -y los corazones también- estuvieran manipulados por inteligencias no accesibles a la nuestra  (programadores sobrehumanos entrando en el sistema de nuestras mentes). O por poderosísimas fuerzas de la naturaleza igualmente inaccesibles a nuestra inteligencia. Uno primordial. Ser. Dios. Dioses. Naturaleza. Vida. Leyes (teoría “M”). Todo palabras. Todo Poesía. Todo Magia (otra palabra más).

6.- Heidegger pensó que el hombre (el hombre post-socrático al menos) ya no escucha a los verdaderos poetas (a los dioses en definitiva) porque se pierde en lo humano (lo útil). La Poesía probablemente es anterior a lo humano (a lo que ahora metemos en el conjunto que preside este universal). Foucault lo dijo así: “no son los hombres los que hacen los discursos, sino los discursos los que hacen a los hombres”. ¿Y de dónde salen esos discursos capaces de crear hombres?

7.- No existiría lo “prosaico” (ni siquiera sería prosaica la prosa del manual de un frigorífico). Todo se mira y se siente a través de un lenguaje, de un resultado concreto del poetizar. Lo prosaico sería algo así como un poetizar inconsciente, rutinizado, mimético y robotizado, ya deslucido y desdivinizado por el uso. Decir, simplemente, que “el vaso está lleno de agua” es reproducir, inconscientemente, un poetizar. Y creo que no debería olvidarse -al hablar- el origen divino de ese acto genésico que es el poetizar. Recomiendo leer mis notas sobre “Cosa” [aquí].

Poesía. Palabras. Palabras. Pero, ¿cabe poetizar el silencio? ¿No es el silencio otra palabra, otro “concepto” [véase]? Creo que no. Quien medita, quien medita de verdad, sabe que el silencio al que se llega en meditación es “algo” mucho más allá del silencio que puede crear el lenguaje. Y se llega a “Eso” si se es capaz de desactivar todas las poesías: incluidas las que explican y celebran el prodigio de la propia meditación.

Uno de los espectáculos más impresionantes que se presenta ante mi conciencia es, sin duda, lo que le ocurre al lenguaje cuando quiere decir lo que hay, en su totalidad: el Ser, o Dios, o … En esos momentos el lenguaje -el poetizar- se retorsiona, ruge, suda, explota dentro de sí mismo en infinitos y deslumbrantes bigbangs lógicos, fabrica fabulosos paraísos lógicos; y también infiernos. Pero nunca puede ver nada fuera de sí mismo, porque el lenguaje -y sus Poesías- no ven, sino que fabrican la mirada. Todo se ve -en realidad se crea- a través de ellos. Incluso crea a ese niño abandonado en la selva que no conoce el lenguaje pero que, sin embargo, ve, y sobrevive. No. Ese “niño” y esa “selva” son constructos poéticos. Lo que se vea desde eso que haya detrás de las palabras “niño abandonado en la selva” es inefable; incluso si aceptamos la -kantiana- hipótesis de Chomsky de que todos los seres humanos nacemos ya, de serie, con el lenguaje aprendido.

Retorsión. Sudor lógico. Estallidos infinitos canalizados por algoritmos sintácticos. Creatividad -si es que eso es posible- desde sistemas con leyes lógicas determinadas a priori. Es el espectáculo que ofrecen los sistemas filosóficos: esos imponentes poemas. Pero la inefabilidad es ubica; y el lenguaje más excelso es aquel que, desde la lucidez y la impotencia, desde la docta ignorancia, desde la pobreza absoluta a la que se refería Eckhart, se serena y, en silencio, asumiendo su nada, su materia onírico-mágica, trata de oír, oler, eso que haya más allá de las palabras.

En esos momentos, un árbol deja de ser un “árbol” y el poeta que lo contempla deja de ser un “ser humano”.

Y ambos -árbol y poeta- se disuelven en lo sagrado.

David López

 

Las bailarinas lógicas: “Parapsicología”.

 

Emanuel Swedenborg

 

“Parapsicología” (del griego “para“: “junto a…”: ¿Junto a la psicología?).

Se trata de una bailarina lógica creada por Max Dessoir en 1889. Lo hizo en un artículo publicado por la revista Sphinx; y su intención fue dar nombre a una parte de la psicología que no pertenecería ni al ámbito de lo ordinario ni al de lo patológico.  

Psique/Normalidad/Patología. Muchas bailarinas. Mucho hechizo.

¿Es que hay estados psíquicos que no sean ni normales ni patológicos? Y, sobre todo: ¿eso que sea la Parapsicología —y el objeto de su estudio— merecen ser analizados desde la Filosofía?

Creo que sí. La Filosofía deja de serlo si rechaza cualquier hecho (“científico” o no), cualquier sensación, cualquier contenido de conciencia… e incluso cualquier perspectiva que no considere que existe algo así como la “conciencia”. La Filosofía es la mirada absoluta: la absoluta exposición de la mente y del corazón (y de la imaginación) al infinito empírico. La Filosofía, cuando se practica de forma radical, no se reduce a considerar lo útil (útil para un nivel de conciencia), ni en lo que solo ocurre a todos y siempre, ni en lo que ya a priori disponga de hábitat lógico u ontológico en un modelo acreditado de totalidad (o de parcialidad).

Hay una “ciencia” (las comillas las exige la ciencia que no se pone comillas a sí misma) que pretende estudiar fenómenos que parecen no estar sometidos a las leyes de la Naturaleza tal como estas leyes son concebidas actualmente. Uno de los nombres que se le ha dado a esa ciencia es Parapsicología. Hay otro: Ocultismo. ¿Es que hay cosas, realidades, que se ocultan? Quiero decir: ¿cabe considerar que haya regiones de la totalidad que no se muestren siempre, a todos, o que, incluso, su no mostrarse siempre y a todos fuera una exigencia sistémica?

Mi acercamiento estrictamente filosófico a lo “oculto”  — o “parapsicológico” o “paranormal” — se lo debo a Schopenhauer. Llevo muchos años estudiando el lugar de la magia en su metafísica. En este tiempo he tenido el privilegio de leer trabajos extraordinarios. Uno de esos trabajos es este:

Andrea Kropf: Philosophie und Parapsychologie -Zur Rezeptionsgeschichte parapsychologischer Phänomene am Beispiel Kants, Schopenahuers und C. G. Jungs- [Filosofía y Parapsicología -Sobre la historia de la recepción de los fenómenos paranormales en los casos de Kant, Schopenhauer y C. G. Jung-], Lit Verlag, Hamburgo 1999. No hay edición española (que yo sepa). Se trata de una tesis doctoral leída en Basilea que propone preciosos desafíos a nuestra inteligencia filosófica.

¿Hay algo libre de verdad en ese Todo que se nos muestra, que nos constituye, que nos envuelve? El tema de la libertad es crucial para considerar la legitimidad de las ciencias de lo oculto… si es que por oculto entendemos aquello que se muestra, que se des-oculta, de pronto, saltándose todas -todas- las leyes de lo real.  Un análisis filosófico de la legitimidad de la parapsicología como ciencia exige afrontar esta pregunta descomunal: ¿Hay algo libre y creativo; o todo está sometido a leyes (más o menos cognoscibles por eso que sea el ser humano)?

Antes de exponer mis propias reflexiones, creo oportuno señalar las siguientes vías de investigación:

1.- Historia del ocultismo como ciencia. Agrippa von Nettesheim. Mesmer. Swedenborg. Kant. Schopenhauer. Blavatsky. El espiritismo (Andrew Jackson Davis). La parapsicología en las universidades.

2.- ¿Qué se entiende por fenómeno paranormal? Percepciones extrasensoriales, visiones, psicokinesis, materialización de personas fallecidas, sueños premonitorios, telepatía… Pero, ¿es que hay algún fenómeno normal, en el sentido de sometido a normas eternas e inmutables (o a leyes que mutan en virtud de leyes que rigen esa mutación)?

3.-. Walter von Loucadou: “Es evidente que cada éxito de la parapsicología como ciencia natural convierte a la parapsicología en algo superfluo”. La paradoja de que la parapsicología pretenda ser ciencia (explicitación de leyes fijas en modelos lógico-humanistas) y, a la vez, se enfrente a lo que no respeta leyes (ocultas o no).

4.- La parapsicología y la posibilidad de realizar experimentos en sentido galileano.

5.- Posibles relaciones entre la Filosofía y la parapsicología desde la perspectiva de Andrea Kropf.

6.- La causalidad. ¿Todo ocurre por una causa inmediata? ¿Estamos inmersos en cadenas causales desplegadas —diacrónica o sincrónicamente— en eso que sean el espacio y el tiempo? La parapsicología como ocasión para imaginar nuevos modelos de causalidad. O modelos sin causalidad. Despertemos del sueño dogmático con Hume: la causalidad no es experimentable.

7.- El caso de la James Randi Educational Fundation (www.randi.org): un millón de dólares a quien pueda desmostrar algún fenómeno paranormal. Solo existe, o ha existido, lo que pueda demostrar el método científico galileano/newtomiano. Pero, ¿hay algo que haya demostrado el “método científico”? 

Expongo ahora algunas ideas mías, provisionalísimas:

1.- El millón de dólares que ofrece la fundación de James Randi no podría ser entregada a ningún científico. Esta reflexión es una consecuencia necesaria (una seriedad necesaria) que me asalta tras la lectura de las obras de este vector de inteligencias: Hume-Popper-Lakatos-Feyerabend. El escepticismo de esa bienintencionada asociación de heresiólogos que ha creado James Randi debería aplicarse a sus propios dogmas. De esta forma, ni a ellos mismos se les podría hacer entrega del millón de dólares en el momento en que acreditan, científicamente,  la falsedad de un fenómeno paranormal. No dispone la ciencia de hipótesis indubitables —sacras/incuestionables— que sirvan para falsar a otras. Ni siquiera el “método científico” puede validarse a sí mismo. El hecho de que un suceso se repita muchas veces no implica, ni siquiera lógicamente, que vaya a hacerlo siempre. Y la ley que parecería explicar esa repetición está sometida siempre a esa tensión óntica. Puede no ser ley en cualquier momento. El que algo quede demostrado no implica que sea “real”; o, mejor expresado quizás: el hecho de que una sucesión de fenómenos parezca expresar que una ley les obliga a hacerlo nunca permitirá sostener la existencia real de esa ley. Y el hecho de que un fenómeno no se repita más, o que no responda a teoría alguna, o que solo sea percibido por una persona en un estado alterado de conciencia, no implica que no haya existido.

2.- En cualquier caso, si lo que hay está sometido a leyes férreas (sean o no accesibles al intelecto humano) es irrelevante debatir si a alguien se le aparecieron o no personas fallecidas, o si fue capaz de visualizar un hecho futuro, o si leyó un pensamiento o un sentimiento acaecido a miles de kilómetros de distancia. Esas experiencias, según los que las niegan, serían patológicas o, peor aún, falsas: engaños. Timos. La palabra psicología ya indicaría desde dónde se quisieron estudiar los fenómenos no “normales”: la psique, o la “subjetividad” para quien necesite abandonar el psicologismo de la Metafísica clásica (recordemos a Kant). Los fenómenos paranormales serían, como mucho, algo que ocurre en una psique. En un cerebro… pura materia. Pero resulta que no hay ningún científico que sepa qué es la materia. Y si alguien dice que lo sabe está cometiendo un fraude… o está hechizado por un sueño dogmático… o ha dejado de estudiar hace muchos años.

3. ¿Es simplemente falso que alguien haya sabido lo que pensaba y sentía otra persona situada a miles de kilómetros de distancia? ¿Es un embuste o una alucinación que alguien haya visto lo que iba ocurrir en el futuro; o que haya sido visitado por personas fallecidas? ¿Es esto serio, más allá de que haya que ocuparse de las patologías mentales y de los embaucadores?

4.- Las evidencias. La parapsicología es considerada pseudociencia porque no se basa en hechos evidentes ni aporta teorías comprobables… ni engarzables en el conjunto de teorías que hoy vertebran el conocimiento humano (al menos, el conocimiento humano oficial, estatal). Pero me temo que no hay evidencias de nada, sino “videncias” que en algunos casos se pueden compartir con el estado de conciencia en el que participa la tribu. Y en otros no.

5.- Creo que cabe empatizar con inmensidades ocultas no accesibles al método científico. Creo que no debemos descartar incluso un modelo hiperteísta (hiper-poli-teísta) como el que, según la narración ortodoxa de la historia de la Filosofía, habría sido superado, infantilizado, por los que primero filosofaron: por los que empezaron a usar eso de la “razón” (esa diosa imponente, psico-antropomórfica, que lo quiere todo para ella). “Todo está lleno de dioses”, dijo Aristóteles que había dicho Tales de Mileto. ¿Descartamos esa hipótesis? ¿Y si esas diosas omnipotentes que los cientístas llaman “leyes naturales” tuvieran conciencia, vida, emociones…? ¿Podemos descartar que lo que nos pasa, lo que en este mismo momento nos está pasando, fuera fruto de la acción de dioses invisibles?

6.- Si todo -todo-, incluidos los procesos cerebrales, puede ser reducido a una materia que hace solo lo que puede hacer, tanto las alucinaciones como las mentiras serían efecto necesario de una causa (químico-física finalmente: ineludible en cualquier caso). Así, la aparición de gente fallecida en el dormitorio de un ser humano ocurriría con la misma necesidad causal que la evaporación del agua sometida a calor.

7.- El debate importante es si cabe practicar una ciencia de lo no legaliforme: de lo espontáneo, de lo que ocurre sin permiso de leyes. Y más aun: si permitimos que algo haya ocurrido, que sea real, serio, aunque ese ocurrir no pueda ser repetido (provocado por un experimento); o no pueda ser percibido siempre por quien lo percibió… o nunca por el estado de conciencia que, en un momento determinado, comparta una tribu humana. O no humana.

8.- Creo que es crucial diferenciar entre fenómenos inexplicados y fenómenos inexplicables. La ciencia, tal como parece sobrevivir en el paradigma actual, asume la posibilidad de explicación de todo lo que ocurre, convencida, desde su fe, desde su sólida metafísica legaliforme, que todo ocurre por una causa inteligible. Aunque esa inteligibilidad no se llegue a actualizar nunca. Aquí creo que estaría Popper.

9.- Desde mi tratamiento de los conceptos de cosmos, libertad y magia cabría sugerir que lo que se presenta ante una conciencia (eso del “mundo”) tiene una textura mágica, creativa, libre, no legaliforme. No esun todo dinámico de piezas, o energías, muertas y sometidas a leyes muertas. Desde esta perspectiva, cabe sostener que todo lo que ocurre tiene una sola causa: magia libre, inimaginable omnipotencia imaginativa. ¿De quién/qué? ¿Dios? ¿Dioses? ¿Fuerzas innombrables? ¿El abismo creativo de mi yo esencial?

10.- Es irrelevante desde el punto de vista metafísico si hay o no otro mundo donde “habitan” nuestros seres queridos (ya me ocupé de este tema en “Muerte”).  Lo decisivo es si asumimos o no la posibilidad de que estemos en algo, o de que seamos algo, capaz de hacer lo que quiera, siempre, en cualquier rincón de sus mundos infinitos. Lo decisivo es si somos capaces de digerir el concepto de “Cracia”, tal y como lo usó Simone Weil. Eso que atraviesa la legaliformidad de cualquier cosmos: la omnipotencia y omnicreatividad que lo penetra todo.

11.- Insisto: tengo la sensación de que toda ciencia se ocupa siempre de lo paranormal, toda vez que no creo que haya ley alguna que someta/esclavice/deje sin vida lo que se nos presenta en la conciencia. Podríamos decir incluso que todo momento de aparente paz y lucidez en los modelos de la física teórica son espejismos (deliciosos, muy útiles para satisfacer necesidades que surgen de determinados niveles de conciencia).

12.- El desafío está en soportar intelectualmente —y místicamente— algo tan prodigioso como la omnipotencia y la omni-libertad. De algo. De lo que sea. Es igual. Si se consigue sujetar esta maravillosa burrada en nuestra conciencia filosófica todo es posible. Yo creo que vivimos en un mundo donde todo es posible.

¿He experimentado yo fenómenos como la telepatía, la visión de hechos futuros, los sueños premonitorios o la presencia de seres ya fallecidos?

Sí. Pero no lo puedo demostrar a través del “método científico”. Me quedo sin el millón de dólares. Pero no voy a aplicarme la autocensura paradigmática. Ya sugerí con ocasión de “Muerte” algo que podría ser denominado “hiper-empirismo”.

Aprovecho estas últimas líneas para proponer una ética que quizás podría denominarse “metafísica” (por dirigirse a lo que no es de este mundo, tal y como este mundo -este cosmos- se construye en la conciencia que ahora supongo que compartimos). Mi propuesta es que  hay que respetar a los fantasmas, amarlos (aunque sean ‘solo’ fantasmas/fantasías de nuestra mente), e incluso rogarles, si fuera necesario, que se salgan de la habitación (¿de la mente? Es igual). Y hacerlo siempre con cariño, siempre con respeto. Supongo que algo me debe de haber influido el concepto de piedad tal y como lo trató María Zambrano en El hombre y lo divino: compasión con lo infrahumano, con lo que no tiene del todo realidad, con lo que la metafísica cientista clásica expulsa de su selecto club de lo real.

Respeto. Siempre. Porque estamos en algo prodigioso. Sagrado.

Y libre.

David López

 

 

Las bailarinas lógicas: “Materia”.

 

Estatua de William Shakespeare en el parque Lincoln de Chicago.

 

“Materia”.

Una palabra.  “Materia” solo -¿solo?- es una palabra.

Proviene del griego hyle. Este símbolo permitía transmitir y compartir tribalmente un modelo de mente, un concepto: algo así como el que nosotros sentimos con el símbolo “madera cortada” o, también, “materia prima con la que hacer cualquier cosa”. En latín el símbolo fue materia, y el concepto a él asociado sería algo así como “madera para cualquier tipo de construcción”.

¿Y qué se construye con la materia? ¿El mundo? ¿Es el mundo una suma de cuerpos materiales que bailan y mutan, esclavizados, al son de unas leyes que lo explican, o que podrían explicarlo, todo?

¿De qué está hecho un sueño por fin conseguido? Me refiero, por ejemplo, a un beso en los labios de una mujer amada.  ¿Está ese beso -y los corazones y las fantasías en él entrelazados- constituido por átomos muertos sometidos a leyes físicas tan implacables como muertas?

¿Por qué la mayoría de las metafísicas tienen pavor a la vida, a la libertad, a la creatividad?

¿De qué está hecha la materia de los sueños?

Hace algunos años tuve yo este sueño: bajaba por la escalera de la casa de pisos donde viví hasta los nueve años. En esa escalera había una ventana desde la que se divisaba un jardín. De pronto supe que estaba soñando y que, por lo tanto, podía construir en la materia de mi mente lo que yo quisiera.

Y quise volar. Y volando pude llegar a las ramas de uno de los árboles. Allí pasé un buen rato rozando con mis dedos la superficie onírica de ese ser vegetal que se movía con la brisa de mi mente.

Pude tocar la materia de los sueños. Fue una de las experiencias más extremas y sublimes que puedo recordar desde este nivel de conciencia. La materia de los sueños/la materia del universo real. Shakespeare escribió esto en la primera escena del cuarto acto de La tempestad:

Our revels now are ended. These our actors,
As I foretold you, were all spirits and
Are melted into air, into thin air:
And, like the baseless fabric of this vision,
The cloud-capp’d towers, the gorgeous palaces,
The solemn temples, the great globe itself,
Yea all which it inherit, shall dissolve
And, like this insubstantial pageant faded,
Leave not a rack behind. We are such stuff
As dreams are made on, and our little life
Is rounded with a sleep.

Somos de la misma materia con la que están hechos los sueños, y nuestra pequeña vida está rodeada por un dormir.

Cabe preguntarse: ¿quién –o qué- duerme en ese dormir que envuelve todas las vidas? Y, sobre todo, ¿ese soñador es creador? ¿Cabe moldear la materia o está ya eternamente sometida a leyes inconscientes de sí mismas?

La materia. Antes de exponer mis propias ideas/sensaciones, recomiendo echar un vistazo a los siguientes temas:

1.- La pregunta por el Arjé en los presocráticos: ¿De qué está hecho todo? El hylozoísmo de Tales de Mileto: la materia está viva, tiene alma (espíritu). Y todo está lleno de dioses.

2.- La materia en Aristóteles: “aquello con lo que algo se hace”.

3.- Neoplatónicos (Plotino, Proclo, Simplicio y Jámblico): materia como puro receptáculo sin cualidades ni medida. Recomiendo una vez más el Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora, ahora en concreto su artículo “Materia”.

4.- La  materia en el pensamiento cientista y en el pensamiento mágico. Materia esclavizada versus materia libre.

5.- Dualistas. La materia en la metafísica Samkya: el sufrimiento y la esclavitud derivan de identificarse con la experiencia psíquico-mental (la prakriti o materia). Los Charvakas de la India antigua: La materia es la única realidad. El dualismo de Descartes: mente y cuerpo como realidades diferenciadas.

5.- La materia en las Física actual. La definición del CERN: “All ordinary matter in today’s universe is made up of atoms. Each atom contains a nucleus composed of protons and neutrons (except hydrogen, which has no neutrons), surrounded by a cloud of electrons. Protons and neutrons are in turn made of quarks bound together by other particles called gluons. No quark has ever been observed in isolation: the quarks, as well as the gluons, seem to be bound permanently together and confined inside composite particles, such as protons and neutrons”. Recomiendo entrar en este enlace: A.L.I.C.E.

Procedo ya a exponer algunos esbozos filosóficos personales:

1.- Creo oportuno diferenciar entre materia como “masa” informe con potencialidad para adoptar formas (lo que para los neoplatónicos era un receptáculo sin medidas ni cualidades) y materia como “lo que llena el espacio”, o “conjunto de cuerpos físicos”, o “variaciones de densidad en un campo unificado”, etc. La primera concepción de “materia” sugiere una especie de nada que podría ser cualquier cosa. La segunda es ya un algo legalizado. Veo más vida (más verdad) en el primer tipo de materia.

2.- Si la materia es esa masa in-formable, cabría imaginar una “masa” prodigiosa que tuviera, a la vez, infinita potencialidad (infinita capacidad para adoptar formas, para ser una natura naturata) e infinita potencia creativa (natura naturans). Esa “masa” prodigiosa sería Dios –el Dios metalógico-: siendo Nada puede fabricar consigo mismo cualquier mundo.

3.- Creo que los términos Materia, Maya y Magia significan lo mismo: nombran la esencia del espectáculo que se presenta ante nuestra conciencia. Y en ese espectáculo estarían incluidos nuestros pensamientos y nuestro propio yo tanto psíquico como óptico (lo que aparece ante los espejos, lo que vemos en las fotos, la parte de cuerpo visible desde donde están nuestros ojos…). Estoy de acuerdo con Schopenhauer en que somos los secretos directores de esas obras de teatro.

4.- Según lo anterior me considero materialista. Amo la materia. Amo la textura –a veces feroz- de este sueño prodigioso. Mi rechazo al materialismo, digamos, dualista (el que distingue entre materia y espíritu) se deriva de su desprecio hacia los mundos.

5.- En estado de meditación podemos experimentar algo que me gustaría denominar “la materia pura”.  Nuestra conciencia siente que esa nada que es experimentada en meditación  [Véase “Ser/Nada”] podría autoconfigurarse en cualquier mundo imaginado: cualquier Creación podría ocurrir en esa prodigiosa Nada.

Vuelvo ahora a aquel sueño en el que pude tocar las ramas de un árbol. ¿Qué sentí en realidad mientras acariciaba ese vegetal onírico, mientras respiraba el aire y la luz de “mi “propia imaginación?

Sentí estupor maravillado: dos sensaciones que desencadenan el impulso filosófico con enorme fuerza.

David López

 

 

Las bailarinas lógicas : “Logos”.

 

 

Ayer, justo antes de dormirme, miré hacia los árboles, las algas lógicas y las estrellas que rodeaban mi casa.

El viento sacudía con fuerza las formas de las cosas, como si quisiera liberarlas de sus nombres.

Acababa de dar un paseo –otro más- por las frases que Guthrie dedicó a Heráclito en su majestuosa Historia de la filosofía griega[1]. Poco antes había paseado por un libro, sólido y luminoso, de Alberto Bernabé: De Tales a Demócrito (Fragmentos presocráticos)[2]. Y también allí había repensado lo pensado por Heráclito.

Heráclito el oscuro: el profeta del fuego lógico.

Este “filósofo” griego afirmó que se había investigado a sí mismo. Y que este “orden del mundo, el mismo para todos, no lo hizo Dios ni hombre alguno, sino que fue siempre, es y será; fuego siempre vivo, prendido según medidas y apagado según medidas”.

Fuego finitizado, ordenado… ordenador.

A ese orden, a ese fuego lógico, a ese Dios que “no quiere y quiere verse llamado con el nombre Zeus”, se le ha llamado también Logos.

Logos: palabra, razón de ser de todo lo que se presenta, lo dicho, lo pensado en el pensar y el pensar mismo, el hijo de Dios y Dios al mismo tiempo…

El sistema lingüístico… Matrix.

En este texto voy a tratar de asomarme a esta palabra –Logos- desde la propia palabra. Desde dentro. ¿Cómo asomarse desde dentro a un cosmos?

Está claro que voy a fracasar. Pero quizás sea capaz de compartir mi reverencia, mi sobrecogimiento, ante las bailarinas de fuego.

¿O es una sola que las agrupa todas? ¿Es una bailarina que integra en un cuerpo monstruoso el cuerpo de todas las bailarinas lógicas que podamos imaginar? Dijo Orígenes que el Logos es la idea de todas las ideas.

A continuación ofrezco algo de orden sobre lo que soy capaz de pensar y sentir con ocasión de ese Gran Fuego ordenador que sería el Logos:

1.- El Logos, pensado como totalidad lógica (como sistema), como fuego único (razón única) del mundo, otorga forma –realidad- a un cosmos y regula sus posibilidades de cambio. Un logos es una forma entre las infinitas posibles de encadenar conceptos (formas de mente): es un baile en definitiva: o una sucesión de modelos de conexión neuronal.

2.- El logos sería algo así como la música de fondo (eterna e inmutable según Heráclito y muchos otros) que establece las coreografías posibles (los movimientos posibles) en un determinado cosmos: en una determinada finitud. Esas coreografías posibles, no obstante, generan un infinito dentro de la finitud (me remito a la presentación de mi conferencia sobre el infinito). La música del Logos, ese dictado permanente, suena en el infinito: le permite finitizarse, ser algo en la nada mágica (por arte de magia).

3.- El logos –la Palabra/El Verbo- es Dios en cuanto que es creadora, conservadora y destructora de mundos (recordemos la trinidad hindú). Pero no es omnipotente porque puede ser desactivado por la magia del silencio.

4.- Ya he afirmado en otros textos que, en mi opinión, somos Magos. Desde este análisis del concepto “Logos”, siento que somos Magos lógicos, en el sentido de que podemos entrar con las manos de nuestras frases en la maquinaria configuradora de mundos que hay en las mentes de los que nos escuchan. Por eso considero que el acto de hablar es sagrado. Cada frase que emitimos debe considerarse algo sagrado.

5.- El silencio desintegra los mundos, los devuelve al pecho lógico de eso que es el fondo de todo: nuestro verdadero yo; que no es un yo, ni es Dios: es una Nada donde “sentimos” que estamos en nuestro verdadero ser: libre, omnipotente, eterno: creador de infinitos Logos… de infinitos modelos de fuego lógico.

Esta noche el viento no ha parado de rugir bajo las estrellas y sobre la fría tierra de Segovia. No ha parado de poner a prueba la solidez lógica del mundo (de mi mundo). De hecho, aturdido por el ruido, he tenido sueños viscosos, absurdos, dolorosos, donde yo no recordaba la solidez cósmica que había abandonado al entrar en mi cama: nadaba en un océano donde era imposible hacer pie.

Al despertar –al hacer pie, o al creerme que lo hacía- he comprobado que todo seguía ahí: los árboles, el invierno, los libros, los vínculos anímicos con mis seres queridos.

Vak –la Palabra, la diosa del orden- me ha sonreído. Y yo a ella. Gracias querida amiga.

El amor a mi mundo me impide perdirle al Logos, por el momento, que se retire: que deje mi conciencia abierta al Silencio radical de Dios (del Dios metalógico): que se aparte para que yo pueda arder, ya, en lo que San Juan de la Cruz denominó “Llama de amor viva”.

Por el momento prefiero arder –dionisíaca pero cosmizadamente- en esa llama de lógica viva a que se refería Heráclito.

Prefiero arder, todavía, en la Palabra.

En el Logos: ese fuego legaliforme: letal y cordial a la vez.

David López

[1] W.K.C. Guthrie: Historia de la filosofía griega (seis volúmenes), Gredos, Madrid, 1984.

[2] Alberto Bernabé: De Tales a Demócrito (Fragmentos presocráticos), Alianza editorial,  Madrid, 1988.

[3] Wendy Doniger: The Rig Veda, Penguin Books, London, 1981.